
Portada de DIARIO PROHIBIDO
Este 2011, la novela corta DIARIO PROHIBIDO cumple un aniversario más de vida, han pasado ya 9 años desde que la terminé de escribir y 8 años de haber sido publicada. La primera edición se vendió muy bien y creo que sólo un par de ejemplares están aún a la venta. La mayoría de la gente la encontró entretenida y un par de personas se acercaron a decirme que no habían podido dejar de leerla hasta terminarla (un elogio inmerecido pero muy gratificante).
Yo estoy consciente que no es una gran novela, si la comparamos con las maravillosas novelas escritas por genios como José Saramago, Carlos Fuentes, Alejandro Dumas, Gabriel García Márquez, Fedor Dostoievski, Julio Cortázar o Henry Miller, por mencionar algunos; sin embargo le tengo cariño a «mi librito» porque me permitió ordenar mis ideas, luchar contra la dicotomía hirviendo en mi corazón de poder y no poder, me obligó a imaginar cosas, a entender que la realidad se puede novelar y que la novela se puede cargar de realidad. Con DIARIO PROHIBIDO llegué a la conclusión en mi cabeza que yo podía escribir verdades generales mezcladas con mentiras específicas. ¿Y cómo no querer los libros que he escrito, ya que son de alguna manera mis hijos, con sus defectos y sus virtudes, carne de mi carne, sangre de mi sangre, tinta de mi tinta?
Debo mencionar también, a propósito de tintas, que el dibujo de la portada fue hecho, por María Gracia Araujo Romagoza, con tinta china, en 1993. Para entonces yo sólo había escrito unos fragmentos de la novela y tenía en mi cabeza un verdadero desorden en cuanto a cómo quería contar lo que terminé narrando en DIARIO PROHIBIDO. Y María Gracia se basó para hacer el dibujo en el fragmento que le mostré, en donde Sofía -uno de los personajes- se convierte en colibrí y Alfredo sale de la misteriosa cueva. (Ese breve fragmento lo pueden leer aquí.) La verdad que ese dibujo de María Gracia me gusta mucho, es bellísimo, no lo cambiaría por ningún otro, vale agua y oro. Siempre estaré en deuda con vos, María Gracia.
Retomando la aritmética del primer párrafo, quiere decir que me pasé como 11 años escribiéndola, eso sí, con grandes períodos de inactividad: vino hacia mi pluma un período de silencio. Fue el tiempo de mi primer matrimonio y hogar. En esa época me sentí desconectado con la historia que había ido maquinando en mi cabeza por años. Fueron años felices que compartí con mis dos hijas y con mi ex esposa. Pero fueron también años casi estériles con respecto a la creación literaria. Por momentos escribía; pero la mayoría de veces desistía molesto y decidía dedicarme sólo a la Medicina y a la Poesía (en esos día me creía poeta); pero los manuscritos de la novela incompleta , cuando pasaba cerca de ellos, me miraban con recelo y casi podía escuchar las voces de los personajes llamándome y reclamando por mi abandono. Así que regresaba a ellos, a los papeles viejos y a sus personajes, un poco arrepentido y muy ansioso de seguir escribiendo. Algunas veces me despertaba de madrugada con una idea y corría a escribirla…
Sin embargo, después de mi divorcio en el año 2001 y coincidiendo con un lugar de trabajo diferente al que el que tenía, recobré mi verdadero entusiasmo por escribir y me volví más constante y comprometido con la novela. Examiné mis ideas, recordé las crónicas que me contaron algunos, traje hasta mi memoria las pequeñas confidencias que me dijeron otros y extraje de ellas su médula, recolecté papeles viejos, escritos de mi adolescencia y de mis inicios en la universidad y los analicé y revisé; descarté muchos de ellos y utilicé sólo los necesarios. Empecé a acumular ideas y seguí escribiendo. Experimenté con narradores omniscientes en primera, segunda y tercera persona. Experimenté con diferentes tipos de letras. Incluí detalles de mi vida privada en ciertos personajes, masculinos y femeninos. DIARIO PROHIBIDO es pues, en general, y reafirmando lo que escribí antes, el resultado de un cúmulo de verdades generales con mentiras especificas. (Y en pocas ocasiones, viceversa). Recuerdo bien que decidí iniciar con el capítulo más erótico porque sabía que sería de alguna manera una provocación; pensé que la persona que lo leyera decidiría en ese preciso momento que amaría u odiaría mi libro. O lo leería todo o lo lanzaría en ese mismo momento al basurero. Sería todo o nada. Sería como el amor: existe o no existe. Sería todo o nada, pero nunca la indiferencia.
Recuerdo también que, en esa época tan productiva literariamente para mí, cuando retomé la escritura, rompí buena parte de lo que había escrito; además cambiaba de posición uno y otro capítulo. Al final decidí narrar una historia con la mayor sinceridad posible, contando aquellas cosas que miré o que me contaron y que de alguna manera me impactaron y me daban vueltas y vueltas en la cabeza. Bien sé que no soy escritor, sino un escribidor (eso ya lo había dicho antes); pero contar algo con sinceridad e imaginación tiene, supongo, algún mérito.
Quiero compartirles, además, y para finalizar, dos cosas más. Una, que reafirmo que DIARIO PROHIBIDO fue mi primera novela; pero después vino HABLANDO CON LOS MUERTOS y luego MARÍA PUEDE VOLAR (co-escrita con mi esposa Érika) y que está aún sin publicar. Sueño, sin embargo todavía, con poder escribir algún día «esa novela» que supere todo lo que he escrito hasta ahora.
Por supuesto que, como ya lo he dicho antes, una novela crece jugosa y profunda, y de una manera verdaderamente lenta. Y por eso no se puede escribir una novela de un día para otro, porque su esencia es extensa y consubstancial con la vida. No se puede improvisar toda una novela. La novela necesita primero respirar, desamodorrarse, extender poco a poco sus alas, mirar el horizonte y observar al mismo tiempo su interior para sacarlo todo a la luz y decir toda la verdad. Decir toda la verdad y, sin perder su naturaleza, mezclarla con la ficción.
Y la segunda cosa que quería contar, ya para terminar, es que buscando unos archivos de fotografías en mi vieja computadora, me encontré sin querer con esta entrevista que me hizo Carlos Párraga, en torno a DIARIO PROHIBIDO, a finales 2006, en su programa radial «La Bohemia», de YSUCA.
He aquí un pequeño fragmento de más o menos un minuto de aquella deliciosa plática al aire. (Recuerdo que Párraga estaba contento porque el programa había recibido bastantes llamadas telefónicas).
Texto:
Óscar Perdomo León
Dibujo:
María Gracia Araujo Romagoza









Flora Tristán
Paul Gauguin






















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