UN AMOR Y EL TERREMOTO DE 1986. Segunda y última parte

SERGIO DUGAN  Exposición pictórica IMG_6421 - copia
“Morena de ojos tan negros
como mi suerte,
mírame aunque con ellos
me des la muerte…”
              Cornelio Reyna.

Regresaron de la playa a Santa Ana al mediodía, sin que sus padres se dieran cuenta. En esa ocasión Alfredo le preguntó por qué le habían puesto de nombre el diminutivo de Elizabeth y ella le contó que sus padres lo habían oído hace años en una gringa que visitó su pueblo.

La alegría de Lizbeth fue tan grande, que esa noche soñó que navegaba en el mar; pero no en el indócil, sino en el sereno, el mar apacible color turquesa. En el sueño ella iba sobre una pequeña lancha sobre unas aguas tranquilas y junto a ella, nadaban y saltaban delfines alegres, que amistosamente parecían sonreírle (como lo había visto en los libros), como queriéndole decir que había encontrado el amor y que el amor es inmenso como el mar y nos puede conducir por lejanos confines, mientras logremos mantenernos a flote. Levantó la vista y vio unas nubes grises acercarse por el oriente y los delfines se alejaron. Por la mañana, cuando despertó, buscó a Alfredo para contarle el sueño.

Alfredo y Lizbeth vivieron muchos momentos de sincera amistad y de intimidad como pareja. Lizbeth, a pesar de provenir de un pequeño pueblo tradicional, era muy abierta de su mente y pronto hizo una excelente mancuerna con Alfredo. No sólo intercambiaban información de tipo intelectual, sino que experimentaban desinhibidamente en el campo sexual.

Jaroslav Monchak, Ucrania, Fotografia

En 1986 ambos estaban estudiando en San Salvador. Lizbeth había alquilado una habitación en  un pupilaje de una señora de lo más amable. Alfredo, por su lado, había alquilado una casa con otros amigos. Algunas veces Lizbeth se quedaba a dormir con Alfredo. Eran noches furtivas, de intensa pasión, tiernas y amorosas. A veces Alfredo le leía cuentos o trozos de novelas; esto a ella le encantaba; Alfredo, que era un excelente articulador de palabras, lograba colocar una atmósfera adecuada en las lecturas. Así que después de hacer el amor, estos jóvenes llenos de energía se abrazaban y él empezaba a leer.

Terremoto de 1986 San Salvador 2

Pero la vida y la muerte, esa pareja tan unida y separada que se miran con recelo la una a la otra, tienen sus días implacables cada una. Y la vida puede darnos muchos días de felicidad; pero la muerte a veces puede ser injusta y prematura: en 1986 San Salvador fue un caos… y Lizbeth falleció inútilmente en el terremoto del 10 de octubre.

Terremoto de 1986 San Salvador 3

Alfredo soñaba y revivía el terrible percance de su muerte. Se veía a sí mismo esperando entre los retorcidos hierros y el cemento despedazado, caminando de un lado a otro, tratando de abrirse paso entre el mal herido edificio. Escuchaba y sentía los golpes bajo tierra que provenían de las personas enterradas vivas por el terremoto. Casi podía escuchar los gritos y lamentos de las víctimas. Veía la horripilante escena de dos cadáveres que «los topos» desenterraron: el de un padre abrazando a su pequeña bebé y cuyas identidades fueron descubiertas debido a un anillo que llevaba el adulto. Veía a los familiares de las víctimas llorando en los alrededores.

En sus pesadillas se veía a sí mismo caminando interminablemente y cargando en sus brazos el cadáver de Lizbeth. Luego aparecía siempre al final una cortina de humo negro y azul, y Lizbeth desaparecía de sus brazos y él la buscaba y la buscaba, pero no podía encontrarla. Este terrible mal sueño fue recurrente durante los primeros meses después de la muerte de ella.

Y Alfredo invariablemente despertaba sudoroso y agitado. Encendía la lámpara de la mesa de noche, miraba la fotografía de siempre y pensaba: “Morena de ojos tan negros…”

Al reverso del retrato Lizbeth había escrito, de su puño y letra: “La felicidad es compartir”.

En la foto, que les había tomado un amable anciano, están Lizbeth y Alfredo a la orilla del mar; ella sostiene con su mano derecha una enorme concha marina y gris que se había hallado; con su mano izquierda lo abraza y su rostro está lleno con una sonrisa de alegría sincera. Él la está abrazando también, mientras le besa la mejilla izquierda. Al fondo puede verse un azul hermoso y un pelícano en pleno vuelo…

Escrito por

Óscar Perdomo León

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UN AMOR Y EL TERREMOTO DE 1986. Primera parte
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CRÉDITOS DE LAS IMÁGENES.
Pintura realizada por  Sergio Dugan (argentino).
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Fotografía de la muchacha tomada por Jaroslav Monchak (Ucrania) y extraída del blog Urielarte
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Fotografías del terremoto de 1986 en San Salvador extraídas de La Prensa Gráfica.
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UN AMOR Y EL TERREMOTO DE 1986. Primera parte.

Terremoto de 1986 San Salvador

Durante su juventud temprana Alfredo llevó una vida acelerada en cuanto a la música y a los desvelos. Tenía una aventura amorosa por aquí y por allá, hasta 1982. En ese año Alfredo conoció a una muchacha del oriente del país y que venía con su familia huyendo de la crudeza de la guerra civil. Para entonces la muchacha tenía 19 años y tenía una mirada de desamparo; parecía que estaba en la oscuridad y sus pasos estaban desorientados. Necesitaba una mano amiga, urgentemente. Venía de un pequeño pueblo de San Miguel, Nuevo Edén de San Juan.  Su familia tenía algunas tierras y cabezas de ganado. Cultivaban maíz y frijol; pero su fuerte era la venta de ganado y la venta de queso y crema.

Su nombre era Lizbeth y tenía otros cinco hermanos. Los dos mayores eran un símbolo de lo que estaba pasando en esos días en El Salvador:  uno de ellos era un comandante guerrillero, que se mantenía cerca del río Torola; el otro, era miembro del ejército salvadoreño, con el grado de teniente. Sus padres estaban entre los dos bandos. Cada uno de los dos hermanos luchaba convencido en su conciencia de tener la verdad. Y lo hacían con un frenesí que asustaba. Esta era una difícil situación para los padres, quienes no deseaban que ninguno de sus hijos muriera; además tenían que cuidar a sus otros descendientes. Eso los llevó a peregrinar durante algunos meses, hasta que encontraron una casa en Santa Ana.

Desde el primer momento en que Lizbeth vio a Alfredo se enamoró de él. Al principio Alfredo, al ver el interés de ella hacia él, pensó que era una muestra de amistad de sus nuevos vecinos. Así que era amable con ella. Jugaban damas chinas y platicaban durante horas; además Alfredo le enseñaba a jugar ajedrez. Pasaban horas compartiendo juntos. Así supo Alfredo que dolorosamente la familia de Lizbeth se había fragmentado; un hijo se había ido con un coyote hacia los Estados Unidos, otros dos estaban directamente involucrados en la guerra, y ella y su hermano menor de 12  años vivían con sus padres.

Lizbeth nunca había tenido novio. Pronto Alfredo notó que él le gustaba a Lizbeth, porque, con el pasar de las semanas, ella coqueteaba torpemente con él; pero también vio bellas cualidades en ella. Era sincera, sencilla, amistosa, amable e inteligente; y había en su piel algo que parecía hervir. Con el tiempo, Alfredo también se sintió atraído hacia ella. Una tarde en que estaba sola invitó a Alfredo a su casa y le declaró abiertamente su amor. Alfredo se sorprendió; pero también tomó la sartén por el mango. La llevó de la mano al dormitorio de ella y allí la besó, suavemente. La fogosidad de Lizbeth no retrasó lo inevitable y desde entonces, andaban viéndose secretamente en uno y otro lugar, como amantes. Alfredo, con los meses, se enamoró de ella.

Jaime Ibarra II , Austin Texas, Fotografia

Lizbeth le contaba cosas de su pueblo natal.

-La mejor manera de llegar allá es por el lado de Sensuntepeque; luego tomás la calle que va para Dolores (ciudad conocida también como La Puebla) después seguís hasta llegar al río Lempa. Te atravesás el río en lancha y a menos un kilómetro de allí está Nuevo Edén de San Juan. En la casa que tenemos allá, hay árboles de mangos y de jocotes de todo tipo. Teníamos bastante ganado; pero cuando se lo empezaron a robar e inició la guerra, mi papá lo vendió prácticamente todo. A mí me gustaba ordeñar las vacas…

El pequeño pueblo natal de Lizbeth estaba en cierta forma alejado del progreso. Los accesos eran terriblemente difíciles. De tal manera que a ese lugar casi nunca llegaba un periódico, excepto algunas veces en que algún vendedor de telas o frutas foráneo llevara alguno, o a veces al motorista del bus se le ocurría comprar uno; si éste era el caso, el periódico rodaba de casa en casa, entre las personas que sabían leer, porque había un buen porcentaje de analfabetismo. Había una Unidad de Salud en la cual casi nunca había médico, debido a lo extraviado del lugar, el pésimo servicio de buses y el sueldo miserable que se ofrecía. Muchas personas del lugar andaban cómodamente descalzas y los cerdos y otros animales, andaban libres por las calles, dejando por supuesto por todos lados sus fétidas gracias. En cuanto al servicio de agua, era notablemente deficiente. Sin embargo, con todo ese panorama de atraso en pleno siglo XX, la gente llevaba una vida tranquila y apacible. El tiempo caminaba lentamente y no se medía con relojes, sino con la salida y la puesta de sol. Tomando en cuenta que el río Lempa estaba casi a la orilla del pueblo, mucha gente se dedicaba a la pesca. Otras se dedicaban a la agricultura. Y muchos de ellos se dedicaban al negocio del ganado, unos más, otros menos.    Este   aislamiento   cultural  tenía también sus ventajas. La delincuencia era prácticamente nula. Cualquiera podía dejar, por ejemplo, olvidada su cartera en la acera de una calle y quien la encontrara se encargaba de  devolverla a su dueño. El famoso “estrés” de las grandes ciudades era una cosa desconocida en Nuevo Edén de San Juan. La gente se entretenía en sus trabajos y con los chismes de éste y de aquélla. En la época lluviosa era casi un milagro recorrer los caminos, llenos de lodo pesado y pegajoso. En la estación seca el calor era intenso, aun en las noches, y el viento soplaba un hálito caliente. Políticamente Nuevo Edén de San Juan pertenece al departamento de San Miguel; pero la gente viajaba principalmente a sus compras y transacciones comerciales hacia Sensuntepeque, del departamento de Cabañas, debido a su cercanía geográfica.

Lizbeth había iniciado con sacrificios sus estudios de bachillerato en Sensuntepeque, los cuales fueron interrumpidos tempranamente debido a la guerra. Pero ella a pesar de haber crecido con las fuertes costumbres de su pueblo, es decir, que la mujer debía aprender a hacer las tortillas, la comida y cuidar a los niños, siempre estuvo interesada en los estudios y su padre siempre la alentó a aprender todo lo que pudiera. Él  fue  quien decidió que no debía quedarse con los estudios de primaria y que Lizbeth debía continuar hacia adelante todo lo que se pudiera. No eran ricos; pero no tenían grandes problemas económicos. Los negocios de la familia marchaban bien.  Hasta que inició la guerra y empezaron las muertes de uno y otro bando. En los primeros años de la guerra civil, la carnicería fue brutal. Casi todas las familias, al recrudecer la guerra, tenían un difunto. Los cadáveres aparecían en los caminos, decapitados y con señales de tortura. Por las noches uno u otro ciudadano eran sacados de sus casas y asesinados, a veces frente a sus propias familias.

Así que la familia de Lizbeth dejó la mayoría de sus pertenencias y huyó de Nuevo Edén de San Juan. El pueblo casi siempre estuvo controlado militarmente por el FMLN; pero la familia de Lizbeth tenía, como ya dije, un hijo en cada bando, de tal manera que lo mejor que pudieron hacer fue irse.

Había una frescura en Lizbeth que Alfredo disfrutaba. Por ejemplo, Lizbeth nunca había entrado a una sala de cine, así que cuando Alfredo la llevó, en Santa Ana, a ver por primera vez una película, sus ojos negros relucieron de alegría, de novedad. La pantalla gigante, los sonidos a gran volumen, los colores, el ambiente oscuro con olor a palomitas de maíz. Era como entrar a otro mundo. Era olvidar por un momento, totalmente, la nostalgia de su casa dejada atrás, de sus amigas, de la seguridad de su infancia perdida de golpe. Escuchar hablar en inglés y leer los subtítulos. Todo era nuevo. De tal manera que se convirtió, junto a Alfredo, en una cinéfila. Se sabía de memoria las películas y el nombre de sus principales actores.

Otra cosa que Lizbeth compartió por primera vez con Alfredo fue el mar. “Sólo he leído de él; pero nunca lo he visto.”  Así que Alfredo arregló un día el viaje hacia el Puerto de La Libertad. Gracias a un primo Alfredo consiguió un vehículo apropiado y salieron en plena madrugada. El aire frío era exquisito. Mientras viajaban hablaban y reían. Para Lizbeth era, increíblemente, algo nuevo viajar a 90 kilómetros por hora en una calle de asfalto. La velocidad y el viento golpeaban agradablemente el corazón de Lizbeth.

Cuando por fin llegaron, Alfredo se estacionó muy cerca de la arena. Lizbeth se bajó deslumbrada al ver tanta agua junta, tan azul e interminable. Bellísima agua serena al fondo y olas sueltas y agresivas en la orilla. Alfredo con una sonrisa sincera no veía el mar, sino el rostro de Lizbeth. La tomó de la mano y la acercó a las olas. Lizbeth sintió algo de temor; pero la curiosidad era mayor.

-Esta es una experiencia que nunca voy a olvidar, Alfredo. Gracias. Algún día te tengo que llevar al río Lempa, justo a la orilla de mi pueblo. No es tan grande, por supuesto, como el mar; pero también es bellísimo. Él asintió y sonrió.

-¡Quitémonos los zapatos!  -gritó Alfredo.

Inmediatamente, corrieron por la orilla descalzos, jubilosos y gritando. Luego Lizbeth se detuvo repentinamente y besó apasionadamente en la boca a Alfredo.

Más tarde, caminaron recogiendo conchas de distintos colores y formas…

Escrito por

Óscar Perdomo León

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UN AMOR Y EL TERREMOTO DE 1986. Segunda y última parte

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PRÓXIMO MARTES. No se pierdan el próximo martes la segunda (y última) parte de esta historia.

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Fotografía en blanco y negro extraída de La Prensa Gráfica.

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Fotografía a colores tomada por Jaime Ibarra II , de Austin Texas, y extraída del blog URIELARTE.
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LA HISTORIA NO CONTADA DE LOS ESTADOS UNIDOS. Documental

La historia no contada de los Estados Unidos

«La historia no contada de Estados Unidos» es una serie de documentales hechos para la televisión, narrados y dirigidos por el aclamado cineasta Oliver Stone.

En esta serie Oliver Stone, como estadounidense que es, se mira en un espejo a través de la historia reciente de su país. ¿La guerra y el imperialismo es la respuesta correcta para las necesidades de su propio pueblo y para el mundo? ¿Cuáles son los aciertos y los errores que han cometido los gobiernos estadounidenses? Stone trata de responder estas y otras preguntas.

Los documentales son diez en total, a saber:

1-LA II GUERRA MUNDIAL.
¿Ganó realmente EEUU la II Guerra Mundial? ¿Mito o realidad?
2-ROOSEVELT, TRUMAN Y WALLACE.
¿Por qué los jefes del partido demócrata apostaron por Truman?
3-LA BOMBA.
¿Qué escondía la decisión de Truman de lanzar la bomba atómica sobre Japón?
4-LA GUERRA FRÍA: 1945-1950
La gestación de la idea de Estados Unidos como policía del mundo.
5-AÑOS 50: EISENHOWER, LA BOMBA Y EL TERCER MUNDO.
La expansión militar.
6-JFK: AL BORDE DEL ABISMO.
La Crisis de los Misiles que pudo terminar en guerra nuclear.
7-JOHNSON, NIXON Y VIETNAM: UN REVÉS DEL DESTINO.
Hacia una sociedad dividida.
8-REAGAN, GORBACHOV Y EL TERCER MUNDO.
El legado de Reagan, a debate.
9-EL TRIUNFALISMO AMERICANO.
Caída del comunismo y el nuevo orden mundial.
10-BUSH Y OBAMA: LA ERA DEL TERROR.
Un 11 de septiembre que lo cambió todo.

Oliver Stone

Oliver Stone.

El controversial director pone en cada tema el dedo en la llaga, conduciéndonos a la reflexión sobre la realidad del poder y sus intenciones.

¿Podrá seguir sobreviviendo la raza humana en un mundo dirigido esencialmente con fines lucrativos?

Sin más palabras, les dejo aquí el capítulo 10 completo: BUSH Y OBAMA, LA ERA DEL TERROR. (Narrado en español)

Para quienes no puedan hacer correr el video aquí en mi blog, lo pueden hacer dando un clic en el siguiente enlace: BUSH Y OBAMA, LA ERA DEL TERROR.

Escrito por

Óscar Perdomo León

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LA CANCIÓN II

Junto a la fuente seca

I

Emplazándome a una fiesta de silencio comunicativo con la mirada bordada de palabras, envolvés mis ojos, desatás mis manos, gritás el latente poema. Una caricia, esta noche, es una flauta. Un beso, un violín. Se ha abierto ya la puerta que querías. Pero nos detenemos En el umbral nos detenemos un poco, un poco más, haciendo la mejor melodía…

Desciendo la prenda interior, de vos, con cuidado, sin prisa, continúo con paciencia, nos amamos, sin bruscos movimientos empezamos… somos la canción, somos la canción… Somos la canción de la humana libertad. La canción en movimiento. La reivindicación de la verdad. Somos la canción, somos la canción, somos la canción, somos la canción, somos la canción, somos la canción, somos la canción, somos la canción, somos la canción… Fuimos… (hemos terminado el primer viaje de la noche). 

 

II 

Yo amo los cuartos oscuros donde los sonidos son la luz. Ahí donde mis escrutadoras pupilas verdes se dilatan vanamente por encontrar tus ojos oscuros, donde mis labios pueden ver tanto, donde mis manos observan tus piernas claramente y obtengo tu voz palpable y el tacto se nos vuelve palabra. Nuestros movimientos se sincronizan y los cuerpos pasan a ser dos libélulas volando unidas sobre una tenue humedad y sobre un estuario de sábanas blancas, floreadas… (Y me has contado luego que relámpagos de tu pensamiento vagan en rostros y habitaciones que de pequeña conociste; que te sentís niña escalando árboles…) Yo amo los cuartos oscuros donde nos desarrollamos sobre contracciones dinámicas y calores…

Texto y fotografía por

Óscar Perdomo León

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Relacionado:
LA CANCIÓN I

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IMPUNIDAD EN EL SALVADOR

Pederasta y pedestre

En estos últimos meses hemos visto en El Salvador como en algunas resoluciones de jueces, en casos que resultan emblemáticos, el castigo no corresponde con el delito. Por ejemplo, el trato que recibió el ex Presidente Francisco Flores (después de ser prófugo de la justicia), es decir, darle arresto domiciliar (aunque 13 días después la Primera Cámara de los Penal revocó tal medida).   (Hay que decir que un cierto avance ha habido con el hecho que un ex Presidente sea llevado a juicio; aunque -y disculpen mi pesimismo- sospecho que el desenlace será como el de otros casos de gente con poder, en el que la justicia queda mutilada a mitad del camino.)

Otro ejemplo, en donde el castigo no corresponde con el delito, es la condena de 144 horas de trabajo comunitario que recibió el ex Ministro de Salud después de la desaparición de una millonaria cantidad de dinero que se iba a usar para la construcción de varios hospitales.

El manejo y la evolución de estos dos casos linda mucho con la impunidad.

Y si nos vamos a un pasado no muy lejano, encontraremos una cantidad casi infinita de asesinatos y otros delitos en que los culpables nunca han sido siquiera perseguidos.

Y los salvadoreños nos sentimos indignados, sí.

Pero, ¿no será que esa cultura de la impunidad está metida hasta en la médula de nuestra identidad, de nuestra manera de ser?

Esa falta de intensidad por querer abrazar la verdad y la honestidad carcome todo nuestro tejido social.

¿No hay deshonestidad en los padres que inculcan a sus hijos que robar, cuando hay oportunidad, es “viveza”?

¿No hay deshonestidad en el gobierno y en los dirigentes religiosos que colaboran con pandilleros?

¿No creen que algo podrido se ha gestado en nuestra sociedad cuando ya no hay diferencias entre los políticos tradicionales que siempre han defendido el privilegio de unos pocos y entre aquellos políticos “revolucionarios” que decían luchar por una sociedad más justa?

La impunidad es tan dañina porque manda un mensaje general: Cometan los delitos que quieran, que de todas maneras aquí las leyes no funcionan.

Me duele decirlo, pero los salvadoreños de alguna manera, nos vemos reflejados en aquella película de Luis Estrada: La ley de Herodes.

Como escribió un amigo en Facebook: «Este es el país en el que lastimosamente vivimos, donde el bueno muere y el malo vive en la impunidad….»

Pero aun así, sigo creyendo que una de las principales soluciones para los graves problemas de El Salvador es la educación. La niñez necesitan aprender verdaderos valores.

Hoy que estamos en el mes de “la independencia patria”, en muchas escuelas le enseñan erróneamente a la niñez que amar a su patria es salir a desfilar el 15 de septiembre. ¡Qué equivocados están algunos profesores! ¿Quieren de verdad enseñarles algo grande a sus alumnos para toda la vida? Den a ellos una motivación intensa y sincera para amar el conocimiento.

Hacer patria es aprender y practicar los valores de la puntualidad, la responsabilidad, la honestidad, el respeto hacia los demás y el deseo de querer aprender algo nuevo cada día.

Escrito por

Óscar Perdomo León

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VIOLETA SE FUE A LOS CIELOS. Una película de Andrés Wood

Violeta se fue a los cielos 5

Violeta se fue a los cielos es un largometraje del año 2011 sobre la cantautora, investigadora folclorista y pintora chilena Violeta Parra. La película se basó en la biografía escrita por su hijo Ángel Parra y fue dirigida por Andrés Wood.

Violeta se fue a los cielos 4

Francisca Gavilán, en el papel de Violeta Parra.

La primera impresión cuando empecé a ver la película fue buena, porque la fotografía, que estuvo a cargo de Miguel Ioanis Littin, estuvo muy bien hecha; los colores son verdaderamente impactantes.

Violeta se fue a los cielos 3

La actriz que llevó el papel de Violeta fue Francisca Gavilán, de quien puedo decir que me dejó totalmente impresionado; quedé cautivado desde los primeros minutos con su presencia. Para resumir: la actriz se convirtió en Violeta Parra. Incluso, ella cantó todas las canciones, tal como la hacía Violeta Parra.

Me gustó mucho la manera de contar su historia en la película, que no se hace cronológicamente.

Un largometraje altamente recomendable.

(No está de más mencionar que Violeta Parra era hermana del poeta Nicanor Parra, quien recientemente cumplió 100 años de edad.)

Violeta se fue a los cielos 2

Bueno, aquí les dejo la película completa para que la disfruten.

Violeta se fue a los cielos

VIOLETA SE FUE A LOS CIELOS

Escrito por

Óscar Perdomo León

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NO PUEDO VER A NADIE. Los Bee Gees. (Cinco versiones)

New_York_Mining_Disaster_1941

«I can´t see nobody» es una canción de los Bee Gees, escrita por Robin y Barry Gibb en 1966 y lanzada por primera vez en Inglaterra en 1967 en el lado B del sencillo «El desastre minero de Nueva York, 1941», y luego fue incluida en su tercer LP.

Esta canción es una de esas que, por motivos que no logro descifrar, me conmueve mucho; puede ser todo, la melodía, la armonía, el arreglo orquestal, la peculiar voz de Robin…  las voces de los tres Bee Gees en el estribillo… no sé…  Es quizás sólo una bella canción de amor, como pocas.

Por eso este día quiero compartir con ustedes cinco versiones de esa misma canción, empezando con la voz poderosa de la croata Josipa Lisac (grabada en 1967); luego escucharemos la versión original de los Bee Gees (1967); después podremos disfrutar de una versión bastante original de 1969 ejecutada por el dúo inglés conformado por Graham Bonnet y Trevor Gordon, The Marbles; luego escucharemos una versión casera, podríamos decir, pero interesante, y con un solo muy bonito de guitarra, interpretada por Robert y Deborah Carothers; y finalmente, para cerrar con broche de oro, podremos ver y escuchar a una de las grandes del jazz, la estadounidense Nina Simone, con su propia versión de 1968 de «I can´t see nobody».

Óscar Perdomo León

***

I CAN´T SEE NOBODY. Josipa Lisac.

I CAN´T SEE NOBODY. Bee Gees.

I CAN´T SEE NOBODY. The Marbles.

I CAN´T SEE NOBODY. Robert y Deborah Carothers.

I CAN´T SEE NOBODY. Nina Simone.

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I CAN´T SEE NOBODY
I walk the lonely streets,
I watch the people passing by.
I used to smile and say hello.
I guess I was just a happy guy.
Then you happened, girl.
This feeling that possesses me.
I just can’t move myself.
I guess it all just had to be.
[Chorus:]
I can’t see nobody, no, I can’t see nobody.
Mine eyes can only look at you, you.
I used to have a brain, I used to think of many things.
I watched the falling rain and listened to the sweet birds sing.
Don’t ask me why, little girl.
I love you and that’s all I can say.
You’re ev’ry ,ev’ry breath I take.
You are my nights; my night and day.
[Chorus]
Every single word you hear
Is coming from this heart of mine.
I never felt like this before
A love like yours so young and fine.
And now as I try to forget you
It doesn’t work out any way.
I loved you such a long time ago
But in my eyes you’ll always be.
Every single word you hear
Is coming from this heart of mine.
I loved you such a long time ago
Don’t know why,
And I don’t know why, baby
[Chorus: x2]

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LA CANCIÓN

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LA CANCIÓN 

I

Quiero quedarme largas horas a solas con vos sin que nadie nos mire. Quiero que me digás palabras sensuales al oído, vocablos tuyos para mí que nadie habrá de escuchar.

Tenés la edad en que el goce de la piel es el vicio más sano que puede haber. Sos excitante y bella; tu cabello de obsidiana es suave y ondulado; tus brazos de vara y barro, como dos antiguas construcciones mayas se aferran a mi cuerpo en movimiento; tus manos son las manos más bellas del mundo; tus pezones, como dos pequeñas ciruelas rosadas, se hunden en mi paladar siempre que te tengo; el Monte de Venus arde rápido como el ocote cuando lo palpan mis dedos y, cuando toco más abajo, es el pie húmedo de un caracol lo que toco.

Tus extremidades inferiores son dos impresionantes pinos salvadoreños cuyas copas terminan uniéndose en millares de hojitas aciculadas y negras, ensortijadas, burbujeantes, formando el fragante triángulo que me gusta…

Amor: sos una mujer bonita y milenaria.

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

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EL INOLVIDABLE ROBIN WILLIAMS

5.0.2

A Robin Williams siempre lo voy a recordar por unas frases que dijo en la película La sociedad de los poetas muertos: «Nosotros no leemos  y escribimos poesía porque es bonita; nosotros leemos y escribimos poesía porque somos parte de la raza humana. Y  la raza humana está llena de pasión. La Medicina las Leyes, la Economía y la Ingeniería son actividades nobles y necesarias para sostener la vida. Pero la poesía, la belleza, el romance y el amor, son cosas por las que nos mantenemos vivos.»

Inolvidable película. Inolvidable Robin Williams.

En sus actuaciones en el cine siempre puso mucho corazón; sus personajes son verdaderamente intensos.

Pero como comediante, que creo era su esencia, siempre fue brillante, especialmente en la comedia stand up.

Este día les traigo dos escenas de la Sociedad de los poetas muertos.

¿POR QUÉ LEEMOS Y ESCRIBIMOS POESÍA?

Para quien no pueda hacer correr en mi blog el anterior video, lo puede hacer dando un clic en el siguiente enlace: ¿POR QUÉ LEEMOS Y ESCRIBIMOS POESÍA?

VER LAS COSAS DESDE OTRA ÓPTICA

Para quien no pueda hacer correr en mi blog el anterior video, lo puede hacer dando un clic en el siguiente enlace: VER LAS COSAS DESDE OTRA ÓPTICA

Óscar Perdomo León

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FUSILEMOS LA NOCHE. Una película de Tina Leisch

Fusilemos la noche

«Los revolucionarios que matan para castigar la discrepancia, son tan criminales como los militares que matan para perpetuar la injusticia.»
Eduardo Galeano.

«Fusilemos la noche» es un largometraje documental de 2013 dirigido por la periodista, activista política y cineasta austríaca Tina Leisch, que trata sobre la vida de Roque Dalton, uno de los poetas más sobresalientes de El Salvador.

El título del documental se deriva precisamente de un poema de Dalton que se llama «Aída fusilemos la noche», el cual les dejo más adelante, antes del avance de la película.

El documental empieza con la lectura de algunos fragmentos de algunos poemas de Dalton, los cuales se van intercalando en el trascurso de la historia. Un detalle que le pone mucha belleza al largometraje y que además motiva la imaginación, es presentar a cada momento fotografías de Roque, de gran tamaño, en los lugares adecuados y junto a las personas que cuentan cosas del poeta.

Pero la parte medular de la película se centra el los testimonios de quienes conocieron a Roque Dalton y además en su vida, la cual se va llevando por partes y por supuesto tomando en cuenta los diversos sitios geográficos en que vivió Dalton, iniciando con El Salvador 1935-1960. Luego sigue con Cuba 1961-1962, El Salvador 1963-1964, Praga 1964-1967, Viena 1967, Cuba 1968-1973 y El Salvador 1974-1975.

Entre los que lo conocieron y cuentan sus anécdotas y recuerdos sobre Roque están: Víctor Hugo Iraheta, Luis Domínguez Parada, Manlio Argueta, José Roberto Cea, Eliza Meza Romero, José Napoleón Rodríguez Ruíz, Aída Cañas de Dalton, Breny Cuenca, Eduardo Badía Serra, Roberto Fernández Retamar, Eraclio Zepeda, Míriam Chichay, Carlos Jurado, Ricardo Castrorrivas, Henry Ruiz, Ernesto Cardenal, Jorge Dalton, Rafael Moreno, Nina Serrano, Mirta Ibarra, Régis Debray, Rogelio París, Guillermo Rodríguez Rivera,  Fernando López Junqué (Chinolope), Esperanza Rodríguez Piñero, Tirso Canales, Eduardo Galeano, Santos Lino, Saúl Mendoza, Porfirio Hernández, Eduardo Sáncho, Juan José Dalton, entre otros.

Tina Leisch

Tina Leisch.

Es también muy interesante la explicación que da Marco Hernández sobre el contexto político en el momento en que Dalton regresa a El Savador en 1973, así como la visión que nos ofrece de cómo estaba conformado el grupo clandestino ERP (culpable del asesinato de Dalton).

Fusilemos la noche. Conferencia-de-Prensa-anunciando-la-premier-de-film-sobre-Roque-Dalton-en-el-MUPI

El día del estreno del documental en el MUPI. De izquierda a derecha: el cineasta Jorge Dalton (hijo del poeta Roque Dalton), Carlos Henríquez Consalvi (director del MUPI) y Tina Leisch.

Es realmente necesario que este documental sea visto por los salvadoreños. Ojalá que en un futuro no muy lejano pueda ser exhibido durante varias semanas en los cines del país, y en las escuelas y bachilleratos de todo el territorio salvadoreño.

Escrito por

Óscar Perdomo león

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AÍDA FUSILEMOS LA NOCHE*

Aída fusilemos la noche

y la terrible

miseria colectiva.

Aquí tenemos estas cuatro manos

y tenemos mi voz.

Nos respaldan tus ojos

y tu suave

manera de ir queriéndome.

Nos respalda esa sangre proyectada

hasta el cuerpo del hijo.

Nos respalda esta atmósfera

este pan cotidiano

y estas cuatro paredes

que tutelan los besos.

Rompamos Aída esta tormenta amarga.

Hay que construir pañuelos con luceros

para secar las lágrimas del hombre.

Hay que llevar al niño

a su música antigua.

Hay que volver a fabricar muñecas

y hay que sembrar maíz en las ciudades.

Hay que dinamitar los rascacielos

y dar lugar para que ascienda el trigo.

Hay que hacer instrumentos de labranza

con los buses urbanos.

Aída, fusilemos la noche

y esa horrible bandera.

Aída fusilemos la noche

y los negros cañones

y las bombas atómicas;

fusilemos el odio

y la terrible

miseria colectiva.

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* Diario Latino, 28 de enero de 1956.

Roque Dalton

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FUSILEMOS LA NOCHE

Avance

Para quien no pueda correr el video aquí en mi blog, dé un clic en el enlace siguiente: FUSILEMOS LA NOCHE. Avance.

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LORENA

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Lorena se levantó, entró y salió con rapidez del baño, pensó vagamente en la noche que acababa de pasar y salió apresurada de su casa. Vio que los carros congestionados y los buses, más que todo, parecían una alfombra de humo gruesa, que los estudiantes se atropellaban entre sí corriendo a sus clases, que dos jóvenes enfermeras que esperaban bus reían sin razón, que las canasteras y los mecapaleros se movían ofuscados, y vio con asombro, además, como el silencio interno que usualmente la acompañaba, caía brutalmente asesinado a puñaladas por un pequeño monstruo nacido hace poco en su pecho, que le golpeaba internamente el tórax ventral sin descanso y como con odio.

Las calles húmedas por el aguacero de la madrugada empezaban a secarse por el calor de la mañana, se evaporaba la lluvia lentamente, bailando hacia el cielo un zigzag mojado sin color, en tanto un árbol de Cortez, que se sentía avergonzado sin su amarillo, pegó un suspiro quién sabe de qué, y las incontables paredes manchadas continuaban gritando injurias incansables, mientras un remolino de viento ralo se cruzaba por la veinticinco avenida y una lluvia de zanates caía sobre un árbol de fuego, erizándolo, y los ancianos tirados en la acera, recostados en las paredes del hospital Rosales, despiertos ya pero soñando aún con la gracia de Dios que nunca llega, se abrazaron a su soledad para no sentirse solos,  y  en  lo  alto  de un Amate  -lento temblor de hojas-   tres pajaritos celestes pregonaron sinceramente a Lorena un amanecer sin amanecer, un pozo al que falta mucho que excavársele para encontrar agua. La mañana, retorcida como pañal de trapeador y tendida en una pita del patio, había entrado ya en confianza con la ciudad.

Lorena se perdió entre la multitud acalorada y sintió un exasperante frío. Se detuvo en la parada de buses. Su rostro era casi sereno. “En un lugar pequeñísimo, visto desde el mapa-mundi, hace 26 años encontré un día la vida” , pensó Lorena. Cruzó los brazos, se recostó en un árbol vecino y siguió pensando:  “Un día escribí, hace dos años, un poema premonitor de esta pena, que hoy también es, de alguna manera, un consuelo. En esos versos dije, con otras palabras, que perdemos porciones de la memoria en el curso del tiempo, con lo cual me refería, en realidad al amor. (¿Podré no amarlo algún día?)”. Su rostro se marcó entonces con las arrugas de la frente.  Sacó un cigarrillo y lo encendió con aparente tranquilidad. Y, como si el humo fuera su boleto de viaje o algún artificio mágico, tomó vuelo mentalmente hasta su pueblito perdido y refundido en el país; recordó las calles empedradas y el parque solitario a las diez de la noche; recordó caras conocidas; pero principalmente la de sus amigas de infancia…  Las ideas entretejidas burbujeaban en su cabeza. Apretó con los dedos el filtro del cigarrillo y trató de volcar su mente en otra cosa.

-¡Mercado Central, simanes, hospitales, véngase atrás, véngase, véngase! -gritó de repente un cobrador de bus de aspecto sucio-  ¡Vaya, niños, pasaje!

Lorena absorta en sus ideas dejó pacientemente que toda la gente subiera al bus, quedándose de último, mientras daba el último sorbo profundo al cigarrillo. Dentro del móvil vio rostros comunes pero desconocidos. Percibió el mal aliento mezclado con perfumes y sudores. Escuchó voces ininteligibles y monótonas. Pensó nuevamente. El aire fresco del apretado viaje se le metía en los ojos; se colocó unos lentes oscuros y bajó del bus. No era la parada donde debió hacerlo, faltaban como cinco calles, así que caminó bruscamente. Siguió pensando.

Un hombre delgado con silencio en los ojos la esperaba en un cafetín, ni tan vacío ni tan lleno, de puertas de vidrio e impregnado de un olor a pan dulce. Lorena se acercó al cristal y lo buscó. Entró y caminó segura hacia él. Su novio (o mejor dicho, su ex novio), observó la cabellera abundante, las manos bellísimas, el rostro inconfundible. Ella lo vio. Sonrió, casi como una obligación. Se observaron a los ojos, pero él no pudo sostener la mirada ni un par de segundos. Había entre los dos fuerzas eléctricas invisibles golpeándoles el pecho, aunque por razones distintas; a él por la humillación de haber sido descubierto; a ella, por la desilusión y el dolor de saberse engañada. Se miraron nuevamente a los ojos y, como perdidos en un laberinto de asombro y de incomodidad titánica, enmudecieron un par de segundos  -profundos como huellas de una edad prehistórica-  y al sentirse extraños, metidos en ese trance, huyeron de él y volvieron al pasado más cercano. Él intentó atenuar la situación:

-Fueron dos años que no voy a olvidar nunca.

-No es necesario que hablés. Tus ojos me lo han dicho todo  -murmuró ella, y reconoció en sus labios el amor de antes. Y lo recordó con los ojos callado; pero gritando con su risa inconfundible. Y sintió, por primera vez con tanto ardor, en todo su ruidoso pecho y en toda su extensión, como el derrumbe de las horas (que eran como meses) de soledad amodorrada, de las horas caídas unas sobre otras como capas de suelo sin erosionar, pero inmensamente pesado, se derrumbaban sobre ella.

Sus ojos, sin embargo, estaban serenos…

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

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ALGUNOS RECUERDOS DE NIÑEZ. LA FELICIDAD (tercera parte)

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LA FELICIDAD

Cuando era niño, nunca relacioné la felicidad con las comodidades de un hogar ni, como lo suelen hacer muchas personas, con el dinero.

Para mí la felicidad consistía en correr libremente, saltar, trepar árboles, cantar…

Sólo era un niño, una edad, una época. Yo era entonces sólo la simplicidad de ser.

No importaban en lo absoluto las apariencias o la lucha interminable por tratar de sobrevivir el día a día, como pasa en el mundo de los adultos.  En la niñez, las cosas simples como el sabor de una fruta en la boca o acostarse boca arriba en la grama del parque para mirar las formas de las nubes, era en realidad la felicidad.

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Junto a Mario, mi hermano menor.

La felicidad era tener a mi hermano Mario junto a mí,  siempre listo para jugar conmigo. La felicidad era mirar a mi hermana Wendy intentando dar los primeros pasos cuando cumplió un año de edad. La felicidad era mirar a mi mamá tranquila, sentaba en una mecedora leyendo un libro. La felicidad era que mi papá me llevara a Ahuachapán sólo para invitarme a una hamburguesa en “El Parador”. La felicidad era pegarle con ganas a una piñata.

La felicidad era tener papá y mamá.

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La felicidad era deslizarnos en patines. Arriba y abajo: mi hermano Mario.

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¿Podemos ser un poco felices hoy que somos adultos? ¿Cómo encontrar la felicidad?

Bueno, tener la felicidad para siempre es imposible, porque en verdad es sólo un estado emocional que, como todo en el universo, cambia a cada momento. Podemos quizás aspirar a una cierta serenidad.

Pero creo que, aunque el ser adulto es otra etapa en que hay nuevos intereses y responsabilidades, un buen consejo para ser feliz  sería mirar de vez en cuando hacia nuestra niñez y aprender de ella.

Escrito por

Óscar Perdomo León

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ALGUNOS RECUERDOS DE NIÑEZ (segunda parte)
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ALGUNOS RECUERDOS DE NIÑEZ (primera parte)
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ALGUNOS RECUERDOS DE NIÑEZ (segunda parte)

Tengo otros recuerdos de niñez, pero algunos incluyen ya la etapa de adolescencia, período que visto desde esta distancia en el tiempo, me parece una segunda niñez.

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A veces salíamos al campo, lo cual era para nosotros muy divertido. Aquí estoy con mis amigos Carlos Romero y Wil Escobar.

I

Nunca había andado a caballo hasta una tarde en que me invitaron a comer en una hacienda; ahí tenían un caballo y me lo prestaron, y pude experimentar lo que se siente cabalgar. Montar a caballo me dio una sensación de libertad, pero también un poco de miedo, cuando el caballo corría. Pero cuando el caballo trotaba me llegué a sentir uno con el animal. Esa experiencia placentera la repetí varias veces, en días diferentes.

Muchos años después, en el año 2001, cuando fui director de la Unidad de Salud de Nuevo Edén de San Juan, volví a subir en varias ocasiones en un caballo, por razones de trabajo. Recorrí varios cantones, como el Cucurucho, San Sebastián, Los Laureles y Montecillos, montando «a puro pelo».

Y otra vez, trotar, sentir el viento en la cara y experimentar la libertad en el corazón.

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En esta foto probablemente tendría yo unos 15 ó 16 años de edad.

II

Recuerdo con mucho cariño a Papá Julio, quien estaba casado con mi tía Telma, hermana de mi mamá; y aunque era mi tío político, muchos sobrinos le decíamos papá Julio. Lo recuerdo siempre vestido para ir a sus fincas, con su pantalón caqui y su sombrero; era un hombre risueño, que siempre tenía un jocote en la bolsa de la camisa para ofrecérselo a uno.

Cuando regresaba por las tardes de alguna de sus fincas, a veces pasaba por nuestra casa y nos regalaba todo un racimo completo de guineos.

También a veces nos invitaba a ir con él de paseo. Para mí esos eran momentos bonitos porque iban sus hijos, es decir, mis primos Julio, Lupi, Mari, Violeta y Rosi, y mis dos hermanos Wendy y Mario, así que nos divertíamos mucho. También a veces iban mis primas Mirita y Susan.

Hay recuerdos que quedan para siempre y no conocen el olvido, como cuando uno escucha una canción por primera vez y le gusta mucho. En una de esas ocasiones en que salimos a pasear, recuerdo que mi primo Julio había puesto, justo un momento antes de salir, una canción de Paul Anka, que siempre relaciono con la foto que está abajo.

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Mi querida hermana Wendy y yo, en el río Agua Caliente, jurisdicción de Atiquizaya, departamento de Ahuachapán.

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Wendy y yo, como 33 años después.

III

Entre las memorias divertidas que resuenan en mi cabeza está la de la vez que, para un concurso de disfraces, mi amigo Wil y yo participamos como “hippies”. Creo recordar que mi prima Lupi nos ayudó con algunas de las prendas que usamos. Si mal no recuerdo nos ganamos el segundo lugar.

Con el pasar de los años, aunque Wil vive en los Estados Unidos de América y yo en El Salvador, hemos conservado una amistad fuerte y sincera.

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A mi derecha Wilfredo Escobar. Al fondo, casi sobre mi brazo, se alcanza a ver a otro de los concursantes, disfrazado de vampiro; era un paisano de Atiquizaya: Garrido.

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Wil y yo,  33 años después.

IV

La guitarra (y a veces el bajo eléctrico) me ha acompañado en muchos momentos de mi vida; por ejemplo en los cumpleaños, en fiestas de amigos, en momentos de soledad, algunas veces en escenarios y en otras, la guitarra ha hecho que yo me codee con la escurridiza creatividad musical.

Aunque sólo soy un guitarrista aficionado, siento que la guitarra es una parte de mi ser. Hace unas semanas, por ejemplo, estuve grabando con teclado y guitarra «Como la cigarra», una canción original de María Elena Walsh. Y al hacerlo, cada nota que tocaba en el teclado, me la tenía que imaginar siempre en la guitarra, no podía evitarlo.           :)

Y aún amándola tanto, digo, a la guitarra, pase varios años alejado de ella. Podría culpar  de ello a la celosa Medicina; pero para ser honesto, hubo en mí cierto descuido en no haber estado cerca de una guitarra durante ese tiempo.

Ese tiempo fue un período gris y nostálgico. Recuerdo que los años que pasé sin guitarra, me venía a la memoria de vez en cuando un fragmento de un poema de Atahualpa Yupanqui:

“… y sin plata me quedé.
Vendí mis lindas alforjas, ¡ mi guitarra la vendí !
En mi pobreza -¡ ay de mí !- me hubiera gustado guardarla.
Tanto me ha costado comprarla, pero en fín, todo perdí.
¿Vigüela, dónde andarás? ¿Qué manos te están tocando?
Noches enteras pensando…
Siquiera como consuelo
que sea un canto de este suelo
lo que te están arrancando.”

 

Pero eso, para mi fortuna, cambió un día en que mi amigo Salvador Huiza me regaló una guitarra. Fue un gesto de amistad que no voy a olvidar nunca.

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Mi hija Laura mira como su amiga Gloria parte el pastel. Esta foto probablemente es de 1998.

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Mes de junio de 2014. Cumpleaños de mi hermano Mario, de mi mamá y de mi sobrino Carlitos.

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Escrito por

Óscar Perdomo León

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EL QUESO DE NUEVO EDÉN DE SAN JUAN

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DOS RÍOS y TRES DEPARTAMENTOS DE EL SALVADOR

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ALMAS GEMELAS. UNA CANCIÓN PARA LAURA VERÓNICA

Este día les traigo una canción que escribimos mi esposa Érika y yo para nuestra querida Laura Verónica Bodin.

A Laura le gusta viajar y lo ha hecho por muchos países del mundo. Además tiene un pasatiempos muy especial: le encanta la fotografía; le gusta coleccionar fotografías, de las cuales tiene un gran archivo de gran valor, y además ella misma toma fotografías (en el video que verán ustedes a continuación podrán apreciar algunas de ellas).

Érika y yo tenemos una conexión de amistad muy bonita con Laura. La última vez que la vimos estaba muy feliz y rebosando de salud. Y ahora está pasando por una situación muy difícil. Con esta canción, Almas gemelas, hemos querido darle una gran abrazo de sincero amor y fortaleza.

Óscar Perdomo León

«La Puerta del Diablo», Panchimalco, departamento de San Salvador, El Salvador, América Central.

ALMAS GEMELAS

(Grabación casera)

Para quienes no puedan hacer correr este video en mi blog, lo pueden hacer dando un clic en el siguiente enlace: ALMAS GEMELAS.

ALMAS GEMELAS
(Dedicada a Laura Verónica)
Letra:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN
y ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO.
Música:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
Teclados, batería y guitarra acústica:
ARECIO DE LEÓN.
Guitarra acústica y bajo eléctrico:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
Primera voz y segunda alta:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
Coros:
ARECIO DE LEÓN
y ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
Arreglos musicales:
ARECIO DE LEÓN.

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Todas las fotografías del vídeo (excepto la última) fueron tomadas por Laura Verónica Bodin.

El Salvador, América Central.
Julio de 2014.
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ALGUNOS RECUERDOS DE NIÑEZ (primera parte)

Nances 1

Cuando era niño, con mi inocencia aún intacta, recorría los pasillos de la escuela primaria de mi pequeña ciudad, como quien flota entre nubes y no ve maldad en nadie. Eran días cálidos, largos e inolvidables.

Hay una serie de recuerdos que vuelven a mí por las noches, cuando sólo oigo los grillos y creo casi escuchar el reloj de la alcaldía.

I

Recuerdos como el de un compañero, que vivía en la zona rural y que tenía que caminar casi una hora para llegar a la escuela; un día entró comiendo nances y copinol, con la cara “polveada” por la fruta, con las manos sucias y una nube de mosquitos sobre su cabeza. Esa imagen quedó grabada en mi memoria.

Nances 2

II

Una vez nos subimos con un compañero en el techo de la escuela. Por supuesto que los profesores no tardaron mucho en darse cuenta y al poco rato, ya estábamos castigados en la dirección. Pero una cosa que tengo presente es que en aquellos días muchas veces el castigo era quedarse parado frente al gran patio de la escuela, mientras los otros alumnos lo veían a uno. Algo importante de resaltar aquí es que teníamos mucha vergüenza de estar castigados.

Escuela Monterrosa 2

III

Uno de mis recuerdos más felices es aquel que ocurrió una mañana de mediados de los años ´70 del siglo pasado. Yo tendría unos 12 años de edad. Eran quizás las 9:30 y yo todavía estaba dormido, cuando entró mi mamá en mi dormitorio y me dijo: «Despertá, mirá lo que te traen». En el patio de mi casa, que estaba justo enfrente de mi dormitorio, estaban parados y sonriendo, la familia Romero, mis amigos, quienes me habían comprado en San Salvador mi primera guitarra, la primera belleza de seis cuerdas con la que aprendí los primeros acordes musicales.

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Arriba: mi hermano, a la derecha, y yo, tocando guitarra, quizás a principios de 1979. Abajo, mi hermano, a la izquierda, y yo, tocando en el año 2014.

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IV

La navidad de diciembre de 1971 fue muy feliz para mí y para mi hermano Mario. Me acuerdo que el árbol de Navidad estaba reluciente y mi papá había puesto música orquestal muy bonita que llenaba toda la casa.

A la medianoche, mi mamá y mi papá gritaron: «¡Los regalos!». Ya sabíamos que iban a estar en nuestro dormitorio y mi hermano y yo corrimos con ansiedad a abrirlos. A Mario le regalaron un robot de baterías que caminaba y a mí, un reloj de pulsera.

Mi padre murió el año siguiente y esa Navidad de 1971 fue la última que pasamos con él.

Mi papá y yo

Mi papá y yo, en 1968.

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Escrito por

Óscar Perdomo León

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DOS POETAS HABLAN DE MANUEL ÁLVAREZ MAGAÑA. Video

Manuel Álvarez Magaña

El poeta salvadoreño Manuel Álvarez Magaña (1876-1945) nació en Atiquizaya, departamento de Ahuachapán. Pueden encontrar un esbozo biográfico sobre él, algunos de sus poemas y otros datos, dando un clic aquí.

Este día les traigo un pequeño video en donde dos poetas, Rafael Mendoza (el viejo) y Rodolfo Góchez, nos hablan brevemente sobre Álvarez Magaña.

Rafael Mendoza nos cuenta una interesante y divertida anécdota sobre Manuel Álvarez Magaña y el ex Presidente Tomás Regalado (1861-1906).

Y Rodolfo Góchez nos relata sus recuerdos de niñez cuando vio por las calles de Atiquizaya al poeta Álvarez Magaña, aportándonos información sobre su físico y algunos otros detalles.

DOS POETAS HABLAN SOBRE MANUEL ÁLVAREZ MAGAÑA

Para quienes no puedan correr el video aquí en el blog, lo pueden hacer dando un clic aquí.

La imágenes del video de Rafael Mendoza y Rodolfo Góchez fueron extraídas de los cortometrajes HE DICHO y ESCUCHANDO AL POETA, respectivamente.

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Óscar Perdomo León

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QUERÍA VOLAR

Mariposa 1

Hay un huevo que se abre para dejar salir una pequeña larva: es un diminuto gusano que no puede ver las estrellas. El gusano rastrero se enrolla a sí mismo en un capullo y se duerme por un tiempo. Sueña que puede volar.

Mariposa 4

Con el pasar de los días el capullo se mueve y el gusano despierta; se abre paso entre el fino tejido y se escapa de su pequeña prisión.

Al mirarse en el ojo de agua, se da cuenta que se ha transformado en una bella mariposa. Abre sus alas, sonríe y acaricia el viento en fascinante vuelo.

Mariposa 2

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Mariposa 3

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Mariposa 5

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Mariposa 6

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

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SIN DECIR ADIÓS. Música

«Sin decir adiós» es una canción que escribí pensando en mi padre Óscar Alfredo Perdomo Escobar. Este día es oportuno compartirla con ustedes.

SIN DECIR ADIÓS

Música y letra:
Óscar Perdomo León.
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Arecio De León:
teclados, guitarra acústica y segunda voz baja en el estribillo.
Óscar Perdomo León:
guitarra acústica, bajo eléctrico, primera voz y segunda voz alta.
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(Grabación casera)

Para quienes no puedan ver el video aquí en mi blog, den un clic al siguiente enlace: SIN DECIR ADIÓS. Óscar Perdomo León.

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© Sin decir adiós. Óscar Perdomo León.
El Salvador, América Central.
Mayo de 2014.
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EL VIRUS DE LA FE

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La fe es la firme creencia en algo de lo cual no se tiene pruebas. En contraposición a ésto, el astrónomo y escritor estadounidense Carl Sagan dijo: «No quiero creer, quiero saber.»

«El virus de la fe» es la segunda parte de la serie “¿La raíz de todo mal?”, un documental narrado por el biólogo británico Richard Dawkins. La primera parte, «La ilusión de Dios,» ya la había publicado aquí en mi blog hace unas semanas.

Para quien no pueda hacer correr el video aquí en mi blog, sólo dé un clic en el siguiente enlace: EL VIRUS DE LA FE.

Texto:

Óscar Perdomo León

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Relacionados: LA ILUSIÓN DE DIOS

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I´LL SEE YOU IN MY DREAMS. Cover

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La canción «I´ll see you in my dreams», escrita por Isham Jones and Gus Kahn y publicada por primera vez en 1924, ha sido “versionada” por muchos artistas y también por aficionados a la música, como yo.

Este «cover» que hago aquí está inspirado en la gran interpretación que hizo de esta canción Joe Brown en el homenaje a George Harrison, «Concierto para George».

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I´LL SEE YOU IN MY DREAMS

Para quien no la pueda escuchar aquí en mi blog, lo puede hacer dando un clic en este enlace: I´LL SEE YOU IN MY DREAMS. Cover. Óscar Perdomo León

Versión de Óscar Perdomo León.
(Grabación casera).
Voz, teclado, guitarra acústica y eléctrica, y bajo eléctrico, interpretados por Óscar Perdomo León.
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I´LL SEE YOU IN MY DREAMS
Lonely days are long,
twilight sings a song,
all the happiness that used to be.
Soon my eyes will close,
soon I’ll find repose
and in dreams
you’re always near to me.
I’ll see you in my dreams,
hold you in my dreams.
Someone took you right out of my arms.
Still I feel the  thrill of your charms.
Lips that once were mine,
tender eyes that shine.
They will light my lonely way tonight.
I’ll see you in my dreams

También la pueden escuchar en este video y, de paso, leer la letra.

Para quien no pueda hacer correr aquí en mi blog el video, lo puede ver siguiendo este enlace: I´LL SEE YOU IN MY DREAMS. Cover.

 

Texto:

Óscar Perdomo León

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Fotografía extraída de la película de 1951 «I´ll see you in my dreams», protagonizada por Doris Day y Danny Thomas.
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Relacionados: TE VERÉ EN MIS SUEÑOS. Joe Brown.
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