JORGE “EL MÁGICO” GONZÁLEZ AL SALÓN DE LA FAMA

Jorge el Mágico González

De Jorge “El Mágico” González se han hablado muchas cosas; pero una cosa en la que todos coinciden es que Jorge ha sido uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo. Este día quiero en mi blog hacer mi homenaje particular al “Mágico” y decir que me siento honrado de tener a un compatriota genio del fútbol.

Me siento obligado a confesar que no me considero un gran aficionado del fútbol; pero por supuesto de vez en cuando veo uno que otro juego en la televisión. He ido unas cuantas veces al estadio en todo mi vida y puedo agregar que generalmente veo los juegos que cada cuatro años presentan a los mejores equipos del mundo.

Al “Mágico” lo vi en persona hace tiempos corriendo en las afueras del estadio Cuscatlán y no me aguanté las ganas de gritarle: “Mágico”, a lo que él me respondió con un saludo de la mano y una sonrisa.

Muchos años después, fui al estadio Jorge “Mágico” González (antes conocido como estadio “Flor Blanca”) a ver el juego de despedida profesional de Jorge. (Recuerdo que me acompañaba una amiga irlandesa que había venido a conocer El Salvador.) Sin embargo, tuvo Jorge muchos otros juegos después de eso, como algunos para recolectar fondos para alguna institución de caridad o el juego que tuvo junto a Maradona cuando éste vino a El Salvador.

Para quienes no lo hallan visto, los dejo, pues, con el video de la ceremonia en donde “El Mágico” fue incluido este año como el primer centroamericano en entrar al Salón de la Fama del fútbol.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía extraído de Google.

EL FÚTBOL, COMO TODO, TIENE SU LADO POSITIVO Y SU LADO NEGATIVO

Ha iniciado otra vez una nueva temporada de fútbol en donde dos de los involucrados, el Real Madrid y el Barcelona, son vistos en mi país como dos dioses deportivos. Quiero aclarar que no tengo nada en contra del fútbol, un deporte que me gusta mucho; durante mi niñez y mi adolescencia lo jugué bastante (sin embargo el deporte que me enamoró fue el baloncesto, el cual practicaba casi todas las tardes con varios amigos del pueblito).

Habiendo puesto en claro que no soy enemigo del fútbol, me gustaría decir que me siento aturdido con el nivel de entusiasmo que puede generar en mi país la batalla entre dos equipos de fútbol tan lejanos a nosotros en geografía e idiosincrasia. Me molesta de verdad escuchar que alguien me pregunte: “¿Con quién va usted, con el Barcelona o el Real Madrid?”

Las ventas callejeras no se hacen esperar y se aprovechan de esta situación. Bien por ellos.

Es bueno tener uno sus preferencias en música, en deporte o en lo que sea;  me parece muy bien que vean los partidos de la liga española y que aprendan de su buen fútbol; pero me parece el colmo del absurdo poner todas nuestras esperanzas y todo nuestro amor en dos equipos foráneos.

Los fanáticos del fútbol nacional aparecen emocionados en los alrededores de los estadios salvadoreños con cada temporada en donde el Metapán, el Águila, el Fas, etc. se enfrentan una vez más y eso lo veo más natural (toda vez que no se excedan en su apoyo al equipo de sus amores con tontas peleas).

Pero se generaliza cada vez más y más entre los fanáticos salvadoreños el apoyo fiel a dos equipos de la liga española. ¿No sería este un tema interesante para sociólogos o antropólogos? Quizás esta conducta ocurre porque somos ciegos, porque no miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta que aquí también en El Salvador hay buenos jugadores y hay grandes artista y hay héroes…

Pienso que la falta de identidad, de amor hacia lo nuestro, nos lleva a seguir con tal fanatismo a estos dos equipos de fútbol. Y así, en cada partido entre el Barça y el Real Madrid, los restaurantes y cervecerías se llenan de borregos disfrazados con camisetas de su equipo favorito.

Vergonzosamente, muchos de estos fanáticos no saben ni siquiera donde queda España, como lo muestra el vídeo subido a YouTube el año pasado (que les dejo abajo).

Este es uno de los lados más negativos del deporte en mi país, en donde el fútbol sólo sirve de somnífero para olvidar nuestra cruda realidad y mantener y mostrar una ignorancia que raya en lo ridículo.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Érika Valencia-Perdomo