SUEÑO 1

SUEÑO 1

Camino flotando en un mundo que no conozco. Hay verdes y azules por doquier. De golpe me veo sentado frente a ella. Estamos sentados a una distancia como de medio metro. Ella está de muy buen ánimo. Sonríe luminosa, mientras levanta una ceja y me mira, con ese su gesto tan lleno de amor propio.

Luego despierto dentro del sueño y sigo soñando, y me voy feliz, dentro del sueño mágico, a contarle  todo a mi hermana Wendy. Ella -mi hermana- se muestra muy feliz. Y todo se desvanece.

Estaba soñando con Bea,

en un sueño ubicuo

dentro de otro ensueño.

(15 de enero 2020).

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BILLETES CON UN VALOR EXTRA

Copia de Laura y Beatriz Suchitoto 18 y 19 junio 2007 052

Las cosas materiales del mundo tienen su valor práctico. Y por eso o por codicia, uno se apega mucho a veces a esas cosas. Y el dinero, que es tan útil, puede también llegar a ser nuestra perdición.

Pero de lo que realmente quiero hablar aquí no es de la codicia, sino de un sentimiento más bello, un sentir que es, de hecho, todo lo opuesto.

Dos anécdotas.

1-Hace muchos años yo había salido a caminar con mis hijas Laura y Beatriz. Hablábamos de muchas cosas. Y en medio de la plática yo dije, casi pensando en voz alta, que me faltaba todavía un poco de dinero para comprar algo. Y mi hija Beatriz, que tendría para ese entonces unos 5 ó 6 años de edad, abrió su carterita de juguete y me dijo: Sigue leyendo “BILLETES CON UN VALOR EXTRA”

ALGUNOS RECUERDOS DE NIÑEZ. LA FELICIDAD (tercera parte)

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LA FELICIDAD

Cuando era niño, nunca relacioné la felicidad con las comodidades de un hogar ni, como lo suelen hacer muchas personas, con el dinero.

Para mí la felicidad consistía en correr libremente, saltar, trepar árboles, cantar…

Sólo era un niño, una edad, una época. Yo era entonces sólo la simplicidad de ser.

No importaban en lo absoluto las apariencias o la lucha interminable por tratar de sobrevivir el día a día, como pasa en el mundo de los adultos.  En la niñez, las cosas simples como el sabor de una fruta en la boca o acostarse boca arriba en la grama del parque para mirar las formas de las nubes, era en realidad la felicidad.

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Junto a Mario, mi hermano menor.

La felicidad era tener a mi hermano Mario junto a mí,  siempre listo para jugar conmigo. La felicidad era mirar a mi hermana Wendy intentando dar los primeros pasos cuando cumplió un año de edad. La felicidad era mirar a mi mamá tranquila, sentaba en una mecedora leyendo un libro. La felicidad era que mi papá me llevara a Ahuachapán sólo para invitarme a una hamburguesa en “El Parador”. La felicidad era pegarle con ganas a una piñata.

La felicidad era tener papá y mamá.

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o

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La felicidad era deslizarnos en patines. Arriba y abajo: mi hermano Mario.

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¿Podemos ser un poco felices hoy que somos adultos? ¿Cómo encontrar la felicidad?

Bueno, tener la felicidad para siempre es imposible, porque en verdad es sólo un estado emocional que, como todo en el universo, cambia a cada momento. Podemos quizás aspirar a una cierta serenidad.

Pero creo que, aunque el ser adulto es otra etapa en que hay nuevos intereses y responsabilidades, un buen consejo para ser feliz  sería mirar de vez en cuando hacia nuestra niñez y aprender de ella.

Escrito por

Óscar Perdomo León

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