ESTO SOY, de Claribel Alegría.

Claribel el día de su boda, 1947.

Cuando viví en Santa Ana, debido a mis estudios, ya había tenido contacto con un libro emblemático para la literatura salvadoreña: “Cenizas de Izalco”. Así que el nombre de uno de sus co-autores ya sonaba fuerte en mi cabeza: Claribel Alegría. De tal manera que cuando yo caminaba por esas calles de Santa Ana, cerca de la iglesia El Carmen, de la avenida independencia o de la bellísima catedral, no dejaba de preguntarme si acaso estaba yo pisando la misma tierra por donde alguna vez transitó nuestra gran poeta, novelista y traductora Claribel Alegría.

 Claribel Alegría y Salarrué.

Ella misma ha contado que nació en Nicaragua, pero que a la edad de tres años, sus padres junto a ella, se trasladaron a vivir a la ciudad morena, en donde se desarrolló hasta su adolescencia. Cuenta Claribel que desde niña y después de conocer a Salarrué, quien visitaba a sus padres de vez en cuando, comprendió que su vida sería la de alguien dedicada a escribir. Y así fue.

Clara Isabel Alegría nació en Estelí, Nicaragua, en mayo de 1922. En su juventud temprana se fue a estudiar a Estados Unidos y allá conoció al gran escritor español, laureado con el Nobel, Juan Ramón Jiménez, quien leyó sus poemas y de quien recibió instrucción; además prologó su primer libro (Anillo de silencio, 1948). El escritor mexicano José Vasconcelos, por su lado, le sugirió cambiarse el nombre de Clara Isabel, por el de Claribel.

No se puede dejar de mencionar que estuvo casada con el escritor y periodista norteamericano, Darwin J. Flakoll, a quien ella llamaba cariñosamente Bud y con quien procreó cuatro hijos. Cuenta Claribel que debido a la fuerte unión sentimental y profesional que ella tenía con su esposo y con quien escribió varios libros, Julio Cortázar los llamaba a ambos “Claribud”, afectuosamente.

En el 2004 la Dirección de Publicaciones sacó a la luz el libro de poemas “Esto soy”, el cual contiene muchos de los mejores poemas de Claribel, tomados de todos los libros que ha publicado y de otros libros inéditos en progreso. La recopilación fue hecha por el poeta Luis Alvarenga. Ese mismo año en el auditórium del Museo de Antropología de San Salvador se hizo un homenaje a Claribel y a Matilde Elena López, y tuve la oportunidad de verla en persona. Claribel se veía feliz, fuerte, con mucha vida y con los ojos llenos de brillo. Fue tanta la magia que la envolvía que me sentí muy entusiasmado y aprovechando que para entonces yo tenía un programa de música y poesía en radio Victoria, recuerdo que dediqué una noche especial a la poesía de Claribel Alegría.

Claribel Alegría y Julio Cortázar, Managua de 1982.

Ella es una de las poetas salvadoreñas más reconocidas a nivel internacional y, según dicen algunos críticos, una de las mejores poetas de Centroamérica. Se ha codeado con grandes figuras de la literatura universal, como Julio Cortázar, Salarrué, Pablo Neruda, Juan Rulfo, etc. E incluso, con algunos de ellos llegó a tener una gran amistad.

Augusto Monterroso, Claribel Alegría y Juan Rulfo, México, 1952.

Hace unos días he vuelto a navegar por las páginas de “Esto soy” y sigue siendo una delicia leerlo. Es un libro que no debe faltar en la casa de todo salvadoreño amante de la poesía.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas del libro “Esto soy”.

 

OTROS ARTÍCULOS RELACIONADOS:

 

“Claribel Alegría, en un avión de papel: http://talpajocote.blogspot.com/2010/06/claribel-alegria-hotel-de-peregrinos.html

 

“Biografía de Claribel Alegría”: http://www.caratula.net/35/claribel-bio.php

 

“Vida y obra de Claribel Alegría”: http://www.escritorasnicaragua.org/biografias/claribelalegria

LOS VERSOS DEL CAPITÁN, de PABLO NERUDA.

Leer poemas de amor, cuando no son empalagosos, es una delicia a la que no me puedo negar nunca. Y uno de los más claros ejemplos de este tipo de poesía es el magistral poemario “Los versos del Capitán”, escrito por Pablo Neruda (1904-1973).

Tengo entendido que la primera edición de este libro vio la luz por primera vez en 1952 y se presentaba escrita por un autor anónimo; pero además el poemario venía precedido por una interesante carta adjudicada a una tal Rosario de la Cerda, quien atribuía los poemas a su amado, quien los había dedicado a ella. He aquí un fragmento de la susodicha carta:

“Tengo todos los originales de estos versos. Están escritos en los sitios más diversos, como trenes, aviones, cafés y en pequeños papelitos extraños en los que no hay casi correcciones.

“Muchos de estos papeles por arrugados y cortados son casi ilegibles, pero creo que he logrado descifrarlos.

“Mi persona no tiene importancia, pero soy la protagonista de este libro y eso me hace estar orgullosa y satisfecha de mi vida.

“Este amor, este gran amor, nació un agosto de un año cualquiera, en mis giras que hacía como artista, por los pueblos de la frontera franco española.

“Él venía de la guerra de España. No venía vencido. Era del partido de Pasionaria, estaba lleno de ilusiones y de esperanzas para su pequeño y lejano país, en Centro América. Siento no poder dar su nombre. Nunca he sabido cuál era el verdadero, si Martínez, Ramírez o Sánchez. Yo lo llamo simplemente mi Capitán y éste es el nombre que quiero conservar en este libro.”

Se dice que los seguidores fieles de Neruda reconocieron inmediatamente su voz en aquellos poemas anónimos y finalmente, en 1963, Pablo Neruda agregó una breve explicación al libro, la cual decía:

“Mucho se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.

“Por otra parte pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero entre quitar a todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso, cedí, por fin, aunque sin muchas ganas.

“¿Que por qué guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando Paolo Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en 1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó con excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.

“No ha sido así. Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia del inconmovible amor.

“Entrego, pues, este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera: basta con que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta. Ahora que lo reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá también.”

Les presento aquí dos de los poemas que más me gustan de este libro.

EL INCONSTANTE

Los ojos se me fueron

detrás de una morena que pasó.

Era de nácar negro,

era de uvas moradas,

y me azotó la sangre

con su cola de fuego.

Detrás de todas

me voy.

Pasó una clara rubia

como una planta de oro

balanceando sus dones.

Y mi boca se fue

como una ola

descargando en su pecho

relámpagos de sangre.

Detrás de todas

me voy.

Pero a ti, sin moverme,

sin verte, tú distante,

van mi sangre y mis besos,

morena y clara mía,

alta y pequeña mía,

ancha y delgada mía,

mi fea, mi hermosura,

hecha de todo el oro

y de toda la plata,

hecha de todo el trigo

y de toda la tierra,

hecha de toda el agua

de las olas marinas,

hecha para mis brazos,

hecha para mis besos,

hecha para mi alma.

EL INSECTO

De tus caderas a tus pies

quiero hacer un largo viaje.

Soy más pequeño que un insecto.

Voy por estas colinas,

son de color de avena,

tienen delgadas huellas

que sólo yo conozco,

centímetros quemados,

pálidas perspectivas.

Aquí hay una montaña.

No saldré nunca de ella.

¡Oh qué musgo gigante!

Y un cráter, una rosa

de fuego humedecido!

Por tus piernas desciendo

hilando una espiral

o durmiendo en el viaje

y llego a tus rodillas

de redonda dureza

como a las cimas duras

de un claro continente.

¡Hacia tus pies resbalo,

a las ocho aberturas,

de tus dedos agudos,

lentos, peninsulares,

y de ellos al vacío

de la sábana blanca

caigo, buscando ciego

y hambriento tu contorno

de vasija quemante!

Dicen que la poesía es la música de las palabras. Para mí la poesía es un fino instrumento para expresar con ritmo nuestros más recónditos sentimientos. Es mejor leerla en la intimidad y en silencio (o es como me gusta hacerlo a mí).

La versión de “Los versos de capitán” que yo tengo es una vieja edición de la Biblioteca clásica y contemporánea de Losada.

Pablo Neruda es el maestro de la poesía por excelencia del siglo XX y uno de mis favoritos cuando busco ese lenguaje breve pero profundo.

Texto:

Óscar Perdomo León

Las imágenes de Pablo Neruda fueron extraídas de:

http://nancyimperiale.files.wordpress.com/2009/09/neruda.jpg

http://cobalus.files.wordpress.com/2009/12/pablo_neruda.gif

http://katilifox.files.wordpress.com/2008/10/pablo-neruda.jpg

El texto completo de LOS VERSOS DEL CAPITÁN lo pueden hallar siguiendo este enlace: http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/capitan.htm

EL INMORTAL, de Jorge Luis Borges.


Jorge Luis Borges (1899-1986) decía que cada libro tiene su lector. Y creo que él tenía razón, porque hasta el más sencillo y «poco literario» de los libros tendrá en algún momento a alguien hurgando sus páginas.

Pues bien, este día yo como lector no voy a hablar de mi libro favorito; pero sí de mi cuento favorito: “El inmortal”, que es para mí el mejor cuento que se haya escrito en todo el mundo (y por consiguiente es también el mejor cuento de Jorge Luis Borges). Por supuesto que no he leído todos los cuentos que se han escrito alrededor del mundo, lo cual además es imposible y hay que decir asimismo que para gustos hay colores. Y mi opinión es sólo eso, una opinión. Yo no tengo estudios en literatura ni maestrías en lenguas; pero tengo, al igual que muchos salvadoreños, un gusto por la literatura que ido ganando al leer a uno y otro escritor. De tal manera que no tengo pruebas objetivas para sostener mi preferencia hacia ese cuento, sin embargo sí tengo pruebas subjetivas, que no son –me parece- menos importantes en cuestiones de arte.

El cuento “El inmortal”, que apareció en el libro “El Aleph”, en 1949, empieza con una breve introducción en donde se explica que el anticuario Joseph Cartaphilus le regaló los seis volúmenes en cuarto menor de la Ilíada de Pope a la princesa de Lucinge.

“La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y de barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Ilíada halló este manuscrito. El original está redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión original que ofrecemos es literal”.

A partir de esta introducción inicia el relato de Cartaphilus, que se divide en cinco partes y una posdata de 1950. Sólo la maestría de la pluma de alguien como Borges nos puede sumergir en un relato ficticio haciéndonos creer que se trata de un manuscrito histórico verdadero. En el transcurso del cuento Borges nos alumbra con expresiones filosóficas y poéticas que estremecen el corazón y la mente.

El ambiente y el clima del relato son totalmente embriagadores de un pasado histórico verosímil. Cartaphilus, un soldado del gran imperio romano, huyendo de unos sediciosos que ansiaban vengar la crucifixión de uno de ellos, se pierde en el desierto, donde se encuentra con un jinete “rendido y ensangrentado”, que buscaba “el río secreto que purifica de la muerte a los hombres”. El jinete muere; pero Cartaphilus decide buscar el río que da la inmortalidad.

Cartaphilus alcanza sin saberlo el río secreto y además conoce al pueblo de los trogloditas “que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra”. Uno de ellos lo sigue de un lado a otro a Cartaphilus y éste le pone el nombre de Argos, como el perro moribundo de Ulises en la Odisea.

Cartaphilus descubre que los trogloditas son inmortales y convive con ellos. Llega a tomar la manera de ser de ellos. Reflexiona más adelante que hacer una construcción o un poema, era saber que eso mismo lo harían hasta el cansancio durante un tiempo infinito, decide entonces, al igual que los trogloditas, dedicarse a la meditación. Los trogloditas se la pasaban inmóviles, mirando sin ver el horizonte y sin pronunciar palabras. “El cuerpo era un sumiso animal doméstico y le bastaba, cada mes, la limosna de unas horas de sueño y una piltrafa de carne.”

“Así se fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió con lentitud poderosa.”

“Las noches del desierto pueden ser frías, pero aquella había sido un fuego… la frescura del aire y el rumor atareado de la lluvia me despertaron. Corrí desnudo a recibirla. Declinaba la noche; bajo las nubes amarillas la tribu, no menos dichosa que yo, se ofrecía a los vívidos aguaceros en una especie de éxtasis. Parecían coribantes a quienes posee la divinidad. Argos, puestos los ojos en la esfera, gemía; raudales le rodaban por la cara; no sólo de agua, sino (después lo supe) de lágrimas. Argos, le grite, Argos.”

“Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también si mirarme: Este perro tirado en el estiércol.”

“Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real. Le pregunté qué sabía de la Odisea. La práctica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta.”

Muy poco, me dijo. Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé.”

Cartaphilus vive en diferentes partes del mundo y durante muchos siglos. Y finalmente reflexiona así:

“Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal.”

“La muerte o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño: Todo, entre lo mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasad lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonia, no rigen para los Inmortales.”

Luego Cartaphilus toma la decisión de buscar el río que le quite la inmortalidad. Cuando lo consigue y sabe que va a morir escribe lo siguiente:

“Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.”

Luego hay una posdata que sería muy interesante que ustedes la leyeran. Y aunque yo prefiero leer de la manera tradicional, en papel impreso, para los que se sientan estimulados a leer (o a releer si es que ya lo conocían) este cuento, lo pueden hacer siguiendo este enlace: http://www.apocatastasis.com/el-inmortal-jorge-luis-borges-carthapilus.php#intro

Jorge Luis Borges, que parece de entrada tan fríamente cerebral, en realidad me conmueve intensamente casi hasta las lágrimas, con este relato ficticio que parece histórico, y que, al leerlo, me fascina la idea de creer que es verdadero.

Texto:

Óscar Perdomo León

Textos entre comillas tomados del cuento “El inmortal” del libro “El Aleph” de Jorge Luis Borges.

Imagen de Borges parado:

http://www.huangdianlin.net/wp-content/uploads/2009/12/borges.jpg

Borges en la biblioteca:

http://apuntesapocrifos.files.wordpress.com/2009/11/jorge-luis-borges.jpg

Imagen de la portada de “El Aleph”:

http://clasicosliterarios.files.wordpress.com/2010/03/borges-portada-aleph.jpg

LA DIÁSPORA, de Horacio Castellanos Moya.

 

Diáspora es una palabra que significa dispersión de un grupo étnico o religioso desde su lugar de origen, pero que se ha usado comúnmente para referirse a al exilio de los judíos, quienes en diferentes épocas de la historia se esparcieron en diferentes partes del mundo. Pero su acepción puede extenderse a otros grupos humanos, como el caso de los latinoamericanos.

En El Salvador ha habido también una diáspora obligada en muchos períodos de la historia, originada principalmente por la represión política y por la pobreza. Así, una de las más recordadas fue la diáspora de 1932, en donde grandes masas de salvadoreños huyeron hacia Honduras y hacia otros países antes, durante y después del genocidio (30 mil muertos) perpetrado por el gobierno salvadoreño de aquellos días.

Otro período intenso de diáspora en El Salvador fue durante los conflictivos años ¨70, ´80 y ´90 del siglo pasado. El cierre de espacios para la libertad de expresión, los miles de asesinatos por parte de los escuadrones de la muerte, la falta de empleos y la guerra civil, entre otras causas, llevaron a que una gran cantidad de salvadoreños optaran por dejar su tierra natal y buscaran nuevos horizontes.

La novela “La diáspora”, escrita por Horacio Castellanos Moya (nacido en 1957), premio nacional de novela UCA Editores de 1988, (publicada por primera vez por esa misma editorial) y ambientada a finales de los años ´70 y principios de los ´80, nos muestra con detalles y algunas veces casi con microscopio, las razones de algunos salvadoreños involucrados con las fuerzas de izquierda para abandonar su patria.

 

La primera vez que oí hablar de Horacio Castellanos Moya fue en un libro de antología poética que me impactó mucho: “La margarita emocionante” (1979), el cual es uno de esos libros inolvidables y el que habían unos poemas muy buenos de cinco escritores salvadoreños, incluyendo a Castellanos Moya y, si mal no recuerdo, él además escribía el prólogo.

En “La diáspora”, que se divide en cuatro partes y veinticinco capítulos, el escritor nos cuenta un fragmento de la vida de los principales personajes, que son cuatro:

-Juan Carlos, un desertor de la izquierda que busca asilo político en Canadá.

-Quique, un guerrillero novato que salió en desbandada de El Salvador, huyendo de la represión, se instala un tiempo en México en una agencia de noticias y luego regresa a El Salvador a reincorporarse a la lucha armada en las montañas.

-El Turco, un músico desencantado con “la revolución”, que tocaba en un grupo musical canciones de protesta y que se exilió, por peligrar su vida, en varias partes del mundo y finalmente en México.

-Jorge Kraus, un escritor argentino que sueña con “una beca” para escribir sobre “la revolución salvadoreña”.

Hay muchos más personajes; pero, aunque importantes, no son el centro de la historia.

 

En la entrada de “La diáspora” el autor nos advierte que la novela se trata de hechos ficticios; sin embargo da la impresión que se tratan de hechos verdaderos, pero novelados. El lenguaje utilizado por Castellanos Moya es bastante popular, coloquial, a veces agresivo y provocador. Hay giros y jerga muy salvadoreños, si se puede decir de esa manera; aunque en contadas ocasiones algunos personajes salvadoreños usan frases muy características de los mexicanos. La lectura no se dificulta y la fluidez de la lectura es aumentada por la interesante historia que se cuenta.

Mélida Anaya Montes (comandante Ana María)

Roque Dalton García

También se mencionan en la novela, porque están de alguna manera conectados con la ficción contada, unos hechos muy importantes en la vida de El Salvador, que conmocionaron a la opinión pública nacional e internacional, como es el asesinato de Mélida Anaya Montes (la segunda al mando de las FPL –una de las cinco organizaciones que conformaron al FMLN-); el asesinato de Roque Dalton (uno de los más grandes escritores de El Salvador); y el suicidio de Cayetano Carpio (principal dirigente de las FPL). Estos terribles sucesos conmovieron de una u otra manera a los personajes de “La diáspora”.

 

Cayetano Carpio (comandante Marcial)

En ningún momento menciona, escarba o cuestiona el escritor sobre las razones de la lucha armada emprendida por la izquierda. El libro trata más que todo de enfatizar sobre las razones y las experiencias de la disidencia (con excepción del personaje Quique).
 

Me parece que es un libro recomendable para ser leído, primeramente porque es muy entretenido, y además porque toca un tema tabú para la izquierda salvadoreña: la disidencia.

Y aun cuando los ideales de búsqueda de justicia y de bienestar social para los más pobres, que es -¿o era?- el ideario de lucha del FMLN, no se mencionan en el libro, sí da una pauta para entender y aprender de los errores que la izquierda ha cometido en El Salvador en el transcurso de la Historia, como por ejemplo, su miopía para no darse cuenta de la importancia que el arte representa para el desarrollo de los pueblos, antes, durante y después de su lucha por alcanzar los más altos ideales de justicia.

 

Texto:

 

Óscar Perdomo León

 

Imagen de Horacio Castellanos Moya extraída de

http://www.ssppstudentctr.com/got_speech/moya.jpg

 Imagen de Cayetano Carpio extraída de:

http://www.trinchera.com.ni/archivo/2008/mayo/mayo_02/cierre_carpio.jpg

 Imagen de Mélida Anaya Montes extraída de:

http://www.andes21dejunio.org/Pagina%20de%20mujeres_clip_image001.jpg

Imagen de Roque Dalton extraída de:

http://www.patriagrande.net/el.salvador/roque.dalton/maquina.jpg

Imagen de portada de “La diáspora” de UCA Editores, extraída de:

http://www.uni-potsdam.de/castellanos-moya/buecher_es/29.html


 

 

Imagen de portada de “La diáspora” edición de Concultura extraída de:

http://www.ronaldflores.com/wp-content/uploads/2008/11/la-diaspora-castellanos-moya.jpg

Mis recuerdos del poeta FRANCISCO ANDRÉS ESCOBAR.

Me enteré ayer de su muerte a través de Facebook y la noticia me tomó por sorpresa.

Aunque sólo un par de veces intercambié unas palabras con él, este día me he mantenido triste, a lo largo de las casi veinticuatro horas.

Francisco Andrés Escobar (1942-2010) fue actor, profesor universitario, un gran narrador de historias y además dramaturgo; pero especialmente Francisco Andrés Escobar fue poeta. Sus versos son delicados, profundos, limpios, selectos. Aunque, hasta donde sé, mucha de su obra literaria está inédita, la poesía que he leído de él me ha conmovido mucho. Fue ganador del Premio Nacional de Cultura de 1995 y miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

Hace muchos años yo visitaba con frecuencia la Universidad Centroamericana UCA, en donde él enseñaba, principalmente porque ahí estudiaba una antigua novia mía y para entonces yo seguía cada paso que ella daba (porque me sentía fuertemente atraído hacia ella), hasta el punto que un día entré como oyente a una de sus clases, y ahí estaba escribiendo en la pizarra Francisco Andrés Escobar. Fue la primera vez que lo vi. Me gustó tanto su clase que regresé varias veces a escucharlo (aunque no estuviera mi ex novia).

También regresé a la UCA porque un tiempo después acudí a unas clases en la Escuela de Idiomas y algún tiempo después porque conduje durante un año y medio un programa en la radio YSUCA. De tal manera que no era raro encontrarme con Francisco Andrés Escobar en algún pasillo de la universidad.

Recuerdo que una vez me atreví a ir al cubículo en donde él atendía a sus estudiantes y me recibió con amabilidad, aun cuando yo no era un estudiante regular de la UCA. Llegué, con más timidez que orgullo, a mostrarle un par de poemas que yo había escrito. Recuerdo que los leyó con detenimiento y luego, sin ser grosero, me dio a entender que debía seguir escribiendo, pero de una manera más depurada y especialmente me aconsejó que debería leer más y más poesía. Agradecí mucho en aquel momento –como lo agradezco ahora- su sinceridad.

Con el tiempo entendí que no soy poeta (aunque de vez en cuando escribo algo por ahí y por allá a lo que llamo poesía). Sin embargo, sigo amando y leyendo poesía cuando puedo.

Pero Francisco Andrés Escobar sí era un verdadero poeta. He aquí algo de su cosecha:

Petición y ofrenda

I

“La media noche
Detuvo sus andares
Junto a un leve murmullo de pupilas.
Después
Un buceo lentísimo,
Un sondeo profundo en aguas verdes,
En verde clorofila
Poseedora de una luz magnífica.
Un viaje lento, de canoa suave,
Hacia las luminosas oquedades del espíritu”.

II

“Es cierto que he llegado un poco tarde.
Es cierto
Que no estuve ante tus lágrimas
Y que arribo con años de retraso
Para entender el cauce de tu llanto
Que se enrolla en potentes espirales
Y se adentra en el vértigo,
En sí mismo.
Es cierto que tus manos fueron solas
Por el camino de las adivinanzas,
Que hay historias de gnomos que no oíste,
Que llevas mil preguntas escondidas
Y canciones de sueños mutiladas.
También es cierto que,
De alguna manera,
Has visto el rostro de la desesperanza.
Palpaste muy temprano
El calor de las piedras del camino
y fuiste sin sandalias.

En la edad de la aurora
Tormentas pequeñísimas generaron violentos huracanes
Y vives la ambivalencia de la hoja:
Marcharse con el viento
O agarrarse con desesperación a la rama
En espera de un tiempo más dorado”.

III

“¡Si tan sólo yo hubiera llegado antes!
Si tan sólo en el verde de mi entraña
Hubieras blasonado tu linaje,
Esta oscura marea en que me agoto
Sería rumor de ángeles
Y el temblor vacilante de mis manos
Poesía terminada.
Si tan sólo yo hubiera llagado antes
Al encuentro genuino de tus pasos
Hubiéramos unido soledades
Para hacerle un altar a la esperanza”.

IV

“Una de las cosas más claras que aprendí
En la escuela de los caminos que anduve
Es que siempre se puede
Poner fuera de lugar a la desesperación.
Aprendí también que el llanto y la sonrisa
Hay que llevarlos sobre pleno rostro,
Sin ocultar con máscaras ambiguas
El tropismo natural de la raíz íntima.
Aprendí que es posible volver sobre los pasos
Para encontrar el medallón perdido
Y hacerlo refulgir en la garganta.
Aprendí que en el espacio entre dos soles
Hay un remanso de hondo pensamiento;
Que cada noche es este día una vez,
Que cada día es este día, también sólo una vez,
Y que es posible alcanzar
La luz agotada del ocaso
Y renacer con ella la mañana siguiente.
Aprendí que no es el tiempo que encierra la pupila
Lo que la hace sabia y cercana:
Es más bien la posibilidad de mirar cara a cara
En otros ojos
Lo que le da la fuerza para salvar
Y salvarse,
Para reconstruir,
Para crecer,
Para vivir en la exacta dimensión
De lo que piden las fuerzas humanas.
Aprendí, finalmente,
Que entre las cosas que nos hieren
Flota una Presencia Suave
Que conoce el volumen del grito desgarrado”.

Creo que algo que penetró mucho en el corazón de los salvadoreños fueron las “Croniquillas” que Escobar publicaba cada sábado en La Prensa Gráfica. Mi rutina era leer la “Quinta Columna” de David Escobar Galindo y luego las “Croniquillas”, que aparecían siempre justo a la par. Persistentemente era una delicia leerlas. Eran historias sencillas y cotidianas contadas con amor; pero sin perder un poco la picardía, la denuncia social o la soledad. Sus “Croniquillas” me recordaban un poco los “cuentos de barro” de Salarrué, en el sentido de su conexión franca con personajes típicos del pueblo.

A Francisco Andrés Escobar lo recuerdo actuando en una obra de teatro o dictando una conferencia. Lo recuerdo solitario, haciendo cola para entrar a un cine o caminando por la calles de la colonia Jardines de Guadalupe, con su bolsón de cuero al hombro. Sencillo como su pueblo. Humilde como sólo los grandes pueden serlo. Sonriente al saludar.


Que sean estas pocas palabras mi pequeño homenaje póstumo para el poeta salvadoreño Francisco Andrés Escobar.


Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías de Francisco Andrés Escobar extraídas de las siguientes tres fuentes:

http://www.google.com.sv/imgres?imgurl=http://www.artepoetica.net/francisco_andres.jpg&imgrefurl=http://www.artepoetica.net/Francisco%2520Andres.htm&usg=__Sc3hTn3_KqXqjRdtkS1ksVwpZgc=&h=381&w=286&sz=25&hl=es&start=2&itbs=1&tbnid=-o5oXTb6IU2EZM:&tbnh=123&tbnw=92&prev=/images%3Fq%3Dfrancisco%2Bandr%25C3%25A9s%2Bescobar%26hl%3Des%26sa%3DG%26gbv%3D2%26tbs%3Disch:1




https://oscarperdomoleon.com/wp-content/uploads/2010/05/img_34271.jpg




http://www.bing.com/images/search?q=francisco+andres+escobar&FORM=BIFD#focal=72db909439333c2fb969576104b49df5&furl=http%3A%2F%2Farchive.laprensa.com.sv%2F20080318%2Fcultura%2F1424076.jpg


Poema “Petición y ofrenda” extraído de http://www.vivir-poesia.com/peticion-y-ofrenda/

DOS POEMAS

Hace más o menos 24 años escribí los dos poemas en prosa que vienen a continuación. Pero antes de llegar a ellos me gustaría responder una pregunta: ¿Qué es la poesía?

La poesía es una bella doncella y una guerrera salvaje con numerosos brazos, que puede alcanzar y poseer todo lo real y lo imaginable del mundo. Y también las cosas invisibles: la poesía es un regalo infinito.

Una piedra preciosa que brilla intensamente es la poesía, un guijarro-diamante que en el pasado fue un sucio carbón, que fue evolucionando.

¿En qué geografía evolucionó? En ninguna otra parte más que en el territorio del corazón humano, ahí en un rincón interno donde las mujeres y los hombres tenemos el instinto de ser mejores.

La poesía son las palabras perdidas que, como el barro, toman forma en nuestras manos.

LO QUE ME HIZO CANTAR

Esa tu calma reposando en un pilar de cemento, combinada con la belleza de tu cabello largo, con tus ojos como catedrales en una noche iluminada a medias, con tu cuerpo que es la Venus de Milo sin mutilar, más un gozo de sensibilidad humectada de hermosa sencillez cuando leés un poema y sumado todo a la callada mañana de invierno en San Salvador, fue lo que me hizo cantar en el interior de mi mente una grey de hosannas amorosas y tiernas, llenas de locura infantil, invadidas con fuerza y razón por un cometa mío que se llama entrega, mostrándome a mí mismo, el ardor lejano, la ancestral fogata interna.



TU MEMORIA

Yo recuerdo que un día caminamos los dos, agitados por el sol y el polvo del mediodía, por las calles del centro de San Salvador. Era un día como todos; pero sé que te dije que en algún momento moriría la atracción nuestra y mutua, en manos de dos enemigos infinitos: el tiempo y la rutina.

Y ya ves que tuve razón. Pero vos olvidaste decirme que me olvidarías tanto y tan pronto, que hoy me sorprendo al saber que a la memoria se le mueren pedazos todos los días, cada minuto. Más quiero decirte que los pedazos tuyos que tengo están todavía riendo y llorando, corriendo en mi vida. Y quiero decirte también que me siento resentido con vos o con tu memoria o, en fin, con ambas.

¿Es que no te acordás de esta cabeza que siempre pensó en tu vida? ¿No te acordás de esta mirada herida y sin embargo limpia? ¿Y de estas manos con versos para vos no te acordás tampoco?


Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

MUERE MATILDE ELENA LÓPEZ


Conocí personalmente a Matilde Elena López (1919-2010) en su casa de la colonia Jardines de Guadalupe. Entonces era yo todavía un estudiante de Medicina, con un gran amor por la literatura y mi primer contacto con algún escrito de ella fue su prólogo a una colección de poemas de Oswaldo Escobar Velado y un ensayo sobre historia del arte. Así que cuando decidí tocar la puerta de su casa llegaba yo con una fuerte admiración hacia ella y sólo quería conocerla y saludarla; pero ella me hizo pasar y se mostró muy amable conmigo. Platicamos por más de una hora casi sólo de literatura. Le conté que yo siempre fui fiel lector de los «Cinco negritos», suplemento literario-cultural que salía en un periódico de circulación nacional.

En la sala de su casa había muchos diplomas, fotos y un par de caricaturas de ella. La visité a su casa un par de veces más y la última fue en compañía de mis dos hijas, Laura y Beatriz, hace como seis años.

Recuerdo también haber intercambiado unas palabras con ella en las afueras de la funeraria en donde estaban velando a Álvaro Menen Desleal.

En el libro-testimonio «Miguel Mármol» se menciona la importante actividad de la escritora en la lucha contra la dictadura del General Maximiliano Hernández Martínez.

Me gusta la poesía de Matilde Elena López; pero prefiero su prosa analítica sobre temas literarios, como por ejemplo el que salió en la revista Cultura donde escribió sobre «Los nietos del jaguar» de Pedro Geofroy Rivas.

Hoy leí en un periódico que ayer a las 7:00 p.m. de la noche ella había fallecido.

Guardo en mi memoria ese primer día que la visité en su hogar y ella me regaló un libro suyo de poemas autografiado, el cual conservo con mucho cariño en mi pequeña biblioteca casera. El libro era «El momento perdido», del cual extraigo un poema para compartirlo con ustedes y hacer este humilde homenaje a una mujer que he admirado toda mi vida.

LA CITA

¡Espérame que en tiempo ya fijado

habrá este Otoño de encontrar tus días!

¡Ahora voy a conquistar la luna!

Un anillo Saturno me habrá dado

en esta vuelta ingrávida del viaje.

Para ti habrán pasado muchos años.

¡TAMBIÉN LA PRIMAVERA!

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía extraída de https://oscarperdomoleon.com/wp-content/uploads/2010/03/matildeelena0071.jpg

DE VEZ EN CUANDO LA MUERTE

«De vez en cuando la muerte» es un libro escrito por el salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa. Un periodista es el personaje principal. La novela empieza cuando dos rudos policías interrogan al periodista de una manera extraoficial. La escena inicial -impregnada de crudeza sin caer en lo vulgar, convincente, llena de realismo- transcurre en una morgue. No faltan la intimidación, las amenazas y los golpes. El periodista, mientras dialoga con los policías, reflexiona sobre la situación en que se encuentra. Es interesante la breve descripción que el periodista hace de la sensación que tuvo, bajo la presión del stress, de volver a fumar después de 7 años de haber abandonado el cigarrillo. 

 

A medida que avanza la historia van apareciendo ciertos personajes interesantes, como algunos de los miembros del periódico para el que trabaja el personaje principal, por ejemplo su jefe de redacción (Ricardo Puente), o el peculiar Tuchi («Las tripas y ojos y cuerpos en descomposición de sus notas eran lo más notable del periódico. Nunca he leído la descripción de una violación con tantos adjetivos ni tan extravagantes como los del Tuchi».), o la reportera rubia de Sociales. También surgen los testigos oculares, así como también los familiares de los asesinos y de los asesinados. Toda una maraña de pistas, algunas sólidas, algunas otras inconexas, van erigiéndose en el transcurso de la historia.


Me gusta mucho el hecho de que la novela es sumamente cinematográfica; en el transcurso de la lectura uno puede ver y oír a los personajes de una manera tan vívida, con formas, colores y olores, todo esto gracias a la habilidad narrativa de Menjívar Ochoa; todos los personajes son realmente muy creíbles, muy bien dibujados. Lo mismo podría decir del argumento de la obra. Nuestros ojos se van deslizando por las páginas del libro de una manera llana y sin tropezones, bajo el embrujo del bajo mundo y de las peripecias del periodista.

El título de la obra alude directamente a aquella bellísima canción de Joan Manuel Serrat «De vez en cuando la vida». Y desde los primeros párrafos ya puede uno sentir la fuerza del título. La muerte o su proximidad rondan como un viento que sopla alrededor de los personajes. Al final de cada capítulo hay también una tensión interesante, el suspenso es muy bien manejado.

Rafael Menjívar Ochoa

El narrador omnisciente narra los hechos día a día en primera persona y, junto a todos los personajes de la novela, habla un español fluido al estilo mexicano. Su autor, aunque salvadoreño como ya lo había dicho antes, vivió, hasta donde sé, durante muchos años en el país de los mariachis y el chile, de los nopales y el tequila, y en esa capital que rebalsa de gente y de humo, tan cosmopolita como las más grandes urbes del mundo, de tal manera que el escritor logró captar y absorber muy bien la manera de hablar de los mexicanos, su acento y su ritmo, sus expresiones cotidianas, sus insultos, etc.


Recomiendo leer «De vez en cuando la muerte«, porque yo he vuelto a releer sus 208 páginas y 23 capítulos y nuevamente he disfrutado mucho de su lectura.


Texto:

Óscar Perdomo León

 

Fotografía de la portada del libro extraída de: http://www.latienda.com.sv/store/images/de_vez_en_cuando.jpg

Fotografía de Rafael Menjívar Ochoa extraída de: http://www.letralia.com/ed_let/13/05-2.jpg

EL LIBRO-TESTIMONIO MIGUEL MÁRMOL

Roque Dalton y Miguel Mármol en Praga.

¿Qué hacían dos salvadoreños en Europa tras la Cortina de Hierro en los años ´60 hablando de historia salvadoreña?

Para dar respuesta inicialmente a esta pregunta y principalmente a otras interrogantes sobre la mayor masacre de la Historia que ha ocurrido en América se pueden remitir al libro-testimonio MIGUEL MÁRMOL, LOS SUCESOS DE 1932 EN EL SALVADOR. Este libro escrito por Roque Dalton se basa en las entrevistas y conversaciones que tuvo éste con Miguel Mármol, en la ciudad de Praga en 1966.

Miguel Mármol, el histórico sobreviviente al fusilamiento, bajo la terrible masacre de 30,000 indígenas y campesinos del año 1932, ejecutada por la Fuerza Armada Salvadoreña y los cuerpos de seguridad, como la Guardia Nacional y la Policía de Hacienda, bajo la batuta del General Maximiliano Hernández Martínez, relata con auténtico lenguaje y sabor coloquial salvadoreño las mil y una aventuras que tuvo que vivir Miguel Mármol por defender sus ideas de búsqueda de una sociedad más justa. De oficio zapatero, Mármol tuvo la oportunidad de dirigir sindicatos y viajar a través de varios países del mundo.


El relato en primera persona nos cuenta en qué cuna nació Miguel Mármol y cómo vivió su niñez y su primera juventud. Cómo aprendió el oficio de zapatero y cómo se fue involucrando en sus ideas y pensamientos sociales. Por supuesto que todo lo que cuenta Mármol debe ubicarse en su contexto social, histórico y geográfico.

Refiere además la manera en que conoció a Farabundo Martí y luego muy detalladamente la forma en que se vivieron los terribles días de enero de 1932.

Estado Mayor del General Augusto César Sandino, Mérida, Yucatán, México, 1929.

Parados, izq.-der.:Cap. Rubén Ardilla Gómez (colombiano), Cap. José Paredes (mexicano), Gral. Augusto César Sandino (nicaragüense), Cap. Gregorio U. Bilbert (dominicano); sentados: periodista Folian Turcios (hondureño) y el coronel Farabundo Martí.

La persecución y la cárcel por sus ideas políticas fueron el pan diario para Miguel Mármol, antes y después de la masacre de 1932. También narra sus impresiones de cómo se vivieron los eventos históricos de 1944 y la caída del gobierno del General Hernández Martínez.

Hay además una interesante descripción física, emocional y psicológica sobre el General Hernández Martínez casi al final del libro, que estoy seguro van a disfrutar los que tengan la oportunidad de leer este libro.

Miguel Mármol en Praga, verano de 1966.

En las últimas páginas del libro, Mármol presenta un análisis de su vida y unas conclusiones muy interesantes sobre él mismo y sobre la vida social y política de El Salvador.

Recomiendo leer MIGUEL MÁRMOL, LOS SUCESOS DE 1932 EN EL SALVADOR, porque encontrarán información de primera mano de una parte de nuestra historia que siempre ha estado oculta, ignorada o envuelta en mitos.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas del referido libro.

Roque Dalton, “Miguel Mármol. Los sucesos de 1932 en El Salvador”, Editorial Ocean Sur, 2007

Imagen de la portada del libro “Miguel Mármol” extraída de: http://www.oceanbooks.com.au/static/photos/product-photo-532_t100.jpg

Blog recomendado para otros comentarios sobre “Miguel Mármol”: CUCHUMBO DE IDEAS http://cuchumbo.blogspot.com/2009/11/coloquios-guanacos.html

¡VIVA LA IRA!, de José Luis Valle.

Acabo de terminar de leer ¡VIVA LA IRA! (Deidades terrenales y sus divertimentos genocidas), el libro que ganó el Premio único de Novela de los XIV Juegos Florales de San Salvador 2009. De verdad que es una narración muy entretenida en la que nos introduce José Luis Valle, su autor.

Es, para ser más exacto, una narración frenética, cruda, pero con un poco de humor, sobre la guerra civil y la post guerra salvadoreñas. Hay numerosos pasajes, olvidados tal vez por los más viejos de nosotros o desconocidos por los más jóvenes, que verdaderamente erizan la piel. Luchas populares en las calles, perseguidos, desaparecidos, asesinados, mujeres violadas, bombas, helicópteros artillados, hombres y niños mutilados, pueblos completos arrasados, la barbarie gubernamental desatada, la clandestinidad obligada… La ficción se confunde con la intensa realidad y viceversa.

Me gustó en particular mucho la historia de “El loco Adán” y/o “Tarzán de los muertos” y de sus dos amigos alcohólicos que salen a buscarlo.

Cuando uno va adentrándose en las páginas de «¡Viva la ira!» hay una sensación de estar viviendo en una película-realidad todas las crueldades y los heroísmos de tantos compatriotas. La historia que parece entrecortada atrapa al lector. Y el final es, diría yo, macabro. Es un libro que vale la pena leer.

Recomiendo por lo tanto este día la novela corta ¡VIVA LA IRA!, de José Luis Valle.

Y a continuación me gustaría dejarlos con el párrafo que escribió sobre esta novela Marvin Aguilar, uno de los jurados que le dio el triunfo a la referida obra literaria y que yo me he tomado la libertad de extraer de su blog Alter Iuris http://blog.alteriuris.net/.

“¡Viva la Ira! de Delirayol. La obra ganadora. Esta novela presenta una estructura por mí muy apreciada, la fracturación. Si, desde que leí a Roberto Bolaño, que me llevo a Cortázar, y luego a Julián Ríos, con su obra Larva, comprendí que se trata de una vorágine en la que nunca parece concatenarse algo o nada y menos terminar algo, y que es precisamente este recurso el que vuelve interesante la lectura de este tipo. Literatura abstracta le llamaba yo, influenciado por la psicología rusa. Inolvidable para mi la obra de Milorad Pavic. De este estilo fracturado se ha hecho teatro en México. Así como cine en España.

“Percibo que fue escrita por partes y en diferentes tiempos. Lo que no es importante a simple vista pero que finalmente la hizo madurar. De tomar en cuenta también la temática para entender la fracturación: la represión, guerra, violencia urbana predominan a lo largo de la pieza siendo esto el protagonista que va mutando a lo largo de la obra. Y es allí donde esta la lógica. “Dos mariposas rumbo al cielo”, es lo que rescata la novela. Pero lo demás aunque no deja de ser bueno, se enmarca en una serie de oraciones y palabras muy inteligentes, que solo demuestran arrogancia intelectual o desprecio hacia lo que no es culto. Valido. Pero la vuelve -a mi juicio- no tan pos modernista como debió ser. El ciudadano común no es tan elaborado y cuando esta en desgracia o sufre es mas histérico. El recurso de la fracturación es una de las tendencias en la literatura actual, incoherencias dirán algunos críticos. ¿Pero acaso no es incoherente este país u occidente? Si bien estuvo dentro de mi lista para ser premiada, siempre tome mis reservas porque no podía premiar una obra de carácter conservador. No es una posición ideológica, sino artística. Véase para comprenderme la definición de Rimbaud sobre que es un poeta y que yo amplio hacia el artista en blog.alteriuris.net en el articulo Serigrafía Dadaísta. De estructura fragmentada, con contenido al parecer vengativo en algunos pasajes e irrelevante en otros, esta novela daba para convencerme más. Propuesta por Mario Pleitez, apoyada por mi a lo que se sumo Susana Reyes, declaramos como jurado a esta obra, la novela ganadora 2009.”
Marvin Aguilar

Texto:
Óscar Perdomo León


Fotografías tomadas al libro ¡Viva la ira!, por Óscar Perdomo León

¿Qué leo? EL LIBRO BLANCO


Sosegado. Es la primera palabra que se me viene a la mente al leer “El libro blanco” de David Escobar Galindo.

El libro es una colección de breves narraciones que se publicaron en La Prensa Gráfica entre 1989 y 1997, todas con la fecha de la primera vez que vieron la luz al pie de la página. El volumen tiene dos partes, la primera contiene prosas más cortas y la segunda prosas un poco más largas; aunque todas llevan el sentido y la intención de la síntesis. Muchas de ellas tienen un carácter filosófico y en casi todas se percibe la mano no sólo del narrador, sino del poeta. Los temas son disímiles, muy variados, algunos poseen una inflexión íntima, otros nos hablan de la manera de ser de los salvadoreños; sin embargo todos nos conducen a la reflexión.

El tono sereno y conciliador de “El libro blanco” de David Escobar Galindo nos revela la naturaleza pacífica del escritor. Sus escritos inspiran tolerancia, una actitud frente a la vida que nos está haciendo mucha falta en El Salvador. No la tolerancia a la injusticia ni a la corrupción; sino la paciencia y el respeto a las ideas diversas de los demás.

Me gustan muchas de las lecturas como por ejemplo: “La promesa de renacer”, “milagro de la ventana”, “El lago nocturno”, “El filósofo”, “Parábola del instinto”, “El espejo de tres caras”, “El círculo perpetuo”, Elogio de la tolerancia”, “El águila”, “Iluminaciones”, “El enemigo gratuito”, “El poema favorito”, “La novela favorita”, “Alguna vez todos necesitamos de Alfredo” y “Los seres inolvidables”, entre otras. Una de mis favoritas es la siguiente, escrita el 10 de febrero de 1994:

“ELOGIO DE LA ABUELA”

“Yo, como todo el mundo, tuve dos abuelas. Con ellas, la vida me concedió el extraño y prematuro privilegio de conocer el más hiriente desapego y el amor más dulce y abrigador. No voy a hablar ahora de mi abuela amarga. Pero sí quisiera dedicarles estas líneas a mi abuela dulce, cuyo recuerdo es una flor que se duerme por las noches y despierta lozana cuando amanece. Tener una abuela dulce es un don de Dios. Alguna gente me pregunta por qué soy un hombre pacífico. Yo respondo con alguna frase, pero la verdad es que soy pacífico porque vi siempre en doña Lillian esa rara virtud de la energía sin prepotencia, de la disciplina sin violencia, del esfuerzo sin codicia, de la elegancia sin vanidad.

“No escuché de ella jamás un grito de ira, ni una queja por resentimiento. Y eso que la vida no le fue fácil. Tuvo que trabajar siempre, desde la madrugada hasta la noche, preparando o dando clases de inglés. Y lo siguió haciendo, aún cuando su hijo Reynaldo fue gobernante y luego ministro. Nunca se dejó ni siquiera tocar por el alocado remolino de la vanidad.. Ya podría servir de ejemplo su conducta, si ella misma no rechazara, con espontánea sencillez, hasta la posibilidad de servir de ejemplo. El trabajo y la naturalidad: sus grandes enseñanzas prácticas. ¿Cómo podría yo olvidarlas sin negarla a ella, sin negarme a mí mismo? Y además, esa dulzura contenida, esa diligencia sin reservas, esa salud permanente del alma, que la hacía más fragante que el jabón Reuter.

“De ella aprendí todo lo que sé en la asignatura más importante de la vida: el amor al prójimo. Sin devociones aparentes, sin genuflexiones vanas, sin fanatismos hipócritas, ella me enseñó, cada día, con hechos, lo que es se cristiano.”

“El libro blanco” fue publicado por primera vez en 1997 y en este año de 2009 se ha realizado una segunda edición aumentada.

Un libro reflexivo, lleno de sabiduría que tranquiliza el espíritu.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía extraída de la portada de “El libro blanco”.

¿Qué leo? TEATRO EN Y DE UNA COMARCA CENTROAMERICANA

José Roberto Cea, es un escritor que no sólo ha contribuido en la literatura salvadoreña con obras en el área de lo creativo, sino también con obras de investigación, como por ejemplo “De la pintura en El Salvador”.

Pues bien, “Teatro en y de una comarca centroamericana” es un ensayo-histórico-crítico publicado en 1993 por Canoa Editores. A través de 274 páginas, Cea nos conduce en un recorrido por la historia del teatro salvadoreño, empezando con algunas expresiones teatrales prehispánicas y de la época del coloniaje español. Por supuesto que la mayoría de datos provienen ya del período del siglo XIX hasta principios de los años ´90 del siglo XX.

El libro está lleno de fotografías de personajes importantes y de afiches teatrales. También nos habla José Roberto Cea de las costumbres de los actores y del público en tiempos pasados. Salen además a relucir nombres de dramaturgos y actores que han hecho historia en nuestro “Pulgarcito”, como Francisco Gavidia, Edmundo Barbero, Álvaro Menen Desleal, Roberto Salomón, Eugenio Acosta Rodríguez, Antonio Lemus Simún, Fernando Umaña, entre otros.

Su lectura es fácil y muy amena. Con este estudio José Roberto Cea no sólo nos aporta información de lugares, fechas y nombres relacionados con el teatro, sino que nos presenta su crítica, su personal punto de vista sobre el desarrollo y la evolución del teatro en El Salvador.

Este es un libro que, al poner en nuestras manos el conocimiento de nuestra historia teatral, nos brinda un fortalecimiento para nuestra propia identidad cultural salvadoreña. Una labor muy loable la de José Roberto Cea. “Teatro en y de una comarca centroamericana”, un libro muy recomendable.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas de “Teatro en y de una comarca centroamericana”.

¿Qué leo? RAYUELA

*

Un narrador que siempre me ha impresionado es Julio Cortázar. Releyendo “Rayuela” he vuelto a experimentar ese placer de transportarme al mundo cortaziano, mirar las cosas desde un ángulo diferente, sumergirme en un multicolor ramillete de expresiones culturales, muchas veces ajenas a nuestra cotidianeidad salvadoreña.

Lo urbano y lo cosmopolita se reúnen de una manera generosa en “Rayuela”. Hay muchas cosas que me cuesta entender del mundo parisino; quizás hay que haber experimentado la vivencia de sentir a través de todos mis poros el impacto de esa inmensa ciudad de Francia, que contrasta con mucha seguridad con lo provinciano de un país tan pequeño como El Salvador; sin embargo con algo me siento muy identificado y es con las alusiones jazzísticas que constantemente hace Cortázar a través de las numerosas páginas de la novela. He escuchado la música de algunos de los artistas que Cortázar menciona y de alguna manera puedo escuchar esa música a través de la lectura.

**

En la edición que yo tengo (Catedra, Letras Hispanas, una edición de Andrés Amorós, 2001) hay numerosas notas al pie de la página para tratar de clarificarle al lector los múltiples temas, personajes, calles, ciudades, etc., de las que habla en la novela Julio Cortázar. Al principio se siente cierto fastidio de interrumpir la narración para leer las notas explicativas. Aunque a veces esas breves acotaciones lo hacen a uno comprender mejor todo la riqueza de una frase o de una palabra usada por el escritor. Pero bien, para sentirle mejor el sabor a esta novela es necesario no sólo leerla una vez, sino releerla. En la segunda o tercera vuelta se ignoran los pies de página y se puede leer de una manera mucho más fluida.


Otra cosa importante con esta singular novela es que se puede leer de la manera tradicional en que se lee cualquier libro, es decir, empezando en el capítulo 1 y finalizando, en este caso, en el capítulo 56. O, como segunda opción, se puede leer empezando en el capítulo 73 y siguiendo el orden recomendado por Cortázar al principio del libro, es decir, siguiendo con el 1, el 2, el 116, el 3, etc.

Rayuela es una novela muy intensa, apasionada, en la que no se le agotan las palabras ni las ideas a Julio Cortázar. Rayuela es un mundo, Cortázar es un universo.

Texto:

Óscar Perdomo León

* y *** Portada de Rayuela.

**Fotografía de Julio Cortázar extraída del artículo El Cronopio Mayor II, del blog arcolibris de Laura García.

¿Qué leo? CASI TODOS LOS ÁNGELES TIENEN ALAS

Me gusta escuchar diferentes versiones de canciones y obras musicales, por ejemplo, tengo en mi iPod “Yesterday”, de The Beatles, con disímiles artistas como Frank Sinatra, Tom Jones, Elvis Presley, etc., porque las versiones son algo que a mí me apasiona.

“Casi todos los ángeles tienen alas” es un caso similar al que mencionaba sobre la música. Yo sé que no es lo mismo y no sé si cabe la comparación, pero me parece que leer varios cuentos con un mismo título es algo muy interesante. Son tres voces creadoras, diferentes pero igualmente muy habilidosas y llenas de ideas.

“Casi todos los ángeles tienen alas” de la Editorial Delgado y publicado en el año 2007 es un libro realizado por tres escritores: Juan Ruiz de Torres (Madrid, España), Alejandro Moreno Romero (Lucena, Córdoba, España) y David Escobar Galindo (Santa Ana, El Salvador).

El título proviene del primer cuento del libro. El juego de este singular libro es que un mismo tema, por ejemplo, “Las llaves”, “No se me ha olvidado”, etc., es desarrollado por los tres escritores, según su propio estilo y según su propia imaginación, es decir, que hay tres cuentos, uno por cada escritor, con el mismo título. El libro consta de 13 cuentos con el mismo nombre, es decir, de 39 cuentos en total.

Uno es seducido por la excelente técnica narrativa de los tres escritores. Se podría decir que este libro es impecable, desde el punto de vista literario. También se puede decir lo mismo de su fino acabado, impreso en El Salvador por la Imprenta y Offset Ricaldone.

A medida que se va avanzando en la lectura, empieza uno a familiarizarse con el estilo de cada uno de los tres escritores, y luego empieza a diferenciar y adivinar, con sólo leer las primeras líneas de cada cuento, quien lo ha escrito.

Este libro es totalmente regocijante y de mucha calidad. Lo recomiendo para los que quieren ver como el ejercicio de la imaginación y el de la calidad puede ir perfectamente juntos.

Texto:
Óscar Perdomo León

Dibujo extraído de “Casi todos los ángeles tienen alas”.

C. S. LEWIS. Cautivado por la Alegría.

Clive Staples Lewis, nacido en Belfast, Irlanda, en 1898 y fallecido en 1963, es un afamado escritor debido a sus libros “Las crónicas de Narnia”. Varios son muy conocidos porque han sido llevados al cine, como “El león, la bruja y el ropero” y “El príncipe Caspián”.
Pero el libro del que quiero hablar hoy es “Cautivado por la Alegría”, aparecido por primera vez en 1955 en el inglés original; en 1989 se publicó la primera versión en español y después hubo otra en el año 2006.
El libro tiene como tema central la conversión de Lewis al cristianismo; sin embargo las páginas del libro lo conducen a uno a través de una especie de autobiografía, magistralmente narrada, en donde Lewis nos muestra su niñez y sus relaciones con su hermano y su padre, pasando por sus experiencias en los colegios, en la universidad, sus viajes a Inglaterra por motivos de estudio y sus retornos a Irlanda. Describe de una manera vívida los paisajes y los contrastes entre Irlanda e Inglaterra.
Lewis disfrutaba muchísimo de la lectura y por el contrario odiaba los deportes. Tampoco disfrutaba de las matemáticas (1). Era un lector insaciable y voraz; y lo atrayente de su narración es la perspectiva psicológica con que Lewis analiza y relaciona el pensamiento de cada autor con la vida cotidiana, con el pensamiento de sus compañeros de estudios, con sus profesores y con su padre.
También hay otra cosa que me gusta de “Cautivado por la Alegría” y es la manera en que Lewis cuenta como disfrutaba de los libros, empezando por el goce de mirar su portada, sentir el papel en sus manos, el sonido de las hojas al ser pasadas, el olor del libro en general, la forma en como fue evolucionando en su manera de amar la lectura. Nos cuenta a cerca de los amigos que fue haciendo debido a la afición compartida de leer y comentar los libros devorados con ansiedad.

Asimismo es fascinante la descripción física, psicológica y anímica que hace de algunos de sus parientes cercanos, como sus abuelos, su padre y algunos tíos. Dice Lewis:
“…«tío Gussie», hermano de mi madre, me hablaba como si fuéramos de la misma edad. Es decir, hablaba Cosas. Me enseñó toda la ciencia a la que yo podía acceder entonces de forma clara, viva, sin chistes tontos ni condescendencias, sintiendo por ello evidentemente, tanto gusto como yo. Así preparó la base intelectual para que yo leyera a H. G. Wells. No creo que se preocupase por mí como persona ni la mitad que tío Joe, y eso era (sea una injusticia o no) lo que me gustaba. Durante aquellas charlas la atención de cada uno no estaba centrada en el otro, sino en el tema.”
Una parte interesante del libro es como retrata con palabras la vida que llevó en el colegio que era dirigido por un director llamado Oldie. El trato hostil que recibió y la forma en que fue desalentado para disfrutar del estudio es una gran lección para los que aspiran a ser profesores, de qué es lo que no hay que hacer con los alumnos.
Es también seductora la parte en donde narra sobre sus experiencias en Wyvern College. Ahí se encontró a una sociedad estudiantil formada por castas muy bien definidas y en donde los estudiantes que tenían más rango eran aquellos que se desempeñaban con más habilidad en los deportes, éstos eran conocidos como los patricios, quienes gozaban de prestigio, privilegios y poder. Las humillaciones a que eran sometidos los que estaban en la parte más baja de esa escala social, interna y acuartelada entre los muros de la universidad, pasaban por limpiar las botas de los patricios, hacerles las tareas escolares, y algunos hasta eran sodomizados. Lewis escribe:
“En un país gobernado por una oligarquía gran cantidad de personas, y entre ellas algunos agitadores, saben que no pueden concebir esperanzas de entrar en esa oligarquía, por eso puede merecerles la pena intentar una revolución. En Wyvern College, las clases sociales más bajas de todas eran demasiado jóvenes y, por tanto, demasiado débiles para soñar con una revuelta. La clase intermedia, los muchachos que ya no eran siervos ni todavía patricios, lo que tenían fuerza física y popularidad suficiente como para encabezar una revolución, ya empezaban a aspirar a ser patricios. Era mejor para ellos acelerar su ascenso social cortejando a los patricios ya existentes que arriesgarse a una revolución que, en el caso poco probable que tuviera éxito, acabaría con las ventajas que ellos anhelaban compartir. Y si al final perdían las esperanzas de llegar a conseguirlo… ¿para qué?; para entonces sus días de colegio casi habían terminado. Así, el sistema de Wyvern era inquebrantable.”
Lewis creció en una familia cristiana; pero su curiosidad y avidez de conocimiento lo llevaron a leer a algunos autores ateos, esto unido a una maestra que, de una manera más bien indiferente, le mostró la diversidad de religiones del mundo, lo llevó en la etapa de su adolescencia, según lo narra él mismo, al ateismo. Esto lo cuenta con muchos detalles y nos señala la forma gradual en que fue ocurriendo. Sin embargo hay cierta contradicción, porque Lewis al mismo tiempo que afirma que se ha vuelto ateo, dice estar enojado con Dios. Lewis continúa leyendo y después, con el tiempo, se da cuenta que los escritores que más le satisfacen, como Chesterton, por ejemplo, tienen tendencias al cristianismo, por lo que decide “regresar” al cristianismo. Creo más bien que de lo que habla Lewis es de que a través del tiempo y de su vida llegó a tener un convencimiento más firme de la existencia de Dios y de su fe.
Sin embargo, y dejando a un lado la inmortal discusión sobre si Dios existe o no, “Cautivado por la Alegría” es un libro muy bien escrito, totalmente deleitable, que le hace mantener la atención al lector durante sus aproximadamente 285 páginas.
Este día recomiendo leer “Cautivado por la Alegría”, porque, aunque no tenga los giros magistrales –literariamente hablando- de Borges o de García Márquez, C. S. Lewis sí es un gran narrador y pocas veces tenemos el gusto de encontrar a un verdadero gran narrador.
Texto:
Óscar Perdomo León


(1) El amigo que me prestó el libro del que estoy hablando ha hecho unas breves anotaciones y comentarios en las orillas de las páginas. En uno de los capítulos Lewis escribe: “Estudiaba álgebra -¡el infierno se la lleve!” y mi amigo comenta: “¡Amén!”. Me cayeron tan en gracia ambos comentarios que mientras leía no pude evitar soltar una gran carcajada.

Fotografías extraídas de “Cautivo por la Alegría”, de su primera edición Rayo, HarperCollins, 2006, con una traducción del inglés de María Mercedes Lucini.

MIEMBROS DE LA RAZA HUMANA

En la película “La sociedad de los poetas muertos” Robin Williams dice las siguientes líneas: “We don´t read and write poetry because it´s cute, We read and write poetry because we are members of the human race…”

Escribimos para comunicarnos porque somos entes sociales. Queremos expresar ideas, emociones, algunas experiencias vividas. Nos gustaría compartir con otros el placer o el dolor que hemos sentido, porque hay un goce muy claro en saber que alguien más nos comprende o se identifica con lo que hemos escrito.

La poesía es una de las maneras más sublimes de expresar todo lo que queramos. Y quizás una de las más difíciles. Es la habilidad de la síntesis. Decirlo todo con tan poco. Y que ese poco nos diga tanto y además nos conmueva es casi como un milagro. Es verdaderamente arte. Por supuesto que es relativo. Hay poemas bastante largos; pero nunca comparados con la extensión de una novela. Y ambas maneras de reflejar el mundo son diferentes, pero no se anulan la una a la otra; al contrario, se complementan.

Claribel Alegría dijo:

POESÍA

Mi camino eres tú

yo soy tu espejo.

Roque Dalton trató de definirla:

LA POESÍA

El hombre de los ojos iracundos preguntó: ¿Qué es la poesía?

El hombre de los ojos limpios

mirole profundamente, sin proferir palabra.

En su mirada había poesía.

Pero podemos intentar expresar con poesía todo nuestro interior o hablar sobre las cosas que nos rodean, como en este poema que habla de la guerra, de David Escobar Galindo:

XLIII

Abran LE MONDE

Oigan la BBC

Miren 24 HORAS

Allí están las salpicaduras

sobre las baldosas

Las cabezas en sacos de yute

Los niños con ojos

de yeso

Pero el anónimo heroísmo

cotidiano

de los sobrevivientes

jamás

será

noticia.

O este poema de Jorge Luís Borges que toca lo externo y lo interno del mundo –del que formamos parte-, que nos sumerge en nuestra conciencia al mismo tiempo que nos lleva por un viaje por la historia universal:

UNA BRÚJULA

Todas las cosas son palabras del

idioma en que Alguien o Algo, noche y día,

escribe esa infinita algarabía

que es la historia del mundo. En su tropel

pasan Cartago y Roma, yo, tú, él,

mi vida que no entiendo, esta agonía

de ser enigma, azar, criptografía

y toda la discordia de Babel.

Detrás del hombre hay lo que no se nombra;

hoy he sentido gravitar la sombra

de esta aguja azul, lúcida y leve,

que hacia el confín de un mar tiende su empeño,

con algo de reloj visto en un sueño

y algo de ave dormida que se mueve.


Hay personas que no son sensibles a la poesía. Quizás tuvieron una mala experiencia con algún libro y cuando por fin se disponen a leer otro –de poesía- entran con un prejuicio que inutiliza su sensibilidad.

Si algunos la sienten más y otros menos, es como el conflicto eterno de ser o no ser. Pero yo estoy convencido que el mundo no sería igual si no existiera la poesía, porque somos miembros de la raza humana y la poesía es algo inherente al ser humano.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

UNA MIRADA REBELDE. Memoria histórica.

Los libros de Historia tienen por supuesto la visión de quien los ha escrito; pero creo yo que todo lo que se lee debe mirarse con ojos críticos.

El pueblo que recuerda y conoce su pasado histórico es un pueblo más sabio. Es un pueblo que no se deja engañar y manipular por políticos demagogos, tan abundantes en este nuestro sufrido El Salvador.

Hay algunos escritores que se han inspirado en la Historia de su ciudad y de su país para escribir una ficción. Y este es el caso de Pablo Santana Alfaro, que el en año 2006 publicó su ópera prima, la novela “Una mirada rebelde”.

El libro, de aproximadamente 200 páginas, nos arrastra con crudeza a mirar la violencia que se desató en El Salvador en los años ´80. La novela cuenta la historia de amor entre dos jóvenes que crecieron en un país víctima de la falta de libertad de expresión, en un país carente de justicia y excluyente de los más pobres, en medio de una gran agitación política y en donde la explosión de la guerra civil era irremediable.

Ninguna persona de buena voluntad quiere volver a la guerra; pero no debemos olvidar las causas que la desarrollaron, no tenemos que dejar de lado que la sociedad salvadoreña aún tiene cicatrices de la guerra y en algunos casos hasta heridas abiertas. Recordar es muy importante, pero no para odiar a nuestros rivales, sino para no pecar de ignorantes y vivir en la oscuridad. Desconocer la Historia sólo nos hará repetir los mismos errores.

Esta ficción de amor, en un contexto histórico poco propicio para la ternura, está narrada de manera sencilla, lo cual facilita su lectura.

El esfuerzo de publicar en este país siempre es loable. Y tengo la impresión de que si Pablo Santana lee mucho y escribe todos los días, mejorará inevitablemente y llegará a escribir algo superior con el tiempo.

Felicitaciones para este Sensuntepecano que está tratando de dejar una huella cultural en su ciudad natal y en nuestro país.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

LEYENDAS desde Ciudad Victoria

Una amiga publicó en febrero de 2008 el libro “El sueño del ayer”, que contiene catorce leyendas, historias que se han trasmitido de boca en boca y de generación en generación y que tienen en dejo de misterio entre lo real y lo irreal.

Mi amiga ha escrito las leyendas de una manera sencilla y breve. Y el esfuerzo, sea grande o pequeño, debe reconocerse. Y más cuando esa energía se ha empleado para enaltecer nuestras raíces culturales.


Mi amiga trabaja como profesora en el cantón Rojitas, del municipio de Victoria, Cabañas. Comprenderán por lo tanto que por la distancia que ella no tiene las comodidades de la ciudad; pero sí las ventajas de vivir en una comunidad que lleva muy interiorizada estas leyendas. Poner esas historias en papel es un mérito.

Mi amiga se llama Rosa Edelmira Morales Escobar, tiene 30 años de edad y está en la flor de la vida. Espero que continúe sus estudios autodidactas para que se cultive como escritora y pueda mejorar cada día más.


Felicitaciones, Rosi.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

Dibujo tomado del libro “El sueño del ayer”.

LIBRO DE LILLIAN

*

Dicen que el trato diario con las abuelas es lo más dulce que nos puede ocurrir. Cuando yo nací mis dos abuelas ya habían muerto, así que yo nunca tuve -ni tendré- esa maravillosa experiencia.

A mis abuelos sí los conocí. Mi abuelo materno, Gregorio, era músico de corazón, pero trabajaba en la agricultura. Tocaba y fabricaba sus propios instrumentos como guitarras, violines y mandolinas, y le encantaba la vida bohemia y el desvelo. Tuvo muchas aventuras de faldas y de otras especies. Una vez casi lo mata un toro y su yegua favorita inesperadamente lo salvó. Varias veces mi pícaro ascendiente escapó de ser alcanzado por las balas de uno que otro marido celoso. Se saltó varios muros y caminó sobre los techos de las casas vecinas. Estuvo cerca de ser asesinado por las fuerzas militares del General Martínez en 1932, pero un empleado de la alcaldía que lo quería mucho les dijo a los soldados que mi abuelo “no era comunista”. Había heredado de su padre varias fincas y terrenos, los cuales fue perdiendo uno por uno, poco a poco. Me gustaba escucharlo y verlo tocar. Su instrumento favorito era la mandolina. También me gustaba oírle contar sus anécdotas, aunque en su vejez repetía un par de ellas con insistencia. En los últimos años de su vida tuvo un evento cerebro vascular que le inmovilizó todo el hemicuerpo derecho y que le trastornó el habla; pero no se dio por vencido: aprendió a escribir con su mano izquierda, cultivó con esfuerzo nuevamente su lenguaje y rasgueaba como podía, en la vieja guitarra, valses y boleros de principios de siglo. Por las noches, en un “cuadernito de escuela”, inventaba y escribía pequeñas historias o canciones que parecían retratos descoloridos, en sepia, de un El Salvador remoto.

Mi abuelo paterno, Ángel, por el contrario, nació en la más cruel pobreza y quedó huérfano de padre y madre a los 7 años de edad. Viajó entonces a pie siguiendo una caravana que emigraba de Atiquizaya, departamento de Ahuachapán, hacia Guatemala. Caminó muchos días y descansaba bajo los árboles. Apenas sí comía. Al mediodía de uno de tantos días, llegó a un pequeño pueblo chapín. Mi abuelo se sentó a descansar a la orilla de un zaguán y vio que adentro había una sastrería. Mi abuelo, siendo un pequeño niño, se quedó mirando hacia adentro y ya no se movió de allí. Cuando eran como las seis de la tarde el dueño de la sastrería empezó a cerrar las puertas, vio al pequeño sentado con la cara sucia e inocente y le dijo:
-Niño, andate para tu casa, te van a regañar tus padres.
Y el niño, con la mirada totalmente sincera y con la voz firme le contestó:
-Yo no tengo casa ni “papás”.
-¿Y de dónde venís, pues?
-De Atiquizaya.
-Mirá, mujer -le dijo el viejo sastre a su esposa- este pobre patojo no tiene donde dormir. Dale un poco de comida.

Allí vivió mi abuelo hasta la adolescencia; sin embargo regresó a Atiquizaya sin más posesiones que un par de tijeras en las manos que el viejo sastre, un poco antes de morir, le había regalado. Pero traía además una experiencia grande a su corta edad, ganada a fuerza de golpes y de prisa; parecía que su lema favorito era resistir. La tragedia de muerte, repetida una y otra vez, y la espinosa quemadura de la pobreza y la orfandad, le habían revelado, felizmente, que él era un muchacho valiente, un hombre valiente, un sobreviviente tenaz; por eso en su mirada había un filo de audacia y de firmeza; sus movimientos eran varoniles y seguros; y había en su corazón, trotando, un caballo de larga crin y de gigantesca estatura. Trabajó duro y ahorró mucho. Primero laboró como sastre y luego como comerciante. Con el tiempo llegó a vivir de una forma desahogada, económicamente hablando. Al punto que consiguió tener varias casas y un almacén bastante fuerte. Era un hombre muy disciplinado. Me acuerdo que le gustaba leer.

De mis dos abuelos aprendí. Eran tan diferentes en su manera de ser; pero tan parecidos en su honradez y en su pasión. A los dos les di mi cariño y mi respeto.

Sin embargo, el objetivo real de escribir hoy es para referirme al “Libro de Lillian”. Pido disculpas por la enorme digresión inicial; pero tenía cierta finalidad y era la de que comprendieran cómo llegué a conocer y a amar a mis abuelos. Y al leer el “Libro de Lillian”, del respetado y fecundo escritor y poeta David Escobar Galindo, pude sentir emociones familiares que tocaron lo más hondo de mi corazón y que me alborotaron los recuerdos.

El poemario fue publicado por primera vez en 1976, después en 1983, en 1988, en 1989 y luego fue incluido y publicado en la antología poética personal “El guerrero descalzo”, en 1990.

David Escobar Galindo, quien nació en Santa Ana, El Salvador, en 1943, alguna vez escribió: “…mi abuela murió un 22 de junio… y con su recuerdo vivo escribí un pequeño libro: el Libro de Lillian…”.

El “Libro de Lillian” es un poemario exquisito escrito en 1975 y que Escobar Galindo dedicó a su abuela materna, Doña Lillian –Lillie Emma Elizabeth Pohl Müller de Galindo-, una joven estadounidense de origen alemán que, por circunstancias de la vida, llegó a nuestro país y en el cual se quedó a vivir hasta el día de su muerte. La belleza de este libro es innegable. Creo que sólo con la sinceridad del amor verdadero (y con el talento, que únicamente tienen unos pocos) se puede escribir algo así.

**

He aquí unos fragmentos (1):
I
El azahar del aire revive tu palabra.
La canela del pan desata tu recuerdo.
El ojo de la lluvia multiplica tus ojos.
La luz de la cocina se cobija en tus manos.
La noche soledosa respira por tus libros.
La edad de la jalea pronuncia tu alegría.
El color de la tierra testifica tus pasos.
El sabor de la leche restaura tus mejillas.
El azúcar más clara ilumina tu frente.
Las fieles cabañuelas derraman tu enseñanza.

¡Oh dadora inefable,
fuerte mujer de harina,
pan prometido siempre
con promesa cumplida!

El destello del agua proclama tu limpieza.
La transparente nube reúne tu paisaje.
Tu corazón se llena de rocío remoto.
Los caminos recogen tus canciones antiguas.
Respeta el sol tu fresca Biblia de cuero viejo.
El espejo conserva la bondad de tu mano.
Las sillas te revelan por instinto de bosque.
Los árboles animan tu pulso para siempre.
En suave niebla nórdica tus brazos te dibujan.
Se dibujan tus brazos en lábaros del trópico.
La pasión del jardín te rodea y te alaba.

Anda el ángel buscándote con lumbre memoriosa,
pero tú no abandonas el sol de tu cariño,
la estancia donde reina el azahar del aire,
donde suena tu voz y encuentra corazones.

¡Oh dadora inefable,
fuerte mujer de harina,
pan prometido siempre
con promesa cumplida!

III
Lillian y Claudia fueron las amigas del viento,
el que ondula sin fin la flor de los cañales,
allá en los frescos días de Armenia provinciana,
cuando el siglo estrenaba sus primeros manteles,
por las suaves alturas del año dieciséis,
literalmente humanas las doncellas de nácar,
los ojos donde el ansia prende sus mariposas,
las canciones ingenuas del idioma extranjero,
la norteña llamada de los mares brumosos.

Así leyeron juntas a poetas y sabios,
mientras el agua verde doblaba los guarumos
y manchas de pericos sacudían la ausencia;
con las aguas del pozo se lavaban los rostros,
y en esa agua algún duende puso la flor sagrada,
la videncia y la voz del futuro naciente.

…hoy, Lillie y Claudia mías, abuelas insondables,
espíritus de grácil densidad fervorosa,
amigas en el eco de la edad repetida,
manantiales que se unen en la justa palabra,
a ustedes dos destino la vigilia del tiempo,
la pureza del humo que del norte florece
para coronación de ecuestres litorales.
Les canto como a diosas de un océano propio,
como a reveladoras de un culto sin reservas,
paralelas memorias que anuncian el misterio
de ser y trascender por incógnita sangre.

Yo las saludo en medio de sus luces pulsadas,
entro en sus corazones como en casa de arcángel.

El poeta abre su corazón y nos muestra su añoranza y su admiración hacia su abuela, y además hacia esa amiga especial a quien considera también su abuela.

Claudia Lars también escribió a cerca de Lillian (2):

Claudia Lars ***

“Por entonces vivía con nosotros una señorita norteamericana, llamada Lilian (3). Llegó en barco, desde un remoto puerto norteño, a hacerse cargo de la valiosa plantación de caña de azúcar que le dejó como herencia un pariente cercano, que en nuestro país hizo fortuna.

“Era una joven delgada y pensativa, con tranquilos ojos claros y pelo color de paja. Para su edad había leído mucho, y estaba decidida a no quedarse al margen de los acontecimientos del mundo porque el destino la condenaba a permanecer –no sabía por cuanto tiempo- en un pueblecito (4) del istmo centroamericano. Como resultaba peligroso que una muchacha tan agraciada viviera sola en la plantación, se le invitó a ocupar un cuarto de nuestra casa, siquiera para mientras podía establecerse en otro lugar del país, o vender la propiedad y regresar a su patria.

“Debo a la joven extranjera el conocimiento de muchos libros de la literatura inglesa, y le agradezco todavía su inteligente compañerismo, que estimuló mis primeros intentos de escritora y que me abrió luminosos caminos hacia el porvenir. Por eso me es grato recordarla en este libro.

“Mi dormitorio –vecino al de ella- se fue llenando de revistas ilustradas y de periódicos de Nueva York y San Francisco, y la gran república del norte –cuna de Lincoln y del libérrimo Walt Whitman- se me volvió más familiar y próxima. Un vivo deseo de conocer parte de su grandeza empezó a crecer en mi corazón.

“La pobre Lilian debe haberse sentido en medio de nosotros como canario entre tordos, pero era tan conforme y modesta que disimulaba incomodidades, descuidos, y hasta impertinencias. Su Biblia forrada en cuero –que constituía el asiento de su fe y de su valor- pasó a mi escritorio en varias ocasiones, y aunque este libro sapientísimo me había iluminado muchas veces anteriormente, ahora tomaba ante mis ojos un nuevo sentido y se me iba transformando en algo esencial.

“Todavía recuerdo aquel dulce canto que Lilian me enseñó una noche, entregándome cada palabra de él con sumo cuidado, a fin de que yo aprendiera a pronunciarlas perfectamente:

In the shade o fan old apple tree…
“Y también repito en la memoria el otro que cantábamos las dos, con voces armonizadas, a la orilla de los cañaverales que se balanceaban en la brisa de la tarde:
Old man river…
“¡Cómo gozaba yo al lado de aquella chelita seria, que hablaba el español casi también como nuestra gente, y que me contaba tantas cosas interesantes!… Bendigo a la vida porque en una edad como la que yo tenía entonces –“edad ingrata” en la que ya somos mujeres sin dejar de ser niñas, y en la que ocultos cambios del alma y del cuerpo nos turban, nos confunden y nos inquietan, preparándonos para el triunfo o la derrota en el futuro- yo tuve dos amigas finas y puras: la rubia Lilian en mi pueblo, y la morena Luz Aragón en el convento. A ellas he regresado a menudo en viajes de evocación, complaciéndome ante su gracia juvenil y la limpieza de su mente.

“Cuando llegué esta vez a mi casa no encontré en ella a Lilian. Estaba en San Salvador, arreglando un asunto que siempre tiene importancia para cualquier mujer: iba a contraer matrimonio… No puedo negar que la noticia de su viaje a la capital me causó más dolor que regocijo, pues en un pueblo como el mío la pérdida de una compañera tan dulce era casi una tragedia. Sin embargo, pronto comprendí que ella tenía derecho a escapar del fastidio de su aislamiento, y deseé que la vida le regalara los siete secretos de la buena suerte.”

****

Con ese mismo cariño franco con que escribió Claudia Lars, así mismo escribe David Escobar Galindo en su poemario “Libro de Lillian”. Otros versos incluidos aquí es este bien logrado soneto (5):
XI
El aire en paz y el campo son morada
menor para tus ojos y tus manos,
hermana de los árboles lejanos
y madre de la suave madrugada.

Ahí brilla tu sombra, despertada
para los altos días soberanos,
y aquí en nuestros apegos más humanos
también está tu luz acompañada.

Qué fiel fuiste en nosotros, oh doncella,
oh amada, oh fuerte, oh lúcida, oh presente,
más viva que el color de lo vivido.

Por eso en tu primer pulsar de estrella
nos besas el quebranto de la frente
con beso que es lo eterno florecido.

Y el poema de cierre (6) del libro es breve, pero de una gran sinceridad:
XVI
Bendita seas, Lillie, por el justo pasado.
Y aun por el presente.
Y aun por el futuro.
Porque tu ser de toda la confianza colmado
es intacta vertiente
vencedora del muro.

¡Con instinto ferviente
lo creo y lo aseguro!

Considero que la veneración hacia nuestros mayores es un valor que la sociedad salvadoreña debería cultivar más, porque exaltar nuestro amor hacia nuestros ancestros estoy seguro que nos volverá más compasivos y más humanos.

Este día recomiendo leer el poemario “Libro de Lillian” de David Escobar Galindo, porque nació del dolor que causó al poeta la pérdida de un ser muy querido y esa pena él la convirtió en un río en el que fluyen espejos y retratos mágicos de su querida abuela Lillian. Y porque es grande la belleza y la honestidad con que está escrito.

Recomiendo leer el “Libro de Lillian” porque es un libro conmovedor.

Texto:
Óscar Perdomo León
(1) David Escobar Galindo, “El guerrero descalzo”, colección Gavidia, volumen 36, UCA Editores, 1990, p. de la 138 a la 142.
(2) Claudia Lars, “Tierra de infancia”, colección Gavidia, volumen 25, UCA Editores, 2005, p. de la 203 a la 205.
(3) En “Tierra de infancia” Claudia escribe Lilian, sin doble ele.
(4) En pueblecito del que habla Claudia es Armenia, departamento de Sonsonate.
(5) David Escobar Galindo, “El guerrero descalzo”, colección Gavidia, volumen 36, UCA Editores, 1990, p. 151.
(6) David Escobar Galindo, “El guerrero descalzo”, colección Gavidia, volumen 36, UCA Editores, 1990, p. 154.
Fotografías: * y ** tomadas por Óscar Perdomo León.
Fotografía de Claudia Lars: *** extraída de la página del Museo de la Imagen y la Palabra, MUPI.
Dibujo de David Escobar Galido: **** extraído de La Prensa Gráfica.

Blog que co-escribo con mi esposa, LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR:

http://laesquinaderikayoscar.blogspot.com/