
You may say I´m a dreamer,
but I´m not the only one.
I hope someday you´ll join us
and the world we´ll be as one.
John Lennon.
El hecho que haya más neuronas en nuestro cerebro que estrellas en el cielo, debería ser un motivo para maravillarnos. Y al quedarme pensando en semejante información no me explico cómo puede haber en el mundo gente que ocupe ese grandioso órgano de inteligencia y creatividad para ejecutar el mal. Y entendamos el mal, como aquellos actos que dañan física y psicológicamente a uno mismo o a los otros; es pues todo acto que injurie la dignidad del ser humano.
En El Salvador el mal reina como un soberano prepotente: el tornado de la violencia parece crecer y crecer cada día que pasa, y no se ven señales contundentes de esperanza en cuanto a que esto cambie.
Pero la violencia no inicia en la calles, la violencia la aplicamos en nuestros hogares, contra nuestra pareja, contra nuestros hijos, contra nuestros vecinos.
Además la maledicencia entre los profesionales y los artistas es una cosa muy común. Es triste lo que ocurre al interior de algunos gremios, por ejemplo entre abogados, médicos, escritores, pintores, músicos, etc., en donde se realizan intrigas enfermizas, para destruir a los otros o para tratar de conseguir relevancia. Es violencia psicológica y social.
Ahora bien, la violencia física en las calles es una fiera mucho más terrorífica y con diversos rostros. La delincuencia común y organizada es capaz de matar a cualquiera por robarle un reloj barato o un teléfono celular. Y las pandillas han encontrado en la extorsión y en el actuar como sicarios, una forma de vida.
Las pandillas, cuyo origen está en la putrefacción de nuestra sociedad, en la degradación de los valores de convivencia sana, reclutan cada vez con más frecuencia miembros tan jóvenes, que podemos ver, casi con incredulidad, niños con la inocencia perdida, asesinando fríamente y sin remordimientos. Estamos en una sociedad enferma psicológicamente.
La falta de apoyo emocional de parte de sus padres es crucial para los muchachos pandilleros. La irresponsabilidad de sus padres y madres es medular en este asunto. Los jóvenes se unen a las pandillas porque encuentran en ella el sentido de pertenencia, “el amor”, que les fue negado en su propia familia. Y todo esto se ha desarrollado más con la finalización de la reciente guerra civil.
Audivisuales UCA hizo hace poco un interesante documental en donde se habla sobre el olvido y la falta de atención psicológica de la población post guerra; lo pueden ver siguiendo este enlace http://www.youtube.com/watch?v=k3mb_rqNmS8
Las causas económicas tienen su influencia marcada también en la formación de pandillas. No conseguir trabajo y que se les ofrezca una manera parasitaria y “fácil” de conseguir dinero es un punto muy importante. El hambre es un estímulo fuerte.
Ver por el noticiero a diario la nota roja que mancha a nuestro país es decepcionante. Hace un par de días se asesinó a sangre fría a un joven padre junto a su hijo de dos años. ¡Dos años! Es un acto tan absurdo que es difícil digerirlo.
Y mientras tanto la noticia de moda de la semana es que los “honorables” diputados de nuestra Asamblea Legislativa tienen como mínimo 6 empleados contratados en las ya famosas “plazas fantasmas”. Pero esto que no nos asombre. Es una tradición histórica. Es la cultura arraigada en muchos salvadoreños de que hay que ser “vivo” y a la menor oportunidad debe uno aprovecharse del puesto político para beneficio propio y nunca para el provecho de los demás.
El mal en El Salvador proviene desde sus mismas raíces. El pensamiento peyorativo y de desprecio de los empresarios gigantes, pasando por los políticos de todos los colores, hacia las grandes mayorías, es un hecho innegable que viene desde los tiempos remotos de nuestra formación como país. A nadie le interesó ni le ha interesado, ni cree necesario que la gente común y corriente merezca y tenga un empleo bien remunerado.
Y lo más grave ha sido el descuido en la educación, que nos convierte en un país inundado de ignorantes, que muy poco puede competir con los países que van en camino al desarrollo integral de su población. La gente pobre y buena parte de la clase media se siguen marchando de aquí en busca de verdaderas oportunidades a otros países.
El mal lo tenemos en nuestras entrañas, aunque nos duela reconocerlo. Ahora estamos cosechando, salvadoreños, lo que hemos sembrado.
¿Tendrá solución este infierno? Yo creo que sí; pero no vendrá esa solución de nuestros “líderes” políticos ni religiosos. Esa solución tendrá que salir de dos vertientes:
1-De un cambio sustancial en la estructura social y en la repartición de la riqueza. Este es un lío tan grande como tratar de detener una ola gigante con las manos. Pero ha habido en la historia de la humanidad significativos ejemplos de cosas que parecían imposibles y que hoy son tan reales y cotidianas, que hasta las ignoramos.
2-De nuestros hogares, educando a nuestros hijos con valores de honradez, de servicio al prójimo, de deseos de superación, de amor. De estas nuevas generaciones saldrá verdaderos líderes que conduzcan hacia caminos de progreso a nuestro país.
No lo verán eso mis ojos. Pero espero que sí lo hagan los bellos ojos de mis tataranietos…
Texto y fotografía:
Óscar Perdomo León