DRON, una novela de Mauricio Orellana Suárez

Dron, una novela de Mauricio Orellana Suárez

Esta semana les traigo una recomendación para leer.

De entrada lo que más me llamó la atención de esta novela fue su lenguaje no atado a convencionalismos. El escritor va exponiendo de una manera muy interesante su historia y de pronto sus reflexiones y/o comentarios, mostrados en un tamaño de letra menor, se incorporan de una manera fluida al relato, por lo que la línea narrativa y el lenguaje se vuelven muchísimo más ricos. Hay muchas otras técnicas también interesantes en esta novela, las cuales el lector sin duda disfrutará.

Dron, la última novela de Mauricio Orellana Suárez, es una obra publicada por la Editorial Los sin pisto, una propuesta surgida en El Salvador. Sigue leyendo “DRON, una novela de Mauricio Orellana Suárez”

LOS CIEN AÑOS DE SOLEDAD DE GARCÍA MÁRQUEZ

Gabriel-García-Márquez

Creo que «Cien Años de soledad» ha sido uno de los libros más grandes y maravillosos que se haya escrito jamás. Cuando me tropecé con él la primera vez, me quedé flotando como en otro mundo, totalmente extasiado, iluminado por la historia y por su manera de ser contada. Sus múltiples personajes, como Melquíades, Úrsula Iguarán o José Arcadio Buendía, a quienes llegué a amar y a recordar y a recordar, aun con el largo paso del tiempo, tenían algo inusual, porque a pesar de haber miles de millones de libros en el mundo, son pocos los personajes que se quedan grabados en la memoria colectiva del tiempo.

Y así, de esa misma manera, aprendí a amar al escritor Gabriel García Márquez, sin conocerlo personalmente, pero sintiéndolo cercano, admirándolo, respetándolo. Si sólo hubiese escrito «Cien años de soledad», habría bastado para que yo lo recordara por siempre. Pero el prolífico escritor nos ha dejado a todos un inmenso legado literario, no sólo en cantidad, sino en calidad.

Entrar sin previo aviso a «Cien años de soledad» y leer las las primeras palabras, es como colisionar con el universo y el tiempo, y descender en caída libre hasta un mundo mágico y extraordinario: Macondo.

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.»

¡Hermoso! En las primeras dos frases estamos en el futuro y, después de la segunda coma, viajamos automáticamente hacia el pasado, hacia los primeros días de la mítica ciudad de Macondo.

Cien años de soledad

Cuando he releído alguno de los capítulos de esta novela, siempre he tenido descubrimientos gratos, y he vuelo a sonreír y a llorar entre sus páginas. Cien años de soledad es una fuente inagotable de vida, muerte, magia e ilusión.

El jueves 17 de abril, mientras hacíamos con mi esposa Érika una visita domiciliar a una paciente, escuchamos por la televisión que había muerto el gran Gabriel García Márquez. Su muerte nos impactó y nos dolió. Cuando regresábamos en el carro a nuestro hogar, mi esposa y yo no pudimos evitar derramar, casi en silencio, unas lágrimas.

Hay pesar en Latinoamérica y en el mundo entero. 

«Cien años de soledad» seguirá viviendo en mi corazón hasta mis últimos días y mi último respiro. Y estoy seguro que vivirá también en los corazones de las generaciones venideras.

Texto:

Óscar Perdomo León

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Para quien quiera leer completa la novela «Cien años de soledad», lo puede hacer aquí, dando un clic al siguiente enlace: CIEN AÑOS DE SOLEDAD Gabriel García Márquez.

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EMPATÍA EN LA LECTURA

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ESCRIBIR

 

 

LA MANO DE FÁTIMA. Una novela de Ildefonso Falcones

Un buen escritor crea interés de lectura desde las primeras tres o cuatro líneas de su libro. Pero un gran escritor hace que uno lo siga por 955 páginas, el número de páginas de «La mano de Fátima» de Ildefonso Falcones, las cuales leí con mucha comodidad. La trama de la novela, aunque ficticia, en su médula está basada en la verdadera historia de la expulsión de los musulmanes de España entre los años 1599 y 1614; se podría decir entonces que es una novela histórica.

El protagonista principal es Hermando, un joven nacido de la violación consumada por un cura católico en una mujer morisca, de nombre Aisha.

Es una historia de xenofobia, de lucha de poder y de intolerancia religiosa. Pero también es una historia de amor de un joven morisco, que vive entre dos culturas y dos religiones enemigas. ¿Él es católico o es musulmán? Tiene que aparentar ser cristiano, aunque en su corazón reina el lado musulmán. Pero él soñaba que ambas religiones alcanzaran la tolerancia entre sí a través del culto hacia la virgen María, admirada y respetada por musulmanes y católicos.

Tres mujeres embelesan a Hernando: Fátima, Rafaela e Isabel. Dos religiones lo abrazan.  Y el fanatismo es una constante que persigue el corazón de los hombres y mujeres de la España de aquellos días.

Esta obra literaria está narrada de una  manera magistral, así, los actos de bondad y de amor o los de odio y de cruenta violencia, se muestran con imágenes coloridas, vívidas, intensas.

Una cosa que me queda muy clara a mí después de leer esta novela es que los cristianos y los musulmanes se asesinaban unos a otros por razones políticas y de poder, pero también lo hacían por sus fuertes (y fanáticas) creencias religiosas, lo cual, si uno lo piensa bien, es algo muy triste para el mundo, es algo que verdaderamente denigra al ser humano, un ente inteligente que bien podría optar por el amor y la tolerancia, en lugar de la violencia.

La mano de Fátima es un libro totalmente recomendable. Quien lo lea se introducirá en una época y en un mundo muy lejanos y diferentes de nuestro siglo XXI, y sin embargo las virtudes y defectos de los personajes harán que las similitudes con nuestra actualidad sean innegables.

Texto:

Óscar Perdomo León

Nota: Gracias a mi amigo Jonathan Cruz Salmerón por darme a conocer este grandioso libro.

LA CHICA QUE SOÑABA CON UN CERILLO Y UN GALÓN DE GASOLINA. Una novela de Stieg Larsson.

Conocí al personaje Lisbeth Salander cuando vi la película Los hombres que no amaban a las mujeres. Y hace poco un amigo me prestó la novela “La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina”, que es la continuación de la historia que se cuenta en la película que he mencionado.

Hacía días que quería escribir sobre esta novela. La verdad que desde que empecé su lectura me sentí agradablemente atrapado en su trama. Como muchos ya lo saben, esta novela es la segunda parte de la trilogía Millennium, compuesta por “Los hombres que no amaban a las mujeres”, “La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”.

La heroína sin par de esta historia es Lisbeth Salander, quien con su actitud antisocial, pero al mismo tiempo apegada a la justicia, se me hace un personaje muy encantador, atrayente. Y es que además de ser bisexual, astuta, observadora,  talentosa  y valiente  -y hasta temeraria, quizás-  es muy inteligente.

La historia trata de una investigación sobre trata de blancas y sobre drogas, y el asesinato de los dos periodistas involucrados en tal investigación. También se trata de resolver el asesinato de un abogado que está muy relacionado a Lisbeth. Las investigaciones iniciales apuntan a que Salander es la culpable del triple asesinato; sólo Mikael Blomkvist, el periodista de la revista Millennium no le da la espalda y cree firmemente en la inocencia de Salander.

La novela está llena de aventuras, de reflexiones breves sobre la vida de las personas y de descripciones del entorno en donde se mueven los personajes. La novela nos acerca un poco a Suecia, en donde ocurren la mayoría de eventos. La narración es de una  habilidad tal que, en su sencillez, encontramos fluidez y movimiento continuo, que hace que el lector busque y desee seguir leyendo y leyendo.

Me gustó el final inesperado.

No contaré el desenlace de este libro, por supuesto, pero los que decidan leer esta novela no quedarán defraudados, porque encontrarán en ella un esparcimiento lleno de acción y de mucha imaginación.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías: extraídas de Google.

“UN PASEO POR LA VIDA”. Capítulo III.

Ese dolor inmenso y llorar así de golpe por la noticia inesperada de la muerte su amigo Virgilio, llevaron al Conde a un viaje veloz hacia su niñez, hacia los primeros días de antes y después de esa otra muerte que lo había golpeado fuerte en la vida: la muerte de su padre.

Unos días antes, su padre había sido ingresado en el hospital y el Conde, que apenas tenía 8 años de edad, se la pasaba por las noches acostado mirando el techo y lloriqueando como una esponja exprimida, porque, aunque nadie se lo había dicho directamente, sabía -o intuía- que su padre tenía una enfermedad grave. Era un hombre joven de apenas 33 años de edad que, estando en aparente buen estado de salud, había caído de pronto inconsciente al suelo, después de una terrible y repentina cefalea.

Mientras miraba las manchas en las paredes, el Conde recordaba cómo unos días después su tío Rodrigo le había mentido diciéndole que lo llevaría al hospital a ver a su padre. «Pero antes vamos a pasar a hacer un mandado», le había dicho su tío, mientras el teatro, la alcaldía y la catedral veían al hombre y al niño atravesarse el parque.

Al doblar una esquina, después de caminar un par de calles, vio la funeraria y a toda esa gente de luto. Entraron sigilosamente. El ambiente parecía brumoso. El Conde y su tío voltearon la mirada al escuchar un llanto… Era la mamá del Conde sentada en un extremo opaco. Luego vieron el ataúd al fondo. El Conde presintió lo peor. No quería creerlo y sólo quería salir corriendo para cualquier lugar que no fuera la funeraria; pero sabía que la realidad no desaparecería alejándose de ella, así que se acercó lentamente al féretro. Cuando ya estaba frente a él, alguien lo tomó en brazos y lo levantó, como para que se convenciera de lo terrible, de lo amarga que puede ser la vida a veces, y entonces pudo ver a su padre. Estaba con los ojos cerrados, acostado, vestido de saco y corbata, con un color pálido tenebroso en la piel y unos algodones tapando cada una de las fosas nasales. Esa impactante imagen y esos cortos segundos quedaron grabados en su memoria para siempre.

Después de eso, los recuerdos se volvieron nebulosos en la cabeza del Conde. Sólo recordaba que a continuación del sepelio, él y su familia pasaron varios días hospedados en la casa de su tía Teresa (esposa de su tío Rodrigo), porque ella pensaba que era una manera de dar apoyo a su hermana que se había quedado viuda y con dos niños pequeños. Su casa era grande y espaciosa y les había asignado un dormitorio con dos camas, en donde el Conde, su mamá (Margarita) y su hermano Hernán se sintieron de alguna manera reconfortados.

Margarita estaba desconcertada con la muerte de su esposo y parecía estar como en un limbo soñoliento de donde no alcanzaba a aterrizar los pies sobre el crudo escenario de la vida o era tal vez que la realidad la había jalado tan fuerte y bruscamente hasta el suelo que el golpe la había dejado semiinconsciente. Lo cierto es que se le veía derrumbada, afligida y desconsolada. Por eso su hermana Teresa no dudó un solo instante en pedirle que se quedara unos días con ella hasta que se sintiera un poco mejor. Y en verdad que mejor, lo que se llama “mejor”, no se sintió, a pesar de que los días pasaban y pasaban;  pero Margarita sabía que al final tenía que regresar a su casa. Así que después de una larga semana hizo las maletas y tomó rumbo hacia el que entonces se había vuelto un incompleto espacio llamado hogar. Ese fue un día inolvidable, tristemente sentido para el Conde. Cuando su hermano, él y su madre llegaron a su casa, se quedaron mirando la fachada, como queriendo reconocerla, como adivinando que ya no era la misma casa que había albergado a una familia feliz.

Entraron por fin a su morada. Todo estaba oscuro y polvoriento. Había sobre el suelo del corredor un montón de restos de capulines dejados por los murciélagos nocturnos. Las telarañas oscilantes en los ángulos de las paredes se habían adueñado de la vivienda. El ambiente era sombrío y la casa estaba silenciosa y solitaria. Caminaron juntos, casi con el mismo ritmo. De pronto, al ver la penumbra, su madre se detuvo y abrazó a los dos niños y rompió en llanto. El Conde y su hermano se refugiaron en el regazo de la angustiada mujer. El Conde intentó decir unas palabras que quisieron dar alivio a su madre, pero se le quedaron aglomeradas y atascadas en un grueso nudo de la garganta. Margarita, vestida de luto completo –el cual usó durante todo un año-, estaba inconsolable, llorando sin reparos, con lágrimas y lamentos, como si intentara  sacar todo el dolor que llevaba adentro.

Eran más o menos las cinco y media de la tarde y el sol rojo, en el horizonte lejano, crispaba en agonía…

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

LOS HÉROES TIENEN SUEÑO. Una novela de Rafael Menjívar Ochoa.

Esta novela policial de Rafael Menjívar Ochoa se lee rápido porque es corta (sólo tiene 87 páginas) y porque su lenguaje es muy sencillo. Pero esa sencillez no significa que la novela carezca de profundidad, porque en realidad el autor, con su hábil buceo en las consciencias de varios policías “especiales”, nos muestra un panorama de lo que son los sicarios, en varias dimensiones.

Este buceo del que hablo es un paseo de Menjívar Ochoa en la psicología y la sociología de los personajes principales. La destreza en la escritura de este novelista está en mostrarnos todo ese amplio submundo, oscuro, implacable, lleno de corrupción y de secretos y misterios inimaginables, a través de diálogos y monólogos muy bien escogidos, que unas veces son frases aparentemente sin importancia y otras veces dicen sus verdades, las verdades que ellos viven; algunas frases puestas en la boca de los personajes a veces rayan en lo parco, casi en la indiferencia, pero que por lo mismo son muy efectivas para enmarcar la manera de pensar de estos asesinos gubernamentales a sueldo.

Toda la trama se desarrolla en México D.F. y los personajes principales son el Coronel, el Perro, el Ronco y el narrador omnisciente, del cual nunca sabemos el nombre, y que también es otro policía que vive y pervive junto a ellos todos los trabajos sucios que se les encomiendan.

La configuración de los personajes es muy buena; sin ser descritos físicamente, uno puede ya imaginárselos mirando, caminando, corriendo y asesinando. Cada uno de ellos tiene una voz propia, aunque la mayoría de ellos por momentos toma una forma de hablar casi displicente, quizás por su contacto con la muerte casi diaria, en donde la fingida indiferencia ante la vida es su manera de irse transformando en esos seres duros, insensibles, pero que cuando llega el momento de la verdad se vuelven sentimentales y fieles, a su manera. Arriesgan su vida por su fidelidad a su jefe. Uno de ellos casi se enamora de una prostituta; otro se preocupa de su mujer y de sus hijos; todos son seres humanos que han decrecido en una inmoralidad asesina, es verdad, pero que en ciertos momentos muestran rasgos de innegable valentía, y en otros, debilidades y necesidades como cualquier otro ciudadano normal…  Son héroes a su manera. Tienen su propio código de ética. Viven y mueren obsesionados en su “trabajo”.

Acercándose al final, por un momento la narración me recuerda el final de la película «American beauty», de Sam Mendes, ganadora del Oscar en 1999, por el tono casi de ultratumba cuando el narrador dice en la novela: “Sentí un golpe en la cabeza y un peso en el cuerpo como si me hubiera caído un edificio. Después me morí, y fue lo mejor que me pudo pasar. Por eso sé que cualquier forma de morirse es buena.” Hay que aclarar que «American beauty» salió a la luz en septiembre de 1999 y la novela de Menjívar Ochoa fue publicada antes, en abril de 1998.

Disfruté mucho leer «Los héroes tienen sueño», como gocé del mismo modo otra de sus novelas policiales: «De vez en cuando la muerte», en donde, por cierto, Menjívar Ochoa usa también a los personajes el Ronco y el Perro.

PARA FINALIZAR, UNA BREVE ANÉCDOTA.

Esta novela la compré en el año 2004 sin querer; en realidad yo andaba buscando otro libro, pero en un estante me topé con ella y me dio curiosidad leerla. Un par de meses después me encontré con su autor, se la mostré y escribió en ella una pequeña dedicatoria. Recuerdo que se puso muy contento de verla porque, según le dijo a su hijo Rafael Eduardo, con quien estaba en ese momento, él pensaba que todas las copias se habían agotado ya. Y su hijo le respondió: “De todas tus novelas policíacas, ésta es la que me más gusta”.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes escaneadas del libro en cuestión.

LOS REYES DEL MAMBO CANTAN CANCIONES DE AMOR. Una novela de Óscar Hijuelos.

Me tropecé en una librería, sin andarlo buscando, con un ejemplar de «Los reyes del mambo cantan canciones de amor» e inmediatamente me llamó la atención porque yo sabía lejanamente dos cosas sobre ella: una, que había sido una novela en la cual se había basado la película de The Mambo Kings y dos, que en esa cinta había aparecido Antonio Banderas y Celia Cruz. No había visto la película (y aún no la he visto), así que me sentí interesado.

Mis hábitos de lectura son un poco raros, digo yo, porque casi nunca estoy leyendo un solo libro a la vez, sino dos o tres. Y hay algo además, cuando estoy por finalizar un libro que me ha gustado mucho, en sus últimas diez o cinco páginas generalmente bajo la velocidad de lectura, como para prolongar el placer y me paso un par de día inventando pretextos para no terminarlo. Es un goce como cuando uno deja la porción de comida que más le gusta por último, para saborearla mejor. Y «Los reyes del mambo cantan canciones de amor» no ha sido la excepción a esta regla mía.

Esta novela publicada originalmente en inglés en 1989 y que consta de 590 páginas, ha sido una verdadera delicia para mí. Me atrajo principalmente por la ambientación en que se da la trama, que es alrededor de los años ´40, ´50 y ´60 del siglo XX, esencialmente, así como la importancia de la música como trasfondo y corazón de la historia.

El protagonista cardinal de la novela es César Castillo, un músico cubano que en su juventud emigra hacia Nueva York, junto a su hermano Néstor. Lo hacen antes de la llegada de la Revolución, así que básicamente nunca experimentaron vivir bajo el gobierno de Fidel; sin embargo el protagonista principal toma una posición política: la de no apoyar directa o indirectamente a la Revolución.

En su natal Cuba, César y Néstor habían tenido la experiencia de un padre muy violento; pero también habían tenido la oportunidad de aprender música. Al llegar a los Estados Unidos, ambos hermanos trabajaron en varias faenas no relacionadas con la música; pero lograron al fin armar una orquesta de calidad, en donde César cantaba y Néstor tocaba la trompeta.

La nostalgia de su patria y de un amor nunca abrazado hizo que Néstor, con una pequeña ayuda de César, compusiera “Bella María de mi alma”, la cual fue un verdadero éxito en sus conciertos y en la ventas; además la cantaron triunfalmente en el famoso programa televisivo «Yo amo a Lucy», invitados por Desi Arnaz (esposo de Lucy Ball).

Disfruté mucho de las alusiones musicales, de estilos, de composiciones, de músicos tan reconocidos como Chico O´Ferril o John Coltrane, para mecionar sólo algunos.

La novela inicia cuando a César lo llama una vecina para que vea que en la televisión está saliendo un capítulo de la serie «Yo amo a Lucy», en donde él y su hermano Néstor son los invitados. Y toda la historia transcurre con César, sentado en una habitación del hotel Esplendor, recordando su niñez, su juventud, su adultez y sus numerosas mujeres, su vida en Cuba y su nueva existencia en los Estados Unidos.

Es una novela muy amena. Cuando la compré no sabía que Óscar Hijuelos había ganado con este libro el premio Pulitzer de ficción en 1990. Ahora sólo me queda ver la película, cuando tenga oportunidad.

Este libro es muy recomendable para los que, como yo, aman la música y la literatura.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía: fragmento de la portada tomada a  mi novela (maltratada, de tanto ir de aquí para allá).