YA EMPEZAMOS A RODAR EL CORTOMETRAJE «SOLEDAD»

Érika maquillando a Stefany Escobar.

“Ya empezamos a rodar” suena muy grande: no hay gran presupuesto, no hay grandes luces, ni poses de divas, ni grandes cámaras. En realidad hemos empezado a filmar con una diminuta cámara handycam el vídeo que será nuestro próximo cortometraje. Aclaro que todo esto lo hacemos como aficionados y no como profesionales del cine, que no lo somos. Sin embargo, no nos sentimos, ni Érika ni yo, disminuidos por eso. Al contrario, las dificultades que enfrentamos son un reto para tratar de mejorar y aprender. Sabemos que tenemos lo esencial: un guión, los actores, la confianza en nosotros mismos y un entusiasmo a prueba de tormentas y desiertos.

Érika y yo sólo somos un par de médicos enamorados del cine, de su lenguaje, de su magia…

Y juntos, estamos co-dirigiendo y encargándonos, asimismo, de mil cosas más.

Rodando en Nuevo Edén de San Juan, San Miguel.

Los actores principales son Stefany Escobar y Ricardo Flores.

Este cortometraje, cuyo nombre será SOLEDAD, es muy especial para Érika y para mí. Desde que hicimos Una mirada rebelde (con el dispositivo de vídeo de un teléfono celular), pasando por Panchimalco y su iglesia Panchimalco y su iglesia, entre otros, hasta Rodolfo Góchez, escuchando al poeta, sólo hemos realizado documentales; pero esta vez, este guión es el primero de ficción que hemos escrito juntos.

Como aficionados al cine y al vídeo, disfrutamos mucho este juego de la búsqueda de locaciones, la dirección de actores y la edición, por mencionar algunas de las actividades relacionadas con la realización de un corto. Planificamos, pensamos, nos inventamos nuevas escenas, nos mantenemos en fin activos y creativos, nos sentimos con la vida a flor de piel.

Érika maquillando a Ricardo.

Además la música original que llevará este trabajo, y que es muy sencilla, por cierto, ya la he compuesto y sólo falta retocar algunos pequeños detalles de la grabación.

También ya se realizó la sesión de grabación de la voz en off de “Soledad”, interpretada por Stefany.

Stefany, guión en mano, grabando la voz en off. (Me gusta su camiseta de los Cuatro Fabulosos de Liverpool).

Esperamos relativamente pronto mostrarles en este mismo blog o en LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR el resultado final de este cortometraje para compartir ideas y emociones, ya sean positivas o negativas, que puedan surgir de él.

Los dejo, para finalizar, con un avance del cortometraje SOLEDAD.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Mariana Soledad Guardado Valencia

Érika Valencia-Perdomo

Este avance fue publicado originalmente en LA CINERATA .

«UN PASEO POR LA VIDA». Capítulo III.

Ese dolor inmenso y llorar así de golpe por la noticia inesperada de la muerte su amigo Virgilio, llevaron al Conde a un viaje veloz hacia su niñez, hacia los primeros días de antes y después de esa otra muerte que lo había golpeado fuerte en la vida: la muerte de su padre.

Unos días antes, su padre había sido ingresado en el hospital y el Conde, que apenas tenía 8 años de edad, se la pasaba por las noches acostado mirando el techo y lloriqueando como una esponja exprimida, porque, aunque nadie se lo había dicho directamente, sabía -o intuía- que su padre tenía una enfermedad grave. Era un hombre joven de apenas 33 años de edad que, estando en aparente buen estado de salud, había caído de pronto inconsciente al suelo, después de una terrible y repentina cefalea.

Mientras miraba las manchas en las paredes, el Conde recordaba cómo unos días después su tío Rodrigo le había mentido diciéndole que lo llevaría al hospital a ver a su padre. «Pero antes vamos a pasar a hacer un mandado», le había dicho su tío, mientras el teatro, la alcaldía y la catedral veían al hombre y al niño atravesarse el parque.

Al doblar una esquina, después de caminar un par de calles, vio la funeraria y a toda esa gente de luto. Entraron sigilosamente. El ambiente parecía brumoso. El Conde y su tío voltearon la mirada al escuchar un llanto… Era la mamá del Conde sentada en un extremo opaco. Luego vieron el ataúd al fondo. El Conde presintió lo peor. No quería creerlo y sólo quería salir corriendo para cualquier lugar que no fuera la funeraria; pero sabía que la realidad no desaparecería alejándose de ella, así que se acercó lentamente al féretro. Cuando ya estaba frente a él, alguien lo tomó en brazos y lo levantó, como para que se convenciera de lo terrible, de lo amarga que puede ser la vida a veces, y entonces pudo ver a su padre. Estaba con los ojos cerrados, acostado, vestido de saco y corbata, con un color pálido tenebroso en la piel y unos algodones tapando cada una de las fosas nasales. Esa impactante imagen y esos cortos segundos quedaron grabados en su memoria para siempre.

Después de eso, los recuerdos se volvieron nebulosos en la cabeza del Conde. Sólo recordaba que a continuación del sepelio, él y su familia pasaron varios días hospedados en la casa de su tía Teresa (esposa de su tío Rodrigo), porque ella pensaba que era una manera de dar apoyo a su hermana que se había quedado viuda y con dos niños pequeños. Su casa era grande y espaciosa y les había asignado un dormitorio con dos camas, en donde el Conde, su mamá (Margarita) y su hermano Hernán se sintieron de alguna manera reconfortados.

Margarita estaba desconcertada con la muerte de su esposo y parecía estar como en un limbo soñoliento de donde no alcanzaba a aterrizar los pies sobre el crudo escenario de la vida o era tal vez que la realidad la había jalado tan fuerte y bruscamente hasta el suelo que el golpe la había dejado semiinconsciente. Lo cierto es que se le veía derrumbada, afligida y desconsolada. Por eso su hermana Teresa no dudó un solo instante en pedirle que se quedara unos días con ella hasta que se sintiera un poco mejor. Y en verdad que mejor, lo que se llama “mejor”, no se sintió, a pesar de que los días pasaban y pasaban;  pero Margarita sabía que al final tenía que regresar a su casa. Así que después de una larga semana hizo las maletas y tomó rumbo hacia el que entonces se había vuelto un incompleto espacio llamado hogar. Ese fue un día inolvidable, tristemente sentido para el Conde. Cuando su hermano, él y su madre llegaron a su casa, se quedaron mirando la fachada, como queriendo reconocerla, como adivinando que ya no era la misma casa que había albergado a una familia feliz.

Entraron por fin a su morada. Todo estaba oscuro y polvoriento. Había sobre el suelo del corredor un montón de restos de capulines dejados por los murciélagos nocturnos. Las telarañas oscilantes en los ángulos de las paredes se habían adueñado de la vivienda. El ambiente era sombrío y la casa estaba silenciosa y solitaria. Caminaron juntos, casi con el mismo ritmo. De pronto, al ver la penumbra, su madre se detuvo y abrazó a los dos niños y rompió en llanto. El Conde y su hermano se refugiaron en el regazo de la angustiada mujer. El Conde intentó decir unas palabras que quisieron dar alivio a su madre, pero se le quedaron aglomeradas y atascadas en un grueso nudo de la garganta. Margarita, vestida de luto completo –el cual usó durante todo un año-, estaba inconsolable, llorando sin reparos, con lágrimas y lamentos, como si intentara  sacar todo el dolor que llevaba adentro.

Eran más o menos las cinco y media de la tarde y el sol rojo, en el horizonte lejano, crispaba en agonía…

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

LA CASA DE BEATRIZ. Más que un cortometraje de ficción, un juego infantil.

En el año 2006 mis dos hijas (Laura y Beatriz), mi sobrino (Carlitos) y yo, estábamos pensando en salir a alguna parte para divertirnos, como el cine, el parque, etc. Pasaron los minutos y no nos decidíamos, entonces les propuse hacer un corto, con la condición de que ellos inventaran la historia. Y así fue, en pocos minutos los niños ya tenían todo el argumento. De tal manera que al rato ya estábamos rodando. La mayoría de diálogos y monólogos fueron improvisados por los mismos niños.

El resultado de ese día fue LA CASA DE BEATRIZ, un cortometraje de ficción, pero más que eso, un juego, un ejercicio de creatividad y de actuación de tres infantes.  Al final del cortometraje contamos también con la colaboración, actuando, de mi hermana Wendy.

Estas imágenes son un bello recuerdo de la niñez de esos tres seres queridos de mi familia. Por ejemplo, Carlitos, quien para entonces tenía 7 años de edad, era menos alto que Laura, y ahora él es más alto que su mamá y casi de mi estatura.

He querido recordar este día, este cortometraje que tiene tanta energía de parte de Carlitos, Laura María y Beatriz.

LA CASA DE BEATRIZ

Texto:

Óscar Perdomo León

 Rodado en el año 2006, con el dispositivo de vídeo de una cámara fotográfica.
Actores:
BEATRIZ PERDOMO PACAS
ROBERTO CARLOS CRUZ PERDOMO
LAURA MARÍA PERDOMO PACAS
y
WENDY PERDOMO LEÓN

*

Dirigido y editado por
ÓSCAR PERDOMO LEÓN

*

Cortometraje relacionado: MI HERMANA. Un cortometraje de ficción.

EL MARAVILLOSO MUNDO DEL ROSALES. Exposición fotográfica de Mauro Arias.

Pacientes con insuficiencia renal, esperando su turno para someterse a la diálisis peritoneal.

Este fin de semana que pasó fui al Museo Tecleño (Santa Tecla) y me encontré con varias exposiciones interesantes; pero hubo una que me impacto mucho: «El maravilloso mundo del Rosales»,  fotografías tomadas por Mauro Arias.

Lo primero que debo aclarar es que las fotografías que presento aquí son fotos que yo tomé a las fotos de la exposición, he allí la explicación de que su nitidez no sea tan buena y que haya algunos errores de iluminación en ellas.

El Rosales es el principal hospital de El Salvador, por ser uno de los máximos centros en recibir referencias desde todo el país, ya que cuenta con las especialidades de Medicina Interna, Cirugía y muchas de las sub-especialidades que de ellas se derivan.

Mesita  que sirve para poner medicamentos.

Al inicio de la exposición hay una lámina que textualmente dice: «Los número hablan por sí solos: 4,200 cirugías, 5,800 emergencias, y casi 30,000 consultas al año, convierten al hospital Rosales en el más importante de El Salvador. E igual de importantes son las carencias, deficiencias u obstáculos que enfrentan usuarios y personal del centro capitalino.»

Estas imágenes del hospital Rosales no me son del todo extrañas, pues durante mis años de estudiante de Medicina conocí los pasillos principales, los Servicios de Medicina, Cirugía, Ortopedia, Urología, etc. y casi cada rincón de ese nosocomio.

o

Pacientes mientras esperan consulta, descansan sentadas en unas cajas que contienen sueros.

Una colchoneta vieja y rota sirve de almohada para este carrito.

Silla de ruedas «reparada».

¿Tienen ustedes alguna sugerencia para el Ministerio de Salud?

Texto:

Óscar Perdomo León

Artículos relacionados:
EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA EN EL MUSEO TECLEÑO. Fotorreportaje.
PERIODISMO Y FOTOGRAFÍA EN EL TEATRO. Tres fotógrafos en el Centro Español de San Salvador.

ÉRIKA: LA VERÉ EN MIS SUEÑOS.

Usted me gusta cuando ríe, cuando mira hacia los alrededores, pensando, cuando duerme, cuando se enoja, cuando sonríe, cuando me besa. ¿Es eso el amor?

Hemos vivido muchas cosas juntos, Érika, y nunca me he aburrido de estar a su lado. ¿Es eso el amor?

A usted la veo por la mañana, por la tarde y por la noche, y a veces hasta la veo en mis sueños. ¿Es eso el amor?

I´LL SEE YOU IN MY DREAMS

Texto:
Óscar Perdomo León
I´LL SEE YOU IN MY DREAMS
(Compuesta por Isham Jones y Gus Kahn).
Interpretación (voz y guitarras):
Óscar Perdomo León
I´LL SEE YOU IN MY DREAMS
Lonely days are long
Twilight sings a song
All the happiness that used to be
Soon my eyes will close
Soon I’ll find repose
And in dreams
You’re always near to me
I’ll see you in my dreams
Hold you in my dreams
Someone took you right out of my arms
Still I feel the thrill of your charms
Lips that once were mine
Tender eyes that shine
They will light my way tonight
I’ll see you in my dreams
Blog LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR:
http://mariandanie.wordpress.com/

UNA VIDA MEJOR. Una película de Chris Weitz.

El doloroso drama de los emigrantes ilegales mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, etc. es de lo que trata «Una mejor vida». Trata acerca del típico hombre pobre que deja su país latinoamericano, por la falta de oportunidades y en la búsqueda de una mejor situación económica. Trata sobre los sentimientos  de amor de un padre hacia su hijo.

La temática de la separación obligada de las familias, a través de la deportación, nos cae a los espectadores como una fuerte bofetada y nos despierta y nos alerta sobre las leyes injustas e inhumanas con las que se rige este mundo, en donde los pobres siempre se llevan la peor parte. Se ve el lado bueno del “sueño americano”, pero también su lado más oscuro y siniestro. Es la cruda realidad que viven nuestros compatriotas día a día, pero en la película tenemos la oportunidad de mirar esa realidad de una forma más humana a través del rostro del personaje principal, Carlos Galindo (Demián Bichir).

Carlos Galindo es un jardinero que trabaja en Los Ángeles, California, de una manera dura y poniendo siempre todo su esfuerzo. Cada día es una lucha constante por ganarse el sustento. Pero en él, el rol negativo (como por ejemplo de vendedor de drogas, etc.), ese cliché que ha infestado las pantallas del cine hollywoodense, no aparece. En él, por el contrario, se pueden encontrar los valores de honestidad, responsabilidad, bondad y amor hacia su familia. Su hijo Luis (José Julián), quien vive su adolescencia de rebeldía y acechado por el riesgo de ingresar a una pandilla, es su razón de vida y de esfuerzo.

Al principio el ritmo de la película, dirigida por  Chris Weitz , se siente un poco lento; sin embargo, a medida que los personajes se van dibujando, con todos sus colores y todas sus aristas, y la trama se tuerce creando problemas que desembocarán en la deportación de Carlos, los espectadores se puede llegar a sentir identificados con ese dolor y esa desgracia que sufren nuestros hermanos latinoamericanos. Pero en tratar de resolver todas las dificultades, padre e hijo se unirán de una manera en la que nunca antes habían estado.

La actuación de Bichir es realmente buena; se apodera de su personaje desde la piel hasta la última célula sanguínea. Las escenas finales, cuando se despide de su hijo y cuando va de regreso hacia Estados Unidos a través del desierto, Demián Bichir nos demuestra con lujo de detalles que no es ningún actor improvisado. Muy merecida su nominación al Oscar como mejor actor.

Texto:

Óscar Perdomo León

Esta reseña se publicó originalmente en LA CINERATA

THE ARTIST. Una película de Michel Hazanavicius.

Los que nunca hayan visto un largometraje cinematográfico en blanco y negro, y, además, mudo, se preguntarán cómo es posible que una película así le pudiera gustar a alguien. Pues bien, una respuesta perfecta a esa pregunta sería “The artist”, la gran ganadora del Oscar como mejor película de este año 2012, escrita y dirigida por Michel Hazanavicius.

No terminará defraudado el que vea esta película, que es básicamente una historia de amor, de lucha, de éxito y caída, de amistad y orgullo, todo en medio de la industria hollywoodense entre las décadas de los ‘20 y los ’30 del siglo XX.

La película, hecha en pleno siglo XXI, es también un gran homenaje a las grandes producciones de cine mudo de los inicios del siglo XX.

De principio a fin, esta obra de arte lo mantiene a uno entretenido, mezclando escenas cómicas, con otras de tristeza y otras emociones diversas. No se necesitan palabras más que las que salen escritas de vez en cuando en los clásicos cuadros de fondo negro.

Hay tres grandes protagonistas en esta cinta: George Valentin (protagonizado por Jean Dujardin), Peppy Miller (Bérénice Bejo) y la música. Valentin es una estrella del cine mudo, el más grande, admirado por todo el mundo; sin embargo, cuando llega la era del cine sonoro, es despedido por los estudios; a partir de ahí, la vida de Valentin empieza una caída en avalancha hasta tocar fondo. Peppy Miller, que es una joven común y corriente que conoce a Valentin cuando éste era una gran estrella, empieza su carrera como actriz gracias a la ayuda de él, hasta alcanzar el estrellato en pleno inicio del cine sonoro. Ella, ya siendo rica y famosa, no se olvida de su mentor y en todo momento trata de ayudarlo a salir de su desgracia.

Ahora bien, la música juega un papel preponderante en esta película. Podríamos decir que la música es el lenguaje de los actores, de las escenas de grandeza y de alegría, así como de las de depresión y  desdicha. Fue compuesta, con pequeñas excepciones, por Ludovic Bource.

Es de hacer notar también la relación de amistad y de respeto que se establece en la historia entre Valentin y su chofer (protagonizado por James Cromwell). Hay escenas muy conmovedoras entre ellos.

Las actuaciones. Por un lado, la actuación de Dujardin le valió ganar como mejor actor en Cannes y un Oscar como mejor actor del año. Su actuación es realmente impresionante y en más de una ocasión le arranca las lágrimas al público. A mi parecer, Bérénice Bejo no se queda atrás en la calidad de su actuación. (Quizás si Bejo no hubiera tenido que competir contra la gran actuación de Meryl Streep en “La dama de hierro”, quizás hubiese tenido más posibilidades de ganar).

También la mascota de Valentin, un pequeño perro simpático, nos brinda escenas de ternura, de actuaciones de fidelidad a su amo y hasta de heroísmo.

Para quien no haya visto aún “The artist”, le recomiendo que lo haga. Es una experiencia realmente inolvidable.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen tomada de Google.
Esta reseña fue publicada originalmente en LA CINERATA.

LA OTRA TIERRA. Una película de Mike Cahill.

La idea de un universo paralelo, con realidades alternativas, es una teoría basada en las probabilidades. La inmensidad del universo es algo inabarcable. Pero también inmensas son las emociones humanas: el sentimiento de culpa, el odio, el amor, el perdón…  Este es el centro y la médula de la película «La otra Tierra», que vio la luz en el año 2011, y fue dirigida por Mike Cahill. Fue co-escrita por Mike Cahill y, por su actriz principal, Brit Marling.

Este largometraje es un drama bastante intenso con una historia original; aunque hay momentos que pareciera que el ritmo es lento, en realidad la mayor parte me gustó, y creo que esto fue gracias principalmente a la actuación bastante buena de Brit Marling.

Todo inicia cuando la adolescente Rhoda Williams (Brit Marling) va manejando su vehículo, con unos tragos de más, mientras escucha en la radio sobre la existencia de un planeta similar a la Tierra, conocido como “La Tierra 2” y que se mira sólo como un punto azul.

A unos metros de allí se encuentra haciendo alto un automóvil en donde se conducen una familia de tres: un padre, una madre (que además está embarazada) y su hijo.

Rhoda, distraída mirando a través de su ventana ese planeta, se estrella contra ese automóvil. La escena es impactante, tanto por el ángulo en que fue filmada, como por el silencio que la antecede.

En el accidente mueren la mujer y el niño. El padre, cuyo nombre es John Burroughs, personificado por el actor William Mapother, permanece en coma durante mucho tiempo.

Rhoda va a la cárcel por cuatro años y al salir, decide trabajar en limpieza en una escuela, que sería una especie de autocastigo por los asesinatos cometidos, aunque involuntariamente, pero la culpabilidad la sigue hiriendo.

“La Tierra 2”, que al principio sólo era un puntito azul en el cielo, poco a poco se va acercando a la Tierra, con luna incluida, como en una imagen en espejo. Pronto se organiza un viaje estelar, cuyos boletos son carísimos, pero en Internet hacen un concurso para ganarse un boleto en ese vuelo especial; para ganarlo hay que escribir una prosa con las razones convincentes de por qué se querría ir a ese viaje. Rhoda escribe y gana el boleto.

 Leyendo un periódico, se da cuenta que John Burroughs ha salido del coma. Va a su casa para pedirle perdón, pero pierde el valor de hacerlo y le dice una mentira: que ella es de una organización de limpieza gratis.

En este punto, y con el trascurrir de los días, se alcanza y se forma una relación entre ellos, que crece hasta el romance.

La película es muy interesante porque se mezcla la vida contemporánea con la ciencia ficción de una manera bastante creíble. Es una cinta sin mucho diálogo, pero sí, a través de imágenes, con cambios de luz, de vestuario y de maquillaje, nos va contando la evolución sentimental de los dos principales personajes.

¿Viajará Rhoda al espacio exterior? ¿Llegará a saber John Burroughs que Rhoda fue la adolescente que manejaba irresponsablemente el vehículo que causó el fatal accidente?

Por supuesto que no les voy a contar el final, pero les puedo decir que, a mi parecer, la película termina muy bien con un giro inesperado para el espectador.

Texto:

Óscar Perdomo León

Revisión de ortografía y redacción: Laura María Perdomo Pacas.
Imagen tomada de Google.
Publicado originalmente en LA CINERATA

¿POR QUÉ HA GUSTADO TANTO LA SERIE SALVADOREÑA «CAPITÁN CENTROAMÉRICA»?

La serie CAPITÁN CENTROAMÉRICA es una parodia, realizada por salvadoreños, de la caricatura estadounidense Capitán América.

En septiembre de 2011 apareció en YouTube el primer capítulo de esta interesante serie que ha captado la atención de un amplio público salvadoreño, especialmente de la audiencia que navega con frecuencia en el mundo virtual del Internet.

Quizás lo primero que hay que decir es que en esta serie participa, como actor, el cineasta salvadoreño André Guttfreund, quien es miembro activo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Los Estados Unidos, y es, además, ganador del Oscar de 1976, por dirigir el cortometraje «En la región del hielo».

Lo segundo que tendría que decir es que el CAPITÁN CENTROAMÉRICA es una producción de bajo presupuesto. (Hay que aclarar que en El Salvador es muy difícil conseguir presupuesto para una producción cinematográfica, a diferencia de otros países de la región americana.)

Pero…  ¿por qué ha gustado tanto el CAPITÁN CENTROAMÉRICA?

La primera respuesta a nuestra interrogante, para mí, sería que la serie tiene una calidad bastante buena.

Pero no sólo la evidente calidad es la que gusta a la gente, es también la comicidad que baña buena parte de cada uno de los guiones. Todos los actores y actrices han sabido cargar muy bien con el humorismo y con el rol que se les ha asignado. Y me agrada que no parten de la vulgaridad para hacer reír. Más bien nos reímos de nuestra cotidiana idiosincrasia. Además, las actuaciones son buenas y convincentes.

Otra cosa importante que creo que es importante para que esta serie haya cautivado al público es una cosa muy básica del séptimo arte: El cine es un espejo de la sociedad y a los salvadoreños nos ha gustado mucho vernos reflejados en la pantalla (aunque sea en la pequeña pantalla de una computadora). Ver rostros familiares, escuchar hablar sobre comidas muy nuestras y oírlo con el acento tan típicamente salvadoreño es algo que necesitamos los salvadoreños. Vemos en la pantalla el rostro del Capitán Centroamérica y de sus ayudantes  (el Mudo y Marimba) y nos reconocemos.

Además, el hecho de mirar unidos a nuestros países, en la gran patria centroamericana –el sueño de Francisco Morazán- es algo que muy en el fondo nos agrada, nos hace vernos más grandes y fuertes; quedan atrás las divisiones absurdas y las peleas inútiles entre hermanos centroamericanos.

Sin embargo, me parece que el punto medular del éxito del CAPITÁN CENTROAMÉRICA, es que los salvadoreños saboreamos la justicia, aunque sea por un momento y aunque sepamos que no es de verdad, disfrutamos realmente de ver por fin a alguien impartiendo justicia. Al CAPITÁN CENTROAMÉRICA lo amamos porque tiene un sentido de servicio hacia el prójimo que vemos como algo raro y perdido entre los que se supone que deben tenerlo.

La frustración que el pueblo salvadoreño siente con respecto a sus políticos, la indignación que siente hacia la corrupción, la angustia y el temor que experimenta a diario debido a la violencia y a las extorciones, se ve todo solucionado por un superhéroe nacido del pueblo, un hombre agradable que deja el egoísmo a un lado y piensa en alguien más que sí mismo.

Esa es la clave principal. El CAPITÁN CENTROAMÉRICA personifica la justicia que tanto necesitamos en nuestro país.

Pero aparte de todas estas impresiones personales, quiero decir que mi alegría se suma a la del pueblo salvadoreño, al ver surgir una serie nacional tan emocionante. Felicitaciones para Andrés Díaz (guionista y director) y para todos los que han participado de una u otra manera en ella.

Para finalizar, para quienes no lo hayan visto, los dejo con el capítulo dos del CAPITÁN CENTROAMÉRICA, que me parece que muestra muy bien de lo que les he estado hablando.

Texto:

Óscar Perdomo León

LA LAPIDACIÓN DE SORAYA M. Una película de Cyrus Nowrasteh.

La historia da inicio en el año de 1986, y se lleva a cabo en Irán,  cuando el periodista francés-iraní Freidoune Sahebjam (personificado por Jim Caviezel) tiene un desperfecto mecánico en su carro y al llegar a un pequeño pueblo para que se lo arreglen, se encuentra con Sahra (Shohreh Aghdashloo), una mujer que se da cuenta que él es un periodista y, a escondidas de los demás, le cuenta la terrible historia de su sobrina, Soraya.

Soraya (Mozhan Marnò) está casada con Ebrahim (David Diaan), con quien tiene dos hijos y dos hijas. Pero Ebrahim se ha enamorado de una chica de 14 años de edad y para divorciarse de Soraya tiene que darle una especie de herencia, la cual él se niega a brindar, de tal manera que, de una manera fría y calculadora, maquina una forma de deshacerse de Soraya: la acusa de adulterio, un delito grave bajo la religión islámica, para lo cual el castigo es la muerte por lapidación.

En este punto es fácil para el espectador comprender que las mujeres iraníes no tienen voz ni voto en las decisiones grandes de su país, así como también puede establecer y ser testigo de la injusticia llevada a sus máximas consecuencias.

En un país donde la vida de los ciudadanos y el accionar del gobierno están supeditados a una religión, con sus preceptos antiguos y violentos, llenos de ignorancia y prejuicios, no puede resultar nada bueno. Un país donde el laicismo está ausente, el atraso en la educación y en las relaciones sociales es evidente.

Y de esto es lo que trata «La lapidación de Soraya M.», (conocida en español como «La verdad de Soraya»), producción estadounidense que vio la luz en el año 2008, y cuyo guión está basado en el libro que escribió Freidoune Sahebjam, «La Femme Lapidée».

Este largometraje también aborda esencialmente la injusticia inclinada en contra de la mujer y su ausencia de derechos.

Si el Islam justifica el asesinato (como también lo hace el antiguo testamento de la Biblia), y si esta religión es seguida de una manera fundamentalista por muchas personas en el mundo, podemos decir con tristeza que la violencia no tendrá fin.

La escena de la lapidación es tan real que me parece que nadie puede quedarse indiferente ante tal acto de bestialidad.

Las actuaciones son exquisitas, sumamente creíbles, dignas de ser premiadas en cualquier gran festival de cine. Y la música es muy importante y bella en la historia. Pero lo principal es que su realismo conmueve y nos sensibiliza  ante un problema de machismo, de brutalidad y de muerte con tortura que aún se sigue empleando en varios países islámicos fundamentalistas.

Los dejo con un avance de la película.

Texto:

Óscar Perdomo León

Esta reseña originalmente fue publicada en LA CINERATA 

VITUS. Una película de Fredi M. Murer.

Los que hayan leído algunas de las reseñas que he escrito sobre cine ya habrán notado que tengo una especial inclinación hacia las películas que están llenas de música, ya sean directamente musicales o largometrajes cuyo tema central esté impregnado de este arte del sonido.

«Vitus» es una película suiza, muy musical, que llegó a los cines en el año 2006. Dirigida por Fredi M. Murer, un experimentado profesional a quien lo precede una veintena de películas. La trama parte al contar la historia de Vitus, un niño prodigioso para la música, pianista, pero también con una inteligencia muy superior al promedio y que también es muy hábil en muchos de los otros campos del conocimiento humano.

Sin embargo, el niño crece arrogante y, en cierta manera, solitario. El primer golpe que recibe es cuando sus padres, al ver su grandiosa habilidad para la música, deciden cambiar a su tutora, a quien el niño quiere mucho. El segundo gran golpe es que sus padres resuelven cambiar a su niñera, Isabel, una preadolescente muy simpática de quien el pequeño Vitus se había enamorado.

Cuando Vitus alcanza la edad de 12 años, se cansa de ser superior y anormal, con su IQ tan elevado que casi es inmedible; entonces inventa y actúa un accidente en donde finge golpearse la cabeza. Después de eso, se muestra como un niño común y corriente. Lo mandan entonces a una escuela normal. El piano apenas lo puede tocar. Sus padres se decepcionan, en especial su madre.

Pero en la vida de Vitus hay un pilar en donde él se sostiene, un punto de equilibrio para sus emociones y su amor: su abuelo paterno. Entre ellos hay, desde el principio, una amistad muy sincera, cariñosa, de respeto mutuo. Son cómplices muy cercanos.

Vitus, más adelante, comprando discos en una tienda de música, reconoce a Isabel, ya una mujer joven, muy bonita. Vitus continúa enamorado de ella. Me gusta mucho la escena donde ella, sin saber que él es el niño Vitus a quien cuidaba, le muestra y recomienda algunos discos, y Vitus la mira totalmente enamorado.

Mientras tanto, algunos problemas familiares se presentan: su padre es despedido de la empresa en la que ha trabajado durante tanto tiempo, y su abuelo tiene un accidente muy serio.

Durante todo el largometraje, hay un asentamiento de apoyo muy fuerte en la historia, que es la música clásica, la cual no sólo es fondo, sino actriz, bella y caprichosa.

Como es mi costumbre, no contaré cómo se resuelve la trama de esta película, pero para los que no la hayan visto, les garantizo un final muy emocionante y lleno de música grandiosa.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de Google.
Esta reseña fue publicada originalmente en LA CINERATA 

LA FUERZA DE LA JUVENTUD


Mi madre, cuyo nombre es  Noemi, nació en 1940. Creció en un ambiente sano, en donde respetar a los adultos y venerar los consejos de cocina de su madre eran cosas sagradas. En la casa donde vio su niñez y su adolescencia, que estaba en una pequeña ciudad del occidente de El Salvador, llamada Atiquizaya, había también una tienda y un molino de nixtamal.

Por las tardes y las noches salían a jugar a la calle, en un barrio donde la seguridad era algo que se tenía por sentado. Todos los niños y las niñas de los alrededores se reunían para jugar, bajo la luz tenue de las luces de las calles.

Mis abuelos tenían un par de terrenos, en donde cultivaban tomates, chiles verdes, café y un sin número de deliciosas frutas, como mangos, anonas y jocotes.

En una ocasión mi mamá y su hermana Delfi, ya siendo adolescentes, a mediados de 1954, se levantaron a las 4:00 a.m. para ir a cortar el tomate. Las acompañaba el hermano mayor de ellas, Humberto, quien iba manejando el camión en donde traerían todo el tomate.

Pero ya avanzada la mañana y mientras se tomaban un descanso de la corta del tomate, decidieron comerse unos marañones y ambas, mi mamá y mi tía Delfi, se subieron a al árbol a cortar la codiciada fruta. Pero estando arriba, a mi tía Delfi le entró dolor de cuerpo y fiebre.

-Noemi, me siento débil. No me puedo bajar.

-Hacé el esfuerzo. Sólo es un pequeño tramo…

No había terminado de hablar mi mamá, cuando mi tía Delfi cayó del árbol, como de una altura de un metro y medio. Ya estando en el suelo, mi tía se quedó inmóvil, con los ojos cerrados y como si no respirar. Mi mamá se afligió mucho y pensó que su hermana había fallecido.

Bajó rápidamente desde la parte tan alta donde estaba y se acercó a mi tía.

-¡Delfina, Delfina!

Mi tía se veía muy mal. Estaba ardiendo en fiebre y casi no se movía.

-¡Delfi, decime algo, por favor!

 Mi tía Delfi abrió lentamente y con dificultad sus ojos. Entreabrió los labios; parecía una moribunda que iba a pedir su último deseo. Dejó escapar una queja y le dijo débilmente a mi mamá:

-Llevame a la casa; pero no te olvidés de traerte los marañones…

Posdata de 2012. Mi mamá y mi tía, a sus setenta y pico de años, viven como a un kilómetro de distancia entre ellas y se visitan a menudo mutuamente.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía tomada por mi hermano Mario Roberto: Mi mamá, con su sonrisa divina.

EL SECRETO DE SUS OJOS. Una película de Juan José Campanella.

Acabo de ver «El secreto de sus ojos», una película argentina que, como todos saben, en el 2009 ganó el Oscar como mejor película de habla no inglesa del año, así como también fue ganadora en varios festivales de cine. Fue dirigida por Juan José Campanella, quien además hizo el montaje. (Estoy atrasado, es cierto, pero con tantas películas que salen cada año, no creo que alguien sea capaz de verlas todas. Pero bien, el objetivo de escribir hoy es hablarles de esta gran producción.) El largometraje cuenta con las actuaciones de Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Pablo Rago y Javier Godino, entre otros.

La trama gira alrededor de la violación y el asesinato de una bella joven. Benjamín Espósito (Ricardo Darín), que al principio iba de mala gana a la escena del crimen, se obsesiona con descubrir al asesino. La solución del crimen toma un giro inesperado, cuando un abogado no muy amigo de Espósito, supuestamente resuelve el crimen, adjudicándolo a dos pobres diablos que nada tenían que ver, con tal de quedar bien con el máximo jefe. Espósito no tolera esto y continúa, con grandes dificultades, la investigación, con la ayuda de su asistente, Pablo Sandoval (Guillermo Francella) y de su jefe inmediato superior, Irene (Soledad Villamil).

Una cosa que llamó mucho mi atención desde el principio fue la actuación impecable de la mayoría de los actores, especialmente de Darín, Villamil y Francella. A veces sólo basta una mirada o un leve gesto para decirnos lo que habría necesitado varias frases intensas o todo un párrafo escrito. El argumento y el guión son realmente buenos; pero personalmente creo que la clave del éxito de este largometraje son las maravillosas actuaciones y una dirección inmejorable.

Mientras transcurren los eventos que van acercando a Espósito al verdadero asesino, va creciendo también los detalles del amor tácito y recíproco que hay entre él e Irene. Todo este embrollo amoroso se muestra tan sutilmente y tan puro, que uno se enamora del amor de ellos.

El desenvolvimiento y la conclusión de esa madeja llamada trama se dan hasta el final sorpresivo, que nos deja con emociones encontradas entre lo que es correcto y lo que no lo es.

Todo lo anterior ocurre en un flashback muy bien hecho, mezclado con el presente, a través de Espósito, quien se acaba de jubilar de un Juzgado Penal y siente que hay varios cabos sueltos en su vida. Se propone escribir por fin la novela que siempre quiso escribir y que trata sobre el asesinato que lo ha obsesionado (el de la bella joven); pero en el enfrentamiento entre la investigación y los recuerdos para escribir su libro, colisiona inevitablemente con un desenlace inesperado sobre el caso del asesino y, además, con su amor de siempre: Irene.

La película está basada en la novela de Eduardo Sacheri «La pregunta de sus ojos». El guión fue escrito por Eduardo Sacheri y Juan José Campanella.

La música, de Federico Jusid y Emilo Kauderer,  estuvo muy bien lograda.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes tomadas de Google.
Nota: este artículo fue publicado originalmente en LA CINERATA

JAZZ LATINO. 30 minutos de Jazz (en la radio YSUCA). Óscar Perdomo León entrevista a Carlos Romero Cárcamo, en 2002.

Hace ya 11 años que conduje, gracias a la venia de Carlos Ayala (director de radio YSUCA, 91.7 F.M.), un programa que se llamaba «30 minutos de jazz», el cual se mantuvo vivo por aproximadamente 1 año y medio.

UN POCO DE HISTORIA

30 minutos de jazz fue un programa radial que se me ocurrió hacer allá por el año de 2001. Un día eché en mi carro la pequeña colección que tenía de discos compactos, originales, de música jazz y me fui a hablar con Carlos Ayala.  Lo primero que hice fue colocar la gran pila de discos sobre su escritorio y le propuse hacer una vez a la semana el programa. Carlos Ayala, que era la primera vez que me veía, se me quedó mirando y luego me dijo: “Subí. Hacé un demo y yo te llamo después.” Subí a la segunda planta y lo grabé. Recuerdo que la introducción la hice con la música de Charles Mingus.

Me fui esperanzado. Pero al día siguiente me dije a mí mismo que todo era una locura: Carlos Ayala no iba a llamarme. ¿Quién quería escuchar música jazz en El Salvador? Seguramente que dos o tres  pelones, como decimos por aquí. ¿Le daría Carlos Ayala un programa de radio a  un médico sin ninguna experiencia en la radio? Él ni siquiera me conocía…

Y sin embargo, a la semana de grabar el demo, Carlos Ayala me llamó y me dijo que salíamos al aire en una semana. El programa era producido por mi persona y además yo mismo hacía el papel de locutor. En la consola de música casi siempre había alguien ayudándome.

Fue una experiencia muy bonita para mí, porque me dio la oportunidad de compartir con la gente, música que a mí me emocionaba. Además, para mantener el programa con bastante calidad y variedad en la música, me vi en la necesidad de conseguir más y más música, todo lo cual me llevó a conocer a muchos músicos de este maravilloso género musical que yo nunca había escuchado antes o a profundizar en la obra de otros que sí ya conocía.

Pero además de la música, tuve también algunas veces a invitados especiales, con los que podíamos hablar sobre el jazz y sobre los músicos de este género musical tan complejo y difícil de interpretar.

***

Este día quiero compartir con ustedes uno de los programas que hice, en el cual estuvo acompañándome, como invitado, el músico salvadoreño Carlos Romero Cárcamo, con quien pude hablar de varios tópicos, todos alrededor del jazz latino, y sobre su visión del futuro de este arte en El Salvador. Además, entre plática y plática, pudimos disfrutar de música que él traía especialmente para el programa, como la de Paquito D´Rivera y la de Emilio Salvador, entre otros.

Carlos Romero Cárcamo

Esta entrevista ya la había publicado en julio del 2011, en fragmentos,  pero esta vez se las traigo, completa y continua, con música y todo.

Los dejo, pues, sin más preámbulos, con la entrevista a Carlos Romero. Que la disfruten.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Lester Bonilla

y  Óscar Perdomo León

LOS QUE SE FUERON ESTÁN CONMIGO. Mi padre y Waldo de los Ríos.

Cuando un familiar o un amigo cercano se nos muere, lo lloramos. Después de un tiempo, algunas semanas, quizás algunos meses, dejamos de llorar y sólo suspiramos. Cuando pasan algunos años estamos seguros que su recuerdo no nos abandonará nunca y sonreímos convencidos de que ese lazo entre ellos y nosotros no se romperá hasta el día de nuestra muerte.

Estos sentimientos, caminando de paso en paso en el tiempo, los experimenté cuando murió mi padre (Óscar Alfredo Perdomo Escobar, 1939-1972).  40 años han pasado desde entonces y todavía hay noches en que pienso en él; y si no fuera por las fotografías que tengo suyas podría decir con mucho dolor que su rostro casi se ha desvanecido irremediablemente de mis recuerdos, pero mi amor y mi admiración hacia él siguen firmes.  Ya no lloro, sin embargo.

Ahora bien, hace poco me tropecé sin querer,  como suele suceder en estos tiempos de Internet, con dos viejas composiciones que mi padre escuchaba insistentemente. Éstas, por alguna razón, sí estaban firmemente grabadas en mí y no se habían desvanecido para nada. Las recordaba muy clarito. Como recuerdo ahora mismo también aquella escena familiar en la sala de mi casa: el disco LP daba una y mil vueltas en el aparato de sonido, la funda donde se guardaba el disco tenía esa fotografía tan especial, el busto que parecía de mármol tenía un par de audífonos, ojos reales y de uno de ellos rodaba una lágrima… Mi papá se quedaba recostado en un sofá, mirando el techo o cerrando los ojos, alternativamente, mientras la magia de la música lo envolvía, sin saber que la presencia de él mismo y la asistencia de esa magia musical también a mí  me estaba cobijando (y me cobijaría para siempre).

La primera canción de la que les estoy hablando es JE T´AIME. MOI NON PLUS. La original de esta canción fue grabada y cantada en 1969 por su mismo compositor, Serge Gainsbourg, y se volvió muy famosa y muy polémica, porque Jane Birkin, quien la cantó a dúo con Gainsbourg, simulaba un orgasmo. (Yo no sabía nada de esa controversia para entonces, por varias razones, entre ellas, yo sólo tenía 6 años de edad y la versión que oíamos era la instrumental).

Luego esta canción francesa me llevó inevitablemente a la otra: JIMENA, compuesta por Waldo de los Ríos,  la cual está llena de ternura y nostalgia. Ambas, poseedoras de unas melodías muy bonitas,  se encontraban en el volumen 2 del álbum de 1970, «El sonido mágico de Waldo de los Ríos» (un disco que estaba formado en su mayoría por versiones de canciones populares, orquestadas; aunque había un par de composiciones originales de Waldo de los Ríos, como «La Residencia», la cual había sido hecha para la película de 1969 del mismo nombre). Waldo de los Ríos, compositor argentino, pianista, arreglista y director de orquesta (1934-1977).

Y al hallar estas dos composiciones me alegré, porque era una manera tangible de recuperar la memoria de mi querido padre. E inmediatamente las puse a sonar y al haber pasado tanto tiempo pensé -o me obligué a pensar-: «Ya no lloro, sin embargo

O eso es lo que yo creía. Porque el problema es que cuando encontramos un viejo objeto que no veíamos en mucho tiempo, una canción que no habíamos escuchado en siglos, un objeto-tesoro que está relacionado directamente con nuestro ser querido ya muerto, entonces -¡lo he comprobado indudablemente!- las lágrimas regresan, como si nunca se hubieran ido, intensas, abundantes, reparadoras…

JE T’AIME. MOI NON PLUS.

Interpretada por la Orquesta de Waldo de los Ríos.

Texto:

Óscar Perdomo León

La original de JE T’AIME. MOI NON PLUS, grabada y cantada en 1969 por su mismo compositor, Serge Gainsbourg, la pueden oír aquí.
JIMENA. La pueden escuchar aquí.
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UN POEMA PARA MI PADRE, de Rodolfo Góchez.
Imagen extraída de: ttp://www.grandorchestras.com/waldo/albums/70sonidomagico2.html

LA SECRETARIA. Una película de Steven Shainberg.

La química que se puede producir –o no- entre dos protagonistas de una película, es un factor fundamental para que ésta alcance el éxito o el fracaso, desde el punto de vista artístico. Y así, los productores o directores siempre andan buscando esa chispa que se encienda cuando un actor y una actriz se miran el uno al otro o cuando se besan.

 

En el caso de la cinta «La secretaria», los responsables de encontrar a James Spader y Maggie Gyllenhaal dieron en el clavo con exactitud. La química y la combustión entre ellos son innegables, y sus actuaciones brillantes son una verdadera delicia.

 

«La secretaria», una de las películas que más me ha gustado, vio la luz en el año 2002, y su tema es la relación sadomasoquista entre un abogado y su secretaria. Todo inicia cuando Lee Holloway (Maggie Gyllenhaal) sale de un hospital psiquiátrico el mismo día que su hermana se casa. Su madre la llega a traer y se la lleva directamente a la fiesta nupcial. Poco a poco se va develando que Lee había sido ingresada debido a su tendencia a la automutilación.

 

Luego, en su deseo de incorporarse a la sociedad, aprende mecanografía; sin embargo en ocasiones, y siempre a escondidas, continúa causándose heridas en los muslos.

 

Por un anuncio en el periódico se entera que un abogado, Edward Grey (James Spader), necesita una secretaria. Ella se presenta y él la contrata, y es aquí en donde empieza la verdadera trama de la película. El actuar dominante de él y el papel sumiso de ella, hacen que se forme inmediatamente un lazo de unión entre ellos, lo cual los va llevando hasta lo sexual y gradualmente al amor. Pero entre un paso y otro ocurren varias situaciones que complican la relación.

 

 Creo que una de las mejores cosas de esta película es la tensión entre los dos principales protagonistas que desemboca en un amor no muy común, que nos muestra que la variedad en las relaciones de pareja puede existir. Nos hace también experimentar y entender que todos tenemos un poco de sádicos y de masoquistas.

 

Una escena de intenso erotismo sadomasoquista es cuando ella se equivoca en la escritura de una carta y él la llama a su oficina y la reprende de una manera inusual e inesperada. Le ordena apoyar sus codos sobre el escritorio e inclinarse y leer en voz alta la carta. Ella le obedece. Él, detrás de ella, empieza a suministrarle fuertes nalgadas. En el rostro de Lee se observa la sorpresa, pero también el disfrute paulatino, escalonado, de un placer desconocido hasta entonces por ella. Esa escena es realmente memorable.

 

Los diálogos en toda la película son interesantes. La manera de contar la historia, con escenas muy realistas y con otras hasta oníricas y coloridas, le dan, además, a este largometraje un gran atractivo artístico.

 

La otra protagonista que le da mucho carácter y calidad a este drama es la música, compuesta por Angelo Badalamenti.

SECRETARY. Trailer.

 

 

Texto:

Óscar Perdomo León

Este artículo fue publicado originalmente en LA CINERATA

LO QUE APRENDÍ DE RAFAEL MENJÍVAR OCHOA.

Conocí a Rafael Menjívar Ochoa allá por el año 2004, en la Casa del Escritor, que está en la Villa Monserrat, la enigmática casa donde vivió Salarrué, nuestro más querido escritor. Yo había llegado emocionado buscando a Rafael con un escrito mío sobre una ficción de los años ´60 y ´70 y él tuvo la cortesía de leerlo. La verdad es que nunca voy a olvidar ese día: me lo destrozó de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Me sentí decepcionado en el momento; pero presté atención a todo lo que me decía. Rafael tenía una manera peculiar de decir las cosas. Y no me refiero a su acento mexicano –siendo salvadoreño-, sino a su manera tajante de afirmar algo y al mismo tiempo de usar tonos en la voz que eran como invitaciones para que uno reflexionara y mirara más allá de lo escrito. No había en ello nada de indiferencia; al contrario, era el interés genuino de Rafael en ayudarlo a uno a mejorar.

Me llamó mucho la atención su manera tan aguda de analizar cada frase, cada palabra; me pareció que veía a un oftalmólogo suturando el ojo con sus hilos casi invisibles: ¿Qué había detrás de las palabras? ¿Por qué estaba yo contando eso? ¿Estaba acaso escribiendo algo que en realidad no quería decir? ¿Había palabras redundantes e innecesarias? Rafael me cuestionó todo, hasta la médula. Me habló de modas en la ropa, de personajes artísticos de la época (recuerdo que yo mencionaba en el escrito al actor Mauricio Garcés, entre otros, y Rafael amplió las posibilidades de los personajes femeninos que solían aparecer en esas películas, hablándome de la diferencia en los maquillajes que usaban las actrices, etc.); me habló de metáforas al expresar las ideas, del ritmo de una frase… Me habló de un todo completo que puede tener un escrito y me hizo ver mi propia debilidad en la redacción. Ahora le agradezco de veras ese bofetón intelectual que recibí.

Quiero decir que alguna vez sentí cierta petulancia en él; pero fue la primera impresión, puedo asegurar que no lo era, al irlo conociendo mejor me di cuenta que era su carácter fuerte y punzante a la hora de examinar un texto, era esa mirada penetrante de sus ojos saltones y escrutadores que no dejaban pasar ni el más mínimo error.

Aprendí también mucho leyendo a Rafael Menjívar Ochoa (por cierto que tengo en mi poder dos libros suyos que me autografió y los guardo con cariño). Su literatura es fuerte y decidida y si uno la mira, no sólo de la manera tradicional, disfrutándola, paladeando las frases y saboreando los argumentos, sino leyendo entre líneas y mirando con lupa, puede uno rescatar algo de la filosofía y disciplina literaria de Rafael. Desde el inicio de un cuento o una novela suya, uno siente como si entrara en otro cosmos, en un mundo crudo de personajes oscuros que él extrajo muy bien de la realidad y nos los arrojó sin previo aviso y con fuerza en la consciencia. Siempre me ha parecido que sus novelas de corte policial son tan cinematográficas que puede uno casi ver los ojos de los policías y sentir sus respiraciones, tocar las ropas y oler las traspiraciones de todos esos personajes oscuros y sonámbulos que habitan su literatura. En sus novelas uno, como lector apasionado, toma asiento frente a sus personajes mientras estos discuten o se agreden y hasta teme uno ser salpicado por su sangre o su saliva. Todos esos protagonistas de sus novelas y cuentos son realmente creíbles, muy bien dibujados. Jorge Luis Borges habló sobre esto alguna vez, usando la Metamorfosis de Frank Kafka: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso  insecto». Y lo explicó también con el ejemplo del Quijote de La Mancha: «En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…». “Y ahí”, dice, Borges, “ya estamos en otro mundo…”. Creo que esa debe ser la misión de todo escritor de ficción, hacer creer con propiedad al lector que lo que está leyendo es la verdad completa y existente. Algo difícil de hacer con el intrincado y laberíntico lenguaje, tan rebelde como él solo. Y sin embargo Rafael Menjívar Ochoa logró llevar la credibilidad a sus historias sin duda alguna.

Es además una gran virtud de Menjívar Ochoa plantear en sus novelas todo un escenario de acción en un par de frases dichas por sus personajes o en un par de líneas que de entrada no parecieran tener la intención de describir nada. Economía de recursos dicen los entendidos. Genialidad diría yo.

No todos podemos escribir como Menjívar Ochoa, ni creo que debamos hacerlo. Cada uno de nosotros tiene su propia identidad y debe buscar su propia voz. Pero en los libros de Menjívar Ochoa podemos hallar una ruta de inicio para la expresión, una escuela que no está velada para el que quiera ver y hallar; quizás su literatura sirva hasta de inspiración para futuros trabajos lingüísticos.

Como ya es conocido por muchos, Rafael Menjívar Ochoa fundó la Casa del Escritor, en donde dio durante años tutorías a muchos jóvenes amantes de la literatura. Aunque yo no formé parte de su grupo de alumnos, sí nos vimos varias veces más con Rafael, en diferentes circunstancias y esas otras veces que hablé con él, a través de su visión profunda y cosmopolita de este planeta, también aprendí algo nuevo. Y hay una cosa que siempre le voy a agradecer a Rafael y es que me aconsejó leer algunos libros que yo desconocía y gracias a eso me encontré con grandes autores del presente y del pasado que hoy alimentan mi espíritu.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía extraída de: El Salvador.com http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_completa.asp?idCat=6482&idArt=1728664

INTOLERANCIA, ATEÍSMO Y RELIGIÓN

A este país, El Salvador, lo amo mucho. Aquí he vivido mi vida, toda mi niñez me la pasé en un pequeño pueblito y esos recuerdos los tengo guardados en un lugar muy especial de mi mente. En esta tierra también he conocido a los mejores amigos que alguien pueda tener, entre ellos ateos y creyentes en Dios, a quienes quiero y respeto (y a quienes nunca he discriminado por sus creencias). Y por si fuera poco tengo a una madre muy buena, dos hermanos –muy solidarios conmigo- que amo de verdad, dos hijas muy inteligentes y una familia inmensa que siempre llevo en mi corazón. No puedo dejar de mencionar que en el lugar menos pensado de este país encontré también a la más bella de las mujeres, que ahora es mi esposa. Por todo lo anterior vivo agradecido cada día, muy agradecido.

Pero eso no me impide ver la descomposición social que hay en nuestro país, su violencia y su pobreza, ni me cierra los ojos a los grandes problemas filosóficos que siempre han afligido a la humanidad.

Estoy convencido que la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad sobre las preferencias sexuales y el respeto a la vida, son los pilares para tener y desarrollar una sociedad en donde la felicidad y la justicia sean siempre los dos diamantes que poseamos todos.

Sin embargo, todo lo anterior no es algo que realmente exista y de lo que pueda sentirme orgulloso en El Salvador. Hay demasiadas personas con sus mentes cerradas y viviendo con ideas de la edad medieval. Hay también demasiados políticos y dirigentes con sus instintos egoístas llevados al máximo exponente y totalmente ajenos a buscar el bienestar de la población. Viéndolo desde esta perspectiva, mi país pareciera ser una intensa escena macabra, como la más vívida y brillante pesadilla que podamos tener.

Haber crecido bajo la educación religiosa y recibiendo cada día la idea de que hay un Dios que todo lo ve, que todo lo sabe y que castiga los pecados, no es nada novedoso ni raro en El Salvador. Y en realidad nuestra sociedad salvadoreña está tan saturada de pensamiento mágico-religioso que si usted osara pensar y decidir dejar atrás la creencia de Dios y la religión (cualquiera que sea ésta), entonces vería con seguridad las olas gigantes de intolerancia caer con fuerza sobre usted.

Y vienen entonces las palabras de siempre: «¿Cómo es posible que alguien sea ateo?» «¡No hay personas que no crean en algún dios!»  «¡Los ateos son malos!»  Bueno, es difícil establecer una comunicación sana o un debate verdadero y respetuoso cuando los lenguajes que cada uno de los dos interlocutores están usando son diferentes y la intolerancia ha contaminado ya todo el ambiente.

La intolerancia es algo inherente en muchas de las personas religiosas. Debo aclarar también, con toda justicia, que hay otros creyentes en Dios que en general tienden a ser un poco más tolerantes con los ateos.

¿Qué es un ateo? Lo explicaré en la forma en que yo lo entiendo y lo experimento. Bueno, en esencia, ser ateo es ser alguien que no cree en la existencia de Dios, o que no cree en Dios de la manera usual en que se cree. Podría ponerlo así: Dios existe, sí, pero en la mente de las personas. Porque fue ahí donde se creó a Dios o a los dioses. En otras palabras, y redundando un poco, Dios no creó al ser humano, sino al contrario, el ser humano creó a Dios (o a los dioses que sean).

Los Mayas y en general todos los pueblos prehispánicos, así como también los pueblos antiguos de Europa, Asia, etc., crearon sus dioses con el objetivo de dar explicación a lo que no tenían la capacidad de dar explicación. De esta necesidad nacieron en la mente de los antiguos seres humanos Tonatiuh, Zeus, Baal, Yahveh, etc.

Los misterios de la naturaleza son inmensos y, por supuesto, nadie está obligado a saberlo todo. Si nos vamos, por ejemplo, a la educación, veremos que hay profesores que se inclinan hacia alguna rama de ésta en especial, como podría ser la biología o la literatura, por mencionar dos de ellas. Los conocimientos generales que tenemos de esas ramas (los que no somos profesores) son mínimos, pero si quisiéramos adentrarnos en ellas, en estos tiempos modernos, podríamos hacerlo, asistiendo a una universidad y hasta estudiando de una manera autodidacta. ¿Se imaginan al ser humano de dos mil o más años atrás tratando de explicarse algunas reacciones químicas que apenas en el siglo pasado los científicos les encontraron explicación? O imagínense a los remotos pueblos buscándole explicación a la lluvia o a la salida del sol. O piensen en las antiguas culturas que creían que la tierra era plana y pensaban que este mundo era el centro del universo. ¿A qué método recurrían estos seres humanos para explicarse los fenómenos de la naturaleza? El método científico no existía, es decir, el método que exige evidencias para comprobar que algo es cierto. Pero lo que sí existía en los tiempos antiguos (y también en los  actuales) era la imaginación. E imaginar un dios o varios dioses ha sido algo muy relacionado a la esencia humana. Por eso todas las culturas antiguas crearon sus propios dioses. Y con ellos también la intolerancia.

Era típico de esas culturas decir: «¿No creés en mi dios? Entonces te mato.» Y de ahí las famosas Cruzadas de los católicos o la Guerra Santa de los musulmanes, que a fuerza de espada y sangre trataban de convertir a su fe a sus adversarios. No hay que perder de vista que esa actitud de tan primitiva intolerancia no sólo tenía un trasfondo religioso, ideológico o político, es decir, de poder, sino también un interés económico. Asimismo fue impuesto, con violenta saña y sin ninguna consideración, el Cristianismo en la América hispana. La espada ensangrentada y la quema de los libros sagrados de los indígenas, se encargaron de establecer la religión Católica y la esclavitud. ¡En todo lo anterior, no veo el amor por ningún lado!

Pero volviendo a la pregunta ¿qué es ser ateo?, puedo decir que ser ateo para mí significa que no necesito tener miedo de un infierno ni necesito del soborno del cielo para hacer el bien a las demás personas. Ser ateo es no vivir esperanzado en una vida después de la muerte, porque aunque quisiera vivir para siempre, reconozco que la naturaleza no funciona así. Ser ateo es respetar a mis semejantes, porque el humanismo nos hace mejores personas.

Ser ateo para mí también ha significado sentirme rechazado por algunas personas cuando he confesado mis creencias. (Bueno, pero eso no importa, si alguien me rechazó o me rechaza por eso, es que de veras yo no valgo nada para ese alguien.)

Ahora bien, encontrarnos con que esta intolerancia sigue viva ahora –vivita y coleando- en pleno siglo XXI, es realmente una vergüenza para toda la especie humana. Podríamos decir que no hemos avanzado nada y que seguimos viviendo en las cavernas.

Confieso y aclaro sinceramente que este escrito no es ningún intento de convertir al ateísmo a nadie. Definitivamente no es esa mi intención. Insisto y repito que creo firmemente en la libertad de culto, en la libertad de expresión y en el respeto hacia el resto de seres humanos que pueblan este planeta. Mi intención ha sido solamente una: denunciar la intolerancia.

Para terminar, los dejo con este vídeo en donde la escritora Ayn Rand (1905-1982) expone sus ideas sobre el ateísmo de una manera tan clara que me parecen muy razonables.

Texto:

Óscar Perdomo León

Artículo relacionado: SALIR DE CLOSET. Ateos.

Imagen extraída de Google.

OTRO POEMA DE LOS DONES. Uno de mis poemas favoritos de Jorge Luis Borges.

Algunos amigos que gustan de la lectura me han dicho que a veces se “saltan” el prólogo de los libros y todos tienen sus razones: unos se aburren, otros no quieren sentirse  “predispuestos” a la lectura que viene, a algunos no les gustan los análisis críticos o las largas introducciones, etc.

Yo generalmente leo los prólogos; aunque más de alguna vez los he obviado debido a mi ansiedad de entrar directamente en materia, es decir, en el libro en sí. Ahora bien, los libros de Jorge Luis Borges puedo decir que son un caso muy especial. Me encantan sus prólogos, los prólogos que él mismo escribe para sus libros; incluso a veces escribe epílogos, y todos son tan fascinantes como los contenidos de sus libros propiamente dichos. Realmente disfruto de sus introducciones y sus dedicatorias. Uno de mis prólogos favoritos de él es el del libro «El Hacedor».

Hace poco compré un libro maravilloso, una joya de verdad: la «Poesía completa» de Borges. Varios de los libros ahí contenidos ya los había leído, pero de muchos otros no conocía ni un solo poema o solamente conocía algún par de versos dispersos en antologías.

El libro, de 670 páginas, abarca desde «Fervor de Buenos Aires» (1923) hasta «Los conjurados» (1985). Sería muy difícil decidirse y decir cuál de los libros de poesía de Borges es el mejor, y más aún, inclinarse por alguno de sus poemas para nombrarlo como el más sobresaliente. Sin embargo, hay un poema que siempre me ha gustado mucho y es «Otro poema de los dones», que pertenece a su libro «El otro, el mismo», de 1964. Quizás me gusta tanto porque me siento identificado con el sentimiento armonioso de agradecimiento que posee y por la manera espléndida en que parece abarcar el mundo entero; pero también por las profundas revelaciones que, en bellas figuras poéticas, Borges nos lanza a la consciencia con su peculiar manera de escribir. Me encanta, por ejemplo, lo que dice sobre la rosa,  o el énfasis que hace del contraste físico entre el diamante y el agua, o la manera en la que se refiere a la música al final del poema, o la mención que hace de su abuela paterna de origen inglés: Frances Haslam, etc.

Hay que hacer ver que en 1960, Jorge Luis Borges publicó su libro «El Hacedor», en donde venía incluido el poema titulado «Poema de los dones», que es también maravilloso. Pero en esta ocasión quiero compartir con ustedes la bella composición «Otro poema de los dones».

Óscar Perdomo León

***

OTRO POEMA DE LOS DONES

Gracias quiero dar al divino

laberito de los efectos y de las causas

por la diversidad de las criaturas

que forman este singular universo,

por la razón, que no cesará de soñar

con un plano del laberinto,

por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,

por el amor, que nos deja ver a los otros

como los ve la divinidad,

por el firme diamante y el agua suelta,

por el álgebra, palacio de precisos cristales,

por las místicas monedas de Ángel Silesio,

por Schopenhauer,

que acaso descifró el universo,

por el fulgor del fuego

que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,

por la caoba, el cedro y el sándalo,

por el pan y la sal,

por el misterio de la rosa

que prodiga color y que no lo ve,

por ciertas vísperas y días de 1955,

por los duros troperos que en la llanura

arrean los animales y el alba,

por la mañana en Montevideo,

por el arte de la amistad,

por el último día de Sócrates,

por las palabras que en un crepúsculo se dijeron

de una cruz a otra cruz,

por aquel sueño del Islam que abarco

Mil Noches y Una Noche,

por aquel otro sueño del infierno,

de la torre del fuego que purifica

y de las esferas gloriosas,

por Swedenborg,

que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,

por los ríos secretos e inmemoriales

que convergen en mí,

por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,

por la espada y el arpa de los sajones,

por el mar, que es un desierto resplandeciente

y una cifra de cosas que no sabemos

y un epitafio de los vikings,

por la música verbal de Inglaterra,

por la música verbal de Alemania,

por el oro, que relumbra en los versos,

por el épico invierno,

por el nombre de un libro que no he leído: Gesta Dei per Francos,

por Verlaine, inocente como los pájaros,

por el prisma de cristal y la pesa de bronce,

por las rayas del tigre,

por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,

por la mañana en Texas,

por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral

y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,

por Séneca y Lucano, de Córdoba,

que antes del español escribieron

toda la literatura española,

por el geométrico y bizarro ajedrez,

por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,

por el olor medicinal de los eucaliptos,

por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,

por el olvido, que anula o modifica el pasado,

por la costumbre,

que nos repite y nos confirma como un espejo,

por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,

por la noche, su tiniebla y su astronomía,

por el valor y la felicidad de los otros,

por la patria, sentida en los jazmines

o en una vieja espada,

por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,

por el hecho de que el poema es inagotable

y se confunde con la suma de las criaturas

y no llegará jamás al último verso

y varía según los hombres,

por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos

por morir tan despacio,

por los minutos que preceden al sueño,

por el sueño y la muerte,

esos dos tesoros ocultos,

por los íntimos dones que no enumero,

por la música, misteriosa forma del tiempo.

***

Revisión de ortografía y redacción: Laura María Perdomo Pacas.
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