
A medida que avanza la historia van apareciendo ciertos personajes interesantes, como algunos de los miembros del periódico para el que trabaja el personaje principal, por ejemplo su jefe de redacción (Ricardo Puente), o el peculiar Tuchi («Las tripas y ojos y cuerpos en descomposición de sus notas eran lo más notable del periódico. Nunca he leído la descripción de una violación con tantos adjetivos ni tan extravagantes como los del Tuchi».), o la reportera rubia de Sociales. También surgen los testigos oculares, así como también los familiares de los asesinos y de los asesinados. Toda una maraña de pistas, algunas sólidas, algunas otras inconexas, van erigiéndose en el transcurso de la historia.
Me gusta mucho el hecho de que la novela es sumamente cinematográfica; en el transcurso de la lectura uno puede ver y oír a los personajes de una manera tan vívida, con formas, colores y olores, todo esto gracias a la habilidad narrativa de Menjívar Ochoa; todos los personajes son realmente muy creíbles, muy bien dibujados. Lo mismo podría decir del argumento de la obra. Nuestros ojos se van deslizando por las páginas del libro de una manera llana y sin tropezones, bajo el embrujo del bajo mundo y de las peripecias del periodista.
El título de la obra alude directamente a aquella bellísima canción de Joan Manuel Serrat «De vez en cuando la vida». Y desde los primeros párrafos ya puede uno sentir la fuerza del título. La muerte o su proximidad rondan como un viento que sopla alrededor de los personajes. Al final de cada capítulo hay también una tensión interesante, el suspenso es muy bien manejado.

Rafael Menjívar Ochoa
El narrador omnisciente narra los hechos día a día en primera persona y, junto a todos los personajes de la novela, habla un español fluido al estilo mexicano. Su autor, aunque salvadoreño como ya lo había dicho antes, vivió, hasta donde sé, durante muchos años en el país de los mariachis y el chile, de los nopales y el tequila, y en esa capital que rebalsa de gente y de humo, tan cosmopolita como las más grandes urbes del mundo, de tal manera que el escritor logró captar y absorber muy bien la manera de hablar de los mexicanos, su acento y su ritmo, sus expresiones cotidianas, sus insultos, etc.
Recomiendo leer «De vez en cuando la muerte«, porque yo he vuelto a releer sus 208 páginas y 23 capítulos y nuevamente he disfrutado mucho de su lectura.
Texto:
Óscar Perdomo León
Fotografía de la portada del libro extraída de: http://www.latienda.com.sv/store/images/de_vez_en_cuando.jpg
Fotografía de Rafael Menjívar Ochoa extraída de: http://www.letralia.com/ed_let/13/05-2.jpg






