HUÉRFANA


Llegó a nuestro hogar como una huérfana, llorando y abandonada. Parecía confundida y desconfiada. Desde el primer momento que oí su llanto supe que ese sonido lastimero era el inicio de una cadena de hechos.

 

Caminaba desconcertada sobre el tejado, con la elegancia gatuna característica; pero también con un dejo fuerte de dolor. La miré y su color era blanco, con pocas pero bellas manchas de color café y negro, y algunas amarillas claras, especialmente en la cabeza y en la cola. Era una gatita pequeña, todavía una niña-bebé y era digna de apiadarse de ella. (Quiero aclarar que al principio creímos que se trataba de un macho; pero con los días nos dimos cuenta que se trataba de una hembrita.)

Como ya lo he contado en otras ocasiones (en la serie de “Pequeños visitantes” y en “Ñiño y Peludo”, en este blog y en La Esquina de Érika y Óscar), cuando uno se encariña con un pequeño ser y llega a convertirlo en su mascota, no puede uno dejar de recordarse como se fueron perdiendo los anteriores.

Curiosidad

Me gusta mucho la curiosidad de los felinos, su actitud juguetona que los prepara para la cacería. Me siento también atraído por la displicencia con que a veces lo miran a uno, como si se sintieran superiores.

Me encanta de los gatos lo cariñosos que pueden ser; se acercan a uno y le rozan la piernas con su cuerpo y su cola,  y cuando uno los acaricia ronronean de una manera muy íntima.

Me atrae también de los felinos “domésticos” su actitud de independencia y su espíritu aventurero; se van por los tejados con toda la libertad del mundo, cazan, se buscan pareja y luego regresan y lo miran a uno con una indiferencia que les queda muy bien. Me recuerdan aquella cita de Faulkner que hace Roque Dalton en su poema “Más orgullo”:

“-Dime, muchacho, ¿cuál crees que sea la más admirable de las virtudes?

“Y jones, ya aplacado, respondió prontamente:

“-La más sincera arrogancia.”

Pero volviendo al día en que nos la encontramos sobre el tejado, quiero decir que fue una mañana ligeramente nublada. Yo traté de acercarme a ella -a la gatita- pero no tuve éxito. La pequeña Daniela, de 10 años de edad, se acercó a ella con un poco de leche y la gatita fue removiendo su desconfianza poco a poco. En un momento había dejado de llorar y era como si Daniela le hubiese dicho: “You are an orphan no longer” (Ya no sos una huérfana), la maravillosa frase que dijera Anthony Quinn en la película “A walk in the clouds” (Una caminata en las nubes), al encontrar unos embriones de viñedo, dirigiéndose al protagonista principal (Keanu Reeves), quien estaba solo en el mundo, dándole a entender que quedándose con ellos a cultivar uvas, había encontrado su hogar.

Sí, la diminuta felina ya no era una huérfana. Lo supe al ver y oír el entusiasmo de Daniela y al ver a la bolita de pelos lamer la leche con satisfacción. Después de beberse la leche la leoncita se marchó, medio salvaje y desconfiada.

Sin embargo regresó -como lo había imaginado- al día siguiente. Bajó del techo para comer más y se fue quedando poquito a poquito en nuestro hogar, como un miembro más.

Muchas de las horas del día se las pasa durmiendo.

Cuando come lo hace con los ojos cerrados.

En esta fotografía pueden observarse la combinación de bellos colores que posee.

Se le conoce con varios nombres: Luna, Nala… pero creo que el que más usan las niñas para llamarla es Beba, especialmente Daniela, quien es la “madre oficial” de la gatita.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

 

4 thoughts on “HUÉRFANA

  1. Ana Mercedes Miranda Morán 21 septiembre, 2010 / 4:46 pm

    Estimado Dr. Perdomo:
    He gozado como nunca al leer la historia de cómo la gatita Beba llegó a su hogar. Me ha encantado la minuciosidad de las fotos que le ha tomado y la descripción tan simpática que ha hecho de cada una de las tomas.

    Ojalá y todos tuviéramos corazón para cuidar de los animalitos, y por supuesto solidarizarnos con nuestro prójimo. Qué lindo que la Beba encontró un cálido hogar.

    Ana Mercedes Miranda Morán.

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  2. Óscar Perdomo León 21 septiembre, 2010 / 5:04 pm

    Sí. Y los animales, a su vez, también le entregan calidez a uno. Muchas gracias, Licenciada Miranda, por sus comentarios.

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