LA BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO NO ES SUFICIENTE

TUMBA DE MONSEÑOR ROMERO. Fotografía por Óscar Perdomo León

Puede ser que la beatificación de Óscar Arnulfo Romero les dé completa satisfacción a los católicos (aunque estoy seguro que no a todos los católicos).

Sin embargo para aquellos que no son católicos o para aquellos que no son creyentes, la beatificación de Monseñor Romero no tiene un gran significado, si detrás de toda la ceremonia, ritos, platillos, coros y tambores, la impunidad de su muerte es todavía una cicatriz vergonzosa y dolorosa para el sistema de justicia de El Salvador.

No niego que el hecho de que el Vaticano lo nombrara beato, ha sido ciertamente una aceptación y confirmación de la gran condición moral que Monseñor Romero manejó durante su vida.

Pero es importante no perder de vista por qué se le nombró beato. Porque no fue por “un milagro”, sino por su martirio.

¿Y por qué fue martirizado Monseñor Romero? Pues porque tuvo la valentía de denunciar las injusticias en un El Salvador convulsionado por un clima político represivo y violento. Y eso que él hizo, en aquellos días tan aciagos, lo llevó a cabo con el más sincero amor hacia los desposeídos, hacia los que siempre han estado marginados de la educación y los beneficios de la justicia.

Y esos mismos desposeídos son los que ahora, todos los días, «ocho días a la semana», se largan huyendo de El Salvador, buscando las oportunidades que este país no les brinda.

La beatificación de Monseñor Romero no es suficiente.

La beatificación de Monseñor Romero no es suficiente porque su asesinato, como los de muchos otros, aún está en la impunidad. Y los encargados de hacer justicia, continúan con los brazos cruzados, sólo mirando como el baño de sangre sin castigo, continúa manchando a nuestro querido El Salvador.

Escrito por

Óscar Perdomo León

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Fotografía: Tumba de Monseñor Romero, tomada en el año 2009 por Óscar Perdomo león.
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MONSEÑOR ROMERO Y ROQUE DALTON COMPARTEN ALGO MÁS QUE EL MES DE MAYO

Monseñor Romero 2 - copia

En los días de la guerra civil salvadoreña (1980-1991), mencionar a Roque Dalton y a Monseñor Oscar Arnulfo Romero estaba tácitamente prohibido. Las fuerzas de la derecha política y quienes se identificaban con esa ideología miraban con muy malos ojos a quienes se expresaran bien de Romero y de Dalton; la gente que sentía cariño sincero o curiosidad hacia ambos, leían clandestinamente sus homilías y sus libros de poesía, respectivamente.

Cuando se firmaron los Acuerdo de Paz en 1992 empezó a haber más apertura para el conocimiento de estos dos personajes; sin embargo las personas más conservadoras siempre tuvieron mucho recelo hacia ellos.

En mayo de 2015, como una feliz coincidencia, se han unido estos dos salvadoreños universales que, desde diferente perspectiva, se pronunciaron contra la impunidad y la injusticia imperante en El Salvador. Y es que este mes nos trae el 10 de mayo, fecha en que Roque Dalton fue asesinado, el 14 de mayo, fecha de su nacimiento, y el 23 de mayo (de 2015), fecha de la beatificación de Monseñor Romero.

Monseñor Romero, ferviente creyente, fue asesinado cuando él era la máxima autoridad de la Iglesia Católica en El Salvador; él pensaba que no se podía hablar “del amor de Dios” sin hacer de este mundo un lugar más justo y equitativo. Dos semanas antes de su muerte dijo en una entrevista: “He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decirle que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño.”

Romero recibió una bala mortal un día después de pronunciar las siguientes palabras: “Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: ´No matar´. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”. (Homilía dominical, 23 de marzo de 1980).

Afiche de Roque Dalton

Roque Dalton, poeta, no creyente, y eternamente enamorado de la idea de ver -también- un El Salvador más justo y equitativo, fue asesinado por sus compañeros de lucha (el ERP) bajo acusaciones falsas y en un “juicio” turbio y amañado. En su lucha por la justicia, Dalton había sufrido cárcel y exilio en numerosas ocasiones. Durante sus años más productivos, literariamente hablando, publicó libros en varios países, y ganó el prestigioso premio de Casa de las Américas.

Roque Dalton había escrito: “Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre, porque se detendría la muerte y el reposo. (…) Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.  Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta. No dejes que tus labios hallen mis once letras. Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.”

Monseñor Romero y Roque Dalton comparten hoy no sólo el mes de mayo, sino también el hecho que sus asesinatos tienen un origen político y de poder. Ambos fueron asesinados también debido a la intolerancia. Dalton y Romero comparten, desafortunadamente, además, las hieles de la impunidad. Ninguno de sus asesinos han sido acusados y llevados a juicio, y la injusticia, en El Salvador, brilla como una lámpara macabra, que hace cada día más y más, de este país, una vergonzosa y desacreditada sociedad.

Escrito por

Óscar Perdomo León

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Fotografías por Óscar Perdomo León. La fotografía de Monseñor Romero fue tomada a la entrada del Museo Monseñor Romero, ubicado en el hospital Divina Providencia, en San Salvador. La fotografía de Roque Dalton es la de un afiche sacado por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, CONCULTURA, y entregado en un concersatorio que se llevó a cabo en el auditorio de la Universidad Centroamericana UCA (San Salvador); era la primera vez que una organización gubernamental se pronunciaba sobre Roque Dalton.

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Les dejo aquí el documental ROQUE DALTON, EL POETA GUERRILLERO, narrado por el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II. Muy bueno. Se los recomiendo.

NOTA: Una advertencia: cuando aparece hablando el poeta Ricardo Castrorrivas, ponen, equivocadamente, el nombre de Dagoberto Gutiérrez.

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Y les dejo además esta entrevista a Carlos Dada, director del periódico digital El Faro, en donde se habla sobre la muerte y los asesinos de Monseñor Romero.

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IMPUNIDAD EN EL SALVADOR

Pederasta y pedestre

En estos últimos meses hemos visto en El Salvador como en algunas resoluciones de jueces, en casos que resultan emblemáticos, el castigo no corresponde con el delito. Por ejemplo, el trato que recibió el ex Presidente Francisco Flores (después de ser prófugo de la justicia), es decir, darle arresto domiciliar (aunque 13 días después la Primera Cámara de los Penal revocó tal medida).   (Hay que decir que un cierto avance ha habido con el hecho que un ex Presidente sea llevado a juicio; aunque -y disculpen mi pesimismo- sospecho que el desenlace será como el de otros casos de gente con poder, en el que la justicia queda mutilada a mitad del camino.)

Otro ejemplo, en donde el castigo no corresponde con el delito, es la condena de 144 horas de trabajo comunitario que recibió el ex Ministro de Salud después de la desaparición de una millonaria cantidad de dinero que se iba a usar para la construcción de varios hospitales.

El manejo y la evolución de estos dos casos linda mucho con la impunidad.

Y si nos vamos a un pasado no muy lejano, encontraremos una cantidad casi infinita de asesinatos y otros delitos en que los culpables nunca han sido siquiera perseguidos.

Y los salvadoreños nos sentimos indignados, sí.

Pero, ¿no será que esa cultura de la impunidad está metida hasta en la médula de nuestra identidad, de nuestra manera de ser?

Esa falta de intensidad por querer abrazar la verdad y la honestidad carcome todo nuestro tejido social.

¿No hay deshonestidad en los padres que inculcan a sus hijos que robar, cuando hay oportunidad, es “viveza”?

¿No hay deshonestidad en el gobierno y en los dirigentes religiosos que colaboran con pandilleros?

¿No creen que algo podrido se ha gestado en nuestra sociedad cuando ya no hay diferencias entre los políticos tradicionales que siempre han defendido el privilegio de unos pocos y entre aquellos políticos “revolucionarios” que decían luchar por una sociedad más justa?

La impunidad es tan dañina porque manda un mensaje general: Cometan los delitos que quieran, que de todas maneras aquí las leyes no funcionan.

Me duele decirlo, pero los salvadoreños de alguna manera, nos vemos reflejados en aquella película de Luis Estrada: La ley de Herodes.

Como escribió un amigo en Facebook: «Este es el país en el que lastimosamente vivimos, donde el bueno muere y el malo vive en la impunidad….»

Pero aun así, sigo creyendo que una de las principales soluciones para los graves problemas de El Salvador es la educación. La niñez necesitan aprender verdaderos valores.

Hoy que estamos en el mes de “la independencia patria”, en muchas escuelas le enseñan erróneamente a la niñez que amar a su patria es salir a desfilar el 15 de septiembre. ¡Qué equivocados están algunos profesores! ¿Quieren de verdad enseñarles algo grande a sus alumnos para toda la vida? Den a ellos una motivación intensa y sincera para amar el conocimiento.

Hacer patria es aprender y practicar los valores de la puntualidad, la responsabilidad, la honestidad, el respeto hacia los demás y el deseo de querer aprender algo nuevo cada día.

Escrito por

Óscar Perdomo León