UN AÑO MÁS (EFÍMERA CAVILACIÓN EXISTENCIALISTA, Parte 2)

El uno de enero de 2010 me miré al espejo y descubrí algo que quizás había estado negándome desde hace meses a mí mismo. Ese primer día del año me desperté desvelado y con los ojos irritados. Como todo el mundo, supongo. Y entonces vi que las arrugas en mi rostro son cada vez más evidentes. Y recordé lo que me contó mi esposa que había dicho mi hija Beatriz hacía un par de días refiriéndose a mi edad: “Mi papá ya casi tiene dos coras”.

Bueno, “cora” es una palabra que está fuera de mi vocabulario, porque no me gusta. Pero aparte de eso, Beatriz tiene razón y el tiempo verdaderamente está haciendo su inexorable labor en mi rostro.

Otra cosa que me pasó, pero en los últimos días de fin de año 2009, fue lo siguiente: escuchando tocar a unos amigos en un concierto privado y de carácter muy familiar e íntimo, que dieron en su casa, de música Jazz principalmente, pero también de pop, boleros y otras especies, de pronto empezaron a tocar “Let it be” de Los Beatles y este que escribe –de metido- les dijo: «Yo me puedo el solo de la guitarra eléctrica». E inmediatamente me cedieron la guitarra. Y ya estando en posición de tocar, sólo medio empecé y me di cuenta que el solo que tantas veces había tocado antes (mucho antes, eso sí), ya se me había olvidado. Sin embargo yo en mis adentros, todos estos años, había creído que siempre me podía el susodicho solo de guitarra. ¡Qué imprudente! Ya estoy grandecito para saber que cuando algo no se practica, se olvida. Aunque para no quedar avergonzado empecé a tocar “Something”, siempre de Los Beatles y los músicos amigos me siguieron la corriente y no todo terminó tan mal después de todo.

Pero el punto central que quiero contar es que mi memoria me traicionó, como nunca lo había hecho antes.

Memorias que se van. Arrugas que se vienen. Mi hija hablando de su viejo padre. ¿Será una efélide senil esa manchita en el dorso de mi mano?

Esta pequeña niña que ven aquí, lucía de esa manera antes de convertirse en mi esposa y los minutos van corriendo. Y yo, por mi lado, me siento como si tuviera sólo 30 años de edad; pero sé que no es así.

Y sin embargo, lo cierto es que un año más de vida también son 365 días más de experiencia, de dolor y felicidad, de sueños y pesadillas, de amor y desamor. Me he tragado un río de horas. Y me he dado cuenta que últimamente la nostalgia por mi pueblo natal y los recuerdos de mi niñez vuelven a mí cada vez con más frecuencia. Quiero aclarar que sí vivo mi presente y claro que veo hacia el futuro; pero dicen que uno recuerda más su niñez cuando se está volviendo viejo.


¡Pero no! ¡Viejos los caminos! (¿Estoy en mi etapa de negación?) Si en mi corazón hay un joven aún lleno de ilusiones y esperanzas, no estoy viejo.


Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

Foto de Érika bebé, tomada por Estudios “Los Vergeles”.


Otra nota relacionada con ésta es: “Efímera cavilación existencialista”, parte 1

http://lacasadeoscarperdomoleon.blogspot.com/2009/10/efimera-cavilacion-existencialista.html

CESÁREA, fotorreportaje.

«Una imagen habla más que mil palabras». Se trata de una cesárea realizada, en el año 2005, porque la paciente tenía dos cesáreas previas y además porque solicitaba ser esterilizada (lo cual era muy recomendable).

Este fotorreportaje fue realizado gracias a las excelentes fotografías tomadas por el Licenciado Renato Flores, anestesista. Yo sólo tomé las dos primeras que aparecen aquí.

Anestesia raquídea
Aplicando jabón yodado para matar las bacterias que se encuentren sobre la piel de la paciente.

Una operación quirúrgica básica como la cesárea necesita del trabajo coordinado entre una enfermera instrumentista (que es quien pasa el bisturí y todos los demás instrumentos quirúrgicos al cirujano), una enfermera circular (que se encarga de pasar torundas, hilos para sutura, etc. y de escribir notas sobre todo lo que ocurre en Sala de Operaciones), un anestesista, un auxiliar de la limpieza, un médico o enfermera que dará los primeros cuidados al recién nacido, un médico ayudante y un médico responsable de realizar la operación en sí y de tomar el mando de la Sala de Operaciones.

«Operación cesárea: La operación cesárea o parto por cesárea se define como el parto del feto a través de incisiones de la pared abdominal (laparotomía) y de la pared uterina (histerotomía). Esta definición no incluye la extracción del feto desde la cavidad uterina en caso de rotura del útero o de embarazo abdominal.»

Definición tomada de la Obstetricia de Williams
Al abrir la cavidad abdominal puede observarse el útero, de color rosado.

Una vez abierto el útero se introduce la mano y se retira la valva (instrumento metálico que aquí se ve manchado de sangre), buscando la cabeza del bebé.
Se aspira de la boca y la nariz el líquido amniótico, lo antes posible.


Después de cortar el cordón umbilical el pequeñín se le pasa a la enfermera para que lo seque y le dé los primeros cuidados.

Suturando el útero




Se revisa y se extraen los coágulos
Esterilización: amarrando y cortando ambas trompas de falopio.

Suturando la piel
La satisfacción de un trabajo finalizado
Escribiendo las indicaciones médicas y el reporte operatorio.

Texto:
Óscar Perdomo León
Fotografías:
Renato Flores
Óscar Perdomo León

TONTAS CANCIONES DE AMOR

Me gusta mucho el cine. Cuando puedo ver sin interrupciones una buena película es para mí un momento de gran placer.

Me encantan las películas históricas, las de grandes actos de valentía y heroísmo, las que cuentan historias basadas en hechos reales, las que lo sumergen a uno en batallas entre dragones y caballeros, las comedias, las policíacas, etc.


Sin embargo, las que siempre me hacen llorar son las películas románticas que de entrada las puedo uno predecir como van a terminar. Esas donde él se enamora de ella y ella de él. Puede que sea así porque quizás soy un romántico sin remedio. No me gustan las cursilerías -tengo que aclararlo-, pero sí me gusta creer que el amor existe y que ella lo ama a él y que él está loco por ella.


Antes quizás me gustaban las películas románticas porque siempre había estado buscando el amor completo, la persona exacta con quien poder hablar horas y horas sin aburrirme, la persona exacta con quien poder hacer otras actividades variadas sin sentirme sofocado, la persona exacta con quien disfrutar del sexo sin barreras físicas ni psicológicas. Y ahora tal vez me siguen gustando porque ya encontré a esa persona y me siento muy enamorado de ella. Puede ser que sea porque cuando veo sus ojos, recuerdo el poema de Borges que dice algo así como que el amor hace que veamos a los demás como los ve la Divinidad. Y si bien yo no soy un creyente de muchas cosas, sí soy un creyente del amor. Y esas palabras borgeanas son lo más bello que he leído.


Y aunque sé muy bien que esas películas románticas son un poco como la música que sarcásticamente John Lennon llamó silly love songs y que luego Paul McCartney en respuesta compuso una canción precisamente con ese mismo nombre, el hecho es que me siento muy bien mirando una y otra vez esas tontas películas de amor. Porque el amor es una fantasía-real o una realidad-fantástica, que lo hace sentir a uno tan vivo e ilusionado.


Esas tontas películas de amor (que no tengan tanta-tonta-comedia-mal-hecha en medio, por supuesto) me atrapan durante una hora y algo más, y me hacen apreciar y reafirmarme que la vida vale la pena vivirla y mucho más si se tiene alguien a quien amar.


Estas tontas líneas de amor son para usted, Érika.

¡Feliz año nuevo!

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

La fotografía inicial la tomé este año en el Teatro Nacional de San Salvador.

EL PRESERVATIVO

(1)


Platicando con unos amigos mientras compartíamos la cena, caímos en el tema del preservativo o condón. Uno de ellos opinó que no se acercaba a ninguna mujer si no traían un preservativo en el bolsillo. Otro, por el contrario dijo que no se pondría nunca un preservativo, porque era como comerse un dulce sin quitarle el papel del envoltorio. Un tercer amigo opinó que él usaba el preservativo algunas veces sí y algunas veces no.

La verdad es que el preservativo es una gran herramienta que nos permite protegernos de las enfermedades de transmisión sexual, toda vez y siempre y cuando sea bien colocado y bien usado. Además el preservativo es un gran método anticonceptivo, es decir, un método para evitar los embarazos no deseados. Por supuesto, ningún método anticonceptivo es 100 % seguro.

(2)


El departamento de Cabañas ha llegado a colocarse entre uno de los primeros en El Salvador en tener altos índices de embarazos en adolescentes. Una adolescente es una muchacha entre los 12 y los 18 años de edad, quien en su gran mayoría no ha terminado sus estudios y no tiene una entrada económica segura. Esto unido a la pobreza y la falta de apoyo de sus padres, conduce a algunas de estas jóvenes a vivir una vida precaria, de mucho sufrimiento y frustraciones. Algunas deciden irse para los Estados Unidos y dejan a sus hijos al cuidado de sus abuelas, quienes ya habían cumplido su rol de madres y se ven obligadas a repetirlo con sus nietos. Algunas otras muchachas, por su lado, pasan a formar parte de las largas filas de prostitución que llenan nuestro país. Es bueno dejar en claro que el más grande factor para la prostitución es la pobreza y la gran mayoría de las trabajadoras del sexo tienen hijos que mantener. ¿Y los padres de estos niños o niñas? Ellos, a su manera, están bien, gracias.

Pero, amigos y amigas, el uso del preservativo puede prevenir la llegada de los hijos no deseados. El argumento de que no se siente lo mismo al tenerlo puesto, no es más que psicológico. Todo está en la mente. Uno podría olvidarse que lo tiene puesto si se concentra en lo que está haciendo y no en lo que se tiene puesto. Un relación sexual con preservativo puede ser muy placentera si la mente de quienes lo usan cambia y se dan cuenta que el preservativo no es un impedimento para alcanzar el placer. Es más, usándolo las parejas pueden tener una relación sexual libres del temor del embarazo no deseado.

La Iglesia Católica, por su lado, ha insistido durante siglos y aún hoy en pleno siglo 21 en el ejercicio del celibato, es decir, en la abstención sexual. La Iglesia se equivoca. No puede ser sano para un hombre (o una mujer) el abstenerse de tener relaciones sexuales contra su voluntad. Es algo que va en contra de la naturaleza. Podría ser aceptable si fuese una decisión personal, sin que estuviese influenciada por las presiones de la tradición y los dogmas religiosos. Pero el celibato en sí contradice el instinto sexual, hormonal, el instinto de reproducción. Y es porque la Iglesia Católica y también todas las demás iglesias protestantes (Mormones, Asambleas de Dios, Bautistas, etc.) siempre han visto al sexo como algo sucio, “pecaminoso”; siempre han tratado de inculcar sentimientos de culpa en relación a la sexualidad. El celibato o abstención sexual es un dogma irracional y antinatural ¿Acaso hay dos tipos de hombre en el mundo, uno con testosterona y otro sin ella? Lo que la Iglesia Católica debería hacer es aceptar el gravísimo error en que ha estado sumergida durante años y años y devolverle a la sexualidad su estatus natural. Pero por supuesto eso es algo que no va a hacer, ya que la religión en general basa su poder sobre la gente en hacerle creer cosas sobrenaturales y antinaturales, es decir, en tergiversar la realidad. No estoy apelando al libertinaje; sino al sano entendimiento del ser humano, al análisis sincero de la realidad. Los seres humanos somos parte de la naturaleza y como tales debemos interactuar en armonía con ella.

Usar el preservativo no es pecado. Pecado es traer al mundo niños y niñas a quienes no les vamos a poder dar lo mínimo para llevar una vida con dignidad, es decir, lo mínimo, como es la alimentación adecuada, una alimentación alejada de la desnutrición. Lo mínimo, es decir, niños y niñas a quienes se les pueda ofrecer una educación de calidad e ininterrumpida. Niños y niñas que crezcan con sus padres, llenos de amor y comprensión.

(3)

La solución es que nosotros tomemos consciencia de que podemos decidir nuestro presente e influenciar de alguna manera nuestro futuro. Y el preservativo o condón es una herramienta que puede ayudarnos a evitar enfermedades de transmisión sexual y a evitar hijos no deseados, si queremos.

Texto:

Óscar Perdomo León


EMBARAZO EN ADOLESCENTES es un artículo relacionado a este que acaban de leer y lo pueden encontrar en el blog LA ESQUINA de Érika y Óscar siguiendo este camino

http://laesquinaderikayoscar.blogspot.com/2009/04/embarazo-en-las-adolescentes.html

En el artículo “La vocal del jadeo” http://blogs.peru21.pe/sexonosex/2009/12/la-vocal-del-jadeo.html

escrito por Esther Vargas encontré la fotografía “Jadear” (1) y la puse de entrada a mi artículo “El preservativo”. Su blog es SEX O NO SEX

http://blogs.peru21.pe/sexonosex/

Pinturas “Desnudo pareja” (2) y “Las uvas de la pasión” (3) hechas por el pintor José Antonio Garrucho han sido extraídas del blog http://www.jantogarrucho.net/index.html

BREVE CARTA PARA WENDY

Recuerdo que mi hermano Mario y yo estábamos jugando con un viejo neumático de llanta de carro en el patio de la casa de Atiquizaya, cuando oímos que mi papá entraba muy contento; venía de Santa Ana con mi mamá y traían un regalo inigualable: una linda bebé de ojos verdes y de cabello claro. Eras vos Wendy, que venías con las manos chiquititas y blancas. Corrimos juntos, mi hermano y yo, con mucha curiosidad a mirarte.

Desde entonces te quisimos mucho. A medida que ibas creciendo te ibas también pegando a nosotros como una sombra, porque hay que entender que la diferencia de edades de más o menos 8 años es considerable cuando se es niño o adolescente. Y ahí andabas detrás de nosotros, metida en “los juegos de varones”. Estabas tan pequeña que yo en broma, como todavía no podías hablar muy bien, en lugar de hermana, te decía “semana”.
Me acuerdo que cuando estabas bien pequeñita accidentalmente te tiré azúcar sobre la cabeza. Vos sabés que fue sin querer, ¿verdad?

Cuando estabas en la edad de ir a la escuela, me acuerdo que te pusiste a reír cuando una ocurrente señora dijo: “¡Ay, que chulo el pelo de esta niña, como si fuera de melcocha!”. Bueno, con los años te ha ido oscureciendo poco a poco. Creo que con la edad tu cabello llegará a tener el color del que tenía mi papá o el que tiene mi mamá. Y eso es bueno. No te olvidés que somos hijos de dos personas con una gran fuerza de corazón.

¿Te acordás del perro correlón y temblador que tenías? La verdad nunca me gustó el nombre que tenía, pero era muy divertido jugar con él. ¡Qué mascota! ¿Y de la fiesta que te hicieron donde papá Edgardo, te acordás? Todas las chicas con sus peinados de Cyndi Lauper bailando de una manera que hoy da un poco de risa, ¿verdad?
¿Te acordás de la serie familiar de televisión que veíamos después de la cena cuando vos eras adolescente? ¿Y del coro ambulante? Esos días que parecen tan lejanos ahora, fueron buenos porque te permitieron divertirte y unirte a las primas, especialmente a Mydee.
¿Y de la vez que discutíamos acaloradamente -¡quién sabe por qué!- mientras yo manejaba un viejo jeep y en mi distracción choqué contra la orilla de la calle rural, te acordás? Por suerte no íbamos a más de 10 ó 15 Km. /h y no nos pasó nada. ¿Y de cuando viajábamos con mi mamá a San Salvador? Ahora, desde hace más de 14 años, te has hecho capitalina. Pero yo sé muy bien que vos viviendo lejos, al igual que yo, tenés el corazón en Atiquizaya.
¿Te acordás de aquella llamada telefónica que me hiciste al hospital de Ciudad Barrios, donde yo hacía mi Año Social? Espero que no olvidés cómo desde recién nacidos tu hijo Carlitos y mis hijas Laura y Beatriz se unieron con un lazo de amor de hermanos verdaderos. Hay una foto de Laura María cargando a puras penas a Carlitos. ¿Y de cuando me divorcié, te acordás? La familia me apoyó mucho, especialmente vos.
¿Y de todas las navidades y años nuevos que hemos pasado juntos? ¿Y de todos los cumpleaños colectivos en Atiquizaya, qué me decís? Es bastante tiempo compartido y muchos recuerdos que viven en nuestras memorias.
Pero hay algo, Wendy, muy importante que quiero decirte y es que a pesar de ser menor que yo, siempre me has cuidado de alguna manera, ya sea con tus palabras o con tus acciones. Yo la verdad no tengo muy buena memoria, vos ya me conocés. Y así como olvido muchas veces los insultos y malquerencias de unos, así también a veces me olvido de los favores que otros me han hecho. Y de la misma manera sé que ya me he olvidado de las muchas veces que vos me has ayudado. Sin embargo, aunque yo olvide los casos específicos, tengo muy clara la generalidad del asunto y sé que has sido muy buena persona conmigo.
Este año te llamé por teléfono y quizás, como siempre es mi costumbre, te puse “Las mañanitas” con Marco Antonio Muñíz; pero no te di ningún regalo. Quisiera entonces que estos recuerdos, que escribo hoy, sean aunque sea algo así como un regalo para vos. Porque sos la mejor, Wendy. Gracias por todo.
Texto:
Óscar Perdomo León

¡VIVA LA IRA!, de José Luis Valle.

Acabo de terminar de leer ¡VIVA LA IRA! (Deidades terrenales y sus divertimentos genocidas), el libro que ganó el Premio único de Novela de los XIV Juegos Florales de San Salvador 2009. De verdad que es una narración muy entretenida en la que nos introduce José Luis Valle, su autor.

Es, para ser más exacto, una narración frenética, cruda, pero con un poco de humor, sobre la guerra civil y la post guerra salvadoreñas. Hay numerosos pasajes, olvidados tal vez por los más viejos de nosotros o desconocidos por los más jóvenes, que verdaderamente erizan la piel. Luchas populares en las calles, perseguidos, desaparecidos, asesinados, mujeres violadas, bombas, helicópteros artillados, hombres y niños mutilados, pueblos completos arrasados, la barbarie gubernamental desatada, la clandestinidad obligada… La ficción se confunde con la intensa realidad y viceversa.

Me gustó en particular mucho la historia de “El loco Adán” y/o “Tarzán de los muertos” y de sus dos amigos alcohólicos que salen a buscarlo.

Cuando uno va adentrándose en las páginas de «¡Viva la ira!» hay una sensación de estar viviendo en una película-realidad todas las crueldades y los heroísmos de tantos compatriotas. La historia que parece entrecortada atrapa al lector. Y el final es, diría yo, macabro. Es un libro que vale la pena leer.

Recomiendo por lo tanto este día la novela corta ¡VIVA LA IRA!, de José Luis Valle.

Y a continuación me gustaría dejarlos con el párrafo que escribió sobre esta novela Marvin Aguilar, uno de los jurados que le dio el triunfo a la referida obra literaria y que yo me he tomado la libertad de extraer de su blog Alter Iuris http://blog.alteriuris.net/.

“¡Viva la Ira! de Delirayol. La obra ganadora. Esta novela presenta una estructura por mí muy apreciada, la fracturación. Si, desde que leí a Roberto Bolaño, que me llevo a Cortázar, y luego a Julián Ríos, con su obra Larva, comprendí que se trata de una vorágine en la que nunca parece concatenarse algo o nada y menos terminar algo, y que es precisamente este recurso el que vuelve interesante la lectura de este tipo. Literatura abstracta le llamaba yo, influenciado por la psicología rusa. Inolvidable para mi la obra de Milorad Pavic. De este estilo fracturado se ha hecho teatro en México. Así como cine en España.

“Percibo que fue escrita por partes y en diferentes tiempos. Lo que no es importante a simple vista pero que finalmente la hizo madurar. De tomar en cuenta también la temática para entender la fracturación: la represión, guerra, violencia urbana predominan a lo largo de la pieza siendo esto el protagonista que va mutando a lo largo de la obra. Y es allí donde esta la lógica. “Dos mariposas rumbo al cielo”, es lo que rescata la novela. Pero lo demás aunque no deja de ser bueno, se enmarca en una serie de oraciones y palabras muy inteligentes, que solo demuestran arrogancia intelectual o desprecio hacia lo que no es culto. Valido. Pero la vuelve -a mi juicio- no tan pos modernista como debió ser. El ciudadano común no es tan elaborado y cuando esta en desgracia o sufre es mas histérico. El recurso de la fracturación es una de las tendencias en la literatura actual, incoherencias dirán algunos críticos. ¿Pero acaso no es incoherente este país u occidente? Si bien estuvo dentro de mi lista para ser premiada, siempre tome mis reservas porque no podía premiar una obra de carácter conservador. No es una posición ideológica, sino artística. Véase para comprenderme la definición de Rimbaud sobre que es un poeta y que yo amplio hacia el artista en blog.alteriuris.net en el articulo Serigrafía Dadaísta. De estructura fragmentada, con contenido al parecer vengativo en algunos pasajes e irrelevante en otros, esta novela daba para convencerme más. Propuesta por Mario Pleitez, apoyada por mi a lo que se sumo Susana Reyes, declaramos como jurado a esta obra, la novela ganadora 2009.”
Marvin Aguilar

Texto:
Óscar Perdomo León


Fotografías tomadas al libro ¡Viva la ira!, por Óscar Perdomo León

PEQUEÑOS VISITANTES, parte 3

Ya he escrito y contado antes sobre los variados y pequeños seres que han visitado mi hogar, algunos por un rato y otros que se han quedado a vivir aquí. Pues bien, esta mañana tuve una desafortunada e inesperada visita.

Era una pequeña paloma que volaba erráticamente, chocó contra la segunda planta y cayó al suelo del patio con apariencia de estar muy herida, apenas se movía y cuando me acerqué no intentó huir, como es su instinto natural. Al examinarla se podía ver directamente el cráneo en la zona occipito-parietal izquierda, tenía arrancadas las plumas de esa área. Además parecía estar fracturada del cuello o al menos muy lesionada. Los minutos que estuvo viva los sentí largos porque medio-intentó enderezarse y mover sus alas, pero no pudo porque perdió en el momento el equilibrio y se veía que sufría bastante. Me dio mucha lástima.
Me conmoví mucho al ver la pequeña criatura, porque ahí, ante mis ojos, dio los últimos respiros y falleció. No soló sentí compasión por ella, sino que también impotencia, por no haber podido hacer algo.

Pensé en algunas hipótesis de lo que le pudo haber pasado, las cuales fui descartando una a una hasta quedarme con la siguiente: mientras volaba, la alcanzó una piedra a gran velocidad lanzada por la hondilla de un infante. El golpe fue tan severo que la pobre palomita debió haber perdido todas sus habilidades de navegación aérea y se estrelló contra la pared. Seguidamente sufrió el traumatismo contuso de chocar contra el piso de cemento. En lugar de la piedra también pudo haber sido una bala que la rozó, aturdiéndola, pero sin penetrar su cabeza. Me parece que tal vez ésta última pudo haber sido la más cierta, porque en el lugar en donde vivo hay fiestas patronales con jaripeo y todo eso y alguien pudo haber disparado al aire. Es una posibilidad.

Si fue alguien que quiso matarla para conseguir comida, sé que estas aves tienen muy poca carne, además su cacería se ve más en el campo. Y si fue sólo por maldad o por “deporte”, ¡que insensatez haberle quitado la vida a un pequeño ser que nos alegra con su presencia!


Texto:
Érika Valencia-Perdomo
Óscar Perdomo León

Fotografías:
Óscar Perdomo León

Pueden leer en La ESQUINA de Érika y Óscar, “PEQUEÑOS VISITANTES” y “PEQUEÑOS VISITANTES, parte 2”, siguiendo estos caminos:

PEQUEÑOS VISITANTES
http://laesquinaderikayoscar.blogspot.com/2009/07/pequenos-visitantes.html

PEQUEÑOS VISITANTES, parte 2
http://laesquinaderikayoscar.blogspot.com/2009/08/pequenos-visitantes-parte-2.html

ZONA DE PROMESAS, Mercedes Sosa y Gustavo Cerati.

Mercedes Sosa (1935-2009), la cantora de Latinoamérica, siempre mantuvo un ideal y un mensaje inalterable: su canto fue siempre dedicado a los excluidos y pobres de nuestro sufrido continente. Y sin embargo, Mercedes tuvo la fortaleza de evolucionar y de cantar con otros artistas, sin perder su esencia.


Las últimas grabaciones que Mercedes Sosa hizo (Cantora 1 y Cantora 2) antes de morir son un ramillete de colores, un arco iris de voces y ritmos. Una que me estremeció al oírla fue “Aquellas pequeñas cosas”, la cual Mercedes canta con uno de mis cantautores favoritos, Joan Manuela Serrat. Sin embargo hoy quiero hablar de una canción que compuso Gustavo Cerati y que me gusta mucho: “Zona de promesas”, que es una composición que salió publicada por primera vez en 1993 en el álbum del mismo nombre, de Soda Stereo, y conformado básicamente por nuevas versiones de algunas de las canciones más representativas del grupo; en ese disco había además una única canción nueva y era precisamente “Zona de promesas”. La letra de esta canción es muy bonita. ¿Quién no se refugia en su madre después de un fracaso? Pero también ¿quién no tiene la esperanza que el futuro todo saldrá mejor?

Pues bien, esta nueva versión de “Zona de promesas” grabada por Mercedes y Cerati es una verdadera belleza. Es interesante saber que ella dijo que no pudo dormir dos días antes de la grabación, porque se sentía nerviosa de cantar junto a Cerati; y no de poco interés es también la reacción de él, al enterarse que ella había dicho eso; Cerati expresó que cómo era posible que ella se pusiera nerviosa cuando ella era “LA VOZ”.

Lo anterior sólo demuestra la gran sensibilidad y la humildad de Mercedes Sosa. Y esto nos lleva a deducir que era una verdadera amante de la música y que lo que cantaba lo sentía de veras. Y además, que respetaba mucho a los otros artistas, sin importar que fueran más jóvenes o tal vez menos famosos que ella. En el ciberespacio hay un pequeño video que documenta las palabras de Mercedes Sosa y de Gustavo Cerati.

Murió la diosa de la libertad, dijo Maradona, y Fito Páez refirió que Mercedes quedaba marcada para la eternidad.

Miles de frases de cariño han surgido de gente famosa y también del pueblo común y corriente. Creo que el cariño de todos hacia ella ha sido sincero.

Yo, por mi lado, escribí 05 de octubre de 2009 un pequeño comentario sobre Mercedes Sosa (“Gracias a la vida”) en LA ESQUINA de Érika y Óscar: http://laesquinaderikayoscar.blogspot.com/2009/10/gracias-la-vida.html

 

Les dejo aquí abajo la letra de “Zona de promesas” y además las direcciones para que alcancen algunos videos de interés relacionados con esta canción, con Mercedes Sosa y con Gustavo Cerati.

ZONA DE PROMESAS

Mamá sabe bien, perdí una batalla.
Quiero regresar solo a besarla.
No esta mal ser mi dueño otra vez,
ni temer que el río sangre y calme
al contarle mis plegarias.

Tarda en llegar, y al final
al final hay recompensa.

Mamá sabe bien, pequeña princesa,
cuando regresé todo quemaba.
No está mal sumergirme otra vez
ni temer que el río sangre y calme.
Se bucear en silencio.

Tarda en llegar y al final
al final hay recompensa…
Tarda en llegar y al final
al final hay recompensa…
Tarda en llegar y al final
al final hay recompensa…
Tarda en llegar y al final
al final hay recompensa…
en la zona de promesas.


Texto:

Óscar Perdomo León

 

Fotografías del disco Cantora 1 y Cantora 2 fueron extraídas de Google imágenes.

 

 

Foto de la portada del disco “Zona de promesas, Mixes 1984 – 1993” extraída de: http://zonadepromesasweb.com.ar/soda_stereo/discografia/especiales/Zona_de_Promesas/

 

 

Canción “Zona de promesas” completa, con fotografías de Sosa y Cerati en: http://www.youtube.com/watch?v=4APYSwWYEBo

 

 

Video documental de cuando Gustavo Cerati y Mercedes Sosa grabaron “Zona de promesas”: http://www.taringa.net/posts/videos/3492977/Zona-de-promesas:-Cerati-+-M_-Sosa-Documental.html

 

 

Video de Gustavo Cerati dando declaraciones el 04 de octubre de 2009, durante el velorio de Mercedes Sosa, en donde él da sus impresiones en cuanto a que ella se sintiera nerviosa los días previos a que grabaran juntos; y hace otros comentarios más: http://www.youtube.com/watch?v=FWUvFm7csvU&feature=related

 

 

En la siguiente dirección pueden oír una versión en vivo de “zona de promesas” con Fito Páez, en un concierto en homenaje a Soda Stereo: http://www.youtube.com/watch?v=W6NKFr2uQWI&feature=related

 

 

Recomiendo estos dos videos en donde se habla brevemente de la vida de Mercedes Sosa: http://www.youtube.com/watch?v=GecEjNeBSgk

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=nC9ClKdkxDQ&feature=related

DOCUMENTAL “MÁRTIRES EN EL SALVADOR: 20 AÑOS SIN JUSTICIA”

1

Con un nuevo aniversario este año del asesinato de los jesuitas y sus colaboradoras, me vuelvo a dar cuenta que las heridas que tenemos los salvadoreños como sociedad siguen aún intactas y abiertas. Y no puede ser de otra manera mientras la impunidad no desaparezca. Mientras los salvadoreños sigamos viendo como los “tribunales de justicia” no funcionan de verdad, tendremos siempre el sentimiento de que el estado de derecho que tanto anhelamos es casi una utopía inalcanzable.

El documental “MÁRTIRES EN EL SALVADOR: 20 AÑOS SIN JUSTICIA” lo conduce a uno, a través de más o menos treinta minutos, a una oscura parte de nuestra historia reciente: el fatídico asesinato de seis sacerdotes desarmados y dos de sus indefensas colaboradoras. También nos muestra brevemente lo que fue la vida de Segundo Montes o de Ignacio Martín Baró, por ejemplo; pueden además verse algunos testimonios de algunas personas que los conocieron.

En cuanto a la justicia salvadoreña hay un pequeño respiro y una ventana de esperanza con el último gesto del gobierno de Mauricio Funes; en el Co Latino del martes 17 de noviembre 2009, destacan lo siguiente:
El Presidente de la República, Mauricio Funes, entregó a familiares de los seis sacerdotes jesuitas asesinados por el ejército, en noviembre de 1989, la Orden Nacional Dr. José Matías Delgado en El Grado de Gran Cruz, Placa de Oro, el máximo reconociendo que puede entregar el gobierno de El Salvador. En la foto, recibe el reconocimiento, de manos del Presidente Funes, el también Jesuita Jon Sobrino. Observa, el Rector de la UCA, sacerdote José María Tojeira.”

2

José María Tojeira escribió en la misma publicación ya mencionada de diario Co Latino un artículo digno de ser leído. Dice el padre Tojeira, entre otras cosas: “…se deben recalcar los símbolos de reconocimiento. Los seres humanos nos humanizamos y nos relacionamos desde nuestra capacidad simbólica. La bandera, el himno, los ritos, todo está llenos de simbolismo en nuestra vidas. El propio lenguaje con el que nos comunicamos se compone de signos y símbolos. El problema comienza cuando los símbolos que se utilizan para comunicarnos entre personas lanzan señales de desprecio, de olvido de valores, de marginación de la dignidad del que consideramos diferente. Y así, cuando a una víctima inocente se la olvida o se la excluye del necesario reconocimiento de su dignidad, se comete un doble atentado contra ella. El primero, el acto que la daña, la tortura, la viola o la mata. El segundo, el de darle a entender que ahí no pasó nada. Que el crimen que se cometió contra ella no es crimen. Que la vida social sigue tan tranquila a pesar de que se ha dañado a toda la humanidad dañando la dignidad de una persona concreta. Esos símbolos de desprecio de los pobres y de las víctimas, que son de muy diversa índole, deben por una parte desterrarse de nuestro lenguaje comunicacional. El racismo, el machismo, la aporofobia (el odio-desconfianza hacia los pobres), son conjuntos de símbolos destructivos que deberían desaparecer de nuestro horizonte relacional. Al contrario, todo signo de reconocimiento de la dignidad humana, todo esfuerzo por comunicar a las víctimas o a sus parientes, herederos del dolor, que la víctima es más importante y socialmente más valiosa que el verdugo, es indispensable para el desarrollo armónico y cohesionado de cualquier sociedad.” Este artículo lo pueden leer completo siguiendo esta dirección:
http://www.diariocolatino.com/es/20091117/opiniones/73824/

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Pero volviendo al documental hay que destacar que al verlo uno entiende básicamente el porqué del asesinato de los jesuitas:
1- Porque los jesuitas siempre mantuvieron la postura del diálogo como solución para finalizar la guerra civil. Y hablar de diálogo en aquellos cruentos días, para algunos sectores recalcitrantes de la derecha era como hablar de traición. Había también un ala bastante cerrada y con bastante poder entre los militares, que deseaban a toda costa una salida guerrera, aplastando al FMLN por supuesto.
2- Los padres jesuitas denunciaban la constante violación de los derechos humanos y como la mayor parte de las violaciones las ejecutaba la Fuerza Armada, pues era bastante natural que hubiese entre su gente, personas que habían llegado a sentir odio contra los jesuitas.

Aunque en El Salvador se llevó a cabo un juicio en los tribunales contra algunos miembros de la Fuerza Armada, queda un sinsabor después de todo eso. Como lo dice en el documental el abogado Manuel Ollé de la Asociación Pro Derechos Humanos, el juicio no profundizó ni buscó realmente hacer justicia, fue “…un juicio maquillaje, un juicio farsa…”, porque de los 14 militares enjuiciados sólo 2 fueron encontrados culpables y el resto quedó en la impunidad; pero esto no es lo más terrible, sino que nunca se buscó a los autores intelectuales del crimen, nunca se intentó conocer quienes fueron esas personas poderosas que dieron la orden de asesinar a los jesuitas y la orden también de no dejar testigos, tampoco se intentó en el juicio conocer a aquellas personas –poderosas también- que encubrieron semejante crimen de lesa humanidad.

Realmente el documental, que ustedes lo pueden mirar siguiendo esta dirección http://www.youtube.com/watch?v=obnNDFRFeg4 es intenso y está muy bien hecho. Yo no pude evitar derramar unas lágrimas mientras lo veía.

Texto:
Óscar Perdomo León

DONDE PAPÁ ÁNGEL

Cuando era niño me gustaba mucho jugar en la casa de mi abuelo paterno. Su casa era tan grande para mí que me sentía con toda la libertad de explayarme a gusto. Siempre me sentí bienvenido. En la entrada estaba –y aún está- el viejo almacén “El sol”. Mi abuelo casi siempre estaba ocupado con los clientes y la mirada la mantenía cubierta con un halo de reserva, no le quitaba los ojos de encima a los compradores. Yo entraba después de un “buenas tardes, papá Ángel” y me metía a la casa corriendo. Después de la sala estaba lo que yo buscaba: el patio, el solar y sus plantas. Para mí era como una selva, porque había árboles de mucha variedad, como guayabos, mangos, naranjas agrias y claveles que para mí eran gigantes. Sin embargo, los verdaderos gigantes eran los árboles de mango. Había tres, uno de ellos era ciertamente colosal, su tronco era tan grueso que era un gran reto treparlo. Había uno de “mango de brea” que tenía un sabor inolvidable. Pero los que más me gustaban eran los mangos “indios”; me los comía tiernitos, verdes, maduros y hasta cuando casi se estaban pasando de maduros.

Ir donde mi abuelo también era una experiencia satisfactoria porque ahí confluíamos los primos y era nuestra oportunidad de estar juntos; jugábamos fútbol, ladrón librado, de escondidas, salta burro (bom y portinyulo más jalón de oreja) y carrera de micos. Pero creo que nuestro juego favorito era subirnos a las grandes alturas de los “palos de mango”. Subirse y comer los mangos verdes con sal sentados en una rama, nos hacía sentir un placer tan inexplicable, pero muy relacionado con la victoria y la libertad. Creo que entonces nos sentíamos como los reyes del mundo, con el manjar más delicioso que puede haber: el mango. Éramos reyes sí, hasta que mi abuelo llegaba enojado a regañarnos –y con razón- por andar como monos subidos en las ramas más altas. En desbandada salíamos corriendo hasta el fondo del patio.

El líder natural -y por edad también- era mi primo Moris. Él, con su talante de seriedad, su fuerza, su tamaño, su evidente masculinidad y su voz de mando, hacía que todos los demás lo siguiéramos en sus planes y decisiones. Él y su hermano Willians eran los más hábiles en el uso de la hondilla, la honda de “muchas varas” y en el juego del capirucho. Una de las cosas que aprendí con ellos fue a jugar trompo; ¡ay de mis primeros trompos! Todos terminaban “calaciados” y hasta quebrados. Tuve trompos “ceditas” y “sazarazas”; aprendí a hacer bailar el trompo en el aire y cacharlo en mi mano: me quedaba mirándolo girar como a un planeta diminuto. Es increíble cómo todas esas cosas tan sencillas me hacían tan feliz.

Recuerdo que al fondo del patio había una vieja bicicleta con las ruedas sin neumáticos en donde todos los primos aprendimos a andar. Después de numerosas caídas y raspones en los brazos y rodillas, uno a uno de nosotros fue aprendiendo el arte del equilibrio. La bicicleta no tenía además frenos y hacía un ruido a tuercas rancias sin aceite que seguramente volvía locos a mi abuelo y a mis tíos.

Todos esos años que pasé las tardes de mi niñez en la casa de papá Ángel fueron una fuente de felicidad y aprendizaje para mí. Hay recuerdos de esa época que son casi fotográficos: los puedo ver y los tengo en mi mente y en mi corazón.

Texto y fotografías:
Óscar Perdomo León

MOBY DICK: ÚLTIMA CALLE PONIENTE

El domingo 08 de noviembre de 2009 asistí con mi familia al teatro. Me sorprendió positivamente el grupo de teatro Moby Dick con la obra “ÚLTIMA CALLE PONIENTE”, escrita y dirigida por Santiago Nogales. Es una obra dramática que toca un tema muy interesante y controversial: las migraciones, el sufrimiento de los que se quedan, la nostalgia de los que se van y la muerte que ronda casi como una ruleta rusa en cada partida.

Moby Dick, que había ya presentado antes obras de comedia muy bien interpretadas, esta vez exploró el otro lado de la moneda, el drama ¡y con mucho acierto!

Me llamó mucho la atención que el texto estaba lleno de un lenguaje florido, a veces crudo; pero también muy poético. La fuerza del mensaje de la obra fue tan intensa que le arrancó a algunos de los asistentes unas lágrimas.

La obra no sólo estaba muy bien sustentada por un buen libreto, sino por tres pilares histriónicos muy fuertes: Rosario Ríos, Mercy Flores y Dinora Cañenguez. Las tres son actrices que tienen mucha experiencia sobre las tablas y sus actuaciones fueron muy sólidas.

Rosario Ríos en plena actuación

Dinora Cañénguez

Mercy Flores

Las luces y el sonido fue el adecuado, así como también la escenografía.

Al finalizar la obra las actrices fueron ovacionadas.

Un dato interesante es que, a pedido del público, las actrices y su director tuvieron una breve pero amena sesión de preguntas y respuestas con el público. Esto último creo que enriqueció un poco más la percepción y el entendimiento de la obra.


Santiago Nogales

“ÚLTIMA CALLE PONIENTE”, es una pieza teatral de corta duración relativamente, pero cargada de gran contenido social, el cual es vigente para muchos de los países que actualmente viven sometidos por la pobreza o por situaciones políticas difíciles, razones que obligan a sus habitantes a convertirse en emigrantes. Sin embargo, lo novedoso de esta obra no es el tema de los sufrimientos del viajero, sino más bien es la exposición de la falta de conciencia de algunos familiares que se quedan en su país y que exigen prontamente el envío de remesas sin pensar un poco en las vicisitudes que la persona ilegal pasa para poder estabilizar su situación.

Espero que la obra encuentre otros espacios en otras salas de teatro de la capital y de las principales ciudades de El Salvador, porque después de varios meses de trabajo y después de haber conseguido un resultado de gran altura en la presentación, vale la pena que haya más presentaciones y más público que la aprecie.

Texto:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

y Óscar Perdomo León

Fotografías:

Óscar Perdomo León

DOS CRONIQUITAS de Carlos Bautista


Un par de veces he tenido invitados a escribir en mi blog. Esta vez les presento dos interesantes anécdotas de Carlos Bautista, que llegaron a mis manos después que Carlos leyera mi nota en esta misma bitácora sobre su programa de radio ALL THAT JAZZ.

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31 de octubre de 2009.

Hola Oscar muchas gracias por tu nota sobre ALL THAT JAZZ y, sobre todo, por escuchar siempre el programa. Últimamente no he grabado, pero dentro de poco tendré novedades.

Como muestra de amistad, te adjunto un par de «croniquitas» que escribí hace un tiempo, que más bien son recuerdos de niñez.

Un abrazo.

Carlos.

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04 de noviembre de 2009.

Estimado Carlos, te agradezco que me hayás enviado esas breves memorias de tu niñez, “Tica man” y “El Zaz II”. Quiero decirte que me gustaron mucho las dos. Me sentí especialmente identificado con “Tica man”, porque de niño yo jugué muchas veces ese juego de vaqueros y un par de veces fui “el tipo”; leyéndolo volvieron muchas evocaciones a mi mente. Con “El Zaz II” me identifiqué un poco, porque de niño fui un gran aficionado a “Titanes en el ring”, el programa de lucha libre argentino; pero nunca tuve contacto directo con la lucha libre salvadoreña, te lo confieso.

Tus anécdotas están muy bien escritas, son divertidas y por momentos le tocan a uno el corazón. Muchas gracias por compartir esos recuerdos conmigo. De verdad que me gustaría publicarlas en mi blog y quisiera saber si estás de acuerdo. ¿Me das permiso de publicar tus dos escritos en LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN? Ya he publicado en ese espacio del ciberespacio a otros invitados.

Un abrazo sincero.

Óscar.

Posta data: Sería interesante también leer sobre cuando tu papá regresó a casa con Aniceto.


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04 de noviembre de 2009.

Hola Oscar, muchas gracias por tus comentarios y claro que podés publicarlos, gracias.
Mi papá era un gran bohemio y cantante de ópera (y de boleros) aficionado, así que por mi casa desfilaron un montón de bolos «célebres», pero eso ameritaría otro cuentecito que, por ahora, te debo.

Salú.
Carlos.

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A continuación, las dos “Croniquitas” «Tica man» y «El Zaz II», de Carlos Bautista.

“¡TICA MAN!”

El que no levantaba los brazos y ponía cara de “me cayeron” al escuchar esta orden, era un marciano. O nunca había visto una película de vaqueros. Mucho menos había “jugado de vaqueros“.

La orden venía en el más puro inglés aprendido en las películas y significaba:¡Manos arriba! El capturado podía llevar el inglés a su máxima expresión y contestar: “¿Guatsamaral yu?”

En mi niñez no había powerangers, pokemones ni hombrearañas. Los héroes eran de carne y hueso, hablaban en inglés y eran muy diferentes a los de hoy. En primer lugar, el héroe era bueno, no como hoy que no se atina, y en segundo, no era “el héroe”, era “El Tipo”.

A nadie se le iba a ocurrir, al momento de organizar el juego y repartir roles, decir: “¡Yo soy el héroe!”; semejante pipianada sonaba ridícula. Imagínense como quedaría actualmente decirle a alguien “Vos sólo de héroe te la querés llevar” o exclamar: “¡El héroe nunca muere!”. No, era el Tipo y punto.

Su procedencia era netamente cinematográfica. El Tipo por excelencia protagonizaba las películas de vaqueros (no cow boys, por favor). ¿Cómo era? Bien tipo.

Para comenzar usaba sombrero blanco. El resto de la vestimenta podía variar, desde los bluyines y camisita metida bien limpita, de John Wayne o Audie Murphy, con una sola pistola; hasta el traje de vaquero de un sólo color, con unas cintitas de cuero que adornaban la camisa, botas federicas con puntas de plata y dos pistolas en sus respectivas cartucheras, también con adornos de plata. Este era el uniforme de los “vaqueros cantantes” como Dick Foran o Roy Rogers, que montaban unos caballos blancos espectaculares, tan llenos de adornos como su dueño.

Mi primo era seguidor de Dick Foran y lo mencionaba a cada rato. Como yo no sabía bien quién era, le pregunté “¿Cuál es ése?” y me aclaró: “El que canta Guameri”. El inglés no era un problema para nosotros.

A todos los unía un detalle: se podían agarrar a cachimbazos con 20 bandidos, caer del caballo o tirarse a un precipicio, pero jamás de los jamases se despeinaban, mucho menos se ensuciaban la ropa; medio se sacudían y ya.

Otro detalle común es que el Tipo tenía un compañero de aventuras, casi siempre llamado Billy. Era el que le hacía mandados, orejeaba o aguantaba cachimbeadas. Medio tonto y divertido, a veces, de puro chiripazo, terminaba salvando al Tipo. Y al final, se quedaba con la amiga de la novia del Tipo (Medio babosa también).

Algunas películas las veíamos en el cine, pero la mayoría en televisión; no eran dobladas al español, sino subtituladas, y como no sabíamos leer bien, entendíamos a nuestro modo.

Por suerte, todas las que pasaban por televisión mi papá ya las había visto en el cine y me ayudaba a entenderlas. Por ejemplo, cuando yo no atinaba qué le había dicho el bandido al Tipo mientras lo encañonaba, le preguntaba “¿Qué le dijo, papá?” y él me respondía: “Que tiene car’e culo”. Mi papá tampoco tenía problemas con el inglés.

Además de las películas, había también series de vaqueros en televisión. En éstas, había un Tipo que se salía del guacal en cuanto a vestimenta: El Jinete de la Pradera, que usaba traje tipo indio, con flequillos, y calzaba unos mocasines que se veían bien ricos. Su mayor gracia era la agilidad con que saltaba para subirse al caballo.

Otro distinto era Randall el Justiciero, que en lugar de pistola usaba una escopeta recortada calibre 12, que soltaba unos grandes “mameyazos”.

También estaba El Hombre del Rifle, quien se pasaba todo el programa aguantando lo que cayera: provocaciones, humillaciones y hasta golpes, pero al final sacaba el rifle y ¡Pum, pum! ponía las cosas en su puesto y después se iba todo serio para su casa. Lucas Mc Key se llamaba y su nombre fue usado en nuestro medio como sinónimo de “loco” durante mucho tiempo.

Volviendo al juego de vaqueros, la mayor dificultad era elegir quién sería El Tipo. Todos queríamos serlo, pero sólo había cupo para uno, mientras que para bandidos sobraban. Esto dio lugar a una regla tácita: El Tipo sería el que tuviera la pistola más chiva.

Le seguían el jefe de los bandidos, los otros buenos y el marón de bandidos, que podían usar hasta un palo como pistola. A veces el papel de malos lo jugaban los indios, con arcos y flechas imaginarios, que hablaban “en indio”, por ejemplo: “Tú – no -cer -nada -mí – sino – yo -matar- usté” (Frase registrada por Güicho Martínez).

Para los argumentos del juego no había problemas, nos fusilábamos el de alguna serie o película como base y lo demás surgía en el camino. Lo bueno eran los cambios imprevistos. Podía pasar que alguno se aburriera de ser malo y pedía cambiar de bando; ocurría también que se incorporaba otro con una pistola más chiva y ese sí era un problema: ¿Cambiábamos de Tipo? ¿Y qué pasaba con el tipo anterior? Después de una buena deliberación, con pleito incluido, se tomaba una decisión salomónica: Nombrábamos Sheriff a uno de los dos.

Ahora bien, todo podía descalabrarse cuando aparecía la mamá del Tipo y lo mandaba a hacer los deberes o, lo más humillante, a la tienda; inmediatamente, aunque se reincorporara al juego, perdía su categoría de Tipo.

Había Tipos en todas las películas que veíamos: de guerra, detectives, extraterrestres y hasta en las románticas; pero el auténtico Tipo era vaquero.

Quiero agregar que esto es un pequeño homenaje a un actor cuyo nombre se perdió en el tiempo, pero que era infaltable en las viejas películas de vaqueros, esas con diligencias, chicas de Saloon y bandidos con pañuelo en la cara: Cucharita.

Los verdaderos conocedores saben de quién hablo; los que no lo son, se lo perdieron.

Texto:

Carlos Bautista

Fotografías extraídas de: http://images.google.com.sv/images?hl=es&source=hp&q=cowboys&lr=&um=1&ie=UTF-8&ei=FeHxSvWgDIKf8AatxMWDCQ&sa=X&oi=image_result_group&ct=title&resnum=16&ved=0CFEQsAQwDw

EL ZAZ II

Para todos los bichos fue una conmoción, por dos razones: Una, que se apellidaba Mármol, como Pablo, y dos, que era luchador. No podíamos creer que teníamos ante nosotros a uno de esos seres increíbles que volaban desde la tercera cuerda, lanzaban patadas voladoras y salían en televisión.

Ramón Mármol se llamaba, Zas II su nombre de guerra, y era un albañil que iba a levantar unos muros en mi casa. Durante el tiempo que duró su trabajo, se convirtió en nuestro ídolo. Le hacíamos rueda para que nos contara acerca de peleas, nos enseñara “llaves” y nos hablara acerca de luchadores internacionales como El Santo, Huracán Ramírez o Blue Demon.

Eran los años sesenta, aún había cierta magia ingenua que nos permitía tomar en serio cosas como la Lucha Libre o todo lo que veíamos en televisión. Así que cuando algo de esta magia tocaba nuestra realidad, era un hecho memorable. Ni les cuento de la vez que, a las tantas de la madrugada, mi papá regresó de su parranda de los viernes acompañado de Aniceto Porsisoca.

Volviendo a la lucha libre, en estos tiempos globalizados donde la inocencia no cabe ni siquiera en los muñequitos (perdón, cartoons), no se entendería por qué estos personajes que en la vida cotidiana ejercían oficios como motoristas, albañiles, zapateros o que incluso jugaban de verdad a los policías y ladrones, podían concentrar la atención de buena parte de la población; hay que haberlo vivido. A propósito de las dos últimas profesiones, se sabía que luchadores como “El Apache” eran judiciales (de los que aplicaban “la capucha” y otras sutilezas), mientras que otros como “El Mongol” eran rateros; por eso, cuando se anunciaba su retorno después de una “exitosa gira por Asia o Suramérica”, uno debía deducir que el tipo había pasado su temporada en “el bote”.

Miguelito Álvarez comentaba por televisión los emocionantes combates que se desarrollaban en la Arena Metropolitana, del Barrio Concepción. Era un veterano narrador proveniente del fútbol y muy educado, salvo la vez que se emocionó y dijo que “¡… el Bucanero le acaba de pegar un rodillazo en los güevos a La Sombra…! “

Los luchadores se dividían en Limpios y Rudos. Estos últimos eran los odiados y uno debía identificarse con los limpios como El Olímpico, La Sombra o El Aguila Migueleña.

Sin embargo, los que encendían al público con su talento histriónico eran los rudos. Dramáticos, ladinos y traidores, casi siempre perdían, pero no podías odiarlos del todo. El Apache, por ejemplo, era divertidísimo. Interactuaba con el público, como los payasos del circo, llegando incluso a agarrarse a puteadas con la gente.

Una vez mi papá me llevó a la Metropolitana, a ring side y El Apache ganó. Salió eufórico del ring; a mí me dio la mano y a un mudito que estaba a mi lado le quitó su gorra, le dio un beso en la frente, se puso la gorra y se fue.

Caso aparte eran los extranjeros como Gori Casanova, con su pelo largo teñido, inusual para la época, que pertenecían al rubro de los exóticos. Recuerdo a un español llamado El Lobo de Galicia, que subía al ring acompañado de un perro lobo, al cual encadenaba en su rincón, donde se refugiaba cuando se lo estaban sonando, pues el animal sacaba corriendo a quien se acercara por allí y ni modo, nadie le ganaba al tal Lobo de Galicia. Eso hasta que entre El Mongol y El Bucanero le quebraron las patas al chucho y ya no hubo tales de invencible.

Uno tenía sus favoritos, por ejemplo El Águila Migueleña, cuya muerte ocupó los periódicos de la época. Oficialmente se dijo que murió jugando a la ruleta rusa, pero la vox populi decía que lo mataron entre El Apache y otro que también pertenecía a la temible SIC.

Pero el favorito-favorito de todos fue, sin duda, The Tempest. Era un enmascarado volador, venido quién sabe de dónde, dueño de una elasticidad increíble, que se lanzaba en tope mortal desde la tercera cuerda al ring side y que además “podía Karate”.

A partir de su debut, todos queríamos ser “Di tempes” en nuestros juegos, lanzando topes y patadas voladoras. Yo me estrellé contra una pared de mi dormitorio cuando me lancé en Tope Mortal desde el segundo tramo del closet a la cama y mi primo cobarde se apartó.

Había otros que agregaban detalles pintorescos como Kaly Valdés, cuya suegra agarraba a sombrillazos a sus rivales (Algunos dicen que sacaba una “col‘egallo).

Para terminar, debo explicar que estos recuerdos se han activado cuando me enteré de la muerte de Chito, un vecino de la época y “compañero de luchas”.

Habrá que agregar que de Zaz II no volví a saber. En realidad, nunca fue luchador estelar ni conoció la fama de la televisión. Era parte de una “troupe” de luchadores sin cartel, algo así como la Liga B de la Lucha Libre, que se presentaban en las escuelas, casas comunales o predios municipales de cualquier pueblo, cantón o barrio; así que sus 15 minutos de gloria seguramente los vivió rodeado de un grupo de monos que lo escuchaban con ojos asombrados, orgullosos de ser sus amigos.

Y además, era un buenazo.

Texto:

Carlos Bautista

Fotografías tomadas por Juan Quintero, extraídas de su blog “El Salvador Foto”: http://elsalvadorfoto.blogspot.com/2009/05/lucha-libre-arena-triple-c.html

ALL THAT JAZZ

Ricky Loza

El domingo 25 de octubre de 2009 escuché a través de radio Clásica, 103.3 FM, el programa “All that Jazz”, que se transmite todos los martes a las 13 horas, con repetición los domingos por las tardes, conducido por Carlos Bautista. Y qué refrescante fue haber escuchado de pronto un poco de Jazz interpretado por músicos salvadoreños, como Víctor Tomasino, Chamba Elías, Neto Buitrago, Óscar Alejandro y Ricky Loza, entre otros.

“Wave”, “Perfidia”, “El carbonero” y los otros temas fueron grabaciones de presentaciones en vivo en diferentes lugares de El Salvador.

Carlos Romero Cárcamo tocando el xilófono

Sabemos muy bien que el Jazz es un género musical muy poco cultivado en nuestro país. Las condiciones en general no son muy adecuadas. No hay lugares abundantes donde se les dé espacio a los músicos jazzistas, como tampoco hay muchos programas de radio ni televisión que le abran las puertas a la música de improvisación habilidosa, ni en El Salvador hay un público tan extenso que consuma Jazz. Y sin embrago ha habido algunos intentos de formar agrupaciones; pero la mayoría de estos grupos han tenido una vida muy esporádica. Y esa inconsistencia y falta de continuidad en el tiempo de los proyectos jazzísticos ha contribuido al poco desarrollo en la ejecución y la composición de este tipo de arte. Otro factor importante podría ser la falta de un conservatorio de música en nuestro país, lo cual impide la especialización y mejor formación de nuestros músicos; no estoy diciendo con esto que aquí no tengamos músicos buenos, claro que sí los tenemos. También debemos aceptar que otros pueblos en el mundo tienen una cultura musical más elevada que la que tenemos la mayoría de salvadoreños. Pero todo esto no debe servir para hacernos sentir acomplejados o inferiores; sino más bien debe ser un reto para el público en general que nos lleve a tratar de tener un oído con más apertura hacia la música, y también debería ser un estímulo para las nuevas autoridades de la Secretaría de Cultura, quienes podrían crear y promover las condiciones para un progreso más acelerado de la cultura musical en El Salvador.

Si alguien no logra disfrutar una pieza de Jazz es porque no ha entendido este bello género musical, lo cual no es un pecado; pero se están perdiendo de un grandioso placer.

En primer plano Neto Buitrago

Felicitaciones para los músicos que contra corriente se sumergen en el maravilloso mundo del Jazz. Y felicitaciones también para Carlos Bautista, quien con los varios programas que ha tenido de Jazz durante muchos años en diferentes radios de El Salvador, es uno de los mayores promotores de este altísimo y difícil arte.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías tomadas por Óscar Perdomo León; excepto la primera fotografía en donde aparece Ricky Loza, la cual ha sido extraída de su disco “My Dreams”.

JICOTE AGUAMIELERO


Hace un par de años me encontré cerca de la UCA con un mexicano con quien entablé una amena plática. Entre algunas de las cosas que hablamos le pregunté:

-¿Quién es el mejor compositor de música popular de México?

-Juan Gabriel -me respondió él sin vacilar.

-¡No! -le respondí inmediatamente-. El mejor compositor de México se llama Gabilondo Soler.

-¡Cri-Cri! -dijo asombrado el mexicano-. ¡Órale, tienes razón!

Francisco Gabilondo Soler, nació en México el 06 de octubre de 1907 y falleció el 14 de diciembre de 1990, mejor conocido como Cri Cri, el grillito cantor. Sus composiciones, que supuestamente van dirigidas a un público infantil, en realidad pueden ser disfrutadas por un público adolescente o adulto. Sus letras están cargadas de ingeniosidad y contienen un vocabulario bastante extenso. Me gusta que sus canciones sean muy descriptivas, y aprecio y reconozco que siempre use en ellas la palabra adecuada y la coloque donde debe estar. En este sentido Gabilondo Soler nunca subestimó la inteligencia de los niños; al contrario, creo que con sus composiciones trató de estimular la imaginación y el conocimiento de los pequeños. La temática de sus letras es muy variada y sus canciones tienen la característica de ser muy conmovedoras, puede uno de pronto reír al escuchar la picardía de la letra de “La olla y el comal” o la de “El ropavejero”, y pasar a las lágrimas con “Dí por qué” o con “La muñeca fea”, y luego pasar a la nostalgia con “El ropero”, por ejemplo. Sus palabras suenan muy sinceras, auténticas, salidas de un corazón muy observador y sensible.

Las composiciones de Francisco Gabilondo Soler son numerosas, compuso más de 200 piezas y algunas de ellas fueron cantadas también por otros grandes artistas, como Plácido Domingo, Pedro Infante, Eugenia León, Emmanuel, Víctor Manuel, Ana Belén, Miguel Bosé, Mocedades, entre otros. Algunos otros artistas como Alejandro Lora, Pedro Martínez y Roberto Gómez Bolaños han compuesto canciones dedicadas a Cri Cri.

Me gustan casi todas; pero tengo algunas favoritas como el tango “Che, araña” o la magnífica fotografía de una ceremonia matrimonial en “Casamiento de los palomos”; también me gusta mucha “Chinescas”.La lista es casi infinita, pero mi preferida es sin duda “Jicote aguamielero”, en donde los personajes hablan según les corresponde y Gabilondo Soler retrata de una manera espléndida el amor no correspondido, la diferencia de clases sociales y la discriminación racial.

JICOTE AGUAMIELERO

La reina de las abejas

estaba en el panal

y le dijeron: «Regia majestad,

alguien le quiere hablar».

Cortado entró el jicote,

humilde de condición,

pero ilusionado de pedir…

pedirle su corazón.

«Parece, parece que no sabe,

no sabe con quien trata,

igualado bigotón».

«Soy la reina, la reina por bonita

y un jicote aguamielero

no cuadra con mi amor».

Silencio quedó el jicote

con tanta humillación.

A la orgullosa reina del panal

así le contestó:

«Leí que éramos iguales

a según la Constitución.

La sociedad sin clases la creí;

pero ya vio que no».

Y el jicote aguamielero

con bigotes de aguacero

rezumbando regresó a su maguey.

Sin rubores en la frente

porque ultimadamente

a la sombra de las pencas es el rey.

La reina de las abejas

estaba libando miel

y una de sus obreras le gritó:

« ¡Ahí está de nuevo aquel!»

Mandando cerrar la puerta

la reina se le negó,

porque su afán es que se ha de casar

con un emperador.

«Parece, parece que no sabe,

no sabe con quien trata,

ese prieto barrigón».

«Soy la reina, la reina por bonita

y un jicote aguamielero

no cuadra con mi amor».

Fruncido quedó el jicote

arqueándose de dolor.

En su pesar cantando el infeliz

así se despidió:

«Adiós reinecita hermosa

que me trató tan mal,

pero a según las leyes del país

aquí todos son igual».

Y el jicote aguamielero

con bigotes de aguacero

rezumbando regresó a su maguey.

Sin rubores en la frente

porque ultimadamente

a la sombra de las pencas es el rey.

¡Letras perspicaces, divertidas! ¿Y qué decir de su música? Toda está muy bien tocada y elaborada, y siempre muy adecuada al tema de la letra, lo cual es muy difícil de hacer. Muchos ritmos y tipos de música fueron ejecutados por Gabilondo Soler. Y esa combinación de música y letra de una manera tan magistral es un arte no muy abundante. Definitivamente Gabilondo Soler tenía un don admirable.

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

EL ARCHIVO ROQUE DALTON

En el prólogo de “El ciervo perseguido”, la biografía de Roque Dalton, su autor, Luís Alvarenga, dice: “Un amigo mío, que ahora es músico, Carlos Romero Cárcamo, me empezó a hablar de un poeta, cuyo apellido yo pronunciaba defectuosamente: Daltón. Me decía que era un poeta revolucionario y me preguntó si lo había leído. «No» -le respondí-. En una respuesta que, quizá, inconscientemente, quiso emular a la respuesta que Diego Rivera le dio a Dalton cuando este le dijo que no había leído nada sobre marxismo, Carlos me dijo: «No seas tonto. Tenés que leerlo».

Pues bien, sobre esto tengo una breve anécdota que contar. Un día me encontré con Luís Alvarenga en la librería La Casita e intercambiamos un par de palabras y entonces aproveché a contarle que había sido yo quien le había dado a conocer por primera vez a Carlos Romero Cárcamo la poesía de Roque Dalton. Un sonrisa con un poco de asombro se dibujó en el rostro de Luís. Lo que no le conté fue que en esos días Carlos Romero y yo, después que leíamos a Roque, copiábamos íntegros, con una vieja máquina de escribir y en páginas de papel 8.5´´ x 11´´ cortadas a la mitad, los poemarios que tanto disfrutábamos, como “Los pequeños infiernos”, “El mar”, “El turno del ofendido” y “La ventana en el rostro”, para tener copias y compartirlos. Lo hacíamos con mucho esmero y cuidado, y también de una manera clandestina, porque eran los tiempos de la guerra civil y Roque estaba proscrito del vocabulario literario oficial salvadoreño. En esos días era muy difícil conseguir un libro de Dalton, los pocos que había estaban escondidos en las casas de algunos o se encontraban unos dos o tres en la biblioteca de la universidad de El Salvador.

¡Qué pequeño es el mundo! ¡Y qué grande es la poesía y la conducta ética revolucionaria de nuestro querido poeta Roque Dalton, que ha provocado múltiples e interminables erupciones de creatividad y comentarios, de artículos y apreciaciones alrededor del mundo! Por eso el periódico virtual ContraPunto-El Salvador han inaugurado hace poco el “Archivo Roque Dalton”, el cual está construido con varios artículos escritos por diferentes personas en el tiempo, como Claribel Alegría, Mario Benedetti y Eduardo Galeano, entre otros; además se pueden encontrar fotos del bardo revolucionario, así como también las opiniones de amigos personales y de la familia.

Juan José Dalton, director del referido periódico –e hijo del poeta- dice que este es un proyecto en crecimiento y una “herramienta de constante construcción y actualización”. Así también explica que este archivo digital es “un esfuerzo también adelantado a los homenajes que se preparan en El Salvador por el 35 aniversario del asesinato de Dalton y 75 años de su natalicio, en 2010.”

Un esfuerzo muy loable, que aprecio yo como gran admirador de la obra del poeta; pero también este “Archivo Roque Dalton” servirá para las nuevas generaciones de jóvenes salvadoreños y extranjeros que desconocen la grandeza y lo novedoso del trabajo literario de Dalton, siempre ligado amorosa y éticamente a El Salvador.

Texto:
Óscar Perdomo León


Fotografía de Roque Dalton en Praga, tomada por Salvador Carreget (modificada); extraída del libro “El ciervo perseguido”, de Luís Alvarenga.

¿Qué leo? EL LIBRO BLANCO


Sosegado. Es la primera palabra que se me viene a la mente al leer “El libro blanco” de David Escobar Galindo.

El libro es una colección de breves narraciones que se publicaron en La Prensa Gráfica entre 1989 y 1997, todas con la fecha de la primera vez que vieron la luz al pie de la página. El volumen tiene dos partes, la primera contiene prosas más cortas y la segunda prosas un poco más largas; aunque todas llevan el sentido y la intención de la síntesis. Muchas de ellas tienen un carácter filosófico y en casi todas se percibe la mano no sólo del narrador, sino del poeta. Los temas son disímiles, muy variados, algunos poseen una inflexión íntima, otros nos hablan de la manera de ser de los salvadoreños; sin embargo todos nos conducen a la reflexión.

El tono sereno y conciliador de “El libro blanco” de David Escobar Galindo nos revela la naturaleza pacífica del escritor. Sus escritos inspiran tolerancia, una actitud frente a la vida que nos está haciendo mucha falta en El Salvador. No la tolerancia a la injusticia ni a la corrupción; sino la paciencia y el respeto a las ideas diversas de los demás.

Me gustan muchas de las lecturas como por ejemplo: “La promesa de renacer”, “milagro de la ventana”, “El lago nocturno”, “El filósofo”, “Parábola del instinto”, “El espejo de tres caras”, “El círculo perpetuo”, Elogio de la tolerancia”, “El águila”, “Iluminaciones”, “El enemigo gratuito”, “El poema favorito”, “La novela favorita”, “Alguna vez todos necesitamos de Alfredo” y “Los seres inolvidables”, entre otras. Una de mis favoritas es la siguiente, escrita el 10 de febrero de 1994:

“ELOGIO DE LA ABUELA”

“Yo, como todo el mundo, tuve dos abuelas. Con ellas, la vida me concedió el extraño y prematuro privilegio de conocer el más hiriente desapego y el amor más dulce y abrigador. No voy a hablar ahora de mi abuela amarga. Pero sí quisiera dedicarles estas líneas a mi abuela dulce, cuyo recuerdo es una flor que se duerme por las noches y despierta lozana cuando amanece. Tener una abuela dulce es un don de Dios. Alguna gente me pregunta por qué soy un hombre pacífico. Yo respondo con alguna frase, pero la verdad es que soy pacífico porque vi siempre en doña Lillian esa rara virtud de la energía sin prepotencia, de la disciplina sin violencia, del esfuerzo sin codicia, de la elegancia sin vanidad.

“No escuché de ella jamás un grito de ira, ni una queja por resentimiento. Y eso que la vida no le fue fácil. Tuvo que trabajar siempre, desde la madrugada hasta la noche, preparando o dando clases de inglés. Y lo siguió haciendo, aún cuando su hijo Reynaldo fue gobernante y luego ministro. Nunca se dejó ni siquiera tocar por el alocado remolino de la vanidad.. Ya podría servir de ejemplo su conducta, si ella misma no rechazara, con espontánea sencillez, hasta la posibilidad de servir de ejemplo. El trabajo y la naturalidad: sus grandes enseñanzas prácticas. ¿Cómo podría yo olvidarlas sin negarla a ella, sin negarme a mí mismo? Y además, esa dulzura contenida, esa diligencia sin reservas, esa salud permanente del alma, que la hacía más fragante que el jabón Reuter.

“De ella aprendí todo lo que sé en la asignatura más importante de la vida: el amor al prójimo. Sin devociones aparentes, sin genuflexiones vanas, sin fanatismos hipócritas, ella me enseñó, cada día, con hechos, lo que es se cristiano.”

“El libro blanco” fue publicado por primera vez en 1997 y en este año de 2009 se ha realizado una segunda edición aumentada.

Un libro reflexivo, lleno de sabiduría que tranquiliza el espíritu.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía extraída de la portada de “El libro blanco”.

¿Qué leo? TEATRO EN Y DE UNA COMARCA CENTROAMERICANA

José Roberto Cea, es un escritor que no sólo ha contribuido en la literatura salvadoreña con obras en el área de lo creativo, sino también con obras de investigación, como por ejemplo “De la pintura en El Salvador”.

Pues bien, “Teatro en y de una comarca centroamericana” es un ensayo-histórico-crítico publicado en 1993 por Canoa Editores. A través de 274 páginas, Cea nos conduce en un recorrido por la historia del teatro salvadoreño, empezando con algunas expresiones teatrales prehispánicas y de la época del coloniaje español. Por supuesto que la mayoría de datos provienen ya del período del siglo XIX hasta principios de los años ´90 del siglo XX.

El libro está lleno de fotografías de personajes importantes y de afiches teatrales. También nos habla José Roberto Cea de las costumbres de los actores y del público en tiempos pasados. Salen además a relucir nombres de dramaturgos y actores que han hecho historia en nuestro “Pulgarcito”, como Francisco Gavidia, Edmundo Barbero, Álvaro Menen Desleal, Roberto Salomón, Eugenio Acosta Rodríguez, Antonio Lemus Simún, Fernando Umaña, entre otros.

Su lectura es fácil y muy amena. Con este estudio José Roberto Cea no sólo nos aporta información de lugares, fechas y nombres relacionados con el teatro, sino que nos presenta su crítica, su personal punto de vista sobre el desarrollo y la evolución del teatro en El Salvador.

Este es un libro que, al poner en nuestras manos el conocimiento de nuestra historia teatral, nos brinda un fortalecimiento para nuestra propia identidad cultural salvadoreña. Una labor muy loable la de José Roberto Cea. “Teatro en y de una comarca centroamericana”, un libro muy recomendable.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas de “Teatro en y de una comarca centroamericana”.

¿Qué leo? RAYUELA

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Un narrador que siempre me ha impresionado es Julio Cortázar. Releyendo “Rayuela” he vuelto a experimentar ese placer de transportarme al mundo cortaziano, mirar las cosas desde un ángulo diferente, sumergirme en un multicolor ramillete de expresiones culturales, muchas veces ajenas a nuestra cotidianeidad salvadoreña.

Lo urbano y lo cosmopolita se reúnen de una manera generosa en “Rayuela”. Hay muchas cosas que me cuesta entender del mundo parisino; quizás hay que haber experimentado la vivencia de sentir a través de todos mis poros el impacto de esa inmensa ciudad de Francia, que contrasta con mucha seguridad con lo provinciano de un país tan pequeño como El Salvador; sin embargo con algo me siento muy identificado y es con las alusiones jazzísticas que constantemente hace Cortázar a través de las numerosas páginas de la novela. He escuchado la música de algunos de los artistas que Cortázar menciona y de alguna manera puedo escuchar esa música a través de la lectura.

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En la edición que yo tengo (Catedra, Letras Hispanas, una edición de Andrés Amorós, 2001) hay numerosas notas al pie de la página para tratar de clarificarle al lector los múltiples temas, personajes, calles, ciudades, etc., de las que habla en la novela Julio Cortázar. Al principio se siente cierto fastidio de interrumpir la narración para leer las notas explicativas. Aunque a veces esas breves acotaciones lo hacen a uno comprender mejor todo la riqueza de una frase o de una palabra usada por el escritor. Pero bien, para sentirle mejor el sabor a esta novela es necesario no sólo leerla una vez, sino releerla. En la segunda o tercera vuelta se ignoran los pies de página y se puede leer de una manera mucho más fluida.


Otra cosa importante con esta singular novela es que se puede leer de la manera tradicional en que se lee cualquier libro, es decir, empezando en el capítulo 1 y finalizando, en este caso, en el capítulo 56. O, como segunda opción, se puede leer empezando en el capítulo 73 y siguiendo el orden recomendado por Cortázar al principio del libro, es decir, siguiendo con el 1, el 2, el 116, el 3, etc.

Rayuela es una novela muy intensa, apasionada, en la que no se le agotan las palabras ni las ideas a Julio Cortázar. Rayuela es un mundo, Cortázar es un universo.

Texto:

Óscar Perdomo León

* y *** Portada de Rayuela.

**Fotografía de Julio Cortázar extraída del artículo El Cronopio Mayor II, del blog arcolibris de Laura García.