EL INMORTAL, de Jorge Luis Borges.



Jorge Luis Borges (1899-1986) decía que cada libro tiene su lector. Y creo que él tenía razón, porque hasta el más sencillo y «poco literario» de los libros tendrá en algún momento a alguien hurgando sus páginas.

Pues bien, este día yo como lector no voy a hablar de mi libro favorito; pero sí de mi cuento favorito: “El inmortal”, que es para mí el mejor cuento que se haya escrito en todo el mundo (y por consiguiente es también el mejor cuento de Jorge Luis Borges). Por supuesto que no he leído todos los cuentos que se han escrito alrededor del mundo, lo cual además es imposible y hay que decir asimismo que para gustos hay colores. Y mi opinión es sólo eso, una opinión. Yo no tengo estudios en literatura ni maestrías en lenguas; pero tengo, al igual que muchos salvadoreños, un gusto por la literatura que ido ganando al leer a uno y otro escritor. De tal manera que no tengo pruebas objetivas para sostener mi preferencia hacia ese cuento, sin embargo sí tengo pruebas subjetivas, que no son –me parece- menos importantes en cuestiones de arte.

El cuento “El inmortal”, que apareció en el libro “El Aleph”, en 1949, empieza con una breve introducción en donde se explica que el anticuario Joseph Cartaphilus le regaló los seis volúmenes en cuarto menor de la Ilíada de Pope a la princesa de Lucinge.

“La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y de barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Ilíada halló este manuscrito. El original está redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión original que ofrecemos es literal”.

A partir de esta introducción inicia el relato de Cartaphilus, que se divide en cinco partes y una posdata de 1950. Sólo la maestría de la pluma de alguien como Borges nos puede sumergir en un relato ficticio haciéndonos creer que se trata de un manuscrito histórico verdadero. En el transcurso del cuento Borges nos alumbra con expresiones filosóficas y poéticas que estremecen el corazón y la mente.

El ambiente y el clima del relato son totalmente embriagadores de un pasado histórico verosímil. Cartaphilus, un soldado del gran imperio romano, huyendo de unos sediciosos que ansiaban vengar la crucifixión de uno de ellos, se pierde en el desierto, donde se encuentra con un jinete “rendido y ensangrentado”, que buscaba “el río secreto que purifica de la muerte a los hombres”. El jinete muere; pero Cartaphilus decide buscar el río que da la inmortalidad.

Cartaphilus alcanza sin saberlo el río secreto y además conoce al pueblo de los trogloditas “que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra”. Uno de ellos lo sigue de un lado a otro a Cartaphilus y éste le pone el nombre de Argos, como el perro moribundo de Ulises en la Odisea.

Cartaphilus descubre que los trogloditas son inmortales y convive con ellos. Llega a tomar la manera de ser de ellos. Reflexiona más adelante que hacer una construcción o un poema, era saber que eso mismo lo harían hasta el cansancio durante un tiempo infinito, decide entonces, al igual que los trogloditas, dedicarse a la meditación. Los trogloditas se la pasaban inmóviles, mirando sin ver el horizonte y sin pronunciar palabras. “El cuerpo era un sumiso animal doméstico y le bastaba, cada mes, la limosna de unas horas de sueño y una piltrafa de carne.”

“Así se fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió con lentitud poderosa.”

“Las noches del desierto pueden ser frías, pero aquella había sido un fuego… la frescura del aire y el rumor atareado de la lluvia me despertaron. Corrí desnudo a recibirla. Declinaba la noche; bajo las nubes amarillas la tribu, no menos dichosa que yo, se ofrecía a los vívidos aguaceros en una especie de éxtasis. Parecían coribantes a quienes posee la divinidad. Argos, puestos los ojos en la esfera, gemía; raudales le rodaban por la cara; no sólo de agua, sino (después lo supe) de lágrimas. Argos, le grite, Argos.”

“Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también si mirarme: Este perro tirado en el estiércol.”

“Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real. Le pregunté qué sabía de la Odisea. La práctica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta.”

Muy poco, me dijo. Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé.”

Cartaphilus vive en diferentes partes del mundo y durante muchos siglos. Y finalmente reflexiona así:

“Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal.”

“La muerte o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño: Todo, entre lo mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasad lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonia, no rigen para los Inmortales.”

Luego Cartaphilus toma la decisión de buscar el río que le quite la inmortalidad. Cuando lo consigue y sabe que va a morir escribe lo siguiente:

“Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.”

Luego hay una posdata que sería muy interesante que ustedes la leyeran. Y aunque yo prefiero leer de la manera tradicional, en papel impreso, para los que se sientan estimulados a leer (o a releer si es que ya lo conocían) este cuento, lo pueden hacer siguiendo este enlace: http://www.apocatastasis.com/el-inmortal-jorge-luis-borges-carthapilus.php#intro

Jorge Luis Borges, que parece de entrada tan fríamente cerebral, en realidad me conmueve intensamente casi hasta las lágrimas, con este relato ficticio que parece histórico, y que, al leerlo, me fascina la idea de creer que es verdadero.

Texto:

Óscar Perdomo León

Textos entre comillas tomados del cuento “El inmortal” del libro “El Aleph” de Jorge Luis Borges.

Imagen de Borges parado:

http://www.huangdianlin.net/wp-content/uploads/2009/12/borges.jpg

Borges en la biblioteca:

http://apuntesapocrifos.files.wordpress.com/2009/11/jorge-luis-borges.jpg

Imagen de la portada de “El Aleph”:

http://clasicosliterarios.files.wordpress.com/2010/03/borges-portada-aleph.jpg

9 comentarios

  1. Me han enviado un enlace para “La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real”, reportando la “…aparición de versos inéditos de un joven Jorge Luis Borges fechados en 1923…”; y además “Laura Rosato y Germán Alvarez. Juntos rastrearon y estudiaron más de mil títulos con anotaciones de Borges, que el autor donó en 1973 y que permanecían perdidos y sin catalogar en la Biblioteca.” He aquí el enlace: http://bibliotecavilareal.wordpress.com/2010/10/01/011010-encuentran-un-verso-y-varias-anotaciones-ineditas-de-borges/

    Creo que es un importante e interesantísimo hallazgo. Representa una especie de espejo en donde podemos ver otra faceta del gran Borges. Su amor por los libros no es un secreto; pero a partir del hallazgo se pueden deducir ciertas influencias, algunos libros más amados que otros… no sé… Creo que investigadores y conocedores de la obra de Jorge Luis Borges podrán dar sus opiniones que nos ayuden a conocer mejor al afamado escritor.

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  2. Oscar, como hoy tengo “tiempecito” me di un paseo por tu blog y descubrí esta nota algo vejita sobre, tal vez, mi narrador favorito. “El inmortal” me impactó desde la primera lectura, luego lo he releído muchas veces, pero mis favoritos son”El Aleph” (creo que me estremece ese grito desde el alma “Beatriz, Beatriz Elena…soy yo, soy Borges”) y el relato recreado “El brujo postergado” incluido en La Historia Universal de la infamia.
    Un abrazo y que estés bien.
    Carlos B

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  3. Carlos: fijate que lo que más me gusta del cuento “El Aleph” es la parte cuando dice:
    “Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor…” Y todo lo que sigue. Es un cuento maravilloso.

    Saludos y gracias por visitar mi blog.

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  4. he recibido un lujo con tu reseña y no esperaba menos de ti…te felicito por tus aficiones ya que la medicina de dificil acompañante adopta a la cultura literaria,exito y un saludo.

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  5. Estimado Víctor Peraza: Es cierto, muchos médicos se ha dedicado a la literatura, algunos con mucho éxito, como el Dr. Melitón Barba, por ejemplo. Yo lo hago por una simple afición, un pasatiempo que me da mucho placer.

    ¿Sos el mismo Peraza que fue mi compañero de universidad? Si es así, me alegro mucho de saber de vos. De cualquier manera, es para mí un honor tenerte aquí en este mi espacio virtual que es mi blog.

    Muchas gracias por dejar ese bonito comentario. Un saludo fraterno.

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