UN AÑO MÁS (EFÍMERA CAVILACIÓN EXISTENCIALISTA, Parte 2)

El uno de enero de 2010 me miré al espejo y descubrí algo que quizás había estado negándome desde hace meses a mí mismo. Ese primer día del año me desperté desvelado y con los ojos irritados. Como todo el mundo, supongo. Y entonces vi que las arrugas en mi rostro son cada vez más evidentes. Y recordé lo que me contó mi esposa que había dicho mi hija Beatriz hacía un par de días refiriéndose a mi edad: “Mi papá ya casi tiene dos coras”.

Bueno, “cora” es una palabra que está fuera de mi vocabulario, porque no me gusta. Pero aparte de eso, Beatriz tiene razón y el tiempo verdaderamente está haciendo su inexorable labor en mi rostro.

Otra cosa que me pasó, pero en los últimos días de fin de año 2009, fue lo siguiente: escuchando tocar a unos amigos en un concierto privado y de carácter muy familiar e íntimo, que dieron en su casa, de música Jazz principalmente, pero también de pop, boleros y otras especies, de pronto empezaron a tocar “Let it be” de Los Beatles y este que escribe –de metido- les dijo: «Yo me puedo el solo de la guitarra eléctrica». E inmediatamente me cedieron la guitarra. Y ya estando en posición de tocar, sólo medio empecé y me di cuenta que el solo que tantas veces había tocado antes (mucho antes, eso sí), ya se me había olvidado. Sin embargo yo en mis adentros, todos estos años, había creído que siempre me podía el susodicho solo de guitarra. ¡Qué imprudente! Ya estoy grandecito para saber que cuando algo no se practica, se olvida. Aunque para no quedar avergonzado empecé a tocar “Something”, siempre de Los Beatles y los músicos amigos me siguieron la corriente y no todo terminó tan mal después de todo.

Pero el punto central que quiero contar es que mi memoria me traicionó, como nunca lo había hecho antes.

Memorias que se van. Arrugas que se vienen. Mi hija hablando de su viejo padre. ¿Será una efélide senil esa manchita en el dorso de mi mano?

Esta pequeña niña que ven aquí, lucía de esa manera antes de convertirse en mi esposa y los minutos van corriendo. Y yo, por mi lado, me siento como si tuviera sólo 30 años de edad; pero sé que no es así.

Y sin embargo, lo cierto es que un año más de vida también son 365 días más de experiencia, de dolor y felicidad, de sueños y pesadillas, de amor y desamor. Me he tragado un río de horas. Y me he dado cuenta que últimamente la nostalgia por mi pueblo natal y los recuerdos de mi niñez vuelven a mí cada vez con más frecuencia. Quiero aclarar que sí vivo mi presente y claro que veo hacia el futuro; pero dicen que uno recuerda más su niñez cuando se está volviendo viejo.


¡Pero no! ¡Viejos los caminos! (¿Estoy en mi etapa de negación?) Si en mi corazón hay un joven aún lleno de ilusiones y esperanzas, no estoy viejo.


Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

Foto de Érika bebé, tomada por Estudios “Los Vergeles”.


Otra nota relacionada con ésta es: “Efímera cavilación existencialista”, parte 1

http://lacasadeoscarperdomoleon.blogspot.com/2009/10/efimera-cavilacion-existencialista.html

CESÁREA, fotorreportaje.

«Una imagen habla más que mil palabras». Se trata de una cesárea realizada, en el año 2005, porque la paciente tenía dos cesáreas previas y además porque solicitaba ser esterilizada (lo cual era muy recomendable).

Este fotorreportaje fue realizado gracias a las excelentes fotografías tomadas por el Licenciado Renato Flores, anestesista. Yo sólo tomé las dos primeras que aparecen aquí.

Anestesia raquídea
Aplicando jabón yodado para matar las bacterias que se encuentren sobre la piel de la paciente.

Una operación quirúrgica básica como la cesárea necesita del trabajo coordinado entre una enfermera instrumentista (que es quien pasa el bisturí y todos los demás instrumentos quirúrgicos al cirujano), una enfermera circular (que se encarga de pasar torundas, hilos para sutura, etc. y de escribir notas sobre todo lo que ocurre en Sala de Operaciones), un anestesista, un auxiliar de la limpieza, un médico o enfermera que dará los primeros cuidados al recién nacido, un médico ayudante y un médico responsable de realizar la operación en sí y de tomar el mando de la Sala de Operaciones.

«Operación cesárea: La operación cesárea o parto por cesárea se define como el parto del feto a través de incisiones de la pared abdominal (laparotomía) y de la pared uterina (histerotomía). Esta definición no incluye la extracción del feto desde la cavidad uterina en caso de rotura del útero o de embarazo abdominal.»

Definición tomada de la Obstetricia de Williams
Al abrir la cavidad abdominal puede observarse el útero, de color rosado.

Una vez abierto el útero se introduce la mano y se retira la valva (instrumento metálico que aquí se ve manchado de sangre), buscando la cabeza del bebé.
Se aspira de la boca y la nariz el líquido amniótico, lo antes posible.


Después de cortar el cordón umbilical el pequeñín se le pasa a la enfermera para que lo seque y le dé los primeros cuidados.

Suturando el útero




Se revisa y se extraen los coágulos
Esterilización: amarrando y cortando ambas trompas de falopio.

Suturando la piel
La satisfacción de un trabajo finalizado
Escribiendo las indicaciones médicas y el reporte operatorio.

Texto:
Óscar Perdomo León
Fotografías:
Renato Flores
Óscar Perdomo León