«DIOS ES UN CONCEPTO CON EL CUAL MEDIMOS NUESTRO DOLOR». Fanatismo religioso

«…ha pasado ya algún tiempo desde que el judaismo y el cristianismo recurrieran abiertamente a la tortura y la censura. El islam no solo empezó condenando a los escépticos al fuego eterno, sino que todavía se arroga el derecho a hacerlo en casi todos sus dominios y aún predica que dichos dominios pueden y deben ensancharse mediante la guerra.»
Cristopher Hitchens

«Dios es un concepto con el cual medimos nuestro dolor», escribió John Lennon en una canción. Y el ex Beatle no estaba errado al dar esa afirmación.

Me parece interesante ver cómo algunas personas se aferran a su fe cristiana para sentir alivio a su dolor, llámese éste soledad, miedo a la muerte, temor a lo desconocido, etc. Y me parece interesante porque es como verme a mí mismo en retrospectiva: yo también fui creyente alguna vez.

Algunas personas creyentes, y creo que son la minoría, practican su fe interiorizándola, tratando de alcanzar paz espiritual y sin sentir la necesidad urgente de convertir a sus creencias a otros. Tal vez su único proselitismo sean sólo sus acciones honestas y sus muestras de amor sincero, todo lo cual no deja de conmoverme. Pero estas personas más que religiosas, son, por decirlo de alguna manera, espirituales, y son, repito, una ínfima minoría. (Aunque esta conducta admirable la he visto también en ateos).

Muchos creyentes intentan convencer a otras personas de que sus creencias son verdaderas ¡y están en su derecho de hacerlo! (algunos lo hacen de buena manera y con buenas intenciones); pienso que en una democracia se debe defender con ahínco el derecho de culto y la libertad de expresión.  Sin embargo otros se fanatizan y tratan de imponer sus dogmas a los que están a su alrededor usando la coerción. En países en que el gobierno está fuertemente ligado a la religión, como por ejemplo Siria, donde su presidente debe por ley ser musulmán, se puede ver con más claridad el fanatismo religioso y la imposición violenta a los dogmas, algo con lo que no estoy de acuerdo. (La otra cara de la moneda es cuando los gobiernos han tratado de eliminar por la fuerza la religión, algo que también va en contra de la libertad del individuo y con lo cual no estoy de acuerdo tampoco).

El fanatismo religioso ha sido exhibido y practicado al pie de la letra siguiendo las «sagradas escrituras» (sean estas, por ejemplo, el Corán o la Biblia, según la región geográfica del mundo en donde se haya nacido), fanatismo que ha llevado a los que lo practican hasta el extremo de asesinar al que no profesa sus creencias; de tal manera que el peligro que se corre siempre cuando la religión toma el lugar de un gobierno laico es el de perder la libertad de expresión, la libertad de culto y la desgracia de ser gobernados con absurdas leyes anacrónicas, creadas por primitivos clanes que vivían en el desierto.

Por un lado, podría mencionar que de no ser por el fanatismo y la promesa de un paraíso lleno de vírgenes esperándolos, los musulmanes culpables de los atentados del 11 de septiembre, probablemente nunca se hubieran suicidado y asesinado al mismo tiempo a tantas personas en las Torres Gemelas.

O el caso emblemático del pastor estadounidense Jim Jones, quien incitó al suicidio colectivo a sus seguidores con el pretexto de irse todos juntos al paraíso. En 1978, en Guyana murieron tras ingerir cianuro, 913 personas, entre estas 270 menores de edad. ¿Les dice esto algo relacionado al fanatismo?

Un caso más reciente, de los numerosos que se podrían citar sobre fanatismo religioso, es el ocurrido en pleno siglo XXI en Nueva Jerusalén, Michoacán, México, una comunidad de más o menos 3000 habitantes, cuyo líder les dice que no aprendan a leer y escribir porque la Virgen del Rosario prefiere «burros en el cielo que sabios en el infierno», razón por la cual, a golpe limpio de pico, martillo y fuego, los provincianos ignorantes derrumbaron las dos únicas escuelas de la ciudad; además, como la comunidad se ha escindido en dos grandes sectas, la más radical de ellas le enseña a sus seguidores que asesinar a los de la secta contraria está bien porque es como «asesinar al diablo».

Por otro lado, podría decir que uno de los absurdos y contradicciones de la Biblia es que al mismo tiempo que afirma algo luego lo niega; por ejemplo, uno de sus máximos mandamientos es «No matarás», y sin embargo Dios, que es «bueno y misericordioso», le ordenó a Moisés imponer severos castigos a la desobediencia, como se puede leer en Levítico 20:13 «Si un hombre tiene relaciones sexuales con otro hombre, ambos han cometido un pecado abominable y serán condenados a muerte. Ellos mismos se buscaron su propia muerte.»   Y en Levítico 20:14 dice: «Si un hombre se casa con una mujer y con la mamá de ella, comete una perversión. La gente debe quemarlos vivos para que esta perversión no se presente entre ustedes».

En el primero de los casos nos podemos preguntar: ¿se puede entonces matar o no? Y esto con el agravante que en la actualidad la religión cristiana, ya sea católica o protestante, sigue pregonando su homofobia, su desprecio abierto hacia los homosexuales y, en el caso específico de la Iglesia Católica, simultánea e hipócritamente, sigue encubriendo a los sacerdotes violadores pederastas. La Iglesia Católica no sigue asesinando como lo hacía en la Edad Media, a través de la Santa Inquisición, porque ya no tiene a su disposición ejércitos para enviar a matar a infieles y apóstatas.  (Por su lado los musulmanes no han sido menos inhumanos: a los homosexuales los talibanes los entierran vivos).

En el segundo caso (Levítico 20:14): ¿Quemarlos vivos? ¿Tanta crueldad, tanto intento de hacer sufrir provenía de un Dios al que se le adjudica ser Amor?

Si Dios es tan sabio, misericordioso y omnipotente, ¿por qué delegó estas leyes tan crueles en manos de una tribu liderada por Moisés? Les daré la respuesta del porqué Dios hizo esto: simplemente porque él no lo hizo, porque Dios sólo vive en la mente de los creyentes (porque el ser humano creó a Dios y no a la inversa) y la ley y la moral y la ética de los creyentes arcaicos y salvajes de aquellos días era precisamente esa. Cualquier sádico castigo que quisieran imponer lo justificaban atribuyéndoselo a su Dios invisible e inventado.

Lo anterior sólo es una milésima parte de lo que se puede hablar sobre esta tema y yo no soy un experto. Pero la disección fina de las religiones, con la habilidad con que lo haría un neurocirujano en el cerebro, la hace Cristopher Hitchens (Reino Unido, 1949-Estados Unidos, 2011) en su libro «Dios no es bueno», un ensayo de aproximadamente 300 páginas publicado en el año 2007.  En él pone al descubierto toda la crueldad desatada por el fanatismo religioso, de uno y otro culto, de una y otra región del mundo; se puede también ver a la religión en su lucha por el poder y su influencia en el retraso del desarrollo de la humanidad. El libro está lleno también de otros temas, como el totalitarismo y su relación con la religión, la doble moral de las religiones o, por poner un ejemplo específico, el apoyo sin restricción de la Iglesia Católica al régimen nazi de Hitler, etc.

He aquí unos pequeños fragmentos del libro de Hitchens (tomado de la página 37):

«La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.» Sí, y el semidiós griego Perseo nació cuando el dios Júpiter visitó a la virgen Dánae adoptando la forma de lluvia de oro y la dejó encinta. El dios Buda nació a través de una abertura del costado de su madre. Coatlicue, «la de la falda de serpientes», recogió una bola de plumón caída del cielo, se la escondió en el vientre y así fue concebido el dios azteca Huit-zilopochtli. La virgen Nana puso en su seno una granada tomada de un árbol regado con la sangre de Agdistis, que había sido asesinado, y dio a luz al dios Atis. La hija virgen de un rey mongol se despertó una noche y se descubrió bañada en una luz resplandeciente, la cual hizo que diera a luz a Gengis Kan. Krishna era hijo de la virgen De-vaki. Horus era hijo de la virgen Isis. Mercurio era hijo de la virgen Maya. Rómulo era hijo de la virgen Rea. Por alguna razón desconocida, muchas religiones se obligan a pensar que el canal del parto es un conducto de circulación en un solo sentido, e incluso el Corán trata con veneración a la Virgen María. Sin embargo, esto no sirvió para nada durante las Cruzadas, cuando un ejército papal se dispuso a reconquistar Belén y Jerusalén de los musulmanes y destruyó en el intento muchas comunidades judías, saqueó a su paso el herético Bizancio y llevó a cabo una masacre en las estrechas callejuelas de Jerusalén, donde, según los jubilosos y enloquecidos cronistas, la sangre derramada llegaba hasta las bridas de los caballos.”

Más adelante, hablando sobre salud, Hitchens cuenta lo siguiente (página 61):

“En 2005 me enteré de un dato. En el norte de Nigeria, un país que anteriormente había sido declarado libre de la polio de forma provisional, un grupo de religiosos islámicos promulgaron un dictamen, ofatwa, que afirmaba que la vacuna de la polio era una conspiración de Estados Unidos (y, por asombroso que resulte, de las Naciones Unidas) contra la religión musulmana. Las gotas habían sido concebidas, afirmaban estos ulemas, para esterilizar a los auténticos creyentes. Según ellos, tenían un propósito y un efecto genocida. Nadie debía ingerirlas ni administrárselas a los bebés. Al cabo de unos meses, la polio había vuelto a manifestarse, y no solo en el norte de Nigeria. Los viajeros y peregrinos nigerianos ya la habían  llevado nada menos que a La Meca, y habían vuelto a propagarla en algunos otros países libres de polio, entre los que se contaban tres países africanos y también el remoto Yemen. Había que volver a empujarde nuevo aquella roca descomunal hasta la cima de la montaña.
«Alguien podrá decir que se trata de un caso «aislado», lo cual podría ser un modo tristemente oportuno de resumirlo. Pero se equivocaría. ¿Le gustaría ver mi grabación de la recomendación hecha por el cardenal Alfonso López de Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia del Vaticano, en la que advierte minuciosamente a la audiencia de que todos los condones se fabrican en secreto con muchos agujeros microscópicos, a través de los cuales puede pasar el  virus del sida? Cierre los ojos y trate de imaginar qué diría usted si tuviera autoridad para causar el máximo sufrimiento posible con el menor número de palabras. Piense en el daño que ha ocasionado semejante dogma: esos supuestos agujeros también permitirían el paso de otras cosas, lo cual más bien socava en primera instancia la utilidad de un condón. Realizar una afirmación así en Roma ya es bastante infame. Pero traduzca este mensaje a la lengua de los países pobres y enfermos y verá lo que sucede. En Brasil, en época de carnaval, el obispo auxiliar de Bao de Janeiro, Rafael Llano Cifuentes, le dijo a su congregación en una homilía que «la Iglesia es contraria al uso del preservativo. Las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer deben ser naturales. Jamás he visto a un perrillo utilizar ningún preservativo en el acto sexual con otro perro».’ Altos cargos eclesiásticos de algunos otros países (el cardenal Obando y Bravo de Nicaragua, el arzobispo de Nairobi en Kenia o el cardenal Emmanuel Wamala deUganda) han contado a sus feligreses que los condones transmiten el sida. De hecho, el cardenal Wamala ha dicho en público que las mujeres que mueren de sida por no utilizar esa protección de látex deberían considerarse mártires (aunque, como es de suponer, este martirio debe tener lugar dentro de los límites del matrimonio).”

Y más adelante (en la página 67):

“En una amplia franja del territorio del África animista y musulmana se somete a las jóvenes al infierno de la circuncisión y la infibulación, que supone rebanar los labios vaginales y el clítoris, a menudo con una piedra afilada, y a continuación coser la abertura vaginal con un bramante resistente que no se retirará hasta que la fuerza de un varón lo rompa en la noche de bodas. La compasión y la biología acceden a que, hasta que llegue ese momento, se deje una pequeña abertura para que pase la sangre durante la menstruación. La consiguiente fetidez, dolor, humillación y sufrimiento supera todo lo imaginable y se traduce inevitablemente en infecciones, esterilidad, vergüenza y muerte de muchas mujeres y niños en el parto. Si esta nauseabunda práctica no fuera sagrada y estuviera santificada, ninguna sociedad toleraría semejante insulto a la condición femenina y, por ende, a su supervivencia…
“Los progenitores que manifiestan creer en las disparatadas afirmaciones de la «ciencia cristiana» han sido acusados de negar la atención médica urgente a su prole, pero no siempre condenados por ello. Los progenitores que se imaginan que son «testigos de Jehová» han denegado el permiso para que sus hijos reciban transfusiones sanguíneas. Los padres que se imaginan que un hombre llamado Joseph Smith fue guiado hasta una serie de planchas de oro enterradas han casado a sus hijas menores de edad «mormonas» con tíos y cuñados privilegiados, que a veces ya tenían otras esposas mayores. Los fundamentalistas chiíes de Irán rebajaron a los nueve años la edad a la que se puede «entregar» en matrimonio a una hija, tal vez en loor e imitación de la edad de la «esposa» más joven del «profeta» Mahonia. Las niñas novias de la India son azotadas y en ocasiones quemadas vivas si se considera que la lastimera dote que aportan al matrimonio es demasiado irrisoria.”

Para quien esté interesado en mirar las religiones del mundo desde un punto de vista laico, sin prejuicios y con la mente abierta, este libro de Hitchens,  «Dios no es bueno», es muy recomendable.

Pueden leer el libro mencionado acá.

Texto:

Óscar Perdomo León

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SALIR DEL CLOSET. Ateos.

EL FÚTBOL, COMO TODO, TIENE SU LADO POSITIVO Y SU LADO NEGATIVO

Ha iniciado otra vez una nueva temporada de fútbol en donde dos de los involucrados, el Real Madrid y el Barcelona, son vistos en mi país como dos dioses deportivos. Quiero aclarar que no tengo nada en contra del fútbol, un deporte que me gusta mucho; durante mi niñez y mi adolescencia lo jugué bastante (sin embargo el deporte que me enamoró fue el baloncesto, el cual practicaba casi todas las tardes con varios amigos del pueblito).

Habiendo puesto en claro que no soy enemigo del fútbol, me gustaría decir que me siento aturdido con el nivel de entusiasmo que puede generar en mi país la batalla entre dos equipos de fútbol tan lejanos a nosotros en geografía e idiosincrasia. Me molesta de verdad escuchar que alguien me pregunte: «¿Con quién va usted, con el Barcelona o el Real Madrid?»

Las ventas callejeras no se hacen esperar y se aprovechan de esta situación. Bien por ellos.

Es bueno tener uno sus preferencias en música, en deporte o en lo que sea;  me parece muy bien que vean los partidos de la liga española y que aprendan de su buen fútbol; pero me parece el colmo del absurdo poner todas nuestras esperanzas y todo nuestro amor en dos equipos foráneos.

Los fanáticos del fútbol nacional aparecen emocionados en los alrededores de los estadios salvadoreños con cada temporada en donde el Metapán, el Águila, el Fas, etc. se enfrentan una vez más y eso lo veo más natural (toda vez que no se excedan en su apoyo al equipo de sus amores con tontas peleas).

Pero se generaliza cada vez más y más entre los fanáticos salvadoreños el apoyo fiel a dos equipos de la liga española. ¿No sería este un tema interesante para sociólogos o antropólogos? Quizás esta conducta ocurre porque somos ciegos, porque no miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta que aquí también en El Salvador hay buenos jugadores y hay grandes artista y hay héroes…

Pienso que la falta de identidad, de amor hacia lo nuestro, nos lleva a seguir con tal fanatismo a estos dos equipos de fútbol. Y así, en cada partido entre el Barça y el Real Madrid, los restaurantes y cervecerías se llenan de borregos disfrazados con camisetas de su equipo favorito.

Vergonzosamente, muchos de estos fanáticos no saben ni siquiera donde queda España, como lo muestra el vídeo subido a YouTube el año pasado (que les dejo abajo).

Este es uno de los lados más negativos del deporte en mi país, en donde el fútbol sólo sirve de somnífero para olvidar nuestra cruda realidad y mantener y mostrar una ignorancia que raya en lo ridículo.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografías:

Érika Valencia-Perdomo

QUE SE MUERAN LOS FEOS. Una película de Nacho G. Velilla

Resulta muy gratificante para nuestra salud mental mirar de vez en cuando una película que nos divierta de principio a fin. Y este ha sido para mí el caso de “Que se mueran los feos”, dirigida por Nacho G. Velilla y expuesta a la luz del público en el año 2010. Cuenta con las magníficas actuaciones de Javier Cámara y Carmen Machi, además de un elenco muy bien articulado.

Alguna vez escribí que me sentía un poco cursi diciendo que me gustaba mucho la clásica “When Harry met Sally”; pues bien, en “Que se mueran los feos” sentí, guardando las distancias, una emoción similar que la que experimente al ver a Meg Ryan y Billy Crystal interactuando, pero a diferencia de la película gringa, en la española los personajes principales son una especie de antihéroes.

Eliseo (interpretado por Javier Cámara) es un soltero que no ha tenido suerte en el amor, porque, según la explicación de todos, es cojo, pelón, usa unos lentes muy gruesos y además no conoce muy bien las artes de la seducción. Como vive con su madre y su tío (Juan Diego), a quienes les ayuda en la granja familiar, un día, hace muchos años, renunció a su gran sueño de acudir a estudiar en el Conservatorio de Música. Pero eso no le robó su amor por la música, en el pequeño pueblo donde vive, él es el mejor para tocar la trompeta.

Nati (Carmen Machi), quien se casó con el hermano de Eliseo, llega a casa de Eliseo para darle el pésame por la muerte su madre, pero especialmente regresa a la granja porque su esposo la ha abandonado y la ha dejado en la quiebra financiera. Su presencia causará no menos de un problema; pero también traerá cosas positivas que todos alabarán.

Así, de un momento a otro, las cosas se torcerán un poco y se complicarán para delicia de los espectadores y para dolor de los personajes.

Pero aún en medio de los problemas, la música siempre está presente en la vida del pueblo. Me encantó mucho el juego repetitivo que se hizo en la película con “Tómame o déjame”, la famosa canción de Mocedades.

“Que se mueran los feos”, es una comedia romántica española muy bien hecha, que nos garantiza un poco más de una hora de amena distracción. Sí es, en definitiva, una comedia, pero como toda buena película, no le falta un poco de drama, un poco de filosofía de la vida, unas cuantas bofetadas, una lágrima por aquí y por allá, un poco de sexo, y, por supuesto, un final muy alegre y esperanzador.

Texto:

Óscar Perdomo León

Reseña publicada originalmente en  LA CINERATA.

UNA VIDA MEJOR. Una película de Chris Weitz.

El doloroso drama de los emigrantes ilegales mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, etc. es de lo que trata «Una mejor vida». Trata acerca del típico hombre pobre que deja su país latinoamericano, por la falta de oportunidades y en la búsqueda de una mejor situación económica. Trata sobre los sentimientos  de amor de un padre hacia su hijo.

La temática de la separación obligada de las familias, a través de la deportación, nos cae a los espectadores como una fuerte bofetada y nos despierta y nos alerta sobre las leyes injustas e inhumanas con las que se rige este mundo, en donde los pobres siempre se llevan la peor parte. Se ve el lado bueno del “sueño americano”, pero también su lado más oscuro y siniestro. Es la cruda realidad que viven nuestros compatriotas día a día, pero en la película tenemos la oportunidad de mirar esa realidad de una forma más humana a través del rostro del personaje principal, Carlos Galindo (Demián Bichir).

Carlos Galindo es un jardinero que trabaja en Los Ángeles, California, de una manera dura y poniendo siempre todo su esfuerzo. Cada día es una lucha constante por ganarse el sustento. Pero en él, el rol negativo (como por ejemplo de vendedor de drogas, etc.), ese cliché que ha infestado las pantallas del cine hollywoodense, no aparece. En él, por el contrario, se pueden encontrar los valores de honestidad, responsabilidad, bondad y amor hacia su familia. Su hijo Luis (José Julián), quien vive su adolescencia de rebeldía y acechado por el riesgo de ingresar a una pandilla, es su razón de vida y de esfuerzo.

Al principio el ritmo de la película, dirigida por  Chris Weitz , se siente un poco lento; sin embargo, a medida que los personajes se van dibujando, con todos sus colores y todas sus aristas, y la trama se tuerce creando problemas que desembocarán en la deportación de Carlos, los espectadores se puede llegar a sentir identificados con ese dolor y esa desgracia que sufren nuestros hermanos latinoamericanos. Pero en tratar de resolver todas las dificultades, padre e hijo se unirán de una manera en la que nunca antes habían estado.

La actuación de Bichir es realmente buena; se apodera de su personaje desde la piel hasta la última célula sanguínea. Las escenas finales, cuando se despide de su hijo y cuando va de regreso hacia Estados Unidos a través del desierto, Demián Bichir nos demuestra con lujo de detalles que no es ningún actor improvisado. Muy merecida su nominación al Oscar como mejor actor.

Texto:

Óscar Perdomo León

Esta reseña se publicó originalmente en LA CINERATA

THE ARTIST. Una película de Michel Hazanavicius.

Los que nunca hayan visto un largometraje cinematográfico en blanco y negro, y, además, mudo, se preguntarán cómo es posible que una película así le pudiera gustar a alguien. Pues bien, una respuesta perfecta a esa pregunta sería “The artist”, la gran ganadora del Oscar como mejor película de este año 2012, escrita y dirigida por Michel Hazanavicius.

No terminará defraudado el que vea esta película, que es básicamente una historia de amor, de lucha, de éxito y caída, de amistad y orgullo, todo en medio de la industria hollywoodense entre las décadas de los ‘20 y los ’30 del siglo XX.

La película, hecha en pleno siglo XXI, es también un gran homenaje a las grandes producciones de cine mudo de los inicios del siglo XX.

De principio a fin, esta obra de arte lo mantiene a uno entretenido, mezclando escenas cómicas, con otras de tristeza y otras emociones diversas. No se necesitan palabras más que las que salen escritas de vez en cuando en los clásicos cuadros de fondo negro.

Hay tres grandes protagonistas en esta cinta: George Valentin (protagonizado por Jean Dujardin), Peppy Miller (Bérénice Bejo) y la música. Valentin es una estrella del cine mudo, el más grande, admirado por todo el mundo; sin embargo, cuando llega la era del cine sonoro, es despedido por los estudios; a partir de ahí, la vida de Valentin empieza una caída en avalancha hasta tocar fondo. Peppy Miller, que es una joven común y corriente que conoce a Valentin cuando éste era una gran estrella, empieza su carrera como actriz gracias a la ayuda de él, hasta alcanzar el estrellato en pleno inicio del cine sonoro. Ella, ya siendo rica y famosa, no se olvida de su mentor y en todo momento trata de ayudarlo a salir de su desgracia.

Ahora bien, la música juega un papel preponderante en esta película. Podríamos decir que la música es el lenguaje de los actores, de las escenas de grandeza y de alegría, así como de las de depresión y  desdicha. Fue compuesta, con pequeñas excepciones, por Ludovic Bource.

Es de hacer notar también la relación de amistad y de respeto que se establece en la historia entre Valentin y su chofer (protagonizado por James Cromwell). Hay escenas muy conmovedoras entre ellos.

Las actuaciones. Por un lado, la actuación de Dujardin le valió ganar como mejor actor en Cannes y un Oscar como mejor actor del año. Su actuación es realmente impresionante y en más de una ocasión le arranca las lágrimas al público. A mi parecer, Bérénice Bejo no se queda atrás en la calidad de su actuación. (Quizás si Bejo no hubiera tenido que competir contra la gran actuación de Meryl Streep en “La dama de hierro”, quizás hubiese tenido más posibilidades de ganar).

También la mascota de Valentin, un pequeño perro simpático, nos brinda escenas de ternura, de actuaciones de fidelidad a su amo y hasta de heroísmo.

Para quien no haya visto aún “The artist”, le recomiendo que lo haga. Es una experiencia realmente inolvidable.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen tomada de Google.
Esta reseña fue publicada originalmente en LA CINERATA.

¿POR QUÉ HA GUSTADO TANTO LA SERIE SALVADOREÑA «CAPITÁN CENTROAMÉRICA»?

La serie CAPITÁN CENTROAMÉRICA es una parodia, realizada por salvadoreños, de la caricatura estadounidense Capitán América.

En septiembre de 2011 apareció en YouTube el primer capítulo de esta interesante serie que ha captado la atención de un amplio público salvadoreño, especialmente de la audiencia que navega con frecuencia en el mundo virtual del Internet.

Quizás lo primero que hay que decir es que en esta serie participa, como actor, el cineasta salvadoreño André Guttfreund, quien es miembro activo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Los Estados Unidos, y es, además, ganador del Oscar de 1976, por dirigir el cortometraje «En la región del hielo».

Lo segundo que tendría que decir es que el CAPITÁN CENTROAMÉRICA es una producción de bajo presupuesto. (Hay que aclarar que en El Salvador es muy difícil conseguir presupuesto para una producción cinematográfica, a diferencia de otros países de la región americana.)

Pero…  ¿por qué ha gustado tanto el CAPITÁN CENTROAMÉRICA?

La primera respuesta a nuestra interrogante, para mí, sería que la serie tiene una calidad bastante buena.

Pero no sólo la evidente calidad es la que gusta a la gente, es también la comicidad que baña buena parte de cada uno de los guiones. Todos los actores y actrices han sabido cargar muy bien con el humorismo y con el rol que se les ha asignado. Y me agrada que no parten de la vulgaridad para hacer reír. Más bien nos reímos de nuestra cotidiana idiosincrasia. Además, las actuaciones son buenas y convincentes.

Otra cosa importante que creo que es importante para que esta serie haya cautivado al público es una cosa muy básica del séptimo arte: El cine es un espejo de la sociedad y a los salvadoreños nos ha gustado mucho vernos reflejados en la pantalla (aunque sea en la pequeña pantalla de una computadora). Ver rostros familiares, escuchar hablar sobre comidas muy nuestras y oírlo con el acento tan típicamente salvadoreño es algo que necesitamos los salvadoreños. Vemos en la pantalla el rostro del Capitán Centroamérica y de sus ayudantes  (el Mudo y Marimba) y nos reconocemos.

Además, el hecho de mirar unidos a nuestros países, en la gran patria centroamericana –el sueño de Francisco Morazán- es algo que muy en el fondo nos agrada, nos hace vernos más grandes y fuertes; quedan atrás las divisiones absurdas y las peleas inútiles entre hermanos centroamericanos.

Sin embargo, me parece que el punto medular del éxito del CAPITÁN CENTROAMÉRICA, es que los salvadoreños saboreamos la justicia, aunque sea por un momento y aunque sepamos que no es de verdad, disfrutamos realmente de ver por fin a alguien impartiendo justicia. Al CAPITÁN CENTROAMÉRICA lo amamos porque tiene un sentido de servicio hacia el prójimo que vemos como algo raro y perdido entre los que se supone que deben tenerlo.

La frustración que el pueblo salvadoreño siente con respecto a sus políticos, la indignación que siente hacia la corrupción, la angustia y el temor que experimenta a diario debido a la violencia y a las extorciones, se ve todo solucionado por un superhéroe nacido del pueblo, un hombre agradable que deja el egoísmo a un lado y piensa en alguien más que sí mismo.

Esa es la clave principal. El CAPITÁN CENTROAMÉRICA personifica la justicia que tanto necesitamos en nuestro país.

Pero aparte de todas estas impresiones personales, quiero decir que mi alegría se suma a la del pueblo salvadoreño, al ver surgir una serie nacional tan emocionante. Felicitaciones para Andrés Díaz (guionista y director) y para todos los que han participado de una u otra manera en ella.

Para finalizar, para quienes no lo hayan visto, los dejo con el capítulo dos del CAPITÁN CENTROAMÉRICA, que me parece que muestra muy bien de lo que les he estado hablando.

Texto:

Óscar Perdomo León

LA LAPIDACIÓN DE SORAYA M. Una película de Cyrus Nowrasteh.

La historia da inicio en el año de 1986, y se lleva a cabo en Irán,  cuando el periodista francés-iraní Freidoune Sahebjam (personificado por Jim Caviezel) tiene un desperfecto mecánico en su carro y al llegar a un pequeño pueblo para que se lo arreglen, se encuentra con Sahra (Shohreh Aghdashloo), una mujer que se da cuenta que él es un periodista y, a escondidas de los demás, le cuenta la terrible historia de su sobrina, Soraya.

Soraya (Mozhan Marnò) está casada con Ebrahim (David Diaan), con quien tiene dos hijos y dos hijas. Pero Ebrahim se ha enamorado de una chica de 14 años de edad y para divorciarse de Soraya tiene que darle una especie de herencia, la cual él se niega a brindar, de tal manera que, de una manera fría y calculadora, maquina una forma de deshacerse de Soraya: la acusa de adulterio, un delito grave bajo la religión islámica, para lo cual el castigo es la muerte por lapidación.

En este punto es fácil para el espectador comprender que las mujeres iraníes no tienen voz ni voto en las decisiones grandes de su país, así como también puede establecer y ser testigo de la injusticia llevada a sus máximas consecuencias.

En un país donde la vida de los ciudadanos y el accionar del gobierno están supeditados a una religión, con sus preceptos antiguos y violentos, llenos de ignorancia y prejuicios, no puede resultar nada bueno. Un país donde el laicismo está ausente, el atraso en la educación y en las relaciones sociales es evidente.

Y de esto es lo que trata «La lapidación de Soraya M.», (conocida en español como «La verdad de Soraya»), producción estadounidense que vio la luz en el año 2008, y cuyo guión está basado en el libro que escribió Freidoune Sahebjam, «La Femme Lapidée».

Este largometraje también aborda esencialmente la injusticia inclinada en contra de la mujer y su ausencia de derechos.

Si el Islam justifica el asesinato (como también lo hace el antiguo testamento de la Biblia), y si esta religión es seguida de una manera fundamentalista por muchas personas en el mundo, podemos decir con tristeza que la violencia no tendrá fin.

La escena de la lapidación es tan real que me parece que nadie puede quedarse indiferente ante tal acto de bestialidad.

Las actuaciones son exquisitas, sumamente creíbles, dignas de ser premiadas en cualquier gran festival de cine. Y la música es muy importante y bella en la historia. Pero lo principal es que su realismo conmueve y nos sensibiliza  ante un problema de machismo, de brutalidad y de muerte con tortura que aún se sigue empleando en varios países islámicos fundamentalistas.

Los dejo con un avance de la película.

Texto:

Óscar Perdomo León

Esta reseña originalmente fue publicada en LA CINERATA 

LA SECRETARIA. Una película de Steven Shainberg.

La química que se puede producir –o no- entre dos protagonistas de una película, es un factor fundamental para que ésta alcance el éxito o el fracaso, desde el punto de vista artístico. Y así, los productores o directores siempre andan buscando esa chispa que se encienda cuando un actor y una actriz se miran el uno al otro o cuando se besan.

 

En el caso de la cinta «La secretaria», los responsables de encontrar a James Spader y Maggie Gyllenhaal dieron en el clavo con exactitud. La química y la combustión entre ellos son innegables, y sus actuaciones brillantes son una verdadera delicia.

 

«La secretaria», una de las películas que más me ha gustado, vio la luz en el año 2002, y su tema es la relación sadomasoquista entre un abogado y su secretaria. Todo inicia cuando Lee Holloway (Maggie Gyllenhaal) sale de un hospital psiquiátrico el mismo día que su hermana se casa. Su madre la llega a traer y se la lleva directamente a la fiesta nupcial. Poco a poco se va develando que Lee había sido ingresada debido a su tendencia a la automutilación.

 

Luego, en su deseo de incorporarse a la sociedad, aprende mecanografía; sin embargo en ocasiones, y siempre a escondidas, continúa causándose heridas en los muslos.

 

Por un anuncio en el periódico se entera que un abogado, Edward Grey (James Spader), necesita una secretaria. Ella se presenta y él la contrata, y es aquí en donde empieza la verdadera trama de la película. El actuar dominante de él y el papel sumiso de ella, hacen que se forme inmediatamente un lazo de unión entre ellos, lo cual los va llevando hasta lo sexual y gradualmente al amor. Pero entre un paso y otro ocurren varias situaciones que complican la relación.

 

 Creo que una de las mejores cosas de esta película es la tensión entre los dos principales protagonistas que desemboca en un amor no muy común, que nos muestra que la variedad en las relaciones de pareja puede existir. Nos hace también experimentar y entender que todos tenemos un poco de sádicos y de masoquistas.

 

Una escena de intenso erotismo sadomasoquista es cuando ella se equivoca en la escritura de una carta y él la llama a su oficina y la reprende de una manera inusual e inesperada. Le ordena apoyar sus codos sobre el escritorio e inclinarse y leer en voz alta la carta. Ella le obedece. Él, detrás de ella, empieza a suministrarle fuertes nalgadas. En el rostro de Lee se observa la sorpresa, pero también el disfrute paulatino, escalonado, de un placer desconocido hasta entonces por ella. Esa escena es realmente memorable.

 

Los diálogos en toda la película son interesantes. La manera de contar la historia, con escenas muy realistas y con otras hasta oníricas y coloridas, le dan, además, a este largometraje un gran atractivo artístico.

 

La otra protagonista que le da mucho carácter y calidad a este drama es la música, compuesta por Angelo Badalamenti.

SECRETARY. Trailer.

 

 

Texto:

Óscar Perdomo León

Este artículo fue publicado originalmente en LA CINERATA

LO QUE APRENDÍ DE RAFAEL MENJÍVAR OCHOA.

Conocí a Rafael Menjívar Ochoa allá por el año 2004, en la Casa del Escritor, que está en la Villa Monserrat, la enigmática casa donde vivió Salarrué, nuestro más querido escritor. Yo había llegado emocionado buscando a Rafael con un escrito mío sobre una ficción de los años ´60 y ´70 y él tuvo la cortesía de leerlo. La verdad es que nunca voy a olvidar ese día: me lo destrozó de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Me sentí decepcionado en el momento; pero presté atención a todo lo que me decía. Rafael tenía una manera peculiar de decir las cosas. Y no me refiero a su acento mexicano –siendo salvadoreño-, sino a su manera tajante de afirmar algo y al mismo tiempo de usar tonos en la voz que eran como invitaciones para que uno reflexionara y mirara más allá de lo escrito. No había en ello nada de indiferencia; al contrario, era el interés genuino de Rafael en ayudarlo a uno a mejorar.

Me llamó mucho la atención su manera tan aguda de analizar cada frase, cada palabra; me pareció que veía a un oftalmólogo suturando el ojo con sus hilos casi invisibles: ¿Qué había detrás de las palabras? ¿Por qué estaba yo contando eso? ¿Estaba acaso escribiendo algo que en realidad no quería decir? ¿Había palabras redundantes e innecesarias? Rafael me cuestionó todo, hasta la médula. Me habló de modas en la ropa, de personajes artísticos de la época (recuerdo que yo mencionaba en el escrito al actor Mauricio Garcés, entre otros, y Rafael amplió las posibilidades de los personajes femeninos que solían aparecer en esas películas, hablándome de la diferencia en los maquillajes que usaban las actrices, etc.); me habló de metáforas al expresar las ideas, del ritmo de una frase… Me habló de un todo completo que puede tener un escrito y me hizo ver mi propia debilidad en la redacción. Ahora le agradezco de veras ese bofetón intelectual que recibí.

Quiero decir que alguna vez sentí cierta petulancia en él; pero fue la primera impresión, puedo asegurar que no lo era, al irlo conociendo mejor me di cuenta que era su carácter fuerte y punzante a la hora de examinar un texto, era esa mirada penetrante de sus ojos saltones y escrutadores que no dejaban pasar ni el más mínimo error.

Aprendí también mucho leyendo a Rafael Menjívar Ochoa (por cierto que tengo en mi poder dos libros suyos que me autografió y los guardo con cariño). Su literatura es fuerte y decidida y si uno la mira, no sólo de la manera tradicional, disfrutándola, paladeando las frases y saboreando los argumentos, sino leyendo entre líneas y mirando con lupa, puede uno rescatar algo de la filosofía y disciplina literaria de Rafael. Desde el inicio de un cuento o una novela suya, uno siente como si entrara en otro cosmos, en un mundo crudo de personajes oscuros que él extrajo muy bien de la realidad y nos los arrojó sin previo aviso y con fuerza en la consciencia. Siempre me ha parecido que sus novelas de corte policial son tan cinematográficas que puede uno casi ver los ojos de los policías y sentir sus respiraciones, tocar las ropas y oler las traspiraciones de todos esos personajes oscuros y sonámbulos que habitan su literatura. En sus novelas uno, como lector apasionado, toma asiento frente a sus personajes mientras estos discuten o se agreden y hasta teme uno ser salpicado por su sangre o su saliva. Todos esos protagonistas de sus novelas y cuentos son realmente creíbles, muy bien dibujados. Jorge Luis Borges habló sobre esto alguna vez, usando la Metamorfosis de Frank Kafka: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso  insecto». Y lo explicó también con el ejemplo del Quijote de La Mancha: «En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…». “Y ahí”, dice, Borges, “ya estamos en otro mundo…”. Creo que esa debe ser la misión de todo escritor de ficción, hacer creer con propiedad al lector que lo que está leyendo es la verdad completa y existente. Algo difícil de hacer con el intrincado y laberíntico lenguaje, tan rebelde como él solo. Y sin embargo Rafael Menjívar Ochoa logró llevar la credibilidad a sus historias sin duda alguna.

Es además una gran virtud de Menjívar Ochoa plantear en sus novelas todo un escenario de acción en un par de frases dichas por sus personajes o en un par de líneas que de entrada no parecieran tener la intención de describir nada. Economía de recursos dicen los entendidos. Genialidad diría yo.

No todos podemos escribir como Menjívar Ochoa, ni creo que debamos hacerlo. Cada uno de nosotros tiene su propia identidad y debe buscar su propia voz. Pero en los libros de Menjívar Ochoa podemos hallar una ruta de inicio para la expresión, una escuela que no está velada para el que quiera ver y hallar; quizás su literatura sirva hasta de inspiración para futuros trabajos lingüísticos.

Como ya es conocido por muchos, Rafael Menjívar Ochoa fundó la Casa del Escritor, en donde dio durante años tutorías a muchos jóvenes amantes de la literatura. Aunque yo no formé parte de su grupo de alumnos, sí nos vimos varias veces más con Rafael, en diferentes circunstancias y esas otras veces que hablé con él, a través de su visión profunda y cosmopolita de este planeta, también aprendí algo nuevo. Y hay una cosa que siempre le voy a agradecer a Rafael y es que me aconsejó leer algunos libros que yo desconocía y gracias a eso me encontré con grandes autores del presente y del pasado que hoy alimentan mi espíritu.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía extraída de: El Salvador.com http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_completa.asp?idCat=6482&idArt=1728664

INTOLERANCIA, ATEÍSMO Y RELIGIÓN

A este país, El Salvador, lo amo mucho. Aquí he vivido mi vida, toda mi niñez me la pasé en un pequeño pueblito y esos recuerdos los tengo guardados en un lugar muy especial de mi mente. En esta tierra también he conocido a los mejores amigos que alguien pueda tener, entre ellos ateos y creyentes en Dios, a quienes quiero y respeto (y a quienes nunca he discriminado por sus creencias). Y por si fuera poco tengo a una madre muy buena, dos hermanos –muy solidarios conmigo- que amo de verdad, dos hijas muy inteligentes y una familia inmensa que siempre llevo en mi corazón. No puedo dejar de mencionar que en el lugar menos pensado de este país encontré también a la más bella de las mujeres, que ahora es mi esposa. Por todo lo anterior vivo agradecido cada día, muy agradecido.

Pero eso no me impide ver la descomposición social que hay en nuestro país, su violencia y su pobreza, ni me cierra los ojos a los grandes problemas filosóficos que siempre han afligido a la humanidad.

Estoy convencido que la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad sobre las preferencias sexuales y el respeto a la vida, son los pilares para tener y desarrollar una sociedad en donde la felicidad y la justicia sean siempre los dos diamantes que poseamos todos.

Sin embargo, todo lo anterior no es algo que realmente exista y de lo que pueda sentirme orgulloso en El Salvador. Hay demasiadas personas con sus mentes cerradas y viviendo con ideas de la edad medieval. Hay también demasiados políticos y dirigentes con sus instintos egoístas llevados al máximo exponente y totalmente ajenos a buscar el bienestar de la población. Viéndolo desde esta perspectiva, mi país pareciera ser una intensa escena macabra, como la más vívida y brillante pesadilla que podamos tener.

Haber crecido bajo la educación religiosa y recibiendo cada día la idea de que hay un Dios que todo lo ve, que todo lo sabe y que castiga los pecados, no es nada novedoso ni raro en El Salvador. Y en realidad nuestra sociedad salvadoreña está tan saturada de pensamiento mágico-religioso que si usted osara pensar y decidir dejar atrás la creencia de Dios y la religión (cualquiera que sea ésta), entonces vería con seguridad las olas gigantes de intolerancia caer con fuerza sobre usted.

Y vienen entonces las palabras de siempre: «¿Cómo es posible que alguien sea ateo?» «¡No hay personas que no crean en algún dios!»  «¡Los ateos son malos!»  Bueno, es difícil establecer una comunicación sana o un debate verdadero y respetuoso cuando los lenguajes que cada uno de los dos interlocutores están usando son diferentes y la intolerancia ha contaminado ya todo el ambiente.

La intolerancia es algo inherente en muchas de las personas religiosas. Debo aclarar también, con toda justicia, que hay otros creyentes en Dios que en general tienden a ser un poco más tolerantes con los ateos.

¿Qué es un ateo? Lo explicaré en la forma en que yo lo entiendo y lo experimento. Bueno, en esencia, ser ateo es ser alguien que no cree en la existencia de Dios, o que no cree en Dios de la manera usual en que se cree. Podría ponerlo así: Dios existe, sí, pero en la mente de las personas. Porque fue ahí donde se creó a Dios o a los dioses. En otras palabras, y redundando un poco, Dios no creó al ser humano, sino al contrario, el ser humano creó a Dios (o a los dioses que sean).

Los Mayas y en general todos los pueblos prehispánicos, así como también los pueblos antiguos de Europa, Asia, etc., crearon sus dioses con el objetivo de dar explicación a lo que no tenían la capacidad de dar explicación. De esta necesidad nacieron en la mente de los antiguos seres humanos Tonatiuh, Zeus, Baal, Yahveh, etc.

Los misterios de la naturaleza son inmensos y, por supuesto, nadie está obligado a saberlo todo. Si nos vamos, por ejemplo, a la educación, veremos que hay profesores que se inclinan hacia alguna rama de ésta en especial, como podría ser la biología o la literatura, por mencionar dos de ellas. Los conocimientos generales que tenemos de esas ramas (los que no somos profesores) son mínimos, pero si quisiéramos adentrarnos en ellas, en estos tiempos modernos, podríamos hacerlo, asistiendo a una universidad y hasta estudiando de una manera autodidacta. ¿Se imaginan al ser humano de dos mil o más años atrás tratando de explicarse algunas reacciones químicas que apenas en el siglo pasado los científicos les encontraron explicación? O imagínense a los remotos pueblos buscándole explicación a la lluvia o a la salida del sol. O piensen en las antiguas culturas que creían que la tierra era plana y pensaban que este mundo era el centro del universo. ¿A qué método recurrían estos seres humanos para explicarse los fenómenos de la naturaleza? El método científico no existía, es decir, el método que exige evidencias para comprobar que algo es cierto. Pero lo que sí existía en los tiempos antiguos (y también en los  actuales) era la imaginación. E imaginar un dios o varios dioses ha sido algo muy relacionado a la esencia humana. Por eso todas las culturas antiguas crearon sus propios dioses. Y con ellos también la intolerancia.

Era típico de esas culturas decir: «¿No creés en mi dios? Entonces te mato.» Y de ahí las famosas Cruzadas de los católicos o la Guerra Santa de los musulmanes, que a fuerza de espada y sangre trataban de convertir a su fe a sus adversarios. No hay que perder de vista que esa actitud de tan primitiva intolerancia no sólo tenía un trasfondo religioso, ideológico o político, es decir, de poder, sino también un interés económico. Asimismo fue impuesto, con violenta saña y sin ninguna consideración, el Cristianismo en la América hispana. La espada ensangrentada y la quema de los libros sagrados de los indígenas, se encargaron de establecer la religión Católica y la esclavitud. ¡En todo lo anterior, no veo el amor por ningún lado!

Pero volviendo a la pregunta ¿qué es ser ateo?, puedo decir que ser ateo para mí significa que no necesito tener miedo de un infierno ni necesito del soborno del cielo para hacer el bien a las demás personas. Ser ateo es no vivir esperanzado en una vida después de la muerte, porque aunque quisiera vivir para siempre, reconozco que la naturaleza no funciona así. Ser ateo es respetar a mis semejantes, porque el humanismo nos hace mejores personas.

Ser ateo para mí también ha significado sentirme rechazado por algunas personas cuando he confesado mis creencias. (Bueno, pero eso no importa, si alguien me rechazó o me rechaza por eso, es que de veras yo no valgo nada para ese alguien.)

Ahora bien, encontrarnos con que esta intolerancia sigue viva ahora –vivita y coleando- en pleno siglo XXI, es realmente una vergüenza para toda la especie humana. Podríamos decir que no hemos avanzado nada y que seguimos viviendo en las cavernas.

Confieso y aclaro sinceramente que este escrito no es ningún intento de convertir al ateísmo a nadie. Definitivamente no es esa mi intención. Insisto y repito que creo firmemente en la libertad de culto, en la libertad de expresión y en el respeto hacia el resto de seres humanos que pueblan este planeta. Mi intención ha sido solamente una: denunciar la intolerancia.

Para terminar, los dejo con este vídeo en donde la escritora Ayn Rand (1905-1982) expone sus ideas sobre el ateísmo de una manera tan clara que me parecen muy razonables.

Texto:

Óscar Perdomo León

Artículo relacionado: SALIR DE CLOSET. Ateos.

Imagen extraída de Google.

LOS HÉROES TIENEN SUEÑO. Una novela de Rafael Menjívar Ochoa.

Esta novela policial de Rafael Menjívar Ochoa se lee rápido porque es corta (sólo tiene 87 páginas) y porque su lenguaje es muy sencillo. Pero esa sencillez no significa que la novela carezca de profundidad, porque en realidad el autor, con su hábil buceo en las consciencias de varios policías “especiales”, nos muestra un panorama de lo que son los sicarios, en varias dimensiones.

Este buceo del que hablo es un paseo de Menjívar Ochoa en la psicología y la sociología de los personajes principales. La destreza en la escritura de este novelista está en mostrarnos todo ese amplio submundo, oscuro, implacable, lleno de corrupción y de secretos y misterios inimaginables, a través de diálogos y monólogos muy bien escogidos, que unas veces son frases aparentemente sin importancia y otras veces dicen sus verdades, las verdades que ellos viven; algunas frases puestas en la boca de los personajes a veces rayan en lo parco, casi en la indiferencia, pero que por lo mismo son muy efectivas para enmarcar la manera de pensar de estos asesinos gubernamentales a sueldo.

Toda la trama se desarrolla en México D.F. y los personajes principales son el Coronel, el Perro, el Ronco y el narrador omnisciente, del cual nunca sabemos el nombre, y que también es otro policía que vive y pervive junto a ellos todos los trabajos sucios que se les encomiendan.

La configuración de los personajes es muy buena; sin ser descritos físicamente, uno puede ya imaginárselos mirando, caminando, corriendo y asesinando. Cada uno de ellos tiene una voz propia, aunque la mayoría de ellos por momentos toma una forma de hablar casi displicente, quizás por su contacto con la muerte casi diaria, en donde la fingida indiferencia ante la vida es su manera de irse transformando en esos seres duros, insensibles, pero que cuando llega el momento de la verdad se vuelven sentimentales y fieles, a su manera. Arriesgan su vida por su fidelidad a su jefe. Uno de ellos casi se enamora de una prostituta; otro se preocupa de su mujer y de sus hijos; todos son seres humanos que han decrecido en una inmoralidad asesina, es verdad, pero que en ciertos momentos muestran rasgos de innegable valentía, y en otros, debilidades y necesidades como cualquier otro ciudadano normal…  Son héroes a su manera. Tienen su propio código de ética. Viven y mueren obsesionados en su “trabajo”.

Acercándose al final, por un momento la narración me recuerda el final de la película «American beauty», de Sam Mendes, ganadora del Oscar en 1999, por el tono casi de ultratumba cuando el narrador dice en la novela: “Sentí un golpe en la cabeza y un peso en el cuerpo como si me hubiera caído un edificio. Después me morí, y fue lo mejor que me pudo pasar. Por eso sé que cualquier forma de morirse es buena.” Hay que aclarar que «American beauty» salió a la luz en septiembre de 1999 y la novela de Menjívar Ochoa fue publicada antes, en abril de 1998.

Disfruté mucho leer «Los héroes tienen sueño», como gocé del mismo modo otra de sus novelas policiales: «De vez en cuando la muerte», en donde, por cierto, Menjívar Ochoa usa también a los personajes el Ronco y el Perro.

PARA FINALIZAR, UNA BREVE ANÉCDOTA.

Esta novela la compré en el año 2004 sin querer; en realidad yo andaba buscando otro libro, pero en un estante me topé con ella y me dio curiosidad leerla. Un par de meses después me encontré con su autor, se la mostré y escribió en ella una pequeña dedicatoria. Recuerdo que se puso muy contento de verla porque, según le dijo a su hijo Rafael Eduardo, con quien estaba en ese momento, él pensaba que todas las copias se habían agotado ya. Y su hijo le respondió: “De todas tus novelas policíacas, ésta es la que me más gusta”.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes escaneadas del libro en cuestión.

EN EL ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE LOS ACUERDOS DE PAZ EN EL SALVADOR, INICIAMOS EL 2012 CON DESPRECIO HACIA EL ARTE.

Dos eventos separados, y que en un principio parecieran no relacionados, pero que  están muy unidos, han sacudido la consciencia de los salvadoreños este inicio de año.

El primero de ellos ocurrió en la catedral de San Salvador, cuando por expresa orden de la jerarquía católica, se destruyó el mural de la fachada construida con azulejos bellamente decorados por el artista Fernando Llort.

Él había invertido innumerables horas en esta obra, llamada «La armonía de mi pueblo». El diseño, la elaboración y la colocación de los azulejos pintados le llevó aproximadamente un año de trabajo, en el que se vieron involucrados no sólo Llort, sino varios colaboradores suyos.

No sólo se trató de un suceso lamentable, irreparable y de irrespeto contra Llort, sino contra todo el pueblo salvadoreño.

¿Y sabían que en ningún momento se ha hablado de sancionar a la máxima jerarquía de la Iglesia Católica, aun cuando ha atropellado la ley de protección del patrimonio cultural?

Restos del mural destruido de la catedral de San Salvador.

Roque Dalton

El segundo evento fue el hecho de que se abriera el caso del asesinato de Roque Dalton, sólo para cerrarlo  (inmediatamente) y dar el sobreseimiento definitivo para dos de los responsables de su muerte (sin haber si quiera investigado): Jorge Meléndez y Joaquín Villalobos.

¿Acaso no merece que se investigue su caso con el sólo hecho de que Roque Dalton, aun después de muerto, es el poeta salvadoreño más conocido y estudiado alrededor del mundo? El accionar de la justicia cuscatleca es  muy notorio en varios sentidos: ultraje contra la memoria de un hombre que ha aportado tanto para la cultura de nuestro país; ensalzamiento de la impunidad, que no manda otro mensaje sino el de «no importan las cosas malas que alguien haga aquí, de todas maneras nunca será castigado».

Y por si fuera poco, todo -lo de Llort y lo de Dalton- ha ocurrido alrededor del mes del aniversario de los veinte años de la firma de los Acuerdos de Paz.

¿Hay paz en El Salvador, cuando se irrespetan las obras de arte, las autoridades correspondientes se niegan descaradamente a investigar un asesinato que conmocionó no sólo a los salvadoreños sino al mundo entero, la criminalidad crece desmesuradamente, los pobres tienen que largarse hacia otros países para buscar la manera de sostener a sus familias y nadie confía aquí ya en el sistema de justicia?

Quizás sea una minoría la que está llevando al país hacia un caos imprudente; pero al final, todos (por omisión o por acción) heredaremos esta fealdad y este desorden a nuestros nietos.

Ambos eventos, el caso Llort y el de Dalton, no son sino otra forma de violencia. Ambos son símbolos de nuestro fracaso como sociedad que no puede vivir en una relación pacífica. Ambos son un vivo ejemplo de la impunidad reinante en El Salvador.

¿Todos los salvadoreños somos violentos, unos en más medida que otros?

Qué tristeza y qué vergüenza para los cuscatlecos vivir en un país en donde el respeto hacia nuestros semejantes y sus obras de arte son una cosa vana.

Vídeo donde Fernando Llort lamenta la destrucción de su obra.

La débil defensa de la Iglesia Católica en el siguiente vídeo:

Dando un clic al enlace de abajo podrán ver un vídeo sobre el caso Roque Dalton

justicia-a-favor-de-los-denunciados

APELARÁN POR CASO ROQUE DALTON. Noticia publicada en ContraPunto, 

Texto:

Óscar Perdomo León

Artículo recomendado: PRESCRIBIR EL CASO DE ROQUE ES UNA «INFAMIA». Eduardo Galeano habla sobre el caso Dalton. ContraPunto.

Imágenes tomadas de Google.

Revisión de ortografía y redacción: Laura María Perdomo Pacas.

ENAMORADA. Una película del Indio Fernández.

María Félix Enamorada

Las palabras que siguen representan mi opinión libre y llana como espectador y amante del cine, no como experto, que no lo soy.

«Enamorada», estrenada en 1946, es una de las más bellas películas que he visto en mi vida. Desde la primera vez que la vi quedé embelesado con la trama y con los tonos exquisitos del blanco y negro y toda la escala intermedia de grises que se lucen en la pantalla; pero especialmente quedé atrapado por la actuación de sus principales protagonistas: María Félix y Pedro Armendáriz. Esta película fue dirigida magistralmente por Emilio «El Indio» Fernández.

La trama, que transcurre durante los años de la Revolución Mexicana, inicia cuando el general José Juan Reyes (Armendáriz) se toma la ciudad de Cholula y empieza a exigir dinero a los ricos del pueblo para «La Revolución». Hay fusilados, apaleados, así como actos de justicia, como cuando el general le da dinero al profesor de la escuela, que no había recibido dinero de  parte del gobierno en meses. La historia tiene sus partes de ternura, de comedia y de tragedia también.

Sin esperar el amor, el general, cuya mente estaba ocupada sólo con ideas para «La Revolución», se topa accidentalmente con Beatriz Peñafiel (María Félix), la mujer más bonita y adinerada de la ciudad y, a primera vista, se enamora de ella. Sin embargo, hay varias dificultades que el general enfrenta: ella ya está comprometida, es de una clase social muy diferente y además, con su deliciosa altivez, lo rechaza y lo humilla.

Hay una escena que es para ser recordada por siempre, que es precisamente cuando Beatriz tiene su primer encuentro con el general Reyes. Éste, al verla pasar cerca, pero de espaldas, la piropea y al mismo tiempo le hace una broma. A ella, al subir unas gradas, se le había levantado un poco el vestido y se le había alcanzado a ver una parte de sus piernas. El general grita en medio de otros militares, que por mirar otra vez esas piernas, él aceptaría gustoso una cachetada. Beatriz se detiene en el acto, voltea su rostro y le dirige una mirada fulminante. El general se queda asombrado, pero también admirado de su belleza. Luego ella se levanta un poco el vestido y le deja ver nuevamente las piernas y el general está casi atontado mirando. Entonces ella se acerca y lo abofetea. Y le dice que como miró dos piernas, pues que entonces son dos bofetadas las que se ha ganado. Éste, con una sonrisa pícara, le presenta la otra mejilla y Beatriz lo golpea tan fuerte que lo tira al suelo. La risa de los otros militares es inmediata y el general está más impactado por la belleza de Beatriz, que por las cachetadas que acaba de recibir. Esa escena vale la pena mirarla.

A partir de ahí, la presión intensa de la película se centra en el cortejo del general y en los rechazos de Beatriz. A medida que va avanzando la historia, poco a poco se van conociendo el uno al otro.

Hay otra escena que me encanta y es cuando el mayor Joaquín Gómez aconseja al general Reyes sobre las mujeres y sobre pedir perdón. Me gusta mucho la actuación que hace aquel.

Los colores y el paisaje de fondo son factores de belleza innegable en esta película, como en la escena de la foto (arriba), donde  Beatriz camina a través de un portal y el general la sigue por la calle montado en su caballo.

El romanticismo llega a su máxima expresión cuando el general le pide perdón a Beatriz por quererla y renuncia a ella, así como también cuando Beatriz, justo antes de firmar el acta de matrimonio, lo abandona todo y corre enamorada hacia el general Reyes.

El primerísimo primer plano de María Félix en la escena donde escucha la serenata (La Malagueña, interpretada por el Trío Calaveras) de pedido de perdón por parte del general Reyes, es una toma cinematográfica intensa, embriagante, especialmente por la mirada con la que María Félix nos muestra toda una gama de sentimientos. Del asombro y la curiosidad, pasa a otro sentimiento muy parecido a la tolerancia y al amor.

María Félix y Pedro Armendáriz

Por supuesto que hay algunos huecos en la historia, como la aparición de la niña llamada Adelita, adoptada por el general Juan José Reyes, que sólo aparece un par de minutos en escena y desaparece después por completo de la película; pero son minúsculos estos detalles si los comparamos con todos los aciertos del guión y la puesta en escena. (En una nueva versión que se hizo de «Enamorada», de la cual hablo más adelante, sí aparece en otras escenas Adelita). El guión fue escrito, por cierto, por el mismo Indio Fernández, con la ayuda de Íñigo de Martino y de Benito Alazraki.

Emilio «El Indio» Fernández (1903-1986) fue uno de los directores, productores y actores más destacados de México. Su filmografía es extensa.

En 1949 salió a la luz una nueva versión de «Enamorada», pero en inglés, siempre dirigida por Emilio Fernández, cuyo nombre fue «The Torch»; en el papel estelar masculino siempre estaba Pedro Armendáriz, pero en el femenino ya no estaba María Félix, sino Paulette Goddart. En esta la historia es básicamente la misma, sin embargo, como es natural en cualquier versión, tiene sus propias particularidades. Muy buena película; pero, aunque las comparaciones son odiosas, como alguien dijo, me quedo con la «Enamorada» de 1946. Además en esta primera versión aparece Manuel Inclán, que me gusta cómo hace su papel de Bocanegra, el oficial más cercano al general.

Para los que quieran ver «Enamorada» lo pueden hacer a través de YouTube, siguiendo este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=qIvh-NOiVDA

Óscar Perdomo León

Imágenes tomadas de Google.

ÉRIKA Y LA NOVELA

Es increíble el destino de los libros. El ser humano siente una acumulación en su corazón, que no lo deja tranquilo, entonces toma una página y escribe. Y luego otra página y otra… Con los meses o los años, ha escrito una novela.  ¿Y qué es una novela  –el manuscrito original- en la casa del que la ha escrito? Es un libro escondido o casi perdido. Es un cúmulo de palabras que no respiran ni se mueven. No hay respuesta para ellas. No es más que un texto asfixiado, un volumen muerto.

Pero luego una editorial lo edita, lo imprime y lo publica (o lo resucita, que es lo mismo). Y es asombroso y hasta fascinante como pueden pasar años y años, quizás siglos, tal vez recorriendo océanos, horas y días, para que ese libro se la pase en una librería durmiendo, antes de caer en las manos del lector adecuado, del humano clarividente que sabrá interpretar su mensaje y su belleza.

A veces tienen que pasar vicisitudes, accidentes, cosas inimaginables y quizás hasta sucesos que se parecen mucho a los milagros, para que ese alguien, sin buscarla, precisamente en el año adecuado y en el lugar exacto, encuentre en la librería menos pensada, la novela solitaria, la somnolienta, la oportuna para su alma… la adecuada.

Pero que no les quepa duda que valdrá la pena el añejamiento del papel y la tinta que rodará en el tiempo. La unión del esfuerzo creativo a un extremo de la cuerda y la bienvenida gentil y amorosa en el otro extremo, será explosiva. ¡El disfrute para ese alguien, entre cada párrafo y cada página, será orgásmico!

¿Y qué es la vida, sino un paseo por ese ejemplar de novela, por esa narración de largo aliento que es la conveniente, la apropiada para su corazón y su cerebro, entre miles y miles que se han escrito?

Pues déjenme contarles, amigos y amigas, que esa misma seducción embrujada que le provocará a ese alguien la novela adecuada, fue la misma fascinación que sentí cuando conocí y me enamoré de Érika.

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

LOS REYES DEL MAMBO CANTAN CANCIONES DE AMOR. Una novela de Óscar Hijuelos.

Me tropecé en una librería, sin andarlo buscando, con un ejemplar de «Los reyes del mambo cantan canciones de amor» e inmediatamente me llamó la atención porque yo sabía lejanamente dos cosas sobre ella: una, que había sido una novela en la cual se había basado la película de The Mambo Kings y dos, que en esa cinta había aparecido Antonio Banderas y Celia Cruz. No había visto la película (y aún no la he visto), así que me sentí interesado.

Mis hábitos de lectura son un poco raros, digo yo, porque casi nunca estoy leyendo un solo libro a la vez, sino dos o tres. Y hay algo además, cuando estoy por finalizar un libro que me ha gustado mucho, en sus últimas diez o cinco páginas generalmente bajo la velocidad de lectura, como para prolongar el placer y me paso un par de día inventando pretextos para no terminarlo. Es un goce como cuando uno deja la porción de comida que más le gusta por último, para saborearla mejor. Y «Los reyes del mambo cantan canciones de amor» no ha sido la excepción a esta regla mía.

Esta novela publicada originalmente en inglés en 1989 y que consta de 590 páginas, ha sido una verdadera delicia para mí. Me atrajo principalmente por la ambientación en que se da la trama, que es alrededor de los años ´40, ´50 y ´60 del siglo XX, esencialmente, así como la importancia de la música como trasfondo y corazón de la historia.

El protagonista cardinal de la novela es César Castillo, un músico cubano que en su juventud emigra hacia Nueva York, junto a su hermano Néstor. Lo hacen antes de la llegada de la Revolución, así que básicamente nunca experimentaron vivir bajo el gobierno de Fidel; sin embargo el protagonista principal toma una posición política: la de no apoyar directa o indirectamente a la Revolución.

En su natal Cuba, César y Néstor habían tenido la experiencia de un padre muy violento; pero también habían tenido la oportunidad de aprender música. Al llegar a los Estados Unidos, ambos hermanos trabajaron en varias faenas no relacionadas con la música; pero lograron al fin armar una orquesta de calidad, en donde César cantaba y Néstor tocaba la trompeta.

La nostalgia de su patria y de un amor nunca abrazado hizo que Néstor, con una pequeña ayuda de César, compusiera “Bella María de mi alma”, la cual fue un verdadero éxito en sus conciertos y en la ventas; además la cantaron triunfalmente en el famoso programa televisivo «Yo amo a Lucy», invitados por Desi Arnaz (esposo de Lucy Ball).

Disfruté mucho de las alusiones musicales, de estilos, de composiciones, de músicos tan reconocidos como Chico O´Ferril o John Coltrane, para mecionar sólo algunos.

La novela inicia cuando a César lo llama una vecina para que vea que en la televisión está saliendo un capítulo de la serie «Yo amo a Lucy», en donde él y su hermano Néstor son los invitados. Y toda la historia transcurre con César, sentado en una habitación del hotel Esplendor, recordando su niñez, su juventud, su adultez y sus numerosas mujeres, su vida en Cuba y su nueva existencia en los Estados Unidos.

Es una novela muy amena. Cuando la compré no sabía que Óscar Hijuelos había ganado con este libro el premio Pulitzer de ficción en 1990. Ahora sólo me queda ver la película, cuando tenga oportunidad.

Este libro es muy recomendable para los que, como yo, aman la música y la literatura.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía: fragmento de la portada tomada a  mi novela (maltratada, de tanto ir de aquí para allá).

AMANTE

La siguiente opinión que daré está hecha desde el punto de vista masculino, como es natural, porque soy hombre. Pero esta opinión la podemos perfectamente extrapolar al punto de vista femenino, lo cual les sería muy interesante pensarlo a las mujeres.

Quiero referirme a las amantes. Esas bellas mujeres que con sus hechizos de piel devuelven la vida a los hombres cansados.

Los hombres, comparados a las mujeres en cuanto a las cosas carnales, somos más simples, más primitivos, más instintivos. Y todo esto puede ser una ventaja; pero también puede ser una desventaja. Una ventaja porque nuestra satisfacción está casi garantizada. Una desventaja porque nos cuesta entender la sensualidad y sexualidad femeninas y eso es muy malo. Hay que tener presente y ser humildes para decir y aceptar que la mujeres en las cosas del amor de la piel son más complejas y sabias que los hombres, y no nos queda otra opción más que aprender lo más rápido y mejor posible; afortunadamente el tiempo se encarga de enseñarnos. Porque lo bueno del tiempo es que con la edad los hombres nos vamos haciendo más sofisticados en esas cuestiones. Empezamos a disfrutar con más calma y más conciencia a una mujer desde el momento en que ella nos mira, pasando por una agradable charla, hasta el contacto físico. E incluso llegamos a entender que no siempre el contacto físico es la finalidad. (Ojalá hubiese entendido esto yo cuando aún era un jovencito.)

Una amante es una mujer que se entrega sin tapujos al placer y a la lujuria. Por eso los hombres aman a sus amantes.

Pero las amantes no tienen porque ser amores clandestinos. Muchas veces las amantes son las mismas esposas a quienes les gusta divertirse y entregarse. Y lo mejor de las esposas es que si lo hacen bien y ésto lo mezclan con el amor que sienten por sus esposos, entonces el placer se intensifica por mil, para ellos y para ellas.

Ser esposa y no ser amante es como montar una bicicleta sin llantas. Puedo asegurarles que la cercanía física incrementa la cercanía espiritual. El amor se expande y crece.

Ser la amante de sus propio esposo es el mejor negocio económico y espiritual que una mujer puede tener. Ser en la cama y fuera de ella siempre la número uno para su esposo. Ser la deseada, la fantasía de día y de noche, la buscada en la penumbra y encontrada por los dedos del hombre en fiebre…

Y el amor se expande y crece…

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen extraída de: http://utilmultiverso.blogspot.com/2010/11/que-es-un-looping.html

LEONARDO DA VINCI. Una biografía escrita por Jay Williams.

Autorretrato de Leonardo da Vinci

Las biografías de los grandes hombres o mujeres que han hecho evolucionar a la humanidad siempre me han interesado. Y si hablamos de grandes, pues la verdad que Leonardo da Vinci ha sido uno de los más grandes. Era un hombre multifacético, genio en todo lo que hacía. No sólo fue pintor, escultor, músico, arquitecto, científico e inventor, sino también filósofo y humanista.

Me gustó mucho leer este libro porque sus 150 páginas están llenas de ilustraciones con dibujos, pinturas, bocetos, inventos, estudios de anatomía, etc., todas hechas por Leonardo. Era un hombre perfeccionista y fue quizás el representante más brillante de esa época iluminada de la humanidad conocida como Renacimiento.

Draga
«En medio de sus múltiples ocupaciones Leonardo halló tiempo para investigar sobre los problemas de la ingeniería civil. Sugirió las primeras casas prefabricadas y proyectos de planeamiento de ciudades. Otra idea en la que insistió varias veces  fue la construcción de canales, esclusas y compuertas, con miras a hacer navegables los ríos. También trazó planos importantes para la creación de nuevos campos de cultivo mediante la desecación de pantanos, e inventó una draga (arriba) para extraer el barro. Una de sus más grandes ideas de ingeniería fue una ciudad imaginaria con pasos superpuestos (abajo). Sugiere una solución a los problemas del tráfico moderno…»
Ciudad imaginaria con pasos superpuestos

Leonardo era “hijo natural de Piero, notario del pueblo de Vinci, cercano a Florencia, del cual tomó el apellido su familia.”  Nació Leonardo el año de 1452 y de niño se la pasaba explorando la campiña, con una ardiente curiosidad por conocerlo todo. En la escuela absorbía con rapidez todo lo que le enseñaban sus maestros.

Empezó a dibujar desde niño y además le gustaba coleccionar cosas que amontonaba en su habitación y de las cuales tomaba numerosos apuntes.

En una ocasión en que Piero fue a la ciudad de Florencia, llevó consigo los dibujos de su hijo y se los mostró a su amigo Andrea del Verrocchio, quien era uno de los mejores artistas de la ciudad, para saber su opinión. “Verrocchio se dio cuenta en seguida de que los dibujos de Leonardo contenían algo más que una mera promesa.” De tal manera que el joven Leonardo se trasladó a Florencia al taller de Verrocchio, para iniciar su aprendizaje ya más formal sobre las artes.

Este fue el inicio de su aprendizaje más formal de las técnicas en la pintura y la escultura. Y así, con el tiempo, Leonardo creó algunas de las obras más bellas y además conocidas por la humanidad, como La virgen de las rocas, La Mona Lisa y La Santa Cena.

La virgen de las rocas
«Leonardo pintó dos versiones de «La virgen de las rocas». La primera de ellas (arriba) terminada probablemente antes de que abandonara Florencia, se halla en el Museo del Louvre de París; la segunda, que al parecer era un retablo encargado por la cofradía de Milán, está en la National Gallery de Londres. Estos cuadros marcan una notable evolución en la historia del arte, pues contrariamente a los pintores anteriores que separaban las formas contorneándolas, Leonardo modelaba sus figuras solamente con luz y sombra. Esta técnica, llamada claroscuro, les daba un aspecto tridimencional. Agrupó también sus figuras en una pirámide, para  que la mirada fuera atraída por el máximo punto de interés: la cabeza de la virgen. Leonardo creó y perfeccionó ambas técnicas, que se transformaron en leyes básicas para las generaciones de artistas posteriores.»
He aquí un fragmento de La Mona Lisa, su famosa pintura.
La Santa Cena (o conocida también como La Última Cena).

Este espacio es demasiado pequeño para contar todo lo que se dice en su biografía; pero me gustaría aquí reproducir algunos de los otros comentarios que hicieron algunas personas sobre Leonardo.

Giorgio Vasari, pintor, escultor e historiador de arte italiano, escribió en 1558: «La naturaleza lo dotó de tal modo que en todo aquello que emprendía su cerebro o su mente, demostraba armonía, vigor, vivacidad, excelencia, belleza y gracia incomparables. Su conocimiento del arte le impidió terminar muchas obras que había empezado, porque sentía que su mano no conseguiría realizar las perfectas creaciones de su imaginación…»

G.P. Lamazzo, historiador de arte italiano, escribió en 1590: «Gracias a este método (utilizando luz y sombra en  sus pinturas) representó, en sus rostros maravillosos y en sus figuras, cuanto puede hacer la propia naturaleza. Y en esto fue superior a todos, pues se puede afirmar que la inteligencia de Leonardo era divina.»

Hippolyte Taine, filósofo de arte e historiador francés, escribió en 1897: «El mundo no ha conocido quizá ningún otro ejemplo de un genio tan universal, tan dotado de imaginación, insatisfecho, sediento de lo eterno, naturalmente sutil y adelantado a su propio siglo y a los posteriores. Sus figuras expresan un espíritu y una sensibilidad increíbles: rebosan pensamientos y sentimientos no expresados hasta entonces.»

Cloux. Esta fue la mansión que había asignado para vivir a Leonardo da Vinci, el rey Francisco I. Fotografía de Roger-Viollet.

Théophile Gautier, poeta y crítico francés, escribió en 1875: «Leonardo es el pintor por excelencia del misterio, de lo inefable y del crepúsculo; su pintura parece música en tono menor. Sus sombras son velos a través de los cuales deja una rendija, o bien los espesa para hacernos adivinar su secreto.»

La alcoba donde pasó sus últimos años Leonardo da Vinci. Fotografía de Pierre Jahan.

Sus últimos días, Leonardo los pasó en Francia, en los dominios del rey Francisco I, quien le había dado un lugar para vivir y le pagaba cierta cantidad de dinero al mes. Lo único que le pedía era que de vez en cuando tuvieran el placer de una conversación. Benvenuto Cellini, famoso órfebre, escribió: «No sé qué placer es mayor, si el del príncipe que halla a un hombre de acuerdo con su propio sentir, o el del artista que encuentra a un príncipe que le facilita los medios para llevar a cabo su obra.»

El 02 de mayo de 1519, Leonardo murió. Se dice que el rey Francisco I, al enterarse de la noticia, «lloró lleno de pesadumbre».  Un amigo del genio Leonardo, Francisco de Melzi, escribió: «Fue para mí como el mejor de los padres… Perder un hombre como él es un perjuicio para todos, pues la naturaleza no puede producir otro  semejante.»

Texto:

Óscar Perdomo León

Todas las citas, entre comillas, así como las fotografías, han sido tomadas del libro Leonardo da Vinci, publicado en 1968; excepto La Última Cena, extraída del blog La página de Juan.

HOMBRES CONTRA LA MUERTE. Una novela de Miguel Ángel Espino.

Miguel Ángel Espino

Al leer la novela «Hombres contra la muerte», de Miguel Ángel Espino, quedé sumamente impresionado. Su prosa es verdaderamente exquisita. Es una escritura con mucha energía y realismo, cuyas frases tienen verdaderamente una fuerza volcánica, y su pensamiento muy inclinado a lo social,  hacia los valores relacionados con la bondad y la fidelidad hacia los ideales de querer ver crecer con equidad a nuestros pueblos latinoamericanos.

También hay una gran cantidad de poesía en esta novela, sus palabras tienen alas de belleza, vuelan con metáforas e imágenes hermosas. Esto no es de extrañar, ya que el hermano de Miguel, Alfredo Espino, es el autor de ese bello poemario llamado “Jícaras tristes”, recopilado por Alberto Masferrer.

Pero volviendo a «Hombres contra la muerte», me gustaría decir  que en este siglo XXI, en un tiempo en donde algunos escritores salvadoreños prefieren darle la espalda a la realidad de nuestro país subyugado por un poder que no obedece más que al dinero, en contraste me tropiezo felizmente con «Hombres contra la muerte» y encuentro en su argumento una historia de amor por Belice, por América toda, una historia de amor hacia Latinoamérica, llena de la ilusión por la libertad y la justicia.

En este tiempo en que los dirigentes del FMLN han alcanzado el poder en el gobierno y al mismo tiempo se han convertido en la nueva burguesía insensible a la pobreza del pueblo, una dirigencia insensata que ha olvidado la necesidad de buscar y darle una verdadera educación a este país desangrado, un FMLN que ha perdido el rumbo y el porqué de una larga lucha, de generaciones y generaciones, en búsqueda de la dignidad para El Salvador, una lucha que el FMLN, el partido que se suponía que defendía los más altos sueños de El Salvador, ha traicionado, me estrello suavemente con esta novela de Miguel Ángel Espino (terminada de escribir en noviembre de 1940), tan llena de patriotismo, pero no de patriotismo barato y demagógico, sino de un profundo afecto por la tierra americana que nos ha visto nacer.

Sus 315 páginas capturaron mi atención. No hay debilidad ni aburrimiento en su lectura. Sus párrafos nos van llevando, jalando, por sucesos emocionantes, tiernos, de ímpetu poético, de hondas descripciones que nos hacen vivir, experimentar la grandeza del bosque, el duro trabajo de los leñadores, la variedad de animales de la selva oscura,  la sencillez o lo complicado de los sentimientos humanos.

Me encantaron por ejemplo algunas frases colmadas de ilusión y de idealismo. He aquí cinco de ellas, extraídas al azar:

“La vida es el derecho a modelar el presente y a bosquejar el porvenir, y cuando la vida no es eso por voluntad de otro, entonces la vida no es el goce, sino la nostalgia de una cosa que perdieron nuestro abuelos y que recibimos nosotros como una herencia que nos hace odiar la felicidad.”

“Ser valiente quiere decir tener valor para defender el bien. Defender el mal es cobardía. Todos los asesinos son cobardes. Defender la verdad es más grande que defender la mentira.”

“Lo primero es conquistar el derecho de soñar, convencerlos de que podemos soñar, de que no sólo podemos cultivar café y exportar fiebre amarilla, como creen.”

“La tierra y el honor no se venden.”

“Un poco de ingenuidad, un poco de esperanza, un poco de justicia. Esto quiere decir también un poco de belleza. Porque América entiende que donde no hay un lugar para la belleza, para el ensueño, tampoco habrá un lugar para la justicia, y donde no hay un lugar para la justicia, jamás los hombres encontrarán la huella del amor y de la felicidad.”

También me gustó mucho la descripción tan detallada pero decorosa de una mujer en un acto de erotismo:

“Leona salió del cuarto de madera (…) Nadie se dio cuenta. La noche con sus constelaciones borrosas le cayó en los ojos. Era un silencio como jamás lo había soñado, con mil motivos musicales que no estallaban, con mil ruidos de seda que se arrastraban. Aquello era mitad luz y mitad música. La tierra respiraba como una mujer dormida. El cielo se había hecho un hombre con ganas de besar. Leona participaba de la onda amorosa. Se dirigió despacio hasta la plazoleta, caminando con pasos de pájaro, llegó al fondo, subió sobre uno de los cúes que afectaba una forma de cono truncado, y sobre la cúspide de tierra apisonada se tendió a ver la inmensidad titilante. Una embriaguez voluptuosa la envolvía, le distendía los nervios, corría por los músculos, parecía ofrecer la boca al amante estrellado. El calor la hizo despojarse del cubridor, y quedó soberanamente desnuda, blanca, sacudida por una lascivia que no entendía. Un deseo sagrado hacía temblar sus carnes de nácar. Los senos le dolían, el vientre jadeaba, las uñas se hundían en los muslos. No se sabía hasta donde llegaba el cielo y donde comenzaba  la tierra, donde terminaba la tierra y empezaba el alma de aquella muchacha envuelta en suspiros. Entre las piernas una V de trigo celoso dibujaba las ansias virginales de la doncella sacudida por las furias del trópico. Leona se retorcía, anhelante. Apretó las manos sobre el bajo vientre, crispó la boca, extendió las piernas, se quejó débilmente con un sollozo que era gorjeo de mujer herida por el placer, y se quedó así, sumida en un lujurioso espasmo, en una inmovilidad dichosa, en un frenesí que le llenaba el pecho de plenitud, de estrellas lontanas.

“Después de la entrega, aquella mujer, a quien acababa de besar el cielo, sobre una tierra lánguida, aquella mujer solicitada por la noche penetrante de los mayas, se quedó un largo rato sin sentido, arrullada por la dulzura infinita que había entrado a su cuerpo de diosa.

“Amaneció con ojeras. Bajó las pupilas verdes la vida había extendido la sombra de un amor.”

***

Ramiro Cañas -el personaje principal de esta novela- profesor salvadoreño, emigrado a Belice para trabajar en el comercio de la madera, bajo las órdenes de los ingleses, encarna la nobleza, la valentía, la rectitud, el hombre bondadoso en busca de la justicia, enraizado en nuestro pasado indígena, en nuestro presente mestizo y en un futuro de esperanza.

No les contaré la trama en sí, ni el final tampoco, por supuesto. Sólo les diré que tenía tiempos de no llorar con el final de un libro; el heroísmo y la intensidad de lo que sucede en las últimas páginas de esta novela y la manera tan bella en que lo cuenta Espino, me conmovió verdaderamente.

Recomiendo leer «Hombres contra la muerte», escrita por Miguel Ángel Espino, uno de nuestros mejores escritores, quien nació en Santa Ana, (El Salvador, América Central) el 17 de diciembre de 1902 y falleció el 1 de octubre  de 1967, en México D. F.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes tomadas de Google.

Agradecimientos sinceros para Jonathan Cruz Salmerón por facilitarme «Hombres contra la muerte».

EL EVANGELIO SEGÚN JESUCRISTO. Una novela de José Saramago

«El Evangelio según Jesucristo» es una belleza en prosa de pies a cabeza. Esta novela me cautivó desde su título hasta la última página. La leí en el año 2002 y lo recuerdo muy bien porque al año siguiente volví a leerla. Me gustó mucho su narración descriptiva que se mezclaba con los diálogos de los personajes sin que se sintiera un solo tropezón en las palabras o que se perdiese el hilo de la historia. Al principio sentí muy rara la manera de narrar, porque yo quería ver los diálogos escritos de la manera tradicional,  en apartados con guiones; pero una vez tomé el ritmo de la narración, ya no me importó mucho y, al contrario, admiré la originalidad del escritor.

Saramago, como todo un maestro de la narración, nos conduce e introduce en el mundo antiguo que vivió Jesús; los detalles del paisaje, de la conducta humana y de la psicología de los personajes, hacen un todo explosivo que convierten la lectura en un deleite.

Jesús es visto como hombre, en toda la extensión de la palabra. Y por supuesto es el centro de todo el relato; pero su padre, José, es un personaje que me agradó mucho como se le pintó en la totalidad de la historia.

Mi escenas favoritas son muchas -las llamaré escenas, aunque no estoy hablando de teatro, porque las narraciones en esta novela son tan vívidas que pareciera que uno está frente a un melodrama sobre tablas o frente a un cine-. Voy a mencionar tres:

1-Cuando Jesús corre junto a María, su madre, buscando a José y al final del camino lo encuentran crucificado, como uno más de  los crucificados de ese día. Es una estampa muy triste y conmovedora.

2-Mi segunda escena privilegiada es cuando Jesús conoce en la ciudad de Magdala a María Magdalena, la prostituta; él, que presentaba una herida en un pie es ayudado por la mujer. Jesús, virgen e inocente, pero no ignorante, siente fuertes deseos hacia ella e inicia un romance con la cortesana. Ella lo ha aceptado aun cuando él no tiene dinero para pagarle. Se ha iniciado una relación de amor y confianza. Un asunto polémico, pero verosímil.

3-Mi tercera secuencia predilecta es una red de palabras bien tejidas en la que se muestra la imagen de José mirando las primeras luces de la mañana penetrar por una rendija de la puerta, en ese momento él se levanta a orinar, a plena llanura y bajo los destellos del alba, y se queda mirando con intensidad las estrellas. Hay cierta poesía en ese acto tan común y mundano como lo es el de descargar la vejiga mientras se admira el universo infinito.

Saramago, como el ateo declarado que era, tenía que expresar su visión de Jesús y de sus contemporáneos de una manera diferente a la que estamos acostumbrados. Sin restarle su grandeza humana, Jesús es fotografiado en esta novela por Saramago como un hombre terrenal, con todas sus virtudes y con todos sus defectos, algo que para los creyentes cristianos puede parecer una herejía. Así es esta novela de Saramago, provocativa, directa, llena de controversia, con cierto encanto metafórico, llena de realismo y humanismo.

«El Evangelio según Jesucristo», una novela de las que más me ha tocado el corazón.

Texto:

Óscar Perdomo León

Artículo relacionado: ENSAYO SOBRE LA CEGUERA, novela de José Saramago. Una reseña escrita por mi esposa Érika Perdomo-Valencia.

Imagen de la portada del libro tomada de:http://start.facemoods.com/results.php?s=el+evangelio+seg%C3%BAn+jesucristo&category=images&a=stonicla&f=4&start=1