MI MADRE

Cuando mi papá murió, mi mamá tuvo que soportar todo el peso económico y emocional de mantener a tres hijos sola.


 

Recuerdo que, como era la tradición, se mantuvo vestida de luto durante todo un año. Fue un tiempo de mucha soledad. Lloraba casi todos los días y casi todo el tiempo no se veía nada feliz. Pero había una fuerza interior muy poderosa en ella porque de alguna manera, siendo tan pobres como éramos, nunca nos faltó un plato de comida ni tuvimos que abandonar nuestros estudios por razones económicas. Ahora que lo pienso mejor me parece increíble que haya trabajado como profesora tres turnos durante varios años, todo para que nosotros tres no pasáramos hambre. Hasta que un día tuvo un fuerte dolor en el estómago que la llevó directamente al hospital: el stress y la fatiga estaban cobrando su parte.


 

Después, además de trabajar como profesora, ya sólo dos turnos, puso una pequeña venta de hilos muy surtida, para agregar una ganancia más a la debilitada economía familiar que teníamos.

Flores del patio de la casa de mi mamá.

En otra parte del patio mi mamá tiene una mata de loroco. Cuando la visitamos nos pone a cortar ese delicioso fruto para que llevemos a casa.


 

Una cosa que admiro de mi mamá es que nos disciplinó a mis dos hermanos y a mí con una tenacidad incansable. A nuestro comportamiento siempre puso límites, pero los  límites de la buena convivencia con nuestros semejantes. Todos aprendimos a trabajar con honestidad y a tener el respeto necesario para nuestro prójimo.


 

Cuando veo en retrospectiva todos esos años de aprendizaje que tuvimos mis hermanos y yo, me doy cuenta que es la falta de amor y de guía por parte de un adulto, la que han tenido todos estos jóvenes involucrados con las pandillas. Han llegado a “las maras” buscando lo que no han encontrado en su familia. La migración obligatoria de sus padres hacia otros países, especialmente Estados Unidos, los dejó totalmente en lo que podríamos llamar una orfandad práctica. Aunque recibían dinero, no recibían la educación de oro que sólo en familia se puede adquirir.


 

Pero volviendo a mi madre, me gustaría contar algo sobre sus antecedentes. Su abuelo paterno fue un hombre muy trabajador de la agricultura, que acumuló tierras en varias partes del occidente del país. Su padre también siguió esos pasos; pero cuando enviudó, desgraciadamente se perdió en el alcoholismo y perdió todas las tierras heredadas; paró de beber hasta que un “derrame” lo dejó paralizado del hemicuerpo derecho.


 

Sin embargo durante su infancia, mi mamá tuvo todo el amor necesario y la abundancia de bienes para vivir confortablemente. Ello no impidió que sus padres la enviaran a vender mazapán o a trabajar cortando tomates. Esto le dio un sentido de la vida: nada es gratis y todo esfuerzo tiene sus recompensas.


 

Le gustaba la enseñanza y por eso estudió para profesora. Ahora que está jubilada, no se ha deprimido, sino que se la pasa entretenida visitando amigas y ex compañeras de trabajo, acudiendo a misa, leyendo –siempre le ha gustado la lectura-, mirando televisión y haciendo labores domésticas de la casa.

Lo que más he aprendido de mi mamá es su amor por la vida, he aprendido que si nos caemos debemos levantarnos y seguir adelante. He aprendido, especialmente, que la honestidad debe formar parte de nosotros, como el oxígeno que respiramos.


 

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

HONOR Y FIEBRES

-¿Y vos que a ser cuando seás grande?

-Méquico.

Las risas explotaron a mi alrededor. Las sonrisas y los rostros me miraban desde arriba.

-¿Médico?

-Sí, méquico-

***

Aunque vivo en un país pobre de Latinoamérica  –El Salvador-  tuve la suerte de cumplir mi sueño, el que tuve desde que era un pequeño niño que apenas podía pronunciar las palabras. Desde que tengo memoria siempre supe que sería médico.

En el camino hacia mi destino tropecé y caí varias veces. Creo que la vida no tendría ninguna gracia si no se nos presentaran dificultades que resolver. A veces en la búsqueda de esas soluciones el universo conspira para que veamos o caminemos otros senderos diferentes al trazado, antes de que retomemos el rumbo. Esas cosas me pasaron a mí y estoy seguro que no sería quien soy si no hubiese tenido ese enriquecimiento.

Toda experiencia que he vivido me ha hecho más rico cada día, no en dinero, pero sí en espiritualidad y conocimiento. Con los años he aprendido a amar la vida y toda la diversidad que se manifiesta palpitante en este planeta y más allá, la variedad de rostros humanos y animales, de hojas y de frutas, de suelos y de lluvias…

Cuando estaba en cuarto grado de la escuela primaria tenía 10 años de edad. A mediados de ese año escolar y justo después de enfrentarme a unos exámenes de Estudios Sociales e Idioma Nacional, inicié con fuertes fiebres que me tumbaron en la cama y me sumergieron en delirios fantásticos y absurdos, en sueños y pesadillas que se mezclaban entre mi consciencia y mi subconsciente; todas las imágenes y sonidos que veía y escuchaba dentro de mi cabeza se conjugaban y deformaban para llenarme de terror, y es una cosa verdaderamente fascinante entender que las pesadillas infantiles están repletas de una imaginación ilimitada.

No sólo la cabeza me funcionaba erróneamente, sino también la piel, en la cual brotaban unas ampollas pequeñas y pruriginosas llamadas vesículas, llenas de un líquido claro que se rompían al menor contacto. Me salieron también pápulas y costras.

En mi aciago estado de salud, varias noches y varios días me parecieron infinitos.

Cuando recuperé por un momento la razón y volví a este mundo «real», empecé a sentirme mejor, y recuerdo que un tío-abuelo que había llegado a visitarnos se ofreció para hacerme una cura mágica y vegetal que había aprendido más allá de unas montañas de Guatemala.

Mi tío-abuelo, cuyo nombre era Nemesio, era un trotamundos de a pie, que odiaba los automotores y que pensaba, además, que andar a caballo debilitaba el espíritu del viajero. Así que había recorrido toda Centroamérica y México caminando, comiendo en un lado, durmiendo en otro, trabajando de esto y de aquello…

Mi mamá, en su aflicción por mis fiebres, vio su llegada como un acontecimiento de la fortuna divina, mi tío-abuelo fue para ella un ángel enviado para salvarme.

La cura era muy simple y sólo requería que él dijera en voz alta unas oraciones a su Dios, masticara una cabeza de ajo, hiciera una especie de tubo con papel periódico y soplara a través de él todo su aliento sobre mi humanidad, incluyendo mi rostro y fosas nasales…

Yo pensé en ese momento que con ese olor cualquier enfermedad terminaría muerta y de verdad creí que, después de ese rito mágico-religioso, me había curado.

A continuación de eso mi tío Nemesio almorzó con nosotros y nos contó muchas historias. Luego se marchó por mucho, mucho tiempo.

Mi enfermedad era muy común y se llamaba varicela, y debo decir que mi mamá, que es una mujer de mucha fe, todavía continúa agradecida con mi tío-abuelo por haberme curado. Recuerdo que, mucho tiempo después, cuando yo era estudiante de Medicina, recordaba de vez en cuando ese evento patológico de mi niñez y también me sentía agradecido con mi tío Nemesio por su –aunque inútil- buena intención. Muchas infecciones virales tienen una vida auto-limitada, siempre y cuando no se sobre-infecten con bacterias.  Y mi varicela ya iba de salida para cuando llegó mi enigmático tío-abuelo.

Lo que yo no entendía para entonces, en esos días de joven estudiante de Medicina, es que la fe es una parte muy importante para la curación y recuperación de los pacientes, entendiéndose la fe en este caso como la creencia positiva de que los medicamentos de verdad nos harán bien.

Para un médico o un estudiante de Medicina hay una delgada línea entre sentirse seguro del conocimiento y los excesos de petulancia. Pero ya me metí a hablar de Medicina y de arrogancia y ese no es el punto al que quiero llegar (por el momento).

Un día después de la cura sobrenatural de mi tío-abuelo me sentí mucho mejor y pude sentarme en la ventana de mi casa que daba a la calle, para mirar a la gente pasar.

Estando sentado en la ventana, casi al mediodía, un compañero de la escuela al que conocíamos como Vanegas, me reconoció y se quedó platicando un rato conmigo. Le conté lo de mis fiebres y él me contó que mi nombre estaba en la pizarra que colgaban los profesores en un pasillo de la escuela con las mejores notas de cada mes: mi nombre estaba en el primer lugar del cuadro de honor.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

12 COSAS DESAGRADABLES

Quiero aclarar primeramente que agradezco a cualquier hombre o mujer emprendedor, que a través de su trabajo honrado inicie una empresa comercial y con el tiempo hasta dé trabajo a otros compatriotas; pero hay ciertas conductas de los salvadoreños o algunas actitudes de los empresarios radicados en nuestro país que me sacan de quicio.

He aquí algunas cosas desagradables que ocurren alrededor y que tal vez ustedes hayan experimentado alguna vez:

1-No tener acceso libre a los servicios sanitarios de algunos lugares que venden comida y que por obligación tienen que tener habilitado estos servicios básicos.  Por ejemplo en una gasolinera que cuenta con una gran sala de venta de productos alimenticios, con restaurante incluido, hay que solicitar una llave si uno quiere ir a orinar y cuando entra uno al servicio se encuentra con un lugar sucio y fétido.  ¿No puede el distribuidor de una transnacional millonaria ofrecer un servicio sanitario decente y accesible y pagar a un empleado para que lo mantenga limpio?

2-Qué desagradable es llegar a una gasolinera y tener que bajarse del vehículo para ir a hacer cola a un cajero, para poder pagar la gasolina y luego servírsela uno mismo. ¿No añoran ustedes las gasolineras aquellas donde le revisaban el motor, las llantas y le limpiaban el parabrisas? ¿No les alcanza el dinero para pagar empleados que atiendan bien a sus clientes a los distribuidores de las gasolineras transnacionales millonarias? Todavía hay por ahí algunas que dan un buen servicio y yo procuro comprar sólo en las gasolineras donde me atienden bien.

3-Mirar niños pidiendo limosna, como si no tuvieran que estar instruyéndose en la escuela o siendo cuidados por sus padres. ¿Tienen empleo sus padres? ¿O sólo están siendo explotados estos niños por algún maléfico verdugo que se hace llamar mamá o papá? Pobres niños mendigos: una maldición en nuestro país.

4-Cuando he ido a algún Ciber Café me encuentro con lugares ruidosos, con música fea y estridente, con niños escandalosos que juegan de “matar” en los muchos juegos de violencia que ofrece Internet, con vecinos de computadora que escuchan también su música o hablan a gritos…  ¿Es que acaso no pueden simplemente usar audífonos? ¿No puede toda esta gente respetar el espacio ajeno?

5-Sentirme ignorado y atropellado por los burócratas de las oficinas gubernamentales. Sin más palabras, creo que todos lo hemos sufrido alguna vez.

6-Escuchar que algún salvadoreño llama a otro salvadoreño “indio”, de una manera peyorativa. ¿Acaso no nos hemos visto al espejo? ¿Acaso no conocemos aún la sangrienta historia de la conquista española en estas tierras y del consecuente mestizaje?

7-Los mensajes que a diario manda la compañía telefónica a mi celular invitándome a una rifa o a participar en tontas promociones comerciales. ¿Podrían dejarme en paz?

8-El reguetón. Ni su música ni sus letras son de mi agrado.

9-Los controles policiales en las horas picos del tráfico.

10-Ver como desde los buses o desde los carros más lujosos mis compatriotas arrojan la basura a las calles. ¿Tendrá esto algo que ver con que los tragantes se saturen con las aguas lluvias y se formen inundaciones? Ni hablar de salubridad…

11-La intolerancia de muchos religiosos que se creen poseedores de la verdad y de la salvación de las almas. No creo que no hayan conocido ustedes alguna vez a algún cura o pastor protestante al que la hipocresía o el fundamentalismo le brotaran por los poros de la piel.

12-Oír a los políticos –o mejor dicho, politiqueros- de El Salvador, hablar de moral y ética, cuando es vox populi (y además lo han demostrado con hechos) que la mayoría de ellos son mentirosos y ladrones.

Y aun así, amo a mi país y trato de dar lo mejor me mí, por el bien de las nuevas generaciones.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

EL JUICIO CONTRA ROQUE DALTON

Han pasado más de dos meses del aniversario número 75 del nacimiento de Roque Dalton y 35 años de su asesinato. Pues bien, hoy tengo como invitado en LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN a mi amigo Danilo Colindres, quien plantea que la muerte de Dalton fue debido a la intolerancia, intolerancia que aún impera en nuestra desangrada sociedad salvadoreña.

Al final expongo yo mis propios puntos de vista sobre lo escrito por Colindres. He aquí pues el interesante artículo que me hizo llegar mi amigo.


EL JUICIO CONTRA ROQUE DALTON

Al poeta se le realizó un juicio en el que fue hallado culpable por una organización político-militar que participó en la guerra contra la dictadura de El Salvador. ¿Fue entonces un asesinato, un homicidio, o qué?

En primer lugar debemos conocer de qué fue encontrado culpable y si los jueces que lo juzgaron lo hicieron a través de un juicio con oportunidad de defenderse del acusado. Todo indica que se defendió y perdió su juicio. Sin embargo: ¿qué pruebas se presentaron? Y los que lo juzgaron: ¿qué competencias jurídicas o profesionales tenían para ejercer de jueces en el proceso? ¿Qué les permitió a estos “jueces” valorar las pruebas? ¿Qué oportunidad tuvo Roque de presentar su caso con otras pruebas? ¿Quiénes fueron los que la hicieron de jueces? ¿Existían estatutos del ERP que contemplaran como proceder en casos como el de Roque? ¿Qué podemos saber de todo esto?

Digamos, como hipótesis inicial, que todo se llevó a cabo con cierta mínima legalidad y legitimidad de una organización subversiva y dentro de los límites de la época y de las circunstancias. Entonces estamos hablando de un crimen por equivocación: se le imputaron faltas graves y sus jueces lo sentenciaron a muerte no de mala fe sino porque que el castigo correspondía a las faltas (de acuerdo a unos estatutos conocidos por todos) o que su indisciplina a repetición inducían a pensar que Roque era incorregible y ponía en riesgo de muerte a todas las personas miembros de la organización. También se podría conjeturar que el clima de clandestinidad precipitó el juicio restándole importancia a la calidad de las pruebas, y limitando la defensa casi exclusivamente al poder de persuasión del mismo Roque que fracasó en su intento de salvarse.

¿En qué se equivocaron entonces sus jueces? No fueron suficientemente flexibles por un lado, sobrestimaron el peligro que representaban las faltas del poeta o no soportaron el dominio abrumador que ejerció el poeta en su defensa. ¿Si podía persuadirlos tan fácilmente a ellos como no convencería a sus subalternos “menos preparados” si llegase a dirigirles la palabra?

Esta versión, sin embargo, no es compatible con la razón que dieron sus jueces, los dirigentes del ERP, de su sentencia y ejecución: lo acusaron de ser colaborador, espía de la CIA, contrarrevolucionario. ¿Por qué dieron esta excusa tan absurda como insostenible? Absurda e insostenible para los que ya conocían a Roque Dalton pero fácil de tragar por sus subalternos, las bases, los subordinados que del poeta apenas conocían y para quienes el arte es el oficio de pequeños burgueses vagos e inmaduros, que hay que someter en bien de La Revolución.

Si se había decidido “eliminarlo” ¿Por qué no inventar una justificación que si bien provocaría la separación –para entonces inminente- de unos cuantos lideres (Ferman Cienfuegos, Lil Milagro Ramírez), convocaba poderosamente a sus cuadros seguidores (los de choque, los imprescindibles) a unirse aun más por la sangre derramada de un traidor desconocido?

Se había decidido eliminarlo por peligroso y se aprovechó la coyuntura para acusarlo de una falta grave imperdonable: ser enemigo activo y entrenado de La Revolución. La única, dicho sea de paso, que justificaba su eliminación sin contemplaciones. Porque si se le acusaba de comportamiento riesgoso para todos, entonces ¿Por  qué no solo expulsarlo de las filas y dejarlo libre de incorporarse a otras organizaciones más tolerantes con el perfil mental del poeta, como la RN, que ya se encontraba escindiéndose del ERP?

En otras palabras, el objetivo de la justificación pública de la ejecución del poeta no era únicamente para cohesionarse. En realidad era la única que justificaba su muerte sin lugar a dudas. Y como todos sabemos: una justificación infundada. A la voluntad de matar se le buscó y adecuó la mejor justificación porque nunca existió una verdadera justificación.

En conclusión: el crimen contra Roque Dalton no fue un crimen de equivocaciones sino un crimen por intolerancia, muy parecido al crimen cometido contra Sócrates, acusado en su tiempo de corromper la juventud ateniense.

Agreguemos a la discusión lo que conocemos de la coyuntura de ese momento: la organización político militar estaba en crisis y se vislumbraba la escisión que terminaría con la unidad. Roque simpatizaba y propugnaba por un nuevo enfoque político militar que suponía una amenaza para los dirigentes de ese momento, que actuaron de jueces contra el poeta, cuando en realidad eran partes.

La sociedad ateniense condenó a Sócrates. Una organización político-militar condenó a Roque Dalton. Los dos condenados fueron vistos como amenazas a sus organizaciones. ¿Qué perdían los atenienses o los del ERP con dejar libres a sus acusados? A Sócrates se le pudo prohibir de pregonar sus enseñanzas “malévolas.” ¿Y a Roque? Que siguiera su camino por otro lado, con otra organización. Pero no: si no estaba con ellos era un traidor, enemigo de La Revolución y de El Pueblo Salvadoreño. O estaba equivocado Roque o ellos y ellos no podían estar equivocados.

¿Cómo enjuiciar a los intolerantes –buenas y dóciles gentes por lo demás- que a la menor oportunidad dirigen furibundos el dedo acusador contra aquellos que se diferencian de ellos, aquellos a quienes no comprenden, aquellos que se atreven a ser distintos siendo incapaces de ser como “todos”, aquellos que al fin y al cabo impiden que las sociedades u organizaciones se estanquen, aquellos cuya visión y, por tanto valores, y energía o voracidad evolutiva ponen en entredicho las costumbres e ideas dominantes en una sociedad que entroniza a la mayoría por sobre las minorías, la sociedad, la organización sobre el valor irreducible de la persona?

Danilo Colindres

***

Sobre tu artículo “EL JUICIO CONTRA ROQUE DALTON”

Estimado Colindres:

Quiero decirte que estoy de acuerdo con tu visión y comparación de Dalton con Sócrates, debido a que ellos dos representaban para la sociedad seres fuera de serie, que no podían ser contenidos, amarrados u obligados a seguir el camino de las ovejas, como a la mayoría de seres humanos. En todo esto me gusta mucho que hayás usado la palabra “intolerancia”.

Sin embargo, pongo en duda algunas de tus afirmaciones, como:

1-“…se le realizó un juicio…”

2-“Todo indica que se defendió y perdió su juicio.”

Bueno, con respecto al inciso número 1, te pregunto: ¿Fue un verdadero juicio? Porque un juicio supone jueces, abogados defensores (o al menos que el acusado pueda defenderse con libertad) y que se lleve a cabo un proceso justo. ¿Existieron estos elementos en los sucesos de Dalton? Creo que la palabra juicio, con todas las de la ley, le queda muy grande a los hechos relacionados a los días previos al asesinato de Dalton.

En cuanto al inciso 2, no dudo que haya habido intercambio de palabras entre Dalton y sus asesinos, pero eso no implica juicio, eso no implica que las palabras de Dalton hayan tenido algún peso para ser evaluadas.

A mi manera de ver, lo que le hicieron a Dalton fue algo más oscuro, más tenebroso y corrupto. Yo creo que el sólo hecho que después de su asesinato, Alejandro Rivas Mira, el principal implicado, haya huido de El Salvador, robándose todo el dinero de una extorsión, te dice el tipo de persona que era. ¿Será que después de ejecutar a Dalton, Rivas Mira cayó en la cuenta que ese grave asesinato no se iba a quedar escondido, ni a nivel nacional ni a nivel internacional y esto le iba a perjudicar mucho? Su conducta no parece la de un revolucionario al estilo del Che, en quien todas sus acciones iban destinadas a concretar la revolución (que supuestamente mejoraría la vida en general de los más desposeídos); por el contrario, su conducta se parece más a la de un ladrón y un criminal. Y con gente así es difícil, sino imposible, realizar un juicio de verdad.

Óscar Perdomo León.

Fotografías de Roque Dalton extraídas de: http://web.ecomplanet.com/BOSC9720/ServerContent/MyCustomImages/BOSC9720CustomImage22367.jpg
http://lahistoriadeldia.files.wordpress.com/2009/08/roque-dalton.jpg

CESÁREA, fotorreportaje.

«Una imagen habla más que mil palabras». Se trata de una cesárea realizada, en el año 2005, porque la paciente tenía dos cesáreas previas y además porque solicitaba ser esterilizada (lo cual era muy recomendable). Este fotorreportaje fue realizado gracias a las excelentes fotografías tomadas por el Licenciado Renato Flores, anestesista. Yo sólo tomé las dos primeras que aparecen aquí.

Anestesia raquídea

Aplicando jabón yodado para matar las bacterias que se encuentren sobre la piel de la paciente.


Una operación quirúrgica básica como la cesárea necesita del trabajo coordinado entre una enfermera instrumentista (que es quien pasa el bisturí y todos los demás instrumentos quirúrgicos al cirujano), una enfermera circular (que se encarga de pasar torundas, hilos para sutura, etc. y de escribir notas sobre todo lo que ocurre en Sala de Operaciones), un anestesista, un auxiliar de la limpieza, un médico o enfermera que dará los primeros cuidados al recién nacido, un médico ayudante y un médico responsable de realizar la operación en sí y de tomar el mando de la Sala de Operaciones.

«Operación cesárea: La operación cesárea o parto por cesárea se define como el parto del feto a través de incisiones de la pared abdominal (laparotomía) y de la pared uterina (histerotomía). Esta definición no incluye la extracción del feto desde la cavidad uterina en caso de rotura del útero o de embarazo abdominal.»

Definición tomada de la Obstetricia de Williams

Al abrir la cavidad abdominal puede observarse el útero, de color rosado.

Una vez abierto el útero se introduce la mano y se retira la valva (instrumento metálico que aquí se ve manchado de sangre), buscando la cabeza del bebé.

Se aspira de la boca y la nariz el líquido amniótico, lo antes posible. Sigue leyendo «CESÁREA, fotorreportaje.»

EN BLANCO Y NEGRO II

“Casi desnuda”

Me asombran las películas que están llenas de efectos especiales y a todo color. Y sin embargo siempre he sentido una fascinación muy grande por el blanco y el negro. Además me interesan más las historias bien contadas y llenas de buenas interpretaciones, que los malabares de la ciencia en una película. Para mí vale más, por ejemplo, un close up de una mirada creíble, salida del corazón, bien actuada e intensa, que las miles de creaciones visuales derivadas de los avances tecnológicos, los cuales tampoco menosprecio, por supuesto. Lo que quiero dejar claro es mi gusto muy particular hacia el cine más sencillo. Sigue leyendo «EN BLANCO Y NEGRO II»

ESTO SOY, de Claribel Alegría.

Claribel el día de su boda, 1947.

Cuando viví en Santa Ana, debido a mis estudios, ya había tenido contacto con un libro emblemático para la literatura salvadoreña: “Cenizas de Izalco”. Así que el nombre de uno de sus co-autores ya sonaba fuerte en mi cabeza: Claribel Alegría. De tal manera que cuando yo caminaba por esas calles de Santa Ana, cerca de la iglesia El Carmen, de la avenida independencia o de la bellísima catedral, no dejaba de preguntarme si acaso estaba yo pisando la misma tierra por donde alguna vez transitó nuestra gran poeta, novelista y traductora Claribel Alegría.

 Claribel Alegría y Salarrué.

Ella misma ha contado que nació en Nicaragua, pero que a la edad de tres años, sus padres junto a ella, se trasladaron a vivir a la ciudad morena, en donde se desarrolló hasta su adolescencia. Cuenta Claribel que desde niña y después de conocer a Salarrué, quien visitaba a sus padres de vez en cuando, comprendió que su vida sería la de alguien dedicada a escribir. Y así fue.

Clara Isabel Alegría nació en Estelí, Nicaragua, en mayo de 1922. En su juventud temprana se fue a estudiar a Estados Unidos y allá conoció al gran escritor español, laureado con el Nobel, Juan Ramón Jiménez, quien leyó sus poemas y de quien recibió instrucción; además prologó su primer libro (Anillo de silencio, 1948). El escritor mexicano José Vasconcelos, por su lado, le sugirió cambiarse el nombre de Clara Isabel, por el de Claribel.

No se puede dejar de mencionar que estuvo casada con el escritor y periodista norteamericano, Darwin J. Flakoll, a quien ella llamaba cariñosamente Bud y con quien procreó cuatro hijos. Cuenta Claribel que debido a la fuerte unión sentimental y profesional que ella tenía con su esposo y con quien escribió varios libros, Julio Cortázar los llamaba a ambos “Claribud”, afectuosamente.

En el 2004 la Dirección de Publicaciones sacó a la luz el libro de poemas “Esto soy”, el cual contiene muchos de los mejores poemas de Claribel, tomados de todos los libros que ha publicado y de otros libros inéditos en progreso. La recopilación fue hecha por el poeta Luis Alvarenga. Ese mismo año en el auditórium del Museo de Antropología de San Salvador se hizo un homenaje a Claribel y a Matilde Elena López, y tuve la oportunidad de verla en persona. Claribel se veía feliz, fuerte, con mucha vida y con los ojos llenos de brillo. Fue tanta la magia que la envolvía que me sentí muy entusiasmado y aprovechando que para entonces yo tenía un programa de música y poesía en radio Victoria, recuerdo que dediqué una noche especial a la poesía de Claribel Alegría.

Claribel Alegría y Julio Cortázar, Managua de 1982.

Ella es una de las poetas salvadoreñas más reconocidas a nivel internacional y, según dicen algunos críticos, una de las mejores poetas de Centroamérica. Se ha codeado con grandes figuras de la literatura universal, como Julio Cortázar, Salarrué, Pablo Neruda, Juan Rulfo, etc. E incluso, con algunos de ellos llegó a tener una gran amistad.

Augusto Monterroso, Claribel Alegría y Juan Rulfo, México, 1952.

Hace unos días he vuelto a navegar por las páginas de “Esto soy” y sigue siendo una delicia leerlo. Es un libro que no debe faltar en la casa de todo salvadoreño amante de la poesía.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas del libro “Esto soy”.

 

OTROS ARTÍCULOS RELACIONADOS:

 

“Claribel Alegría, en un avión de papel: http://talpajocote.blogspot.com/2010/06/claribel-alegria-hotel-de-peregrinos.html

 

“Biografía de Claribel Alegría”: http://www.caratula.net/35/claribel-bio.php

 

“Vida y obra de Claribel Alegría”: http://www.escritorasnicaragua.org/biografias/claribelalegria

EL SALVADOR ESTÁ DE DUELO. ¿Qué nos queda por hacer?

Creo que la indignación e impotencia se han apoderado del pueblo salvadoreño. No se encuentran siquiera adjetivos adecuados para describir el horror que han visto nuestros ojos últimamente. 14 personas inocentes, pobres, sin distinción de edades, fueron quemadas vivas, inmoladas de la manera más salvaje.


Y mientras tanto los políticos salvadoreños, sin distinción de colores, los funcionarios que son pagados con los impuestos que salen del pueblo, han estado haciendo gastos de lujo, superfluos. La corrupción y la insensibilidad social no tienen límites en El Salvador.


Esta violencia es hija de la exclusión social y del desmembramiento de la familia. Esta violencia es cosecha de lo que se ha cultivado las décadas anteriores, es el producto de una post guerra mal planificada.


Y el gobierno de Mauricio Funes, que le dio una gran esperanza al pueblo, es ahora una inmensa y verdadera decepción. El más grande error que ha cometido este gobierno es no alentar el castigo para los ladrones y corruptos de los gobiernos anteriores, porque se ha dado un mensaje callado, pero contundente, de que aquí en El Salvador es mejor ser criminal que honrado. Y esa cultura de la ilegalidad se expande por todo el territorio salvadoreño, desde los conductores y peatones que no respetan las leyes de tránsito, pasando por las licitaciones amañadas de las instituciones gubernamentales, hasta los crueles asesinatos que ocurren diariamente.


Es decir, la sensación generalizada del pueblo es que aquí las leyes protegen más a los delincuentes que a las víctimas.


¿Qué nos queda por hacer a los ciudadanos honrados, que creo que somos la mayoría? Hacer lo que tenemos a nuestro alcance –que no es poco-: empezar a responsabilizarnos de nuestros hijos y disciplinarlos con mano firme, pero amorosa. Y brindarles educación, haciendo que amen a su patria y respeten a su prójimo.





Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

SENTIMENTALISMO MUNDIALISTA

Debe ser un orgullo representar uno a su país a nivel internacional. Y debe ser emocionante escuchar nuestro himno nacional sonando al frente de millones de personas. Así que derramar unas lágrimas mientras se canta el himno nacional es esas circunstancias es comprensible. Esto fue lo que le pasó a Jong Tae Se del equipo de fútbol de Korea del Norte.


Algo parecido ya le ha ocurrido a nuestros compatriotas, después de vivir varios meses o años en Estados Unidos, Canadá, Italia o en cualquier país extranjero, cuando escuchan el himno nacional: la nostalgia se apodera de sus corazones y las lágrimas aparecen.


El sentimentalismo también se ve en los salvadoreños al ver jugar equipos de fútbol como Brasil o Argentina, muy queridos en nuestro país. Pero las emociones se vuelven encontradas al ver jugar a México. Y es que con México tenemos una rivalidad de muchos años. En la CONCACAF nos han eliminado varias veces de nuestro paso al Mundial de fútbol y nosotros también un par de veces a ellos. A esto debemos sumar los sufrimientos de muchos salvadoreños pobres en su paso por tierra mexicana al tratar de alcanzar los Estados Unidos; los robos, extorciones, engaños, secuestros, violaciones y asesinatos por parte de los mexicanos hacia los salvadoreños han dejado su huella inevitablemente en la conciencia nacional.


Además debemos tomar en cuenta que, yéndonos años más atrás, El Salvador, después de la Independencia de España, luchó contra la anexión del Virreinato de México (Guatemala que sí se anexó y terminó perdiendo Chiapas).


Sin embargo, ambos países –México y El Salvador- estamos unidos desde tiempos inmemoriales. Las inmensas emigraciones de gente azteca que se trasladó desde el norte hasta el territorio de lo que hoy es El Salvador está documentado por historiadores. Por cierto que el poeta salvadoreño Pedro Geoffroy Rivas (1908-1979) describe esto bella y poéticamente en la “Cuenta de la peregrinación”, en su libro “Los nietos del jaguar”. De tal manera que los salvadoreños y los mexicanos nos parecemos mucho, racial y culturalmente, salvando por supuesto las diferencias, como el acento al hablar o las comidas.

En este Mundial puede sentirse en el ambiente salvadoreño que muchos van contra México en los partidos de fútbol y es entendible. Yo, por mi lado, he apoyado a México en cada juego –y por razones sentimentales- porque ese país me ha dado cosas tan bellas que me han llenado de alegría; personalmente no puedo dejar de admirar al compositor Francisco Gabilondo Soler (alias Cri Cri), a los cantantes Pedro Infante y Marco Antonio Muñiz, por mencionar algunos. También me impacta su literatura y su buen cine. Pero especialmente he apoyado a México por solidaridad latinoamericana.

(¿Será que nos está faltando solidaridad a los latinoamericanos? ¿No sería mejor que nos uniéramos contra nuestros enemigos principales que son la pobreza y la falta de educación?)


Algunos podrían decirme que no mezcle o confunda las cosas, que el deporte es una cosa y el arte otra; pero yo creo que el fútbol puede ser también un arte.

Y si de arte hay que hablar, debo decir que con respecto a artistas del fútbol, los mexicanos no han parido aún a alguien tan grande como lo hemos hecho nosotros: el Mágico González. Y esto es un hecho, no sentimentalismo ¿o sí?


Texto:

Óscar Perdomo León


Fotografías extraídas de http://www.parlonsfoot.com/album/20081026/chong.jpg

http://www.eluniversal.com.mx/img/2009/08/Esp/MarcoAntonioMuNiz.jpg

http://www.elbaloncuscatleco.com/Jorge-CD-FAS.jpg

LOS VERSOS DEL CAPITÁN, de PABLO NERUDA.

Leer poemas de amor, cuando no son empalagosos, es una delicia a la que no me puedo negar nunca. Y uno de los más claros ejemplos de este tipo de poesía es el magistral poemario “Los versos del Capitán”, escrito por Pablo Neruda (1904-1973).

Tengo entendido que la primera edición de este libro vio la luz por primera vez en 1952 y se presentaba escrita por un autor anónimo; pero además el poemario venía precedido por una interesante carta adjudicada a una tal Rosario de la Cerda, quien atribuía los poemas a su amado, quien los había dedicado a ella. He aquí un fragmento de la susodicha carta:

“Tengo todos los originales de estos versos. Están escritos en los sitios más diversos, como trenes, aviones, cafés y en pequeños papelitos extraños en los que no hay casi correcciones.

“Muchos de estos papeles por arrugados y cortados son casi ilegibles, pero creo que he logrado descifrarlos.

“Mi persona no tiene importancia, pero soy la protagonista de este libro y eso me hace estar orgullosa y satisfecha de mi vida.

“Este amor, este gran amor, nació un agosto de un año cualquiera, en mis giras que hacía como artista, por los pueblos de la frontera franco española.

“Él venía de la guerra de España. No venía vencido. Era del partido de Pasionaria, estaba lleno de ilusiones y de esperanzas para su pequeño y lejano país, en Centro América. Siento no poder dar su nombre. Nunca he sabido cuál era el verdadero, si Martínez, Ramírez o Sánchez. Yo lo llamo simplemente mi Capitán y éste es el nombre que quiero conservar en este libro.”

Se dice que los seguidores fieles de Neruda reconocieron inmediatamente su voz en aquellos poemas anónimos y finalmente, en 1963, Pablo Neruda agregó una breve explicación al libro, la cual decía:

“Mucho se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.

“Por otra parte pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero entre quitar a todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso, cedí, por fin, aunque sin muchas ganas.

“¿Que por qué guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando Paolo Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en 1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó con excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.

“No ha sido así. Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia del inconmovible amor.

“Entrego, pues, este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera: basta con que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta. Ahora que lo reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá también.”

Les presento aquí dos de los poemas que más me gustan de este libro.

EL INCONSTANTE

Los ojos se me fueron

detrás de una morena que pasó.

Era de nácar negro,

era de uvas moradas,

y me azotó la sangre

con su cola de fuego.

Detrás de todas

me voy.

Pasó una clara rubia

como una planta de oro

balanceando sus dones.

Y mi boca se fue

como una ola

descargando en su pecho

relámpagos de sangre.

Detrás de todas

me voy.

Pero a ti, sin moverme,

sin verte, tú distante,

van mi sangre y mis besos,

morena y clara mía,

alta y pequeña mía,

ancha y delgada mía,

mi fea, mi hermosura,

hecha de todo el oro

y de toda la plata,

hecha de todo el trigo

y de toda la tierra,

hecha de toda el agua

de las olas marinas,

hecha para mis brazos,

hecha para mis besos,

hecha para mi alma.

EL INSECTO

De tus caderas a tus pies

quiero hacer un largo viaje.

Soy más pequeño que un insecto.

Voy por estas colinas,

son de color de avena,

tienen delgadas huellas

que sólo yo conozco,

centímetros quemados,

pálidas perspectivas.

Aquí hay una montaña.

No saldré nunca de ella.

¡Oh qué musgo gigante!

Y un cráter, una rosa

de fuego humedecido!

Por tus piernas desciendo

hilando una espiral

o durmiendo en el viaje

y llego a tus rodillas

de redonda dureza

como a las cimas duras

de un claro continente.

¡Hacia tus pies resbalo,

a las ocho aberturas,

de tus dedos agudos,

lentos, peninsulares,

y de ellos al vacío

de la sábana blanca

caigo, buscando ciego

y hambriento tu contorno

de vasija quemante!

Dicen que la poesía es la música de las palabras. Para mí la poesía es un fino instrumento para expresar con ritmo nuestros más recónditos sentimientos. Es mejor leerla en la intimidad y en silencio (o es como me gusta hacerlo a mí).

La versión de “Los versos de capitán” que yo tengo es una vieja edición de la Biblioteca clásica y contemporánea de Losada.

Pablo Neruda es el maestro de la poesía por excelencia del siglo XX y uno de mis favoritos cuando busco ese lenguaje breve pero profundo.

Texto:

Óscar Perdomo León

Las imágenes de Pablo Neruda fueron extraídas de:

http://nancyimperiale.files.wordpress.com/2009/09/neruda.jpg

http://cobalus.files.wordpress.com/2009/12/pablo_neruda.gif

http://katilifox.files.wordpress.com/2008/10/pablo-neruda.jpg

El texto completo de LOS VERSOS DEL CAPITÁN lo pueden hallar siguiendo este enlace: http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/capitan.htm

CANSADO

Mi gusto musical tiene en general un rango muy amplio; así, puedo ir desde una sencilla ranchera, pasando por una balada popular muy bien cantada, hasta un plato más fuerte como el “Nocturno No. 20” de Chopin o como “So what” de Miles Davis, y puedo disfrutar mucho de todo ese espectro, toda vez que se entienda que toda la música tiene un origen socioeconómico, político e histórico.


Pero no sé porque cuando veo algunos videos de los años ochenta, con sus evidentes guiones bien planeados o me voy más atrás y escucho música hecha en las décadas de 1940, ´50, ´60 ó ´70, y los confronto con la mayor parte de música actual que sale en la televisión, como por ejemplo en Ritmo Son Latino o en MTV, me da la sensación de que los nuevos músicos tienen una gran pobreza en sus melodías, en la armonía y en los arreglos que acompañan sus “canciones”. Hay excepciones, por supuesto, como en todo. Hay algunos, muy pocos, que son sobresalientes.


Sin embargo hay momentos en que me siento muy cansado, tan poco estimulado –emocional e intelectualmente- por esa basura que ellos llaman música, que me quisiera regresar al pasado. ¿Es que ya me estoy poniendo demasiado viejo? ¿O es que mi gusto musical con el tiempo es una especie de tenaz colador?


Podría poner de ejemplo el video y la música de la canción “Sowing the seeds of love” del grupo británico Tears for fears: el video es muy colorido y se conecta perfectamente con la música al estilo psicodélico, obviamente influenciada por The Beatles– lo cual no le resta calidad ni originalidad-; cuando la letra dice “…mi novia y yo enamorados…“ y sale una pareja flotando plácidamente en el aire, mientras la música intensa se vuelve como relajada, tranquila… es una visión muy bonita.



Otro video muy bien construido es el de la canción “Take on me” del grupo musical noruego a-ha, el cual se caracteriza por mezclar caricaturas con imágenes de humanos verdaderos; además se va contando con las imágenes una historia muy interesante, hasta el punto que este video podríamos verlo sin la música; es una representación verdaderamente artística y creativa.


Ambos videos son muy conocidos, pero para quien no los haya visto lo puede hacer siguiendo estos enlaces:

http://www.youtube.com/watch?v=ndYqlnewfz4 http://www.youtube.com/watch?v=_EXxMlIExpo

En definitiva, a lo que me refiero es a que mucha música popular que se creó en el pasado poseían unas melodías un poco más elaboradas y en las letras se sentía que había un poco más de trabajo.


Por supuesto que aquí nos enfrentamos al dilema de quién decide qué música es buena y cuál no lo es. Y la verdad es que en cuanto a gustos nadie tiene la última palabra, porque precisamente no todos tenemos el mismo conocimiento, las mismas referencias estéticas, la misma educación en fin, y eso hace que el cristal a través del cual miramos y escuchamos las cosas sea de un grosor y un color muy diferente, entre uno y otro ser humano.


Otra cosa que hay que tomar en cuenta –y bien lo recuerdo- es que la mejor música que he escuchado nunca la conocí a través de la radio o de la televisión, siempre fue algo de boca en boca que un amigo por allá y otro por acá me mostraron y yo al escucharla me llené de sorpresa, gratitud y amor.


Pero bien, aquí ha quedado plasmado mi punto de vista y, después de haberlo dicho, de verdad que me siento menos cansado…



Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

EL SALVADOR NUBLADO

Las tormentas, los derrumbes, las cárcavas, los ríos desbordados, las casas de los pobres inundadas, la imprudencia de algunos, la insensibilidad de muchos hacia la destrucción del medio ambiente…

Todo es una cadena de sucesos y hechos que han ocurrido en El Salvador desde mucho, mucho tiempo atrás.

La tormenta Agatha sólo vino a poner al descubierto lo que los salvadoreños fácilmente olvidamos que pasó en años anteriores y a darnos el presagio de lo que seguirá ocurriendo en el futuro. Y es porque no hay un plan de unidad nacional. El egoísmo de los que dirigen nuestros destinos no tiene saciedad.

El Salvador nublado tiene una belleza que me fascina, no lo puedo negar; pero el sufrimiento de los más desposeídos parece que no tiene fin en esta tierra que llamamos, quizás irónicamente, El Salvador.


Texto:

Óscar Perdomo León


Fotografías:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

EL INMORTAL, de Jorge Luis Borges.


Jorge Luis Borges (1899-1986) decía que cada libro tiene su lector. Y creo que él tenía razón, porque hasta el más sencillo y «poco literario» de los libros tendrá en algún momento a alguien hurgando sus páginas.

Pues bien, este día yo como lector no voy a hablar de mi libro favorito; pero sí de mi cuento favorito: “El inmortal”, que es para mí el mejor cuento que se haya escrito en todo el mundo (y por consiguiente es también el mejor cuento de Jorge Luis Borges). Por supuesto que no he leído todos los cuentos que se han escrito alrededor del mundo, lo cual además es imposible y hay que decir asimismo que para gustos hay colores. Y mi opinión es sólo eso, una opinión. Yo no tengo estudios en literatura ni maestrías en lenguas; pero tengo, al igual que muchos salvadoreños, un gusto por la literatura que ido ganando al leer a uno y otro escritor. De tal manera que no tengo pruebas objetivas para sostener mi preferencia hacia ese cuento, sin embargo sí tengo pruebas subjetivas, que no son –me parece- menos importantes en cuestiones de arte.

El cuento “El inmortal”, que apareció en el libro “El Aleph”, en 1949, empieza con una breve introducción en donde se explica que el anticuario Joseph Cartaphilus le regaló los seis volúmenes en cuarto menor de la Ilíada de Pope a la princesa de Lucinge.

“La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y de barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Ilíada halló este manuscrito. El original está redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión original que ofrecemos es literal”.

A partir de esta introducción inicia el relato de Cartaphilus, que se divide en cinco partes y una posdata de 1950. Sólo la maestría de la pluma de alguien como Borges nos puede sumergir en un relato ficticio haciéndonos creer que se trata de un manuscrito histórico verdadero. En el transcurso del cuento Borges nos alumbra con expresiones filosóficas y poéticas que estremecen el corazón y la mente.

El ambiente y el clima del relato son totalmente embriagadores de un pasado histórico verosímil. Cartaphilus, un soldado del gran imperio romano, huyendo de unos sediciosos que ansiaban vengar la crucifixión de uno de ellos, se pierde en el desierto, donde se encuentra con un jinete “rendido y ensangrentado”, que buscaba “el río secreto que purifica de la muerte a los hombres”. El jinete muere; pero Cartaphilus decide buscar el río que da la inmortalidad.

Cartaphilus alcanza sin saberlo el río secreto y además conoce al pueblo de los trogloditas “que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra”. Uno de ellos lo sigue de un lado a otro a Cartaphilus y éste le pone el nombre de Argos, como el perro moribundo de Ulises en la Odisea.

Cartaphilus descubre que los trogloditas son inmortales y convive con ellos. Llega a tomar la manera de ser de ellos. Reflexiona más adelante que hacer una construcción o un poema, era saber que eso mismo lo harían hasta el cansancio durante un tiempo infinito, decide entonces, al igual que los trogloditas, dedicarse a la meditación. Los trogloditas se la pasaban inmóviles, mirando sin ver el horizonte y sin pronunciar palabras. “El cuerpo era un sumiso animal doméstico y le bastaba, cada mes, la limosna de unas horas de sueño y una piltrafa de carne.”

“Así se fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió con lentitud poderosa.”

“Las noches del desierto pueden ser frías, pero aquella había sido un fuego… la frescura del aire y el rumor atareado de la lluvia me despertaron. Corrí desnudo a recibirla. Declinaba la noche; bajo las nubes amarillas la tribu, no menos dichosa que yo, se ofrecía a los vívidos aguaceros en una especie de éxtasis. Parecían coribantes a quienes posee la divinidad. Argos, puestos los ojos en la esfera, gemía; raudales le rodaban por la cara; no sólo de agua, sino (después lo supe) de lágrimas. Argos, le grite, Argos.”

“Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también si mirarme: Este perro tirado en el estiércol.”

“Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real. Le pregunté qué sabía de la Odisea. La práctica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta.”

Muy poco, me dijo. Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé.”

Cartaphilus vive en diferentes partes del mundo y durante muchos siglos. Y finalmente reflexiona así:

“Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal.”

“La muerte o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño: Todo, entre lo mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasad lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonia, no rigen para los Inmortales.”

Luego Cartaphilus toma la decisión de buscar el río que le quite la inmortalidad. Cuando lo consigue y sabe que va a morir escribe lo siguiente:

“Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.”

Luego hay una posdata que sería muy interesante que ustedes la leyeran. Y aunque yo prefiero leer de la manera tradicional, en papel impreso, para los que se sientan estimulados a leer (o a releer si es que ya lo conocían) este cuento, lo pueden hacer siguiendo este enlace: http://www.apocatastasis.com/el-inmortal-jorge-luis-borges-carthapilus.php#intro

Jorge Luis Borges, que parece de entrada tan fríamente cerebral, en realidad me conmueve intensamente casi hasta las lágrimas, con este relato ficticio que parece histórico, y que, al leerlo, me fascina la idea de creer que es verdadero.

Texto:

Óscar Perdomo León

Textos entre comillas tomados del cuento “El inmortal” del libro “El Aleph” de Jorge Luis Borges.

Imagen de Borges parado:

http://www.huangdianlin.net/wp-content/uploads/2009/12/borges.jpg

Borges en la biblioteca:

http://apuntesapocrifos.files.wordpress.com/2009/11/jorge-luis-borges.jpg

Imagen de la portada de “El Aleph”:

http://clasicosliterarios.files.wordpress.com/2010/03/borges-portada-aleph.jpg

LA DIÁSPORA, de Horacio Castellanos Moya.

 

Diáspora es una palabra que significa dispersión de un grupo étnico o religioso desde su lugar de origen, pero que se ha usado comúnmente para referirse a al exilio de los judíos, quienes en diferentes épocas de la historia se esparcieron en diferentes partes del mundo. Pero su acepción puede extenderse a otros grupos humanos, como el caso de los latinoamericanos.

En El Salvador ha habido también una diáspora obligada en muchos períodos de la historia, originada principalmente por la represión política y por la pobreza. Así, una de las más recordadas fue la diáspora de 1932, en donde grandes masas de salvadoreños huyeron hacia Honduras y hacia otros países antes, durante y después del genocidio (30 mil muertos) perpetrado por el gobierno salvadoreño de aquellos días.

Otro período intenso de diáspora en El Salvador fue durante los conflictivos años ¨70, ´80 y ´90 del siglo pasado. El cierre de espacios para la libertad de expresión, los miles de asesinatos por parte de los escuadrones de la muerte, la falta de empleos y la guerra civil, entre otras causas, llevaron a que una gran cantidad de salvadoreños optaran por dejar su tierra natal y buscaran nuevos horizontes.

La novela “La diáspora”, escrita por Horacio Castellanos Moya (nacido en 1957), premio nacional de novela UCA Editores de 1988, (publicada por primera vez por esa misma editorial) y ambientada a finales de los años ´70 y principios de los ´80, nos muestra con detalles y algunas veces casi con microscopio, las razones de algunos salvadoreños involucrados con las fuerzas de izquierda para abandonar su patria.

 

La primera vez que oí hablar de Horacio Castellanos Moya fue en un libro de antología poética que me impactó mucho: “La margarita emocionante” (1979), el cual es uno de esos libros inolvidables y el que habían unos poemas muy buenos de cinco escritores salvadoreños, incluyendo a Castellanos Moya y, si mal no recuerdo, él además escribía el prólogo.

En “La diáspora”, que se divide en cuatro partes y veinticinco capítulos, el escritor nos cuenta un fragmento de la vida de los principales personajes, que son cuatro:

-Juan Carlos, un desertor de la izquierda que busca asilo político en Canadá.

-Quique, un guerrillero novato que salió en desbandada de El Salvador, huyendo de la represión, se instala un tiempo en México en una agencia de noticias y luego regresa a El Salvador a reincorporarse a la lucha armada en las montañas.

-El Turco, un músico desencantado con “la revolución”, que tocaba en un grupo musical canciones de protesta y que se exilió, por peligrar su vida, en varias partes del mundo y finalmente en México.

-Jorge Kraus, un escritor argentino que sueña con “una beca” para escribir sobre “la revolución salvadoreña”.

Hay muchos más personajes; pero, aunque importantes, no son el centro de la historia.

 

En la entrada de “La diáspora” el autor nos advierte que la novela se trata de hechos ficticios; sin embargo da la impresión que se tratan de hechos verdaderos, pero novelados. El lenguaje utilizado por Castellanos Moya es bastante popular, coloquial, a veces agresivo y provocador. Hay giros y jerga muy salvadoreños, si se puede decir de esa manera; aunque en contadas ocasiones algunos personajes salvadoreños usan frases muy características de los mexicanos. La lectura no se dificulta y la fluidez de la lectura es aumentada por la interesante historia que se cuenta.

Mélida Anaya Montes (comandante Ana María)

Roque Dalton García

También se mencionan en la novela, porque están de alguna manera conectados con la ficción contada, unos hechos muy importantes en la vida de El Salvador, que conmocionaron a la opinión pública nacional e internacional, como es el asesinato de Mélida Anaya Montes (la segunda al mando de las FPL –una de las cinco organizaciones que conformaron al FMLN-); el asesinato de Roque Dalton (uno de los más grandes escritores de El Salvador); y el suicidio de Cayetano Carpio (principal dirigente de las FPL). Estos terribles sucesos conmovieron de una u otra manera a los personajes de “La diáspora”.

 

Cayetano Carpio (comandante Marcial)

En ningún momento menciona, escarba o cuestiona el escritor sobre las razones de la lucha armada emprendida por la izquierda. El libro trata más que todo de enfatizar sobre las razones y las experiencias de la disidencia (con excepción del personaje Quique).
 

Me parece que es un libro recomendable para ser leído, primeramente porque es muy entretenido, y además porque toca un tema tabú para la izquierda salvadoreña: la disidencia.

Y aun cuando los ideales de búsqueda de justicia y de bienestar social para los más pobres, que es -¿o era?- el ideario de lucha del FMLN, no se mencionan en el libro, sí da una pauta para entender y aprender de los errores que la izquierda ha cometido en El Salvador en el transcurso de la Historia, como por ejemplo, su miopía para no darse cuenta de la importancia que el arte representa para el desarrollo de los pueblos, antes, durante y después de su lucha por alcanzar los más altos ideales de justicia.

 

Texto:

 

Óscar Perdomo León

 

Imagen de Horacio Castellanos Moya extraída de

http://www.ssppstudentctr.com/got_speech/moya.jpg

 Imagen de Cayetano Carpio extraída de:

http://www.trinchera.com.ni/archivo/2008/mayo/mayo_02/cierre_carpio.jpg

 Imagen de Mélida Anaya Montes extraída de:

http://www.andes21dejunio.org/Pagina%20de%20mujeres_clip_image001.jpg

Imagen de Roque Dalton extraída de:

http://www.patriagrande.net/el.salvador/roque.dalton/maquina.jpg

Imagen de portada de “La diáspora” de UCA Editores, extraída de:

http://www.uni-potsdam.de/castellanos-moya/buecher_es/29.html


 

 

Imagen de portada de “La diáspora” edición de Concultura extraída de:

http://www.ronaldflores.com/wp-content/uploads/2008/11/la-diaspora-castellanos-moya.jpg

Mis recuerdos del poeta FRANCISCO ANDRÉS ESCOBAR.

Me enteré ayer de su muerte a través de Facebook y la noticia me tomó por sorpresa.

Aunque sólo un par de veces intercambié unas palabras con él, este día me he mantenido triste, a lo largo de las casi veinticuatro horas.

Francisco Andrés Escobar (1942-2010) fue actor, profesor universitario, un gran narrador de historias y además dramaturgo; pero especialmente Francisco Andrés Escobar fue poeta. Sus versos son delicados, profundos, limpios, selectos. Aunque, hasta donde sé, mucha de su obra literaria está inédita, la poesía que he leído de él me ha conmovido mucho. Fue ganador del Premio Nacional de Cultura de 1995 y miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

Hace muchos años yo visitaba con frecuencia la Universidad Centroamericana UCA, en donde él enseñaba, principalmente porque ahí estudiaba una antigua novia mía y para entonces yo seguía cada paso que ella daba (porque me sentía fuertemente atraído hacia ella), hasta el punto que un día entré como oyente a una de sus clases, y ahí estaba escribiendo en la pizarra Francisco Andrés Escobar. Fue la primera vez que lo vi. Me gustó tanto su clase que regresé varias veces a escucharlo (aunque no estuviera mi ex novia).

También regresé a la UCA porque un tiempo después acudí a unas clases en la Escuela de Idiomas y algún tiempo después porque conduje durante un año y medio un programa en la radio YSUCA. De tal manera que no era raro encontrarme con Francisco Andrés Escobar en algún pasillo de la universidad.

Recuerdo que una vez me atreví a ir al cubículo en donde él atendía a sus estudiantes y me recibió con amabilidad, aun cuando yo no era un estudiante regular de la UCA. Llegué, con más timidez que orgullo, a mostrarle un par de poemas que yo había escrito. Recuerdo que los leyó con detenimiento y luego, sin ser grosero, me dio a entender que debía seguir escribiendo, pero de una manera más depurada y especialmente me aconsejó que debería leer más y más poesía. Agradecí mucho en aquel momento –como lo agradezco ahora- su sinceridad.

Con el tiempo entendí que no soy poeta (aunque de vez en cuando escribo algo por ahí y por allá a lo que llamo poesía). Sin embargo, sigo amando y leyendo poesía cuando puedo.

Pero Francisco Andrés Escobar sí era un verdadero poeta. He aquí algo de su cosecha:

Petición y ofrenda

I

“La media noche
Detuvo sus andares
Junto a un leve murmullo de pupilas.
Después
Un buceo lentísimo,
Un sondeo profundo en aguas verdes,
En verde clorofila
Poseedora de una luz magnífica.
Un viaje lento, de canoa suave,
Hacia las luminosas oquedades del espíritu”.

II

“Es cierto que he llegado un poco tarde.
Es cierto
Que no estuve ante tus lágrimas
Y que arribo con años de retraso
Para entender el cauce de tu llanto
Que se enrolla en potentes espirales
Y se adentra en el vértigo,
En sí mismo.
Es cierto que tus manos fueron solas
Por el camino de las adivinanzas,
Que hay historias de gnomos que no oíste,
Que llevas mil preguntas escondidas
Y canciones de sueños mutiladas.
También es cierto que,
De alguna manera,
Has visto el rostro de la desesperanza.
Palpaste muy temprano
El calor de las piedras del camino
y fuiste sin sandalias.

En la edad de la aurora
Tormentas pequeñísimas generaron violentos huracanes
Y vives la ambivalencia de la hoja:
Marcharse con el viento
O agarrarse con desesperación a la rama
En espera de un tiempo más dorado”.

III

“¡Si tan sólo yo hubiera llegado antes!
Si tan sólo en el verde de mi entraña
Hubieras blasonado tu linaje,
Esta oscura marea en que me agoto
Sería rumor de ángeles
Y el temblor vacilante de mis manos
Poesía terminada.
Si tan sólo yo hubiera llagado antes
Al encuentro genuino de tus pasos
Hubiéramos unido soledades
Para hacerle un altar a la esperanza”.

IV

“Una de las cosas más claras que aprendí
En la escuela de los caminos que anduve
Es que siempre se puede
Poner fuera de lugar a la desesperación.
Aprendí también que el llanto y la sonrisa
Hay que llevarlos sobre pleno rostro,
Sin ocultar con máscaras ambiguas
El tropismo natural de la raíz íntima.
Aprendí que es posible volver sobre los pasos
Para encontrar el medallón perdido
Y hacerlo refulgir en la garganta.
Aprendí que en el espacio entre dos soles
Hay un remanso de hondo pensamiento;
Que cada noche es este día una vez,
Que cada día es este día, también sólo una vez,
Y que es posible alcanzar
La luz agotada del ocaso
Y renacer con ella la mañana siguiente.
Aprendí que no es el tiempo que encierra la pupila
Lo que la hace sabia y cercana:
Es más bien la posibilidad de mirar cara a cara
En otros ojos
Lo que le da la fuerza para salvar
Y salvarse,
Para reconstruir,
Para crecer,
Para vivir en la exacta dimensión
De lo que piden las fuerzas humanas.
Aprendí, finalmente,
Que entre las cosas que nos hieren
Flota una Presencia Suave
Que conoce el volumen del grito desgarrado”.

Creo que algo que penetró mucho en el corazón de los salvadoreños fueron las “Croniquillas” que Escobar publicaba cada sábado en La Prensa Gráfica. Mi rutina era leer la “Quinta Columna” de David Escobar Galindo y luego las “Croniquillas”, que aparecían siempre justo a la par. Persistentemente era una delicia leerlas. Eran historias sencillas y cotidianas contadas con amor; pero sin perder un poco la picardía, la denuncia social o la soledad. Sus “Croniquillas” me recordaban un poco los “cuentos de barro” de Salarrué, en el sentido de su conexión franca con personajes típicos del pueblo.

A Francisco Andrés Escobar lo recuerdo actuando en una obra de teatro o dictando una conferencia. Lo recuerdo solitario, haciendo cola para entrar a un cine o caminando por la calles de la colonia Jardines de Guadalupe, con su bolsón de cuero al hombro. Sencillo como su pueblo. Humilde como sólo los grandes pueden serlo. Sonriente al saludar.


Que sean estas pocas palabras mi pequeño homenaje póstumo para el poeta salvadoreño Francisco Andrés Escobar.


Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías de Francisco Andrés Escobar extraídas de las siguientes tres fuentes:

http://www.google.com.sv/imgres?imgurl=http://www.artepoetica.net/francisco_andres.jpg&imgrefurl=http://www.artepoetica.net/Francisco%2520Andres.htm&usg=__Sc3hTn3_KqXqjRdtkS1ksVwpZgc=&h=381&w=286&sz=25&hl=es&start=2&itbs=1&tbnid=-o5oXTb6IU2EZM:&tbnh=123&tbnw=92&prev=/images%3Fq%3Dfrancisco%2Bandr%25C3%25A9s%2Bescobar%26hl%3Des%26sa%3DG%26gbv%3D2%26tbs%3Disch:1




https://oscarperdomoleon.com/wp-content/uploads/2010/05/img_34271.jpg




http://www.bing.com/images/search?q=francisco+andres+escobar&FORM=BIFD#focal=72db909439333c2fb969576104b49df5&furl=http%3A%2F%2Farchive.laprensa.com.sv%2F20080318%2Fcultura%2F1424076.jpg


Poema “Petición y ofrenda” extraído de http://www.vivir-poesia.com/peticion-y-ofrenda/

OTRO ANIVERSARIO MÁS DEL ASESINATO DE ROQUE DALTON. Y HOY CON MÁS POLÉMICA.

Roque Dalton García (1935-1975) uno de nuestros más grandes poetas y escritores fue asesinado por sus mismos camaradas guerrilleros del ERP, convirtiéndose este violento hecho en uno de los más oscuros pasajes de la Historia salvadoreña contemporánea.


La injusticia de su asesinato, así como el agravante de que los responsables del crimen no tengan la decencia de decir al menos en donde están los restos del poeta, le da a la tragedia una categoría más sombría. Grandes escritores a nivel mundial, como Mario Benedetti y Julio Cortázar, condenaron con energía en su momento el asesinato de nuestro poeta.


Con el triunfo de Mauricio Funes y del FMLN en las elecciones de marzo de 2009, se ha agregado una polémica más a la tragedia. Según la noticia publicada ayer por La Prensa Gráfica, la familia de Dalton advirtió al gobierno que “no permitirá que el Estado haga uso oficial de la imagen, del nombre o de los textos del poeta asesinado el 10 de mayo de 1975…” (1). La familia Dalton también, en voz de Juan José Dalton, exigió al Estado “pedir perdón por haber dejado el asesinato en la impunidad y por negarnos el derecho a la justicia y a la verdad.” (2)


Además la familia Dalton ordenó “la destitución de un funcionario implicado en su asesinato…”. Se refiere a Jorge Meléndez, director de Protección Civil del actual gobierno e implicado, junto a Joaquín Villalobos y otros, en la decisión de asesinar a Roque Dalton.


Jorge Dalton dijo que el gobierno “parece desconocer las verdades históricas que pesan sobre él (Meléndez) al punto de dar la espalda al espíritu de justicia hasta llegar a mancillar la memoria del poeta”. (3)


El Presidente Funes respondió a la familia Dalton, según La Prensa Gráfica, que no accederá a no utilizar el nombre del poeta. “Roque Dalton ya no es de los hijos y de su viuda, ahora es del pueblo salvadoreño. Es la esencia de nuestra expresión cultural, no es patrimonio de particulares”, respondió Funes.(4)


Este caso me recuerda lo que ocurrió no hace mucho en Nicaragua, en donde Daniel Ortega decidió que las canciones del cantautor Carlos Mejía Godoy, ya no pertenecían a él, sino a la Revolución.


Las palabras de Funes denotan prepotencia y demagogia. Prepotencia, por no respetar la decisión de la familia Dalton, la cual es la dueña de los derechos de autor de nuestro querido poeta. Y demagogia, porque ahora el gobierno de Funes pretende utilizar el nombre de Dalton con fines políticos y propagandísticos, como lo ha hecho con el nombre de Monseñor Romero.


“No se puede hablar de hacer un gobierno bajo el espíritu de Monseñor Romero cuando se es cómplice tácito de la corrupción del pasado, porque es tan culpable el que delinque como el que encubre. Y no perseguir el delito es encubrirlo. Las palabras de Funes que hablan de Monseñor Romero ahora suenan huecas y hasta ofensivas. Mauricio Funes perfectamente puede con su liderazgo, si tuviera voluntad de hacerlo, mover los hilos de la política y de la justicia para alentar a los jueces y a la Fiscalía de la República, para que se persiga y castigue el delito. El verdadero espíritu del pensamiento y actuar de Monseñor Romero está muy lejos del espíritu del actual gobierno.” (5)

Lo escrito en el párrafo anterior sobre Monseñor Romero es perfectamente aplicable a Roque Dalton, quien siempre luchó incansablemente por la justicia y la liberación del pueblo salvadoreño.



Las palabras de Funes irrespetan la memoria de Roque Dalton y caen como balde de agua fría en la conciencia y el corazón de los salvadoreños.




Texto:
Óscar Perdomo León






(1)Jessica Ávalos, LA PRENSA GRÁFICA, página 26, del día miércoles 05 de mayo de 2010.

(2)Jessica Ávalos, LA PRENSA GRÁFICA, página 26, del día miércoles 05 de mayo de 2010.

(3)Escrito para CONTRAPUNTO El Salvador por Tomás Andréu / Miroslava Rosales:http://www.contrapunto.com.sv/index.php?option=com_content&view=article&id=2909:noticias-de-el-salvador-contrapunto&catid=58:categoria-sociedad-civil&Itemid=64

(4)Estela Henríquez, LA PRENSA GRÁFICA, página 18, del día 06 de mayo de 2010.

(5)Extraído de LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN:

http://lacasadeoscarperdomoleon.blogspot.com/2010/03/corrupcion-y-el-cambio.html

Imagen de Jorge Dalton y de Juan José Dalton tomada de CONTRAPUNTO El Salvador:http://www.contrapunto.com.sv/index.php?option=com_content&view=article&id=2909:noticias-de-el-salvador-contrapunto&catid=58:categoria-sociedad-civil&Itemid=64

Imagen de Roque Dalton extraída de

http://archivo.elfaro.net/secciones/el_agora/20060522/roque1.gif

EL POZO DE LA MISERIA

1

 

¿Cómo puede alguien caer hasta el fondo del pozo de la miseria?

 

 

La vida es como un escalinata con gradas resbalosas que todos debemos pisar en algún momento.

2

 

Hace muchos años un hombre, al que llamaremos Juan, se compró una película escrita y dirigida por Spike Lee en formato VHS que se llamaba “Mo’ Better Blues”. Le gustaba mucho mirarla, especialmente porque era una historia de músicos. Tenía ese sabor de lucha por seguir el camino que a uno le gusta y de búsqueda de la identidad que siempre le había atraído a él. Pero también se sentía prendado de algunas escenas con una melancolía que se veía reforzada con la música interpretada por el cuarteto de Branford Marsalis (al que se le sumaba el trompetista Terence Blanchard). Los actores principales de esa película eran Denzel Washington, Spike Lee y Wesley Snipes.

 3

 

En esos días Juan se sentía tan melancólico como “Never again”, una de las composiciones musicales de esa película. Fue una época en que él tuvo que separarse involuntariamente de sus hijas, en medio de un doloroso divorcio. Fueron días muy duros para él.

 

 

Por unos días se sintió desorientado, sin ningún objetivo. Pero la noche de un 31 de diciembre cayó en el fondo del pozo de la tristeza y se emborrachó tanto que terminó vomitando con energías en el baño de la casa de un tío suyo y se quedó dormido abrazando la taza del servicio sanitario.

4

 

Cuando despertó, a las cinco de la mañana, estaba sin zapatos, acostado en una cama que no era la suya y en una habitación desconocida. Estaba totalmente despistado y con un sabor amargo en la boca. Se sentía tan arrepentido de su conducta y con una sensación de haber desperdiciado su tiempo inútilmente. Se levantó y se fue de prisa para su casa. En la ducha se tomó su tiempo para pensar. Sintió que ya no podía caer más bajo. Y ahí, como un relámpago, se le vino la idea de terminar la novela inconclusa de tantos años, aquella que tenía como diez años de haberla empezado. Y así lo hizo.

 

 

“Ya ha corrido mucho agua debajo de este puente”, como dice la canción de Fito Páez. Y un año después Juan había terminado su novela y un año más tarde pudo publicarla.

 

 

Juan recobró la confianza en sí mismo y desde entonces lo he visto crecer, no en bienes materiales –que no son los que realmente importan-, sino en bienes psicológicos y espirituales.

5

 

Hace un par de años, volvió a casarse, con una buena mujer. Vive de una manera moderada, sin excesos. Medio rechoncho, simpático, rosado, es una de las personas más respetuosas con las creencias religiosas o políticas de sus semejantes. Y siendo ateo, como es, es una de las personas más felices y bondadosas que he visto.

 

 

Hoy, después de tanto tiempo, levanto mi copa y digo: Salud, amigo. Te deseo buena mucha suerte desde el fondo de corazón.


6

 

Siempre hay tiempo para renacer, ¿verdad, Juan?

 

 

 

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

 

 

 

 

1- “Se avecina tormenta”, fotografía de Óscar Perdomo León.

2- Imagen de la portada de la película “Mo’ Better Blues” extraída de http://en.wikipedia.org/wiki/Mo%27_Better_Blues

3 y 4- Fotografías “Cadáver de un gigante 1” y “Cadáver de un gigante 2” tomadas por Óscar Perdomo León.

5- “La caracola”, pintura de Janto Garrucho.

6- Fotografía “Renacer” tomada por Óscar Perdomo León.

 


Para quien quiera escuchar “Never again”, lo puede hacer siguiendo este enlace http://www.youtube.com/watch?v=FiXcuIzD1yc

GUACOTECTI. Fotorreportaje. El fútbol como terapia.

Hace un par de días mi esposa Érika y yo fuimos a un pequeño pueblo del departamento de Cabañas, conocido como Guacotecti. Nos gustó el ambiente tranquilo del lugar. Sus habitantes no corren de un lado para otro, como los de San Salvador; aquí en Guacotecti, por el contrario, los habitantes de se sientan y se toman su tiempo.

Guacotecti es visitado frecuentemente por los habitantes de Sensuntepeque debido al sabor de sus ricas pupusas; aunque también hay un par de lugares más en donde también se venden otro tipo de comidas, como burritos, tacos o hamburguesas.

Nos agradó mucho darnos cuenta que en el parque los jóvenes habían improvisado una cancha de fútbol y un árbitro se encargaba que el juego siguiera las reglas universales de dicho deporte.

Esto que voy a decir no es nada nuevo, pero parece ser que nuestros políticos no lo han entendido: el fútbol puede ser un preventivo de la violencia. Si los jóvenes se mantienen ocupados en cosas positivas, crecerán como hombres positivos y no como criminales. Por supuesto que el origen de la violencia en El Salvador es multifactorial, pero si hubiese más canchas y más apoyo para los jóvenes en la cuestión del deporte, estoy seguro que la violencia disminuiría.

El factor de los jóvenes con familias destruidas o disfuncionales, o el factor de la opresión económica y de la diáspora de los pobres hacia los Estados Unidos y hacia otros países, son temas muy profundos, de los cuales se puede hablar en otro momento.

Pero ver la emoción y la entrega de los jugadores es algo muy motivador.

Siempre he creído que el fútbol y otros deportes le dan una libertad a los seres humanos que vale la pena tener. Los hombres corriendo detrás de una pelota se sienten niños otra vez.

Las personas acuden a ver a los jugadores.

Se sientan en las bancas o en las orillas de los árboles.

 

Y cuando el sol se oculta tras los árboles, las personas se van retirando con lentitud hacia sus casas.

 


Texto y fotografías:
Óscar Perdomo León

DOS POEMAS

Hace más o menos 24 años escribí los dos poemas en prosa que vienen a continuación. Pero antes de llegar a ellos me gustaría responder una pregunta: ¿Qué es la poesía?

La poesía es una bella doncella y una guerrera salvaje con numerosos brazos, que puede alcanzar y poseer todo lo real y lo imaginable del mundo. Y también las cosas invisibles: la poesía es un regalo infinito.

Una piedra preciosa que brilla intensamente es la poesía, un guijarro-diamante que en el pasado fue un sucio carbón, que fue evolucionando.

¿En qué geografía evolucionó? En ninguna otra parte más que en el territorio del corazón humano, ahí en un rincón interno donde las mujeres y los hombres tenemos el instinto de ser mejores.

La poesía son las palabras perdidas que, como el barro, toman forma en nuestras manos.

LO QUE ME HIZO CANTAR

Esa tu calma reposando en un pilar de cemento, combinada con la belleza de tu cabello largo, con tus ojos como catedrales en una noche iluminada a medias, con tu cuerpo que es la Venus de Milo sin mutilar, más un gozo de sensibilidad humectada de hermosa sencillez cuando leés un poema y sumado todo a la callada mañana de invierno en San Salvador, fue lo que me hizo cantar en el interior de mi mente una grey de hosannas amorosas y tiernas, llenas de locura infantil, invadidas con fuerza y razón por un cometa mío que se llama entrega, mostrándome a mí mismo, el ardor lejano, la ancestral fogata interna.



TU MEMORIA

Yo recuerdo que un día caminamos los dos, agitados por el sol y el polvo del mediodía, por las calles del centro de San Salvador. Era un día como todos; pero sé que te dije que en algún momento moriría la atracción nuestra y mutua, en manos de dos enemigos infinitos: el tiempo y la rutina.

Y ya ves que tuve razón. Pero vos olvidaste decirme que me olvidarías tanto y tan pronto, que hoy me sorprendo al saber que a la memoria se le mueren pedazos todos los días, cada minuto. Más quiero decirte que los pedazos tuyos que tengo están todavía riendo y llorando, corriendo en mi vida. Y quiero decirte también que me siento resentido con vos o con tu memoria o, en fin, con ambas.

¿Es que no te acordás de esta cabeza que siempre pensó en tu vida? ¿No te acordás de esta mirada herida y sin embargo limpia? ¿Y de estas manos con versos para vos no te acordás tampoco?


Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León