CREO. Óscar Perdomo León. Video musical

1393246_406546002808485_1791498970_n

CREO

Canción dedicada a Laura María Perdomo Pacas.

Letra y música:
Óscar Perdomo León.
Guitarras, teclados y todas las voces:
Óscar Perdomo León.
Bajo eléctrico:
Arecio De León (en el puente de la canción) y Óscar Perdomo León (en el resto de la canción).
Dirección del video:
Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.
Cámara:
Érika Valencia-Perdomo, Óscar Perdomo León y Pablo Santana Alfaro.
Edición del video:
Óscar Perdomo León.
Pinturas:
Erlinda Espinoza de Regalado.
Traducción al inglés:
Laura María Perdomo Pacas.
Agradecimientos a:
Érika Valencia-Perdomo, Pablo Santana Alfaro, Mario Roberto Perdomo León, Beatriz Andrea Perdomo Pacas, Laura María Perdomo Pacas y Salvador Huiza.

ooo

CREO
No creo en los milagros ni en nada sobrenatural.
Pero creo en la sal y en la luna, en la lluvia, en el viento y el pan.
Creo en las sonrisas de los niños y la voz del mar,
en el porvenir incierto y en el eterno presente.
No creo en milagros ni en nada sobrenatural.
Creo en tu mirar, en las flores y en las estrellas.
Creo en la amistad, en las aves, las semillas, las canciones bellas.
En los múltiples senderos, los aromas y las catleyas.
Creo en el inconcebible proceso de la vida
y en los recuerdos que nos dan un baño de alegría.
No creo en milagros ni en nada sobrenatural.
Pero sí en tu estimulante compañía y en las verdes hojas que respiran.
Y entre la vida y la muerte,
beso
la sangre que palpita.

ooo

También lo pueden ver a través de YouTube.

Si no pueden ver el video aquí en mi blog, lo pueden hacer acá.

ooo
© Creo. Óscar Perdomo León.
El Salvador, enero de 2014.

DOÑA NARCISA y DON LAUREANO. 1970 (Capítulo I)

Collage María puede volar

Doña Narcisa de Martínez era una señorona de una edad indefinida entre ser vieja y tener aún la energía para poner patas arriba el mundo. Su rostro reflejaba una belleza que durante su juventud debió ser explosiva. Sus ojos verdes tenían todavía el vigor de la mocedad y su voz poseía la energía de la tormenta y la ternura del niño, cuando era necesario. La mayor virtud de doña Narcisa era su gran habilidad gastronómica. En una mañana podía cocinar la sopa de gallina más exquisita y empezar a preparar los ingredientes para los tamales de la cena y la flor de izote con huevo. Podía hacer las pupusas más deliciosas que se hayan podido cocinar en todo el territorio salvadoreño y acompañarlo con la tan sabrosa cochinita atiquizayense. Sin embargo su especialidad era el chilate, el atol de elote y el atol shuco. Pero la cubría un defecto bien evidente, y era el de quejarse de esto y de lo otro cuando estaba aburrida. Cuando las tardes se volvían calurosas era peor que una niña sin poder jugar en medio de una “reunión de adultos”, se volvía terca e impaciente y, desde que por cuestiones de salud cerró la tiendita que había puesto en su casa, se dedicaba a hablar hasta por los codos de todo y de todos. Y esa mañana de marzo se había despertado con todos los achaques del universo encima.

-Me duele el espinazo.

Lo dijo como si hablara sola; pero quería que su esposo, don Laureano Martínez, la escuchara.

-Mmmm… -balbuceó, don Laureano.

-Tengo un dolor en la rabadilla como si tuviera una estaca clavada.

Esta vez no hubo respuesta de parte don Laureano, un hombre de la tercera edad, fuerte y de pocas palabras. Se encontraba muy concentrado leyendo el periódico, porque eso sí era como una religión para él; don Laureano necesitaba leer y saber qué era lo último que había pasado en su país y en el mundo; se sabía de memoria las capitales de todos los países y el nombre de sus gobernantes desde antes que él naciera. Todos los acontecimientos que estallaban en el planeta los tenía dentro de su cabeza y cuando hallaba un oído dispuesto e interesado en el rumbo de la humanidad, don Laureano le descargaba una cantidad casi abrumadora de información. Sin embargo, su esposa Narcisa no era alguien que quisiera escuchar nada de eso.

-¡Laureano, de verdad, no me puedo enderezar! Me duele el carretón del lomo. Ha de haber sido porque ayer tuve que jalar agua yo sola desde el pozo hasta la cocina, porque vos, Laureano Martínez, no se te dio la gana de hacerlo, ¡todo por estar ahí en la hamaca leyendo todas esas babosadas del diario que no sirven para nada!

Don Laureano se dignó a mirar sobre sus lentes de presbicia. Tomando fuerzas y aspirando hondo Laureano le respondió con ironía:

-Yo siento que ando chimbolos en la barriga, se me duermen las manos, me chagüitean los ojos y no me quejo por nada de eso, Narcisa.

-¡Sos un insensible, Laureano! Ya le dije a la Toña que me porracee el lomo y no se me quita el dolor. Y a vos no te importa que me muera y que me coman todos los gusanos de El Salvador. Ahí te quiero ver llorando cuando no tengás quien te caliente el café.

-Sí me importa, mujer, pero dejá que termine de leer el diario, por favor. Estate callada y en juicio por un rato nada más.

Doña Narcisa se levantó de la mecedora con un gesto de enojo y salió, ante la indiferencia de don Laureano, hacia el gran patio de la casa de campo en la que vivían ellos, que tenía la ventaja de la amplitud y del aire fresco que entraba.

A lo lejos doña Narcisa alcanzó a ver a la niña de sus ojos, la pequeña Fátima María Salazar, embelesada jugando con un triciclo rojo que manejaba a la perfección, no importando si el terreno en que andaba fuera pedregoso, empinado o liso. La chiquilla de 6 años que aquella y don Laureano cuidaban como si fuera sangre de su sangre, era el amor de los dos viejos. Aunque quizá la alcahueteaban un poco, cosa que nunca hicieron con sus propios hijos. En realidad Fátima María, era la hija del patrón. Pero los dos viejos la querían mucho, la veían como a una hija porque desde que era un bebé, ellos la habían cuidado con esmero. Al principio había en ese amor una especie de lástima y de reclamo.

-¿Cómo es posible que una madre abandone a su propia hija, Laureano?

-¡Irene no abandonó a su hija, mujer! No tergiversés las cosas. Recordá bien que ella se tuvo que ir a trabajar a Guatemala por pura necesidad, no por gusto y gana.

-Esa muchacha bien pudo trabajar aquí. Una mujer se las puede arreglar en cualquier lugar sin abandonar a sus hijos. Mirá a la Lupe, ha criado a sus hijos a puro lavado y planchado ajeno. Además, el señor Antonio, le podía dar todo lo que necesitara, sólo tenía que haber cumplido con las tareas de esposa y ya. Pero no, desde chiquita siempre fue inquieta, ¡chiribisca!, ¡ajuate! Quizás por eso, de acordarme de tanta ingratitud, todas las mañanas me da un piquete en las chiches, se me engrifan las manos y siento tetelque la lengua… Eso que hizo Irene, no tiene perdón de Dios. Fijate bien lo que te digo, Laureano.

Y luego con un aire nostálgico doña Narcisa agregó:

-Aunque era bien chula la jodida. ¡Lástima!

-¡Púchica! Hablás de ella como si ya se hubiera muerto  –dijo con indignación don Laureano.

-¡Para mí es como si estuviera muerta!

-Pero bien que te echás a la bolsa los quetzales que manda todos los meses. Ahí si no está muerta, ¿verdad?

-¡Esos quetzales no son para mí, sino que para la niña Fátima!

Don Laureano sólo respondió con un gesto de duda y resignación: levantó las cejas y arrugó la boca. Y luego sumergió la mirada en los periódicos.

***

Sí y no. En realidad, lo que decía doña Narcisa era cierto. Antonio Salazar, el padre de Fátima María, tenía suficiente dinero para mantener a su familia con todas las comodidades imaginables. Era dueño de muchas tierras y de numerosos negocios, especialmente de varias e inmensas fincas de café. Y sembrar café, en aquellos días, era casi como plantar oro.

Pero lo que decía don Laureano era cierto también. La madre de Fátima, Irene Pérez, era una mujer de cuna pobre, de bello rostro y de cuerpo exuberante, aún después de la maternidad. Se había ido a Guatemala a vivir con unos parientes y a buscar trabajo; pero principalmente se había ido para alejarse de su esposo Antonio. Aunque nadie sabía los pormenores de esa separación, sí se sospechaba que había habido abuso y maltrato de parte de Antonio hacia Irene.

Sin embargo ya en el pueblo se había corrido la voz de que Antonio la golpeaba, porque un día alguien la vio comprando en una farmacia con un gran morete en la mejilla derecha y algunas vecinas cuentan que la vieron con marcas de correazos en los brazos y las piernas, esto sin mencionar la rara caída que tuvo del caballo por la que terminó con el brazo enyesado por seis semanas, debido a la fractura que se le hizo. Sin embargo, Irene jamás se quejó con nadie. Por el contrario, siempre se le veía feliz. Su radiante sonrisa, que daba gusto ver, se la había heredado a su hija Fátima María. Conoció a Antonio por pura casualidad en la casa de don Laureano y doña Narcisa un día que ella los había llegado a visitar, hacía aproximadamente siete u ocho años atrás.

Al huir Irene hacia Guatemala, Antonio, que confiaba mucho en doña Narcisa y don Laureano, decidió encargarles a ellos el cuido de la pequeña Fátima María, ya que él, como hombre de negocios, tenía muchísimas ocupaciones y creía con vehemencia que el cuidar y educar a los hijos era cosa de mujeres o de abuelos. Además andaba de amores con una mujer muy adinerada y eso le absorbía también su tiempo, y tener la responsabilidad de una niña de seis años en ese momento, según creía él, era inapropiado para sus planes.

***

El cantón donde vivían doña Narcisa y don Laureano no estaba muy lejos de la ciudad y de la jurisdicción a la que pertenecía, de tal manera que en un par de minutos tenían acceso a las tiendas, al mercado y al parque, centro de reunión en días de plaza. La casa donde vivían, y que pertenecía a Antonio Salazar, era grande, bien amueblada y con muchas entradas de luz. Estaba rodeada por unos corredores amplios, en donde ponían unas cuantas hamacas, y parcialmente por grandes árboles de cedro y de mango. Y las flores, con olores y vanidosas, crecían silvestres en los alrededores.

Se podría decir que doña Narcisa y don Laureano llevaban relativamente una vida tranquila y sin penas económicas. Recibían cada mes una buena suma de dinero por parte de Antonio Salazar por el cuido de su hija Fátima María, así como también captaban los billetes que Irene mandaba para su hija, aunque una parte de ese dinero lo guardaban en una cuenta de banco a nombre de la pequeña Fátima María; también acogían las remesas en dólares de parte de uno de sus hijos que vivía en los Estados Unidos desde hacía un par de años, cosa no tan frecuente en aquellos días en El Salvador, donde migrar al país del norte no era la rutina que llegó a ser después. Y como don Laureano y doña Narcisa llevaban ambos una vida sencilla y sin lujos -porque así era su manera de vivir, sin desear lo innecesario y sin anhelar lo que otros tienen-, guardaban siempre lo que sobraba del día y ahorraban su dinero.

***

Un día de agosto, como todos los días, Doña Narcisa se dirigió a la cocina. Mientras tanto Fátima María corría y corría en el patio de la casa. En un momento inesperado, la niña se detuvo repentinamente al ver sobre el suelo una sombra inmensa de algo que volaba muy bajo; pudo ver que la oscura sombra móvil sobre el suelo eran dos alas extendidas; claramente podían verse las grandes plumas, de lo que le parecía un animal que planeaba, pero que aleteaba de vez en cuando lentamente, para levantar vuelo y estabilizarse. Instintivamente Fátima María levantó la vista al cielo y lo vio. Un grito estremecedor salió de su garganta. Corrió nuevamente, pero esta vez hacia el interior del amplio corredor, ahí tropezó con uno de sus juguetes y cayó al suelo, causándose una herida en la barbilla.

Doña Narcisa ya se había acercado, alertada por el grito de la niña y la alcanzó a ver caer. El llanto de la niña y la sangre que brotaba llamó inmediatamente la atención de don Laureano, quien prontamente llegó y tomó a Fátima María en sus brazos y corrió hacia su vehículo, al que conocían como el “Ajado”, un viejo camión rojo con la pintura descascarándose, al que le funcionaba sólo un foco delantero y una vía trasera. Los dos viejos se subieron inmediatamente al “Ajado” y llevaron a Fátima María a un hospital. La herida no era grande, así que la sutura fue pequeña y la recuperación rápida. A doña Narcisa, en su aflicción, se le curaron momentáneamente todos sus achaques, y a don Laureano se le olvidaron las noticias del mundo y casi se le sale el corazón por la boca.

A Fátima María la experiencia le quedó grabada en la memoria.

Texto y collage:

Érika Valnencia-Perdomo

y Óscar Perdomo León

ISABEL y ROBERTO

Mujer frente al espejo Konstantin Razumov

-Ya no creo más en Dios.

-¿El qué? –preguntó Roberto, intrigado, con esa esa expresión y ese tono tan salvadoreños.

Isabel y Roberto estaban acostados el uno junto al otro. La habitación tenía un ambiente íntimo.

-Me pasó algo fascinante –continuó Isabel- en un día inolvidable, en un día cargado de amor y de sana locura. Me la he pasado pensando tanto. Me siento como liberada, como un ratón que logra escapar de la trampa y al salir de ella se da cuenta que en su corazón hay un león salvaje, un majestuoso delfín o un sagaz halcón.

Isabel, parecía estar en místico trance o como perdida en el tiempo y el espacio, y a su vez, su discurso era extrañamente lúcido. Roberto guardaba silencio, mientras la observaba bajo la luz de la luna, deslumbrado por su belleza. (Como telón de fondo sonaba suavemente «Réquiem», de Branford Marsalis: la percusión casi oculta, el bajo adecuado, el bellísimo solo de piano y el saxofón tenor se entremezclaban con las palabras de Isabel). Con los ojos brillando, hizo una breve pausa mientras acariciaba la mano de Roberto y continuó.

-Me he pasado, la mañana y la tarde pensando, durante varias semanas o quizás meses o tal vez años  –continuó Isabel, esta vez casi en un susurro- y ya no creo más en Dios.

Nunca nadie sabe cuándo empiezan en el subconsciente a removerse piezas que creíamos rígidas y fijas, piedras o estelas, rocas duras y ásperas; nunca nadie sabe cuándo un volcán despertará en lo más profundo de nuestros corazones.

Sus ojos miraban con ternura y tranquilidad a Roberto.

-¿Ya no creés más en Dios? ¿Te molestan las religiones?

La luna seguía alumbrando. El contorno de la piel deseable y plateada de Isabel, bajo la incesante luz que irrumpía a través de la ventana, le hacía guiños y sonrisas a Roberto. El sudor de su piel, originado al hacer el amor, se secaba lentamente con la brisa fresca que penetraba a la casa.  Ella se levantó de la cama. Le respondió a Roberto con un tono fraterno y con palabras íntimas, mientras se retocaba los labios y se miraba a sí misma frente al espejo

-Bueno, no quiero que me malinterpretés, no soy enemiga de las iglesias o de las religiones; mi ateísmo es diferente al de nuestra amiga Marisela. Por ejemplo yo admiré y sigo admirando mucho a algunas grandes personas creyentes, como Mahatma Gandhi o monseñor Óscar Arnulfo Romero. Pero lo que te quiero decir es que Dios sólo existe en la mente humana. Dios es voluntad, inspiración, fuerza de espíritu.  Es decir, yo he logrado abandonar la idea de que Dios existe, tal y como comúnmente se conoce o se cree conocer –un ser sobrenatural, omnipotente, omnipresente, etc.-. Lo que tuve fue algo así como un viaje oblicuo, una mirada de lado y hacia arriba, un espacio que se abrió, una luz nunca vista, en plena madrugada, un espacio abierto que daba alegría y asombro al saber que existía un camino brillante en el que el temor desaparecía; todo adentro de mi cabeza, pero todo en relación con el medio ambiente exterior. La cortina que ocultaba lo prohibido cayó arrugada; levanté la cortina y vi que aunque ya no podría ocultar más lo que solía esconder, era una bella cortina, llena de pasado y riqueza espiritual, era una tela de colores que muchos todavía quieren seguir teniendo y mirando y eso está bien si es eso lo que ellos desean. Yo por mi parte ya no tengo miedo de morir aunque no quiero morir; pero comprendo lo natural del proceso. Las plantas y los animales, los humanos, el sol y las otras estrellas, cada uno vive la vida que le toca y de la forma que quiere, cada quien vive el tiempo corto o largo según la especie y el género. Como dijo un gran escritor: “El chantaje del cielo ya no me conmueve”. Los seres humanos nacen, lloran y respiran, húmedos, tras su traumática salida a través del canal del parto, llenos de líquido amniótico y de sangre, buscando el aire desesperadamente; luego crecen, juegan y aprenden, piensan e inventan dispositivos, crean música, escriben libros y se embriagan con todas las demás artes, que como dijo Roque Dalton: “oh momento mágico, oh poesía de hoy, contigo es posible decirlo todo” y Shakespeare expresó: “el corazón del hombre es como un pequeño reino presa de la insurrección” y Pablo Picasso emitió con fuerza su palabra diciendo: “el arte es una mentira que nos acerca a la verdad”. Y enfrentados a la verdad de la vida los seres humanos trabajan y comen, comen y trabajan, trabajan, comen y duermen, tienen sueños y pesadillas, despiertan, trabajan y comen y luego nuevamente a trabajar, a soñar y a pensar. Muchos buscan afanosamente divertirse de las más variadas formas, en los sitios más concurridos o en las abandonadas tardes de una esquina cualquiera o buscan sólo perder el tiempo plácida o dolorosamente, disfrutan su gozo, disfrutan su pena; muchos otros se aburren inevitablemente por falta de imaginación y entre todos los seres vivos primitivos o complejos, los seres humanos son al mismo tiempo valientes y admirables, viles y cobardes, realizan las hazañas más increíbles como ir a la luna, derrotar de una pedrada a Goliat o sacar a los ingleses de la India a través de la resistencia pacífica, y así también los seres humanos ensucian su conciencia y la belleza ejecutando los más inconcebibles atropellos, como llevar a la hoguera a Juana de Arco (y a otros miles de hombres y mujeres), como exterminar a ciento cincuenta millones de negros durante la esclavitud en Estados Unidos o asesinar sistemáticamente en la década de los  ochenta en El Salvador a quien no pensara igual que uno. Y entre la grandeza y lo diminuto, entre la hipocresía y la sinceridad, los seres humanos continúan con su rutina y se continúan endrogando con todo tipo de sustancias materiales o espirituales y casi-casi también como los animales buscan su alimento y buscan sus parejas; los machos humanos son atraídos por las feromonas (y por otras delicias sexuales) hacia las hembras y éstas se ven fascinadas por el poder y el dinero o por las dulces palabras y los actos amables de los machos y luego, unos y otros, hombres y mujeres, copulan por placer o por amor. Comen, copulan y trabajan, se reproducen a mares una y otra vez y una y otra vez copulan y trabajan y vuelven a trabajar, hasta que el tiempo de la carne llega al punto de la flacidez y la soledad, al turno del olvido, la memoria y la nostalgia, a la estación del llanto y del dolor… y cuando la carga crece como una montaña en sus corazones humanos, la muerte aparece como un rico manjar ensordecedor e implacable, incolora y sin sabor, la esperada muerte que alivia todas las penas y dolores y arrebata así también toda la alegría y la felicidad del recuerdo; es el morir tan necesario como el nacer; morir es transformarse, es ser alimento de otros, es renacer, totalmente inconsciente, en mínimos fragmentos, en la sangre y en las células de otros…

Texto:

Óscar Perdomo León

Pintura hecha por Konstantin Razumov.

CATALINA y SALVADOR

Jorge Frasca, pintor argentino

*

I

En la entrada de la casa del casco de la hacienda, Catalina, de 19 años de edad, miraba el paisaje maravillada por las variadas tonalidades de verde y azul con que se pavoneaban las montañas, según la distancia y la luz que las cobijara.

-Aquí está el caballo, niña –le dijo el viejo mandador de la hacienda.

-Gracias, Eustaquio.

-Le traje a Colorín porque es el más tranquilo y es el que más le gusta a usted, ¿verdad?

-Sí, este animal es mi favorito.

Y casi terminando de decir la frase, Catalina, bella y atrayente, se fue trotando, como en final de película, sobre el equino hacia el horizonte.

-No se vaya muy lejos, niña, que con todo lo que ha pasado con esto de los comunistas, está bien peligroso.

Catalina ya no lo alcanzó a escuchar. Su mente se perdía entre el viento fresco de una mañana de mayo de 1932. Su destino era Santa Ana. Tenía ganas de cabalgar un rato por la ciudad.

Cuando llegó por fin, trotó por sus calles abiertas. El clima era fresco y Catalina se sentía de muy buen ánimo. De pronto, en una esquina, un hombre que caminaba distraído se interpuso en su camino. Ella logró detener su corcel, pero éste se asustó y paró en dos patas y Catalina perdió el equilibrio y resbaló hasta caer al suelo empedrado. El hombre al percatarse de lo sucedido, corrió inmediatamente para auxiliarla. Al acercarse notó que ella estaba inconsciente. Se acurrucó junto a ella y puso la mano izquierda bajo su cabeza, como a manera de almohada. El hombre pudo ver entonces la belleza de la juventud que rebosaba en el rostro de ella.

A los pocos segundos Catalina abrió los ojos. Le dolía un poco la cabeza. Primero vio nublado, pero después la vista se le aclaró y miró frente a ella a un hombre de piel muy blanca y ojos  verdes. La miraba con unos ojos intensos, escrutadores pero serenos. Parecía uno de esos gringos que de vez en cuando caminan como turistas por nuestras calles.

-Lamento mucho lo que pasó, señorita. Fue mi culpa.

-¿Quién es usted? –le preguntó Catalina, intrigada, con la voz casi en un susurro.

-Mi nombre es Salvador Salazar Arrué.

Miguel Ángel Avataneo, pintor argentino**

II

-Yo no sabía que ese joven tan apuesto, al que casi atropello, era el que sería más tarde uno de nuestros más grandes escritores –dijo doña Catalina.

-¡Ay, señora, qué romántico! –dijo Amelia-. ¿Y qué pasó después?

-Bueno, él era un hombre muy educado y su conversación era muy agradable. Te hablaba de cosas cotidianas, como para romper el hielo, y de pronto lo escuchabas diciendo palabras profundas, meditadas, y siempre con un sentido hacia el amor. Era un artista, en el sentido más grande que se le pueda dar a esa palabra.

-¿Y esa vez en Santa Ana fue la única vez que usted lo vio?

La mirada de doña Catalina brillaba al recordar. Extrañaba su patria. Quería volver a El Salvador. Afuera la tarde era un poco fría y las hojas de los árboles ya estaba cayendo y desnudando a los primeros árboles; pero adentro, en la sala con buena calefacción, un ambiente agradable rodeaba las dos mujeres que, sentadas en unos sillones suaves, conversaban, no como jefa y empleada, sino como dos buenas amigas.

-No, Amelia, después de eso él y yo nos vimos muchas veces. Recuerdo otra ocasión en que platicamos en la plaza Gerardo Barrios, en San Salvador. Fue casi un año después de conocernos. Él era tan alto, bello, con esos ojos expresivos y sus manos tan blancas…

 ***

-Es usted un hombre interesante, señor Salvador Salzarar Arrué. ¿Es usted el mismo del pseudónimo Salarrué que tantos comentarios ha causado por el artículo que escribió?

-¿Artículo?

-Sí, me refiero a «Mi respuesta a los patriotas». Se ha vuelto usted muy famoso, señor –le dijo Catalina.

-No, no creo que yo sea famoso –respondió Salarrué.

-No sea modesto. Leí también lo que escribió en el periódico Patria, sobre el dirigente comunista Farabundo Martí, y mucha gente en el país lo leyó también. Me gustó el juego de palabras…

-¿Juego de palabras?

-Sí, lo de Faramundo, por Farabundo.

Salarrué sólo sonrió como respuesta.

-Fue muy valiente de su parte escribir algo así, después de la derrota sufrida por esa gente, y después del fusilamiento de Farabundo. ¿Es usted comunista?

-No, claro que no. Ni por cerca soy comunista. Pero eso no me impide ver la masacre de miles de compatriotas y el fusilamiento de un hombre que sólo buscaba justicia.

-¿Y en qué cree usted, Salvador?

-Creo en muchas cosas, Catalina. Creo que mirar hacia nuestro pasado y, más atrás aún, hacia nuestros antepasados, nos permite recuperar una fortaleza que teníamos desde antes pero que no habíamos podido sentir, una fortaleza edificada con los logros y los fracasos de aquellos que estuvieron vivos en esta tierra.

-¡Habla de esos muertos como si hubieran fallecido hace más de cien años!

-No importa si fue ayer o hace cien años. El pasado es el pasado, y muy pronto usted y yo, con el tiempo, también seremos parte del pasado…

 ***

-Para entonces, sólo había publicado un par de libros.

-Ay, señora –le dijo Amelia-, yo lo he leído un libro de él como cincos veces y no me aburro.

-Bien recuerdo la primera vez –continuó diciendo doña Catalina- que tuve en mis manos un ejemplar de uno de sus libros…

 ***

Estaba sentada en una banca del parque, leyendo un libro que desde que lo empezó, le pareció interesante: «El libro del trópico». El viento fresco de octubre de 1934 traía los frutos más amorosos de la literatura. Catalina, concentrada en la lectura, rebosando de juventud y buen ánimo, sentía la brisa fresca en el rostro. De pronto alcanzó a mirar en el suelo una sombra que se acercaba a ella. Levantó el rostro y se encontró con una sonrisa amable.

-¡Hola!  No esperaba verle. Qué sorpresa más agradable.

-Me halagan sus palabras, Catalina.

-¿Cómo supo que estaría yo aquí?

-No lo sabía, al menos conscientemente –le contestó Salarrué-. Pero algo inexplicable me trajo hasta aquí. En el inconsciente a veces somos más sabios y es conveniente dejarnos guiar por él de vez en cuando. Y fue lo que yo hice hoy.

-¡Pues aplaudamos y demos un aleluya al inconsciente! –replicó emocionada Catalina.

-Sé que a usted le gusta leer, así que le quiero regalar este librito mío recién publicado –y se lo entregó a Catalina. Pero ella se lo devolvió en el acto.

-No me lo va a dar así nada más. El obsequio tiene que ser completo –dijo Catalina, con una dulce sonrisa-. ¿No me lo va a autografiar?

Salarrué sonrió y se sentó en la banca, junto a ella. Escribió entonces en la primera página: «Para mi querida amiga Catalina, con el sincero destello nacido en este terruño de sencillo légamo, ceniza y corazón.»  Luego, con una mirada verde y diáfana, le entregó nuevamente el libro a Catalina. Ella sonrió al leer en silencio la dedicatoria. Y después, en voz alta, leyó con emoción el título del libro:

-¡Cuentos de barro!

Escrito por:

Óscar Perdomo León

* Pintura de Jorge Frasca, argentino.

** Pintura de Miguel Ángel Avataneo, argentino.

LOS DÍAS DE UNIVERSIDAD Y LA REALIDAD

Universidad de El Salvador 2013 18

Los días de universidad fueron días de aprendizaje amplio, no sólo de teoría y práctica de la ciencia, sino también de procesos vitales.

Universidad de El Salvador 2013

Hace unos días, después de tantos años, entré a la universidad y me encontré con edificios nuevos, con jóvenes adolescentes con caras como la que yo tenía hace tantos años. Caminé alrededor de varias facultades y las memorias me llenaron.

Universidad de El Salvador 2013 10

Recuerdo que en esos días hablaba mucho con un amigo sobre las teorías sociológicas y económicas, sobre religión y sobre la guerra civil salvadoreña. Aunque estudiábamos Medicina, los temas de la realidad nacional y del mundo nos interesaban mucho.

Universidad de El Salvador 2013 9

En los días de universidad aprendí muchas cosas, especialmente a mirar con otros ojos el mundo.

También los días de universidad fueron días de confusión: el país todavía estaba en guerra y los estudiantes no eran muy bien vistos por el régimen.

Universidad de El Salvador 2013 16

La primera vez que participé en una manifestación callejera, organizada por la universidad, en la que se exigía al gobierno más presupuesto, las emociones que sentí fueron diversas. Sentí temor, pero también solidaridad hacia mis compañeros… La sensación de estar participando en una lucha justa y sentir un aire de coraje me hicieron crecer un poco.  Y el hecho de saber que esas marchas eran en última instancia organizadas por la guerrilla, me hacía sentir bien, porque yo creía sinceramente que la lucha de la izquierda era una lucha por la justicia. (Lo único que no me gustaba era que algunos participantes mancharan las paredes.)

Muchos quisimos cambiar a nuestro país, desde nuestro ángulo, desde nuestras posibilidades.

Universidad de El Salvador 2013 7

Con el pasar de los años me he dado cuenta que la mayoría de dirigentes de la izquierda de mi país han olvidado la esencia de esa lucha. Ya casi todos se han acomodado al sistema corrupto y de desinterés por mejorar a nuestro país.

En la derecha, y en lo que algunos han dado en llamar el centro, tampoco tengo esperanzas. Ya no hay diferencias de acción entre unos y otros, la única discrepancia entre unos y otros es en las palabras huecas y egoístas que pronuncian cada día.

Y me doy cuenta además que todos en El Salvador, incluyéndome, sin importar la clase social a la que pertenezcamos, o la ideología, tenemos un poco de culpa de cómo va caminando tan mal este país…  Quizás no hemos hecho lo suficiente.

Este es un país en donde no se respetan las leyes y en donde la educación es un asunto al que no se le da la importancia necesaria. Y la educación nos incluye a todos. Y el respeto hacia los demás cada vez va de mal en peor. Este pedacito de Centroamérica parece que va terriblemente a la deriva.

Universidad de El Salvador 2013 8

Siento mucho escribir palabras tan negativas sobre el El Salvador, pero es mi sentir y creo que el de muchos también.

A los ciudadanos comunes tengo que decirles algo. A los políticos ya no tengo nada qué decirles. En ellos no tengo esperanzas. Son un caso perdido.

¿Pero qué podemos hacer las personas comunes?

Lo que podemos hacer es trabajar con honestidad y dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, cada uno en su campo y con sus propias herramientas. Aferrarnos cada uno de nosotros al deseo de hacer las cosas buenas.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

VÍDEO DE LA CANCIÓN «NUESTRA MEMORIA». Óscar Perdomo León

Érika blanco y negro 5

Este día tengo el placer de presentar en mi blog el vídeo de la canción «Nuestra memoria». Agradezco sinceramente a todas las personas que aceptaron actuar en él, en especial a la poeta Maura Echeverría, a mi querida amiga Laura Bodin y a la poeta Stefany Escobar.

Gracias también a mi esposa Érika, quien es la inspiración y el motor de mi vida, y a quien le dedico esta canción.

Óscar Perdomo León

***

NUESTRA MEMORIA

***
Vídeo escrito, editado y dirigido por
ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO
y ÓSCAR PERDOMO LEÓN

***

Actuaron:
MAURA ECHEVERRÍA
LAURA BODÍN
y STEFANY ESCOBAR

Además:
NOHEMY DE PERDOMO
ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO
SANDY MARILÍ RAMOS
LEONEL DURÁN
Y niñas del colegio María Goretti de Sensuntepeque.

***

Música y letra: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Ejecución de guitarras y voces:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN

***
Agradecimientos sinceros para Salvador Huiza, por su ayuda incondicional.

Para quienes no lo puedan ver en Youtube, lo pueden hacer en Vimeo.

***
NUESTRA MEMORIA
(Dedicada a Érika Valencia-Perdomo).

La vida se diluye
como una espiración de humo
que ya no podrá ser
la que fue.

¡Qué breves criaturas somos!

Por eso importa tanto
el sentir y el pensar,
llenarnos la memoria
de atardeceres y de hojas,
de arroyos y de libros,
de besos y de noches,
de cantos y de risas.

Estoy mirando caminos.
Estoy mirando tu rostro.
Entrego desnudo el corazón
para dar lo más puro que tengo.

Hay inmensos jardines
hoy mirándonos
y hay, nadando, un extenso pasto
bajo nosotros.

Que tus manos lo perciban,
que tus ojos lo vean,
que tus labios lo quieran,
que lo archive tu memoria.

***
El Salvador, 2013.
© Nuestra memoria. Óscar Perdomo León.

Mujer y mariposas de Christian Schloe

Pintura hecha por Christian Schloe.

………………………………………………………………………………………………..

Quiero incluir aquí algunos comentarios que estas bellas persona hicieron sobre este video y su canción, a quienes les agradezco mucho:
LAURA BODIN: «¡Magnifica producción! Abrí hoy mi correo después de una ausencia de tres semanas y vi el vínculo al video. Lo vi y lo adore. Se me vinieron a la mente los recuerdos de unas horas felices pasados con ustedes en San Salvador. Me hablaron de «un video» que iban a hacer, pero nunca imagine que fuese tan rápido. Ya aparece el video en YouTube, donde iré a verlo cuando me sienta triste y sola. En la melodía, la letra, la voz, las imágenes, en fin en toda la producción se destaca el inmenso amor que ambos sienten el uno por el otro y por cada segundo de la existencia del otro. ¡Bello!
«Ay! mis queridísimos Óscar y Érika, que gran sorpresa para mi ver este video. Felicidades a los dos por esta bella producción –una en la cual me hacen el gran honor de incluirme. «Gracias. Les agradezco mucho que hayan pensado en mi como actriz en vuestro video. Lo acabo de ver otra vez con Thierry. A el le gusto mucho también. Me dijo que le gusto la guitarra, tu voz, la manera en que fue filmado. I have loved all your films and videos, but there is a soft and gentle quality to this video that is very captivating. Thank you!»
«Este video, que toca tantos de los temas que me apasionan, me llena de admiración por la labor artística y creativa de ambos. El pasar de la vida “como una espiración de humo”, el reconocimiento y la aceptación de lo que “uno no puede cambiar”; ustedes han encontrado el antídoto a tanta perdida: la creación artística inspirada de nuestra trágica condición humana. En nuestros recuerdos, en nuestra memoria reside nuestro “yo” –todo lo que toca con este tema me fascina. Que el amor que siente Óscar por Érika y Érika por Óscar siga encendiendo la llama ardiente de tanta inspiración creativa –música, poesía, fotografía, videografía, cinematografía, teatro, canto…
«And thank you so much for the honor of including me in your beautiful video. You two are my inspiration in this ephemeral world of woe and endless loss. I miss you both terribly.»
THIERRY BODIN: «Very good Oscar. I like your song; it has both a beautiful melody and guitar arrangment. Laura translated your text and it is a touching reflexion on the simple but meaningful experiences than life offers. I also enjoyed the vocal harmonies. The guitar arpegios have a calming and conforting quality to it. Congratulations!»

EN LA INTIMIDAD. MÚSICA y VÍDEO

???????????????????????????????

El erotismo y el deseo, cuando están unidos al amor, son dos alas poderosas que pueden alcanzar alturas inimaginables.

Quise unir un poema con una música lenta. La música la quise hacer reflexiva y amorosa, pero creo que me salió un poco triste. Este sencillo poema que hoy nada en el mar de la música es para usted Érika.

Nota: Agradecimientos sinceros para Ronald Areniva, quien tocó la guitarra eléctrica.

********************************************************************************

«EN LA INTIMIDAD»

Música y letra: Óscar Perdomo León.
Guitarra eléctrica interpretada por Ronald Areniva.
Guitarras acústicas y voces interpretadas por Óscar Perdomo León.

Para los que no puedan escuchar la canción aquí, lo pueden hacer acá.

Una lámpara esparce, sigilosa,
una infinita red de luz.
Sobre la sábana, a la orilla del regazo,
un libro, esperando…
Y en todo el cuarto el dulce aroma de tu cuerpo.
En mi cama estás arañando
hermosamente mi soledad.
Con la tempestad de tus manos
el frío se me ha muerto.
La tiniebla de los párpados,
sumada a tu cuerpo,
es una escandalosa ola
que golpea y arrastra.
Quedate, dulce inhibidora de frío. Alumbrame.
Cubrime con tu red infinita.
De tus pechos las luces, por una extraña virtud, silenciosas penetran en mi cuerpo con audacia…

Para los que no puedan ver el vídeo aquí, lo pueden hacer acá.

Guión, edición, cámara y dirección: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Actriz: ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO

***

El Salvador, 2013.
© En la intimidad. Óscar Perdomo León.

UN ALUD INEVITABLE. Mi homenaje a Los Beatles

Smoke 2

Este es un cortometraje muy personal, pero también es mi breve homenaje a Los Beatles. «Un alud inevitable» lo escribí hace tres años y hasta hace unos días se me ocurrió hacer un corto con ese material.

Gracias a mi esposa Érika, por sus consejos sobre edición. Y gracias a mi amigo Arecio De León, por ayudarme a grabar «A day in the life».

Sin más palabras los dejo con UN ALUD INEVITABLE.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía cortesía de la Familia Romero Cárcamo.

Créditos de «Un alud inevitable»:
Escrito, narrado y editado por
ÓSCAR PERDOMO LEÓN
*

Música original de THE BEATLES usada sin objetivos  de lucro.

Fotografías de THE BEATLES fueron extraídas de Google y usadas también
sin fines de lucro.
Música de QUEEN y JOAN MANUEL SERRAT usada sin fines de lucro.
*
Imágenes de la guerra civil salvadoreña tomadas de Google.
*
DANCITA DEL REQUICE Compuesta e interpretada por ZUNCA.
*
Fragmentos de las canciones NOSTALGIA POR ATIQUIZAYA
y MI SOLEDAD compuestas por ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
*
A DAY IN THE LIFE
(Lennon & McCartney)
Versión instrumental interpretada por ARECIO DE LEÓN (Piano y bajo eléctrico)
y ÓSCAR PERDOMO LEÓN (Guitarra acústica, guitarra eléctrica,maracas).
Grabada en en el Estudio de Grabación de ARECIO DE LEÓN.
*
Una producción de
LA ESQUINA DE
ÉRIKA Y ÓSCAR
y
ÁRBOLESDEFUEGO
*
El Salvador,
América Central.
2013

TRES POEMAS

La poesía siempre me ha interesado, especialmente desde el punto de vista de lector; sin embargo de vez en cuando se me ocurren palabras y frases, a las que yo llamo poemas…

BREVE   RETRATO

Tus ojos: húmedas lámparas, de finos musgos y delicadas algas.

Tus cejas: mínimas cordilleras por donde transitan, absortos, mis ojos.

Tu nariz: fresca ternura, elementales hojas.

Tu boca: la palabra, el beso, la mina de diamantes.

Tu cabello: mutación de coral oscuro, vegetación de terciopelo.

Tu voz: un intenso relámpago, iluminando mi oído.

Tus pies: la perfección, la imparable belleza.

Tus manos:

maravillosas herramientas, bronce en movimiento, materialización de la caricia.

NUESTRA MEMORIA

I

La vida se diluye como una espiración de humo que ya no podrá ser la que fue.

¡Qué breves criaturas somos! Por eso importa tanto el sentir y el pensar. Llenarnos la memoria de atardeceres y de hojas, de arroyos y de libros, de besos y de noches, de cantos y de risas.

II

Ojalá pudiera perseguirte y mirarte haciendo cosas, diciendo palabras, llenándote de alegría. Yo, con la sorpresa en mis manos, interrumpiría tus actividades para besarte la boca y las mejillas.

III

Estoy mirando caminos. Estoy mirando tu rostro. Entrego desnudo el corazón para dar lo más puro que tengo. Hay inmensos jardines hoy mirándonos y hay, nadando, un extenso pasto bajo nosotros.

Enviémonos mensajes y respuestas, que si lo sentimos existe.

Que tus manos lo perciban, que tus ojos lo vean, que tus labios lo quieran, que lo archive tu memoria.

VOS

Vos, flor de algodón -encaje blanco-, fresa de la montaña -olor de transparente laguna-pasto fresco donde mis manos de insecto aprenden a caminar.

Vos, libro interminable, vino fuerte que no invita al estupor, paloma volando con el canto sensual en las manos.

Vos, tierna y morena, dura y rebelde, forjadora del amor, telar de caricias y colores.

Vos, la más hermosa, caminás con la luz en mi pecho.

Poemas escritos por:

Óscar Perdomo León

Fotografía tomada por:

Beatriz Andrea Perdomo Pacas