POESÍA Y MÚSICA


Me gusta leer poesía; aunque leo prosa en una proporción más grande. Mi acercamiento a la poesía siempre ha sido por razones estéticas: musicalidad e imaginación elevadas a la décima potencia. Algo fuera de serie. La poesía en el pedestal de mis amores.

Pero también hay que decir que leer (y escribir) poesía es más difícil que hacer lo mismo con la prosa. Para leer poesía necesito siempre silencio y un ambiente de armonía. Recuerdo que en los días de la guerra civil, en los festivales musicales y poéticos que se hacían en la Universidad de El Salvador, los que leían poesía lo hacían sobre una tarima frente a un mar de alumnos ruidosos. Era poesía, en su mayoría, panfletaria, y aun así la disfrutaba, porque era al menos algo como un pequeño oasis.

Me gustan mucho los poemas, especialmente aquellos que tienen una musicalidad interna que lo conduce a uno suavemente por el ritmo tan peculiar de las palabras. La musicalidad de un soneto no es igual a la musicalidad de un poema en verso libre; el ritmo y los silencios entre cada verso es una cosa muy diferente en ambos casos. Y ambos casos me gustan.

La música interna de las palabras ordenadas de cierta manera misteriosa que sólo los magos-poetas conocen es un secreto que está en sus corazones y que sacan a relucir casi espontáneamente.

Pero cuando estos poemas están acompañados literalmente de música, para mí el placer se magnifica. Muchos músicos, a través de la historia, le han puesto música a los textos de poetas y dramaturgos, como por ejemplo el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven o, más recientemente, los poemas de Miguel Hernández musicados por Joan Manuel Serrat o el álbum “Expedición” de Silvio Rodríguez.

Hace poco volví a escuchar una canción, en inglés, del grupo Bread, que tiene una melodía muy bonita y una letra muy poética. No sé mucho de poesía, pero para mí es un poema lleno de metáforas e imágenes muy bellas; la canción se llama If. Una traducción al español de la canción “If” la podrán encontrar aquí.

He aquí otro ejemplo -¡y de mis favoritos!- de lo estoy hablando hoy:  Toti (del álbum “Expedición”)  de  Silvio  Rodríguez.

Poesía y música, el matrimonio ideal.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de:
http://api.ning.com/files/CNsUB9tEuCYAqUSgfLT04HTI0EigJ7Zn-KLc-jCdG3aAVnQNg1D6pZC7ZTwtGO12NdhCEWi4Gh5b2mnPVR*llL8D2uuwly4Y/poesia.jpg
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