LA ZONA INTERTIDAL, del Taller de los Vagos.

Manuel Sorto, miembro del Taller de los Vagos, editando, en Tlayacapan, México.

El cine salvadoreño, aunque ya tiene más de un siglo de existencia, ha tenido una producción bastante baja en cantidad, si lo comparamos con el cine que se hace en otras latitudes; sin embargo ha habido esfuerzos  muy meritorios y de buena calidad.

Este día recordaremos la película realizada en 1980 por el Taller de los Vagos: LA ZONA INTERTIDAL. Fotografía e idea original de Guillermos Escalón. Edición y actuación principal de Manuel Sorto. Asistentes:  Marie Nöelle Fontan y Lyn Sorto. Actuaciones especiales de Jorge Cañénguez (el estudiante), Aparicio (niño en la playa). Dirección: colectivos. (Los demás créditos tan importantes, como los de la música, podrán verlos ustedes mismos al mirar la película). La versión que veremos aquí es gracias a un esfuerzo de digitalización por parte del Museo de la Palabra y la Imagen.

Hay que ubicarnos en el tiempo y en el espacio y entender que hacer cine, con la temática de esta película, en aquellos días de convulsión social en El Salvador, con el inicio de la guerra civil y los escuadrones de la muerte asesinando a todo sospechoso de ser de izquierda, era, pues, una tarea casi heroica.

Sobre esta película, en el blog MÁS ALLÁ DE LOS 400 CERROS , mi esposa Érika y yo entrevistamos a Manuel Sorto. He aquí un fragmento en donde él habla sobre esta película:

Érika y Óscar: En Cine Apolo, programa que pasan en el Canal 10 de televisión, vimos unos de tus primeros trabajos cinematográficos. ¿Qué cosas recordás de la  esa película? ¿Adónde podemos ver tus películas?

Manuel Sorto: Te refieres a La Zona Intertidal. La única película de ficción que realizamos Guillermo Escalón y yo. Fue producida por El Taller de los Vagos. El tema es el asesinato político. El asesinato de un profesor, como tantos que fueron asesinados a fines de los setentas por los escuadrones de la muerte. Lo importante era lograr filmarla sin que hubiera problemas, ya que teníamos que viajar con el equipo hasta la playa.

Texto:

Óscar Perdomo León

Artículos relacionados. ENTREVISTA A MANUEL SORTO dividida en tres entregas:
MANUEL SORTO, cine, danza, pintura y escritura de un sensuntepecano. Primera entrega.
MANUEL SORTO: “MI PADRE ME QUERÍA MILITAR Y ABOGADO”. Continuación de la entrevista. Segunda entrega.
MANUEL SORTO: “LA MASACUATA FUE MI GRUPO LITERARIO.” Tercera y última entrega.
Fotografía extraída del blog MÁS ALLÁ DE LOS 400 CERROS

EL ESCARABAJO AZUL

Este día tengo nuevamente como invitado al chileno Rodolfo de los Reyes, quien nos trae una interesante historia sobre uno de los tipos de automóviles más famoso.
Gracias, Rodolfo, por tu colaboración.

Sin ser un experto en automóviles o maquinarias motorizadas en todas sus versiones, por el contrario siempre he preferido por ejemplo la silenciosa bicicleta a la ruidosa motocicleta; desde niño tuve una especial y curiosa atracción por los Volkswagen modelo escarabajo, no sé si porque en mi ingenua niñez, para aniquilar el tedio de las tardes, solía ver enteras las películas de la Segunda Guerra Mundial, que nuestra entonces censurada televisión, pasaba como si fueran las únicas películas hechas en el mundo. Así como siempre me gustó llevar la contraria no simpatizaba para nada con la soldadesca norteamericana, la que se mostraba puerilmente pedestre y oportunista, siendo cautivado por los uniformes, la maquinaria bélica (Tanques Panzer, cañones Berta, motocicletas con carrito, etc.) y la singular mística que mostraban las tropas del Tercer Reich. Obviamente que ignoraba los horrores de sus imprescriptibles crímenes. Y entre todas las cosas que me llamaba la atención estaban esos vehículos, muchas veces ocupados como tanquetas y que andaban en la nieve, atravesaban ríos, subían cerros, etc. cuyo modelo era llamado “escarabajo” tal vez por sus redondeadas formas.

Así el tiempo pasó y nunca dejé de no ver los filmes bélicos de trasnoches, donde en uno de ellos, un soldado Norteamericano era fanático de estos automóviles, y en una operación militar en que capturaban un pueblito europeo cerca de un gran castillo, el soldado americano le arrebataba el escarabajo a la oficialidad alemana y probaba su célebre mito de que flotaban, que son anfibios, en una gigantesca alberca, donde el escarabajo si flotaba como una lancha de asalto de la infantería marina.

El escarabajo, en los caminos precordilleros de Curicó, Chile.

Origen Nacional –Socialista y Símbolo Cultural

No deja de ser curioso que este automóvil tomado como símbolo al igual que las camionetas Kombi, por los hippies y los intelectuales del mundo contracultural, en EE.UU y Europa, en los años sesenta y setenta, haya sido considerado por el tirano Adolfo Hitler, como parte del modelo de desarrollo y progresos social al ser el Wolks (pueblo) Wagen (carro) “El auto del pueblo” alemán en su modelo de desarrollismo nacional–socialista, en lo que fue parte esencial de su política de nivelar la calidad de vida del pueblo alemán, por lo que también el escarabajo se constituyó en símbolo de ese modelo político.

El primero que manejé

Historia política aparte. La primera vez que maneje unos de estos “carros” fue cuando tenía 18 años y mi hermano mayor recién titulado de abogado y casado, compró uno de ellos. Me acuerdo de muchos romances y “carretes” (celebraciones, fiestas, pachangas) vividos en aquel Escarabajo verde-limón, que funcionaba a la perfección, y aceleraba como un formula uno, me acuerdo que en la carretera le sacamos sus140 kilómetrospor hora máximos sin mayor problema.

No obstante desde cuando empecé a comprar vehículos, siempre busqué escarabajos y nunca encontré uno para mí. Tuve Peugeot 504, camionetas Fiat Fiorino (Las camino al cielo), Charades, Monza Chevrolet, Nissan V-16,  etc., pero nunca encontraba un escarabajo. Nadie vendía cuando iba a ver alguno, ya se había vendido.

Al fin encuentro uno

No fue hasta que un conocido me llevó uno a la casa. Era del año 81, estaba un poco afectado, pero mantenía detalles importantes, como diversas piezas cromadas (manillas, espejos, limpia parabrisas, etc.) y originales, las tapas originales, los faros, etc. Yo le arreglé el alternador, le compré neumáticos grandes y le hice un afinamiento y quedó espectacular, dentro de lo que es un auto de 30 años, que se considera ya como una “antigüedad automovilística” y en ese sentido hay que tratarlo como tal, pese a que yo lo he llevado al campo, a la cordillera y hace pocos días protagonicé con él una proeza, que le dio lección a unas cuantas poderosas camionetas Chevrolet 4×4 de las grandes.

La Proeza

Resulta que nuestro célebre paso bajo nivel de calle Colón se anega cada vez que llueve un poco, hasta varios metros de altura se convierte en piscina, con un historial de muchos autos atrapados y ahogamientos por accidente. Bueno el sábado  pasado había llovido un poco y por lo menos había medio metro de agua acumulado, iba rumbo a la Feriade Abastos, y se me vino a la cabeza, las diversas  conversaciones que siempre he sostenido con mi amigo, el poeta y también propietario de un escarabajo pero de los nuevos, que son copias de los antiguos (bueno eso lo digo para molestarlo), José Tomás Labarthe Cardemil, de que “Estos autos son anfibios y flotan”, aceleré evadiendo la barrera de contención y quedé frente a una laguna de 30 metros y por lo menos medio metro o más de profundidad. Al otro lado dos inmensas camionetas chevrolet 4×4, al mando de temerosos terratenientes costinos, no se atrevían a cruzar la “poza” de agua, (Yo tampoco lo hubiera hecho si antes no hubiera observado que cruzó antes un Ford Falcón año 75), rápidamente pensé en altura estamos similares, el motor del escarabajo va atrás bien cerrado, y además ya le hice lavado de motor “a  lo mero macho”  con agua fría a chorros y nada, por lo que si el agua entra no se va a detener, así que adelante, mientras los “viejos” de la camioneta observaban atento a mi resultado,  retomé la marcha en segunda con lentitud, y en pocos segundo gané la otra orilla, con bocinazos de algarabía de autos-testigos, y gritos del público ocasionalmente ubicado en el palco de las veredas y las casas conlindantes, bajé la ventanilla y junto a las bocinas y las manos en alto conla V del triunfo y la victoria, enfrenté al cielo , con la proeza de mi pequeño escarabajo azul, ante las todopoderosas camionetas todo terreno de último año. Lástima que no hubiera registro gráfico y visual de  aquello. Así va un esbozo de “prueba en terreno” para conversar con el poeta José Tomás Labarthe, con quién estamos por fundar el “Club de los escarabajos de la poesía curicana”, narro esto en momentos que Labarthe, anda feliz con su nuevo libro publicado “P”, libro que espero con ansiedad, mientras comparto con ustedes el apego a estas máquinas de un lejano origen germano, que siguen haciendo historia en la cotidiana poesía de cada día.

Texto y fotografías:

Rodolfo de los Reyes

rodolfodelosreyes@yahoo.es

Otro artículo del mismo autor: INFLUENCIA DE ROQUE DALTON EN ARTISTAS CHILENOS

ZUNCA EN CENTROAMERICANTO

ZUNCA, grupo musical salvadoreño.

Centroamericano es un espacio en el ciberespacio en donde se pueden encontrar pogramas musicales de músicos centramericanos, el cual se encuentra activo desde hace 5 años.

El creador de este portal de música centroamericana es el cantante y compositor salvadoreño Mauricio Callejas , quien vive en Estados Unidos.

Centroamericanto ha incluido en su programación al grupo musical salvadoreño ZUNCA, al cual yo pertenecí, por lo que este día los invito a escuchar su música, a la cual tanto cariño le tengo. La pueden escuchar siguiendo este enlace y dando luego un click al programa número 270. 

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas de: ZUNCA, una búsqueda de la raíz latinoamericana.

CENTROAMERICANTO, un sueño de Mauricio Callejas.

Centroamericanto es un interesante portal musical creado y dirigido por el cantautor salvadoreño Mauricio Callejas, a quien pareciera que vivir en los Estados Unidos le ha incrementado su amor por El Salvador y por nuestras hermanas tierras centroamericanas. Sus programas musicales son como un oasis ante las presiones comerciales y superficiales de las grandes empresas que se encargan de modelar los gustos musicales del grueso de la población de nuestros pueblos.

Mauricio Callejas ha llevado a la realidad su sueño desde hace más de cinco años, tiempo durante el cual ha presentado en Centroamericanto a numerosos y diversos artistas de la cintura del continente americano. Pero ¿qué mueve lo mueve ha realizar estos programas musicales? «Personalmente lo necesito porque hay tanta música que «descubrir»», me cuenta Mauricio.

Pero la actividad de Mauricio Callejas no se limita únicamente a dar a conocer el arte musical de los ticos, los catrachos, los chapines, los guanacos, etc., sino que una de sus grandes virtudes es la composición y la interpretación. Sus canciones son realmente dignas de ser escuchadas. Están muy bien armadas musicalmente y sus letras tienen una riqueza en conceptos muy alta. Hasta el momento ha publicado dos álbumes: «Cosas de la calle» (2002) y «Mágico» (2008). Hay por cierto un interesante cortometrajeel cual recomiendo ver, narrado por el mismo Mauricio, en donde se presenta y explica el origen de la canción «Mágico», «una cancion densa con muchas referencias a libros y a artistas salvadoreños», que forma parte del álbum del mismo nombre. En esta canción «Mágico» se puede percibir el amor y la nostalgia de Mauricio por este territorio del torogoz, esta tierra cuscatleca dejada atrás, pero nunca olvidada.

Algunas canciones de Mauricio las pueden escuchar entrando a su bitácora en línea.

Mauricio Callejas

Me queda claro que sólo un músico puede amar tanto la música, pero ya no sólo desde un punto de vista emocional -que en un músico es realmente fuerte-, sino también desde el punto de vista intelectual, y en esta conjunción es que creo que Mauricio ha concebido dar a conocer y compartir con el mundo entero la música de tanto centroamericano talentoso.

Adelante, Mauricio, con tu propia música y también con esa puerta que has abierto a la música centroamericana.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas de: http://www.google.com.sv/search?rlz=1C1GGGE_enUS384US385&q=mauricio%20callejas&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1024&bih=537
http://www.google.com.sv/search?rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=centroamericanto&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1280&bih=699

DIARIO PROHIBIDO. Novela corta. Un aniversario más.

Portada de DIARIO PROHIBIDO

Este 2011, la novela corta DIARIO PROHIBIDO cumple un aniversario más de vida, han pasado ya 9 años desde que la terminé de escribir y 8 años de haber sido publicada. La primera edición se vendió muy bien y creo que sólo un par de ejemplares están aún a la venta. La mayoría de la gente la encontró entretenida y un par de personas se acercaron a decirme que no habían podido dejar de leerla hasta terminarla (un elogio inmerecido pero muy gratificante).

Yo estoy consciente que no es una gran novela, si la comparamos con las maravillosas novelas escritas por genios como José Saramago, Carlos Fuentes, Alejandro Dumas, Gabriel García Márquez, Fedor Dostoievski, Julio Cortázar o Henry Miller, por mencionar algunos; sin embargo le tengo cariño a «mi librito» porque me permitió ordenar mis ideas, luchar contra la dicotomía hirviendo en mi corazón de poder y no poder, me obligó a imaginar cosas, a entender que la realidad se puede novelar y que la novela se puede cargar de realidad. Con DIARIO PROHIBIDO llegué a la conclusión en mi cabeza que yo podía escribir verdades generales mezcladas con mentiras específicas. ¿Y cómo no querer los libros que he escrito, ya que son de alguna manera mis hijos, con sus defectos y sus virtudes, carne de mi carne, sangre de mi sangre, tinta de mi tinta?

Debo mencionar también, a propósito de tintas, que el dibujo de la portada fue hecho, por María Gracia Araujo Romagoza, con tinta china, en 1993. Para entonces yo sólo había escrito unos fragmentos de la novela y tenía en mi cabeza un verdadero desorden en cuanto a cómo quería contar lo que terminé narrando en DIARIO PROHIBIDO. Y María Gracia se basó para hacer el dibujo en el fragmento que le mostré, en donde Sofía -uno de los personajes- se convierte en colibrí y Alfredo sale de la misteriosa cueva. (Ese breve fragmento lo pueden leer aquí.) La verdad que ese dibujo de María Gracia me gusta mucho, es bellísimo, no lo cambiaría por ningún otro, vale agua y oro. Siempre estaré en deuda con vos, María Gracia.

Retomando la aritmética del primer párrafo, quiere decir que me pasé como 11 años escribiéndola, eso sí, con grandes períodos de inactividad: vino hacia mi pluma un período de silencio. Fue el tiempo de mi primer matrimonio y hogar. En esa época me sentí desconectado con la historia que había ido maquinando en mi cabeza por años. Fueron años felices que compartí con mis dos hijas y con mi ex esposa. Pero fueron también años casi estériles con respecto a la creación literaria. Por momentos escribía; pero la mayoría de veces desistía molesto y decidía dedicarme sólo a la Medicina y a la Poesía (en esos día me creía poeta); pero los manuscritos de la novela incompleta , cuando pasaba cerca de ellos, me miraban con recelo y casi podía escuchar las voces de los personajes llamándome y reclamando por mi abandono. Así que regresaba a ellos, a los papeles viejos y a sus personajes, un poco arrepentido y muy ansioso de seguir escribiendo. Algunas veces me despertaba de madrugada con una idea y corría a escribirla…

Sin embargo, después de mi divorcio en el año 2001 y coincidiendo con un lugar de trabajo diferente al que el que tenía, recobré mi verdadero entusiasmo por escribir y me volví más constante y comprometido con la novela. Examiné mis ideas, recordé las crónicas que me contaron algunos, traje hasta mi memoria las pequeñas confidencias que me dijeron otros y extraje de ellas su médula, recolecté papeles viejos, escritos de mi adolescencia y de mis inicios en la universidad y los analicé y revisé; descarté muchos de ellos y utilicé sólo los necesarios. Empecé a acumular ideas y seguí escribiendo. Experimenté con narradores omniscientes en primera, segunda y tercera persona. Experimenté con diferentes tipos de letras. Incluí detalles de mi vida privada en ciertos personajes, masculinos y femeninos. DIARIO PROHIBIDO es pues, en general, y reafirmando lo que escribí antes, el resultado de un cúmulo de verdades generales con mentiras especificas. (Y en pocas ocasiones, viceversa). Recuerdo bien que decidí iniciar con el capítulo más erótico porque sabía que sería de alguna manera una provocación; pensé que la persona que lo leyera decidiría en ese preciso momento que amaría u odiaría mi libro. O lo leería todo o lo lanzaría en ese mismo momento al basurero. Sería todo o nada. Sería como el amor: existe o no existe. Sería todo o nada, pero nunca la indiferencia.

Recuerdo también que, en esa época tan productiva literariamente para mí, cuando retomé la escritura, rompí buena parte de lo que había escrito; además cambiaba de posición uno y otro capítulo. Al final decidí narrar una historia con la mayor sinceridad posible, contando aquellas cosas que miré o que me contaron y que de alguna manera me impactaron y me daban vueltas y vueltas en la cabeza. Bien sé que no soy escritor, sino un escribidor (eso ya lo había dicho antes); pero contar algo con sinceridad e imaginación tiene, supongo, algún mérito.

Quiero compartirles, además, y para finalizar, dos cosas más. Una, que reafirmo que DIARIO PROHIBIDO fue mi primera novela; pero después vino HABLANDO CON LOS MUERTOS  y luego MARÍA PUEDE VOLAR (co-escrita con mi esposa Érika) y que está aún sin publicar. Sueño, sin embargo todavía, con poder escribir algún día «esa novela» que supere todo lo que he escrito hasta ahora.

Por supuesto que, como ya lo he dicho antes, una novela crece jugosa y profunda, y de una manera verdaderamente lenta. Y por eso no se puede escribir una novela de un día para otro, porque su esencia es extensa y consubstancial con la vida. No se puede improvisar toda una novela. La novela necesita primero respirar, desamodorrarse, extender poco a poco sus alas, mirar el horizonte y observar al mismo tiempo su interior para sacarlo todo a la luz y decir toda la verdad. Decir toda la verdad y, sin perder su naturaleza, mezclarla con la ficción.

Y la segunda cosa que quería contar, ya para terminar, es que buscando unos archivos de fotografías en mi vieja computadora, me encontré sin querer con esta entrevista que me hizo Carlos Párraga, en torno a DIARIO PROHIBIDO, a finales 2006, en su programa radial «La Bohemia», de YSUCA.

He aquí un pequeño fragmento de más o menos un minuto de aquella deliciosa plática al aire. (Recuerdo que Párraga estaba contento porque el programa había recibido bastantes llamadas telefónicas).

Carlos Párraga y Óscar Perdomo León, platicando en \”La Bohemia\” (de radio YSUCA), en torno a DIARIO PROHIBIDO (novela corta).

Texto:

Óscar Perdomo León

Dibujo:

María Gracia Araujo Romagoza

Artículo relacionado: COMENTARIOS ESCRITOS SOBRE DIARIO PROHIBIDO, escritos por Silvia Elena Regalado y Orsy Campos
FOTOGRAFÍAS DEL DÍA EN QUE SALIÓ PUBLICADO DIARIO PROHIBIDO
DIARIO PROHIBIDO (novela corta) en formato de libro electrónico.

LA INFLUENCIA DE ROQUE DALTON EN ARTISTAS CHILENOS

Este día tengo la alegría de publicar en mi blog las palabras de un amigo chileno, Rodolfo de los Reyes, quien amablemente me ha proporcionado este artículo tan interesante sobre nuestro querido poeta Roque Dalton. Gracias, Rodolfo. Y un apretón de manos desde El Salvador hasta Chile.
Óscar Perdomo León

LA INFLUENCIA DE ROQUE DALTON

EN ARTISTAS CHILENOS

El poeta centroamericano dejó profunda huella en la creación y vida de  distintos artistas chilenos, que en distintos trabajos poéticos, musicales y narrativos hacen referencia a la vida, obra y  al estilo literario, irreverente, crudo, irónico y vital del bardo centroamericano, que lamentablemente tuvo una muerte “demasiado temprana” al decir en palabras de Mario Benedetti.

Chile en el corazón

No deja de extrañar que el escritor de las telúricas y tropicales tierras de “La Cinturadel Continente» latinoamericano, al decir del cantante nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, “El Pulgarcito de América” al decir de nuestra entrañable Gabriela Mistral, marcara a diversos artistas y escritores de chile, territorio austral y lejano. Si bien en la biografía de Dalton encontramos conexiones con Chile, como decir por ejemplo que estudió Derecho enla Universidadde Chile, en la década del cincuenta y que conoció a personalidades como a Diego Rivera, a quién le debe su primerizo acercamiento al marxismo al vivir una  brutal anécdota que Dalton cuenta en muchas ocasiones, más la amistad con intelectuales y artistas nacionales, entre quienes, rescatamos el tórrido romance con una de las más grandes dramaturga chilena, la recientemente fallecida Isidoro Aguirre, que hace una veintena de años escribió el bello libro testimonial “Carta a Roque Dalton”, un hermoso texto plagado de los recuerdos de su romance con el poeta, además de una suerte de pequeña mini biografía de Dalton unido al comentario y reproducción de algunos de sus célebres poemas.

Los seguidores chilenos

También ha influenciado a otros poetas y escritores que no tuvieron la suerte de conocerlo ni verlo, por razones de tiempo, el hecho de no haber sido coetáneos no ha  impedido, que estos artistas se hallan inspirado en vida y obra para incluirlo en sus creaciones o bien que hayan musicalizado a algunos de sus poemas, como lo hizo el grupo de música andina y urbana  Illapu, al poner bellas melodías tropicales al poema “Alta Hora dela Noche” convertido en la canción “No Pronuncies Mi Nombre” del álbum “De Amor y Libertad”  (1986).

El poeta chileno y radicado en México  Hernán Lavín Cerda, también lo recuerda “Con unas ganas de vivir enormes”  en alusión a su alegría, optimismo, vitalidad y fuerza creadora, dueño de una simpatía y carisma sin iguales. El extinto Premio Nacional de Literatura, Volodia Teitelboim, también conoció de su obra y personalidad, irreverente y crítico a la poesía de Neruda, lo que en Chile de los sesenta y setenta era casi una herejía, pero Dalton tenía motivos y argumentos y su obra buscaba la fuerza de la vida desgarrada que de alguna manera la veta de César Vallejo reflejaba. Eso lo hacía adalid de los jóvenes poetas chilenos de los sesenta y setenta que buscaban apartarse de la sombra nerudiana, una sombra asfixiante al decir de algunos.

De esta forma el poeta rock, músico y cantautor Mauricio Redolés le rinde homenaje en su bellísimo poema “Bello Barrio” editado en su albúm (1987) titulado de la misma forma, donde además convierte en canción titulada “Epitafio” otro poema de Roque Dalton. A ello hay que agregar la influencia en muchos poetas jóvenes de los ochenta, entre ellos al hace poco extinto, el académico y poeta Osvaldo Ulloa, gran conocedor de la poesía centroamericana, que enseñaba en sus múltiples talleres literarios de la periferia santiaguina. Es posible también encontrar nexos literarios entre la obra del poeta, escritor, editor de Mosquitos Ediciones y dirigente dela Sociedadde Escritores de Chile (SECH), Cristián Cottet, que en antiguas publicaciones ha difundido la obra de Dalton. Lo propio ha hecho el abogado y escritor Rodrigo de los Reyes Recabarren, en diarios del Sur de Chile (Coronel, Concepción, Puerto Montt, Coyhaique, etc.), el periodista y poeta santiaguino Cristián Pávez, como nuevas generaciones de poetas chilenos, ya del 2000 y 2010, incluso como el incipiente poeta juvenil curicano Carlos Urzúa  y otros más. También los poetas curicanos Américo Reyes, Leonidas Rubio, han leído su obra, con opiniones distintas. Es más aún, el crítico literario y sacerdote del Opus Deis, el cura Ignacio Valente, seudónimo de  José Miguel Ibáñez Langlois, columnista del diario “El Mercurio”, hace referencia  a la vida y obra de Dalton en varios artículos publicados en distintas épocas, destacando el sentido del humor , la ironía y la plasticidad poética del escritor salvadoreño.

La Antipoesía

Me atrevo incluso a señalar que parte de la celebrada anti poesía de nuestro anti poeta Nicanor Parra, tiene una herencia clarísima de Cesar Vallejo, pero hay elementos notorios de la poesía coloquial y exteriorista de Roque Dalton, sobre todo cuando la ironía y el humor se apodera de la poética parriana, aunque Parra no lo reconozca. De hecho es muy revelador el Arte Poética de Roque Dalton, algo así como su Manifiesto lírico que dice así: “Poesía perdóname por haberte hecho comprender que no sólo estas hecha de palabras”.

Y de seguro la influencia es mayor, esto es lo que a grandes rasgos se conoce, más mi propia subjetividad, porque de todas formas en América Latina, la vida y obra del poeta salvadoreño es mucho más conocida que de lo que hablamos de él en Chile. Sin embargo las nuevas generaciones con inquietud empiezan a conocer la obra de un poeta demasiado universal para “enjaularlo” en la historia de su país, cuya obra,  vida y  visión crítica y autocrítica  de la sociedad y la cultura siguen plenamente vigentes.

Texto:

Rodolfo de los Reyes Recabarren

rodolfodelosreyes@yahoo.es

Imagen de Roque Dalton extraída de: http://www.google.com.sv/search?rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=roque%20dalton&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1280&bih=699

QUERIDO HOMO SAPIENS. Un libro de Rafael Mendoza, El Viejo.


Rafael Mendoza Mayora

Cuando todos callaron, Rafael Mendoza habló.

Déjennos explicarles. Hace muchos años, sentados en una de las butacas del auditórium Miguel Mármol de la Universidad de El Salvador, escuchamos por primera vez al poeta Rafael Mendoza, leyendo un poema de su propia producción: «Vida, pasión y muerte de un poeta», dedicado a otro gran poeta salvadoreño: Roque Dalton. Eran los primeros años de la guerra civil salvadoreña. En aquellos tiempos turbios, confusos y aciagos, cuando todos guardaron silencio tras la muerte de Dalton, Rafael Mendoza, por el contrario, fue el primero en reivindicar positivamente la memoria de Dalton. Cuando todos callaron, Rafael Mendoza habló. Y este es un precedente importante, esto dice mucho de Mendoza. Fue un gesto poético y humano de alguien que se ha mantenido por mucho tiempo fiel a sus ideales en pro de la justicia, en pro de la raza humana. Así que leer ahora su libro de poemas «Querido Homo sapiens» ha sido para nosotros una confirmación a nuestra manera de entender la obra poética de Mendoza. Es una obra cargada de humanismo, pero también de una calidad poética reconocida por los expertos en esta materia.

En un tiempo en donde algunos predican que la poesía debería alejarse de los problemas sociales y volverse intimista y hasta quizás indiferente, somos testigos a través de «Querido Homo sapiens» de una voz que se preocupa por el destino de los más desposeídos y por el planeta herido por los abusos del poder mundial, una voz que sin ser religiosa pareciera predicar en el desierto. Estamos sordos a la destrucción de nuestra tierra, la sociedad del tercer mundo pareciera ir en un declive hacia el cuarto mundo, en medio de las drogas y los asesinatos.

Sin embargo, no vayan a mal interpretarnos. «Querido Homo sapiens» no es un manual de pesimismo. En él se denuncian los absurdos e injusticias de este mundo; pero en un tono sereno, conciliatorio con la razón, con la esperanza. Pero no por eso dejan de ser palabras firmes, con una intensa fuerza y una convicción verdadera. En esas palabras encontramos una poesía llena de denuncia reflexiva, sin los rencores irracionales de los inmaduros. Sus palabras son profundas, con el sello del vino reposado por largo tiempo.

A través de sus versos nos damos cuenta que el hombre ha creado «empresas asombrosas»; pero también grandes desastres, como el derrame de petróleo en el mar. Pareciera que el desarrollo intelectual ha desembocado en avaricia, envidia e hipocresía. Y aun así, el hombre prefiere  vivir en lo vano y lo superficial, en lugar de pensar y profundizar acerca de las cosas. Pareciera que el ser humano todavía es el mismo ser primitivo que vivió en las cavernas.

«Querido Homo sapiens» descubre y denuncia, pues, al ser humano que ha invertido grandes cantidades de dinero en la investigación del espacio exterior, pero que ha olvidado explorar su propio ser interior. Es cierto que través del dolor somos conscientes de nuestra existencia. Y eso le interesa a Mendoza; pero también le preocupan las guerras creadas por el poder y los desastres naturales a causa del daño a la ecología.

«Querido Homo sapiens» es un examen de consciencia, un viaje intimista al centro de la humanidad, representa el eslabón perdido entre el Hombre y el hombre. Sus páginas están llenas de reflexiones, anhelos, sueños concretados y sueños perdidos. Escrito hace 30 años, las palabras de este libro son hoy, quizás, tan vigentes e impactantes, como lo fueron al ser concebidas por Mendoza. 

Ante un mundo achicado por la era del ciberespacio, este poemario revela que aún se puede llegar a lograr la conexión perdida con la gran energía universal, o, lo que para muchos otros, será la línea de unión entre Dios y su pueblo.

Más que un llano poemario, «Querido Homo sapiens» es un cántico hacia, desde y para la vida. En cada verso Rafael Mendoza desnuda palmo a palmo la mediocridad, la mentira, lo perverso, el desdén y la hipocresía que rodea al ser humano. Mendoza nos deja sin nuestros vestidos harapientos y nos muestra al hombre que somos en verdad. Al sentirnos vulnerables nos obliga a iniciar nuevamente nuestro camino alejándonos del carbón que por años hemos sido, para acercarnos al diamante que podemos llegar a ser.

La crítica al hombre sencillo y corriente trasciende cuando Mendoza evoca a las grandes potencias económicas, el espacio y los satélites artificiales; es ahí cuando orgásmicamente llegamos al culmen de su pensamiento. Es ahí cuando descubrimos que el consumismo, la deshumanización, la alienación y el ser por el tener, nos han engullido vorazmente. Todos nosotros estamos en esto, unos primero y otros después, unos más que otros, pero todos al fin hemos estado en más de una ocasión segados por el dolor, el rencor, el desprecio, el amor y el desamor, y el deseo de tener algo más que posiblemente no necesitemos. La indiferencia ha salpicado nuestros corazones, y es ahí donde «Querido Homo sapiens» nos toma de la mano y nos lleva, línea a línea, párrafo a párrafo, mostrándonos nuestro errores como humanos que somos y nos hace reflexionar sobre nuestro futuro y el de las nuevas generaciones, esas que aún no han nacido y que bajo sus pensamientos y actuaciones nuestro planeta vivirá o morirá.

Magistralmente Rafael toca el tema de la Divinidad y nos hace ver cómo perfectamente hemos manipulado su existencia para nuestra conveniencia y para calmar y callar nuestras conciencias.

Nuestro Rafael nos quita el pañuelo que cubre nuestros ojos y ciega nuestro interior, hace que irremediablemente entremos en terrenos escabrosos y escandalosos para algunos, cuando duda de la creación del Hombre a imagen y semejanza de Dios.

Pero más allá de que estemos o no estemos de acuerdo con Mendoza y antes de que juzguemos sin haber reflexionado, «Querido Homo sapiens» nos hace pensar, meditar e indagar en nuestro interior. Es de la mano de Rafael que este libro nos da la pauta para cambiar y nos enseña que el Hombre tiene futuro, siempre y cuando que seamos «humanos» y dejemos que nuestro interior palpite desde el centro hacia afuera, ese centro en donde la «V nos palpita, la V de Vergüenza, Verdad, Victoria» y Valor.

«Querido Homo sapiens»  nos invita a un camino de moral y ética, cuando nos pide que andemos por el lado justo, por la verdad, sin juzgar y aprendiendo a aceptar a todos y a nosotros mismos.

Si esto último lo pusiéramos en la práctica cotidiana, médicos, artesanos, escritores, abogados, presidentes, estudiantes, docentes, alcaldes y diputados, entonces, otro gallo nos cantaría. Y quizás Rafael Mendoza no habría parido a nuestro «Querido Homo sapiens».

Óscar Perdomo León y Rafael Mendoza Mayora

Hay que recalcar que «Querido Homo sapiens» es una denuncia del Hombre por el hombre; pero también es un canto por la vida, es un testimonio de nuestros días y, al mismo tiempo, un espejo en donde podemos vernos la consciencia.

Texto y fotografías:

Érika Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

Artículo relacionado: FOTORREPORTAJE DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO QUERIDO HOMO SAPIENS 

EL PARAÍSO EN LA OTRA ESQUINA, un libro de Mario Vargas Llosa.

«El paraíso en la otra esquina» es una novela doble en sí misma, un apasionante relato sobre la vida de dos personas conectadas por la sangre y por su forma revolucionaria de llevar sus vidas.  Publicada en el año 2003, este libro narra en capítulos intercalados y bajo la genial pluma del recién ganador del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa (1936), la historia y la vida de dos grandes personajes históricos, Flora Tristán, la fiel defensora de las derechos de los obreros y especialmente los de la mujer, y la historia de su nieto , el famoso pintor Paul Gauguin.

Flora Tristán

Flora Tristán (París, 1803- Burdeos, 1844), mujer francesa que vivió al principio oprimida y maltrada por su esposo, se escapó de su hogar en una época en donde hacer eso era un acto criminal, para predicar y dar a conocer su ideología socialista con la cual redimiría a la sociedad. Teniendo orígenes peruanos de «buena familia» (su padre fue el coronel Mariano Tristán y Moscoso, y quien por cierto nació en Arequipa, Perú, la misma ciudad en donde nació Vargas Llosa), se embarcó hacia Sudamérica en una aventura de resultados imprevistos.

Paul Gauguin

Su nieto, el también ciudadano francés, Paul Gauguin (París, 1848- Atouna, Islas Marquesas, 1903), por su lado, no se conformó con seguir los patrones pictóricos artísticos de su tiempo, sino que se lanzó a experimentar con los pinceles y la tela, hasta alcanzar una identidad propia.

(Nadie puede pasar desapercibido a Gauguin además por aquel tan conocido encuentro con ese otro gran pintor: Vincent Van Gogh, después del cual éste se cortó la oreja).

Flora era incansable, inteligente, intuitiva, soñadora y buscadora de la justicia universal. Sufrió en carne propia la discriminación, sólo por ser mujer, pero también por ser pobre. Tenía la ilusión de que un mundo mejor era posible y luchó durante muchos años de su vida con tenacidad para conseguirlo.

Paul Gauguin era un poco egoísta, genial, impulsivo, sexual en todo momento, salvaje en muchos aspectos, que prefirió vivir lejos de París, el gran urbe cosmopolita, y lo cambió por la primitiva Tahití.

Toda la trama es manejada excelentemente por Vargas Llosa, con una narración limpia y añadiendo un poco de suspenso, de tal manera que los detalles, los conflictos, las batallas de cada uno de estos dos personajes, las alegrías y las tristezas, las dificultades económicas, la visión hacia el futuro, las enfermedades, toda la agonía y la delicia de la vida se expone con rigor, llevándonos a conocer la fama que de alguna manera ambos se forjaron, así como también el libros nos conduce a conocer la intimidad de sus actos y pensamientos.

«El paraíso en la otra esquina» es de verdad una novela digna de ser leída.

Texto:

Óscar Perdomo León

Artículo relacionado: EL LENGUAJE DE LA PASIÓN, de Mario Vargas Llosa.
Imágenes extraídas de: http://www.google.com.sv/search?rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=el%20para%C3%ADso%20en%20la%20otra%20esquina&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1280&bih=699

COSECHA LATINA, grupo musical salvadoreño.

El tiempo que duró el grupo musical Cosecha Latina fue muy corto y sin embargo produjo música de mucha calidad. Aunque en años relativamente recientes hubo cierta reunificación e hicieron un par de grabaciones más. Los integrantes que fundaron esta banda fueron los ex Zuncas Mario Romero Cárcamo y Carlos Romero Cárcamo. También ex Zuncas fueron algunos de sus otros miembros, como Ernesto Buitrago y José Tulio Pineda.

Al deshacerse esta agrupación, algunos de sus integrantes formaron la Generación Latina, que persiste hasta el momento.

Yo tuve el privilegio de formar parte de Zunca, pero no de Cosecha Latina; sin embargo sí tuve la oportunidad de colaborar con una de sus composiciones.

Es conveniente mencionar que los hermanos Romero Cárcamo, junto a su hermano menos, Juan Carlos Romero Cárcamo, Chambla Elías, Ernesto Buitrago y otros magníficos músicos, recientemente han fundado el grupo de jazz Proyecto Acústico.

Pero bien, en homenaje a la buena música, esta vez quiero que escuchemos dos temas buenísimos de la Cosecha Latina, grabados en diferentes épocas.

El primero es una canción grabada en 2005 que se llama MUJER; música compuesta por Carlos Romero y letra escrita por este servidor de ustedes.

El segundo tema es TE ENCONTRARÉ grabado en 1994; música y letra de Walter Cárcamo y Mario Romero. Esta composición se acompaña de un vídeo muy bonito, rodado en La Luna y dirigido por Salvador Lemus.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de: DIABLOS LOCOS SALSA VIDEOS

LA CASA DEL LABERINTO

Cuando llegué a la entrada de la casa donde me reuniría con Omega, mi viejo amigo, me detuve un poco y miré la puerta de madera. Dudé. No sabía si regresar a mi casa o tocar. Después de unos segundos decidí sonar la aldaba, pero la mano atravesó la puerta de humo y me fui de bruces. Me levanté en el acto y miré para todos lados. Me di cuenta que esta casa la conocía bastante bien. Quizás demasiado. Era una casa de pueblo, grande, con ladrillos de piso viejo y manchados por el tiempo, pero limpios. La sala tenía siempre los mismos muebles, esos donde muchas veces nos sentamos a ensayar con nuestros instrumentos musicales. Hice una pausa y con los ojos cerrados pude escuchar otra vez la música, nuestra música, la que compusimos cuando soñábamos con ser como Los Beatles. Abrí los ojos y regresé al presente y la vieja radiola donde oímos por primera vez el Abbey Road estaba intacta; sobre ella estaba la añeja fotografía en sepia donde Omega, de 8 meses de edad, iba sentado en un pequeño coche de bebé, que era empujado por mis brazos y mi fuerza de apenas tres años de edad. Seguí con mi búsqueda y mi amigo no estaba en la sala.

Me fui caminando con paciencia, entrando y saliendo de cada habitación, llenas todas de recuerdos, de olores añejos, de muebles viejos pero bien conservados. Todas las memorias que llegaron a mis cinco sentidos me hicieron sentir que muchas cosas tenía yo en mi alma y que el tiempo no había pasado en vano. Pero la ausencia de mi amigo me reventó en la cara como un dolor sin piel y sanguinolento. La última vez que lo vi, se iba del país, buscando despierto un sueño lejano como el horizonte. Recuerdo que, parcos, nos despedimos con la incertidumbre entre las manos…

Caminé hacia mi lugar favorito, el patio, con sus baldosas de pequeños cuadros grises, su árbol de granada y su laberinto de plantitas de flores rojas, largas y delgadas como gusanos peludos. Corté una granada y me la comí. En la estaca estaba la lora de siempre, cuyos ojos de pupilas negras que se contraían y dilataban me escrutaban con fervor. Dejé de sentir miedo. Me sentí cómodo, como si ese fuera mi hogar. Pero sé que no vine hasta aquí a deleitarme con este sitio. Vine porque de alguna manera mi amigo me llamó y yo acudí porque siempre fuimos así, leales y amigazos desde niños. Desde muy niños. Miré para todos lados y mi amigo no estaba tampoco en el patio.

De pronto, Omega salió de la antigua bodega y me miró con tristeza. No me habló ni yo le pude hablar. Ya no había palabras que decir. Una densa niebla se escurría lenta en el laberinto del patio.  Sentí, de la misma manera que la última vez que nos despedimos, que una distancia grande se había abierto entre él y yo, y que los niños y jóvenes que fuimos se habían muerto ya en el pasado y sólo quedaban, dentro del laberinto rojo, estos cadáveres vivos -¡alejados el uno del otro!- que somos ahora.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de: http://www.google.com.sv/search?hl=es&q=laberinto&gs_sm=e&gs_upl=3883l5923l0l9l9l0l3l3l0l422l1103l2-1.1.1&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&tab=wi&biw=1280&bih=699

EL SALVADOREÑO CARLOS MARTÍNEZ GANÓ EL PREMIO ORTEGA Y GASSET

Leí hace un par de semanas el reportaje periodístico por el que fue premiado con el Ortega y Gasset Carlos Martínez, periodista de El faro. net,  y quedé sumamente impresionado. El reportaje es claro y con una narración muy fluida e interesante. Profunda. Mete la nariz y los ojos hasta en los sitios y las circunstancias más inverosímiles, pero reales, que tienen tristemente lugar en El Salvador.

Escalofriante, espeluznante es la realidad salvadoreña. Y Carlos Martínez ha sabido retratarla efectivamente. Carlos nos conduce por los vericuetos salvajes, las pruebas y las historias que esconden los esqueletos mutilados, extraídos, arrancados de la tierra, y lo hace a través de la narración de como Israel Ticas, el único criminalista de El Salvador -¡en un país en el que ocurren 11 homicidios diarios!-, busca implacablemente en la tierra los cadáveres de las víctimas diarias de este infierno de violencia.

Los familiares de las víctimas lloran, piden, buscan, deambulan como zombis en pena, pero ya no piden justicia en este país que se las ha negado, sólo tratan de encontrar aunque sea los restos de sus hijos, sus maridos, sus hermanos…

También se puede apreciar lo lejos que está El Salvador de dar una respuesta positiva, de solución verdadera, a esta espiral de exceso de crueldad mortal, que es como una peste negra que nos envuelve. Y se revela también, a través del reportaje, la escasez de recursos que hay en la Fiscalía General de la República para resolver la inmensa cantidad de homicidios.

El reportaje tan acertado y galardonado escrito por Carlos Martínez se llama El criminalista del país de las últimas cosas.

Texto:

Óscar Perdomo León 

Fotografía extraída de El Faro.
Pueden ver aquí unas fotos de la premiación que se llevó a cabo en Madrid, España y a la que asistió Carlos Martínez como ganador.
Y hay un vídeo muy interesante también aquí.

EL MAR. Un poema de Roque Dalton.

En un momento cuando ya no se puede creer en ningún político salvadoreño, ya sea de izquierda o de derecha, en un año en que la economía y el tejido social salvadoreño han sufrido una degradación enorme, nos aferramos a las figuras que mantuvieron, mientras estuvieron vivas, una conducta fiel a sus ideales. Amamos a aquellos que hicieron cosas bellas y elevadas, mientras otros traicionaban al ser humano o desperdiciaban su vida en labores superfluas.

Por eso en este nuevo aniversario, que es el  número 76 de su nacimiento y el número 36 de su asesinato, volvemos los salvadoreños a recordar a Roque Dalton (1935-1975).

En su memoria, yo transcribo aquí, literal, uno de sus más bellos poemas: «El mar», escrito en la Habana, Cuba, en 1962.

Óscar Perdomo León


EL MAR

A tati, Meri, Margarita, con quienes compartí una ola…

I


Hay grandes piedras en tu oscuridad tempestuosa
grandes piedras con sus fechas lavadas por tu sombra
porque hasta el sol de día cómese tu sombra                                                                              cruje en el frío despidiéndose del aire                                                                                                  que no se atreve a penetrarte.

 Oh! mar donde los desesperados pueden dormir                                                                                arrullados por explosiones impasibles                                                                                   alfabeto del vértigo paisaje diluido que los muros envisten                                                           las gaviotas y la espuma de los peces son tu primavera                                                                   la furia es una pirámide verde                                                                                                               una resurrección del fuego más agudo tu clima                                                                                   tu mejor huella sería un caracol                                                                                           caminando  con pasos de niño el desierto

(Amé siempre esas poblaciones disímiles                                                                                             al parecer robadas de las manos del mar                                                                                               pequeñas villas junto a la arena                                                                                                     puertos escandalosos en la ebriedad del salitre                                                                         caseríos tiritando entre la niebla llena de corales                                                                       grandes ciudades titánicas frente a las tempestades humilladas                                                 aldeas de pescadores ciegos bajo un faro de aceite                                                                 factorías acechantes entre los manglares con un largo cuchillo

Valparaíso como una gran cascada en suspenso                                                                               Manta Puná puertos del Ecuador que me negaron las hojas                                                           Buenaventura aromática como un gran puerto sucio                                                                     Panamá con los ojos punzados por la depravación                                                                           Cartagena siempre aguardando a los piratas hambrienta                                                             Willemstadt náufraga en los dominios del petróleo                                                                           Tenerife y su dulce copa de vino                                                                                                   Barcelona bostezando entre los bancos y los carabineros                                                             Nápoles bellamente tumefacta                                                                                                               Génova Leningrado Sochi La Guaira Buenos Aires                                                                           Montevideo como una margarita                                                                                                             Puerto Limón Corinto                                                                                                                             Acajutla en una lenta playa de mi patria                                                                                       todos mirándose en el espejo grave que surcan los delfines                                                         apartando como un sable veloz                                                                                                                 las infinitas espigas de esmeralda.)

II

…sal de los sacrificios…
García Lorca

Si la noche rescata su cúpula de fósforo                                                                                               y tus perdidos maonstruos bajo el rayo se arrugan                                                                      los  peces desatados son diez rápidos niños                                                                                    que maduran profundos el himno de la escama

El oxígeno muerto sobre los minerales                                                                                       cuando pasa un desfile de hipocampos dorados                                                                enturbia el agua verde con su herida maldita                                                                    mientras prosigue sordo el rito de los pulpos.

Sal de los sacrificios vecindad corrosiva                                                                                           luz sin fuego mordiente quemadura licuada                                                                             pálida sangre antigua de corriente furiosa                                                                                donde los ahogados resucitan su fiebre

El mar el mar entierra su salada noticia                                                                                                el mar devora sordo la solar quemadura                                                                                            el mar alza su rostro su cicatriz al cielo                                                                                                 el mar recae roto al cuido del abismo

En los embarcaderos nos engaña el aroma                                                                                        de las algas vencidas de los peces amargos                                                                                       el mar no es un cadáver es un sueño azotado                                                                                  un móvil laberinto donde tiemblan los astros

ESTUARIO

Hoy has bajado desde el monte negro                                                                                             otra vez sin tu lámpara.

(Vienes a mí en sigilo de dulce delincuente                                                                          evadiendo las miradas curiosas de la aldea                                                                                        la envidia de las viejas hundidas en el calor                                                                                    los gritos de los niños tratando de prenderse de tu frescura.)

Nos hemos quedado desnudos mirándonos en la suave oscuridad

recordando los viejos días que siempre renacen en la sangre                                                      y a la hora de amar hemos sido tiernos como nunca                                                                 poblados de pequeñas palabras como nunca                                                                             todos nuestros sentidos abiertos como una flor al sol.

He despertado antes del amanecer                                                                                                          y veo que ha quedado la forma de tu cuerpo                                                                                  retenida en la almohada.

Y he salido a lavarme con el agua de la lluvia de anoche                                                                  y se me ha olvidado cantarle a las gaviotas                                                                                como todos los días…

III

Un barco cargado de                                                                                                                                  tedio                                                                                                                                                                     un barco cargado de grupos taciturnos                                                                                       escapando con muerta lentitud a las mandíbulas del sargazo.                                                    En la proa cortamos el gran muro del aire                                                                              silenciosos estamos pensando en el país                                                                                        donde el amor quedó temblando en su primera soledad.                                                          Los libros están húmedos de sal                                                                                                              y el agua desde aquí parece una gran plaza desértica.                                                              ¡Qué jerarquía la de su soledad azotada!                                                                                                ¡La de su fría desnudez de piedra negra                                                                                                  que allá en el horizonte languidece en los brazos del viento!

ESTUARIO

Ha terminado el amanecer de los nadadores. No estoy comprometido.                             Yo solamente abro la ventana                                                                                                                   para que os venga la gran rosa del yodo                                                                                                la más diseminada la violenta rosa                                                                                                      que es aquí todo y en todo establece su tacto.

Cuando os veo desnudos amándoos bajo la leve sábana                                                                -temblorosa mirada bajo los párpados cerrados-                                                                          Sé que no es sólo este mundo de borde marino                                                                            este filoso olor a sal caliente                                                                                                                      lo que me enrostra las húmedas añoranzas.

Nunca debí dejarla ir.

Lo siento más en ciertos domingos como este domingo once                                                    en que no os importa al final presencia                                                                                                y copuláis largamente                                                                                                                        furiosamente bajo la leve sábana                                                                                                temblorosa mirada bajo los párpados cerrados.

IV

El día en que el padre pez prolonga su castigo en el aire                                                                  el día en que se arriesga en el aire letal                                                                                              prendidas a su última escama restos de algas                                                                                       restos de pálidas algas amarillas                                                                                                sobrevientes a no sé cuál sumergimiento                                                                                            el día en que mi herida se detiene en la orilla de la espuma                                                         al margen de su agresión diseminada de sus volátiles                                                        dientecillos                                                                                                                                                      el día en que la marisma es el horizonte                                                                                        volcada en su ebriedad la rosa de los vientos                                                                                      no se puede                                                                                                                                                      no se puede sino pensar en los laberintos que debemos                                                              en los hondos secretos que nos enmarañan el corazón.

Y no caben los exorcismos es el vacío pleno                                                                                      el desasosiego en medio de la humedad poderosa                                                                  todas las preguntas se van al fondo de los huesos                                                                             y ahí se quedan como las estaciones de año desgraciado.

Ni el sumum de las huellas podría amotinarse                                                                          a contrasombra se nos duerme la sed                                                                                                   y sólo la desnudez de las palomas resuena                                                                                         en el oído que se confiesa hastiado de los golpes.

(Cómo quisiéramos ir hasta la raza de la clava hasta el murmullo                                          seguro se sí mismo en la intimidad subterránea                                                                                ¿pero cuál llave cuál cerrojo besar                                                                                                            que no nos venda a las facciones del guardián                                                                             con qué amargura echar toda la suerte que nos queda                                                                     sin que nos haga resbalar en sus traidores                                                                                  vástagos resurgiendo de la ceniza?)

El mar y el momento son por ahora indescifrables.

Bebamos                                                                                                                                                      bebamos un vaso de este ron difamado                                                                                    alejémonos hacia la altura de la playa                                                                                                de este playa cuya arena es el cadáver de un mármol corrompido                                            y preparémonos para responder al sueño que vendrá.

Mayo de 1962.
Poema «El mar» extraído de: Dalton, Roque,  NO PRONUNCIES MI NOMBRE, poesía completa I, Colección Orígenes, No. 18, Dirección de Publicaciones e Impresos y CONCULTURA, San Salvador, 2005,   «El Mar», p. 517-527.
NOTA: Roque Dalton nació un 14 de mayo y fue asesinado un 1o de mayo (día de la madre.)
Enlaces de artículos relacionados y muy interesantes, que están en el Archivo Digital Roque Dalton, del periódico ContraPunto:
LA TRAGEDIA DEL HEREJE, escrito por Horacio Castellanos Moya.
EL INTELECTUAL «PENSANTE» VERSUS EL INTELECTUAL «OPERATIVO». EL DISCURSO ANTIINTELECTUAL EN EL «PROCESO» DE ROQUE DALTON, escrito por Luis Alvarenga.
LA RETÓRICA EN DALTON, escrito por Álvaro Rivera Larios.
«NO RECUERDO EL ASESINATO DE ROQUE DALTON, RECUERDO UN PROCESO POLÍTICO», entrevista a Jorge Meléndez, realizada por Tomás Andréu.
TENEMOS INCRUSTADAS UN MONTÓN DE ESPINAS DE ACERO. Entrevista por Fernando de Dios a Juan José Dalton.

VIDEO sobre la exposición de Roque Dalton en el MUPI.

Imágenes extraídas de: http://www.google.com.sv/search?tbm=isch&hl=es&source=hp&biw=1280&bih=699&q=roque+dalton&btnG=Buscar+im%C3%A1genes&gbv=2&aq=f&aqi=&aql=&oq=

AQUEL NIÑO

La primera vez que aquel niño se vio a sí mismo, o por lo menos la ocasión primera que ha quedado grabada en su memoria, fue cuando se miró en los ojos de su padre. Quizás tenía 4 ó 5 años y no podía todavía pronunciar bien las erres. Su papá lo cargaba en brazos y le sonreía.

Le gustaba correr y jugar de cosas de fantasía. Cuando se metía dentro de un juego, de verdad lo vivía con un entusiasmo muy grande. El juego era más real que la realidad misma. A veces se metía en la máquina de coser de su mamá y jugaba que manejaba el vehículo de su papá.

Tenía un hermano menor y se desesperaba que él durmiera por la tarde, porque no podían jugar juntos, así que se dirigía a la cuna de su hermano y la movía con toda su fuerza para despertarlo. No lo hacía por molestar. Ya era travieso por naturaleza.

Una vez, cuando tenía aproximadamente como 6 años, estaba jugando en el parque San Juan y un niño mayor que él, como de 12 años de edad, lo golpeó varias veces en la cara. No recuerda por qué pelearon. Regresó llorando a su casa y su papá le preguntó por qué lloraba. Le contó todo. Su papá se acurrucó frente a él, lo miró directo a los ojos y le dijo:

-No le tengás miedo nunca a nadie.

Cuando cumplió 10 años tuvo por primera vez en sus brazos a una dama de curvas pronunciadas y se enamoró de ella. Era una guitarra anaranjada y pequeña, muy sonora y afinada.

Unos días después una memoria imborrable se quedó con él para siempre: su padre yacía en un ataúd frío.

La guitarra sonó triste.

Nunca ha sabido bien cuando dejó de ser él aquel niño. Quizás fue a los 12 años de edad, el día en que miró por primera vez con malicia, y quizás con lujuria, las piernas de una amiga de su madre.

Entre los 5 y los 12 años hay sólo 7 cortos años; pero un mundo casi infinito se encierra en ese tiempo, que demasiadas  cosas se han quedado fuera de esta página.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de:
http://www.conmishijos.com/dibujos/Nino_jugando_con_una_cometa_1_g.gif

BORGES, ORAL. Jorge Luis Borges en la Universidad de Belgrano.

Jorge Luis Borges

Entre el 24 de mayo y el 25 de junio de 1978, Jorge Luis Borges dio cinco conferencias en la Universidad de Belgrano (de Buenos Aires, Argentina). Éstas fueron grabadas en cintas magnetofónicas y luego, después de muy poca edición, es decir, sin hacer ninguna modificación, a excepción de eliminar «algunos tropiezos, baches y algunas vacilaciones» (1), las conferencias fueron pasadas al papel casi literales, como las había expuesto Borges,  e impresas la primera vez en 1979, con el nombre de «Borges, oral.»

Debió ser un verdadero placer escuchar a un hombre que había leído tanto y que tenía una expresión oral tan ordenada y atrayente. 

En el prólogo del libro Borges explica brevemente sobre los temas que trató en esas conferencias:

«Cuando la Universidad de Belgrano me propuso dar cinco clases, elegí temas con los cuales me había consustanciado el tiempo. El primero, El libro, ese instrumento sin el cual no puedo imaginar mi vida, y que no es menos íntimo para mí que las manos o que los ojos. El segundo, La inmortalidad, esa amenaza o esperanza que han soñado tantas generaciones y que postula buena parte de la poesía. El tercero, Swedenborg, el visionario que escribió que los muertos eligen el infierno o el cielo, por libre decisión de su voluntad. El cuarto, El cuento policial, ese juguete riguroso que nos ha legado Edgar Allan Poe. El quinto, El tiempo, que sigue siendo para mí el problema esencial de la metafísica.»

Es interesante saber que Jorge Luis Borges siempre fue muy tímido para hablar en público y la manera que él encontró para superar ese problema fue pensar en voz alta. Si lo hacía de esta manera, olvidaba por un momento que estaba frente a un gran público y esto le permitía recordar y reflexionar profundamente sobre el tema que estuviera tratando.

A mí en especial me interesa mucho su conferencia llamada El libro. En esta expone sus ideas tan originales sobre este maravilloso invento. Esta parte es con la que más me siento identificado, porque yo me enamoré de los libros cuando aún era niño y para mí eran -y siguen siendo- como objetos elevados, mágicos, yaciendo en un pedestal.  Así que leer al gran Borges refiriéndose a los libros me causó mucha satisfacción. He aquí sus palabras:

«De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones del cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.»

Recomiendo leer «Borges, oral», porque al enfrentarse a este libro uno se imagina a Jorge Luis Borges hablando pausado y sabiamente, con su ceguera luminosa y sus manos sobre el bastón, sintiendo ese placer tan sencillo -y a veces olvidado y menospreciado- de hablar y de escuchar, un placer magnificado por la presencia y el conocimiento profundo de este gran escritor. Su voz suelta y libre en el aire, cae como un suave rocío sobre las páginas blancas, volviéndose letras negras, luciérnagas inundadas de vida.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de: http://www.google.com.sv/search?rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=borges&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1280&bih=699
(1) Palabras escritas por Martín Müller, en el epílogo de:  Borges, Jorge Luis, «Borges oral», Emecé Editores S.A., Editorial Belgrano, Buenos Aires, 1979, p. 102.
Agradecimientos: no quiero dejar de mencionar que este libro (Borges, oral) me fue obsequiado ya hace años por mi amigo Danilo Colindres.
Artículo relacionado: EL INMORTAL, de Jorge Luis Borges.

FOTOGRAFIAR EL ARTE. La luz y la sombra.

Grupo de teatro Moby Dick. De izq. a derecha: Dinora Cañénguez, Mercy Flores (sentada) y Rosario Ríos.

Soy fotógrafo aficionado. Y en la aventura de ser y de practicar, he ido aprendiendo empíricamente algunas cosas sobre la luz y la sombra que pueblan nuestro planeta.

¿Qué cosas me interesa fotografiar? Pues, todo. Pero a veces tengo preferencias y una de ellas es todo lo que tenga que ver con el arte. También me gusta más fotografiar situaciones espontáneas que personas «posando para la foto». Aunque no estoy cerrado a eso. Hay personas muy fotogénicas que saben muy bien como mirar a la cámara y sacarle partido a su físico y a su actitud y postura frente a los lentes y el diafragma de la caja mágica de imágenes.

Cuando he fotografiado músicos, actores, escritores, bailarines y gente relacionada con el arte, lo he hecho porque me he sentido atraído a hacerlo. Ha sido como una especie de viaje sobre un cayuco en un río caudaloso, que fluye; yo me dejo arrastrar con suavidad a través de su trayecto y me encuentro con estos personajes tan talentosos.

Con el arte en la sangre es el volumen tres de la colección «La luz y la sombra», y contiene fotografías que fui tomando en el transcurso de varios años. Y cuando las tomé no pensé en colocarlas juntas o hacer un pequeño libro con ellas; más bien sólo seguí mis instintos y mis gustos al tratar de inmortalizar a  gente relacionada al arte, gente que de verdad lleva el arte en la sangre.

El volumen uno de esta colección,  «La luz y la sombra», tiene un carácter misceláneo: podrán hallar en él animales, niños, ancianos y un pequeño homenaje a Monseñor Romero. Es mi favorito de los tres volúmenes, porque contiene las estampas germinales de mi amor a la fotografía.

El volumen dos está dedicado al erotismo. En cuanto a esto, pienso que es una cosa muy subjetiva, y lo que para mí pueda ser erótico para otro pueda parecer pornográfico. Es cuestión de gustos. Las fotografías de este volumen dos, a diferencia de los otros dos volúmenes, las trabajé en computadora.

Pero volviendo al tema que nos ocupa hoy, es decir, al volumen tres, quiero decir que cuando uno fotografía a un artista ejecutando su instrumento, pienso que la mejor manera de atraparlo o congelarlo en una imagen, es sintiendo su arte, por ejemplo, su música o su actuación en la obra de teatro. Eso lo impulsa a uno fuertemente, le da como un empujón instintivo, para disparar la cámara fotográfica en el momento adecuado.

Rafael Mendoza (El Viejo). Escritor y abogado.

Si con una imagen se pueden decir mil palabras, entonces espero que en las imágenes de esta breve colección que he llamado Con el arte en la sangre puedan ustedes  «leer» los mensajes que están grabados en los rostros y en los gestos de estas personalidades, unas más conocidas que otras, pero todas viviendo y respirando el arte como un alimento imprescindible y necesario.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

Los otros dos libros de la colección «La luz y la sombra»:

La luz y la sombra, volumen uno.

La luz y la sombra, volumen dos. 

LA LEY DE HERODES. Una película de Luis Estrada.

«La ley de Herodes«, es una película dirigida por Luis Estrada, que vio la luz en 1999 y está ubicada en el tiempo a finales de los años ´40 del siglo XX. Esta cinta es tan actual, sincera y cruda que se le ponen a uno los pelos de punta al mirarla, porque a pesar que su temática trata sobre el México del siglo pasado, perfectamente puede extrapolarse todo ese drama a El Salvador de este año de 2011, con las variantes del caso.

La película tiene un poco de comedia, un poco de erotismo, un poco de drama… todos los ingredientes que debe tener una buena película.

La corrupción de los políticos y su completa insensibilidad hacia los problemas reales de la sociedad es reflejada de una manera tan cercana, con diálogos muy acertados y un argumento muy bien hecho.

La historia empieza cuando un alcalde (presidente municipal) de un pequeñísimo pueblito, perdido en medio de la nada, comete un asesinato y se roba el dinero de las arcas públicas; pero en su huida es atrapado y decapitado por una trifulca de los habitantes del pueblito. Para sustituirlo, mandan a un viejo miembro del partido político  PRI, que trabaja administrando un basurero y que al ser nombrado alcalde, se llena de felicidad y orgullo. Lo interesante es que al principio él trata de comportarse éticamente; pero muy pronto, al contacto con la dueña de un prostíbulo, con el sacerdote católico y otros, va cediendo rápidamente a sus sobornos, la famosa «mordida».

La ridiculez de los discursos políticos, sus intrigas y sus ansias de poder están tan bien presentadas que ya a uno no le queda duda que encontrar un político honrado será como encontrar rosas en el mar, como decía una vieja canción.

No les contaré por supuesto el final; pero les diré que la música y la fotografía son muy buenas y que después de verla no quedarán decepcionados. Me gusta mucho también el ritmo de la película. Además creo que la dirección de arte está muy acertada. Las actuaciones son definitivamente excelentes y el largometraje cuenta con un elenco de lujo, entre ellos Damián Alcázar, Pedro Armendáriz hijo, Guillermo Gil, Isela Vega y Leticia huijara, entre otros.

Es una verdadera obra de arte que todo latinoamericano debería ver.  «La ley de Herodes: o te chingas o te jodes.»

LA LEY DE HERODES

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de: http://www.google.com.sv/images?rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=la%20ley%20de%20herodes&um=1&ie=UTF-8&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1280&bih=699

POESÍA Y MÚSICA

Me gusta leer poesía; aunque leo prosa en una proporción más grande. Mi acercamiento a la poesía siempre ha sido por razones estéticas: musicalidad e imaginación elevadas a la décima potencia. Algo fuera de serie. La poesía en el pedestal de mis amores.

Pero también hay que decir que leer (y escribir) poesía es más difícil que hacer lo mismo con la prosa. Para leer poesía necesito siempre silencio y un ambiente de armonía. Recuerdo que en los días de la guerra civil, en los festivales musicales y poéticos que se hacían en la Universidad de El Salvador, los que leían poesía lo hacían sobre una tarima frente a un mar de alumnos ruidosos. Era poesía, en su mayoría, panfletaria, y aun así la disfrutaba, porque era al menos algo como un pequeño oasis.

Me gustan mucho los poemas, especialmente aquellos que tienen una musicalidad interna que lo conduce a uno suavemente por el ritmo tan peculiar de las palabras. La musicalidad de un soneto no es igual a la musicalidad de un poema en verso libre; el ritmo y los silencios entre cada verso es una cosa muy diferente en ambos casos. Y ambos casos me gustan.

La música interna de las palabras ordenadas de cierta manera misteriosa que sólo los magos-poetas conocen es un secreto que está en sus corazones y que sacan a relucir casi espontáneamente.

Pero cuando estos poemas están acompañados literalmente de música, para mí el placer se magnifica. Muchos músicos, a través de la historia, le han puesto música a los textos de poetas y dramaturgos, como por ejemplo el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven o, más recientemente, los poemas de Miguel Hernández musicados por Joan Manuel Serrat o el álbum «Expedición» de Silvio Rodríguez.

Hace poco volví a escuchar una canción, en inglés, del grupo Bread, que tiene una melodía muy bonita y una letra muy poética. No sé mucho de poesía, pero para mí es un poema lleno de metáforas e imágenes muy bellas; la canción se llama If. Una traducción al español de la canción «If» la podrán encontrar aquí.

He aquí otro ejemplo -¡y de mis favoritos!- de lo estoy hablando hoy:  Toti (del álbum «Expedición»)  de  Silvio  Rodríguez.

Poesía y música, el matrimonio ideal.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de:
http://api.ning.com/files/CNsUB9tEuCYAqUSgfLT04HTI0EigJ7Zn-KLc-jCdG3aAVnQNg1D6pZC7ZTwtGO12NdhCEWi4Gh5b2mnPVR*llL8D2uuwly4Y/poesia.jpg
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MANGORÉ, EL MAESTRO QUE CONOCÍ. Libro de José Roberto Bracamonte Benedic.

Agustín Barrios Mangoré. Fotografía tomada por Roberto Bracamonte.

«Mangoré, el Maestro que conocí», es un libro escrito por el Dr. Roberto Bracamonte, uno de los alumnos predilectos de uno de los más grandes guitarristas que ha producido el mundo: Agustín Barrios Mangoré, conocido como Nitsuga Mangoré, un paraguayo que recorrió muchas partes del mundo con su arte y que al final de su vida hizo escuela de guitarra en El Salvador y fue también aquí, en estas tierras cuscatlecas, donde dio su último suspiro de vida.

Las ciento cuarenta y cinco páginas del libro nos conducen por ciertas zonas antes desconocidas del Maestro Mangoré, vistas a través de los ojos de un testigo querido y cercano a él, un salvadoreño que, aunque con otra profesión diferente a la de músico, amaba tanto la guitarra y la música que llegó a dominarles  y conocerlas de una manera muy intensa. Y todo bajo la tutela del grandioso guitarrista Barrios Mangoré, quien dejó tras de sí una serie de alumnos y seguidores de su obra. Las reflexiones y las descripciones físicas y espirituales que hace Roberto Bracamonte sobre Mangoré están inundadas de gran respeto y admiración, pero no por eso dejan de ser un informe muy fidedigno del famoso «indio guaraní»:  Nitsuga Mangoré.

Hay que decir que Barrios no sólo fue un grande e inigualable domador del instrumento de las seis cuerdas, fue también poeta y conversador ameno, un hombre desligado del egoísmo, que compartía con sus alumnos las enseñanzas que sabía sin restricciones. Bracamonte lo describe como un hombre parco a la hora de hablar de sus triunfos, humilde pues por principios, pero muy agradable y suelto a la hora de hablar sobre la guitarra o sobre los músicos que admiraba.

El Dr. Bracamonte había sido exhortado en varias ocasiones por el Dr. Carlos Rodríguez Payés (también guitarrista) para que escribiera los numerosos recuerdos que sobre el maestro Barrios aquel tenía. Así que «Mangoré, el Maestro que conocí» tiene entonces la gran cualidad y ventaja de ser un testimonio bastante cercano y directo sobre la vida del músico. Especialmente porque Bracamonte no sólo fue alumno de Mangoré, sino también porque vivió con él los últimos tres años de su vida. Así que el libro está lleno de anécdotas sobre el famoso guitarrista, así como de revelaciones de pequeños detalles sobre su vida cotidiana. Algunas anécdotas están contadas de una manera tan vívida que parieran como breves cortometrajes en blanco y negro. El libro al cual me refiero este día fue publicado en 1995. Una buena manera de conocerlo mejor es leyendo directamente las palabras de su escritor. He aquí, pues, un breve fragmento de alguno de los detalles que Roberto Bracamonte cuenta en su libro:

«Además del español, el cual conocía en sus reglas gramaticales y retóricas, Mangoré tenía dominio del idioma materno del Paraguay, el guaraní. A mi pedido y para satisfacerme, recitaba versos propios y de otros poetas en guaraní, cuya dulzura y sonoridad musical siempre me encantó. Mangoré me explicaba que era una lengua completa y me apuntaba sus dificultades y sus reglas. Es tan bello y armonioso como el español, decía, y me dio la impresión que, para él, eran las lenguas más completas y hermosas del mundo, lo que nunca puse en duda. Yo escuchaba aparentando seriedad en la atención, porque lo único que me agradaba era el ritmo métrico y la sonoridad que daba a lo pronunciado y que él con entusiasmo ponía en el ambiente.»

A propósito de Rodríguez Payés, a quien mencioné unas líneas arriba, cuenta el Dr. Bracamonte Benedic que fue precisamente el Dr. Carlos Rodríguez Payés quien le llevó  las partituras de Mangoré al famoso guitarrista australiano John Williamsquien en ese momento se encontraba en Londres. A partir de ahí surgió el disco que ayudó a resucitar en cierta manera el conocimiento de Barrios Mangoré alrededor del mundo.

Es prudente mencionar que en 1992 se había publicado, en idioma inglés, el libro «Mangoré. Seis cuerdas de plata», del estadounidense Richard D. Stover, el cual llegó a las manos de Roberto Bracamonte y se refiere a él en su libro. Yo lo leí cuando en el año 2002 fue publicado en español, en El Salvador, bajo el auspicio de Miguel Huezo Mixco y con traducción de Rafael Menjívar Ochoa. El libro de Stover es un documento muy valioso, lleno de investigaciones exhaustivas, basadas en mucha bibliografía, en visitas a los lugares que frecuentó el maestro de la guitarra, así como en pláticas y entrevistas a varias personas que conocieron al grandioso guitarrista . Es realmente un libro de inestimable valor para la cultura guitarrística mundial. (Por cierto que a Stover tuve el gusto de escucharlo hace ya un par de años en un concierto que dio en la Universidad Don Bosco.)

Pienso que en muchos detalles ambos libros (el de Stover y el de Bracamonte)  se complementan.

Pero volviendo al libro que hoy nos ocupa, es bueno decir que Bracamonte retoma además en su libro algunas impresiones muy íntimas de su maestro, en el campo de la composición y de la técnica interpretativa de la guitarra. Quizás lo mejor sería transcribir un pequeño párrafo para entender y disfrutar mejor de lo rescatado por Roberto Bracamonte:

««La Catedral» he tenido la suerte de escucharla por varios intérpretes y por el mismo maestro -fue lo primero que oí de sus manos- y me ha parecido que hacen magníficas ejecuciones, pero también tengo la impresión de que se podrían mejorar. La obra es, en los tres movimientos, una serie de campanas repicando, y varias veces le pedí al maestro que tocara el «allegro» y el «andante» más despacio para tener esa impresión.

«El «andante» es algo serio de interpretar y la mayoría lo toca con cierta velocidad que resta la solemnidad que se espera escuchar. Los primero acordes, en la parte inferior del traste doceavo, deben ejecutarse ligeramente arpegiados, aun cuando Mangoré no los dejó así indicados, pues las cuerdas sueldas dan el sabor de campanela. La sucesión de acordes tan bien hilvanados en los tres bordones, no deben sonar precipitadamente y son ellos los que dan la solemnidad, majestuosa y quizás ligeramente fúnebre a este andante. En todo momento debe hacerse sentir la campanela, siempre que se pueda arpegiando ligeramente, como ya dije.

«El «allegro» de esta sonata es muy complejo. En el repiqueteo de los primeros compases es necesario destacar además la nota grave del acorde de larga duración, las notas que quedan bajo el dedo medio y el anular, con un tanto menos que el primer sonido, lo que vuelve más difícil la ejecución y disminuye la velocidad; pero tengo entendido que aquí es mejor ser un tanto lento y conseguir los efectos esperados, porque para lucir la habilidad hay obras de otros autores y del mismo Mangoré que lo permiten. El problema es precisamente éste, que todos los ejecuntantes lo hacen a gran velocidad y desaparece el efecto de campanela que se continúa produciendo en muchos compases y que el compositor, incluso, no apuntó con lo signos debidos.»

Dr. Roberto Bracamonte.

Bracamonte también apunta sobre su disyuntiva entre dedicarse a la guitarra o brindar su vida a la Medicina, y lo hace de esta manera:

«Yo, que escribo estas líneas, fui un afortunado huésped por casi tres años en casa de Mangoré y Gloria (esposa, de origen brasileño, de Mangoré); llegué a conocer algo de la amada guitarra, gracias a la enseñanzas y observaciones del Maestro y desarrollé una pulsación bastante aceptable. La mala fortuna, que nunca deja de perseguirme y a ratos me da horribles tratamientos, hizo que la Medicina fuera mi carrera principal y me vi obligado a dejar totalmente el instrumento por recomendación del mismo Mangoré, quien, informado que estuve a punto de perder un año de Medicina de las más duras y difíciles materias por estar con la guitarra entre mis brazos hasta altas horas de la noche, en vez de los secos, poco atrayentes y nada afectivos libros de Esculapio, me dijo: «Ché, dos mujeres no caben en casa y tienes que dejar una: escoge y toma partido. Decídete.» Masoquista y sin dinero para seguir estudios de música seriamente, me quedé con la Medicina que, aun cuando es una esposa muy rebelde de manejar y, además de dominante, cruelmente celosa, en reconocimiento me ha tratado con cariñoso afecto,  cariño que todavía acepto con un tanto de triste resignación. Guardé pues la guitarra hace casi cincuenta años y una que otra vez la toco como su fiel amante y a escondidas, sufriendo de no tenerla junto a mi pecho, pero sin celos, ya que no he dejado de amarla y me siento feliz cuando oigo sus quejas por no estar en mis manos cuando otros esposos la acarician y abrazan amorosamente. Debo confesar con sinceridad que aún me duele no haber llegado cuando menos, a ser artista aceptable y no un médico como me deparó el destino. Así fue que quien más oportunidad tuvo de aprender y disfrutar del genial compositor paraguayo fue el que menos cosechó.»

«Mangoré, el Maestro que conocí»  es un libro indispensable para todos aquellos que quieran saber más de la guitarra y conocer además al Mangoré que vivió en El Salvador.

Dr. Roberto Bracamonte junto a la tumba de Mangoré, en el Cementerio de los Ilustres, en San Salvador.

DOS PALABRAS SOBRE ROBERTO BRACAMONTE.

El Dr. Bracamonte fue un destacado médico salvadoreño, que estudió su post grado en oftalmología en Brasil y Argentina; fungió como catedrático de la Universidad de El Salvador y como Director del Centro de Rehabilitación de Ciegos. Importante fue que desarrolló en 1982 un programa para la formación de oftalmólogos en el Hospital Rosales (en San Salvador). En 1940 conoció a Mangoré y se volvió su discípulo en la guitarra, teniendo además el privilegio, como ya se ha dicho antes, de vivir junto a él durante los últimos tres años de vida del famoso guitarrista.

Roberto Bracamonte estuvo casado con América Valencia, pianista que hizo estudios de interpretación y composición en Italia (y tía de mi esposa Érika) y a quien agradezco que me haya obsequiado, en una visita que le hicimos a su casa, el maravilloso libro que escribió su esposo.

El Dr. Roberto Bracamonte falleció en el año 2007.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía de Mangoré con lentes, tomada por el Dr. Bracamonte, extraída de:http://www.elsalvador.com/mwedh/aspnet/imagen.aspx?idArt=4542840&idImag=10901037&res=0&idcat=6482&w=450&maxh=400
Fotografía de portada del álbum de John Williams extraída de:
http://www.google.com.sv/images?hl=es&q=williams%20plays%20barrios%20mangor%C3%A9&um=1&ie=UTF-8&source=og&sa=N&tab=wi&biw=1280&bih=699

Las otras imágenes han sido extraídas del libro del Dr. Bracamonte.

Video recomendado: Santo de la guitarra: la historia fantástica de Agustín Barrios mangoré.

LOS GIRASOLES CIEGOS, de Alberto Méndez.

Acabo de leer «Los girasoles ciegos» del escritor español Alberto Méndez (1941-2004), un libro que trata sobre  la post guerra civil española. No es una crónica ni un estudio histórico; sino cuatro relatos de ficción breves e independientes básicamente unos de otros, pero que se integran entre sí en el contexto de una guerra recién finalizada, con todo el peso que eso trae consigo contra los derrotados. Me parece, aunque son cuatro relatos autónomos, bien podría este libro ser una especie de novela, si tomamos en cuenta lo bien integradas y relacionadas que están estas cuatro historias.

Previamente había visto también la película homónima, dirigida por José Luis Cuerda y en la que se presenta básicamente, o con más énfasis, la última historia de las cuatro que hay en el libro. Pienso que la película es una belleza desde el punto de vista artístico, desde el director hasta el último extra.

Pero no diré nada más acerca de la película; me limitaré aquí a hablar solamente acerca de mis impresiones sobre el libro. Y lo primero que quiero decir es que desde el inicio quedé prendado de él, porque sentí que el lenguaje escrito por Méndez era como un gran brazo grande que me iba halando suavemente pero con firmeza a través de sus 155 páginas, en una especie de tobogán fluido que me hizo disfrutar mucho de cada frase, de cada diálogo y de cada ingenioso giro gramatical.

Yo diría que el principal personaje de este libro es el dolor. Y no sólo el dolor físico, sino -especialmente- el espiritual, el dolor emocional e intelectual y todos los sucedáneos que lo puedan rodear y glorificar, como la soledad, la humillación, la pérdida de la esperanza, el miedo a la muerte,  la pérdida de libertad en medio de una dictadura, etc.

Alberto Méndez

Las cuatro historias que Alberto Méndez relata son vehementes, pero sin caer en lo cursi y lo superficial, y están más bien enfocadas como si lo hiciera con una cámara al hombro y con acercamientos de primer plano. Están narradas de una manera tan magistral que el lenguaje aparenta una simpleza y una fluidez orgánica; pero en realidad el escritor nos presenta un derroche de destreza para manejar el lenguaje: la manera tan económica de presentarnos el panorama general, los colores, los paisajes, los olores, los íntimos pensamientos de los personajes y las tramas apretadas e intensas.

Cada relato tiene un título, así: «Primera derrota 1939 o Si el corazón pensara dejaría de latir», «Segunda derrota 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido», Tercera derrota 1941 o El idioma de los muertos» y «Cuarta derrota 1942 o Los girasoles ciegos».

Cada final de cada una de las cuatro partes del libro tienen la habilidad de hacernos mirar hasta lo más profundo de  la dicotomía del alma: la grandeza y la miseria humanas.

El destino de los derrotados en una guerra es sufrir la pérdida de todo, de su dignidad y de su libertad. (Creo que así debieron sentirse los indígenas mesoamericanos cuando los españoles los esclavizaron. La historia se repite una y otra vez, aunque la magnitud, las circunstancias ideológicas y políticas, la región geográfica y las lenguas sean diferentes.)

En el relato final hay tres voces narrando la historia: el cura lujurioso que se confiesa con un sacerdote, el adulto recordando el niño que fue y la tragedia de sus familia, y un narrador omnisciente. Poco a poco, y con un ritmo muy bien asentado, las tres voces se van uniendo como en un coro, alcanzando un clímax siniestro, que lo mantiene a uno con los ojos abiertos y siguiendo cada palabra con mucha atención hasta la última letra.

«Los girasoles ciegos» es de verdad uno de los mejores libros que he leído últimamente.

Texto:

Óscar Perdomo León

 

Imágenes extraídas de: http://www.google.com.sv/images?um=1&hl=es&biw=1280&bih=699&tbs=isch%3A1&sa=1&q=LOS+GIRASOLES+CIEGOS%2C+de+Alberto+M%C3%A9ndez.&btnG=Buscar&aq=f&aqi=&aql=&oq=

Imagen de Alberto Méndez: http://literarte.wikispaces.com/file/view/alberto.mendez.jpeg/108888627/alberto.mendez.jpeg

EL BAILE DE LA VICTORIA, una película de Fernando Trueba.

La semana pasada vimos en DVD con mi esposa una película bellísima: “El baile de la Victoria”, dirigida por Fernando Trueba. Fue sacada a la luz en el año 2009 y está basada en la novela del mismo nombre, escrita por Antonio Skármeta. El guión fue co-escrito por Fernando Trueba, Jonás Trueba y Antonio Skármeta.

De entrada lo primero que me atrajo de la cinta fue su fotografía espectacular y muy bien cuidada. Hay muchas imágenes espléndidas.

Fernando Trueba ya me había capturado positivamente con su documental sobre Jazz Latino «Calle 54», un verdadero festín para los que amamos la combinación de música y cine, combinación que siempre se ha dado, es cierto, pero que es mejor si la actriz principal de la película es la música.

La trama de «El baile de la Victoria» es muy interesante y se desarrolla en el Chile post dictadura pinochetista. Trata sobre Vergara, un famoso ladrón experto en abrir cajas fuertes (rol interpretado por el argentino Ricardo Darín). Inicia la historia justo cuando el Presidente de Chile declara la libertad para todos los presos sin delitos de sangre y él -Vergara- sale de la cárcel, decidido a abandonar su vida fuera de la ley y recobrar el amor de su esposa y de su hijo. Sin embargo, al buscarlos se encuentra con que han cambiado de dirección y al hallarlos por fin enfrenta la frialdad de ambos, además su esposa vive con otro hombre y su hijo quiere quitarse el apellido «Vergara», todo lo cual le causa un fuerte golpe y una decepción.

Ángel, otro ex convicto que recién ha salido de la cárcel (interpretado por Abel Ayala) se le pega a Vergara, como una sombra, y, con una conducta entre admiración e insistencia trata de convencerlo para que efectúen un robo millonario. Vergara se la pasa casi toda la película negándose a dar el golpe que los haría  ricos y con lo cual podrían cumplir un par de sueños de tenían cada quien por su lado. A través del avance de la historia se va formando un lazo emocional entre Vergara y Ángel. Este personaje Ángel le da un toque muy especial a la historia, por su forma de ser, tan simpático y sugestivo «hablantín» (1), en cierta forma simple y sincero, con una inocencia de niño por momentos, fiel a la mujer que ama y con mucho sentido del humor.

El tercer personaje principal de la obra cinematográfica es Victoria (Miranda Bodenhöfer), una joven huérfana, que ha enmudecido desde su niñez, cuando en la época de la dictadura de Pinochet, sus padres son asesinados casi delante de ella. Vive en un orfanatorio del que más adelante escapa y es adoptada, de manera informal se podría decir, por un alma caritativa, casi filantrópica:  una maestra de baile que dirige una escuela de danza para chicas pobres (y en donde Victoria aprende a bailar ballet de una manera muy artística e impresionante).

Hay que decir que además  hay un par de personajes secundarios muy interesantes. Pero bien, si nos vamos por la médula de la historia, puedo decirles que Ángel y Victoria se enamoran; el alcaide de la prisión donde había estado Ángel contrata a un sicario para que lo asesine; Vergara se deprime un poco tras el rechazo de su familia. Y así varios sucesos se van enmarañando y encadenándose; pero el evento crucial de la historia es cuando Victoria hace su audición para ingresar en el grupo de ballet más prestigioso de Chile. Lo que ocurre ahí empuja a todos los personajes al clímax de la trama.

Todo lo que les he contado es el inicio de esta magnífica película en donde Trueba nos muestra sus dotes de director, sensible y lleno de emoción. No les contaré, por supuesto, como sigue y cómo culmina. Sólo les diré que, especialmente para los amantes de la danza, hay mucho de poesía en las imágenes de baile. Asimismo las secuencias de romance son tratadas con muy buen gusto. Y las actuaciones son verdaderamente magistrales. Me gustó mucho también como se solucionó cinematográficamente el final. Es un final sutil pero elevado con calidad y emoción.

De izq. a derecha: Ricardo Darín, Miranda Bodenhöfer, Abel Ayala y Fernado Trueba.

“El baile de la Victoria” es una de los mejores largometrajes que he visto. Totalmente recomendable.

Texto:

Óscar Perdomo León

(1) Hablantín: En El Salvador se le llama así, en un lenguaje coloquial,  a la persona que no para de hablar.
Fotografías extraídas de Google imágenes: http://www.google.com.sv/images?hl=es&q=el%20baile%20de%20la%20victoria&um=1&ie=UTF-8&source=og&sa=N&tab=wi&biw=1280&bih=699
Para los que quieran ver el avance que a su debido tiempo sacaron sobre «El baile de la Victoria», pueden seguir este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=vi9l0fxbgas