MI HERMANA, un cortometraje de ficción.

 

El guión del cortometraje «Mi hermana» lo escribí especialmente para mi hija Beatriz. Y lo hice porque cuando estábamos rodando «Hablando con los muertos», Beatriz, que para entonces estaba bien pequeña, lloró porque ella quería un papel principal en la película, y ella en «Hablando con los muertos» era extra. Ese día le prometí que haría algo para ella.

El argumento es sencillo, como lo verán ustedes, y el rodaje lo hicimos en el año 2006 en Atiquizaya, departamento de Ahuachapán (El Salvador), en dos días, usando una cámara MAVICA de mini CD Sony. Pero creo que lo interesante es que las tres actrices (Beatriz Perdomo Pacas, Laura María Perdomo Pacas y Yesi Perdomo) se comprometieron con el proyecto, leyeron el guión y se aprendieron sus líneas.

Quiero hacer notar dos aspectos importantes de este corto. Uno, que la edición final, como la verán hoy, la hicimos mi esposa Érika Valencia-Perdomo y yo. Y dos, toda la música que aparece de fondo fue compuesta por el grupo salvadoreño ZUNCA, cuyo director es Mario Edgardo Romero Cárcamo (con excepción del «Punto Guanacasteco», que es una canción popular de Costa Rica). Los arreglos fueron hechos por Carlos Alberto Romero Cárcamo. Ambos, fundadores principales de ZUNCA, son músicos muy buenos y que admiro mucho. (Las voces líderes que se escuchan en las canciones, por orden de aparición, son las de Juan Carlos Flamenco, Carlos Alberto Romero Cárcamo y José «Chepito» Pineda). 

Bueno, sin más preámbulos, he aquí el cortometraje «Mi hermana»: 

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

 

SALIR DEL CLOSET. Ateos.

Antes que nada quiero decir que respeto las creencias de todos y cada uno de los seres humanos que habitan este mundo.

Pues bien, platicando en San Salvador con un buen amigo, en una noche de bohemia en la que se arregla y se deshace el mundo y se vuelve a arreglar, caímos de pronto en un tema muy interesante. Ser ateo -como lo es él- y pregonarlo abiertamente en nuestra sociedad salvadoreña, es un riesgo bastante grande. Por eso él nunca lo ha pregonado y sólo se lo ha contado a un par de personas cercanas que se cuentan con los dedos de la mano, porque nunca se ha sentido con la libertad suficiente para hacerlo.

Me confesó que lo que más teme es la intolerancia ciega -y hasta violenta- de los que se dicen «cristianos» o «hijos de Dios». Lo cual en verdad es una verdadera ironía.

Salir del closet es una expresión muy conocida, que se refiere a que los homosexuales, ya sean hombres o mujeres, deciden dejar de esconder sus preferencias sexuales no tradicionales y gritar al mundo: «Esto soy. Soy gay».

Pues bien, traigo a cuenta la expresión «salir del closet» porque si la extrapolamos al ateísmo nos damos cuenta que es quizás más difícil para un ateo decir en público que lo es, que para un homosexual confesar su atracción hacia el mismo sexo, en la sociedad salvadoreña. Debemos estar conscientes que en la gran mayoría del mundo y, en particular, de los salvadoreños, prevalece la forma de pensamiento mágico-religioso, por lo que para la mayoría de la gente es inconcebible y reprochable, y lo que es peor, intolerable, que alguien se declare ateo.

 Hace poco el actor español Javier Bardem, ganador de un Oscar, declaró que es ateo. Bueno, lo hizo en Europa, en donde hoy hay otro ambiente cultural. ¿Las cosas están cambiando en el mundo? No lo sé. Pero él no es el primero que hace esa declaración. Además, sólo hace 400 años llevaron a la hoguera en Europa a Giordano Bruno (religioso, filósofo, astrónomo y poeta italiano), sólo por creer en cosas que hoy tomamos como ciertas y naturales, como la pluralidad de los sistemas solares, el heliocentrismo, la infinitud del universo y el movimiento de los astros.

Un ateo declarado salió hace poco en un canal gringo de televisión diciendo que ya era hora de sacar a relucir sus creencias, contra el fanatismo religioso que raya con el desprecio hacia el ser humano y roza e incentiva la violencia en contra de los que no creen como ellos. Nadie debe ni puede olvidarse de las famosas hogueras de la iglesia católica, en donde se quemaban vivas a las personas que no estaban de acuerdo con las creencias de la iglesia. La más famosa de estas personas inmoladas vivas fue la adolescente Juana de Arco, cuyo pecado fue decir que Dios se comunicaba con ella a través de algunos santos ya muertos, sin la necesidad de un cura como intermediario (esta idea alarmó a las autoridades católicas); fue quizás ella el primer puente para el desarrollo de las actuales iglesias protestantes (o evangélicas, como se les conoce aquí en El Salvador). ¿Y qué decir de la absurda guerra santa de los musulmanes que persiste aún en nuestros días?

Ahora bien, a mi amigo Fernando, de quien he estado hablando, lo conozco bien y puedo decir sin reparos que tiene los valores más admirables que podríamos desear para nuestra sociedad, como la solidaridad, el no egoísmo, su raciocinio y su deseo de hacer el bien a sus semejantes; tiene una conducta tan honesta que ya quisiéramos que tuvieran muchos ciudadanos y compatriotas nuestros, políticos y no políticos, que se autoproclaman «religiosos».

Por eso te comprendo amigo y te respeto por lo que sos. Mientras la intolerancia reine en El Salvador, es mejor no hablar de creencias, sino de hechos. Y tus actos de bondad hablan más que mil palabras y mil religiones.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de:
http://www.bfotos.com/albums/humor-grafico/humor-grafico-ateo-grupo.jpg
http://1.bp.blogspot.com/_u7r3UiX6YEg/S7oihI7cmYI/AAAAAAAAAC8/NSEqWOguitg/s1600/20080223-ateo-y-fundamentalista.gif 

HUÉRFANA

Llegó a nuestro hogar como una huérfana, llorando y abandonada. Parecía confundida y desconfiada. Desde el primer momento que oí su llanto supe que ese sonido lastimero era el inicio de una cadena de hechos.

 

Caminaba desconcertada sobre el tejado, con la elegancia gatuna característica; pero también con un dejo fuerte de dolor. La miré y su color era blanco, con pocas pero bellas manchas de color café y negro, y algunas amarillas claras, especialmente en la cabeza y en la cola. Era una gatita pequeña, todavía una niña-bebé y era digna de apiadarse de ella. (Quiero aclarar que al principio creímos que se trataba de un macho; pero con los días nos dimos cuenta que se trataba de una hembrita.)

Como ya lo he contado en otras ocasiones (en la serie de «Pequeños visitantes» y en «Ñiño y Peludo», en este blog y en La Esquina de Érika y Óscar), cuando uno se encariña con un pequeño ser y llega a convertirlo en su mascota, no puede uno dejar de recordarse como se fueron perdiendo los anteriores.

Curiosidad

Me gusta mucho la curiosidad de los felinos, su actitud juguetona que los prepara para la cacería. Me siento también atraído por la displicencia con que a veces lo miran a uno, como si se sintieran superiores.

Me encanta de los gatos lo cariñosos que pueden ser; se acercan a uno y le rozan la piernas con su cuerpo y su cola,  y cuando uno los acaricia ronronean de una manera muy íntima.

Me atrae también de los felinos «domésticos» su actitud de independencia y su espíritu aventurero; se van por los tejados con toda la libertad del mundo, cazan, se buscan pareja y luego regresan y lo miran a uno con una indiferencia que les queda muy bien. Me recuerdan aquella cita de Faulkner que hace Roque Dalton en su poema «Más orgullo»:

«-Dime, muchacho, ¿cuál crees que sea la más admirable de las virtudes?

«Y jones, ya aplacado, respondió prontamente:

«-La más sincera arrogancia.»

Pero volviendo al día en que nos la encontramos sobre el tejado, quiero decir que fue una mañana ligeramente nublada. Yo traté de acercarme a ella -a la gatita- pero no tuve éxito. La pequeña Daniela, de 10 años de edad, se acercó a ella con un poco de leche y la gatita fue removiendo su desconfianza poco a poco. En un momento había dejado de llorar y era como si Daniela le hubiese dicho: «You are an orphan no longer» (Ya no sos una huérfana), la maravillosa frase que dijera Anthony Quinn en la película «A walk in the clouds» (Una caminata en las nubes), al encontrar unos embriones de viñedo, dirigiéndose al protagonista principal (Keanu Reeves), quien estaba solo en el mundo, dándole a entender que quedándose con ellos a cultivar uvas, había encontrado su hogar.

Sí, la diminuta felina ya no era una huérfana. Lo supe al ver y oír el entusiasmo de Daniela y al ver a la bolita de pelos lamer la leche con satisfacción. Después de beberse la leche la leoncita se marchó, medio salvaje y desconfiada.

Sin embargo regresó -como lo había imaginado- al día siguiente. Bajó del techo para comer más y se fue quedando poquito a poquito en nuestro hogar, como un miembro más.

Muchas de las horas del día se las pasa durmiendo.

Cuando come lo hace con los ojos cerrados.

En esta fotografía pueden observarse la combinación de bellos colores que posee.

Se le conoce con varios nombres: Luna, Nala… pero creo que el que más usan las niñas para llamarla es Beba, especialmente Daniela, quien es la «madre oficial» de la gatita.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

 

THE STEVE HOWE ALBUM en Santa Ana.

Hace muchos años conocí a unos músicos intuitivos y apasionados -como casi todo durante la juventud- en Santa Ana y juntos formamos un grupo musical llamado “Barón Rojo”. En realidad la banda fue bautizada por Bernardo, el vocalista; él era el alma del grupo; era de piel blanca, el cabello rubio oscuro y una voz envidiable. Le encantaba cantar música de Led Zeppelin.

Yo tocaba el bajo eléctrico, la segunda guitarra la tocaba Alex Canizales, la batería Carlos… y, bueno, el tiempo se ha encargado ya de borrar los nombres de los demás integrantes de mi memoria. (Ojalá alguno de ellos leyera esta líneas y me los recordara).

Recuerdo que tocábamos covers en inglés de los ´70 y los ´80 en fiestas alrededor de varias ciudades del occidente de El Salvador. Una vez -bien lo recuerdo- tocamos en una fiesta de graduación del colegio San Luis junto al Grupo Bossa.

Pero vayámonos al meollo del asunto. De todos los miembros del grupo musical, era Bernardo el que tenía más carisma, ya lo había dicho, y además un gusto musical por el pop-rock y el rock progresivo. Eso me gustaba mucho, porque aunque tocaba y cantaba canciones comunes y “comerciales” (como se le solía llamar a la música que salía en los radios hasta hastiarlo a uno y que consumía la mayoría de la población), Bernardo realmente amaba la buena música. Yo lo seguía de vez en cuando hasta su casa para oír un rato los discos que tenía y así fue como escuché por primera vez “The Steve Howe Album”. Inmediatamente le pedí que me lo grabara y ya en mi casa lo devoré por días y días. Algo que me gustó mucho fue el arte del álbum, la cubierta del disco era muy bonita y estaba llena de dibujos y de fotografías de las diferentes guitarras y mandolinas de Howe.

 Yo sólo había escuchado antes a Steve Howe en el grupo de rock progresivo británico YES; pero este álbum de Howe realmente me tocó profundamente el corazón. Es un álbum muy variado en su contenido, tiene música country, pasando por un rock setentero pero muy bien elaborado, hasta llegar a cerrar con el Segundo Movimiento del Concierto  en Re de Vivaldi, en donde el mismo Howe hizo un arreglo para guitarra y para un ensamble de cuerdas bellísimo. Steve Howe toca la guitarra solo, toca mientras canta una joven (Clair Hamill), toca su guitarra acompañado de una orquesta de 59 músicos, y por si fuera poco, lo acompañan también, si mal no recuerdo, dos integrantes del grupo YES: Bill Bruford y Alan White, ambos bateros increíbles.

Steve Howe no tiene el toque de quien interpreta música académica (aunque la toca), ni tampoco la típica forma de rasgar la guitarra de los roqueros, los que lo han oído antes saben que su manera de tocar la guitarra es absolutamente original. En fin, por todo lo que les he contado, me gustaría compartir con ustedes esta composición (All´s chord) que forma parte de «The Steve Howe Album».

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes del arte de la cubierta del álbum de Steve Howe extraídas de: 

 POST DATA

He aquí el contenido de THE STEVE HOWE ALBUM

Pennants
Cactus Boogie
All’s a Chord
Diary of a Man Who Vanished
Look Over Your Shoulder

Meadow Rag
The Continental
Surface Tension
Double Rondo
Concerto in D

 

El cortometraje HABLANDO CON LOS MUERTOS. Primera parte.

Grabando la escena dentro del vehículo. Yo siempre andaba con el guión bajo el brazo, por cualquier consulta que se necesitara.

En el 2003 había terminado de editar mi primera novela “Diario Prohibido” y además ese mismo año se me dio la oportunidad de publicarla y yo me sentía para entonces como si hubiese descargado todo lo que tenía dentro de mí. Lo había dicho todo en ese momento. No podía escribir ni una gota más. Sin embargo esta sensación me duró sólo un par de días. Recuerdo que entonces me dediqué a leer con intensidad. Entre los libros que leí se encontraba “El Evangelio según Jesucristo” de José Saramago. Para mí ese libro fue tan inspirador, no sólo en su esencia, sino en el modo de narrar, que de inmediato empecé a escribir mi segunda novela “Hablando con los muertos”. El titulo vino solo. Espontáneamente caído del cielo.

Sabía desde el principio que yo quería contar sobre la muerte de algunos salvadoreños asesinados violentamente, personajes célebres como Roque Dalton y el ex presidente Manuel Enrique Araujo, y simultáneamente quería hablar de los protagonistas de mi novela que ya había tramado desde antes en mi cabeza: Isabel (que representaba a las mujeres asesinadas en El Salvador) y Esteban (que simbolizaba mi admiración por mi padre, prematura e injustamente muerto). Y aunque el tema de mi novela no tiene nada que ver con la novela de Saramago, sí hubo cierto impulso misterioso que provino de ahí para que yo iniciara mi segunda novela.

Por supuesto que una novela crece jugosa y profunda, pero de una manera verdaderamente lenta. Y por eso no se puede escribir una novela de un día para otro, porque su esencia es extensa y consubstancial con la vida. No se puede improvisar toda una novela. La novela necesita primero respirar, desamodorrarse, extender poco a poco sus alas, mirar el horizonte y observar al mismo tiempo su interior para sacarlo todo a la luz y decir toda la verdad. Decir toda la verdad y, sin perder su naturaleza, mezclarla con la ficción.

En el 2005 se me presentó la oportunidad de escribir el guión, basado en mi propia novela, además de co-producir y dirigir el cortometraje “Hablando con los muertos”. Por supuesto que muchos personajes de la novela no pudieron ser incluidos en el corto. Bueno, ya verán ustedes lo que resultó, a continuación.

Para mayor información pueden leer más en CÓMO SE RODÓ «HABLANDO CON LOS MUERTOS», Crónica

Este cortometraje tiene muchos defectos, como lo podrán apreciar los amables visitantes de mi blog; pero en fin, fue mi primera experiencia y algo aprendí de ella. Si tuviera la oportunidad de volverlo hacer, creo que no lo saturaría mucho con música y… bueno, un montón de cosas que cambiaría. Pero bien, fue mi primer corto y  espero poder hacer muchos más.

Santiago Nogales y Rosario Ríos

Antes de pasar a mostrar el video, no puedo dejar de agradecer a Santiago Nogales y a Rosario Ríos, los actores principales, quienes son director y actriz, respectivamente, del grupo de teatro Moby Dick, por haber aceptado actuar en mi corto y dejarse dirigir por un inexperto y aficionado como yo.

Sin más preámbulos, he aquí el cortometraje “Hablando con los muertos”, primera parte.

 

La segunda parte de este corto la pueden ver siguiendo este enlace: 

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Renato Flores

Óscar Perdomo León

LECTURA DE LA BIBLIA

 
 Este día tengo como invitado a Danilo Colindres, quien de una manera breve nos plantea su punto de vista con respecto a la lectura obligatoria de la Biblia en las escuelas.

 LA LECTURA DE LA BIBLIA

 La lectura de la Biblia fue vetada por el presidente aduciendo -como lo esperábamos- inconstitucionalidad. Me temo que esa solo fue la excusa de su rechazo: la verdadera razón: presión de la iglesia católica y el desinterés “interesado” de su partido, el FMLN.

La iglesia le teme a la vulgarización de la Biblia por dos razones:

1- Para ella el Libro es sagrado y no puede leerse como se leería una novela, ni siquiera “Don Quijote.” En realidad dirán- leerlo sin su tutela es rebajarla, denigrarla, tratarla como un libro más, aunque se le reconozca “sabiduría excelsa o milenaria.” Es que para ella no es sabiduría sino La Verdad Absoluta como Misteriosa. Si se han dado cuenta, ninguna denominación religiosa en el país se quejó que su Libro o su Texto Sagrado fuese “despreciado” por los diputados: estas denominaciones también se consideran intérpretes de La Verdad, y en eso no se diferencian de las autoridades católicas.  

2- Un razonamiento riguroso y humanista descubriría la falta de sabiduría de la Biblia y sus contradicciones y limitantes históricas.

3- Aceptar que los laicos podemos leer la Biblia sin su tutela es aceptar la posibilidad de que Dios se comunique directamente con el individuo: una idea “demasiado protestante para ser buena.”

4- ¿Qué entonces ofrece la Biblia como para que yo haya apoyado su libre lectura en las aulas? Mi individualismo es afín a la idea protestante de la comunión directa con el Creador. La Biblia es un documento poético donde están planteados los problemas existenciales éticos fundamentales. Además, lo que a la iglesia le parece un peligro: su carácter histórico, temporal, no eterno, me parece a mi uno de sus mejores tesoros: te enseña que las conductas y creencias socialmente aceptadas son cambiantes.

Texto:

Danilo Colindres Uceda

Fotografía extraída de:

http://search.babylon.com/imageres.php?iu=http://sigosinsabernada.files.wordpress.com/2010/01/biblia.jpg&ir=http://sigosinsabernada.wordpress.com/2010/01/08/para-poder-entender-la-biblia/&ig=http://images.google.com/images?q=tbn:YSy_1xQ41zgc-M::sigosinsabernada.files.wordpress.com/2010/01/biblia.jpg&h=768&w=1024&q=la biblia&babsrc=home

EL ZAHIR andaba tras mis pasos

La primera vez que oí hablar del Zahir fue en un cuento de Jorge Luis Borges, precisamente con ese mismo nombre. El cuento de Borges es una cosa absorbente, como casi todo lo escrito por él, y habla de una moneda de la cual el personaje no puede dejar de pensar. Es como una gran obsesión destructiva. “Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice de « los seres o casa que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente» .” (1)

Pues bien, mi esposa Érika me regaló el libro “El Zahir”, de Paulo Coello, que es una novela de más o menos 350 páginas sobre un escritor famoso que sale en busca de su esposa desaparecida; en el transcurso de su búsqueda el personaje principal se encuentra con varias situaciones y experiencias que lo obligan a meditar sobre su propia vida y sus relaciones con sus semejantes.
 
Debo confesar que al principio me mostré renuente a leer a Coello; en realidad no me atraían sus libros y era por una razón absurda: un prejuicio que tengo para sospechar de todo escritor que tenga demasiada publicidad. Quizás por el medio cultural en donde nos hemos desarrollado los salvadoreños, un poco provinciano, si nos comparamos con la cultura de otros países. Tal vez, como dijo alguna vez el escritor Álvaro Menen Desleal, los salvadoreños necesitamos viajar más y leer más. (Pero como todo prejuicio es una conducta negativa y cerrada, con seguridad tarde o temprano el sol saldrá por la mañana).
 
 
 

Y esto, lo del prejuicio, es aún más viejo. Recuerdo que hace como cinco años yo producía y conducía un programa de radio en el que ponía música y leía poemas, y a veces invitaba a algún amigo o personaje sobresaliente de la sociedad para entrevistarlo en vivo. En una ocasión invité a Azucena, una amiga enfermera a quien le gustaba mucho leer y ese día entre los dos hicimos una charla amena que en algún momento nos llevó a Coello y yo le dije que nunca lo había leído, pero que, a sugerencia de ella lo haría… La verdad no lo hice, hasta hoy.

 

Hace unos meses, que salimos a comer con mi esposa Érika una carnita con ensalada y una cerveza, me quedé mirando el estante de libros del restaurante, mientras esperábamos a que nos sirvieran, y me llamó la atención -sin saber porqué- un libro de pasta amarilla. Me levanté a mirarlo y me di cuenta que era “El zahir” de Coello. Le eché un vistazo. Mi esposa, que se ha leído como cinco libros de él, me dijo que leyera aunque sea un par de líneas. Cuando nos sirvieron la carne ya iba por la página 48 y tuve que regresarlo al estante. Pero me quedé con la curiosidad.

Pero bien, como decía al principio, mi esposa se apareció un día de estos con el libro “El Zahir” y entonces pude terminar de leerlo.

El lenguaje de Coello es sencillo y directo, pero logra mantener la tensión necesaria para que uno continúe leyendo la novela. En el transcurso de sus páginas encontramos, como en todo buen libro, alguna enseñanza aunque sea pequeña sobre la vida y nuestra relación con la sociedad.

Es un libro interesante. Su lenguaje no tiene los vuelos de “Cien años de soledad” de García Márquez, de “El Zahir” de Jorge Luis Borges u otros clásicos de la literatura latinoamericana; pero es un libro bien escrito y coherente, con su propio estilo y su propia voz, que es lo más importante. Este día me gustaría recomendar “El Zahir” de Paulo Coello.

 

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León
 
 

(1) Borges, Jorge Luis, “El Aleph”, Obras Maestras del siglo XX, Editorial Seix Barral, S.A., © Emecé Editores, S.A., Buenos Aires, 1983, edición española, p. 94.

 

 

MI MADRE

Cuando mi papá murió, mi mamá tuvo que soportar todo el peso económico y emocional de mantener a tres hijos sola.


 

Recuerdo que, como era la tradición, se mantuvo vestida de luto durante todo un año. Fue un tiempo de mucha soledad. Lloraba casi todos los días y casi todo el tiempo no se veía nada feliz. Pero había una fuerza interior muy poderosa en ella porque de alguna manera, siendo tan pobres como éramos, nunca nos faltó un plato de comida ni tuvimos que abandonar nuestros estudios por razones económicas. Ahora que lo pienso mejor me parece increíble que haya trabajado como profesora tres turnos durante varios años, todo para que nosotros tres no pasáramos hambre. Hasta que un día tuvo un fuerte dolor en el estómago que la llevó directamente al hospital: el stress y la fatiga estaban cobrando su parte.


 

Después, además de trabajar como profesora, ya sólo dos turnos, puso una pequeña venta de hilos muy surtida, para agregar una ganancia más a la debilitada economía familiar que teníamos.

Flores del patio de la casa de mi mamá.

En otra parte del patio mi mamá tiene una mata de loroco. Cuando la visitamos nos pone a cortar ese delicioso fruto para que llevemos a casa.


 

Una cosa que admiro de mi mamá es que nos disciplinó a mis dos hermanos y a mí con una tenacidad incansable. A nuestro comportamiento siempre puso límites, pero los  límites de la buena convivencia con nuestros semejantes. Todos aprendimos a trabajar con honestidad y a tener el respeto necesario para nuestro prójimo.


 

Cuando veo en retrospectiva todos esos años de aprendizaje que tuvimos mis hermanos y yo, me doy cuenta que es la falta de amor y de guía por parte de un adulto, la que han tenido todos estos jóvenes involucrados con las pandillas. Han llegado a “las maras” buscando lo que no han encontrado en su familia. La migración obligatoria de sus padres hacia otros países, especialmente Estados Unidos, los dejó totalmente en lo que podríamos llamar una orfandad práctica. Aunque recibían dinero, no recibían la educación de oro que sólo en familia se puede adquirir.


 

Pero volviendo a mi madre, me gustaría contar algo sobre sus antecedentes. Su abuelo paterno fue un hombre muy trabajador de la agricultura, que acumuló tierras en varias partes del occidente del país. Su padre también siguió esos pasos; pero cuando enviudó, desgraciadamente se perdió en el alcoholismo y perdió todas las tierras heredadas; paró de beber hasta que un “derrame” lo dejó paralizado del hemicuerpo derecho.


 

Sin embargo durante su infancia, mi mamá tuvo todo el amor necesario y la abundancia de bienes para vivir confortablemente. Ello no impidió que sus padres la enviaran a vender mazapán o a trabajar cortando tomates. Esto le dio un sentido de la vida: nada es gratis y todo esfuerzo tiene sus recompensas.


 

Le gustaba la enseñanza y por eso estudió para profesora. Ahora que está jubilada, no se ha deprimido, sino que se la pasa entretenida visitando amigas y ex compañeras de trabajo, acudiendo a misa, leyendo –siempre le ha gustado la lectura-, mirando televisión y haciendo labores domésticas de la casa.

Lo que más he aprendido de mi mamá es su amor por la vida, he aprendido que si nos caemos debemos levantarnos y seguir adelante. He aprendido, especialmente, que la honestidad debe formar parte de nosotros, como el oxígeno que respiramos.


 

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

HONOR Y FIEBRES

-¿Y vos que a ser cuando seás grande?

-Méquico.

Las risas explotaron a mi alrededor. Las sonrisas y los rostros me miraban desde arriba.

-¿Médico?

-Sí, méquico-

***

Aunque vivo en un país pobre de Latinoamérica  –El Salvador-  tuve la suerte de cumplir mi sueño, el que tuve desde que era un pequeño niño que apenas podía pronunciar las palabras. Desde que tengo memoria siempre supe que sería médico.

En el camino hacia mi destino tropecé y caí varias veces. Creo que la vida no tendría ninguna gracia si no se nos presentaran dificultades que resolver. A veces en la búsqueda de esas soluciones el universo conspira para que veamos o caminemos otros senderos diferentes al trazado, antes de que retomemos el rumbo. Esas cosas me pasaron a mí y estoy seguro que no sería quien soy si no hubiese tenido ese enriquecimiento.

Toda experiencia que he vivido me ha hecho más rico cada día, no en dinero, pero sí en espiritualidad y conocimiento. Con los años he aprendido a amar la vida y toda la diversidad que se manifiesta palpitante en este planeta y más allá, la variedad de rostros humanos y animales, de hojas y de frutas, de suelos y de lluvias…

Cuando estaba en cuarto grado de la escuela primaria tenía 10 años de edad. A mediados de ese año escolar y justo después de enfrentarme a unos exámenes de Estudios Sociales e Idioma Nacional, inicié con fuertes fiebres que me tumbaron en la cama y me sumergieron en delirios fantásticos y absurdos, en sueños y pesadillas que se mezclaban entre mi consciencia y mi subconsciente; todas las imágenes y sonidos que veía y escuchaba dentro de mi cabeza se conjugaban y deformaban para llenarme de terror, y es una cosa verdaderamente fascinante entender que las pesadillas infantiles están repletas de una imaginación ilimitada.

No sólo la cabeza me funcionaba erróneamente, sino también la piel, en la cual brotaban unas ampollas pequeñas y pruriginosas llamadas vesículas, llenas de un líquido claro que se rompían al menor contacto. Me salieron también pápulas y costras.

En mi aciago estado de salud, varias noches y varios días me parecieron infinitos.

Cuando recuperé por un momento la razón y volví a este mundo «real», empecé a sentirme mejor, y recuerdo que un tío-abuelo que había llegado a visitarnos se ofreció para hacerme una cura mágica y vegetal que había aprendido más allá de unas montañas de Guatemala.

Mi tío-abuelo, cuyo nombre era Nemesio, era un trotamundos de a pie, que odiaba los automotores y que pensaba, además, que andar a caballo debilitaba el espíritu del viajero. Así que había recorrido toda Centroamérica y México caminando, comiendo en un lado, durmiendo en otro, trabajando de esto y de aquello…

Mi mamá, en su aflicción por mis fiebres, vio su llegada como un acontecimiento de la fortuna divina, mi tío-abuelo fue para ella un ángel enviado para salvarme.

La cura era muy simple y sólo requería que él dijera en voz alta unas oraciones a su Dios, masticara una cabeza de ajo, hiciera una especie de tubo con papel periódico y soplara a través de él todo su aliento sobre mi humanidad, incluyendo mi rostro y fosas nasales…

Yo pensé en ese momento que con ese olor cualquier enfermedad terminaría muerta y de verdad creí que, después de ese rito mágico-religioso, me había curado.

A continuación de eso mi tío Nemesio almorzó con nosotros y nos contó muchas historias. Luego se marchó por mucho, mucho tiempo.

Mi enfermedad era muy común y se llamaba varicela, y debo decir que mi mamá, que es una mujer de mucha fe, todavía continúa agradecida con mi tío-abuelo por haberme curado. Recuerdo que, mucho tiempo después, cuando yo era estudiante de Medicina, recordaba de vez en cuando ese evento patológico de mi niñez y también me sentía agradecido con mi tío Nemesio por su –aunque inútil- buena intención. Muchas infecciones virales tienen una vida auto-limitada, siempre y cuando no se sobre-infecten con bacterias.  Y mi varicela ya iba de salida para cuando llegó mi enigmático tío-abuelo.

Lo que yo no entendía para entonces, en esos días de joven estudiante de Medicina, es que la fe es una parte muy importante para la curación y recuperación de los pacientes, entendiéndose la fe en este caso como la creencia positiva de que los medicamentos de verdad nos harán bien.

Para un médico o un estudiante de Medicina hay una delgada línea entre sentirse seguro del conocimiento y los excesos de petulancia. Pero ya me metí a hablar de Medicina y de arrogancia y ese no es el punto al que quiero llegar (por el momento).

Un día después de la cura sobrenatural de mi tío-abuelo me sentí mucho mejor y pude sentarme en la ventana de mi casa que daba a la calle, para mirar a la gente pasar.

Estando sentado en la ventana, casi al mediodía, un compañero de la escuela al que conocíamos como Vanegas, me reconoció y se quedó platicando un rato conmigo. Le conté lo de mis fiebres y él me contó que mi nombre estaba en la pizarra que colgaban los profesores en un pasillo de la escuela con las mejores notas de cada mes: mi nombre estaba en el primer lugar del cuadro de honor.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

12 COSAS DESAGRADABLES

Quiero aclarar primeramente que agradezco a cualquier hombre o mujer emprendedor, que a través de su trabajo honrado inicie una empresa comercial y con el tiempo hasta dé trabajo a otros compatriotas; pero hay ciertas conductas de los salvadoreños o algunas actitudes de los empresarios radicados en nuestro país que me sacan de quicio.

He aquí algunas cosas desagradables que ocurren alrededor y que tal vez ustedes hayan experimentado alguna vez:

1-No tener acceso libre a los servicios sanitarios de algunos lugares que venden comida y que por obligación tienen que tener habilitado estos servicios básicos.  Por ejemplo en una gasolinera que cuenta con una gran sala de venta de productos alimenticios, con restaurante incluido, hay que solicitar una llave si uno quiere ir a orinar y cuando entra uno al servicio se encuentra con un lugar sucio y fétido.  ¿No puede el distribuidor de una transnacional millonaria ofrecer un servicio sanitario decente y accesible y pagar a un empleado para que lo mantenga limpio?

2-Qué desagradable es llegar a una gasolinera y tener que bajarse del vehículo para ir a hacer cola a un cajero, para poder pagar la gasolina y luego servírsela uno mismo. ¿No añoran ustedes las gasolineras aquellas donde le revisaban el motor, las llantas y le limpiaban el parabrisas? ¿No les alcanza el dinero para pagar empleados que atiendan bien a sus clientes a los distribuidores de las gasolineras transnacionales millonarias? Todavía hay por ahí algunas que dan un buen servicio y yo procuro comprar sólo en las gasolineras donde me atienden bien.

3-Mirar niños pidiendo limosna, como si no tuvieran que estar instruyéndose en la escuela o siendo cuidados por sus padres. ¿Tienen empleo sus padres? ¿O sólo están siendo explotados estos niños por algún maléfico verdugo que se hace llamar mamá o papá? Pobres niños mendigos: una maldición en nuestro país.

4-Cuando he ido a algún Ciber Café me encuentro con lugares ruidosos, con música fea y estridente, con niños escandalosos que juegan de “matar” en los muchos juegos de violencia que ofrece Internet, con vecinos de computadora que escuchan también su música o hablan a gritos…  ¿Es que acaso no pueden simplemente usar audífonos? ¿No puede toda esta gente respetar el espacio ajeno?

5-Sentirme ignorado y atropellado por los burócratas de las oficinas gubernamentales. Sin más palabras, creo que todos lo hemos sufrido alguna vez.

6-Escuchar que algún salvadoreño llama a otro salvadoreño “indio”, de una manera peyorativa. ¿Acaso no nos hemos visto al espejo? ¿Acaso no conocemos aún la sangrienta historia de la conquista española en estas tierras y del consecuente mestizaje?

7-Los mensajes que a diario manda la compañía telefónica a mi celular invitándome a una rifa o a participar en tontas promociones comerciales. ¿Podrían dejarme en paz?

8-El reguetón. Ni su música ni sus letras son de mi agrado.

9-Los controles policiales en las horas picos del tráfico.

10-Ver como desde los buses o desde los carros más lujosos mis compatriotas arrojan la basura a las calles. ¿Tendrá esto algo que ver con que los tragantes se saturen con las aguas lluvias y se formen inundaciones? Ni hablar de salubridad…

11-La intolerancia de muchos religiosos que se creen poseedores de la verdad y de la salvación de las almas. No creo que no hayan conocido ustedes alguna vez a algún cura o pastor protestante al que la hipocresía o el fundamentalismo le brotaran por los poros de la piel.

12-Oír a los políticos –o mejor dicho, politiqueros- de El Salvador, hablar de moral y ética, cuando es vox populi (y además lo han demostrado con hechos) que la mayoría de ellos son mentirosos y ladrones.

Y aun así, amo a mi país y trato de dar lo mejor me mí, por el bien de las nuevas generaciones.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

EL JUICIO CONTRA ROQUE DALTON

Han pasado más de dos meses del aniversario número 75 del nacimiento de Roque Dalton y 35 años de su asesinato. Pues bien, hoy tengo como invitado en LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN a mi amigo Danilo Colindres, quien plantea que la muerte de Dalton fue debido a la intolerancia, intolerancia que aún impera en nuestra desangrada sociedad salvadoreña.

Al final expongo yo mis propios puntos de vista sobre lo escrito por Colindres. He aquí pues el interesante artículo que me hizo llegar mi amigo.


EL JUICIO CONTRA ROQUE DALTON

Al poeta se le realizó un juicio en el que fue hallado culpable por una organización político-militar que participó en la guerra contra la dictadura de El Salvador. ¿Fue entonces un asesinato, un homicidio, o qué?

En primer lugar debemos conocer de qué fue encontrado culpable y si los jueces que lo juzgaron lo hicieron a través de un juicio con oportunidad de defenderse del acusado. Todo indica que se defendió y perdió su juicio. Sin embargo: ¿qué pruebas se presentaron? Y los que lo juzgaron: ¿qué competencias jurídicas o profesionales tenían para ejercer de jueces en el proceso? ¿Qué les permitió a estos “jueces” valorar las pruebas? ¿Qué oportunidad tuvo Roque de presentar su caso con otras pruebas? ¿Quiénes fueron los que la hicieron de jueces? ¿Existían estatutos del ERP que contemplaran como proceder en casos como el de Roque? ¿Qué podemos saber de todo esto?

Digamos, como hipótesis inicial, que todo se llevó a cabo con cierta mínima legalidad y legitimidad de una organización subversiva y dentro de los límites de la época y de las circunstancias. Entonces estamos hablando de un crimen por equivocación: se le imputaron faltas graves y sus jueces lo sentenciaron a muerte no de mala fe sino porque que el castigo correspondía a las faltas (de acuerdo a unos estatutos conocidos por todos) o que su indisciplina a repetición inducían a pensar que Roque era incorregible y ponía en riesgo de muerte a todas las personas miembros de la organización. También se podría conjeturar que el clima de clandestinidad precipitó el juicio restándole importancia a la calidad de las pruebas, y limitando la defensa casi exclusivamente al poder de persuasión del mismo Roque que fracasó en su intento de salvarse.

¿En qué se equivocaron entonces sus jueces? No fueron suficientemente flexibles por un lado, sobrestimaron el peligro que representaban las faltas del poeta o no soportaron el dominio abrumador que ejerció el poeta en su defensa. ¿Si podía persuadirlos tan fácilmente a ellos como no convencería a sus subalternos “menos preparados” si llegase a dirigirles la palabra?

Esta versión, sin embargo, no es compatible con la razón que dieron sus jueces, los dirigentes del ERP, de su sentencia y ejecución: lo acusaron de ser colaborador, espía de la CIA, contrarrevolucionario. ¿Por qué dieron esta excusa tan absurda como insostenible? Absurda e insostenible para los que ya conocían a Roque Dalton pero fácil de tragar por sus subalternos, las bases, los subordinados que del poeta apenas conocían y para quienes el arte es el oficio de pequeños burgueses vagos e inmaduros, que hay que someter en bien de La Revolución.

Si se había decidido “eliminarlo” ¿Por qué no inventar una justificación que si bien provocaría la separación –para entonces inminente- de unos cuantos lideres (Ferman Cienfuegos, Lil Milagro Ramírez), convocaba poderosamente a sus cuadros seguidores (los de choque, los imprescindibles) a unirse aun más por la sangre derramada de un traidor desconocido?

Se había decidido eliminarlo por peligroso y se aprovechó la coyuntura para acusarlo de una falta grave imperdonable: ser enemigo activo y entrenado de La Revolución. La única, dicho sea de paso, que justificaba su eliminación sin contemplaciones. Porque si se le acusaba de comportamiento riesgoso para todos, entonces ¿Por  qué no solo expulsarlo de las filas y dejarlo libre de incorporarse a otras organizaciones más tolerantes con el perfil mental del poeta, como la RN, que ya se encontraba escindiéndose del ERP?

En otras palabras, el objetivo de la justificación pública de la ejecución del poeta no era únicamente para cohesionarse. En realidad era la única que justificaba su muerte sin lugar a dudas. Y como todos sabemos: una justificación infundada. A la voluntad de matar se le buscó y adecuó la mejor justificación porque nunca existió una verdadera justificación.

En conclusión: el crimen contra Roque Dalton no fue un crimen de equivocaciones sino un crimen por intolerancia, muy parecido al crimen cometido contra Sócrates, acusado en su tiempo de corromper la juventud ateniense.

Agreguemos a la discusión lo que conocemos de la coyuntura de ese momento: la organización político militar estaba en crisis y se vislumbraba la escisión que terminaría con la unidad. Roque simpatizaba y propugnaba por un nuevo enfoque político militar que suponía una amenaza para los dirigentes de ese momento, que actuaron de jueces contra el poeta, cuando en realidad eran partes.

La sociedad ateniense condenó a Sócrates. Una organización político-militar condenó a Roque Dalton. Los dos condenados fueron vistos como amenazas a sus organizaciones. ¿Qué perdían los atenienses o los del ERP con dejar libres a sus acusados? A Sócrates se le pudo prohibir de pregonar sus enseñanzas “malévolas.” ¿Y a Roque? Que siguiera su camino por otro lado, con otra organización. Pero no: si no estaba con ellos era un traidor, enemigo de La Revolución y de El Pueblo Salvadoreño. O estaba equivocado Roque o ellos y ellos no podían estar equivocados.

¿Cómo enjuiciar a los intolerantes –buenas y dóciles gentes por lo demás- que a la menor oportunidad dirigen furibundos el dedo acusador contra aquellos que se diferencian de ellos, aquellos a quienes no comprenden, aquellos que se atreven a ser distintos siendo incapaces de ser como “todos”, aquellos que al fin y al cabo impiden que las sociedades u organizaciones se estanquen, aquellos cuya visión y, por tanto valores, y energía o voracidad evolutiva ponen en entredicho las costumbres e ideas dominantes en una sociedad que entroniza a la mayoría por sobre las minorías, la sociedad, la organización sobre el valor irreducible de la persona?

Danilo Colindres

***

Sobre tu artículo “EL JUICIO CONTRA ROQUE DALTON”

Estimado Colindres:

Quiero decirte que estoy de acuerdo con tu visión y comparación de Dalton con Sócrates, debido a que ellos dos representaban para la sociedad seres fuera de serie, que no podían ser contenidos, amarrados u obligados a seguir el camino de las ovejas, como a la mayoría de seres humanos. En todo esto me gusta mucho que hayás usado la palabra “intolerancia”.

Sin embargo, pongo en duda algunas de tus afirmaciones, como:

1-“…se le realizó un juicio…”

2-“Todo indica que se defendió y perdió su juicio.”

Bueno, con respecto al inciso número 1, te pregunto: ¿Fue un verdadero juicio? Porque un juicio supone jueces, abogados defensores (o al menos que el acusado pueda defenderse con libertad) y que se lleve a cabo un proceso justo. ¿Existieron estos elementos en los sucesos de Dalton? Creo que la palabra juicio, con todas las de la ley, le queda muy grande a los hechos relacionados a los días previos al asesinato de Dalton.

En cuanto al inciso 2, no dudo que haya habido intercambio de palabras entre Dalton y sus asesinos, pero eso no implica juicio, eso no implica que las palabras de Dalton hayan tenido algún peso para ser evaluadas.

A mi manera de ver, lo que le hicieron a Dalton fue algo más oscuro, más tenebroso y corrupto. Yo creo que el sólo hecho que después de su asesinato, Alejandro Rivas Mira, el principal implicado, haya huido de El Salvador, robándose todo el dinero de una extorsión, te dice el tipo de persona que era. ¿Será que después de ejecutar a Dalton, Rivas Mira cayó en la cuenta que ese grave asesinato no se iba a quedar escondido, ni a nivel nacional ni a nivel internacional y esto le iba a perjudicar mucho? Su conducta no parece la de un revolucionario al estilo del Che, en quien todas sus acciones iban destinadas a concretar la revolución (que supuestamente mejoraría la vida en general de los más desposeídos); por el contrario, su conducta se parece más a la de un ladrón y un criminal. Y con gente así es difícil, sino imposible, realizar un juicio de verdad.

Óscar Perdomo León.

Fotografías de Roque Dalton extraídas de: http://web.ecomplanet.com/BOSC9720/ServerContent/MyCustomImages/BOSC9720CustomImage22367.jpg
http://lahistoriadeldia.files.wordpress.com/2009/08/roque-dalton.jpg

CESÁREA, fotorreportaje.

«Una imagen habla más que mil palabras». Se trata de una cesárea realizada, en el año 2005, porque la paciente tenía dos cesáreas previas y además porque solicitaba ser esterilizada (lo cual era muy recomendable). Este fotorreportaje fue realizado gracias a las excelentes fotografías tomadas por el Licenciado Renato Flores, anestesista. Yo sólo tomé las dos primeras que aparecen aquí.

Anestesia raquídea

Aplicando jabón yodado para matar las bacterias que se encuentren sobre la piel de la paciente.


Una operación quirúrgica básica como la cesárea necesita del trabajo coordinado entre una enfermera instrumentista (que es quien pasa el bisturí y todos los demás instrumentos quirúrgicos al cirujano), una enfermera circular (que se encarga de pasar torundas, hilos para sutura, etc. y de escribir notas sobre todo lo que ocurre en Sala de Operaciones), un anestesista, un auxiliar de la limpieza, un médico o enfermera que dará los primeros cuidados al recién nacido, un médico ayudante y un médico responsable de realizar la operación en sí y de tomar el mando de la Sala de Operaciones.

«Operación cesárea: La operación cesárea o parto por cesárea se define como el parto del feto a través de incisiones de la pared abdominal (laparotomía) y de la pared uterina (histerotomía). Esta definición no incluye la extracción del feto desde la cavidad uterina en caso de rotura del útero o de embarazo abdominal.»

Definición tomada de la Obstetricia de Williams

Al abrir la cavidad abdominal puede observarse el útero, de color rosado.

Una vez abierto el útero se introduce la mano y se retira la valva (instrumento metálico que aquí se ve manchado de sangre), buscando la cabeza del bebé.

Se aspira de la boca y la nariz el líquido amniótico, lo antes posible. Sigue leyendo «CESÁREA, fotorreportaje.» →

EN BLANCO Y NEGRO II

“Casi desnuda”

Me asombran las películas que están llenas de efectos especiales y a todo color. Y sin embargo siempre he sentido una fascinación muy grande por el blanco y el negro. Además me interesan más las historias bien contadas y llenas de buenas interpretaciones, que los malabares de la ciencia en una película. Para mí vale más, por ejemplo, un close up de una mirada creíble, salida del corazón, bien actuada e intensa, que las miles de creaciones visuales derivadas de los avances tecnológicos, los cuales tampoco menosprecio, por supuesto. Lo que quiero dejar claro es mi gusto muy particular hacia el cine más sencillo. Sigue leyendo «EN BLANCO Y NEGRO II» →

ESTO SOY, de Claribel Alegría.

Claribel el día de su boda, 1947.

Cuando viví en Santa Ana, debido a mis estudios, ya había tenido contacto con un libro emblemático para la literatura salvadoreña: “Cenizas de Izalco”. Así que el nombre de uno de sus co-autores ya sonaba fuerte en mi cabeza: Claribel Alegría. De tal manera que cuando yo caminaba por esas calles de Santa Ana, cerca de la iglesia El Carmen, de la avenida independencia o de la bellísima catedral, no dejaba de preguntarme si acaso estaba yo pisando la misma tierra por donde alguna vez transitó nuestra gran poeta, novelista y traductora Claribel Alegría.

 Claribel Alegría y Salarrué.

Ella misma ha contado que nació en Nicaragua, pero que a la edad de tres años, sus padres junto a ella, se trasladaron a vivir a la ciudad morena, en donde se desarrolló hasta su adolescencia. Cuenta Claribel que desde niña y después de conocer a Salarrué, quien visitaba a sus padres de vez en cuando, comprendió que su vida sería la de alguien dedicada a escribir. Y así fue.

Clara Isabel Alegría nació en Estelí, Nicaragua, en mayo de 1922. En su juventud temprana se fue a estudiar a Estados Unidos y allá conoció al gran escritor español, laureado con el Nobel, Juan Ramón Jiménez, quien leyó sus poemas y de quien recibió instrucción; además prologó su primer libro (Anillo de silencio, 1948). El escritor mexicano José Vasconcelos, por su lado, le sugirió cambiarse el nombre de Clara Isabel, por el de Claribel.

No se puede dejar de mencionar que estuvo casada con el escritor y periodista norteamericano, Darwin J. Flakoll, a quien ella llamaba cariñosamente Bud y con quien procreó cuatro hijos. Cuenta Claribel que debido a la fuerte unión sentimental y profesional que ella tenía con su esposo y con quien escribió varios libros, Julio Cortázar los llamaba a ambos “Claribud”, afectuosamente.

En el 2004 la Dirección de Publicaciones sacó a la luz el libro de poemas “Esto soy”, el cual contiene muchos de los mejores poemas de Claribel, tomados de todos los libros que ha publicado y de otros libros inéditos en progreso. La recopilación fue hecha por el poeta Luis Alvarenga. Ese mismo año en el auditórium del Museo de Antropología de San Salvador se hizo un homenaje a Claribel y a Matilde Elena López, y tuve la oportunidad de verla en persona. Claribel se veía feliz, fuerte, con mucha vida y con los ojos llenos de brillo. Fue tanta la magia que la envolvía que me sentí muy entusiasmado y aprovechando que para entonces yo tenía un programa de música y poesía en radio Victoria, recuerdo que dediqué una noche especial a la poesía de Claribel Alegría.

Claribel Alegría y Julio Cortázar, Managua de 1982.

Ella es una de las poetas salvadoreñas más reconocidas a nivel internacional y, según dicen algunos críticos, una de las mejores poetas de Centroamérica. Se ha codeado con grandes figuras de la literatura universal, como Julio Cortázar, Salarrué, Pablo Neruda, Juan Rulfo, etc. E incluso, con algunos de ellos llegó a tener una gran amistad.

Augusto Monterroso, Claribel Alegría y Juan Rulfo, México, 1952.

Hace unos días he vuelto a navegar por las páginas de “Esto soy” y sigue siendo una delicia leerlo. Es un libro que no debe faltar en la casa de todo salvadoreño amante de la poesía.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas del libro “Esto soy”.

 

OTROS ARTÍCULOS RELACIONADOS:

 

“Claribel Alegría, en un avión de papel: http://talpajocote.blogspot.com/2010/06/claribel-alegria-hotel-de-peregrinos.html

 

“Biografía de Claribel Alegría”: http://www.caratula.net/35/claribel-bio.php

 

“Vida y obra de Claribel Alegría”: http://www.escritorasnicaragua.org/biografias/claribelalegria

EL SALVADOR ESTÁ DE DUELO. ¿Qué nos queda por hacer?

Creo que la indignación e impotencia se han apoderado del pueblo salvadoreño. No se encuentran siquiera adjetivos adecuados para describir el horror que han visto nuestros ojos últimamente. 14 personas inocentes, pobres, sin distinción de edades, fueron quemadas vivas, inmoladas de la manera más salvaje.


Y mientras tanto los políticos salvadoreños, sin distinción de colores, los funcionarios que son pagados con los impuestos que salen del pueblo, han estado haciendo gastos de lujo, superfluos. La corrupción y la insensibilidad social no tienen límites en El Salvador.


Esta violencia es hija de la exclusión social y del desmembramiento de la familia. Esta violencia es cosecha de lo que se ha cultivado las décadas anteriores, es el producto de una post guerra mal planificada.


Y el gobierno de Mauricio Funes, que le dio una gran esperanza al pueblo, es ahora una inmensa y verdadera decepción. El más grande error que ha cometido este gobierno es no alentar el castigo para los ladrones y corruptos de los gobiernos anteriores, porque se ha dado un mensaje callado, pero contundente, de que aquí en El Salvador es mejor ser criminal que honrado. Y esa cultura de la ilegalidad se expande por todo el territorio salvadoreño, desde los conductores y peatones que no respetan las leyes de tránsito, pasando por las licitaciones amañadas de las instituciones gubernamentales, hasta los crueles asesinatos que ocurren diariamente.


Es decir, la sensación generalizada del pueblo es que aquí las leyes protegen más a los delincuentes que a las víctimas.


¿Qué nos queda por hacer a los ciudadanos honrados, que creo que somos la mayoría? Hacer lo que tenemos a nuestro alcance –que no es poco-: empezar a responsabilizarnos de nuestros hijos y disciplinarlos con mano firme, pero amorosa. Y brindarles educación, haciendo que amen a su patria y respeten a su prójimo.





Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

SENTIMENTALISMO MUNDIALISTA

Debe ser un orgullo representar uno a su país a nivel internacional. Y debe ser emocionante escuchar nuestro himno nacional sonando al frente de millones de personas. Así que derramar unas lágrimas mientras se canta el himno nacional es esas circunstancias es comprensible. Esto fue lo que le pasó a Jong Tae Se del equipo de fútbol de Korea del Norte.


Algo parecido ya le ha ocurrido a nuestros compatriotas, después de vivir varios meses o años en Estados Unidos, Canadá, Italia o en cualquier país extranjero, cuando escuchan el himno nacional: la nostalgia se apodera de sus corazones y las lágrimas aparecen.


El sentimentalismo también se ve en los salvadoreños al ver jugar equipos de fútbol como Brasil o Argentina, muy queridos en nuestro país. Pero las emociones se vuelven encontradas al ver jugar a México. Y es que con México tenemos una rivalidad de muchos años. En la CONCACAF nos han eliminado varias veces de nuestro paso al Mundial de fútbol y nosotros también un par de veces a ellos. A esto debemos sumar los sufrimientos de muchos salvadoreños pobres en su paso por tierra mexicana al tratar de alcanzar los Estados Unidos; los robos, extorciones, engaños, secuestros, violaciones y asesinatos por parte de los mexicanos hacia los salvadoreños han dejado su huella inevitablemente en la conciencia nacional.


Además debemos tomar en cuenta que, yéndonos años más atrás, El Salvador, después de la Independencia de España, luchó contra la anexión del Virreinato de México (Guatemala que sí se anexó y terminó perdiendo Chiapas).


Sin embargo, ambos países –México y El Salvador- estamos unidos desde tiempos inmemoriales. Las inmensas emigraciones de gente azteca que se trasladó desde el norte hasta el territorio de lo que hoy es El Salvador está documentado por historiadores. Por cierto que el poeta salvadoreño Pedro Geoffroy Rivas (1908-1979) describe esto bella y poéticamente en la “Cuenta de la peregrinación”, en su libro “Los nietos del jaguar”. De tal manera que los salvadoreños y los mexicanos nos parecemos mucho, racial y culturalmente, salvando por supuesto las diferencias, como el acento al hablar o las comidas.

En este Mundial puede sentirse en el ambiente salvadoreño que muchos van contra México en los partidos de fútbol y es entendible. Yo, por mi lado, he apoyado a México en cada juego –y por razones sentimentales- porque ese país me ha dado cosas tan bellas que me han llenado de alegría; personalmente no puedo dejar de admirar al compositor Francisco Gabilondo Soler (alias Cri Cri), a los cantantes Pedro Infante y Marco Antonio Muñiz, por mencionar algunos. También me impacta su literatura y su buen cine. Pero especialmente he apoyado a México por solidaridad latinoamericana.

(¿Será que nos está faltando solidaridad a los latinoamericanos? ¿No sería mejor que nos uniéramos contra nuestros enemigos principales que son la pobreza y la falta de educación?)


Algunos podrían decirme que no mezcle o confunda las cosas, que el deporte es una cosa y el arte otra; pero yo creo que el fútbol puede ser también un arte.

Y si de arte hay que hablar, debo decir que con respecto a artistas del fútbol, los mexicanos no han parido aún a alguien tan grande como lo hemos hecho nosotros: el Mágico González. Y esto es un hecho, no sentimentalismo ¿o sí?


Texto:

Óscar Perdomo León


Fotografías extraídas de http://www.parlonsfoot.com/album/20081026/chong.jpg

http://www.eluniversal.com.mx/img/2009/08/Esp/MarcoAntonioMuNiz.jpg

http://www.elbaloncuscatleco.com/Jorge-CD-FAS.jpg

LOS VERSOS DEL CAPITÁN, de PABLO NERUDA.

Leer poemas de amor, cuando no son empalagosos, es una delicia a la que no me puedo negar nunca. Y uno de los más claros ejemplos de este tipo de poesía es el magistral poemario “Los versos del Capitán”, escrito por Pablo Neruda (1904-1973).

Tengo entendido que la primera edición de este libro vio la luz por primera vez en 1952 y se presentaba escrita por un autor anónimo; pero además el poemario venía precedido por una interesante carta adjudicada a una tal Rosario de la Cerda, quien atribuía los poemas a su amado, quien los había dedicado a ella. He aquí un fragmento de la susodicha carta:

“Tengo todos los originales de estos versos. Están escritos en los sitios más diversos, como trenes, aviones, cafés y en pequeños papelitos extraños en los que no hay casi correcciones.

“Muchos de estos papeles por arrugados y cortados son casi ilegibles, pero creo que he logrado descifrarlos.

“Mi persona no tiene importancia, pero soy la protagonista de este libro y eso me hace estar orgullosa y satisfecha de mi vida.

“Este amor, este gran amor, nació un agosto de un año cualquiera, en mis giras que hacía como artista, por los pueblos de la frontera franco española.

“Él venía de la guerra de España. No venía vencido. Era del partido de Pasionaria, estaba lleno de ilusiones y de esperanzas para su pequeño y lejano país, en Centro América. Siento no poder dar su nombre. Nunca he sabido cuál era el verdadero, si Martínez, Ramírez o Sánchez. Yo lo llamo simplemente mi Capitán y éste es el nombre que quiero conservar en este libro.”

Se dice que los seguidores fieles de Neruda reconocieron inmediatamente su voz en aquellos poemas anónimos y finalmente, en 1963, Pablo Neruda agregó una breve explicación al libro, la cual decía:

“Mucho se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.

“Por otra parte pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero entre quitar a todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso, cedí, por fin, aunque sin muchas ganas.

“¿Que por qué guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando Paolo Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en 1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó con excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.

“No ha sido así. Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia del inconmovible amor.

“Entrego, pues, este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera: basta con que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta. Ahora que lo reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá también.”

Les presento aquí dos de los poemas que más me gustan de este libro.

EL INCONSTANTE

Los ojos se me fueron

detrás de una morena que pasó.

Era de nácar negro,

era de uvas moradas,

y me azotó la sangre

con su cola de fuego.

Detrás de todas

me voy.

Pasó una clara rubia

como una planta de oro

balanceando sus dones.

Y mi boca se fue

como una ola

descargando en su pecho

relámpagos de sangre.

Detrás de todas

me voy.

Pero a ti, sin moverme,

sin verte, tú distante,

van mi sangre y mis besos,

morena y clara mía,

alta y pequeña mía,

ancha y delgada mía,

mi fea, mi hermosura,

hecha de todo el oro

y de toda la plata,

hecha de todo el trigo

y de toda la tierra,

hecha de toda el agua

de las olas marinas,

hecha para mis brazos,

hecha para mis besos,

hecha para mi alma.

EL INSECTO

De tus caderas a tus pies

quiero hacer un largo viaje.

Soy más pequeño que un insecto.

Voy por estas colinas,

son de color de avena,

tienen delgadas huellas

que sólo yo conozco,

centímetros quemados,

pálidas perspectivas.

Aquí hay una montaña.

No saldré nunca de ella.

¡Oh qué musgo gigante!

Y un cráter, una rosa

de fuego humedecido!

Por tus piernas desciendo

hilando una espiral

o durmiendo en el viaje

y llego a tus rodillas

de redonda dureza

como a las cimas duras

de un claro continente.

¡Hacia tus pies resbalo,

a las ocho aberturas,

de tus dedos agudos,

lentos, peninsulares,

y de ellos al vacío

de la sábana blanca

caigo, buscando ciego

y hambriento tu contorno

de vasija quemante!

Dicen que la poesía es la música de las palabras. Para mí la poesía es un fino instrumento para expresar con ritmo nuestros más recónditos sentimientos. Es mejor leerla en la intimidad y en silencio (o es como me gusta hacerlo a mí).

La versión de “Los versos de capitán” que yo tengo es una vieja edición de la Biblioteca clásica y contemporánea de Losada.

Pablo Neruda es el maestro de la poesía por excelencia del siglo XX y uno de mis favoritos cuando busco ese lenguaje breve pero profundo.

Texto:

Óscar Perdomo León

Las imágenes de Pablo Neruda fueron extraídas de:

http://nancyimperiale.files.wordpress.com/2009/09/neruda.jpg

http://cobalus.files.wordpress.com/2009/12/pablo_neruda.gif

http://katilifox.files.wordpress.com/2008/10/pablo-neruda.jpg

El texto completo de LOS VERSOS DEL CAPITÁN lo pueden hallar siguiendo este enlace: http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/capitan.htm

CANSADO

Mi gusto musical tiene en general un rango muy amplio; así, puedo ir desde una sencilla ranchera, pasando por una balada popular muy bien cantada, hasta un plato más fuerte como el “Nocturno No. 20” de Chopin o como “So what” de Miles Davis, y puedo disfrutar mucho de todo ese espectro, toda vez que se entienda que toda la música tiene un origen socioeconómico, político e histórico.


Pero no sé porque cuando veo algunos videos de los años ochenta, con sus evidentes guiones bien planeados o me voy más atrás y escucho música hecha en las décadas de 1940, ´50, ´60 ó ´70, y los confronto con la mayor parte de música actual que sale en la televisión, como por ejemplo en Ritmo Son Latino o en MTV, me da la sensación de que los nuevos músicos tienen una gran pobreza en sus melodías, en la armonía y en los arreglos que acompañan sus “canciones”. Hay excepciones, por supuesto, como en todo. Hay algunos, muy pocos, que son sobresalientes.


Sin embargo hay momentos en que me siento muy cansado, tan poco estimulado –emocional e intelectualmente- por esa basura que ellos llaman música, que me quisiera regresar al pasado. ¿Es que ya me estoy poniendo demasiado viejo? ¿O es que mi gusto musical con el tiempo es una especie de tenaz colador?


Podría poner de ejemplo el video y la música de la canción “Sowing the seeds of love” del grupo británico Tears for fears: el video es muy colorido y se conecta perfectamente con la música al estilo psicodélico, obviamente influenciada por The Beatles– lo cual no le resta calidad ni originalidad-; cuando la letra dice “…mi novia y yo enamorados…“ y sale una pareja flotando plácidamente en el aire, mientras la música intensa se vuelve como relajada, tranquila… es una visión muy bonita.



Otro video muy bien construido es el de la canción “Take on me” del grupo musical noruego a-ha, el cual se caracteriza por mezclar caricaturas con imágenes de humanos verdaderos; además se va contando con las imágenes una historia muy interesante, hasta el punto que este video podríamos verlo sin la música; es una representación verdaderamente artística y creativa.


Ambos videos son muy conocidos, pero para quien no los haya visto lo puede hacer siguiendo estos enlaces:

http://www.youtube.com/watch?v=ndYqlnewfz4 http://www.youtube.com/watch?v=_EXxMlIExpo

En definitiva, a lo que me refiero es a que mucha música popular que se creó en el pasado poseían unas melodías un poco más elaboradas y en las letras se sentía que había un poco más de trabajo.


Por supuesto que aquí nos enfrentamos al dilema de quién decide qué música es buena y cuál no lo es. Y la verdad es que en cuanto a gustos nadie tiene la última palabra, porque precisamente no todos tenemos el mismo conocimiento, las mismas referencias estéticas, la misma educación en fin, y eso hace que el cristal a través del cual miramos y escuchamos las cosas sea de un grosor y un color muy diferente, entre uno y otro ser humano.


Otra cosa que hay que tomar en cuenta –y bien lo recuerdo- es que la mejor música que he escuchado nunca la conocí a través de la radio o de la televisión, siempre fue algo de boca en boca que un amigo por allá y otro por acá me mostraron y yo al escucharla me llené de sorpresa, gratitud y amor.


Pero bien, aquí ha quedado plasmado mi punto de vista y, después de haberlo dicho, de verdad que me siento menos cansado…



Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

EL SALVADOR NUBLADO

Las tormentas, los derrumbes, las cárcavas, los ríos desbordados, las casas de los pobres inundadas, la imprudencia de algunos, la insensibilidad de muchos hacia la destrucción del medio ambiente…

Todo es una cadena de sucesos y hechos que han ocurrido en El Salvador desde mucho, mucho tiempo atrás.

La tormenta Agatha sólo vino a poner al descubierto lo que los salvadoreños fácilmente olvidamos que pasó en años anteriores y a darnos el presagio de lo que seguirá ocurriendo en el futuro. Y es porque no hay un plan de unidad nacional. El egoísmo de los que dirigen nuestros destinos no tiene saciedad.

El Salvador nublado tiene una belleza que me fascina, no lo puedo negar; pero el sufrimiento de los más desposeídos parece que no tiene fin en esta tierra que llamamos, quizás irónicamente, El Salvador.


Texto:

Óscar Perdomo León


Fotografías:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

EL INMORTAL, de Jorge Luis Borges.


Jorge Luis Borges (1899-1986) decía que cada libro tiene su lector. Y creo que él tenía razón, porque hasta el más sencillo y «poco literario» de los libros tendrá en algún momento a alguien hurgando sus páginas.

Pues bien, este día yo como lector no voy a hablar de mi libro favorito; pero sí de mi cuento favorito: “El inmortal”, que es para mí el mejor cuento que se haya escrito en todo el mundo (y por consiguiente es también el mejor cuento de Jorge Luis Borges). Por supuesto que no he leído todos los cuentos que se han escrito alrededor del mundo, lo cual además es imposible y hay que decir asimismo que para gustos hay colores. Y mi opinión es sólo eso, una opinión. Yo no tengo estudios en literatura ni maestrías en lenguas; pero tengo, al igual que muchos salvadoreños, un gusto por la literatura que ido ganando al leer a uno y otro escritor. De tal manera que no tengo pruebas objetivas para sostener mi preferencia hacia ese cuento, sin embargo sí tengo pruebas subjetivas, que no son –me parece- menos importantes en cuestiones de arte.

El cuento “El inmortal”, que apareció en el libro “El Aleph”, en 1949, empieza con una breve introducción en donde se explica que el anticuario Joseph Cartaphilus le regaló los seis volúmenes en cuarto menor de la Ilíada de Pope a la princesa de Lucinge.

“La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y de barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Ilíada halló este manuscrito. El original está redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión original que ofrecemos es literal”.

A partir de esta introducción inicia el relato de Cartaphilus, que se divide en cinco partes y una posdata de 1950. Sólo la maestría de la pluma de alguien como Borges nos puede sumergir en un relato ficticio haciéndonos creer que se trata de un manuscrito histórico verdadero. En el transcurso del cuento Borges nos alumbra con expresiones filosóficas y poéticas que estremecen el corazón y la mente.

El ambiente y el clima del relato son totalmente embriagadores de un pasado histórico verosímil. Cartaphilus, un soldado del gran imperio romano, huyendo de unos sediciosos que ansiaban vengar la crucifixión de uno de ellos, se pierde en el desierto, donde se encuentra con un jinete “rendido y ensangrentado”, que buscaba “el río secreto que purifica de la muerte a los hombres”. El jinete muere; pero Cartaphilus decide buscar el río que da la inmortalidad.

Cartaphilus alcanza sin saberlo el río secreto y además conoce al pueblo de los trogloditas “que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra”. Uno de ellos lo sigue de un lado a otro a Cartaphilus y éste le pone el nombre de Argos, como el perro moribundo de Ulises en la Odisea.

Cartaphilus descubre que los trogloditas son inmortales y convive con ellos. Llega a tomar la manera de ser de ellos. Reflexiona más adelante que hacer una construcción o un poema, era saber que eso mismo lo harían hasta el cansancio durante un tiempo infinito, decide entonces, al igual que los trogloditas, dedicarse a la meditación. Los trogloditas se la pasaban inmóviles, mirando sin ver el horizonte y sin pronunciar palabras. “El cuerpo era un sumiso animal doméstico y le bastaba, cada mes, la limosna de unas horas de sueño y una piltrafa de carne.”

“Así se fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió con lentitud poderosa.”

“Las noches del desierto pueden ser frías, pero aquella había sido un fuego… la frescura del aire y el rumor atareado de la lluvia me despertaron. Corrí desnudo a recibirla. Declinaba la noche; bajo las nubes amarillas la tribu, no menos dichosa que yo, se ofrecía a los vívidos aguaceros en una especie de éxtasis. Parecían coribantes a quienes posee la divinidad. Argos, puestos los ojos en la esfera, gemía; raudales le rodaban por la cara; no sólo de agua, sino (después lo supe) de lágrimas. Argos, le grite, Argos.”

“Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también si mirarme: Este perro tirado en el estiércol.”

“Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real. Le pregunté qué sabía de la Odisea. La práctica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta.”

“Muy poco, me dijo. Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé.”

Cartaphilus vive en diferentes partes del mundo y durante muchos siglos. Y finalmente reflexiona así:

“Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal.”

“La muerte o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño: Todo, entre lo mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasad lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonia, no rigen para los Inmortales.”

Luego Cartaphilus toma la decisión de buscar el río que le quite la inmortalidad. Cuando lo consigue y sabe que va a morir escribe lo siguiente:

“Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.”

Luego hay una posdata que sería muy interesante que ustedes la leyeran. Y aunque yo prefiero leer de la manera tradicional, en papel impreso, para los que se sientan estimulados a leer (o a releer si es que ya lo conocían) este cuento, lo pueden hacer siguiendo este enlace: http://www.apocatastasis.com/el-inmortal-jorge-luis-borges-carthapilus.php#intro

Jorge Luis Borges, que parece de entrada tan fríamente cerebral, en realidad me conmueve intensamente casi hasta las lágrimas, con este relato ficticio que parece histórico, y que, al leerlo, me fascina la idea de creer que es verdadero.

Texto:

Óscar Perdomo León

Textos entre comillas tomados del cuento “El inmortal” del libro “El Aleph” de Jorge Luis Borges.

Imagen de Borges parado:

http://www.huangdianlin.net/wp-content/uploads/2009/12/borges.jpg

Borges en la biblioteca:

http://apuntesapocrifos.files.wordpress.com/2009/11/jorge-luis-borges.jpg

Imagen de la portada de “El Aleph”:

http://clasicosliterarios.files.wordpress.com/2010/03/borges-portada-aleph.jpg