NADA HA SIDO MÍO

 

Nada ha sido mío.

 

Hay un sordo resplandor que late y me susurra que sólo un abrir de ojos ciegos es la vida.

 

Inspiro oxígeno y exhalo palabras. Un eco lejano me dice que la vida y la muerte son dos caras de la misma moneda.

 

Sólo la poesía ha podido hacerme entender que existe la grandeza humana y que en la oscuridad unos versos de Ricardo Lindo o de Borges pueden ser un consuelo y una luz.

 

Y en la travesía del dolor, una nave, con mágico resplandor y bautizada como música, me ha llevado a lejanos lugares donde la tristeza y la alegría, las lágrimas y la risa, se mezclan con el asombro y la belleza.

 

Nada ha sido mío. Sólo sostengo con amor y firmeza este báculo de escepticismo, como quien sostiene una bandera universal, pero eso sí, sin altanería; sólo con la convicción de que la inmortalidad no es más que una ilusión vana; y que la intolerancia y el racismo son los trajes de la ignorancia; y que la vida pasa con la brevedad de un suspiro y un parpadeo.

 

Nada ha sido mío, nada, a no ser la convicción de que la poesía vive en la música, y la música, en la poesía.

 

Escrito por

Óscar Perdomo León

***

Fotografías en el collage: muchacha desnuda tomada por John McNairn. Las dos muchachas vestidas son autorretratos de Desireé Delgado. Las fotografías donde estoy tocando el bajo eléctrico, fueron tomadas por Saúl Phillips. La fotografía de Ricardo Lindo, tomada por Óscar Perdomo León.

***

SOY DESAFINADO

Sí, lo sé. Soy desafinado.

Y por eso mi vida se tuerce por recodos que pocos recorren y soy «raro», como me lo dijo alguien. Mi corazón no logra mezclarse y sentirse cómodo en este mundo y su maldad.

Soy desafinado porque mi falta de musicalidad se compensó con el amor inmenso que tengo para dar.

Soy desafinado porque un señorón caprichoso -que muchos dicen que existe-, un señor «todopoderoso» que, sordo y ciego, no atiende el clamor de nadie y permite las masacres y las violaciones de niños y niñas en todo el mundo, quiso que yo no fuera cantante.

Pero me río en la cara de todos y canto, porque me hace feliz.

Por eso, cierren las ventanas y las puertas. Y pónganse algodones en los oídos. No me importa.

Siempre hay un lector para cada libro, una canción para cada oyente y un abrazo abierto para quien lo quiera.

Escrito por

Óscar Perdomo León

***

***

LLUVIA

LLUVIA

Cae la lluvia

y el musgo verde

crece,

aferrándose a mi pecho.

 

Cae la lluvia

y mis ojos miran

al niño que fui,

caminando entre los ríos diminutos

de la calle.

 

 

Las gotas gigantes revientan

en el suelo

y el insecto descuidado

huye despavorido.

 

Yo elevo mi rostro al cielo,

abro la boca

y me trago

las ínfimas gotitas.

 

Cae la lluvia

y todo vuelve,

todo vuelve…

 

Cae la lluvia

y las flores

ríen

a carcajadas de miel.

.

Escrito por

Óscar Perdomo León.

***

 

UN LEJANO VECINO

 

Si los jardines en tus labios

me dan palabras

como flores,

si tus manos

crean universos

como dioses evolucionados,

el hastío

nunca

podrá tocarme.

 

Ahora sé que las arenas del mar son casi infinitas,

por eso las olas en mi cabeza

juegan su vaivén delirante.

Gracias a ello

el hastío para mí

es un planeta

frío e invisible.

 

Mientras existan estrellas para viajar,

ojos para deleitarse,

música para sumergirse

y corazones para explorar,

el hastío será siempre,

para mí,

ese lejano vecino

desconocido.

***

Escrito por

Óscar Perdomo León

***

TRANSPARENTE

Hay una barca

que recorre los mares agitados

de mi mente.

Es una barca con la fantasía

de tripulante.

 

Me río del presente,

lucero de la naturaleza;

y me río del futuro,

inabarcable como la lluvia y el viento. Sigue leyendo

EFÍMEROS INMORTALES

Te cuento que en el silencio y la soledad

puedo ver y escuchar

mi interior.

 

Hay un universo sigiloso

en mis ojos cerrados.

 

Y mirá como son las cosas,

junto a tus manos puedo saborear,

con los ojos

entreabiertos,

el placer

de observar mil universos.

 

Y aunque somos tan efímeros los humanos,

-el tiempo corre, vuela y se nos va-

las palabras y las acciones

quedan,

oportunamente,

en los libros

y en la memoria

de la humanidad.

 

La música es una manera de silencio.

Y sin embargo, la música está llena de palabras,

calladitas y tácitas,

que fluyen

con facilidad

y que suenan en el lenguaje

que entiende

nuestro corazón.

 

Por primera vez en mucho tiempo

siento que mi pecho descansa.

El tiempo gris quedó atrás

y puedo sonreír.

 

Y  los trozos de promesas rotas

que cayeron sobre mí

como granizos helados,

sirven hoy para armar un universo nuevo.

 

Nada es igual que antes,

afortunadamente.

***

Escrito por

Óscar PerdomoLeón.

***

Fotografía por Saúl Phillips.

Foto trabajada por Óscar Perdomo León.

***