DOS ARTISTA, TRES TÉCNICAS.


Un día llegó a mi clínica un amigo artista que vio un pequeño cuadro que había comprado mi esposa Érika. Lo examinó con detenimiento y me comentó que él a veces trabajaba esa técnica.

Hace un par de días recibí una grata sorpresa: un regalo inesperado de mi amigo artista, un grabado muy bonito titulado Campesino. El artista del que hablo es oriundo de Sensuntepeque y se llama José Saúl Alfaro Romero.

Al interrogar a Saúl sobre la técnica de Campesino, su respuesta fue la siguiente:

“Es una técnica conocida como Grabado. Existen diferentes tipos de grabado de acuerdo a la forma de impresión y a los materiales que se utilizan… El grabado que tiene en su clínica y el de Campesino se llama Grabado a Punta Seca.


“Punta seca, es el proceso según el cual se realiza la imagen sobre la matriz (en el caso mío la matriz es una hoja de empastado que utilizan en las librerías y las escuelas) con el empleo exclusivamente de un punzón fino y afilado, que se emplea arañando la plancha con mayor o menor presión en función de la intensidad de línea que se desea. Este punzón recibe el nombre de «punta seca», y cuando se presiona con él la matriz, ésta responde separándose y levantando un milimétrico reborde a ambos lados de la incisión, donde se alojará la tinta y que reciben el nombre de «rebaba».


“Cuando se tiene hecho el dibujo, se entinta totalmente la matriz de manera que las incisiones del dibujo se llenen de tinta y luego se limpia la matriz dejando solamente tinta dentro de las incisiones, sobre la matriz se coloca un papel y luego se presionan en una prensa especial para grabado… Finalmente, luego de haber presionado el papel con la matriz en la prensa, se separa el papel de la matriz y el dibujo queda sellado en el papel.”

He aquí otra obra de Saúl Alfaro Romero en donde utiliza la misma técnica.

***

Ya antes había recibido obsequios de otros artistas plásticos, como los que me hizo ya hace unos 27 años la artista capitalina María Gracia Araujo Romagoza, (de quien por desgracia he perdido la pista. En esa ocasión fueron dos los regalos, el primero fue un cuadro al óleo llamado Génesis 3:23.


El segundo fue un dibujo en tinta china que representaba un fragmento de mi primera novela corta Diario prohibido, el cual utilicé para la portada de la misma, diez años después en que la terminé y la publiqué.

Génesis 3:23. “Entonces el Señor Dios sacó al hombre del jardín del Edén a trabajar la tierra, de la cual el ser humano estaba hecho.”


FRAGMENTOS de DIARIO PROHIBIDO:

Cuando habíamos caminado como 15 metros, pude ver un resplandor circular que me pareció un espejo, pero lo que reflejaba no era luz solar, sino más bien, emanaba una luz tenue de color verde pálido, que no se expandía a más de 3 centímetros de su origen.

Mirá eso -dije, desconcertado.

Nos acercamos. Ambos estábamos sorprendidos. De cerca podía notarse que era un círculo plano que ascendía desde el suelo hasta una altura aproximada de un metro y medio. Sofía, que siempre fue muy atrevida, lo tocó; primero delicadamente, después como queriéndose posesionar con la mano del extraño objeto. ¡Qué sorpresa! : su mano desapareció ante nuestros ojos. Yo vi inmediatamente la parte posterior del objeto y su mano tampoco estaba ahí. Sofía la retiró. Asombrada, se observó la mano indemne.

-Pero… ¿qué es ésto? –exclamó con voz aguda-. No puedo creerlo.

-Esto -respondí- no pertenece a este mundo. Quizás mejor deberíamos alejarnos.

-No -replicó- al contrario, tenemos que entrar, algo me dice que esto puede tener más cosas buenas que malas.

***
Penetramos lentamente, uno tras otro. El interior era una estrecha caverna habitada por una tenue niebla. El lugar era fresco, quizá un poco más que el de la parte de la montaña hasta donde habíamos llegado. Avanzamos, increíblemente de pie, a través de la caverna, la cual al principio nos pareció infinita. Sus paredes, que en su parte superior eran rocas y tierra muy ajustada, en su parte inferior estaban formadas por un material desconocido y fascinante que cambiaba de color continuamente. Por fin el camino nos ofreció una curva, tras la cual se ensanchó. Yo, que me empezaba a sentir un poco inquieto, quise comunicarme con Sofía y no encontré en ese momento ninguna forma más que tomar su mano.

Ese lugar estaba lleno de un hondo misterio, un misterio invadido por el desconcierto de la novedad. La acentuada paradoja de vernos sudar entre la niebla y el frío, nos hacía sentir extraños. Sofía enfatizaba ese sentimiento mutuo apretándome la mano.

***
-En un momento podrán establecer cada uno de ustedes, un diálogo o una relación muy estrecha con un ser o una forma que desean íntima y entrañablemente. No sientan temor. Ustedes son afortunados.
-¿Quién es usted? -preguntó Sofía, con fracturas en la voz-. ¿Dónde estamos?
-Soy Kérridat -respondió-, el cual en realidad es sólo un nombre accesible a su lenguaje. Pero comprendo su pregunta. Soy alguien de un punto en el espacio que usted no puede siquiera imaginar, soy alguien que no debe mostrarse a sus ojos porque se horrorizaría.
Nosotros estábamos envueltos en el temor. Aturdidos, no hallábamos serenidad para creer en lo que nos ocurría. Kérridat prosiguió con una voz que era como la de un sabio que habla a su hijo y que además es un niño:
-Responder su segundo cuestionamiento, Sofía, es fácil y difícil. Ustedes están donde quisieron estar. Ustedes están en un espacio energético naturalmente imposible para este mundo. Es, para decirlo con vocablos sencillos, una vereda que conduce sus deseos hasta donde ellos quieran llegar.
Después de eso, corredores laterales se abrieron. Nos explicó que si entráramos a alguno de ellos entenderíamos mejor y que seríamos lo que quisiéramos ser.
***
Después Sofía cerró los ojos y, súbitamente, se transformó en un colibrí y se alejó volando. Era un hermoso colibrí dorado. Era como un gramo de oro delicadamente pulido, buscando afanosamente los dedos de los árboles.
Yo estaba perplejo. Quise seguirla pero no pude. Le rogué a Kérridat que me la devolviera; pero sólo el silencio fue su respuesta. Grité. Le di golpes a las paredes. Pasé horas y horas esperando. Después me entristecí inmensamente y salí de ese horrendo lugar.
***
Con la mirada en el suelo, decidí volver, completamente oscuro y herido. Regresé a casa y abracé a mi hija.
Ahora que Sofía ya no está conmigo, pienso que la invitación que le ofrecí aquel día, fue el mejor regalo que ella recibió y con el que nunca había soñado. Tal vez sin saberlo fue mi forma -una de las formas- de entregarle mi amor.
Ahora que ya no está conmigo, me encuentro perdido en un amor imposible, en un deseo escondido que ya nunca podrá a florecer. Cierro los ojos y puedo verla. Abro los ojos y comprendo que estoy enfermo. Pero me he acostumbrado a esta serena soledad. Y los días van muriendo, uno tras otro… 
Texto:
Óscar Perdomo León

Post data: Los tres cuadros los tengo colgados de una pared en un lugar especial de mi hogar. Un agradecimiento sincero para ambos artistas que me han llenado de mucha alegría.

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