CUATRO ESCULTURAS DE NAPOLEÓN ALBERTO

“Roque fugaz”. El cabello es halado hacia atrás por el viento invisible del tiempo.
En estos primeros días de julio de 2009, se está exhibiendo en el Museo de Antropología de la Universidad Tecnológica, en San Salvador, algunas obras escultóricas del salvadoreño Napoleón Alberto, quien nació en Zacatecoluca en 1915. Bajo el nombre de “La escultura de Napoleón Alberto: Un monumento a la sociedad” me encontré a la vista de sólo cuatro esculturas; aunque me dijeron que tenían planeado presentar otras más, pero que aún no estaba lista la sala temporal y lateral en donde serían exhibidas. Pero las que vi me impresionaron por su contenido social, histórico y de denuncia contra la injusticia.

La primera escultura de la que hablaré -no como crítico por supuesto, sino como simple espectador que disfruta del arte- es la titulada “Roque fugaz”, la cual fue realizada en octubre de 1997; está hecha de madera y hierro, y sus medidas son 0.52 x 1.00 x 1.16 m. En la vista lateral se ve a Roque Dalton pasando efímeramente por la vida, como un cometa, como un rayo veloz; pero no en vano, ya que se encuentra empotrado sobre su legado, su novela, sus libros de poesía, sus monografías, etc. Un bello homenaje al escritor asesinado en 1975.
“Historias prohibidas del pulgarcito” es un de los libros de la escultura
que sostienen la cabeza y el cuerpo de cometa de Dalton

Vista frontal de “Roque fugaz”

Vista dorsal

 

La segunda escultura también nos conduce, como la primera, a través de otras personalidades históricas de nuestro país. Se titula “Trilogía jesuita” y fue realizada en noviembre de 1990, justo un año después que la Fuerza Armada salvadoreña asesinara a los religiosos y catedráticos en las instalaciones de la Universidad Centroamericana, UCA.

Está hecha de piedra natural y de madera de cedro, con un tamaño de 0.53 x 0.49 x 0.53 m. Esta escultura presenta tres rostros, a manera de triángulo: los sacerdotes mártires Ignacio Martín Baró, Ignacio Ellacuría y Segundo Montes.

La tercera escultura es realmente conmovedora; nos arroja en el rostro la injusticia de la pobreza y del trabajo infantil. Se llama “Lustrador” y personifica a un niño dormido, seguramente en la calle, sobre su caja de lustrabotas; la visera de su cachucha al revés, sus pies descalzos. Una realidad desgarradora.

Fue terminada en mayo de 1963 y mide 0.96 x 0.36 x 0.52 m. Está hecha de madera de cedro.

Detalle del rostro y las manos
Y la cuarta y última lleva por nombre “Dragón” y data de noviembre de 1993. El legendario monstruo mitológico revive con su bestialidad e ira, para pisotear las leyes salvadoreñas. La balanza de la justicia ha sido quebrantada.

Detalle de uno de sus pies

Fue hecha en noviembre de 1993. Es de madera de cedro; pero tiene encajados otro tipo de materiales, como los dientes que son huesos de res y en los ojos tiene unas incrustaciones plásticas brillantes. A sus pies tiene unos platos de metal que representan a la balanza de la justicia.
En el lomo tiene incrustadas balas reales calibre 7.62 en canana

“¿De donde saldrá el martillo verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros.” (1)
Pero la bestia es atacada por la mano de quienes luchan contra las injusticias. La cuma o machete, instrumento de trabajo de muchos pobres de El Salvador, está clavado violentamente, en defensa propia, en el cuello del animal que se retuerce.

Texto y fotografías:
Óscar Perdomo León

(1) Fragmento de “El niño yuntero”, poema de Miguel Hernández.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Miguel de Cervantes Saavedra creó una novela que hoy en día, más que ser española, es una obra universal, conocida en innumerables rincones del mundo y traducida a muchísimos idiomas: Don Quijote de la Mancha. La obra ha influenciado no sólo a muchos escritores, sino a otros artistas, como pintores, músicos y escultores. He ahí el punto de lo que escribo hoy

Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza

En un lugar de Atiquizaya de cuyo nombre sí quiero acordarme… nació en el siglo XX un escultor original, conocido como “El Chato Melara”, que trabajó un material que todos desechaban: la chatarra de vehículos.
El rostro de Don Quijote

Atiquizaya es una ciudad que pertenece al departamento de Ahuachapán, en el occidente de El Salvador y el atiquizayense del que les hablo tuvo la dedicación y la pasión de crear y recrear a través de sus esculturas, numerosos temas; pero ninguno más universal que Don Quijote de la Mancha.
Vista lateral de Don Quijote

Otra versión de Don Quijote

En mayo de 2006 se montó una exposición al aire libre en el Museo Nacional de Antropología “Dr. David J. Guzmán”, de San Salvador, con las esculturas hechas de chatarra del interesante y ya fallecido escultor atiquizayense.

Sancho Panza

Llama la atención en las esculturas del Chato Melara su creatividad, su búsqueda y hallazgo de la pieza adecuada para convertirla en rostro, en mano o en lo que se necesite. Sus figuras son una maravilla de ver.

Sea este un pequeño homenaje para el recordado “Chato Melara”.



Para fabricar a Rocinante utilizó, en parte, una llanta vieja.

Texto y fotografías: Óscar Perdomo León

Última fotografía: Roberto Carlos Cruz Perdomo