MARÍA DOLORES. 1811 (Capítulo V)

Mestiza 1

La pequeña María Dolores era una niña muy inquieta, inteligente, ojos de color miel, cejas bien definidas y sonrisa brillante; el mestizaje había hecho bien su trabajo en ella. Se crió en un ambiente totalmente distinto al de sus ancestros. Vivió en una mansión llena de habitaciones y empleados. La educación que recibió desde pequeña fue muy buena; tuvo profesores de alta calidad, algunos habían venido desde España para enseñarle historia, letras y etiqueta.

Sus hermanos mayores la querían mucho y tenían siempre especial atención hacia ella.

A la edad de 22 años, en el año de 1800, contrajo matrimonio con Gilberto Morales, un acaudalado hombre originario de Sensuntepeque, población que pertenecía al distrito de Titihuapa, por lo que ella se mudó hacia esas tierras, en donde su esposo tenía una gran hacienda. Gilberto Morales se dedicaba en grande al cultivo del añil y sus ganancias eran bastante considerables.

Durante muchos años la pareja estuvo buscando un embarazo que nunca llegaba; María Dolores pensaba –porque la fe y la fama trascienden al tiempo- que si su madre, María Xicotencatl, “la bruja”, estuviera viva, le habría dado alguna pócima medicinal que la habría ayudado a quedar embarazada rápidamente. Sin embargo sólo le quedaba resignarse y de vez en cuando, en silencio, realizar ayunos severos ofrecidos a Santa Bárbara, para recibir el amparo y la fortaleza necesaria para aceptar que jamás sería madre.

El esposo de María Dolores era paciente; pero también deseaba mucho tener un heredero; con los años, trató de embarazar a otras mujeres y tuvo éxito al tener varios vástagos ilegítimos con un par de mozuelas foráneas que vivían en las cercanías de la hacienda Niqueresque, en La Puebla (hoy conocida como Ciudad Dolores); sin embargo, todos los hijos que tuvo fueron niñas.

En esos días toda la zona centroamericana estaba sometida a la España imperialista; pero los grandes hacendados y los terratenientes criollos ya no soportaban más seguir pagando los impuestos a la Corona Española. Buscaban la independencia, pero la desorganización era grande, hasta que el 24 de enero de 1811, muy lejos de donde vivía María Dolores, en el pueblo de Mexicanos, los curas Nicolás y Vicente Aguilar, junto al general Manuel José Arce y otros patriotas, se reunieron para planear la insurrección independentista. Todos éstos eran dueños de grandes haciendas.

Las noticias viajan rápido y los rumores de este movimiento de liberación llegaron a oídos de María Dolores, quien se identificó de inmediato con la causa, debido a que ella en su corazón deseaba la libertad de todos los esclavos e indígenas que estaban sometidos a un trato infrahumano, porque ella no olvidaba que los orígenes de su sangre provenían de una civilización ancestral esplendorosa, una raza muy sabia que había llegado a desarrollar la ciencia en forma muy avanzada, un pueblo indígena que había sufrido muchos atropellos y que merecía un mejor destino. Además, era esposa de un hacendado del añil, que era de los que saldrían más beneficiados en caso de un triunfo independentista.

María Dolores mostró su apoyo y amistad a María Feliciana de los Ángeles y Manuela Miranda, bravías y valientes mujeres sensuntepecanas que junto con algunos hombres, de forma clandestina, también daban su respaldo a la causa.

Ese año de 1811 fue muy agitado y de numerosas revueltas libertarias, como las ocurridas en Santiago Nonualco, Usulután, Chalatenango, Tejutla, Santa Ana y San Salvador.

Cuando María Dolores cumplió 33 años de edad, en 1811, quedó, milagrosamente, por fin embarazada. Con los meses María Dolores se palpaba el abdomen ya hinchado, lleno de una nueva vida y pensaba que su hijo iba nacer en una nueva era, por eso convenció a su esposo Gilberto de que a partir del sexto mes de gestación se instalaran en la quinta que poseían en el poblado de Sensuntepeque, previendo el momento del nacimiento y para facilitar la llegada pronta de la partera, ya que la hacienda quedaba en un lugar en las afueras de Sensuntepeque y de muy difícil acceso por el cordón de cerros y montañas que han caracterizado desde siempre a esa zona.

El 20 de diciembre de 1811, en el lugar conocido como la Piedra Bruja en Villa Victoria, se reunieron personas procedentes de San Lorenzo, La Bermuda, El Volcán y San Matías, para levantarse en armas, dirigidas por los comisarios Juan Morales, Antonio Reyes, Isidoro Cibrián, y las señoras María Feliciana de los Ángeles y Manuela Miranda.

En las primeras horas del amanecer, penetraron clandestinamente a Sensuntepeque, unos montados en sus caballos y otros a pie, y, con mucha habilidad castrense, se tomaron el cuartel militar, sacando en desbandada al subdelegado español José María Muñoz.

Sin embargo, muy pronto los refuerzos militares llegaron para repeler a los insurgentes. Las fuerzas libertarias no contaban con demasiada gente y habían pensado que el pueblo sensuntepecano se les uniría para combatir a los extranjeros españoles que tantos años y años habían tenido subyugado al pueblo centroamericano. Pero los pobladores de Sensuntepeque y de Guacotecti no les dieron respaldo a los insurrectos que buscaban la tan ansiada independencia de España.

La quinta de Gilberto Morales y de María Dolores, simpatizantes del movimiento de independencia, fue atacada por las fuerzas militares fieles a la Corona Española. Gilberto le ordenó a Fabián, uno de sus empleados de confianza, que se llevara a María Dolores a un lugar seguro. Numeroso armamento continuaba disparando nutrida pólvora hacia la quinta.  Gilberto, arma en mano, continuó resistiendo.

María Dolores y Fabián salieron rápida y sigilosamente por una puerta secreta que comunicaba con una calle perpendicular a la entrada principal. Ambos, parapetados por la escasa luz de los tenues rayos solares y por los altos árboles de mangos, naranjos y ceibas de los alrededores de la quinta, lograron escapar, huyendo rumbo al nororiente por una vereda que conducía a un monte escondido, buscando hacia el Cerro Grande. Pero en el camino un disparo, que parecía una bala perdida o el certero proyectil de un franco tirador, hirió fatídicamente en la cabeza a Fabián, quien cayó al suelo de golpe y convulsionó brevemente, con los ojos puestos hacia el cenit y con la boca emanando saliva en forma de espuma. En cortos segundos dejó de respirar. María Dolores trató de auxiliarlo, pero comprendió que todo era inútil. El pecho de María Dolores estaba agitado y casi podía oír sus propios latidos cardíacos.

Sintiendo en sus talones los cascos cercanos de la caballería española, María Dolores corrió como pudo, aún en su estado de avanzada preñez, alcanzando a llegar al Cerro Grande, pero estando allí tropezó accidentalmente con una gran raíz saliente de un enorme y viejo árbol de amate, cayendo al suelo y causándose un fuerte golpe en el abdomen. Inmediatamente inició dolores de parto. María Dolores alcanzaba a escuchar la pólvora de armas de guerra que reventaba a lo lejos.

De pronto sintió que algo húmedo escurría a través sus genitales y se tocó con la mano derecha, la cual quedó manchada de sangre oscura. Los dolores que anuncian la venida del nuevo ser fueron en aumento, así como también su angustia. Igualmente la inquietaba la incertidumbre de no saber dónde estaba su esposo ni qué le había pasado. El sangramiento se incrementaba a cada momento, sintió frío y empezó a ver oscuro. Entre lágrimas, dolor y temor se preguntó sí acaso moriría igual que su madre. En un par de minutos perdió el conocimiento.

En Sensuntepeque las fuerzas rebeldes fueron aplastadas. Pero el fracaso del movimiento sensuntepecano no impediría el avance de las fuerzas libertadoras por toda el área centroamericana. Las gestas independentistas se sucedían una a otra en todo el istmo centroamericano, a partir del fuego germinal que había sido encendido en el departamento de San Salvador.

Al siguiente día, al amanecer, María Dolores abrió los ojos. Sintió un alivio de sus pesares.  Instintivamente se palpó el abdomen y estaba casi plano. Entonces se asustó. Se levantó haciendo un gran esfuerzo y un poco mareada, miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en un rancho rural deshabitado. Lentamente salió de éste y observó que frente a ella, dándole la espalda, estaba una criatura alada  -de gran estatura, con fuertes y definidos músculos-  que ella no había visto nunca, pero ni en sueños. Se quedó paralizada de la impresión, helada de temor.

El ser alado se volvió hacia ella y en sus brazos, cargándolo con ternura, tenía un bebé que dormía mansamente.

-Es tu hijo –le dijo.

-¿Mi hijo? ¿Y usted quién es?

-Quien soy, no importa. Pero si querés nombrarme de alguna forma me podés llamar Kérridat. Lo único que en verdad interesa y que debés saber es que conocí a tu madre y por ella estoy acá. Yo asistí tu parto, María Dolores, mientras estabas inconciente.

Luego se acercó a ella y le entregó el bebé.

María Dolores estaba intrigada y sorprendida mirando a Kérridat. Luego lloró de la emoción y de la gran felicidad de ver a su hijo. Apretando el bebé contra su pecho y pensando en voz alta entre sollozos dijo:

-Tu nombre será Gilberto, como tu padre. Mario Gilberto.

Y luego agregó:

-¡Ojalá estuviera aquí mi esposo para verlo!

Kérridat guardó silencio y la miró con ojos compasivos. Luego se alejó rápidamente y se elevó hacia los cielos.

***

María Dolores estuvo dos meses en ese lugar. Sobrevivió sin ayuda de nadie. Cuando emprendió el regreso a pie hacia su casa, por el camino se encontró a algunos indígenas que la conocían y quienes la creían muerta. María Dolores se puso tan contenta de verlos que unas lágrimas de alegría le rodaron en el rostro.

Al preguntar por Gilberto ellos le hicieron saber sobre el fallecimiento de su esposo, en plena batalla, defendiendo los ideales de libertad.

A María Dolores se le confundieron las lágrimas de alegría con las de dolor.

Al llegar a su hogar en ruinas, debido a que había sido incendiado el día del alzamiento por las fuerzas de la Corona Española, fue recibida por los fieles trabajadores que aún estaban ahí. Fue así como se enteró del cruel destino de María Feliciana y Manuela Miranda, quienes fueron atrapadas y condenadas a 25 azotes y luego trasladadas a la casa del cura de San Vicente, Manuel Antonio Molina, para guardar prisión y que le sirvieran durante toda la condena. Algunos de los hombres que participaron en el movimiento fueron capturados días después y se les envió a prisión al Castillo de Omoa, en Honduras y nunca más se supo de ellos. María Dolores decidió vender lo poco que le quedaba y con el pequeño Mario Gilberto en brazos decidió radicarse en la lejana ciudad de La Unión.

Escrito por:

Érika Valencia-Perdomo

y Óscar Perdomo León

Fotografía de Hugo «Turix» Borges.

RICARDO LINDO EN LA VOZ DE LEO ARGÜELLO

Tengo bien metido en la cabeza que la literatura se ha hecho para ser leída en solitario y, sin embargo, cuando alguien tiene la habilidad de leer en público y cautivar con su buena dicción y un tono de voz agradable, me doy cuenta que en esto del arte de las letras no hay reglas rígidas.

Eso me pasó al escuchar leer a Leo Argüello «La ciudad y un fósforo», un cuento muy poético escrito por el salvadoreño Ricardo Lindo, extraído de su primer libro (1968) XXX (Equis, equis, equis).

LA CIUDAD Y UN FÓSFORO

Pueden escuchar, también de Ricardo Lindo, «Por aquí pasan las estrofas del aire», siguiendo este enlace: https://soundcloud.com/leo-arg-ello-1/por-aqu-pasan-las-estofas-del

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

Artículo relacionado: RICARDO LINDO: “VARIAS VECES MORIMOS EN LA VIDA”. | LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR

UNO. LA HISTORIA DE UN GOL. Una película de Gerardo Muyshondt y Carlos Moreno

Selección salvadoreña de 1982.

Los documentales sobre algún evento histórico importante tratan de presentarnos la realidad de la manera más cercana a la verdad, aunque siempre con cierta inclinación hacia el punto de vista del realizador; sin embargo, cuando esa realidad es contada por los protagonistas mismos de ese evento histórico, entonces nos vamos acercando cada vez más a la verdad de lo ocurrido.

«Uno. La historia de un gol», un documental dirigido por Gerardo Muyshondt y Carlos Moreno, toma uno de los temas que más apasionan a las multitudes, el fútbol, y lo enfoca en la Selección Mundialista Salvadoreña de 1982, la que tanta alegría y tanta decepción causó al mismo tiempo a El Salvador. La alegría de eliminar a México y clasificar para ir a España ´82 y la decepción de alcanzar un deshonroso record mundial que hasta hoy es recordado.

Las condiciones sociales y la guerra civil fueron dos elementos que influyeron sin duda en la selección de fútbol de aquellos días. El país estaba radicalmente dividido y sin embargo la Selecta de aquellos días fue un punto de unión y convergencia entre los salvadoreños. En palabras del periodista deportivo Sergio Gallardo: «…bombas por todos lados, se caían postes, cortes de energía, atentados, bombas propagandísticas también, en cualquier lugar, menos en donde jugó la Selección.»

Las balas paraban en cada partido. Eran treguas militares no pactadas previamente. El fútbol tenía la magia de hacer de El Salvador una nación de hermanos.

Hay que hacer ver que era una selección que contaba con algunos de los mejores jugadores que ha tenido El Salvador, como el mundialmente conocido Jorge «El Mágico» González.

Para los que éramos unos jóvenes melenudos en aquellos días es grato escuchar hablar en esta película a los grandes de aquellos días, empezando con sus directores técnicos Mauricio «El Pipo» Rodríguez y Salvador «Chamba» Mariona, así como a los jugadores Jaime «La Chelona» Rodríguez, Norberto «El Pajarito» Huezo, Ever Hernández, Ramón Fagoaga, Mario «La Macora» Castillo, José María «El Mandingo» Rivas, Carlos Humberto «IMACASA» Recinos, Francisco «Paco» Jovel, Francisco «Pancho» Osorto, Baltazar Ramírez «El Pelé» Zapata, José Luis «El Chelis» Rugamas, Mauricio «El Tuco» Alfaro, Guillermo «Lorenzana» Ragazzone, Joaquín «La Muerte» Ventura, entre otros.

Jorge  «El Mágico» González y Diego Armando Maradona, muchos años después de enfrentarse en el Mundial de España ´82.

El Salvador fue el primer país de Centroamérica en ir por primera vez en dos ocasiones a un Mundial, en llevar el portero más joven (17 años) a un mundial, en meter el primero y único gol en un Mundial que haya hecho Centroamérica y, por desgracia, en recibir la mayor goleada que se haya impartido en un Mundial. Sin embargo, La Selecta salvadoreña de aquellos días se enfrentaba a condiciones muy adversas, como por ejemplo, se le debían más de seis meses de sueldo a los jugadores. Además, el dinero que envió el comité organizador de la Copa Mundial para asegurar que la selección salvadoreña viajaría a España «se perdió», razón por la cual los mismos jugadores tuvieron que hacer una colecta a nivel nacional para conseguir el dinero de los pasajes de avión. Y para colmo, al llegar a España, la Selecta no tenía balones para entrenar y sólo llevaba un uniforme para jugar todos los juegos, porque esos implementos básicos también «se habían perdido».

¿Cómo ocurrieron los hechos? ¿Qué fue de la pelota cuadrada de la que hablaba el jugador mexicano Hugo Sánchez o qué fue de los 11 goles que dijo Maradona que le iban a propinar a El Salvador? ¿Qué comentarios tienen al respecto el arquero de la selección salvadoreña de 1970 Raúl «Araña» Magaña, el Dr. Juan Calix, médico de la selección del ´82 y el ex entrenador de la selección de Honduras Ramón Enrique «El Primitivo» Maradiaga? ¿Qué comentarios tiene al respecto el director técnico de la selección del ´70 Hernán Carrasco Vivanco? ¿Qué tienen que decir los jugadores, los verdaderos protagonistas de aquel evento histórico después de 30 años? ¿Realmente eran unos jugadores tan malos como para sufrir esa humillación de perder 10 goles a 1 contra Hungría? ¿Fue toda la culpa del portero Luis Ricardo Guevara Mora? ¿Por qué la Selecta salvadoreña jugó mucho mejor contra Argentina, quien era el campeón del mundo? Estas y otras muchas dudas se esclarecen en este largometraje.

El tema es todavía muy controversial en las conversaciones y en el imaginario colectivo salvadoreño. Y estoy seguro que los salvadoreños que vean este documental sentirán que les toca las fibras más sentidas del corazón.

Los dejo con el avance de la película.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías tomadas de Google.
Publicado originalmente en LA CINERATA.

LAS MASACRES DE EL MOZOTE. Un cortometraje de Bernat Camps Parera, Daniel Valencia y Marcela Zamora Chamorro

Después de una espantosa tragedia, a muchas personas se les amarga el corazón. Pero este no es el caso de Antonio Pereira, sobreviviente de la mayor masacre perpetuada en Latinoamérica, conocida como Las Masacres del Mozote, porque ocurrió en la zona del cantón El Mozote, perteneciente al departamento de Morazán, El Salvador. Sin olvidar su dolor, sin perder consciencia de su desdicha, Antonio aún sonríe. Algo esperanzador, en verdad.

La guerra civil salvadoreña dejó una estela de terror, escrita con sangre de gente inocente, especialmente de civiles (entre ellos mujeres, niños y ancianos) pertenecientes a la franja rural del país. Esta masacre fue ejecutada por el Batallón Atlacatl de la Fuerza Armada salvadoreña los días 10, 11 y 12 de diciembre de 1981.

(La pérdida de valores y la descomposición social que enfrenta en el presente El Salvador tiene algo de su origen en la crueldad del conflicto armado, y en otros muchos factores, por supuesto.)

En sólo aproximadamente 20 minutos este corto les muestra un panorama sombrío que se trató de ocultar por muchos años y por cada uno de los gobiernos de turno, a pesar de las notas periodísticas que en enero de 1982 ya habían hecho sobre este caso Raymond Bonner del New York Times y la mexicana Alma Guillermo Prieto, cuyo artículo apareció en el Washington Post. Sin embargo, en 1992, con la acertada intervención y las excavaciones del Equipo Argentino de Antropología Forense, ya no hubo duda del terrible acontecimiento.

Seleccionado como uno de los documentales que irá a exhibición y a representar a El Salvador en el Ícaro centroamericano, este cortomeraje realizado por Bernat Camps Parera, Daniel Valencia y Marcela Zamora Chamorro, recoge los testimonios de algunos de los sobrevivientes de esos crímenes de lesa humanidad.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías extraídas de Google.

SOLEDAD. Un cortometraje de Érika y Óscar

Realizar SOLEDAD ha sido una aventura muy bonita para Érika y para mí. La idea original la concebimos hace aproximadamente unos once meses, a partir de un pequeño escrito que publiqué en mi blog personal, y hace ocho meses empezamos a trabajar en el guión. Si la idea original fue: “me estoy haciendo viejo”, pues la verdad esa idea inicial, aunque se conservó, se modificó en cierta manera y se le agregaron muchas más ideas.

Lo interesante de este proyecto para nosotros son tres cosas principalmente:

1- Las actuaciones de Stefany Escobar (en el papel de Soledad), Ricardo Flores y Mariana Guardado Valencia, nos han dejado un gusto muy gratificante en nuestros corazones.

2-La experiencia de realizar un corto de ficción, en cierta manera experimental, nos ha dado una felicidad que no esperábamos; la verdad nos sentimos muy contentos con el resultado final.

3- Y finalmente, el estímulo de la creatividad; todo: el guión, los escenarios, los actores, la música, el vestuario, etc., se fue enriqueciendo día con día. Las precariedad económica con que se hizo nos obligó a sacar provecho de las cosas que son gratis en la vida, como el viento y el sol…

Soledad es un monólogo casi existencialista, cuyo final se narra únicamente con imágenes y música.

Sin más palabras, pues, he aquí el cortometraje SOLEDAD:

Texto:

Óscar Perdomo León

ANEXO. Me he alegrado mucho al leer las reacciones que ha generado nuestro cortometraje. Mil gracias a las personas que se han tomado el tiempo de ver el corto Soledad y de reflexionar sobre él. Mil gracias a todos los que nos han felicitado. También acepto cualquier crítica constructiva. Además, es lógico esperar que no a todo el mundo le guste el corto. 
He aquí algunos de los comentarios sobre el cortometraje Soledad. Se los dejo casi textualmente como los escribieron.
Pabela Lake: “Oscar… han demostrado que el cine es también poesía, desde el texto hasta las imágenes, me han llegado muchísimo!!  Un aplauso para Oscar y Érika y por muchos más cortos tan gratificantes como este. Enhorabuena!”
Milton Moreira: «vi su corto metraje. creo que hay que seguir buscando un estilo propio, en el entorno y con los recursos disponibles. Buen esfuerzo.»
Odaliz Navarrete: “Felicitaciones Excelente Trabajo”.
Antonio Turcios: “No habia podido ver el corto hasta hoy. Me gusto mucho la fotografia, las escenas, muchas de ellas son como poesia visual y de plano muestran la riqueza de colores y vida en nuestro paisito. Las lineas o script fue muy bueno, la narracion en buen matrimonio con las escenas, la musica de plano fue espectacular y las actuaciones, sobre todo de Soledad. Lo unico que si no estuve tan cierto fue del final, pero de plano…fantastico trabajo. No es facil hacer un filme, es facil decir es bueno o no, pero parir uno, hacerlo de la nada….trabajo duro y muy bien hecho.”
Carolina Valencia Uribe: «Me parece conmovedor, intelectual y profundo.Lleno de todas las riquezas y del colorido de nuestros pueblos en El Salvador.Como siempre mi admiración y respeto por todo lo que hacen, queridos Erika y Oscar. Muy lindo corto, me gustó y me sentí conmovida…»
Laura Bodin: «Gracias, Oscar y Erika, por haber realizado esta obra de tan iluminada inspiración creativa. Estoy tan orgullosa de ustedes! Cuando me sienta sola en estas tierras lejanas, aqui encontrare, en este poema visual, intitulado «Soledad», alivio y sustento para seguir, día tras día, implacablemente hasta el final.»
Nota: Este cortometraje fue publicado originalmente  en LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR y en LA CINERATA.

EL MARAVILLOSO MUNDO DEL ROSALES. Exposición fotográfica de Mauro Arias.

Pacientes con insuficiencia renal, esperando su turno para someterse a la diálisis peritoneal.

Este fin de semana que pasó fui al Museo Tecleño (Santa Tecla) y me encontré con varias exposiciones interesantes; pero hubo una que me impacto mucho: «El maravilloso mundo del Rosales»,  fotografías tomadas por Mauro Arias.

Lo primero que debo aclarar es que las fotografías que presento aquí son fotos que yo tomé a las fotos de la exposición, he allí la explicación de que su nitidez no sea tan buena y que haya algunos errores de iluminación en ellas.

El Rosales es el principal hospital de El Salvador, por ser uno de los máximos centros en recibir referencias desde todo el país, ya que cuenta con las especialidades de Medicina Interna, Cirugía y muchas de las sub-especialidades que de ellas se derivan.

Mesita  que sirve para poner medicamentos.

Al inicio de la exposición hay una lámina que textualmente dice: «Los número hablan por sí solos: 4,200 cirugías, 5,800 emergencias, y casi 30,000 consultas al año, convierten al hospital Rosales en el más importante de El Salvador. E igual de importantes son las carencias, deficiencias u obstáculos que enfrentan usuarios y personal del centro capitalino.»

Estas imágenes del hospital Rosales no me son del todo extrañas, pues durante mis años de estudiante de Medicina conocí los pasillos principales, los Servicios de Medicina, Cirugía, Ortopedia, Urología, etc. y casi cada rincón de ese nosocomio.

o

Pacientes mientras esperan consulta, descansan sentadas en unas cajas que contienen sueros.

Una colchoneta vieja y rota sirve de almohada para este carrito.

Silla de ruedas «reparada».

¿Tienen ustedes alguna sugerencia para el Ministerio de Salud?

Texto:

Óscar Perdomo León

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