Texto:
Óscar Perdomo León.
Collage elaborado por Óscar Perdomo León
Autor: Óscar Perdomo León
“Casi todos los ángeles tienen alas” es un caso similar al que mencionaba sobre la música. Yo sé que no es lo mismo y no sé si cabe la comparación, pero me parece que leer varios cuentos con un mismo título es algo muy interesante. Son tres voces creadoras, diferentes pero igualmente muy habilidosas y llenas de ideas.
“Casi todos los ángeles tienen alas” de la Editorial Delgado y publicado en el año 2007 es un libro realizado por tres escritores: Juan Ruiz de Torres (Madrid, España), Alejandro Moreno Romero (Lucena, Córdoba, España) y David Escobar Galindo (Santa Ana, El Salvador).
El título proviene del primer cuento del libro. El juego de este singular libro es que un mismo tema, por ejemplo, “Las llaves”, “No se me ha olvidado”, etc., es desarrollado por los tres escritores, según su propio estilo y según su propia imaginación, es decir, que hay tres cuentos, uno por cada escritor, con el mismo título. El libro consta de 13 cuentos con el mismo nombre, es decir, de 39 cuentos en total.
A medida que se va avanzando en la lectura, empieza uno a familiarizarse con el estilo de cada uno de los tres escritores, y luego empieza a diferenciar y adivinar, con sólo leer las primeras líneas de cada cuento, quien lo ha escrito.
Este libro es totalmente regocijante y de mucha calidad. Lo recomiendo para los que quieren ver como el ejercicio de la imaginación y el de la calidad puede ir perfectamente juntos.
Óscar Perdomo León
Dibujo extraído de “Casi todos los ángeles tienen alas”.
Me gustaría vivir sin fin para tener tiempo de estudiar y conocer todas las cosas que han ocurrido en el mundo, para mirar todas las cosas que están por venir y ser testigo de todos los sucesos universales.
Algunos objetos -materiales y espirituales- que son importantes para mí, me gustaría darles un “soplo de vida” y hacerlos inmortales. Pero sólo es mi engañada vanidad creyendo que puede haber cosas eternas. Me resigno al darme cuenta que todo cambia y evoluciona, y que nuestro destino al final de cuentas es la muerte.
Sin embargo, me gustaría al menos que mis hijas me recordaran con cariño, que pensaran en mí como alguien que las amó, con todas las fuerzas que es posible amar.
Óscar Perdomo León
Creo firmemente que los hombres y las mujeres debemos tener los mismos derechos y las mismas obligaciones como ciudadanos de un país que aspira a ser civilizado y democrático. Y estoy tan convencido de lo que creo porque tengo varias mujeres a mi alrededor que me recuerdan que no es justo que haya discriminación hacia ellas: mi madre, mi hermana, mi esposa y mis dos hijas.
Claro que cuando se habla de que debe haber un número más equilibrado entre hombres y mujeres, en los trabajos y en todas las áreas del quehacer humano, no puedo más que decir que estoy de acuerdo, toda vez que el puesto lo ocupe una mujer que reúna las características que éste requiera. Por eso pienso que las mujeres tienen que seguir preparándose, educándose, porque su capacidad de lograr cosas buenas es grande.
Ahora bien, no estoy de acuerdo cuando una mujer avanza en un trabajo, no por su capacidad de desempeño laboral, sino porque usa “sus encantos femeninos” –ustedes saben de qué les hablo- para seducir y manipular a su favor al jefe. Creo que este comportamiento todos lo hemos visto alguna vez. Podría decirse –para restarle un poco de lo indecoroso- que es quizás un mecanismo de defensa de la mujer al verse siempre discriminada en la sociedad. Sobre la debilidad y la corrupción del hombre en este caso no tengo por supuesto comentarios favorables.
Tampoco estoy de acuerdo con arruinar nuestro bello idioma, diciendo a cada rato “las y los salvadoreños…”. Algunos han llegado al extremo de andar diciendo: “…las y los ballenas y ballenos…”. ¡Por favor! ¿Se imaginan que hubiese sido de los libros de García Márquez o de Salarrué si se hubieran puesto a escribir así? Creo que nuestro idioma tiene sus formas y giros propios bastante interesantes. No niego que las palabras tengan una carga social e histórica; pero hay cosas que se sobreentienden. Para mí lo más importante es el respeto hacia los seres humanos, con hechos.
Se los voy a decir de una manera muy sencilla: yo nunca voy a desear un mal para mis hijas, mis niñas que ya casi son mujeres; es decir, por el mismo amor que les tengo no puedo más que ansiar que en nuestro país haya más justicia para el ser humano en general.
Texto:
Óscar Perdomo León
Collage:
Óscar Perdomo León.
(Lo hice usando fotografías de mi hermana Wendy).
Dibujo:
Mayra Alfaro
Dicen que los seres humanos se comportan de la misma manera donde sea que existan. Pongo en duda esa afirmación. Según lo que he escuchado y leído los seres humanos en otras culturas miran y evalúan a sus congéneres de acuerdo a sus capacidades. Sin embargo aquí en El Salvador sigue existiendo el compadrazgo sumado al temor egoísta a que alguien sobresalga más que uno.
Hablo de esto porque hace un par de días estuvimos en San Salvador hablando con un amigo que nos contó cómo se fue, durante un buen tiempo, a especializarse a Japón, becado junto a un pequeño grupo de compañeros y al regresar a El Salvador empezó a ser relegado y discriminado por sus mismos colegas, a través de ponerlo en mal con chambres y mala fe. Las personas que recibieron esa información errónea no se tomaron la molestia de oír la contraparte, es decir, no le dieron la oportunidad a nuestro amigo para darse a conocer y escuchar sus razones; por el contrario, se conformaron con los chismes. ¡Qué bajo han caído algunos profesionales en El Salvador!
Y estas conductas tan vergonzosas e injustas se dan entre todos los grupos y gremios salvadoreños, entre abogados, médicos, músicos, enfermeras, pintores, profesores, anestesistas, etc.
Se desaprovechan recursos y talentos valiosos porque nuestra mezquindad está temerosa de ver brillar a alguien con luz propia. Conozco personas prepotentes que creen saberlo todo; pero en realidad detrás de toda esa falsa imagen de grandeza no hay más que una verdadera mediocridad. Y las personas honestas se quedan calladas, consintiendo las injusticias, con una cobarde complicidad.
¿Podremos los salvadoreños convertirnos en un país desarrollado viviendo con estas actitudes negativas?
Texto:
Érika Mariana Valencia-Perdomo
y Óscar Perdomo León
Collage:
Óscar Perdomo León
Nosotros, que trabajamos voluntariamente –donando nuestro tiempo y algunas veces hasta nuestro dinero- en la campaña política recién pasada, lo hicimos con la esperanza de que en nuestro país naciera realmente un cambio. Si apoyamos la candidatura de Mauricio Funes y del FMLN fue porque creímos que a través de ellos se establecería un rumbo diferente y mejor para nuestro El Salvador.
¿Por qué apoyamos a Mauricio Funes en aquellos días? Bueno, Mauricio había demostrado, durante todo el tiempo que trabajó como periodista, una insobornable actitud de búsqueda de la verdad y de denuncia de las injusticias provocadas por la derecha.
¿Por qué apoyábamos al FMLN? Bueno, en el caso del FMLN podríamos decir que este partido político venía cargando sobre sus hombros una larga tradición de lucha del pueblo salvadoreño. Sus años de lucha guerrillera durante la guerra civil, en donde demostró disciplina, valentía, creatividad y donde ofrendaron su sangre muchos de los mejores hombres y mujeres de este país, en búsqueda de un país más justo, es una etapa inolvidable y admirable.
Sabemos que el tiempo que ha pasado desde que Mauricio Funes y el FMLN tomaron el poder es muy poco para que puedan resolver los graves problemas heredados por la derecha, desde el siglo XIX en que de una manera renca y vergonzosa nos convertimos en nación. Un país que desde sus inicios no buscó que todos sus habitantes tuvieran el derecho a la libertad de expresión, a la educación, a la salud y a la riqueza de esta tierra, es un país que estaba condenado a vivir en el “tercer mundo”.
¿Qué los políticos de la derecha se autodenominen patriotas, nacionalistas y demócratas? Por favor, si ese es un chiste que alguien nos haga cosquillas. La derecha de nuestro país siempre ha sido un grupo egoísta que ha vendido nuestra soberanía a los capitales extranjeros como la más fácil de las prostitutas. Por lo tanto, en la derecha no hemos tenido, no tenemos, ni vamos a tener nunca esperanzas.
En la izquierda sí. Pero necesitamos ver acciones ejemplares para los grandes corruptos, porque si no se castigan a éstos, estamos seguros que algunos de los políticos de izquierda llevarán el mismo rumbo de suciedad y corrupción que tuvieron el PCN, el PDC y ARENA cuando estuvieron en el poder.
Mauricio Funes y FMLN, nos parece muy bien lo siguiente:
a)los uniformes que se entregarán a los estudiantes, b)que se esté implementando la austeridad en el gobierno, c)la extensión del programa de alimentos a los estudiantes del área urbana, d)la entrega de títulos de propiedad, e)que se le dé prioridad al proyecto de construcción del nuevo Hospital de Maternidad, f)que se haya dado inicio a la devolución de la renta (aun con los problemas económicos con que encontraron las arcas del gobierno), g)el pago de deuda de más de tres millones de dólares que el antiguo Ministro de Salud arenero debía en concepto de vacunas a los proveedores, h)el incentivo de $ 6.oo para alimentación de los miembros de la PNC, i)la prolongación del derecho de seguro social por seis meses para los despedidos, j)el reestablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.
Todas esas medidas y cambios, aunque muy buenos, no son de fondo.
Este es el momento para que Mauricio Funes y el FMLN se amarren bien los pantalones, como siempre los han tenido, y que el pueblo sienta la diferencia entre un gobierno de izquierda y uno de derecha. ¿Cómo hacer esto? He aquí algunos puntos:
1-Esta es la hora de que escuchen a los ambientalistas. Sin agua y sin recursos naturales El Salvador no tiene ningún futuro viable.
2-Este es el momento para que formen una comisión –una verdadera comisión- que investigue los casos de corrupción y que a los corruptos, que tanto daño le han causado a nuestro país, se les aplique la ley. No tengan miedo de hacerlo, porque el pueblo salvadoreño, que está sediento de justicia, los apoyará incondicionalmente si deciden de una vez y por todas enmendar el gran daño que esta práctica malsana le ha hecho a nuestro pueblo. Y con pruebas en mano, que Mauricio Funes haga saber en cadena nacional los nombres de los grandes ladrones de El Salvador, esos mismos que se jactan de ser honorables.
3-Deben cambiarse los programas de educación básica y cambiar también los métodos de enseñanza tradicionales que sólo han llevado a gran parte de nuestro pueblo a conseguir más ignorancia. Estamos seguros que hay países que nos pueden ayudar con sus experiencias y con recursos humanos, aprovechémoslos. Enseñar la verdadera Historia de El Salvador, es una materia pendiente al igual que la educación constante de los maestros.
4-Tenemos que decir que esta es la hora de alcanzar la verdadera soberanía nacional y esta pasa inevitablemente con desobedecer las órdenes del gobierno de Los Estados Unidos; no estamos diciendo que rompamos relaciones diplomáticas con el gobierno del norte, sino que les dejemos claro que quien manda en estas tierras, de ahora en adelante, es el poder popular. No tengan miedo de hacer eso tampoco, hay muchas otras economías fuertes en el mundo que nos podrían apoyar para fortalecer nuestra economía.
5-Deben hacerse los cambios estructurales económicos y sociales que son la base de la pobreza y de la violencia en nuestro país. Esa estructura injusta es la que excluye a los pobres y origina esa masa de jóvenes sin futuro, que es caldo de cultivo de pandilleros.
6-Y finalmente, no dejen de mirar y escuchar a los más desprotegidos de El Salvador. Mézclense con el pueblo, porque de ahí provienen ustedes y de este pueblo aprenderán mucho de cómo deberán gobernar.
Si no proceden correctamente y si en vez de eso hacen un gobierno que le siga el juego a la derecha, no nos cabe la menor duda que el FMLN sólo estará en el poder cinco años y entonces el sacrificio de tantos corazones nobles que durante tantos años buscaron justicia habrá sido en vano. Sabemos que toda trasformación de fondo y no de forma tarda y que ARENA ha sujetado fuertemente las manos del Presidente con mil y una artimañas.
Mauricio Funes y el FMLN tienen nuestro apoyo; pero también nuestro apoyo siempre será para las cosas justas que beneficien a nuestro pueblo.
Texto:
Óscar Perdomo León
y Érika Mariana Valencia-Perdomo
Fotografías:
Óscar Perdomo León
Yo pienso también que a la Iglesia (me refiero a toda forma de religión) no la conmueve el amor, lo que la conmueve es el poder. Y la religión en general basa su poder sobre la gente en hacerle creer cosas sobrenaturales y antinaturales, es decir, en tergiversar la realidad. Sin embargo yo no ando tratando de imponer mis ideas y mucho menos si lo hiciera en contra del bienestar de mis hermanos salvadoreños.
Pedirle a los diputados de derecha que chantajeen al gobierno con sus votos para usted poder imponer sus ideas religiosas retrógradas, aún en contra de “las ovejas” que se supone debe defender, lo ponen en muy mal predicado a usted, Monseñor. Porque el país está muy mal social y económicamente, y los cambios que deben favorecer a los más pobres dependen de que el gobierno de Funes tenga dinero para llevar a cabo al menos los primeros beneficios hacia este sufrido pueblo.
Los homosexuales siempre han existido y siempre existirán. Y yo respeto las inclinaciones sexuales, como también respeto las creencias religiosas de todos.
Monseñor Escobar Alas: no podemos hablar de democracia y de justicia si se trata de aplastar a las minorías. ¿O acaso, Monseñor, ya compraron su voluntad los dueños de ARENA?
Óscar Perdomo León
Yo respeto y amo los símbolos patrios, como nuestro himno y nuestra bandera, que de alguna manera nos unifica a los salvadoreños. Me gusta también ver los desfiles, con sus bandas de paz y sus cachiporristas. Pero no estoy de acuerdo que celebremos cada 15 de septiembre nuestra Independencia sin ser reflexivos.
Es cierto que nos independizamos de España hace 188 años; pero es verdad también que esa independencia no benefició a todo El Salvador; sino más bien a una pequeña oligarquía criolla, una minoría de raza blanca que eran hijos de españoles nacidos en estas tierras centroamericanas y que representaban apenas un 3 % de toda la población.
Por eso no es de extrañar que con sólo 11 años después de haberse firmado el Acta de Independencia, es decir, en 1832, se realizara el levantamiento campesino de los indios nonualcos, dirigidos por Anastasio Aquino, ya que se les estaban arrebatando sus tierras comunales y además pesaban sobre ellos grandes impuestos, así como maltratos y humillaciones.
Es decir, que ni las riquezas ni la justicia se distribuyeron de manera equitativa para todos a partir de la Independencia de España. ¿Cómo se iba a convertir entonces en un país de avanzada nuestro El Salvador cuando a los indígenas y a los mestizos -más del 95 % de la población- se les veía con desprecio y se les trataba como ciudadanos de segunda categoría?
¿Somos entonces independientes, cuando el mayor anhelo de los salvadoreños pobres es escapar de este terruño, que llamamos patria, para buscar un mejor futuro en otro país?
El Salvador será un país independiente el día en que los políticos decidan hacer las cosas sin egoísmo y pensando en nuestros más sufridos compatriotas. Será un país independiente el día en que las minorías que ostentan el poder –y que están representadas por los partidos de derecha- deseen de corazón vivir en un país pujante del que puedan sentirse orgullosos ante cualquier país del mundo.
El párrafo anterior es tan difícil de que ocurra en la realidad, por lo que no nos queda al pueblo otra cosa más que luchar día a día por conseguir las cosas que en otros países es lo más natural del mundo, como tener derecho a la libre expresión, trabajar por un salario digno, erradicar la pobreza y conseguir la salud y la educación universal.
Óscar Perdomo León
Clive Staples Lewis, nacido en Belfast, Irlanda, en 1898 y fallecido en 1963, es un afamado escritor debido a sus libros “Las crónicas de Narnia”. Varios son muy conocidos porque han sido llevados al cine, como “El león, la bruja y el ropero” y “El príncipe Caspián”.
Este día recomiendo leer “Cautivado por la Alegría”, porque, aunque no tenga los giros magistrales –literariamente hablando- de Borges o de García Márquez, C. S. Lewis sí es un gran narrador y pocas veces tenemos el gusto de encontrar a un verdadero gran narrador.Óscar Perdomo León
(1) El amigo que me prestó el libro del que estoy hablando ha hecho unas breves anotaciones y comentarios en las orillas de las páginas. En uno de los capítulos Lewis escribe: “Estudiaba álgebra -¡el infierno se la lleve!” y mi amigo comenta: “¡Amén!”. Me cayeron tan en gracia ambos comentarios que mientras leía no pude evitar soltar una gran carcajada.
Fotografías extraídas de “Cautivo por la Alegría”, de su primera edición Rayo, HarperCollins, 2006, con una traducción del inglés de María Mercedes Lucini.
No soy un gran fanático del balompié; por lo tanto no recuerdo muy bien los nombres de los jugadores ni de los equipos. Así fue desde que era niño. Pero por su puesto que disfruto de un buen partido. Y no crean que por lo que van a leer a continuación me he vuelto comentarista deportivo, sino que sólo soy un cuzcatleco muy feliz.
El juego de ayer de nuestra selección salvadoreña contra la selección costarricense lo vi y pude apreciar que esta “Selecta” es una de las mejores que hemos tenido en muchos años.
Hubo algunos errores; pero también hubo muchas jugadas buenas. He aquí algunas:
El casi gol de Cristian Castillo “de chilena” fue realmente espectacular.
El casi gol de Eliseo Quintanilla, que los ticos sacaron de adentro de las redes de su meta. Fue lo que llamaron los comentaristas deportivos “el gol fantasma”.
¿Y qué me dicen del casi gol que se le pasó a Montes y que de una manera oportuna y afortunada fue evitado por Mardoqueo?
Pero por supuesto que lo que hizo vibrar a todo el estadio Cuscatlán y a todo El Salvador fue el buen manejo del balón y el bellísimo gol que hizo el joven Corrales al minuto 90. Por un momento los salvadoreños fuimos UNO SOLO y sentimos al unísono la misma contagiante alegría.
Hay dos protagonistas que contribuyeron al triunfo: el entrenador Carlos de los Cobos y la afición salvadoreña que le dio ese calor y esa fidelidad a la selección, como sólo lo sabemos hacer los nacidos en el “Pulgarcito de América”.
Los salvadoreños, que vivimos entre tanta pobreza y tanta violencia, les agradecemos a los muchachos de la selección de fútbol por darnos estos golpes de felicidad que tanto necesitamos. Gracias, muchachos.
Óscar Perdomo León
Post data: Gracias, Mariana Soledad, por ayudarme a recordar los nombres de nuestros seleccionados.
Leamos.
MY REACTION TO “NEWS FROM BRO.”
Oh reason, I hate thee!
You and only you slash
with no pity
chivalrous knights.
A relentless job
once upon
your barren lands:
a dedalus
of soothing paths.
Colindres y yo leyendo.
MI REACCIÓN A “LAS NOTICIAS DE MI HERMANO”.
Oh razón, ¡cuánto te odio!
Vos y sólo vos apuñalás
sin lástima
a los hidalgos caballeros.Un trabajo implacable
una vez
sobre tus áridas tierras:
laberinto
de sedantes caminos.
Texto:
Óscar Perdomo León
Fotografías:
Mariana Guardado y Óscar Perdomo León.
Los cometarios y la calificación no reflejan lo grande del trabajo realizado hasta hoy, y yo diría no son realmente fiables porque los salvadoreños tenemos memoria a muy cortísimo plazo y la capacidad de análisis muchas veces se ve grandemente influenciada por los comentarios que escuchamos en la radio, televisión y prensa escrita.
En La Prensa Gráfica del domingo 06 de septiembre 2009, Ernesto Rivas Gallont hace un comentario muy acertado que dice: “Evaluar a un gobierno por su desempeño durante los primeros cien días es como evaluar a un corredor que compite en una maratón de 46 kilómetros, después del primer kilómetro. Poco dicen de la capacidad del gobernante. Evaluar un gobierno después de cien días, que viene a sustituir a otro que estuvo en el poder durante 7,300 días, es tarea harto difícil, si apenas a tenido tiempo para poner en orden el desorden que encontró y limpiar las oficinas de cámaras y escuchas plantadas por los antecesores.”
En el Diario de Hoy del mismo domingo Paolo Lüers compara a Mauricio Funes con “el gobernador ruso Potemkin (que) se hizo tristemente famoso, cuando para quedar bien con la zarina Catalina II la Grande, hizo erigir pueblos fantasmas bien bonitos para disimular que no había hecho nada en su provincia.”
Bueno, Paolo, usted dice en su artículo que la primera piedra que Funes puso del hospital de Maternidad y que la conformación del Consejo Económico Social no son más que dos “pueblos Potemkin”.
Primero, a mí me gustaría que usted escribiera sobre cómo en 20 años de gobierno de ARENA y teniendo ya los millones de dólares para realizar el proyecto, ninguno de los presidentes areneros construyó en hospital de Maternidad. Y me gustaría que hablara de cómo se perdió el dinero para la construcción de ese hospital, a sabiendas que es un edificio considerado por expertos inhabitable. El robo de ese dinero me parece un tema muy bueno para que usted se dé gusto escribiendo, señor Lüers.
Segundo, creo que tratar de hacer un gobierno de concertación debe ser algo digno de ser aplaudido, porque es una acción que va en camino de fortalecer la democracia. ¿O prefiere usted un gobierno prepotente como los que hemos tenido con ARENA? ¿O le gusta más un gobierno despilfarrador de los recursos del pueblo, como lo fueron todo los gobiernos de ARENA, en vez de un gobierno que hace un esfuerzo por alcanzar la probidad?
Usted, señor Lüers, y junto con usted toda la derecha “nacionalista”, podría tener todo el derecho de reclamar obras al nuevo gobierno de Funes si ARENA hubiese entregado, y de manera transparente, las arcas del estado en buenas condiciones.
Si ARENA no se hubiera robado tanto dinero de los contribuyentes, si hubiera evitado los actos de corrupción, como por ejemplo el robo de los sacos de abono que donó Japón, entonces este El Salvador sería diferente.
Los salvadoreños veríamos hoy grandes obras y otro gallo nos cantaría si el gobierno de Cristiani no hubiera vendido los bancos que eran del Estado a las familias más ricas del país, si no hubiera reducido a la mitad los impuestos que tenían que pagar los grandes empresarios por sus ganancias, si no hubiera eliminado los impuestos sobre los terrenos, casas y locales de las grandes empresas y sus acaudalados dueños, si no hubiera bajado los impuestos a muchos productos importados, si no hubiera quitado el control de los precios de 230 productos de consumo familiar, si no hubiera cerrado el Instituto Regulador de Abastecimientos.
Los salvadoreños veríamos otro amanecer si el gobierno de Calderón Sol no hubiera vendido ANTEL, si no hubiera vendido los fondos de pensiones que guardaba el estado a los banqueros que crearon las AFP, si no hubiera vendido la distribución de la energía eléctrica de la estatal CEL a empresarios extranjeros, si no hubiera vendido los ingenios azucareros que eran del estado, sin no hubiera aumentado el IVA del 10 al 13 %, si no hubiera bajado aún más los aranceles a los productos importados.
La crisis mundial provocada por el capitalismo neoliberal no nos estaría afectando tanto si el gobierno de Francisco Flores no hubiera quitado el colón por el dólar, si no hubiera firmado el TLC que permitió que muchos productos entren al país sin pagar impuestos, si no hubiera puesto el IVA a la canasta básica que afecta tanto a los más pobres, si no hubiera obligado a los pequeños negocios a pagar el mismo porcentaje de impuestos sobre sus ganancias que los grandes empresarios, si no hubiera eliminado el bachillerato en artes que le proporcionaba a los jóvenes un catalizador de sus emociones y su talento, si no hubiera casi prácticamente duplicado la deuda externa.
La agricultura en nuestro país no estaría tan quebrada si el gobierno de Antonio Saca no hubiera firmado el TLC con Estados Unidos, si no hubiera provocado que la canasta básica subiera tanto (en el 2004 costaba $ 620.00 y al momento de entrega de mando llegaba a $ 774.00), si no hubiera aprobado una ley para que los empresarios que invirtieran en turismo más de $ 50,000 no pagaran impuestos por 10 años, si no hubiera perdonado la millonaria deuda de impuestos no pagados al estado por los banqueros que vendieron sus bancos a extranjeros, si no le hubiera dado $ 500 millones que eran parte de un préstamo internacional a la banca privada y que deberemos pagar todos los pobres, si no hubiera ordenado el impuesto de cuatro centavos de dólar por cada llamada telefónica a El Salvador desde el extranjero,.
El ex director departamental de ARENA Adolfo Tórrez nos dio una muestra muy clara durante su plática telefónica con Roberto Silva (acusado de lavado de dinero y narcotráfico) del pensamiento arenero, al pedirle medio millón de dólares para ayudarle a salir libre. Y también al saberse que en las empresas de seguridad que poseía –Tórrez- les descontaban a sus empleados seguro social y AFP, pero ese dinero nunca llegó a las arcas del gobierno.
Si ARENA no hubiera estado implicada directamente o al menos con una silente complicidad en los robos millonarios de FOXIEXPORT, ISSS, INSEPRO/FINSEPRO, CREDISA, INDES, BFA, OBC, ANDA y MOP, pues entonces, los fondos del gobierno, que son del pueblo salvadoreño, estarían disponibles para iniciar numerosos proyectos que necesita nuestro país.
Si así fuera, nuestro país tendría mejores condiciones de vida y la mayoría de salvadoreños no estaría pensando todo el tiempo abandonar su país, abandonando al mismo tiempo a sus hijos que crecen casi como huérfanos y que ha llevado al fácil desarrollo de las pandillas. Christian Poveda, recientemente asesinado, escribió en un artículo publicado en el Diario CoLatino del jueves 23 de abril de 2009, titulado “Maras, delincuencia y sociedad: La vida loca”, lo siguiente: “Más de un cuarto de la población de El Salvador vive hoy en Estados Unidos. Sin reconocerlo oficialmente, el gobierno favorece esta emigración que ayuda a paliar la presión social. Los fondos enviados por la diáspora constituyeron en 2008 la primera fuente de divisas del país. Pero la partida, cada año, de 180 mil salvadoreños (¡500 por día!) tiene un impacto dramático sobre las familias y deja numerosos adolescentes abandonados a su suerte”.
Estoy de acuerdo que todos tenemos derecho a opinar; la tolerancia es vital, como también lo es el combate de las ideas con ideas; pero hacerlo para tergiversar y ocultar la realidad, desdice mucho del trabajo del periodista Paolo Lüers.
Texto:
Érika Mariana Valencia-Perdomo
y
Óscar Perdomo León
Fotografía:
Óscar Perdomo León
En la película “La sociedad de los poetas muertos” Robin Williams dice las siguientes líneas: “We don´t read and write poetry because it´s cute, We read and write poetry because we are members of the human race…”
Escribimos para comunicarnos porque somos entes sociales. Queremos expresar ideas, emociones, algunas experiencias vividas. Nos gustaría compartir con otros el placer o el dolor que hemos sentido, porque hay un goce muy claro en saber que alguien más nos comprende o se identifica con lo que hemos escrito.
La poesía es una de las maneras más sublimes de expresar todo lo que queramos. Y quizás una de las más difíciles. Es la habilidad de la síntesis. Decirlo todo con tan poco. Y que ese poco nos diga tanto y además nos conmueva es casi como un milagro. Es verdaderamente arte. Por supuesto que es relativo. Hay poemas bastante largos; pero nunca comparados con la extensión de una novela. Y ambas maneras de reflejar el mundo son diferentes, pero no se anulan la una a la otra; al contrario, se complementan.
Claribel Alegría dijo:
POESÍA
Mi camino eres tú
yo soy tu espejo.
Roque Dalton trató de definirla:
LA POESÍA
El hombre de los ojos iracundos preguntó: ¿Qué es la poesía?
El hombre de los ojos limpios
mirole profundamente, sin proferir palabra.
En su mirada había poesía.
Pero podemos intentar expresar con poesía todo nuestro interior o hablar sobre las cosas que nos rodean, como en este poema que habla de la guerra, de David Escobar Galindo:
XLIII
Abran LE MONDE
Oigan la BBC
Miren 24 HORAS
Allí están las salpicaduras
sobre las baldosas
Las cabezas en sacos de yute
Los niños con ojos
de yeso
Pero el anónimo heroísmo
cotidiano
de los sobrevivientes
jamás
será
noticia.
O este poema de Jorge Luís Borges que toca lo externo y lo interno del mundo –del que formamos parte-, que nos sumerge en nuestra conciencia al mismo tiempo que nos lleva por un viaje por la historia universal:
UNA BRÚJULA
Todas las cosas son palabras del
idioma en que Alguien o Algo, noche y día,
escribe esa infinita algarabía
que es la historia del mundo. En su tropel
pasan Cartago y Roma, yo, tú, él,
mi vida que no entiendo, esta agonía
de ser enigma, azar, criptografía
y toda la discordia de Babel.
Detrás del hombre hay lo que no se nombra;
hoy he sentido gravitar la sombra
de esta aguja azul, lúcida y leve,
que hacia el confín de un mar tiende su empeño,
con algo de reloj visto en un sueño
y algo de ave dormida que se mueve.
Hay personas que no son sensibles a la poesía. Quizás tuvieron una mala experiencia con algún libro y cuando por fin se disponen a leer otro –de poesía- entran con un prejuicio que inutiliza su sensibilidad.
Si algunos la sienten más y otros menos, es como el conflicto eterno de ser o no ser. Pero yo estoy convencido que el mundo no sería igual si no existiera la poesía, porque somos miembros de la raza humana y la poesía es algo inherente al ser humano.
Texto y fotografías:
Óscar Perdomo León
Los libros de Historia tienen por supuesto la visión de quien los ha escrito; pero creo yo que todo lo que se lee debe mirarse con ojos críticos.
El pueblo que recuerda y conoce su pasado histórico es un pueblo más sabio. Es un pueblo que no se deja engañar y manipular por políticos demagogos, tan abundantes en este nuestro sufrido El Salvador.
Hay algunos escritores que se han inspirado en la Historia de su ciudad y de su país para escribir una ficción. Y este es el caso de Pablo Santana Alfaro, que el en año 2006 publicó su ópera prima, la novela “Una mirada rebelde”.
El libro, de aproximadamente 200 páginas, nos arrastra con crudeza a mirar la violencia que se desató en El Salvador en los años ´80. La novela cuenta la historia de amor entre dos jóvenes que crecieron en un país víctima de la falta de libertad de expresión, en un país carente de justicia y excluyente de los más pobres, en medio de una gran agitación política y en donde la explosión de la guerra civil era irremediable.
Ninguna persona de buena voluntad quiere volver a la guerra; pero no debemos olvidar las causas que la desarrollaron, no tenemos que dejar de lado que la sociedad salvadoreña aún tiene cicatrices de la guerra y en algunos casos hasta heridas abiertas. Recordar es muy importante, pero no para odiar a nuestros rivales, sino para no pecar de ignorantes y vivir en la oscuridad. Desconocer la Historia sólo nos hará repetir los mismos errores.
Esta ficción de amor, en un contexto histórico poco propicio para la ternura, está narrada de manera sencilla, lo cual facilita su lectura.
El esfuerzo de publicar en este país siempre es loable. Y tengo la impresión de que si Pablo Santana lee mucho y escribe todos los días, mejorará inevitablemente y llegará a escribir algo superior con el tiempo.
Felicitaciones para este Sensuntepecano que está tratando de dejar una huella cultural en su ciudad natal y en nuestro país.
Texto y fotografías:
Óscar Perdomo León
Hay música que estimula y brinda una atmósfera de creatividad. Hay otra que puede deprimir un poco. Algún tipo de música ayuda a escribir o a pensar. Y otra desconcentra y ensucia la tranquilidad.
Todo depende del que escucha y sus antecedentes musicales, es decir, sus contactos en el pasado con uno y otro tipo de música. No se puede esperar, por ejemplo, que alguien que nunca ha escuchado ni siquiera dos minutos de música académica, pueda entender o apreciar a J.S. Bach. Es cuestión de educación y de sensibilización del alma y del oído. Es cuestión de tener el oído abierto a una nueva experiencia y mirar la música con otros ojos.
Todo lenguaje para ser entendido presupone que los interlocutores conozcan el alfabeto y las palabras que intercambian. La música también es un lenguaje. Si alguien ha escuchado toda su vida sólo música que tiene “únicamente tres palabras” y además están mal escritas, pues claro que ha empezado por muy mal camino.
Toda tipo de música es buena si se analiza y se la ve desde el punto de vista de su origen histórico, socioeconómico, etc. y de la intencionalidad que tuvo su compositor. Pero también se debe aceptar que hay música más compleja que otra. A veces ese reto de comprender y nadar dentro de su complejidad (y hasta de compararla con la música más sencilla), le da un valor superior.
No quiero dejar de mencionar que he oído de algunas personas que no disfrutan de la música para nada, ¡de ningún tipo de música!, y me parece triste e inconcebible que alguien no tenga la sensibilidad para disfrutar de uno de los más grandes artes que ha inventado el ser humano: la música.
Yo, por mi lado, digo, como lo hizo el grupo ABBA alguna vez: I say thank you for the music!
Cuando empezaron a aparecer en El Salvador los primeros discos compactos, el primero que compré fue uno de Ludwig van Beethoven, en realidad adquirí una colección de su música que venía en ocho discos, el último traía la “novena”; pero este disco –que se lo presté a alguien- desapareció para siempre de mis manos.
Pasé un par de años añorando oírla. Hace un par de semanas en San Salvador con mi esposa Érika nos dispusimos a buscarlo. Cuando era adolescente escuché por primera vez la Sinfonía No. 9 en Re menor de Beethoven por supuesto que en un disco LP. Toda la obra me impresionó mucho; pero creo que el cuarto movimiento, el coral, lo hizo mucho más. Volver a oír la “novena” ha sido un gran nutriente para mi espíritu y algo tan gratificante.
Yo tengo el oído abierto a todo tipo de música que tenga cierto nivel de calidad que mi gusto me permita. Me gustan los boleros de Manzanero, las baladas que canta Marco Antonio Muñiz, la trompeta de Miles Davis, el saxofón de John Coltrane, The Beatles, Queen, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Puccini, Beethoven… y la lista es grande.
Son muchos los músicos; sin embargo Beethoven siempre ha tenido una magia sobre mí. Me gusta su energía, su desesperación, su angustia, sus frases de tristeza, sus pasajes épicos, sus momentos de triunfo o que incitan a luchar por un noble objetivo, la emoción que lo alienta a uno a seguir adelante. Escuchar su música me hace creer en la grandeza de la humanidad. A Beethoven lo admiro mucho. Y más al saber que la “novena” la escribió estando sordo.
El otro músico que me emociona y que me empuja a tener ideas o simplemente me eleva en una burbuja de placer es Branford Marsalis, uno de los mejores músicos de Jazz que he escuchado. Incluso, a más de algunas de mis personas queridas y cercanas les he dicho que –aunque he decidido no morirme nunca- si me muero, que en mi entierro me pongan Cassandra, A thousand autumns, Réquiem, Trieste o cualquiera de los temas que toca Bradford Marsalis.
Branford tiene un don increíble para la interpretación; lo he escuchado tocar el saxofón soprano y el tenor. Y también posee una gran destreza para la improvisación, tan característica en el Jazz, es una improvisación muy melódica, me gusta como juega con el tema principal de la composición, lo recrea, lo desarma, lo insinúa. Viaja hasta el cielo con una melodía diferente pero muy parecida al tema central.
Beethoven (Bonn 1770 – Viena 1827) y Marsalis (Nueva Orleáns 1960), separados por la geografía y por muchos años en la línea del tiempo, convergen ambos como una flecha lanzada directamente a mi corazón.Óscar Perdomo León
Una amiga publicó en febrero de 2008 el libro “El sueño del ayer”, que contiene catorce leyendas, historias que se han trasmitido de boca en boca y de generación en generación y que tienen en dejo de misterio entre lo real y lo irreal.
Mi amiga ha escrito las leyendas de una manera sencilla y breve. Y el esfuerzo, sea grande o pequeño, debe reconocerse. Y más cuando esa energía se ha empleado para enaltecer nuestras raíces culturales.
Mi amiga trabaja como profesora en el cantón Rojitas, del municipio de Victoria, Cabañas. Comprenderán por lo tanto que por la distancia que ella no tiene las comodidades de la ciudad; pero sí las ventajas de vivir en una comunidad que lleva muy interiorizada estas leyendas. Poner esas historias en papel es un mérito.
Mi amiga se llama Rosa Edelmira Morales Escobar, tiene 30 años de edad y está en la flor de la vida. Espero que continúe sus estudios autodidactas para que se cultive como escritora y pueda mejorar cada día más.
Felicitaciones, Rosi.
Texto y fotografías:
Óscar Perdomo León
Dibujo tomado del libro “El sueño del ayer”.
Dice Bruch: “Los escuálidos y derechizados medios de información salvadoreños se rasgan las vestiduras. Exigen altaneramente al presidente Funes que les rinda cuentas, que los atienda, que les dedique más tiempo. ¡A cuenta de qué! Si hay un rubro que ha sufrido una de las más deleznables desfiguraciones hacia lo inaceptable y ha contrariado la decencia y el respeto a sus públicos ha sido el de las empresas de noticias. Su credibilidad va en descenso. Se han centrado en fabricar e inventar noticias a su antojo o al de quienes les financia. Descomponen lo que sucede en nuestra sociedad. No de gratis por supuesto. Dejándose llevar por el espíritu de la plata fácil han olvidado un principio básico en el oficio: honestidad cueste lo que cueste. Entonces es ridículo verlos pedir que el nuevo presidente les dé prioridad… Mauricio Funes conoce muy bien de mafias en medios de comunicación. Fue víctima desde su propia casa de noticias que le censuró espacios y programas por petición de gobiernos areneros… ”
Y en el mismo periódico del 17 de agosto de 2009 aparece otro artículo de opinión, no menos interesante, firmado por Dagoberto Gutiérrez, “Carta urgente al Presidente Funes”.
Dice Gutiérrez: “…la responsabilidad histórica es inmensa, es la mayor de cualquier presidente de post guerra con el factor decisivo que ningún presidente, antes que tú, ha sido depositario de tanta esperanza y confianza de parte de la gente más pobre y de tanta suspicacia y falta de fe de la gente más rica… Su gestión… es de crisis porque corresponde a ese período, pero su gobierno no tiene porque ser de crisis y en todo caso la política a aplicar debería comprender, en todo momento, una noción crítica de la crisis porque si bien, esta es planetaria, la vulnerabilidad del país frente a la misma es responsabilidad de 20 años de gobierno anterior. Esta responsabilidad necesita ser ventilada pública y francamente para que el pueblo sepa de donde vienen sus males, angustias y dolores, y sepa al mismo tiempo, quienes son los responsables… Si existieren temas de tu gestión, como el de las presas, en el que chocas con la gente es, el contacto directo y la comunicación cara a cara, y personal la única que puede evitar que la herida producida se encone. El diálogo ha de hacerse tanto en casa presidencial con en la casa de los afectados; pero en todo caso hablando claro, escuchando claro, y más allá, más allá, y más allá de las declaraciones a los medios. Si tu gobierno, querido presidente, es del pueblo debe venir de abajo, debe construirse abajo, debe de alumbrarse con luces de abajo, y vos y yo sabemos desde siempre que los cambios de verdad sólo son esos, los que son concebidos y paridos allí en el socavón de la realidad más que en los tabancos…”
Creo que un verdadero amigo no es aquel que todo el tiempo te dice que todo está bien o que te adula innecesariamente; un verdadero amigo también es aquel que te hace ver los errores en los cuales podrías estar incurriendo. Y yo percibo que en las palabras de Dagoberto hay sinceridad y sabiduría. Espero que nuestro presidente así lo entienda.
Y creo también que Carlos Bruch ha puesto las palabras exactas al sentimiento generalizado que muchos salvadoreños tenemos hacía la mayoría de medios de comunicación salvadoreños.
La verdad es relativa; pero el deseo de justicia que hay en el corazón de muchos salvadoreños es una llama que no se apaga ni con los siete mares.
Óscar Perdomo León
Dicen que el trato diario con las abuelas es lo más dulce que nos puede ocurrir. Cuando yo nací mis dos abuelas ya habían muerto, así que yo nunca tuve -ni tendré- esa maravillosa experiencia.
A mis abuelos sí los conocí. Mi abuelo materno, Gregorio, era músico de corazón, pero trabajaba en la agricultura. Tocaba y fabricaba sus propios instrumentos como guitarras, violines y mandolinas, y le encantaba la vida bohemia y el desvelo. Tuvo muchas aventuras de faldas y de otras especies. Una vez casi lo mata un toro y su yegua favorita inesperadamente lo salvó. Varias veces mi pícaro ascendiente escapó de ser alcanzado por las balas de uno que otro marido celoso. Se saltó varios muros y caminó sobre los techos de las casas vecinas. Estuvo cerca de ser asesinado por las fuerzas militares del General Martínez en 1932, pero un empleado de la alcaldía que lo quería mucho les dijo a los soldados que mi abuelo “no era comunista”. Había heredado de su padre varias fincas y terrenos, los cuales fue perdiendo uno por uno, poco a poco. Me gustaba escucharlo y verlo tocar. Su instrumento favorito era la mandolina. También me gustaba oírle contar sus anécdotas, aunque en su vejez repetía un par de ellas con insistencia. En los últimos años de su vida tuvo un evento cerebro vascular que le inmovilizó todo el hemicuerpo derecho y que le trastornó el habla; pero no se dio por vencido: aprendió a escribir con su mano izquierda, cultivó con esfuerzo nuevamente su lenguaje y rasgueaba como podía, en la vieja guitarra, valses y boleros de principios de siglo. Por las noches, en un “cuadernito de escuela”, inventaba y escribía pequeñas historias o canciones que parecían retratos descoloridos, en sepia, de un El Salvador remoto.
Mi abuelo paterno, Ángel, por el contrario, nació en la más cruel pobreza y quedó huérfano de padre y madre a los 7 años de edad. Viajó entonces a pie siguiendo una caravana que emigraba de Atiquizaya, departamento de Ahuachapán, hacia Guatemala. Caminó muchos días y descansaba bajo los árboles. Apenas sí comía. Al mediodía de uno de tantos días, llegó a un pequeño pueblo chapín. Mi abuelo se sentó a descansar a la orilla de un zaguán y vio que adentro había una sastrería. Mi abuelo, siendo un pequeño niño, se quedó mirando hacia adentro y ya no se movió de allí. Cuando eran como las seis de la tarde el dueño de la sastrería empezó a cerrar las puertas, vio al pequeño sentado con la cara sucia e inocente y le dijo:
-Niño, andate para tu casa, te van a regañar tus padres.
Y el niño, con la mirada totalmente sincera y con la voz firme le contestó:
-Yo no tengo casa ni “papás”.
-¿Y de dónde venís, pues?
-De Atiquizaya.
-Mirá, mujer -le dijo el viejo sastre a su esposa- este pobre patojo no tiene donde dormir. Dale un poco de comida.
Allí vivió mi abuelo hasta la adolescencia; sin embargo regresó a Atiquizaya sin más posesiones que un par de tijeras en las manos que el viejo sastre, un poco antes de morir, le había regalado. Pero traía además una experiencia grande a su corta edad, ganada a fuerza de golpes y de prisa; parecía que su lema favorito era resistir. La tragedia de muerte, repetida una y otra vez, y la espinosa quemadura de la pobreza y la orfandad, le habían revelado, felizmente, que él era un muchacho valiente, un hombre valiente, un sobreviviente tenaz; por eso en su mirada había un filo de audacia y de firmeza; sus movimientos eran varoniles y seguros; y había en su corazón, trotando, un caballo de larga crin y de gigantesca estatura. Trabajó duro y ahorró mucho. Primero laboró como sastre y luego como comerciante. Con el tiempo llegó a vivir de una forma desahogada, económicamente hablando. Al punto que consiguió tener varias casas y un almacén bastante fuerte. Era un hombre muy disciplinado. Me acuerdo que le gustaba leer.
De mis dos abuelos aprendí. Eran tan diferentes en su manera de ser; pero tan parecidos en su honradez y en su pasión. A los dos les di mi cariño y mi respeto.
Sin embargo, el objetivo real de escribir hoy es para referirme al “Libro de Lillian”. Pido disculpas por la enorme digresión inicial; pero tenía cierta finalidad y era la de que comprendieran cómo llegué a conocer y a amar a mis abuelos. Y al leer el “Libro de Lillian”, del respetado y fecundo escritor y poeta David Escobar Galindo, pude sentir emociones familiares que tocaron lo más hondo de mi corazón y que me alborotaron los recuerdos.
El poemario fue publicado por primera vez en 1976, después en 1983, en 1988, en 1989 y luego fue incluido y publicado en la antología poética personal “El guerrero descalzo”, en 1990.
David Escobar Galindo, quien nació en Santa Ana, El Salvador, en 1943, alguna vez escribió: “…mi abuela murió un 22 de junio… y con su recuerdo vivo escribí un pequeño libro: el Libro de Lillian…”.
El “Libro de Lillian” es un poemario exquisito escrito en 1975 y que Escobar Galindo dedicó a su abuela materna, Doña Lillian –Lillie Emma Elizabeth Pohl Müller de Galindo-, una joven estadounidense de origen alemán que, por circunstancias de la vida, llegó a nuestro país y en el cual se quedó a vivir hasta el día de su muerte. La belleza de este libro es innegable. Creo que sólo con la sinceridad del amor verdadero (y con el talento, que únicamente tienen unos pocos) se puede escribir algo así.
El azahar del aire revive tu palabra.
La canela del pan desata tu recuerdo.
El ojo de la lluvia multiplica tus ojos.
La luz de la cocina se cobija en tus manos.
La noche soledosa respira por tus libros.
La edad de la jalea pronuncia tu alegría.
El color de la tierra testifica tus pasos.
El sabor de la leche restaura tus mejillas.
El azúcar más clara ilumina tu frente.
Las fieles cabañuelas derraman tu enseñanza.
¡Oh dadora inefable,
fuerte mujer de harina,
pan prometido siempre
con promesa cumplida!
El destello del agua proclama tu limpieza.
La transparente nube reúne tu paisaje.
Tu corazón se llena de rocío remoto.
Los caminos recogen tus canciones antiguas.
Respeta el sol tu fresca Biblia de cuero viejo.
El espejo conserva la bondad de tu mano.
Las sillas te revelan por instinto de bosque.
Los árboles animan tu pulso para siempre.
En suave niebla nórdica tus brazos te dibujan.
Se dibujan tus brazos en lábaros del trópico.
La pasión del jardín te rodea y te alaba.
Anda el ángel buscándote con lumbre memoriosa,
pero tú no abandonas el sol de tu cariño,
la estancia donde reina el azahar del aire,
donde suena tu voz y encuentra corazones.
¡Oh dadora inefable,
fuerte mujer de harina,
pan prometido siempre
con promesa cumplida!
III
Lillian y Claudia fueron las amigas del viento,
el que ondula sin fin la flor de los cañales,
allá en los frescos días de Armenia provinciana,
cuando el siglo estrenaba sus primeros manteles,
por las suaves alturas del año dieciséis,
literalmente humanas las doncellas de nácar,
los ojos donde el ansia prende sus mariposas,
las canciones ingenuas del idioma extranjero,
la norteña llamada de los mares brumosos.
Así leyeron juntas a poetas y sabios,
mientras el agua verde doblaba los guarumos
y manchas de pericos sacudían la ausencia;
con las aguas del pozo se lavaban los rostros,
y en esa agua algún duende puso la flor sagrada,
la videncia y la voz del futuro naciente.
…hoy, Lillie y Claudia mías, abuelas insondables,
espíritus de grácil densidad fervorosa,
amigas en el eco de la edad repetida,
manantiales que se unen en la justa palabra,
a ustedes dos destino la vigilia del tiempo,
la pureza del humo que del norte florece
para coronación de ecuestres litorales.
Les canto como a diosas de un océano propio,
como a reveladoras de un culto sin reservas,
paralelas memorias que anuncian el misterio
de ser y trascender por incógnita sangre.
Yo las saludo en medio de sus luces pulsadas,
entro en sus corazones como en casa de arcángel.
Claudia Lars también escribió a cerca de Lillian (2):
Claudia Lars ***
“Era una joven delgada y pensativa, con tranquilos ojos claros y pelo color de paja. Para su edad había leído mucho, y estaba decidida a no quedarse al margen de los acontecimientos del mundo porque el destino la condenaba a permanecer –no sabía por cuanto tiempo- en un pueblecito (4) del istmo centroamericano. Como resultaba peligroso que una muchacha tan agraciada viviera sola en la plantación, se le invitó a ocupar un cuarto de nuestra casa, siquiera para mientras podía establecerse en otro lugar del país, o vender la propiedad y regresar a su patria.
“Debo a la joven extranjera el conocimiento de muchos libros de la literatura inglesa, y le agradezco todavía su inteligente compañerismo, que estimuló mis primeros intentos de escritora y que me abrió luminosos caminos hacia el porvenir. Por eso me es grato recordarla en este libro.
“Mi dormitorio –vecino al de ella- se fue llenando de revistas ilustradas y de periódicos de Nueva York y San Francisco, y la gran república del norte –cuna de Lincoln y del libérrimo Walt Whitman- se me volvió más familiar y próxima. Un vivo deseo de conocer parte de su grandeza empezó a crecer en mi corazón.
“La pobre Lilian debe haberse sentido en medio de nosotros como canario entre tordos, pero era tan conforme y modesta que disimulaba incomodidades, descuidos, y hasta impertinencias. Su Biblia forrada en cuero –que constituía el asiento de su fe y de su valor- pasó a mi escritorio en varias ocasiones, y aunque este libro sapientísimo me había iluminado muchas veces anteriormente, ahora tomaba ante mis ojos un nuevo sentido y se me iba transformando en algo esencial.
“Todavía recuerdo aquel dulce canto que Lilian me enseñó una noche, entregándome cada palabra de él con sumo cuidado, a fin de que yo aprendiera a pronunciarlas perfectamente:
“Cuando llegué esta vez a mi casa no encontré en ella a Lilian. Estaba en San Salvador, arreglando un asunto que siempre tiene importancia para cualquier mujer: iba a contraer matrimonio… No puedo negar que la noticia de su viaje a la capital me causó más dolor que regocijo, pues en un pueblo como el mío la pérdida de una compañera tan dulce era casi una tragedia. Sin embargo, pronto comprendí que ella tenía derecho a escapar del fastidio de su aislamiento, y deseé que la vida le regalara los siete secretos de la buena suerte.”
****
El aire en paz y el campo son morada
menor para tus ojos y tus manos,
hermana de los árboles lejanos
y madre de la suave madrugada.
Ahí brilla tu sombra, despertada
para los altos días soberanos,
y aquí en nuestros apegos más humanos
también está tu luz acompañada.
Qué fiel fuiste en nosotros, oh doncella,
oh amada, oh fuerte, oh lúcida, oh presente,
más viva que el color de lo vivido.
Por eso en tu primer pulsar de estrella
nos besas el quebranto de la frente
con beso que es lo eterno florecido.
Bendita seas, Lillie, por el justo pasado.
Y aun por el presente.
Y aun por el futuro.
Porque tu ser de toda la confianza colmado
es intacta vertiente
vencedora del muro.
¡Con instinto ferviente
lo creo y lo aseguro!
Este día recomiendo leer el poemario “Libro de Lillian” de David Escobar Galindo, porque nació del dolor que causó al poeta la pérdida de un ser muy querido y esa pena él la convirtió en un río en el que fluyen espejos y retratos mágicos de su querida abuela Lillian. Y porque es grande la belleza y la honestidad con que está escrito.
Recomiendo leer el “Libro de Lillian” porque es un libro conmovedor.
Óscar Perdomo León
(2) Claudia Lars, “Tierra de infancia”, colección Gavidia, volumen 25, UCA Editores, 2005, p. de la 203 a la 205.
(3) En “Tierra de infancia” Claudia escribe Lilian, sin doble ele.
(4) En pueblecito del que habla Claudia es Armenia, departamento de Sonsonate.
(5) David Escobar Galindo, “El guerrero descalzo”, colección Gavidia, volumen 36, UCA Editores, 1990, p. 151.
(6) David Escobar Galindo, “El guerrero descalzo”, colección Gavidia, volumen 36, UCA Editores, 1990, p. 154.
Fotografías: * y ** tomadas por Óscar Perdomo León.
Fotografía de Claudia Lars: *** extraída de la página del Museo de la Imagen y la Palabra, MUPI.
Dibujo de David Escobar Galido: **** extraído de La Prensa Gráfica.
Blog que co-escribo con mi esposa, LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR:
http://laesquinaderikayoscar.blogspot.com/José “Chepito” Pineda, una de las voces de Zunca.
Un joven de Atiquizaya, departamento de Ahuachapán, me escribió diciéndome entre otras cosas, lo siguiente: “…es un gusto para mi poderle escribir después de haber visitado su blog y leer sobre el grupo Zunca. Actualmente estoy interesado por conocer más de la historia de Mi Ciudad Atiquizaya, tengo 25 años y nunca escuché de este grupo y me sorprende que estas cosas no se mencionen en la actualidad. Le escribo con el interés de informarme de parte suya sobre de este grupo…”
Smoke en una presentación en 1979. La batería era pequeña. Y nosotros éramos casi unos niños.
El grupo musical ZUNCA nació como una contradicción. ¿Una contradicción? Sí. Para explicar esto debo remontarme en el tiempo, a la época en que unos amigos y yo, entre 1978 y el ´79 hicimos un grupo musical de pop-rock que llamamos SMOKE.
Mi hermano, Mario Roberto Perdomo, tocó en los inicios del grupo SMOKE.
El 05 de diciembre de 1980 Smoke realizó un concierto. El local fue la escuela Menéndez de Atiquizaya. De izquierda a derecha: Óscar Perdomo León en el bajo, Mario Romero en la guitarra eléctrica y Walter Cárcamo (ya fallecido) en la guitarra acústica. Atrás: Carlos Romero en la batería.
Este grupo fue evolucionando gradualmente y las composiciones originales se fueron haciendo cada vez más largas y complicadas; ya en esta época estábamos muy influenciados por el rock del grupo británico YES. Y la composición musical original que más recuerdo de este período es Necrópolis, la cual tenía mucho trabajo en arreglos y recuerdo muy bien que el bajo tenía por su lado casi una melodía paralela a la melodía principal; tocar Necrópolis, con todos sus cambios de ritmo, armonía y melodía era todo un reto.
No puedo dejar de mencionar el soporte logístico y moral que nos daban los padres de Mario y Carlos Romero, el Doctor Mario Edgardo Romero y la Licenciada Teresa Cárcamo de Romero.
Aquí estoy tocando el bajo eléctrico en mis días con Smoke.
De izquierda a derecha: Mario Romero, David, Gustavo Pineda, Carlos Romero y Juan Carlos Flamenco. Acurrucados: Óscar Perdomo León y Otto Hugo Urrutia. Más tarde se incorporó al grupo José “Chepito” Pineda, que no aparece en esta fotografía.

En esta foto se puede observar a la izquierda a la actriz del grupo de teatro Hamlet Ofelia Bustos, quien en aquellos días se presentó en varias ocasiones bailando al ritmo de Zunca.
ZUNCA usaba instrumentos musicales -algunos de ellos propios o muy comunes de la región centroamericana y del caribe- como la guitarra, la marimba, el violín, el contrabajo, el cuatro, la chirimía, la caramba, la concertina, la quijada de burro, las congas, las tumbadoras, los timbales, las maracas, etc.
El nombre ZUNCA se origina del nombre de un cantón perteneciente a la jurisdicción de Atiquizaya. También, cuenta una leyenda popular, que Zunca se llamó un príncipe precolombino, de la estirpe de los pocomames, provenientes de los mayas de la zona occidental de lo que sería después El Salvador; el príncipe Zunca era un líder bondadoso con su pueblo; tuvo un amor frustrado con la princesa Agüijuyo.
Casi a finales de los años ochenta en grupo ZUNCA se desintegró. Hubo varias circunstancias; una de las de mayor peso fue que todos los miembros estábamos adquiriendo más responsabilidades con el estudio o con el trabajo; en mi caso era difícil continuar con la música mientras estudiaba la absorbente carrera de Medicina.
¿Por qué no se oye hablar de Zunca en El Salvador y ni siquiera en la ciudad de Atiquizaya? Pues creo que es porque todos los salvadoreños tenemos una enfermedad de la cual todavía no nos hemos podido curar: la-falta-de-memoria-histórica. Sin embargo, puedo decir hoy con propiedad que ZUNCA fue un grupo es cierto que de vida muy breve, pero que en el poco tiempo que existió, logró dejar un par de grabaciones originales que vale la pena que las conozcan nuestros nietos algún día.
Óscar Perdomo León
Fotografía de la entrega de pasajes extraída de la prensa nacional y el resto en su mayoría fueron tomadas por la familia Romero Cárcamo.
Sobre algunas canciones de Zunca y otras fotos del grupo pueden hallar más información en este mismo blog en la siguiente dirección:
http://lacasadeoscarperdomoleon.blogspot.com/2009/03/zunca.html
Anexo: 1-En esta fotografía aparezco tocando el contrabajo y vestido con el cotón blanco que todos teníamos en Zunca; pero el adorno de los hombros y el pecho, que era muy vistoso, era una tela que compramos con mi mamá en Nahuizalco, Sonsonate, de la misma que muchas mujeres indígenas de la región usan en sus refajos; mi mamá la cosió cuidadosamente sobre la tela blanca y me gustó mucho como quedó.
2- Esto lo escribió uno de los integrantes de Zunca: “Bellos recuerdos del grupo Zunca y no sólo por el contenido de su mensaje, siempre de esperanza y paz, sino también por la presencia escénica del grupo, la musicalización y lo sonoro de sus conciertos; dicen que lo bueno viene en frascos pequeños y eso fue Zunca, poco tiempo de vida, gran aporte. Un abrazo Oscar.” JUAN CARLOS FLAMENCO.



































