EL EXTERMINIO DE ROQUE DALTON


Este día tenemos en mi blog la colaboración de Danilo Colindres, quien nos trae un interesante artículo de opinión que reflexiona sobre el artículo Vladimir, el Vaquerito , escrito por Álvaro Rivera Larios y publicado hace poco en El Faro .

EL EXTERMINIO DE ROQUE DALTON

El 30 de Octubre del corriente año, Álvaro Rivera Larios escribió en El Faro el artículo “Vladimir, el Vaquerito”, un novedoso enfoque del exterminio de Dalton: al arrojar nueva luz sobre las razones, circunstancias y causas que desembocaran en el asesinato de uno de los mejores poetas que esta patria esmirriada haya parido, ha descubierto que la tragedia podría bien repetirse interminablemente en nuestra historia.

Primero nos invita apreciar al Vaquerito (uno de los responsables del magnicidio), de manera novedosa, desafiante y de consecuencias antes insospechadas, como a un arquetipo viviente, amenazante, aunque en estado latente en la actualidad:

“Veámoslo ahora como un personaje que arrastra connotaciones simbólicas. Ya no lo veamos como un accidente, como alguien que se fue con sus desvíos a la tumba, veámoslo como el producto de una circunstancia y como la encarnación de unos valores. Manejemos la hipótesis de que existía un mecanismo social enterrado, oculto, innombrado, que facilitó la aparición del Vaquerito, de Rogelio Bazzaglia, de Mayo Sibrian, etcétera.” (Estos últimos dos, autores de otros asesinatos durante la guerra.)

Nos parece que Álvaro se ha precipitado en hacer comparaciones entre estos tres casos. Existen diferencias esenciales y al examinarlas nos daremos cuenta que cada caso expresa causas y consecuencias particulares.

Mayo Sibrian sufría de paranoia, era un psicópata, no era normal y asesinó a muchos y todo tipo de personas, líderes locales y población en general. Ni el Vaquerito ni Rogelio sufrían enfermedades mentales ni sus ejecuciones fueron masivos: asesinaron cada uno de ellos a un líder individual de envergadura nacional de sus respectivas organizaciones: a Roque, potencialmente un líder del ERP y a Mélida, líder fundadora de las FPL.

El caso de Rogelio (colaborador de Cayetano Carpio, uno de los líderes de las FPL) también es diferente al del Vaquerito: en el sigilo de la oscuridad, a espaldas de otros líderes, planeó el asesinato de Mélida Anaya Montes: en nombre de una facción eliminó por conveniencia política a uno de sus líderes por no compartir visiones estratégicas de lucha revolucionaria. Este caso ya ha sido llevado al teatro por Sartre en “Manos Sucias” para el interesado en conocer los intríngulis y mecanismos de este tipo de asesinatos, en las que una minoría, incapaz de persuadir a la mayoría de los otros líderes de la organización, se subleva y pretende cambiar el curso de las acciones, imponiendo su particular visión estratégica, por el asesinato político.

Y he aquí la diferencia entre estos dos exterminios: la mayoría violenta de los  líderes del ERP se decide –en audiencia (naturalmente restringida por la clandestinidad), en un juicio que permitió intercambios entre las partes- a favor del exterminio de Roque, de planteamientos más políticos. En cambio, como ya lo expuse en el párrafo anterior, una minoría violenta de las FPL, que se siente injustamente excluida por una mayoría política, negociadora y moderada, dirime sus diferencias eliminando al líder de esta.

Cuando la mayoría extermina a un individuo le realiza previamente un juicio, donde se le desvaloriza si es que el acusado persiste en ir contra la mayoría, como el ERP a Roque, la sociedad ateniense a Sócrates, La Santa Inquisición a los herejes y blasfemos, etc. El ERP de inmediato se hizo cargo del ajusticiamiento e hizo públicos sus razonamientos. En cambio, cuando la que elimina es una minoría, se saltea el juicio y actúa bajo la oscuridad de la noche y mantiene los argumentos secretos o del exclusivo conocimiento de los amotinados o subversivos. No se hace cargo del exterminio. Lo niega hasta que los hechos la contradicen. El de Rogelio a la Comandante Ana María de las FPL.

No es cierto que por intelectual Roque fue desvalorizado y luego exterminado. Es que las ideas de Roque colisionaron con las del liderazgo del ERP: fue un choque de ideas y visiones y la visión de la mayoría se impuso a la visión del individuo poeta a quien se le señaló de representar peligro para el bienestar de los salvadoreños o al proyecto revolucionario. El Vaquerito lo agarra a patadas y le grita intelectual cobarde: en realidad le recrimina por ser intelectual inconsecuente, contra-revolucionario. Lo odia y entonces le teme por pensar diferente.

Ocho años después de su crimen, Rivas Mira, y los otros todavía vivos que decidieron eliminar a Roque, se justificarían aliviados argumentando que si dejaban vivo al poeta, este, como representante de una minoría, se las desquitaría asesinándolos como Rogelio Bazzaglia a Mélida Anaya Montes. No lo creo: Roque como representante de la izquierda política moderada resolvía problemas persuadiendo; Rogelio, extremista, eliminando.

Si quieren saber cómo la mayoría se impone al individuo excepcional y termina exterminándolo porque se resiste y se atreve a pensar -no necesariamente a actuar- diferente a ella, hay que leer el juicio contra Sócrates en las obras de Platón. Y es que Roque como Sócrates sería siempre la minoría en cualquier grupo o movimiento al que perteneciese.

La tiranía de las mayorías contra el individuo excepcional y diferente: no es solo un problema actual de las organizaciones políticas de izquierda: es uno de los grandes desafíos de cualquier democracia, bien constituida o en ciernes como la nuestra.

La tentación de justificar medios violentos e ilegítimos para lograr fines deseables no desaparece por arte de magia en una democracia. Si no me creen vean la destrucción ordenada por la jerarquía católica de la pieza artística que adornaba la fachada de la catedral metropolitana aduciendo que atentaba contra la vida de la mayoría de feligreses. (En defensa de Monseñor Escobar, debemos agregar que pidió disculpas al artista por no haberlo tomado en cuenta antes de dictaminar la destrucción de su obra.)

Debiera ser crimen de lesa humanidad exterminar o aislar socialmente a una persona solo porque piense diferente. Las ideas motores que hacen la diferencia en la historia de los países siempre las anticipan individuos que provocan escándalo y no los que han sudado la camiseta, o los convencidos de siempre o grupos o sociedades de reconocido prestigio social y/o político. La “chispa divina” es propiedad de individuos, no de agrupaciones ni mayorías.

Texto:

Danilo Colindres

El artículo al que se refiere Colindres  todo el tiempo aquí es: VLADIMIR, EL VAQUERITO. Escrito por Álvaro Rivera Larios.

8 comentarios

  1. Evidentemente los tres casos tienen diferencias, pero la paranoia es un rasgo que comparten. La tesis de que Mayo era psicópata no explica por qué la gente bajo su mando, que no estaba enferma mentalmente, terminó colaborando con él y tampoco explica la dejación e inoperancia de los superiores de Mayo que no hicieron nada para impedir sus crímenes. La tesis del Mayo psicópata suena e exculpación política y termina ocultando el mecanismo social que produjo tantos asesinatos.

    Lo de Rogelio tampoco fue un trueno en medio de un cielo claro. La minoría en que pudo quedar Cayetano Carpio, no explica el comportamiento de Bazzaglia. Detrás de su conducta estaba el caldo de cultivo de un sectarismo enfermizo.

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    • Álvaro Rivera Larios: Muchas gracias por visitar mi blog. Gracias también por su comentario tan directo y pertinente.

      Estoy seguro que Danilo Colindres tendrá, al leerlo, alguna reacción u opinión al comentario que usted ha escrito.

      Saludos cordiales.

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  2. Gracias, por sus palabras, Óscar. Le aclaro que valoro mucho el comentario de Danilo Colindres. Lo más importante es que vayamos planteando nuevas hipótesis sobre estos hechos e intentando adoptar medidas para que nunca vuelvan a repetirse. El texto mío que comenta Danilo es más un estímulo para un debate o una reflexión colectivas que una serie de observaciones sistemáticas y rigurosas sobre Vladimir el Vaquerito.

    En lo que respecta al asesinato de Mélida Anaya Montes sorprende su salvajismo patológico: le clavaron decenas de veces un picahielo y la terminaron degollando. Tampoco aquí nos podemos quedar dentro de las variables causales de la psicología y dentro de los parámetros de las conductas individuales aisladas. No creo que Rogelio actuara sin apoyos organizativos y sin un plan. Antes de considerarlo como un trueno en un cielo claro, habría que investigar si hubo “una mentalidad política”, compartida con otros miembros de las FPL, que hiciera posible un acto tan monstruoso

    ¿Carece de importancia el hecho de que tanto Mayo como Rogelio militasen en la misma organización?

    Lo repito, a mi no me convence la imagen del Mayo psicópata. Para que un tipo como él hiciera tanto daño tuvo que haber algún tipo de mecanismo social enterrado, algún tipo de estructura grupal y de psicología colectiva que hicieron posible la repetición de los actos criminales de Mayo y “su gente” durante un largo período de tiempo.

    Evidentemente a Roque no lo mataron por ser intelectual, pero su prestigio intelectual respaldaba sus tesis dentro del ERP. Es posible que la inteligencia y la cultura de Roque movilizaran en su contra ese espíritu anti-intelectual que anida en las entrañas del populismo-revolucionario salvadoreño.

    Las patadas del Vaquerito iban dirigidas a quien se consideraba la fuente de la discordia política (a Mélida se la consideró también una fuente de discordia), pero había también en sus patadas resentimiento y desprecio hacia el hombre de ideas como polo opuesto al hombre de acción, al soldado. Se dice que Vladimir era militarista.

    Lo que importa en el baile de las semejanzas y las diferencias entre Vladimir, Rogelio y Mayo es aventurar hipótesis que expliquen sus comportamientos a partir de modelos explicativos complejos. La propensión a eliminar al compañero incomodo estaba más extendida de lo que se supone y es por eso que afirmo que hubo mecanismos sociales enterrados detrás de las muertes de Roque, Mélida y otros militantes anónimos, mecanismos aun por explicar, mecanismos que aun no tienen nombre.

    No afirmo que la propensión a matar al compañero incomodo, al que tiene opinión propia, al que disiente, al que discrepa, fuese vasta y sistemática pero estaba ahí como un riesgo latente. Lo que intuyo es que algunos valores del Vaquerito, muerto él, continúan vivos en la izquierda por mucho que la izquierda condene la muerte de Dalton. Y no digo esto para desmoralizar a nadie, lo que digo es que debemos enfrentarnos a esos dis-valores.

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    • Estimado Álvaro Rivera Larios: Creo que sus argumentaciones sobre los “dis-valores” de la izquierda concuerdan con el hecho que nunca, ni durante los gobiernos de ARENA ni en este gobierno del FMLN, se haya querido en verdad acercarse a la posibilidad de hacer justicia verdadera a las víctimas de tantos crímenes de guerra. La impunidad es una palabra de la cual no pueden librarse ninguno de los gobiernos pasados ni del presente, ni mucho menos sus instituciones encargadas de hacer justicia.

      Por otro lado, creo también que hay algo de verdad en las palabras de Danilo Colindres al referirse al individuo excepcional, cuando dice: “Si quieren saber cómo la mayoría se impone al individuo excepcional y termina exterminándolo porque se resiste y se atreve a pensar -no necesariamente a actuar- diferente a ella, hay que leer el juicio contra Sócrates en las obras de Platón. Y es que Roque como Sócrates sería siempre la minoría en cualquier grupo o movimiento al que perteneciese.”

      Quizás una mezcla de las ideas suyas, Álvaro, y las del Danilo, nos acerquen cada vez más al entendimiento de estos sucesos tan lamentables de la historia de El Salvador.

      Gracias por los comentarios tan estimulantes que ha dejado en mi blog. Además aprovecho para abrir para usted las puertas de esta bitácora para cuando quiera usted publicar alguno de sus interesantes artículos. operdomoleon@gmail.com

      Un saludo y un abrazo para usted.

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  3. Las diferencias entre lo que dice Danilo y lo que yo digo son solo aparentes. De hecho, en mi último artículo “El viejo arte del debate”, sugiero que las filosofías de Platón y Aristóteles pueden verse como el intento de fijar unos criterios de racionalidad para los debates políticos. La empresa de ambos filosofos podría verse como un esfuerzo teórico cuyo objetivo es impedir que la muerte de Sócrates volviera a suceder.

    El conflicto entre el hombre de talento y la comunidad o entre el hombre de talento y las instituciones forma parte de la mitología liberal. Un libro como “Sobre la libertad”, de John Stuart Mill gira en torno a ese problema. Pero el individulismo burgués, lejos ya de sus étapas heroícas, es hasta cierto punto una ficción.

    Pero la izquierda, que suele tirar al niño con el agua sucia de la bañera, eludió el abordaje teórico del problema de cuál era la autonomía legítima del individuo frente a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y el poder de las instituciones.

    Así que negar la democracia capitalista no es suficiente y no basta con impugnar el individualismo burgués, hay que construir un modelo político en el cual la voluntad de la mayoría no limite arbitrariamente la libre opinión de cualquier ciudadano, incluso de un ciudadano tan talentoso como Roque Dalton.

    Un saludo a los dos.

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    • Muy interesantes sus planteamientos, Álvaro. Creo que durante mucho tiempo, por su espíritu heroico ( y aunado a las buenas intenciones de justicia de muchos que lucharon y hasta dieron su vida por sus nobles ideales) hemos idealizado a la izquierda; pero en realidad hasta en sus mejores tiempos la izquierda (y ya no digamos la derecha) creció con muchos defectos, como minar esa “autonomía legítima del individuo”. Muchas gracias por aclarar ese punto y ayudarnos a entenderlo mejor.

      Saludos para usted.

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