DOCUMENTAL “MÁRTIRES EN EL SALVADOR: 20 AÑOS SIN JUSTICIA”


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Con un nuevo aniversario este año del asesinato de los jesuitas y sus colaboradoras, me vuelvo a dar cuenta que las heridas que tenemos los salvadoreños como sociedad siguen aún intactas y abiertas. Y no puede ser de otra manera mientras la impunidad no desaparezca. Mientras los salvadoreños sigamos viendo como los “tribunales de justicia” no funcionan de verdad, tendremos siempre el sentimiento de que el estado de derecho que tanto anhelamos es casi una utopía inalcanzable.

El documental “MÁRTIRES EN EL SALVADOR: 20 AÑOS SIN JUSTICIA” lo conduce a uno, a través de más o menos treinta minutos, a una oscura parte de nuestra historia reciente: el fatídico asesinato de seis sacerdotes desarmados y dos de sus indefensas colaboradoras. También nos muestra brevemente lo que fue la vida de Segundo Montes o de Ignacio Martín Baró, por ejemplo; pueden además verse algunos testimonios de algunas personas que los conocieron.

En cuanto a la justicia salvadoreña hay un pequeño respiro y una ventana de esperanza con el último gesto del gobierno de Mauricio Funes; en el Co Latino del martes 17 de noviembre 2009, destacan lo siguiente:
El Presidente de la República, Mauricio Funes, entregó a familiares de los seis sacerdotes jesuitas asesinados por el ejército, en noviembre de 1989, la Orden Nacional Dr. José Matías Delgado en El Grado de Gran Cruz, Placa de Oro, el máximo reconociendo que puede entregar el gobierno de El Salvador. En la foto, recibe el reconocimiento, de manos del Presidente Funes, el también Jesuita Jon Sobrino. Observa, el Rector de la UCA, sacerdote José María Tojeira.”

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José María Tojeira escribió en la misma publicación ya mencionada de diario Co Latino un artículo digno de ser leído. Dice el padre Tojeira, entre otras cosas: “…se deben recalcar los símbolos de reconocimiento. Los seres humanos nos humanizamos y nos relacionamos desde nuestra capacidad simbólica. La bandera, el himno, los ritos, todo está llenos de simbolismo en nuestra vidas. El propio lenguaje con el que nos comunicamos se compone de signos y símbolos. El problema comienza cuando los símbolos que se utilizan para comunicarnos entre personas lanzan señales de desprecio, de olvido de valores, de marginación de la dignidad del que consideramos diferente. Y así, cuando a una víctima inocente se la olvida o se la excluye del necesario reconocimiento de su dignidad, se comete un doble atentado contra ella. El primero, el acto que la daña, la tortura, la viola o la mata. El segundo, el de darle a entender que ahí no pasó nada. Que el crimen que se cometió contra ella no es crimen. Que la vida social sigue tan tranquila a pesar de que se ha dañado a toda la humanidad dañando la dignidad de una persona concreta. Esos símbolos de desprecio de los pobres y de las víctimas, que son de muy diversa índole, deben por una parte desterrarse de nuestro lenguaje comunicacional. El racismo, el machismo, la aporofobia (el odio-desconfianza hacia los pobres), son conjuntos de símbolos destructivos que deberían desaparecer de nuestro horizonte relacional. Al contrario, todo signo de reconocimiento de la dignidad humana, todo esfuerzo por comunicar a las víctimas o a sus parientes, herederos del dolor, que la víctima es más importante y socialmente más valiosa que el verdugo, es indispensable para el desarrollo armónico y cohesionado de cualquier sociedad.” Este artículo lo pueden leer completo siguiendo esta dirección:
http://www.diariocolatino.com/es/20091117/opiniones/73824/

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Pero volviendo al documental hay que destacar que al verlo uno entiende básicamente el porqué del asesinato de los jesuitas:
1- Porque los jesuitas siempre mantuvieron la postura del diálogo como solución para finalizar la guerra civil. Y hablar de diálogo en aquellos cruentos días, para algunos sectores recalcitrantes de la derecha era como hablar de traición. Había también un ala bastante cerrada y con bastante poder entre los militares, que deseaban a toda costa una salida guerrera, aplastando al FMLN por supuesto.
2- Los padres jesuitas denunciaban la constante violación de los derechos humanos y como la mayor parte de las violaciones las ejecutaba la Fuerza Armada, pues era bastante natural que hubiese entre su gente, personas que habían llegado a sentir odio contra los jesuitas.

Aunque en El Salvador se llevó a cabo un juicio en los tribunales contra algunos miembros de la Fuerza Armada, queda un sinsabor después de todo eso. Como lo dice en el documental el abogado Manuel Ollé de la Asociación Pro Derechos Humanos, el juicio no profundizó ni buscó realmente hacer justicia, fue “…un juicio maquillaje, un juicio farsa…”, porque de los 14 militares enjuiciados sólo 2 fueron encontrados culpables y el resto quedó en la impunidad; pero esto no es lo más terrible, sino que nunca se buscó a los autores intelectuales del crimen, nunca se intentó conocer quienes fueron esas personas poderosas que dieron la orden de asesinar a los jesuitas y la orden también de no dejar testigos, tampoco se intentó en el juicio conocer a aquellas personas –poderosas también- que encubrieron semejante crimen de lesa humanidad.

Realmente el documental, que ustedes lo pueden mirar siguiendo esta dirección http://www.youtube.com/watch?v=obnNDFRFeg4 es intenso y está muy bien hecho. Yo no pude evitar derramar unas lágrimas mientras lo veía.

Texto:
Óscar Perdomo León

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