DOS POEMAS


Hace más o menos 24 años escribí los dos poemas en prosa que vienen a continuación. Pero antes de llegar a ellos me gustaría responder una pregunta: ¿Qué es la poesía?

La poesía es una bella doncella y una guerrera salvaje con numerosos brazos, que puede alcanzar y poseer todo lo real y lo imaginable del mundo. Y también las cosas invisibles: la poesía es un regalo infinito.

Una piedra preciosa que brilla intensamente es la poesía, un guijarro-diamante que en el pasado fue un sucio carbón, que fue evolucionando.

¿En qué geografía evolucionó? En ninguna otra parte más que en el territorio del corazón humano, ahí en un rincón interno donde las mujeres y los hombres tenemos el instinto de ser mejores.

La poesía son las palabras perdidas que, como el barro, toman forma en nuestras manos.

LO QUE ME HIZO CANTAR

Esa tu calma reposando en un pilar de cemento, combinada con la belleza de tu cabello largo, con tus ojos como catedrales en una noche iluminada a medias, con tu cuerpo que es la Venus de Milo sin mutilar, más un gozo de sensibilidad humectada de hermosa sencillez cuando leés un poema y sumado todo a la callada mañana de invierno en San Salvador, fue lo que me hizo cantar en el interior de mi mente una grey de hosannas amorosas y tiernas, llenas de locura infantil, invadidas con fuerza y razón por un cometa mío que se llama entrega, mostrándome a mí mismo, el ardor lejano, la ancestral fogata interna.



TU MEMORIA

Yo recuerdo que un día caminamos los dos, agitados por el sol y el polvo del mediodía, por las calles del centro de San Salvador. Era un día como todos; pero sé que te dije que en algún momento moriría la atracción nuestra y mutua, en manos de dos enemigos infinitos: el tiempo y la rutina.

Y ya ves que tuve razón. Pero vos olvidaste decirme que me olvidarías tanto y tan pronto, que hoy me sorprendo al saber que a la memoria se le mueren pedazos todos los días, cada minuto. Más quiero decirte que los pedazos tuyos que tengo están todavía riendo y llorando, corriendo en mi vida. Y quiero decirte también que me siento resentido con vos o con tu memoria o, en fin, con ambas.

¿Es que no te acordás de esta cabeza que siempre pensó en tu vida? ¿No te acordás de esta mirada herida y sin embargo limpia? ¿Y de estas manos con versos para vos no te acordás tampoco?


Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

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