COSECHA LATINA, grupo musical salvadoreño.

El tiempo que duró el grupo musical Cosecha Latina fue muy corto y sin embargo produjo música de mucha calidad. Aunque en años relativamente recientes hubo cierta reunificación e hicieron un par de grabaciones más. Los integrantes que fundaron esta banda fueron los ex Zuncas Mario Romero Cárcamo y Carlos Romero Cárcamo. También ex Zuncas fueron algunos de sus otros miembros, como Ernesto Buitrago y José Tulio Pineda.

Al deshacerse esta agrupación, algunos de sus integrantes formaron la Generación Latina, que persiste hasta el momento.

Yo tuve el privilegio de formar parte de Zunca, pero no de Cosecha Latina; sin embargo sí tuve la oportunidad de colaborar con una de sus composiciones.

Es conveniente mencionar que los hermanos Romero Cárcamo, junto a su hermano menos, Juan Carlos Romero Cárcamo, Chambla Elías, Ernesto Buitrago y otros magníficos músicos, recientemente han fundado el grupo de jazz Proyecto Acústico.

Pero bien, en homenaje a la buena música, esta vez quiero que escuchemos dos temas buenísimos de la Cosecha Latina, grabados en diferentes épocas.

El primero es una canción grabada en 2005 que se llama MUJER; música compuesta por Carlos Romero y letra escrita por este servidor de ustedes.

El segundo tema es TE ENCONTRARÉ grabado en 1994; música y letra de Walter Cárcamo y Mario Romero. Esta composición se acompaña de un vídeo muy bonito, rodado en La Luna y dirigido por Salvador Lemus.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de: DIABLOS LOCOS SALSA VIDEOS

LA CASA DEL LABERINTO

Cuando llegué a la entrada de la casa donde me reuniría con Omega, mi viejo amigo, me detuve un poco y miré la puerta de madera. Dudé. No sabía si regresar a mi casa o tocar. Después de unos segundos decidí sonar la aldaba, pero la mano atravesó la puerta de humo y me fui de bruces. Me levanté en el acto y miré para todos lados. Me di cuenta que esta casa la conocía bastante bien. Quizás demasiado. Era una casa de pueblo, grande, con ladrillos de piso viejo y manchados por el tiempo, pero limpios. La sala tenía siempre los mismos muebles, esos donde muchas veces nos sentamos a ensayar con nuestros instrumentos musicales. Hice una pausa y con los ojos cerrados pude escuchar otra vez la música, nuestra música, la que compusimos cuando soñábamos con ser como Los Beatles. Abrí los ojos y regresé al presente y la vieja radiola donde oímos por primera vez el Abbey Road estaba intacta; sobre ella estaba la añeja fotografía en sepia donde Omega, de 8 meses de edad, iba sentado en un pequeño coche de bebé, que era empujado por mis brazos y mi fuerza de apenas tres años de edad. Seguí con mi búsqueda y mi amigo no estaba en la sala.

Me fui caminando con paciencia, entrando y saliendo de cada habitación, llenas todas de recuerdos, de olores añejos, de muebles viejos pero bien conservados. Todas las memorias que llegaron a mis cinco sentidos me hicieron sentir que muchas cosas tenía yo en mi alma y que el tiempo no había pasado en vano. Pero la ausencia de mi amigo me reventó en la cara como un dolor sin piel y sanguinolento. La última vez que lo vi, se iba del país, buscando despierto un sueño lejano como el horizonte. Recuerdo que, parcos, nos despedimos con la incertidumbre entre las manos…

Caminé hacia mi lugar favorito, el patio, con sus baldosas de pequeños cuadros grises, su árbol de granada y su laberinto de plantitas de flores rojas, largas y delgadas como gusanos peludos. Corté una granada y me la comí. En la estaca estaba la lora de siempre, cuyos ojos de pupilas negras que se contraían y dilataban me escrutaban con fervor. Dejé de sentir miedo. Me sentí cómodo, como si ese fuera mi hogar. Pero sé que no vine hasta aquí a deleitarme con este sitio. Vine porque de alguna manera mi amigo me llamó y yo acudí porque siempre fuimos así, leales y amigazos desde niños. Desde muy niños. Miré para todos lados y mi amigo no estaba tampoco en el patio.

De pronto, Omega salió de la antigua bodega y me miró con tristeza. No me habló ni yo le pude hablar. Ya no había palabras que decir. Una densa niebla se escurría lenta en el laberinto del patio.  Sentí, de la misma manera que la última vez que nos despedimos, que una distancia grande se había abierto entre él y yo, y que los niños y jóvenes que fuimos se habían muerto ya en el pasado y sólo quedaban, dentro del laberinto rojo, estos cadáveres vivos -¡alejados el uno del otro!- que somos ahora.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de: http://www.google.com.sv/search?hl=es&q=laberinto&gs_sm=e&gs_upl=3883l5923l0l9l9l0l3l3l0l422l1103l2-1.1.1&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&tab=wi&biw=1280&bih=699

EL SALVADOREÑO CARLOS MARTÍNEZ GANÓ EL PREMIO ORTEGA Y GASSET

Leí hace un par de semanas el reportaje periodístico por el que fue premiado con el Ortega y Gasset Carlos Martínez, periodista de El faro. net,  y quedé sumamente impresionado. El reportaje es claro y con una narración muy fluida e interesante. Profunda. Mete la nariz y los ojos hasta en los sitios y las circunstancias más inverosímiles, pero reales, que tienen tristemente lugar en El Salvador.

Escalofriante, espeluznante es la realidad salvadoreña. Y Carlos Martínez ha sabido retratarla efectivamente. Carlos nos conduce por los vericuetos salvajes, las pruebas y las historias que esconden los esqueletos mutilados, extraídos, arrancados de la tierra, y lo hace a través de la narración de como Israel Ticas, el único criminalista de El Salvador -¡en un país en el que ocurren 11 homicidios diarios!-, busca implacablemente en la tierra los cadáveres de las víctimas diarias de este infierno de violencia.

Los familiares de las víctimas lloran, piden, buscan, deambulan como zombis en pena, pero ya no piden justicia en este país que se las ha negado, sólo tratan de encontrar aunque sea los restos de sus hijos, sus maridos, sus hermanos…

También se puede apreciar lo lejos que está El Salvador de dar una respuesta positiva, de solución verdadera, a esta espiral de exceso de crueldad mortal, que es como una peste negra que nos envuelve. Y se revela también, a través del reportaje, la escasez de recursos que hay en la Fiscalía General de la República para resolver la inmensa cantidad de homicidios.

El reportaje tan acertado y galardonado escrito por Carlos Martínez se llama El criminalista del país de las últimas cosas.

Texto:

Óscar Perdomo León 

Fotografía extraída de El Faro.
Pueden ver aquí unas fotos de la premiación que se llevó a cabo en Madrid, España y a la que asistió Carlos Martínez como ganador.
Y hay un vídeo muy interesante también aquí.

EL MAR. Un poema de Roque Dalton.

En un momento cuando ya no se puede creer en ningún político salvadoreño, ya sea de izquierda o de derecha, en un año en que la economía y el tejido social salvadoreño han sufrido una degradación enorme, nos aferramos a las figuras que mantuvieron, mientras estuvieron vivas, una conducta fiel a sus ideales. Amamos a aquellos que hicieron cosas bellas y elevadas, mientras otros traicionaban al ser humano o desperdiciaban su vida en labores superfluas.

Por eso en este nuevo aniversario, que es el  número 76 de su nacimiento y el número 36 de su asesinato, volvemos los salvadoreños a recordar a Roque Dalton (1935-1975).

En su memoria, yo transcribo aquí, literal, uno de sus más bellos poemas: «El mar», escrito en la Habana, Cuba, en 1962.

Óscar Perdomo León


EL MAR

A tati, Meri, Margarita, con quienes compartí una ola…

I


Hay grandes piedras en tu oscuridad tempestuosa
grandes piedras con sus fechas lavadas por tu sombra
porque hasta el sol de día cómese tu sombra                                                                              cruje en el frío despidiéndose del aire                                                                                                  que no se atreve a penetrarte.

 Oh! mar donde los desesperados pueden dormir                                                                                arrullados por explosiones impasibles                                                                                   alfabeto del vértigo paisaje diluido que los muros envisten                                                           las gaviotas y la espuma de los peces son tu primavera                                                                   la furia es una pirámide verde                                                                                                               una resurrección del fuego más agudo tu clima                                                                                   tu mejor huella sería un caracol                                                                                           caminando  con pasos de niño el desierto

(Amé siempre esas poblaciones disímiles                                                                                             al parecer robadas de las manos del mar                                                                                               pequeñas villas junto a la arena                                                                                                     puertos escandalosos en la ebriedad del salitre                                                                         caseríos tiritando entre la niebla llena de corales                                                                       grandes ciudades titánicas frente a las tempestades humilladas                                                 aldeas de pescadores ciegos bajo un faro de aceite                                                                 factorías acechantes entre los manglares con un largo cuchillo

Valparaíso como una gran cascada en suspenso                                                                               Manta Puná puertos del Ecuador que me negaron las hojas                                                           Buenaventura aromática como un gran puerto sucio                                                                     Panamá con los ojos punzados por la depravación                                                                           Cartagena siempre aguardando a los piratas hambrienta                                                             Willemstadt náufraga en los dominios del petróleo                                                                           Tenerife y su dulce copa de vino                                                                                                   Barcelona bostezando entre los bancos y los carabineros                                                             Nápoles bellamente tumefacta                                                                                                               Génova Leningrado Sochi La Guaira Buenos Aires                                                                           Montevideo como una margarita                                                                                                             Puerto Limón Corinto                                                                                                                             Acajutla en una lenta playa de mi patria                                                                                       todos mirándose en el espejo grave que surcan los delfines                                                         apartando como un sable veloz                                                                                                                 las infinitas espigas de esmeralda.)

II

…sal de los sacrificios…
García Lorca

Si la noche rescata su cúpula de fósforo                                                                                               y tus perdidos maonstruos bajo el rayo se arrugan                                                                      los  peces desatados son diez rápidos niños                                                                                    que maduran profundos el himno de la escama

El oxígeno muerto sobre los minerales                                                                                       cuando pasa un desfile de hipocampos dorados                                                                enturbia el agua verde con su herida maldita                                                                    mientras prosigue sordo el rito de los pulpos.

Sal de los sacrificios vecindad corrosiva                                                                                           luz sin fuego mordiente quemadura licuada                                                                             pálida sangre antigua de corriente furiosa                                                                                donde los ahogados resucitan su fiebre

El mar el mar entierra su salada noticia                                                                                                el mar devora sordo la solar quemadura                                                                                            el mar alza su rostro su cicatriz al cielo                                                                                                 el mar recae roto al cuido del abismo

En los embarcaderos nos engaña el aroma                                                                                        de las algas vencidas de los peces amargos                                                                                       el mar no es un cadáver es un sueño azotado                                                                                  un móvil laberinto donde tiemblan los astros

ESTUARIO

Hoy has bajado desde el monte negro                                                                                             otra vez sin tu lámpara.

(Vienes a mí en sigilo de dulce delincuente                                                                          evadiendo las miradas curiosas de la aldea                                                                                        la envidia de las viejas hundidas en el calor                                                                                    los gritos de los niños tratando de prenderse de tu frescura.)

Nos hemos quedado desnudos mirándonos en la suave oscuridad

recordando los viejos días que siempre renacen en la sangre                                                      y a la hora de amar hemos sido tiernos como nunca                                                                 poblados de pequeñas palabras como nunca                                                                             todos nuestros sentidos abiertos como una flor al sol.

He despertado antes del amanecer                                                                                                          y veo que ha quedado la forma de tu cuerpo                                                                                  retenida en la almohada.

Y he salido a lavarme con el agua de la lluvia de anoche                                                                  y se me ha olvidado cantarle a las gaviotas                                                                                como todos los días…

III

Un barco cargado de                                                                                                                                  tedio                                                                                                                                                                     un barco cargado de grupos taciturnos                                                                                       escapando con muerta lentitud a las mandíbulas del sargazo.                                                    En la proa cortamos el gran muro del aire                                                                              silenciosos estamos pensando en el país                                                                                        donde el amor quedó temblando en su primera soledad.                                                          Los libros están húmedos de sal                                                                                                              y el agua desde aquí parece una gran plaza desértica.                                                              ¡Qué jerarquía la de su soledad azotada!                                                                                                ¡La de su fría desnudez de piedra negra                                                                                                  que allá en el horizonte languidece en los brazos del viento!

ESTUARIO

Ha terminado el amanecer de los nadadores. No estoy comprometido.                             Yo solamente abro la ventana                                                                                                                   para que os venga la gran rosa del yodo                                                                                                la más diseminada la violenta rosa                                                                                                      que es aquí todo y en todo establece su tacto.

Cuando os veo desnudos amándoos bajo la leve sábana                                                                -temblorosa mirada bajo los párpados cerrados-                                                                          Sé que no es sólo este mundo de borde marino                                                                            este filoso olor a sal caliente                                                                                                                      lo que me enrostra las húmedas añoranzas.

Nunca debí dejarla ir.

Lo siento más en ciertos domingos como este domingo once                                                    en que no os importa al final presencia                                                                                                y copuláis largamente                                                                                                                        furiosamente bajo la leve sábana                                                                                                temblorosa mirada bajo los párpados cerrados.

IV

El día en que el padre pez prolonga su castigo en el aire                                                                  el día en que se arriesga en el aire letal                                                                                              prendidas a su última escama restos de algas                                                                                       restos de pálidas algas amarillas                                                                                                sobrevientes a no sé cuál sumergimiento                                                                                            el día en que mi herida se detiene en la orilla de la espuma                                                         al margen de su agresión diseminada de sus volátiles                                                        dientecillos                                                                                                                                                      el día en que la marisma es el horizonte                                                                                        volcada en su ebriedad la rosa de los vientos                                                                                      no se puede                                                                                                                                                      no se puede sino pensar en los laberintos que debemos                                                              en los hondos secretos que nos enmarañan el corazón.

Y no caben los exorcismos es el vacío pleno                                                                                      el desasosiego en medio de la humedad poderosa                                                                  todas las preguntas se van al fondo de los huesos                                                                             y ahí se quedan como las estaciones de año desgraciado.

Ni el sumum de las huellas podría amotinarse                                                                          a contrasombra se nos duerme la sed                                                                                                   y sólo la desnudez de las palomas resuena                                                                                         en el oído que se confiesa hastiado de los golpes.

(Cómo quisiéramos ir hasta la raza de la clava hasta el murmullo                                          seguro se sí mismo en la intimidad subterránea                                                                                ¿pero cuál llave cuál cerrojo besar                                                                                                            que no nos venda a las facciones del guardián                                                                             con qué amargura echar toda la suerte que nos queda                                                                     sin que nos haga resbalar en sus traidores                                                                                  vástagos resurgiendo de la ceniza?)

El mar y el momento son por ahora indescifrables.

Bebamos                                                                                                                                                      bebamos un vaso de este ron difamado                                                                                    alejémonos hacia la altura de la playa                                                                                                de este playa cuya arena es el cadáver de un mármol corrompido                                            y preparémonos para responder al sueño que vendrá.

Mayo de 1962.
Poema «El mar» extraído de: Dalton, Roque,  NO PRONUNCIES MI NOMBRE, poesía completa I, Colección Orígenes, No. 18, Dirección de Publicaciones e Impresos y CONCULTURA, San Salvador, 2005,   «El Mar», p. 517-527.
NOTA: Roque Dalton nació un 14 de mayo y fue asesinado un 1o de mayo (día de la madre.)
Enlaces de artículos relacionados y muy interesantes, que están en el Archivo Digital Roque Dalton, del periódico ContraPunto:
LA TRAGEDIA DEL HEREJE, escrito por Horacio Castellanos Moya.
EL INTELECTUAL «PENSANTE» VERSUS EL INTELECTUAL «OPERATIVO». EL DISCURSO ANTIINTELECTUAL EN EL «PROCESO» DE ROQUE DALTON, escrito por Luis Alvarenga.
LA RETÓRICA EN DALTON, escrito por Álvaro Rivera Larios.
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VIDEO sobre la exposición de Roque Dalton en el MUPI.

Imágenes extraídas de: http://www.google.com.sv/search?tbm=isch&hl=es&source=hp&biw=1280&bih=699&q=roque+dalton&btnG=Buscar+im%C3%A1genes&gbv=2&aq=f&aqi=&aql=&oq=

AQUEL NIÑO

La primera vez que aquel niño se vio a sí mismo, o por lo menos la ocasión primera que ha quedado grabada en su memoria, fue cuando se miró en los ojos de su padre. Quizás tenía 4 ó 5 años y no podía todavía pronunciar bien las erres. Su papá lo cargaba en brazos y le sonreía.

Le gustaba correr y jugar de cosas de fantasía. Cuando se metía dentro de un juego, de verdad lo vivía con un entusiasmo muy grande. El juego era más real que la realidad misma. A veces se metía en la máquina de coser de su mamá y jugaba que manejaba el vehículo de su papá.

Tenía un hermano menor y se desesperaba que él durmiera por la tarde, porque no podían jugar juntos, así que se dirigía a la cuna de su hermano y la movía con toda su fuerza para despertarlo. No lo hacía por molestar. Ya era travieso por naturaleza.

Una vez, cuando tenía aproximadamente como 6 años, estaba jugando en el parque San Juan y un niño mayor que él, como de 12 años de edad, lo golpeó varias veces en la cara. No recuerda por qué pelearon. Regresó llorando a su casa y su papá le preguntó por qué lloraba. Le contó todo. Su papá se acurrucó frente a él, lo miró directo a los ojos y le dijo:

-No le tengás miedo nunca a nadie.

Cuando cumplió 10 años tuvo por primera vez en sus brazos a una dama de curvas pronunciadas y se enamoró de ella. Era una guitarra anaranjada y pequeña, muy sonora y afinada.

Unos días después una memoria imborrable se quedó con él para siempre: su padre yacía en un ataúd frío.

La guitarra sonó triste.

Nunca ha sabido bien cuando dejó de ser él aquel niño. Quizás fue a los 12 años de edad, el día en que miró por primera vez con malicia, y quizás con lujuria, las piernas de una amiga de su madre.

Entre los 5 y los 12 años hay sólo 7 cortos años; pero un mundo casi infinito se encierra en ese tiempo, que demasiadas  cosas se han quedado fuera de esta página.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de:
http://www.conmishijos.com/dibujos/Nino_jugando_con_una_cometa_1_g.gif