ESCRIBIR

Al principio de la humanidad, cuando lenguaje era muy primitivo,  la escritura no era tan compleja, porque que quizás la misma sociedad no se había desarrollado tanto como en nuestros días. Se ha encontrado escritura hecha hace más de 30,000 años, lo que demuestra que escribir siempre ha sido una necesidad para cierta parte de la sociedad. Probablemente entonces eran necesidades mágico-religiosas.

Escribir es una forma de comunicación simbólica, con signos a los que les hemos dado un significado arbitrario y al que estamos acostumbrados, y que ha venido pasando por tradición de generación en generación.

En mi caso particular, la necesidad de escribir se me presentó cuando estaba en sexto grado de primaria. No sé exactamente cuál fue el gatillo que disparó ese deseo, no lo recuerdo. Pero sí recuerdo que en los días calurosos me tiraba sobre el piso con un cuaderno y escribía y escribía. En esos días intenté con gran dificultad redactar pensamientos que se me ocurrían o breves sucesos de mi diario vivir, especialmente experiencias en la escuela, con mis profesores o mis compañeros.

Al final de ese año escolar -yo tenía 12 años de edad- me gané el primer lugar en el laboratorio de biología y química, y me obsequiaron algo muy bonito: «Corazón», un bello libro escrito por el italiano Edmondo de Amicis, publicado por primera vez en 1886. Lo leí con interés y me gustó mucho. Me enamoré del libro. Quise escribir – pero sin éxito- algo similar, tratando de copiar su estructura a manera de diario. Luego quise escribir una historia sobre la India, país del que no sabía prácticamente nada, pero que había llegado a mi corazón por las historias que se contaban de encantadores de serpientes. El cuento tenía algún invento, alguna imaginación; pero la sintaxis y la ortografía eran tan enredadas que cuando se las di a leer a un adulto, me aconsejó reescribirlo totalmente de principio a fin.

Luego me llegó la «etapa poética» y fue justamente después de leer a Alfredo Espino. Unos años después leí a un poeta que me impresionó mucho: Rafael Góchez Sosa. Su temática, su ritmo, su estructura en los versos, su voz -si se quiere decir de otra manera- era diametralmente diferente a Espino.

Le siguió Roque Dalton y Claudia Lars.    «El mar» de Dalton y los «Poemas del norte y el sur» de Lars, fueron como llamaradas que me marcaron el corazón. Mi amor por la literatura ya era para entonces irreversible.

Siguieron Salarrué y Arturo Ambrogi. Mágicos, capaces de hacerme volar por mundos inventados o, por el contrario, hacerme chocar de frente y con fuerza, contra tierras tan reales como nuestro universo rural salvadoreño.

Después vinieron las novelas. No muchas al principio. Me sentía más a gusto con los cuentos. Hasta que leí «Los cachorros» y «El coronel no tiene quien le escriba». No diré nada de «Cien años de soledad», porque es una novela maravillosa de la cual se ha escrito ya mucho.

Y de allí me he topado con variados libros de muchos escritores que me han deleitado. Sin embargo, no puedo dejar de mencionar a un creador que tiene la capacidad  -no sé cómo- de hacerme sentir un inmenso placer con cada palabra que imprime en sus libros:  Jorge Luis Borges.

Por mi parte, desde 1986 hasta 2002 estuve escribiendo mi primera novela. Son muchos años, pero es que dejaba los papeles inconclusos por meses y meses, y luego regresaba para agregar un par de líneas.  En el 2003 la publiqué. No es una gran novela, estoy consciente de ello; pero ya sea que suene a música o ruido, o tenga el color que tenga, eso es lo de menos. Lo importante es que he escrito con sinceridad y es mi voz la que ha quedado ahí guardada.

Desde entonces he escrito otros libros, porque me ha nacido hacerlo.

No soy escritor; soy más bien un «escribidor» que ama leer y escribir. Y dejaré mi legado, no a la humanidad, que ya tiene suficientes grandes y bellos libros, sino a mis hijas y sus descendientes, para que, de aquí a unos cien años, sepan aunque sea un poquito sobre mí.

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

Libros de Óscar Perdomo León:
http://issuu.com/search?q=%C3%B3scar%20perdomo%20le%C3%B3n

SERRAT: UN CANTAUTOR HONESTO

Creo que, entre los cantautores de habla hispana, el que más me gusta y al que más admiro es a Joan Manuel Serrat. Es cierto que hay muchos otros que han hecho cosas bellísimas, pero hay una sinceridad en lo emocional y en lo intelectual en la música de Serrat que siempre me conmueve.

Recuerdo que los primeros álbumes que oí de él estaban grabados en un cassette que me regaló un amigo de Atiquizaya. En un lado estaba «En tránsito» (de 1981) y en el otro lado estaba «La paloma» (de 1969), dos colecciones equiparadas en calidad, pero alejadas en el tiempo. Sufrí porque las últimas canciones de cada álbum estaban cortadas, debido al espacio de la cinta. Recuerdo que me quedé varios días impresionado escuchando detenidamente todas y cada una de las canciones. Pensé entonces que esa cinta era uno de los mejores regalos que alguna vez me había dado alguien. Y hoy, después de casi 30 años, lo sigo pensando. Con el tiempo, he llegado a coleccionar la mayoría de sus discos compactos originales .

Una de las canciones que más me gustaba era «En cualquier lugar», del disco «La paloma»*; su letra era nostálgica, triste, llena de amor por lo que se dejaba, pero también había una lucha interna que decía -no con estas palabras textuales- que el horizonte no terminaba frente a nuestra nariz. Su música me cautivó desde el principio: sus arreglos y en especial su melodía no eran nada comunes; de esta canción Serrat cantó un fragmento, sólo él y su guitarra, en una película llamada «Palabras de amor». Pero la versión de estudio tiene un toque tan especial que me sigue gustando mucho.

Creo que la trayectoria musical de Serrat ha sido larga y muy creativa. Y durante todo ese tiempo transcurrido siempre ha sabido mantener sus ideales de justicia y libertad. Y de estas grandes premisas habla Serrat en sus canciones; pero sin llegar al panfleto, su calidad artística es indiscutible. Serrat tiene no sólo la vocación de componer y cantar, tiene también la creatividad y la sensibilidad muy grandes para hacerlo.

En Latinoamérica se le quiere mucho porque sus letras de alguna manera se identifican con el dolor y las alegrías de nuestros pueblos. En El Salvador, de donde puedo hablar específicamente, Serrat es un artista relativamente poco conocido, porque los programadores de música de la radio y la televisión lo han promovido muy poco; pero eso no quiere decir que no tenga muchos fanáticos en todo el territorio salvadoreño, porque los tiene. Unos con otros nos vamos pasando su música, compartiéndola y recomendándola a quien no la conoce.

La mayoría de sus canciones originales mantienen el tono de calidad que hace que uno las ame.  También no puedo dejar de mencionar su trabajo con los poemas de Mario Benedetti, Antonio Machado y Miguel Hernández. Todos esos discos son maravillosos. De todo esto escribimos hace algún tiempo con mi esposa en LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR y pueden leerlo en MIS CANCIONES FAVORITAS DE SERRAT. No está demás decir que él ha sido una influencia poderosa sobre otros cantautores europeos y de América.

Con tanta música-basura, superflua y sosa, que se oye en estos días, Joan Manuel Serrat, es un compositor honesto y de mucha fuerza interpretativa que deberían conocer y escuchar las nuevas generaciones.

Texto:

Óscar Perdomo León

*»La paloma»: creo que se le llama así para distinguirlo de otros, porque en su portada sólo aparecía el nombre Joan Manuel Serrat; pero la primer canción era La paloma, un poema de Rafael Alberti.
Fotografías extraídas de: http://www.cancioneros.com/cc/10/0/discografia-de-joan-manuel-serrat
Recomiendo leer el discurso que Serrat dio al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Complutense de Madrid: http://issuu.com/gentdemarratxi/docs/serrat_-_discurso_complutense__

CUENTOS DE BARRO, de Salarrué.

Creo que fue en 1986 que algunos miembros del extinto grupo musical ZUNCA, buscando temas con cierto sentido nacional para inspirarnos y musicarlos, hicimos un resumen del cuento «El negro», de Salarrué, de su libro «Cuentos de barro», en una especie de poema en cuartetos, con endecasílabos imperfectos, tomando casi todas las frases textuales del susodicho cuento. Y luego le pusimos música. Recuerdo que esa canción la cantó Chepito Pineda.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de los «Cuentos de barro», libro que vio la luz por primera vez en 1933 y que fue escrito por Salvador Salazar Arrué, mejor conocido como Salarrué (1899-1975), uno de los más bellos libros que he leído. Desde que entré por primera vez al breve prólogo escrito por el mismo autor y que él llamó «Tranquera» (así se llaman las puertas primitivas que se usan para entrar a los potreros o a las fincas) sentí que estaba entrando a una dicotomía difícil de definir: un mundo de magia, donde las cosas más simples y cercanas tomaban un brillo no visto por mis ojos hasta entonces, pero también sentí que estaba entrando a una realidad cruda y desgarrada, al mejor estilo de los campesinos salvadoreños.

Las historias presentadas en cada cuento de este libro son sencillas en su forma; pero increíblemente profundas. El acercamiento que hace Salarrué de cada personaje es recóndito, acentuado, es como si quien escribiera fuera hermano de cada personaje, a quien además quisiera mucho. Hay un amor inherente de parte del autor hacia cada uno de sus personajes, que la realidad lejana se me vuelve íntima al ir leyendo paso a paso, letra a letra, cada cuento.

Además, debo mencionar que la manera en que Salvador Salazar Arrué narrá, es muy peculiar, porque aunque su prosa es directa en muchos sentidos, podría decir también que está colmada de poesía, usando bellas metáforas y acertados símiles, que me transportan como a una pluma flotando en el aire, hasta los lugares donde Salarrué quiere llevarme.

Sus cuentos son sinceros y conmovedores. No hay sentimentalismo barato ni soluciones inverosímiles. Sus cuentos en verdad son acercamientos a la cotidianidad de los campesinos salvadoreños de principios del siglo XX: sus sufrimientos, sus deseos, sus alegrías, sus sueños más queridos, su ignorancia en educación formal evidente contrastada con su popular sabiduría ancestral, su peculiar manera de ver el mundo…  Todo lo recoge Salarrué en sus «Cuentos de barro», sin juzgar, sin inducir, sin opinar pero sin caer en la indiferencia. Su amor por los campesinos no le permite a Salarrué cerrar los ojos…

Los lectores de «Cuentos de barro» que no son salvadoreños -tengo que confesar- tendrán dificultades con algunas palabras, ya que Salarrué las escribió siguiendo la fonética de la pronunciación de sus personajes campesinos. Incluso, en alguna parte leí alguna vez que Claribel Alegría, junto a su esposo Darwin J. Flakoll, trataron en algún momento de traducir «Cuentos de barro» al inglés, pero desistieron, porque pensaron que algo esencial se perdía en la traducción.

Salarrué escribió otro libro de cuentos muy famoso también: «Cuentos de cipotes», en el que la manera de narrar es en la forma muy particular y especial en la que narran los cuentos los niños. Además Salarrué  incursionó en la novela y la poesía. Fue también pintor y músico.

Salarrué

Actualmente El Museo de la Imagen y la Palabra en El Salvador tiene una exposición itinerante de Salarrué, en donde se pueden observar sus objetos personales, algunas de sus cartas, algunas de sus pinturas, fotografías, etc.

En la Villa Monserrat, casa donde vivió parte de su vida y sus últimos días Salarrué, que está en los Planes de Renderos, se encuentra hoy La Casa del Escritor (actualmente dirigida por la poeta Silvia Elena Regalado), un lugar para que los amantes de las letras, especialmente los jóvenes, puedan aprender sobre literatura.

En el parque Cuscatlán de San Salvador está la Sala de Exposiciones Salarrué, en donde muchos artistas plásticos nacionales y extranjeros han mostrado sus pinturas.

Roque Dalton, en su libro «Las historias prohibidas del Pulgarcito», le escribió un poema muy emotivo a Salarrué , en donde, a través de una parodia respetuosa de «Cuentos de barro», le dice como será El Salvador que Roque soñaba.

El cuento «La honra» (de «Cuentos de barro») fue musicado con gran acierto por el cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, en los años ´80.

Y podría seguir; pero baste aquí hacer constar mi admiración hacia Salarrué y su gran producción literaria, especialmente para ese libro, «Cuentos de barro», que sólo los salvadoreños podemos sentirlo en el corazón al cien por ciento.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de:
http://www.google.com.sv/images?rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=cuentos%20de%20barro&um=1&ie=UTF-8&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1280&bih=699

21 GRAMOS, de Alejandro González Iñárritu.

He visto las tres primeras películas del director mexicano Alejandro González Inárritu y las tres me han gustado mucho. Esta trilogía cinematográfica tiene en común que cada una de ellas lleva incorporada varias historias distintas que en algún momento de la trama confluyen. Y que sus guiones han sido escritos por el también mexicano Guillermo Arriaga.

La primera, Amores perros (2000), me impresionó mucho, por la sinceridad de las actuaciones y la manera en que se maneja el tiempo es muy buena, aunque la segunda historia (sobre la modelo) está un poco larga y se quiebra el ritmo. Las diferentes tomas del accidente de tránsito y  los efectos especiales están muy bien hechos. Y el personaje «el Chivo», interpretado por Emilio Echeverría, creo que es de lo mejor de la película.

La tercera, Babel (2006), tiene una complejidad muy grande y una trama muy bien contada. Muy buena película.

Sin embargo es de la segunda película de González Iñárritu de la que quiero  hablar: 21 gramos (2003). (Se supone que 21 gramos es el peso que pierde el cuerpo humano al instante de morir, sería algo así como el peso del alma). En mi opinión, es la mejor de las tres.

El argumento de esta película es muy intenso. Trata sobre la vida y la muerte. La venganza y el arrepentimiento. La manera tan inesperada en cómo el destino o la vida, arrastra a las personas a las más impensables maneras de comportarse. ¿Todo está escrito o es el azar el que decide?

Benicio del Toro

El hecho que un conductor imprudente (personificado por Benicio del Toro) haya atropellado a un padre con sus dos hijas, genera diversas reacciones en personas que ni siquiera se conocían entre sí. La madre de estas niñas (personificada por Naomi Watts) se refugia en el alcohol y la soledad. Y es irónico como un paciente con insuficiencia cardíaca (personificado por Sean Penn) consiga el corazón para trasplante del padre atropellado.

Sean Penn

La película cuestiona una de las preguntas que todos los seres humanos se han hecho siempre y es si nuestro destino ya está escrito o lo vamos escribiendo día a día. Cuestiona también la frase aquella de la Biblia que habla de que ni la hoja de un árbol ni uno sólo de tus cabellos se mueve sin la voluntad de Dios. El conductor imprudente se pregunta si fue la voluntad de Dios que él matara con su vehículo al padre y sus hijas, y entra en una crisis existencialista y de culpa. Y hay un momento en que los tres actores principales se entrecruzan, dándole un giro a sus vidas.

No pretendo relatar la película; pero sí quiero comentar que la forma en que está contada es un poco inusual, ya que a cada momento podemos ver fragmentos de lo que ocurrirá en el futuro cercano a cada uno de los personajes principales, aunque en el momento en que uno los mira no se comprenden muy bien; pero poco a poco que avanza la trama, se van atando cabos y cada cosa va cayendo en su lugar y se van revelando respuestas. Hay una belleza continua en toda la película, un dramatismo tan honesto y transparente, tan creíble, que el placer estético (auditivo, visual, intelectual y emocional) queda satisfecho.

Hay que destacar también que la música está muy bien hecha y es muy adecuada para cada tramo de la historia.

Naomi Watts

A mi parecer 21 gramos es una de las mejores películas que se hayan hecho. Y no me canso tampoco de reiterar que la actuación de los tres actores principales es soberbia; pero especialmente la interpretación tan coherente con su personaje de Naomi Watts, de ella no puedo decir menos que su actuación es del todo espléndida.

Creo también que la dirección de Alejandro González Iñárritu es admirable. No he visto aún su última película Biutiful; pero estoy seguro que al verla no me sentiré decepcionado, porque esta trilogía que lo antecede desde ya le ha dado un nombre en la historia del cine.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de:
http://www.google.com.sv/images?hl=es&rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=21%20gramos&um=1&ie=UTF-8&source=og&sa=N&tab=wi&biw=1280&bih=699

BAILANDO EN LA OSCURIDAD

Dancer in the dark («Bailarina en lo oscuro», o una traducción que suena mejor: «Bailando en la oscuridad») que es una película que vio la luz en el año 2000, escrita y dirigida por el danés Lars von Trier, es una especie de drama musical, ambientado a mediados de los años ´60, con un desarrollo muy intenso, que toca los temas de la amistad, el amor de una madre y la pena de muerte.

El argumento trata sobre una mujer checoslovaca (Selma Jeskova), madre soltera, que viaja a los Estados Unidos en busca de una operación de ojos para su hijo. Para lograr pagar la cirugía, trabaja en una fábrica (a veces haciendo turnos de muchas horas), aun con sus propias dificultades para ver. Ella se siente culpable por haber tenido un hijo, aun sabiendo que por su sangre corría una enfermedad hereditaria que lleva a la ceguera. Selma es magistralmente interpretada por la cantante y actriz islandesa Björk.

Björk

Desde el primer momento la técnica de cámara al hombro, con enfoque de movimientos activos y de acercamiento y tomas inesperadas, introduce e involucra al espectador en el mundo de Selma, quien ama los musicales donde se baila tap y de vez en cuando sueña despierta, canta y baila y entonces su mundo de trabajo y esfuerzo se vuelve perfecto y con muchas alegrías. Es de hacer notar que casi toda la música de la película fue compuesta e interpretada de Björk. El inicio de la película me capturó desde el primer momento que la vi porque cantan «My favorite things», composición que ya conocía yo a través del saxofón soprano de John Coltrane. Más adelante la vuelve a cantar.

No contaré más, sólo diré que todo el largometraje de ficción es de una belleza inusual, con una coreografía y una música muy particulares. El final es de mucho dramatismo y no sólo nos toca emocionalmente, sino que nos hace reflexionar sobre las conductas humanas y sobre las instituciones que se encargan de impartir justicia en la sociedad.

La película tuvo numerosas nominaciones a diversos importantes premios a nivel internacional. Además contó con las actuaciones de grandes estrellas del cine, como Catherine Deneuve y David Morse, entre otros.

Dancer in the dark la vi la primera vez hace unos 7 años y hace un par de días volví a verla y la disfruté aún más. Es  una verdadera obra de arte, que una vez tiene uno la oportunidad de verla, se queda guardada en nuestra memoria.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de:

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Un poema de RODOLFO GÓCHEZ, para mi abuelo ÁNGEL PERDOMO. Y además, algo sobre la historia de un huéfano.

Este poema que viene a continuación lo escribió el poeta atiquizayense Rodolfo Góchez, quien, a sus 97 años, aún se encuentra activo escribiendo y además armando, poco a poco, un pequeño museo de literatura en un rincón cálido de su casa. Sueña que en un futuro los jóvenes de Atiquizaya puedan visitarlo y aprender algo sobre arte. Hace un par de días visité a don Rodolfo y me mostró un poema que escribió para mi abuelo, Ángel Perdomo, quien era su amigo.
La historia de mi abuelo, que fue huéfano de padre y madre desde niño, es muy dura; pero también es un ejemplo a seguir en muchos sentidos.  Les contaré un poco sobre su vida más adelante, después de mostrarles el poema del que les hablo.
Óscar Perdomo León

 

 ANTE SU FERETRO

No pude ver la decisión postrera

de tu encendida llama contra el viento,

ni el último recurso que tu aliento

puso al final de la glacial frontera.

 

No pude estar en la intrigante espera

que dio a tu corazón el desconcierto

para negarle el ostensible acierto

del convulsivo reto que te hiciera.

 

¡Ya estabas deshojado como un roble!

¡Sereno… en actitud imperturbable

como desciende el sol en el ocaso…!

 

Y ante la estupefacción de tu alhaja

un hastapronto yo atiné en voz baja,

con unción de responso… en tu regazo…

Poema escrito por

Rodolfo Góchez

LA HISTORIA DE UN HUÉRFANO

A principios del siglo XX nació mi abuelo Ángel Perdomo y a muy temprana edad quedó huérfano (él y otros hermanos) de padre y madre. Y siendo un niño de 6 ó 7 años, se marchó a pie de Atiquizaya,  su pequeño pueblo natal salvadoreño, hacia Guatemala, en una tarde de mucho viento y frío. Se fue siguiendo una caravana migratoria. Su historia podría parecer falsa, pero es tan verdadera como la luz del sol que nos alumbra.

Podrán imaginarse el desamparo, el hambre y la soledad que pudo haber sentido este pequeño niño, caminando entre extraños, siguiendo una ruta desconocida y desligándose de sus otros hermanos huérfanos.

Caminaron muchos días y descansaron bajo los árboles. Apenas sí comían. Al mediodía de uno de tantos días, llegaron a un pequeño pueblo chapín. Mi abuelo se sentó a descansar a la orilla de un zaguán y vio que adentro había una sastrería. Los trabajadores se afanaban encima de las telas y por momentos, sin dejar de trabajar, platicaban y bromeaban entre ellos. El pequeño niño se quedó mirando hacia adentro y, cansado por el largo viaje, ya no se movió de allí. Cuando eran como las seis de la tarde el dueño de la sastrería, que empezaba a cerrar las puertas, vio al pequeño sentado con la cara sucia e inocente y le dijo:

-Niño, andáte para tu casa, te van a regañar tus papás.

Y el niño, con la mirada totalmente sincera y con la voz firme le contestó:

-Yo no tengo casa ni papás.

-¿Y de dónde venís, pues?

-De Atiquizaya.

-Mirá, mujer -le dijo el viejo sastre a su esposa- este pobre patojo no tiene donde dormir. Dale un poco de comida.

Y el niño entró apresurado al oír la palabra comida, sin saber que se iba a quedar en esa casa durante varios años. Esa noche por fin durmió bajo techo. Esa noche por fin no tuvo pesadillas.

Al día siguiente, muy temprano, el pequeño niño, sin que nadie le hubiera dicho algo, se puso por su cuenta a barrer la basura que quedó en el taller de la sastrería y luego se fue a acarrear agua del pozo. Cuando el viejo sastre despertó y vio lo que el niño había hecho le dijo a su mujer, con una sonrisa de satisfacción:

-Mirá qué patojito más arrecho, ¡ya se ganó el desayuno!

Y así mi abuelo conquistó el cariño del viejo sastre, de quien poco a poco aprendió el oficio. Cuando cumplió 14 años de edad recibió de regalo unas tijeras, grandes y filosas. Pero cuatro días después el viejo sastre falleció y mi abuelo volvió a quedar huérfano, una vez más. Entonces decidió regresar a El Salvador.

Ángel regresó a su ciudad natal y pequeña con la habilidad de ser sastre y con un par de tijeras en sus manos. Era todo lo que tenía. Pero era un joven emprendedor, con la frente amplia y los ojos negros; su cabello rizado siempre estaba bien recortado. Tenía una estatura mediana. Traía una experiencia grande a su corta edad, ganada a fuerza de golpes y de prisa; parecía que su lema favorito era resistir. La tragedia de muerte, una tras otra, y la espinosa quemadura de la pobreza y la orfandad, le habían revelado, felizmente, que él era un muchacho valiente, un hombre valiente, un sobreviviente tenaz; por eso en su mirada había un filo de audacia y de firmeza; sus movimientos eran varoniles y seguros; y había en su corazón, trotando, un caballo de larga crin y de gigantesca estatura.

Así que Ángel empezó a hacer pantalones por encargo de uno de los almacenes de la ciudad. También comerciaba con guatemaltecos que llegaban cada mes, con sus ventas de colchas, frutas, etc. Acostumbrado desde niño al esfuerzo, y al esfuerzo intenso, no cedía nunca ante la holgazanería; por el contrario, siempre estaba dedicado a su trabajo u ocupado pensando en cómo hacer crecer su incipiente negocio. Fue entonces que, para esos días, le pidió prestado a su hermano Emigdio 50.oo colones, para invertir en telas y otros artículos. Buscando telas fue como conoció a la mujer que sería su verdadero amor. Ella era una joven santaneca que llegaba a Atiquizaya a vender telas con su madre. Era una muchacha de rostro bonito y con una expresión deliciosamente serena. Sus ojos oscuros contrastaban armónicamente con su piel clara. Su cabello, el cual le daba un no sé qué de altivez que no ofendía, era negro, liso y muy bien cuidado. Su nombre era Ana Domitila y ya tenía un hijo, como madre soltera. Era, al tratarla, alegre y muy comunicativa.

De tal manera, que el día que se conocieron no se hizo esperar. Desde el primer día que Ángel se acercó a ella para comprarle telas, hubo entre ellos un chispazo, un entendimiento silente, un saber que entre ellos inevitablemente algo pasaría.

Ángel vivía en un cuartito sin luz eléctrica. Y sin importar eso, con el tiempo, Ana Domitila lo siguió y se fue a vivir con él a ese lugar. Era un espacio pequeño pero lleno de amor.

Con los años, impactados de trabajo y sacrificio, Ángel llegó a tener su propio almacén, en donde se vendían telas, zapatos, sombreros y otros artículos de vestir y del hogar. Además llegó a tener varias casas y automóviles. Y de una niñez plagada de pobreza y orfandad, pasó a tener las comodidades que el dinero da y, por si fuera poco, una familia numerosa.

Pero la vida, que no es justa, le tenía reservados dos golpes de muerte más, que lo apalearon intensamente: la muerte de su esposa Ana Domitila, en 1962, de una enfermedad crónica y rapaz. Y la muerte temprana, súbita e inmerecida, en 1972, de su hijo mayor, Óscar Alfredo Perdomo Escobar, quien era mi padre.

Pero Ángel Perdomo, que nunca fue un cobarde, siguió adelante con su vida. No era un insensible. Casi 20 años después de muerto mi papá, yo platicaba con mi abuelo y él no pudo evitar derramar unas lágrimas frente a mí al recordar a su hijo muerto. ¡20 años y todavía lloraba a su hijo! Dicen que es el dolor emocional más grande que un ser humano puede sufrir: perder un hijo.

En 1994 un infarto llevó a mi abuelo a ser hospitalizado en Santa Ana. Mi mamá lo fue a visitar y me cuenta que cuando ella entró a la habitación del hospital, él la miró y se le humedecieron los ojos. Creo que ya sentía que era su final y al ver a mi mamá volvió a recordar a su hijo muerto, es decir, a mi padre.

Al día siguiente,  mi abuelo se reinfarto y falleció, pienso yo que satisfecho de su vida y con una larga descendencia corriendo hacia el futuro.

Tres de las muchas bisnietas de Ángel Perdomo
Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Érika Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

EN EL NUEVO AÑO: CERRAR Y ABRIR LOS OJOS.

A veces cuando comento sobre libros, música, películas o de lo que sea, lo hago porque realmente siento ganas de hacerlo y es que el arte en general me gusta mucho. El arte es otra manera de ver la realidad, de interpretarla, de recrearla, si se quiere. Y cuando opino sobre cualquiera de estos tópicos no es porque yo sea un experto en música, cine, etc. Sino, más bien, porque al hacerlo ejerzo mi derecho a opinar.

No obstante, al opinar sobre arte, no dejo de sentir por un momento que estoy dándole la espalda a una realidad que es cada vez más cruel y triste en El Salvador. Una realidad que cierra cada vez más las puertas al desarrollo. Sí, esto es lo que pasa en mi país.

¿Mi país? Este país ya no es mío ni de mi vecino; sino de los corruptos y los usureros, de los egoístas que no ven nada más allá del dinero. Las esperanzas que la justicia funcione aquí, las he perdido. Decimos que la guerra civil terminó; pero una guerra peor y sin nobles objetivos explota y se esparce como un veneno  cada día en este Pulgarcito de América.

No voy a hablar de los políticos porque sobre ellos se me hacen tan reales las palabras de Sting: «me parecen anfitriones de un show de entretenimiento».

Y el nuevo año está a la vuelta de la esquina y no se vislumbra un cambio para bien en este terruño en donde ser honrado es ser «tonto» y ser «vivo», por el contrario, es ser ladrón y oportunista.

Y sin embargo, reflexionando, meditando «muy duro», como diría Salarrué , me doy cuenta que es todo lo que me queda: escribir sobre lo que amo me sensibiliza y me hace recordar que el amor hacia los demás es lo más bello que existe en este mundo. Y quizás, también, sin perder mi optimismo, un poco de esa sensibilización llegue a alguien más y algo, aunque sea pequeño, cambie dentro de otro compatriota o de otro ser humano en cualquier parte del mundo y este globo terráqueo tal vez sea una pizca mejor de lo que es.

El arte es y aborda la realidad también.

Cerrar los ojos para reflexionar. Y abrirlos para mirar la realidad, que puede ser mejorada.

«War is over, if you want it».  (1)

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

(1) «War is over, if you want it» (La guerra se acaba, si ustedes lo quieren), frase tomada de la conocida canción «Merry Christmas», de John Lennon.

RALPH GIBSON. Photographer/Book Artist. Un documental de Paula Heredia.

El blanco y negro lo domina todo. Los disparos de la cámara fotográfica de Ralph Gibson explotan delicadamente y con exactitud en el rostro de alguien, en el cuello, en la espalda, en el momento justo, ese que sólo para la intuición de un artista se revela de manera clara.

«RALPH GIBSON. Photographer/Book Artist» es un documental que fue lanzado al público en el año 2002, producido por Edgard B. Howard y dirigido por la salvadoreña Paula Heredia.

Ralph Gibson

Ralph Gibson (Los Ángeles, 16 de enero de 1939) ha sido durante muchos años un motor independiente dentro del arte de la fotografía. Aunque, como él mismo lo dice, la fotografía no era antes  reconocida como arte como lo es ahora, por lo que él tuvo que ser una suerte de pionero en ese campo, aunque ya había habido algunos antes que él; pero la fuerza y la calidad de la fotografía de Gibson dio un gran impulso a este arte.

Paula Heredia, dirigiendo con maestría este documental tan revelador, ha extraído de verdad la esencia de un artista que ha dado mucho a la humanidad, especialmente porque Gibson ha dejado, como testimonio de sus trabajos fotográficos, libros en donde ha recolectado sus mejores fotografías . Su éxito fue sellado desde la publicación, en 1970, de su primer libro de fotografías: «The Somnambulist», editado por la -valga la redundancia- editorial creada por él mismo. Desde entonces ha lanzado a la luz varios libros.

Pero el documental habla además de su vida de juventud, de sus primeros trabajos alejados de la fotografía y de cómo después se enamoró de este arte; habla también de quienes ha aprendido, de sus influencias y de sus fuentes de inspiración. A veces trabaja con modelos en un estudio; a veces se va  a la calle a buscar escenas o personas interesantes.

A través de todo el tiempo que dura esta cinta (aproximadamente 28 minutos), en palabras de Gibson y en las de algunos que lo conocen, van apareciendo las anécdotas, los recuerdos, pero principalmente las fotografías que lo han llevado a ser reconocido como uno de los mejores. La luz y la sombra, a través de la cámara fotográfica, son usadas magistralmente  por Gibson; su temática principal son las personas, aunque también hay algunos paisajes. Los rostros tienen un papel importante en sus fotografías; pero me parece que tienen un papel más relevante, principalísimo, los detalles pequeños que nos llevan a formarnos una idea de las personas o cosas fotografiadas. Hay una intuición muy bien  desarrollada en Gibson que lo llevan a descubrir cosas que nosotros, en nuestra vida de prisas y compromisos, no miraríamos. Lo pequeño se vuelve grande. El blanco y negro, acentuado, magnético, adquiere una fuerza inusual, una grandiosidad que nos deleita la mirada y la mente.

Es especial la manera en que aborda el cuerpo femenino desnudo. El acercamiento, la intimidad…

Algo interesante de mencionar es que toda la música de este documental ha sido compuesta y ejecutada, en guitarra, por el mismo Ralph Gibson.

Vale la pena ser visto (y escuchado).

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía de la portada del documental extraída de: http://www.amazon.com/Ralph-Gibson-Photographer-Book-Artist/dp/B000BLRPOM
Las fotografías, tomadas por Ralph Gibson, fueron extraídas de:
http://search.iminent.com/SearchTheWeb/v2/3082/homepage/Result.aspx#q=ralph%20gibson&s=images&o=0
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BREVES PALABRAS IMPÚDICAS, de Horacio Castellanos Moya.

Qué bien se siente leer a alguien que reflexione sobre su arte con tanta sinceridad y transparencia. Y eso fue lo que hallé al leer «Breves palabras impúdicas», que  es un libro de Horacio Castellanos Moya recién publicado aquí en El Salvador (septiembre, 2010) bajo el patrocinio del Centro Cultural de España en El Salvador y bajo la dirección editorial de Miguel Huezo-Mixco, como parte de la Colección Revuelta, que es una serie de libros que incluirá sólo a escritores salvadoreños y que se publicará en parejas, es decir, dos libros cada vez, uno de un escritor ya consagrado y el otro de un escritor novel.

La noche de la presentación de Colección Revuelta, Vladimir Amaya leyó sus poemas. Miguel Huezo Mixco enfocó al público con la cámara para que Horacio Castellanos Moya, en el extranjero, pudiera verlo.

Y el martes 14 de diciembre de 2010 fue presentado oficialmente el libro «Breves palabras impúdicas» en San Salvador, junto al libro de poemas «Agua inhóspita» de Vladimir Amaya, un joven poeta emergente de 25 años de edad.

Horacio Castellanos Moya, desde el extranjero, gracias a la tecnología pudo estar presente en tiempo real y contestar las preguntas del público. Fue agradable oír a Horacio, su voz y sus palabras; pude percibir la densidad del conocimiento que él tiene de su oficio, no sólo en sus frases y opiniones, sino también a través de lo que había «entre líneas».

 «Breves palabras impúdicas» consta de un ensayo y cuatro conferencias que Castellanos Moya dio y escribió entre 2004 y 2008, escritos que ya habían sido publicados por separado y en diferentes momentos en México y en Madrid, así como también en algunos sitios virtuales; pero que aquí en nuestro país eran prácticamente desconocidos. Y lo mejor de todo -aunque no estoy de acuerdo con el asistencialismo, excepto en algunos casos como este- todos los libros de esta Colección Revuelta serán gratis, regalados a quien los quiera y distribuidos en bibliotecas y centros educativos. Su presentación me sorprendió, por su tamaño pequeño, tan manejable que cabe en un bolsillo, con una edición muy cuidadosa y una bella portada.

 

El público acudió masivamente al Centro Cultural de España en El Salvador a la inauguración de la Colección Revuelta.

«Breves palabras impúdicas» es una verdadera delicia de lectura. Desde el inicio del libro («La guerra: un largo paréntesis») hasta el final («Lo político en la novela latinoamericana»), Castellanos Moya nos introduce y conduce por lo vericuetos de su mente inclinada a la literatura, en medio de un conflicto político y armado que desencadenó en la guerra civil salvadoreña, su exilio obligado hacia México y otros países, sus recuerdos de niñez y de sus compañeros de letras, sus apreciaciones del ambiente social y político, la mención de algunos hechos históricos que lo marcaron como ser humano y sellaron, de una manera directa o indirecta,  una parte de su literatura, todo sazonado de una manera espléndida con sus razonamientos, sus reflexiones, análisis y puntos de vista de su propia naturaleza creativa y de la literatura en general, hacen de este libro un delicia; pero también es muy ilustrativo para entender al novelista Horacio Castellanos Moya y sus fuentes de «inspiración».  

En esta fotografía, en donde se observa a un joven hacer una pregunta a Castellanos Moya, se captó la imagen de mi esposa Érika (a la izquierda, de chal verde) y la mía (atrás, mano al mentón, pancita cervecera).

«Breves palabras impúdicas» tuvo también la colaboración de María Tenorio en la corrección de estilo, de Contracorrientes editores en el diseño y la diagramación, y la fotografía de portada es de Walterio Iraheta y es un libro que vale la pena ser leído.

Texto:

Óscar Perdomo León

Aquí se pueden descargar gratis los libros de la Colección Revuelta: https://sites.google.com/site/coleccionrevuelta/los-libros
Artículo relacionado: «La diáspora» de Horacio Castellanos Moya: https://oscarperdomoleon.wordpress.com/2010/05/20/la-diaspora-de-horacio-castellanos-moya/
Fotografía de la portada del libro tomada por Walterio Iraheta y extraída de: 
https://sites.google.com/site/coleccionrevuelta/los-libros
Fotografías tomadas por María Tenorio y extraídas de:
http://picasaweb.google.com/revueltacoleccion/LanzamientoDeColeccionRevuelta#slideshow/5551051077323989586

ALGO MÁS SOBRE VERSIONES: «My funny Valentine», interpretada por Arturo Sandoval y Ella Fitzgerald.

Ella Fitzgerald

SÍ, «MY FUNNY VALENTINE». Y DE PASO «TÚ ME ACOSTUMBRASTE».

Las diferentes versiones de «My funny Valentine»  que he escuchado me han dejado satisfecho. Es una composición musical publicada por primera vez en 1937 y escrita por Richard Rodgers y Lorenz Hart. Desde entonces una infinidad de artistas la han retomado para darle su propio estilo, como Frank Sinatra, Miles Davis, Sara Vaughan, Barbra Streisand, Stan Getz, por mencionar algunos.

Una de las versiones que más me ha impresionado es una grabación en vivo de 1974 del trompetista Chet Baker y del saxofonista barítono Gerry Mulligan; esa es una verdadera obra de arte. La mejor, en mi humilde opinión.

Pero hay una versión que me tiene hechizado y que hace poco he escuchado. Es una grabación casera que hizo a capella la grandiosa cantante Ella Fitzgerald.

 

Hace algunos años me compré un disco del cubano Arturo Sandoval, en donde él hace un homenaje cronológico a varios trompetistas y uno de los temas que interpreta es «My funny Valentine», como un honor y admiración hacia Chet Baker (quien acostumbraba tocar la trompeta y a veces cantar, aunque en la versión que mencioné de él arriba no canta) y Arturo no sólo toca en esa grabación la trompeta, sino que también canta.

Arturo Sandoval

Y, para los que no lo sepan, Arturo Sandoval no sólo es un magnífico trompetista, sino también un gran pianista, que ha interpretado varios géneros musicales (entre ellos principalmente el Jazz y la música académica, sin dejar atrás por supuesto el bolero, el son y toda la música propia de Cuba).  Y aquí lo encontré en YouTube a Arturo, esta vez tocando el piano y cantando «My funny Valentine»; previamente y en una muy buena combinación, canta con él Malena Burke «Tú me acostumbraste«, el famoso y conocido bolero que el cubano Frank Domínguez escribió en 1957 y que también, al igual que «My funny Valentine», ha sido versionado por innumerables artistas, como Caetano Veloso, Chavela Vargas y Olga Guillot, por mencionar algunos.

He aquí pues el popurrí del que les hablaba.

Las versiones, cuando son hechas con el corazón, rejuvenecen la música y le agregan un par de ingredientes que no conocíamos y que a mí, en particular, me hacen muy feliz.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas de:
http://latrompeta.tripod.com/trompetistas.html
http://www.videos-musicales.net/ficha/Ella-Fitzgerald.html

 

VERSIONES

Ya he hablado antes, en otras entradas de este blog, sobre cómo me gustan las diferentes versiones que pueden hacer los diversos artístas de sus propias obras o de las obras de otros. Esto se ve en la pintura, el cine, la fotografía, en la música, etc.

Pienso que cuando un pintor hace varias pinturas del mismo tema, original o de otro, un músico interpreta una canción hecha por otro o un cineasta hace un remake de un película, el nuevo artista para la obra, ya sea pintura, canción o película, ha puesto de sí algo fresco, lozano, quizás moderno; alguien podrá decir que sólo se trata de una simple repetición, pero el proceso de crear y recrear es muy complejo y tiene múltiples variables, objetivas y subjetivas.

Y habiendo dado ya mi punto de vista sobre esto de las versiones, podría decir ya en términos más amplios que todo lo que se ha hecho, se haga o se hará en literatura, cine o cualquier otro arte, no es más que una nueva versión muy general de inspiración y destreza, y de profundizar en la esencia humana: todo trata sobre la muerte, el amor y la vida. Las grandes historias tejidas, complejas, sencillas, pero bellamente escritas o las fotografías y las grandes sinfonías, no nos hablan más que de estos tres grandes temas.

Pero hablando en específico sobre las versiones, está el clásico ejemplo ya muy conocido de la canción más versionada en toda la historia de la humanidad (así como la canción con más transmisiones radiales en todo el mundo), que ha sido «Yesterday» (incluida en el álbum «Help», de 1965) de Los Beatles, interpretada y compuesta por Paul McCartney, la cual ha sido cantada innumerables veces por los mismo Beatles (hay una grabación incluso en donde se escucha a Paul enseñándole a George Harrison los acordes de «Yesterday»), así como por tantos y tan diversos artistas, como Elvis Presley, Frank Sinatra, Tom Jones, Carlos Lico, Luis Miguel, Marvin Gaye, Ray Charles, Michael Bolton, José Feliciano y Raúl di Blasio, la orquesta Mantovani, Boyz II Men, The King´s Singers, Kenny G, Ricardo Arjona, Plácido Domingo… y la lista es casi interminable; se cree que ha tenido más de 3,000 interpretaciones diferentes.

Se cuenta que la música Paul casi la consiguió completita en un sueño, que hasta creyó que podría estar plagiando a alguien, pero corrió hasta un piano y la grabó; una vez que se convenció a sí mismo que la composición era suya, pudo agregarle la letra.

Me gustan mucho las versiones y nunca veo peyorativamente a nadie que interprete una melodía de otro; sé que si alguien más vuelve a cantar y grabar «Yesterday», siempre habrá algo que se desprende de ese alguien y se mezclará con la «Yesterday» original de Paul McCartney.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas de:
http://www.guitararcheology.com/wp-content/uploads/2008/11/89-paulbw.jpg
 http://www.spectrumdata.com.au/uploads/Yesterday_Beatles.jpg
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EL VIOLÍN ROJO, de François Girard.

Una de las más maravillosas películas que he tenido la oportunidad de ver ha sido «El violín rojo», una obra cinematográfica de 1998 del canadiense-francés François Girard.

La historia  toda gira en torno a un violín fabricado por el italiano Nicolo Busotti; su esposa está embarazada y él piensa darle el instrumento musical a su futuro hijo. La mujer de Busotti consulta con una pitonisa que lee las cartas y que le revela un destino fatal: la mujer muere en el parto y el violín empieza a pasar de generación en generación, cae en manos racialmente diferentes, así como en numerosos puntos geográficos del mundo, por lo que la película es hablada en varios idiomas, como inglés, francés, italiano, alemán y mandarín. 

Es interesante la historia del niño huérfano del siglo XVI criado en un convento y que a su corta edad, de unos 6 años aproximadamente, era casi un virtuoso del violín; el niño tocaba limpiamente las melodías más complicadas en un instrumento que era más grande para su edad; y su amor por el violín rojo era tanto que dormía en la cama abranzándolo.

El juego del tiempo es magistralmente usado por Girard, para contarnos de donde proviene y por donde ha viajado ese perfecto violín rojo, antes de ser subastado en Canadá en la época actual. François Girard maneja a su antojo el tiempo sin que la audiencia se pierda; así, uno viaja desde el siglo XV hasta el siglo XX y a sus intermedios con toda naturalidad.

Me gusta especialmente la parte cuando hay una comunicación a través de cartas entre dos de los protagonistas: el violinista y compositor Frederick Pope y su amante y escritora Victoria Byrd, porque el realizador François Girard presenta esta comunicación epistolar entre ambos  más bien como un diálogo activo y fluido, en la que nosotros, los espectadores, parecemos suspendidos sobre el tiempo, mirando todas las cartas -o su esencia- desde el principio hasta el fin en unos cuantos segundos. Así como también es interesante el manejo del tiempo en la escena de la subasta, en la cual, con el truco de repetirla desde diferentes ángulos, se van liberando poco a poco detalles muy importantes. Además es muy adecuado que casi al final se revelara el origen del color rojo del violín.

La historia tiene un ritmo tan perfecto que desde la primera escena  queda uno hechizado, tanto por la trama tan bien lograda, así como por la magia de la imágenes bellamente fotografiadas y la dirección de arte muy bien ubicada. Sin embargo, es por la exquisitez de la música, la pasión con que es interpretada, su intensidad nacida de lo más profundo del corazón, que uno no puede dejar de grabarse en la memoria esta película; esa música, como un magnífico monstruo que lo domina todo, compuesta por John Corigliano,  fue premiada con un Oscar por Mejor Música Original.

Para los que estén cansados de ver cine con guiones clichés y actuaciones exageradas, recomiendo «El violín rojo». Al ver este largometraje de ficción disfrutarán de una conjunción armoniosa entre fotografía, música, actuación y una buena historia.

Si no logran ver el video aquí, lo pueden hacer siguiendo este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=gbJPgUjSeWo

Texto:

Óscar Perdomo León

Anexo: Elizabeth Pitcairn  interprentando la Suite del violín rojo: http://www.youtube.com/watch?v=2K5q89S_ELg
Fotografías extraídas de: http://portadas.videoclubmadison.com/?q=el-violin-rojo
http://www.conecultachiapas.gob.mx/noticias/?f=2006-06&pag=4

«LOVE IS IN THE AIR». (Sólo para los amantes de los gatos.)

El amor está en el aire, puede olerse en el ambiente y mirarse por donde quiera… Los sonidos gatunos de llamada son muy peculiares y los gestos de atracción son evidentes. El amor está en el aire…

La Niña mira con ojos de admiración al gato negro.

Ya les había narrado de la pequeña gatita huérfana que ahora forma parte de nuestra familia. Aunque ahora ya está un poco más grande, sigue siendo una niña. Y por eso así es como yo la llamo: Niña.

Sin embargo últimamente la he visto rondando de aquí para allá con un gato negro salvaje, que es como un intruso en la casa donde vivimos, aunque en realidad es al revés. Él ya estaba aquí antes de que nosotros vinieramos. Ya se paseaba por toda la casa y se orinaba en el techo con toda seguridad para delimitar su espacio. La casa donde vivimos era su territorio de estancia y de caza. Así que cuando la Niña apareció, el gato negro trató de asustarla un par de veces y nosotros tuvimos que intervenir, defendiéndola.

Ese gato negro -ahora que lo conozco mejor no me cabe la menor duda- es el Ñiño (sí, con doble ñ), el gato de ojos verdes que cuando nos mudamos temporalmente de esta casa donde vivimos hoy, no quiso irse con nosotros. Lógico: los gatos son terriblemente territoriales.

El gato negro es arisco, desconfiado y viril. Camina sereno, misterioso, como quien ha adquirido mucha experiencia para sobrevivir. La mirada es fría, desgastada, quizás por la constantes peleas que ha enfrentado para mantener lejos de su territorio a los otros gatos que asoman de vez en cuando sus narices velludas por aquí. A veces penetra hasta el lugar de comer de la Niña y le roba la comida. O al menos eso creía yo; pero ahora pienso que ella la comparte con él. Y ya no me enojo por eso, como al principio. He llegado a aceptarlo, como se acepta irremediablemente a un yerno.

Niña y Ñiño se siguen el uno al otro

La Niña es todavía una inocentona. Lo sigue al gato negro con una dedicación y fidelidad que a veces me pone nervioso y a veces me despierta la ternura. ¿Está enamorada de él? ¡Quién sabe! Quizás sólo busca la compañía de alguien de su propia especie. Pero el lujurioso gato negro ha tratado de tener avances íntimos con ella y siempre está oliéndole los genitales; pero la pequeña Niña no está en celo aún y no ha pasado nada todavía. O eso es lo que yo creo. (Bueno, los padres son los últimos en enterarse de las «cosas»).

Duermen juntos

Pero es un bello espectáculo verlos juntos caminar, jugar, abrazarse como peleando y acariciándose al mismo tiempo, hacer la siesta con la mayor tranquilidad del mundo y después levantarse a comer, a la par siempre, como dos novios respirando el amor en el aire. 

A veces ella quiere jugar con él y le tira manotasos cariñosos, lo roza con la cola y hace otro montón de jugadas para llamar su atención, y él, mucho mayor que ella, sólo la mira con indiferencia, como si pensara: «¡Qué cipota más virga!». Pero muy en el fondo sé que el gato negro la ama, a su manera; bueno, le ha permitido vivir en su territorio, lo cual es ya una progresión.

Pero mi esposa Érika le dice a la Niña a veces, bromeando y remedando a las típicas madres salvadoreñas de pueblo: «Mirá, Niña, no seás bruta. Ese gato negro sólo quiere preñarte y después te va a dejar abandonada». Y yo me muero de la risa y Érika sigue fingiendo con la expresión de su cara que lo que ha dicho es bien en serio. Y yo continúo riéndome. Pero  después me aflijo y me dan ganas de salir corriendo con la Niña para que le inyecten un anticonceptivo.

El amor está en el aire… La Niña y el Ñiño están viviendo su romance y su paraiso… ¡y qué bien por ellos!

NOTA: si no puede ver ni oir el video, entonces dé un click aquí: http://www.youtube.com/watch?v=NNC0kIzM1Fo&feature=player_embedded

Love is in the air, everywhere I look around. Love is in the air, every sight and every sound. And I don´t know if I´m being foolish. Don´t know if I´m being wise. But it´s something that I must believe in and it´s there when I look in your eyes.
Love is in the air, in the whisper of the trees. Love is in the air, in the thunder of the sea. And I don´t know if I´m just dreaming. Don´t know if I feel sane. But it´s something that I must believe in and it´s there when you call out my name.
Love is in the air
Love is in the air
Oh oh oh
Oh oh oh
Love is in the air, in the rising of the sun. Love is in the air when the day is nearly done. And I don´t know if you´re an illusion. Don´t know if I see it true. But you´re something that I must believe in and you´re there when I reach out for you.
Love is in the air, everywhere I look around. Love is in the air, every sight and every sound. And I don´t know if I´m being foolish. Don´t know if I´m being wise. But it´s something that I must believe in and it´s there when I look in your eyes.
Love is in the air ohh ohhh ;
love is in the air ooh ooh ohh

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

Letra de «Love is in the air», de John Paul Young, extraída de: http://www.letrasymas.com/letra.php?p=sin-bandera-love-is-in-the-air
Textos relacionados:
«Huéfana» :https://oscarperdomoleon.wordpress.com/2010/09/20/huerfana/
«Ñiño y Peludo»: http://mariandanie.wordpress.com/2009/09/03/nino-y-peludo/

 

LAS HORAS, de Michael Cunningham.

Cuando compré y empecé a leer la novela «Las horas», lo hice porque ya había oído decir que la película del mismo nombre, salida a la luz en el 2002, le dio la oportunidad a la actriz australiana Nicole Kidman de ganar un Golden Globe y un Oscar. Aunque no he visto aún el film, sí siento curiosidad de hacerlo, porque la novela es verdaderamente muy buena y me gustaría ver cómo se abordó desde el punto de vista cinematográfico.

El autor de  «Las horas»  es el escritor  y profesor de escritura estadounidense Michael Cunningham, nacido en 1955 y ganador, precisamente con esta novela, de los premios Pulitzer y PEN/Faulkner, en 1999, y del premio Grizane Cavour en el 2000.

A mi parecer «Las horas», de 228 páginas, es un libro denso, en el sentido de la introspección que hace el autor de sus personajes. Cada personaje principal está rodeado de una época y un ambiente específico, y su estudio psicológico está muy bien logrado. La mirada del lector hacia el interior del pensamiento de los personajes, especialmente de los femeninos, está muy bien conducida por Cunninghan. Y hay además un transfondo homosexual (especialmente lésbico) en todo el libro, tocado   (aunque de manera abierta) sutilmente, y reflejado en las tres protagonistas principales. El tema del suicidio es también una constante: se piensa, se analiza, es una opción, se descarta, se ejecuta, se vuelve a analizar…

Toda la acción de la novela se da en el transcurso de un día y las tres mujeres principales de la obra viven en lugares y épocas diferentes; pero están interconectadas por la novela «Mrs. Dalloway», que Virginia Woolf publicara en 1925 . Las personajes principales de «Las horas» son: 1) la escritora inglesa Virginia Woolf, quien en 1923 se encuentra escribiendo precisamente su novela «Mrs. Dalloway». 2) Laura Brown quien, en 1945, es una ama de casa con una aparente felicidad en su matrimonio. Y 3) Clarissa Vaughan, una editora homosexual, independiente, decidida, liberada, que, a finales del siglo XX, cuida de un amigo poeta que está muriendo de SIDA.

Virginia Woolf

La novela inicia cuando Virginia Woolf sale en 1941 de su casa desesperadamente; su esposo, una hora después, encuentra una nota de ella para él que es una despedida y sale apresuradamente también de la casa en busca de ella. Virginia llega al río, se introduce una gran piedra en la bolsa del abrigo y se lanza para suicidarse. Pero el abordaje por parte de Cunningham de este hecho trágico es abordado de una manera muy interesante: no hay aflicción en el suicidio, todo parece un poco surrealista, o quizás más bien, todo parece una pintura impresionista en movimiento, es como si Virginia flotara en el aire en cámara lenta… El escritor consigue darle una belleza inusitada al ahogamiento.

Cunningham se aproxima al suicidio casi de una manera poética; no lo condena, no lo justifica, sólo lo narra y lo expone en qué contexto se realiza. Esto lo lleva a pensar a uno que todos tenemos derecho al suicidio, como lo dijo Jorge Luis Borges en el cuento «Utopía de un hombre que está cansado»: «Dueño el hombre de su vida, lo es también de su muerte». Y algún filósofo dijo alguna vez que toda muerte es básicamente un suicidio, porque una vez la persona se rinde, permite que la muerte se apodere de ella. Por supuesto que todo esto es discutible. Y desde mi punto de vista muy personal, el suicidio no es una solución. Pero todos tenemos opiniones al respecto.

Volviendo a la novela, debemos reconocer seriamente que Virginia Woolf estaba afectada mentalmente. Y el suicidio para ella fue una salida; pero también una consecuencia de su propia enfermedad. Las voces que escuchaba, las cefaleas, su vida como una prisión, su sensación de fracaso y de no ser la talentosa escritora que sí era…

De la misma manera que fue una salida para Laura Brown huir un par de horas a un hotel, simplemente para no estar en su casa, para alejarse de su esposo, de su hijo, de su vecina lesbiana Kitty, de la torta que hizo para el cumpleaños de su esposo, para separarse por un momento de todo ese mundo que no la satisfacía…

Me gustó el final sorpresivo, la manera de interconectar las tres historias y la sobriedad del tono narrativo con que termina el último capítulo Cunningham. «Las horas» es una novela homenaje a Virginia Woolf y a su novela «La señora Dalloway», así como también es un homenaje y un acercamiento, liberado de prejuicios, al mundo gay, a su punto de vista y sus diversas maneras de vivirlo.

Texto:

Óscar Perdomo León

Cita textual extraída del cuento «Utopía de un hombre que está cansado», Borges, Jorge Luis,  «El Libro de Arena», Emecé Editores S.A., 1975, Buenos Aires, Argentina,  p.129
Fotografía de la portada del libro The hours extraída de 1001 libros:http://www.1001libros.com/las-horas-de-michael-cunningham/
Fotografía de Virginia Woolf extraída del blog Kalipedia: http://www.kalipedia.com/literatura-universal/tema/grandes-novelistas-ingleses-modernos.html?x=20070418klplylliu_182.Kes&ap=1

UN POEMA PARA MI PADRE, de Rodolfo Góchez.

Óscar Alfredo Perdomo Escobar (1939-1972) *

Mi padre, Óscar Alfredo Perdomo Escobar, falleció el 05 de diciembre de 1972 de un accidente cerebro vascular, a la prematura edad de 33 años. Cuando pienso que ha pasado tanto tiempo y que yo he sobrepasado la edad que él tenía al morir, no dejo de sentir algo raro e irracional dentro de mí.

Después que mi papá murió, un amigo de él, el poeta Rodolfo Góchez, escribió un poema en su memoria y muchos años después de haberlo escrito, en una de las visitas que hice a su casa, porque yo era compañero en la Escuela de Medicina de su hijo Ricardo, don Rodolfo me lo mostró. Creo que le dije que me gustaría tener una copia; pero por «dejado», como decimos en Atiquizaya, nunca conseguí la copia.

Los poetas Marina Salmán de Cáceres y Rodolfo Góchez

Esto se lo comenté un día a la también poeta Hilda Marina Salmán Góchez de Cáceres y ella me prometió tratar de conseguirme el poema. Y así lo hizo.

Marina Salmán de Cáceres se dirige a la audiencia en el homenaje al poeta Rodolfo Góchez. Al fondo, de izquierda a derecha, sentados, se alcanza a ver a Carlos Saz, Carlos Barraza, Rodolfo Góchez y Mari Barraza Lemus (esposa del poeta atiquizayense premiado).

Cabe aquí mencionar que el 30 de noviembre recién pasado se le otorgó en Atiquizaya, departamento de Ahuachapán, merecidamente el Premio al Mérito «Alfredo Betancourt» al poeta Rodolfo Góchez (premio creado este año gracias a la iniciativa de Carlos Barraza).

De izquierda a derecha: Carlos Saz, Marina Salmán de Cáceres, Chela Bahaia (madre de Carlos Barraza) y el poeta Rodolfo Góchez.

Y a la poeta Marina Salmán de Góchez también se le brindara un homenaje este próximo 01 de diciembre de este año, en la XX Feria Cultural de Atiquizaya.

¡Qué alegría que su propio pueblo, Atiquizaya, reconozca a estos dos valores, humanos y literarios! Un abrazo sincero para ambos y un agradecimiento eterno.

He aquí el soneto que don Rodolfo Góchez escribiera a mi papá, ya hace tantos años:

PARA EL AMIGO AUSENTE

(A la memoria de Oscar Perdomo Escobar)

 

Me cuentan que cruzaste los dinteles

silenciosos y sombríos de la nada,

que apagaste el fulgor de tu mirada

al sonoro tropel de tus corceles.

 

Sin embargo, te veo presuroso

sobre el veloz carruaje de tu anhelo,

con tu melena al viento,  junto al vuelo

de tu destino, en alas caprichoso.

 

¡Qué extraño me pareces en la ausencia!

Y qué pronta y absurda tu ponencia

en el fragor de tu alto meridiano.

 

Me resisto a pensar que todo es cierto,

mas, habré de buscarte en algún puerto

para darte, cordial, siempre esta mano.

Rodolfo Góchez

 

Texto en prosa:

Óscar Perdomo León

Fotografía marcada con asterisco tomada por fotógrafo desconocido en 1958.
Fotografías proporcionadas amablemente por Hilda Marina Salmán Góchez de Cáceres. 
Artículo relacionado: MI PADRE, 33 AÑOS, 32 DÍAS: https://oscarperdomoleon.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=513&action=edit&message=1

PANORAMA DE LA LITERATURA SALVADOREÑA, de Luis Gallegos Valdés.

La literatura es un mundo casi infinito, difícilmente abarcable en su totalidad, aún para aquellos lectores tan ávidos y voraces que se leen un par de libros gruesos cada semana. Y es que cada día salen publicados en todo el mudo, en diversos  idiomas, tantos libros que humanamente es imposible tener acceso a todos ellos. Pero los expertos en literatura celebran, y con razón, a ciertos escritores ya clásicos que deben ser necesariamente leídos. Y sin embargo, siempre va apareciendo por ahí uno que otro escritor talentoso que merece ser ojeado y disfrutado. Aunque si nos atenemos a lo que Borges dijo una vez acerca de que cada libro tiene su lector, pues todos los escritores, «buenos» o «malos», tienen oportunidad de ser leídos. 

Ahora bien el universo literario lo podemos hacer más pequeño, con fines de estudio y conocimiento, sin olvidarnos por supuesto de la literatura universal, si nos ubicamos en cierta área geográfica. Y esto es lo que ha hecho Luis Gallegos Valdés con su «Panorama de la literatura salvadoreña«.

Este libro es de gran utilidad para aquellos amantes de la literatura que, como yo, no han tenido estudios especializados en la materia, así como también para los estudiosos nacionales y extranjeros, que necesitan tener una perspectiva general de la literatura cuzcatleca.

Así que «Panorama de la literatura salvadoreña», del cual poseo un ejemplar publicado por UCA EDITORES  en 1981, abarca un estudio desde el período precolombino hasta el año de 1980.  Es cierto que a partir de 1980 han surgido en El Salvador algunos escritores muy buenos que no han sido incluidos aquí por razones obvias; pero también es cierto que las bases de nuestra literatura nacional están en estas aproximadamente 490 páginas.

Verán aparecer en ellas a dioses de las letras salvadoreñas, como Salarrué, David Escobar Galindo, Claribel Alegría, Roque Dalton y Claudia Lars, por mencionar algunos, así como también a otros mucho menos conocidos y que dieron también su aporte a la cultura nacional.

Su autor, el escritor, catedrático de literatura y diplomático, Luis Gallegos Valdés (1917-1990), obtuvo múltiples reconocimientos nacionales e internacionales por su trabajo literario. Investigador acucioso. Su prosa es deliciosa y educativa, sin digresiones inútiles y a veces con un acercamiento a lo humano en los escritores.

Recomiendo leer «Panorama de la literatura salvadoreña» por el placer que da leerlo y porque nos ayuda a ampliar nuestro marco de referencia con respecto a los literatos del «Pulgarcito de América».

Texto:

Óscar Perdomo León

Caricatura de Luis Gallegos Valdés hecha por Bollani y extraída del blog «Diván del escriba» de Andrés Cruchaga: http://divandelescriba.blogspot.com/2009/05/prplogo-destellos-del-tacto-luis.html
Portada de «Panorama de la literatura salvadoreña» extraída de Librería Legado: http://www.editlegado.com/valdes-luis-gallegos-panorama-literatura-salvadorena-periodo-precolombino-1930-p-246.html
NOTA. Otro de los libros de Luis Gallegos Valdés que me gusta mucho es «Caricaturas verbales«, en donde el autor se explaya muy bien dando a conocer la vida de nuestro gran caricaturista de fama internacional Toño Salazar.

EL LENGUAJE DE LA PASIÓN, de Mario Vargas Llosa.

Ahora que Mario Vargas Llosa ha sido el ganador del Premio Nobel de literatura de este año, se me antoja decir un par de palabras sobre su libro «El lenguaje de la pasión», el cual he leído en dos ocasiones porque los temas que trata son del todo muy interesantes y variados.

El libro está formado por una selección de artículos aparecidos en su reconocida columna «Piedra de Toque», publicados entre los años 1992 y 2000, en  donde Vargas Llosa vierte su opinión sobre  el aborto, cuestiones políticas, arte, etc.  Escritos con un lenguaje directo pero no por eso ausente de gran belleza, su lectura causa un inmenso deleite, aun cuando en algún punto de algún tema uno no esté de acuerdo con Vargas Llosa.

Por uno de estos textos, «Nuevas inquisiciones», Vargas Llosa recibió en España el Premio de Periodismo José Ortega y Gasset en 1998. «Nuevas inquisiciones» trata sobre el dirigente laborista Ron Davies, quien era ministro encargado de Asuntos de Gales en el gabinete de Tony Blair y candidato de su partido a presidir la primera Asamblea galesa. Davis renunció súbitamente después de ser víctima de un robo a mano armada, en donde perdió su carro, su teléfono portátil, su credencial de congresista, su cartera y sus documentos de identidad. ¿Tenía Ron Davis algo de culpa en esto u ocultaba algo? Bueno, pronto se supo, a través del periódico británico News of the world (4 millones de ejemplares de tirada) que Davis había subido voluntariamente al ladrón a su vehículo en Claphan Common, un reconocido parque de levante de homosexuales.

Vargas Llosa analiza el punto de privacidad del ciudadano común y del ciudadano público de hoy, el papel de los tabloides amarillistas y nos explica que «la raíz del fenómeno está en la banalización lúdica de la cultura imperante, en la que el valor supremo es divertirse, entretenerse, por encima de toda otra forma de conocimiento o quehacer.» Y concluye, Vargas Llosa: «La prensa sensacionalista no corrompe a nadie; nace corrompida, vástago de una cultura que, en vez de rechazar las groseras intromisiones en la vida privada de las gentes, las reclama, porque ese pasatiempo, olfaterear la mugre ajena, hace más llevadera la jornada del puntual empleado, del aburrido profesional y la cansada ama de casa. El ex ministro Ron Davis no fue víctima de la maledicencia reporteril, sino de la frivolidad, reina y señora de la civilización posmoderna.»

Vargas Llosa habla de otros temas muy interesantes, como la eutanasia, en «Una muerte tan dulce»; sobre lo que representa para Brasil y el mundo el Carnaval de Río, en «La erección permanente»; sobre «el más respetable político vivo de nuestro tiempo», en «La isla de Mandela»; sobre el racismo y la xenofobia en España, en «Los pies de Fataumata»; o en el vibrante artículo «Resistir pintando», en el que habla sobre Frida Kahlo; para mencionar sólo algunos de los temas que figuran en «El lenguaje de la pasión», un libro definitivamente muy recomendable para ser leído.

De Vargas Llosa se dice que es un liberal en cuanto a temas como el aborto, los derechos de la mujer, el matrimonio entre homosexuales y la eutanasia; pero que es un conservador en temas económicos, como en la tan proclamada sabiduría del mercado para autorregularse, sin la necesidad de la regulación estatal.   Sin embargo, Vargas Llosa tiene derecho, como cualquier otro ciudadano, a creer en lo que quiera. Yo tengo la impresión que él siempre ha defendido la libertad de elección y la libretad de expresión, cosas con las que estoy de acuerdo con él. Pero su derecho a creer en lo que cree es harina de otro costal. Yo espero que el Premio Nobel de Literatura se le haya concedido a Mario Vargas Llosa no por sus ideas que influencian a tanta gente en el mundo, sino especial y principalmente por su  vasta obra literaria, de innegable calidad. Espero que el Nobel de Literatura 2010 lo haya ganado por el gran novelista que es.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía de Mario Vargas Llosa extraída de:
http://ovario.files.wordpress.com/2009/09/mario_vargas_llosa1.jpg
Fotografía de la portada de «El lenguaje de la pasión» extraída de: http://www.libros.universia.es/libro-COMENTARIOS-REALES-INCA-GARCILASO-DE-LA-VEGA/9788470398551/portadas/9788466369169_04_n.jpg

 

UN ALUD INEVITABLE

Lo que yo no sabía es que después de esas fiebres delirantes que tuve cuando tenía 10 años, me iba a estrellar con fuerza, un par de años después, contra una avalancha inmensa y llena de colores y sonidos, ritmos y contrapuntos, un alud intenso pero suave del que nadie escapa si está a su alcance: Los Beatles.

Era 1976 y mis ojos y mis oídos estaban fascinados con su música. Hacía seis años que los Cuatro Fabulosos se habían separado; pero para mí era como si apenas fuera 1967 y una explosión de genialidad y originalidad recién estuviera emergiendo, y yo sentía como si «La banda del club de corazones solitarios del sargento Pimienta» fuera la novedad más grande en el mundo.

Yo compartía  esa música con amigos y, como me lo hacían ver -o, más bien, escuchar y sentir- los músicos Mario Romero Cárcamo y Carlos Romero Cárcamo, «A day in the life» traía una batería tan novedosa, que Ringo daba cada golpe  tan bien pensado o, mejor dicho, tan bien sentido y con tanta intuición y sabiduría que nos lanzaba con toda serenidad en la cara  que muchas veces «lo menos es lo más» (algo que deberían aprender los bateristas novatos).

El álbum «La gira mágica y misteriosa» me gustaba completito y «Strawberry fields forever» y «All you need is love» eran como himnos en mi cabeza. Y aunque yo era prácticamente un niño-adolescente pueblerino que no usaba drogas, que había escuchado relativamente muy poca música popular y académica, sí podía con seguridad apreciar los múltiples colores que traía la música beatle. Sus melodías las veía en mi cabeza danzando en gráficos, como en un plano cartesiano: las negras, las corcheas y las redondas subían y bajaban dentro de una lógica muy bella y casi matemática.

Y fue así como de pronto me vi, junto a otros amigos, con una guitarra al hombro y tratando de componer canciones, dejándome crecer el cabello, «mechudo», como bien lo describió alguien, y exponiéndome ante un público deseoso de escuchar algo nuevo.

Luego siguió Queen, Yes y mucha música popular latinoamericana, como Serrat, algo de marimba guatemalteca, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa  y otros. Y de ser un grupo de pop-rock, pasando después por un rock progresivo, mis amigos y yo llegamos a ser intérpretes de música sencilla y popular, con un aire folklórico, con un aire de son, pero con canciones originales.

Y los tiempos cambiaban en nuestro país, quizás para peor, y mis amigos y yo cambiábamos también (espero que para mejor) y al final terminamos separándonos, caminando cada quien hacia su propio destino. Y los sueños, como cada adolescente ingenuo desde los años ´60, de ser como Los Beatles,  se nos rompieron en el camino.

Y nuevos descubrimientos reventaron en mi cara. La Medicina me abrazó fuerte y era ella mi novia celosa y absorbente. La vida universitaria, los días y las noches en los hospitales,  y nuevas luchas me arrastraron, también como un alud inevitable, por senderos donde, sin darme cuenta, quedó perdida mi juventud musical…

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía de la portada del álbum «Sgt. Pepper´s Lonely Heart club band» extraída de:
http://ideasdebabel.files.wordpress.com/2007/09/sargent-peppers.jpg
Fotografía de la portada del álbum «Magical mystery tour» extraída de: http://beatlesysolistas.blogspot.com/2009/11/los-beatles-portadas-de-albumes-10.html
ARTÍCULOS RELACIONADOS
«Honor y fiebres»:
https://oscarperdomoleon.wordpress.com/2010/08/12/honor-y-fiebres/
«El otro lado de Abbey Road, de George Benson»: https://oscarperdomoleon.wordpress.com/2010/10/14/el-otro-lado-de-abbey-road-de-george-benson/

EL OTRO LADO DE ABBEY ROAD, de George Benson.

Portada del álbum «Abbey road», de The Beatles.

Hace poco acaba de pasar el aniversario del nacimiento de John Lennon (09 de octubre de 1940) y estuve escuchando música de él como solista y también de los 4 Fabulosos y así llegué, como en una cadenita, hasta un disco que tenía algún tiempo de no escuchar: «El otro lado de Abbey Road«, de George Benson.

En 1969  Los Beatles habían grabado y sacado a la luz uno de los más maravillosos discos que hayan hecho juntos: «Abbey Road«; era como si esos cuatro genios de la música quisieran dejar como despedida una verdadera obra de arte. Y es que, aunque el álbum «Let it be» salió en 1970, había sido grabado antes que el «Abbey Road», es decir, que el «Abbey Road» fue en verdad  la última grabación que hicieron juntos (mientras estaba vivos). El álbum contiene algunas de las más recordadas y bellas composiciones de Los Beatles, como «Something», «Golden slumbers» o «Here comes the sun»; sin embargo creo que todas las canciones de este álbum merecen ser oídas, como el popurrí de ocho canciones unidas de más o menos 16 minutos de duración o como «Come together».

Lo increíble es que George Benson grabó y editó su propio álbum el mismo año que salió el original de Los Beatles, es decir, en el año de 1969. (El «Abbey Road» fue lanzado el 26 de septiembre y «The other side of Abbey Road» fue grabado entre el 22 de octubre y el 02 de noviembre de 1969). 

Pero las versiones de Benson, que son un grandioso homenaje a los genios de Liverpool y en un estilo jazzístico muy bien elaborado, también están llenas de mucha originalidad.

Se me erizan lo vellos del cuerpo al volver a escuchar cantar a George Benson «Golden slumbers», con ese arreglo tan bien hecho, con esa voz intensa  y dulce con la que inicia su álbum, con ese fondo de cuerdas tan elegante. La versión original, cantada por Paul McCartney, es una de mis favoritas del «Abbey Road»; y la versión de ella que hace Benson está a la altura de la calidad y la sensibilidad de la original. También es interesante lo que hace Benson con las otras composiciones, como «Something», que está muy bien construida con una delicada guitarra y numerosos acordes adicionados, después de los cuales se puede apreciar la improvisación de George Benson con la guitarra, con lo cual se siente su fuerza jazzística.

Creo que en Jazz, George Benson siempre ha sido un improvisador genial. Sus descargas guitarrísticas tienen un sentido muy melódico, muy musical; lo que quiero decir es que el orden de notas en sus improvisaciones parecen ser melodías muy elaboradas, como si no las estuviera inventando en el momento. Me encantan.

Participan en la grabación, junto a George Benson, otras grandes figuras del Jazz, como Bob James, Herbie Hancock y Ron Carter, entre otros.

Es muy recomendable que todos escuchen «The other side of Abbey Road«, especialmente aquellos fanáticos de Los Beatles que ya conozcan previamente esa obra de arte musical llamada «Abbey Road«.

Para terminar los dejo con un video de la composición de George Harrison «Here comes the sun», interpretada en vivo por George Benson, que aunque no es igual a la grabación de estudio (le faltan lo violines, etc.), tiene lo delicioso de la interpretación en vivo y un toque funky al final.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía de The Beatles extraída de:
 http://web.tiscali.it/abbeyroad_experience/
Fotografía de la portada de Abbey Road tomada por Ian MacMillan y extraída de:
http://www.coveralia.com/caratulas/The-Beatles-Abbey-Road-Frontal.php
Fotografía de la portada de «The other side of Abbey road» extraída de:http://www.musthear.com/music/wp-content/uploads/2008/10/other-side-abbey-road.jpg

EROTISMO Y SEXO

El erotismo, sin que sea confundido con pornografía, es una fuerza que toca con intensidad una fibra interna  en los hombres y en las mujeres. Y en el caso de algunos dibujos tan artísticos, sensuales, de unos ojos masculinos que miran a la mujer, como los del peruano Alberto Vargas, el erotismo roza con algo que podríamos llamar poesía visual.

Pero no sólo sobre un papel o sobre el lienzo de un pintor podemos hallar arte. Algunas mujeres son tan bellas en persona que nos hacen admirarlas y fantasear sobre ellas. Pero no es tanto el «físico perfecto», al que nos tienen condicionados los medios de comunicación masivos mundiales, que es como un alud en donde tales o cuales medidas son «las correctas» o esta o aquella raza es «la mejor». Es más bien la actitud provocativa, la seguridad al caminar o al hablar, es la mirada impetuosa que puede quemar a los hombres más fríos, la breve, pero muy breve pose de sincera altanería para pasar inmediatamente a una sonrisa sensual…

…es el aroma, el movimiento de una mano al tocarse el cabello, la entonación de la voz y la risa…

La sonrisa es un punto crucial en cualquier relación; pero en especial la sonrisa espontánea puede ser una arma erótica muy eficaz.

Las manos y los pies bien cuidados, las uñas ligeramente largas en las manos, bien recortadas en los pies, son como brillantes y perlas eróticas en las mujeres bellas.

El erotismo es el puente sinuoso y divertido que conduce al sexo. Y una vez que lo cruzás, podés alcanzar la parte más deliciosa del sexo, que es cuando te entregás con ganas a tu pareja. Y esa sensación de delicia se incrementa cuando estás enamorado de tu mujer. Entonces es cuando soltás las inhibiciones, como quien deja escapar un ramo de globos, y te sumergís en la búsqueda de la satisfacción de tu novia o de tu esposa, y de vos mismo además, tratando de despertar y atrapar la empatía, la intuición, la ternura…

…para que poco a poco crezca y crezca hasta que se eleve a un estado en donde dos se convierten en uno, física y espiritualmente. Es algo tan intenso y gratificante que la delgada línea entre el amor dulce y la lujuria salvaje parece desvanecerse, todo se mezcla, todo se esparce, y todo se vuelve a mezclar, las emociones y las secreciones, las miradas y los quejidos…

El placer de poseer. El amor fluyendo en mil direcciones…

Texto:

Óscar Perdomo León

 Dibujos hechos por Alberto Vargas, extraídos de: http://www.terra.com.pe/php/galeria/hechoenterra/galeria.php?ad=true&slideshow=0&galeria=75383&foto=21&volver=
http://www.terra.com.pe/php/galeria/hechoenterra/galeria.php?ad=true&galeria=75383&slideshow=0&foto=16&volver=
http://www.terra.com.pe/php/galeria/hechoenterra/galeria.php?galeria=75383&foto=10