CONCEPTOS ERRÓNEOS SOBRE EL ATEÍSMO. La opinión de Sam Harris

Este interesante vídeo me lo encontré hace poco. En él, el escritor Sam Harris (Estados Unidos, 1967) nos muestra en breves palabras, algunos de los conceptos erróneos que mucha gente “religiosa” tiene a cerca de los “ateos”.

Además, les traigo aquí el enlace de uno de los libros escritos por Sam Harris sobre el tema religioso: «Carta a la nación cristiana» (2006).   (En inglés, no encontré una versión en español.)

(NP) Sam Harris – Letter To A Christian Nation

No voy a llenarlos con palabras innecesarias mías, los dejo, pues, inmediatamente con el vídeo «Conceptos erróneos sobre el ateísmo».

Texto:

Óscar Perdomo León

COMEDIA PARA PENSAR. Homenaje a Giordano Bruno

Iglesia de Candelaria, San Salvador

Creo que a todos nos gustaría ver a nuestros políticos, encumbrados en una discusión civilizada, con argumentación verdadera y con un buen flujo de ideas. Pero esa es casi una utopía en nuestros días, especialmente durante las campañas electorales. Y si los criticamos por sus torpes planteamientos, inmediatamente somos acusados de “poco patriotas” y de otras falacias de las cuales ellos son especialistas en inventar.

Pero dejemos a los políticos a un lado y vayamos hacia los filósofos, los sociólogos, los científicos, etc. De ellos esperamos tesis firmes que nos hagan pensar y nos convenzan de «sus verdades». Pues les digo que en verdad todavía hay en El Salvador mucha falta de libertad de expresión, porque cualquiera que lance argumentos contrarios a la vox populi o contrarios al poder reinante, será visto peyorativamente y con desprecio.

¿Y por qué escribo este día sobre argumentos y libertades? Porque este pasado 17 de febrero se han cumplido 413 años desde que la Iglesia Católica llevó a la hoguera a Giordano Bruno.

Monumento a GIORDANO BRUNOMonumento a Giordano Bruno, en Colombia.

¿Y quién era este hombre?

Giordano Bruno fue un astrónomo, religioso, filósofo y poeta europeo. Nació en Nápoles en 1548; fue encarcelado en 1593 durante ocho años, acusado de blasfemia y, finalmente, fue quemado vivo por la Santa Inquisición el 17 de febrero de 1600, después de encontrarlo culpable de herejía, por el hecho de creer en el panteísmo; además, como astrónomo, había propuesto en aquellos días que el sol era sólo una estrella más y que el universo contenía un gran número de estrellas similares (algo que se ha demostrado fehacientemente en la actualidad).

Es decir, Giordano Bruno fue un libre pensador, un innovador de ideas que, en contraposición a la religión, nos ha dejado un legado de libertad de pensamiento.

Fe es la virtud de creer en algo sin pensar, y la religión promueve precisamente eso, la fe. Y como humanidad, hemos llegado a un punto en que hemos alcanzado la capacidad de destruir el mundo, con armas, intolerancia, odio, violencia y contaminación ambiental. Así que este no es un buen momento para que la humanidad no piense. Este es el momento de inclinarnos hacia la ciencia y buscar el beneficio real para nuestra especie y para todas las especies con las que compartimos el mundo.

Pero estas ideas a veces son difíciles de asimilar para muchos.

Ahora bien, cuando encontramos ideas rebosantes de energía y verdad detrás de un buen chiste o la ironía de un comediante, entonces, además de divertirnos, reflexionamos fácilmente sobre «algunas verdades» que se nos han dicho desde que éramos niños.

Por eso he querido este día compartir con ustedes el arte de dos comediantes, ambos integrantes de la llamada «comedia de pie»; uno es el irlandés Dave Allen (6 de julio de 1936-10 de marzo de 2005) y el otro es el estadounidense George Carlin (12 de mayo de 1937-22 de junio de 2008). El primero es irónico, pero suave para descubrir la inocencia y la hipocresía. El segundo, es decir Carlin, es más rudo y directo para expresar sus ideas, pero sin dejar a un lado, por supuesto, la ironía, la cual por momentos se vuelve un claro sarcasmo.

Los dejo, pues, en honor a Giordano Bruno (y con mi más sincera displicencia por la renuncia del Papa), con estos dos comediantes, muy diferentes en su estilo, pero similares en su manera de pensar en cuanto a la religión.

ENSEÑANDO RELIGIÓN A LOS NIÑOS. Dave Allen.

SOBRE RELIGIÓN. George Carlin.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía del momumento a Giordano Bruno extraída de http://www.facebook.com/SinDioses.org; fotografía de la iglesia de Candelaria, de San Salvador, tomada por Óscar Perdomo León.

INTOLERANCIA, ATEÍSMO Y RELIGIÓN

A este país, El Salvador, lo amo mucho. Aquí he vivido mi vida, toda mi niñez me la pasé en un pequeño pueblito y esos recuerdos los tengo guardados en un lugar muy especial de mi mente. En esta tierra también he conocido a los mejores amigos que alguien pueda tener, entre ellos ateos y creyentes en Dios, a quienes quiero y respeto (y a quienes nunca he discriminado por sus creencias). Y por si fuera poco tengo a una madre muy buena, dos hermanos –muy solidarios conmigo- que amo de verdad, dos hijas muy inteligentes y una familia inmensa que siempre llevo en mi corazón. No puedo dejar de mencionar que en el lugar menos pensado de este país encontré también a la más bella de las mujeres, que ahora es mi esposa. Por todo lo anterior vivo agradecido cada día, muy agradecido.

Pero eso no me impide ver la descomposición social que hay en nuestro país, su violencia y su pobreza, ni me cierra los ojos a los grandes problemas filosóficos que siempre han afligido a la humanidad.

Estoy convencido que la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad sobre las preferencias sexuales y el respeto a la vida, son los pilares para tener y desarrollar una sociedad en donde la felicidad y la justicia sean siempre los dos diamantes que poseamos todos.

Sin embargo, todo lo anterior no es algo que realmente exista y de lo que pueda sentirme orgulloso en El Salvador. Hay demasiadas personas con sus mentes cerradas y viviendo con ideas de la edad medieval. Hay también demasiados políticos y dirigentes con sus instintos egoístas llevados al máximo exponente y totalmente ajenos a buscar el bienestar de la población. Viéndolo desde esta perspectiva, mi país pareciera ser una intensa escena macabra, como la más vívida y brillante pesadilla que podamos tener.

Haber crecido bajo la educación religiosa y recibiendo cada día la idea de que hay un Dios que todo lo ve, que todo lo sabe y que castiga los pecados, no es nada novedoso ni raro en El Salvador. Y en realidad nuestra sociedad salvadoreña está tan saturada de pensamiento mágico-religioso que si usted osara pensar y decidir dejar atrás la creencia de Dios y la religión (cualquiera que sea ésta), entonces vería con seguridad las olas gigantes de intolerancia caer con fuerza sobre usted.

Y vienen entonces las palabras de siempre: “¿Cómo es posible que alguien sea ateo?” “¡No hay personas que no crean en algún dios!”  “¡Los ateos son malos!”  Bueno, es difícil establecer una comunicación sana o un debate verdadero y respetuoso cuando los lenguajes que cada uno de los dos interlocutores están usando son diferentes y la intolerancia ha contaminado ya todo el ambiente.

La intolerancia es algo inherente en muchas de las personas religiosas. Debo aclarar también, con toda justicia, que hay otros creyentes en Dios que en general tienden a ser un poco más tolerantes con los ateos.

¿Qué es un ateo? Lo explicaré en la forma en que yo lo entiendo y lo experimento. Bueno, en esencia, ser ateo es ser alguien que no cree en la existencia de Dios, o que no cree en Dios de la manera usual en que se cree. Podría ponerlo así: Dios existe, sí, pero en la mente de las personas. Porque fue ahí donde se creó a Dios o a los dioses. En otras palabras, y redundando un poco, Dios no creó al ser humano, sino al contrario, el ser humano creó a Dios (o a los dioses que sean).

Los Mayas y en general todos los pueblos prehispánicos, así como también los pueblos antiguos de Europa, Asia, etc., crearon sus dioses con el objetivo de dar explicación a lo que no tenían la capacidad de dar explicación. De esta necesidad nacieron en la mente de los antiguos seres humanos Tonatiuh, Zeus, Baal, Yahveh, etc.

Los misterios de la naturaleza son inmensos y, por supuesto, nadie está obligado a saberlo todo. Si nos vamos, por ejemplo, a la educación, veremos que hay profesores que se inclinan hacia alguna rama de ésta en especial, como podría ser la biología o la literatura, por mencionar dos de ellas. Los conocimientos generales que tenemos de esas ramas (los que no somos profesores) son mínimos, pero si quisiéramos adentrarnos en ellas, en estos tiempos modernos, podríamos hacerlo, asistiendo a una universidad y hasta estudiando de una manera autodidacta. ¿Se imaginan al ser humano de dos mil o más años atrás tratando de explicarse algunas reacciones químicas que apenas en el siglo pasado los científicos les encontraron explicación? O imagínense a los remotos pueblos buscándole explicación a la lluvia o a la salida del sol. O piensen en las antiguas culturas que creían que la tierra era plana y pensaban que este mundo era el centro del universo. ¿A qué método recurrían estos seres humanos para explicarse los fenómenos de la naturaleza? El método científico no existía, es decir, el método que exige evidencias para comprobar que algo es cierto. Pero lo que sí existía en los tiempos antiguos (y también en los  actuales) era la imaginación. E imaginar un dios o varios dioses ha sido algo muy relacionado a la esencia humana. Por eso todas las culturas antiguas crearon sus propios dioses. Y con ellos también la intolerancia.

Era típico de esas culturas decir: «¿No creés en mi dios? Entonces te mato.» Y de ahí las famosas Cruzadas de los católicos o la Guerra Santa de los musulmanes, que a fuerza de espada y sangre trataban de convertir a su fe a sus adversarios. No hay que perder de vista que esa actitud de tan primitiva intolerancia no sólo tenía un trasfondo religioso, ideológico o político, es decir, de poder, sino también un interés económico. Asimismo fue impuesto, con violenta saña y sin ninguna consideración, el Cristianismo en la América hispana. La espada ensangrentada y la quema de los libros sagrados de los indígenas, se encargaron de establecer la religión Católica y la esclavitud. ¡En todo lo anterior, no veo el amor por ningún lado!

Pero volviendo a la pregunta ¿qué es ser ateo?, puedo decir que ser ateo para mí significa que no necesito tener miedo de un infierno ni necesito del soborno del cielo para hacer el bien a las demás personas. Ser ateo es no vivir esperanzado en una vida después de la muerte, porque aunque quisiera vivir para siempre, reconozco que la naturaleza no funciona así. Ser ateo es respetar a mis semejantes, porque el humanismo nos hace mejores personas.

Ser ateo para mí también ha significado sentirme rechazado por algunas personas cuando he confesado mis creencias. (Bueno, pero eso no importa, si alguien me rechazó o me rechaza por eso, es que de veras yo no valgo nada para ese alguien.)

Ahora bien, encontrarnos con que esta intolerancia sigue viva ahora –vivita y coleando- en pleno siglo XXI, es realmente una vergüenza para toda la especie humana. Podríamos decir que no hemos avanzado nada y que seguimos viviendo en las cavernas.

Confieso y aclaro sinceramente que este escrito no es ningún intento de convertir al ateísmo a nadie. Definitivamente no es esa mi intención. Insisto y repito que creo firmemente en la libertad de culto, en la libertad de expresión y en el respeto hacia el resto de seres humanos que pueblan este planeta. Mi intención ha sido solamente una: denunciar la intolerancia.

Para terminar, los dejo con este vídeo en donde la escritora Ayn Rand (1905-1982) expone sus ideas sobre el ateísmo de una manera tan clara que me parecen muy razonables.

Texto:

Óscar Perdomo León

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Imagen extraída de Google.