DOS PREGUNTAS PARA RICARDO LINDO

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Duelo nacional para el arte salvadoreño. Este pasado 23 de octubre falleció Ricardo Lindo (1947 – 2016).

Hace más o menos 4 años mi ex esposa y yo le hicimos una muy breve entrevista a Ricardo Lindo y que fue publicada en un blog ya inactivo. En esa ocasión (y otras veces que lo vi) le pude tomar varias fotografías. Les dejo por aquí la entrevista tal y cómo se publicó.

Sus respuestas son dignas de ser recordadas y guardadas en nuestros corazones.

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DOS PREGUNTAS PARA RICARDO LINDO

Ricardo Lindo, salvadoreño, poeta, crítico, narrador, dramaturgo, investigador histórico, novelista y pintor, nos ha hecho el honor de atendernos en una muy breve entrevista. Actualmente trabaja como Investigador Cultural en SECULTURA. Ha vivido gran parte de su vida en el extranjero; pero durante los años más aciagos de la guerra civil no quiso vivir lejos de su país. No se puede dejar de mencionar, además, que es hijo de otro de los grandes escritores de El Salvador: Hugo Lindo.
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Érika y Óscar: ¿Qué significó para vos cambiar de domicilio y país en más de una ocasión durante tu infancia y tu juventud?
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Ricardo Lindo: En 1953 preparaban mis padres las maletas para el viaje a Chile. Yo tenía cinco años. Vivíamos con mis abuelos paternos en una pequeña casa en la colonia Centroamérica. Mi hermana Irma Ruth, tenía dos o tres años y se ponía su abriguito rojo, tomaba la cartera de nuestra madre y declaraba: “¡Me voy para Chile!”, y salía a dar una vuelta al patio. Hasta que al fin, nos fuimos para Chile. Íbamos dichosos aunque yo vomitaba a cada tumbo del avión en los bolsones de aire (no era la técnica tan perfeccionada como ahora), y mi madre, con un niño de menos de un año en brazos (mi hermano Héctor, el historiador), y debiendo vigilar a los otros cuatro (Irma Ruth corría con su cartera por el pasillo declarando que se iba para Chile), quizás no fuera tan feliz…
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En Panamá debimos esperar unos días para el cambio de avión. Nos alojamos en casa de una hermana de mi abuelo Óscar Lindo nacido en Panamá, Colombia, como dice su pasaporte que aun conservo. Cuando él nació el canal era una idea… De su hermana, tía Laura, sabíamos porque de vez en cuando nos enviaba dulces de miel en forma de animalitos. Era casada con un señor muy rico y bondadoso y nos recibieron encantados. No tenían hijos. Habían tenido una hija que padeció una extraña enfermedad: sus músculos se fueron debilitando y una fortuna en tratamientos no sirvió de nada. Cuando la enfermedad llegó a los párpados quedó ciega. Cuando llegó al corazón no pudo más jugar en su rueda de caballitos en el jardín, que nos maravilló. Otra cosa extraordinaria de esa casa era que en los cuartos de arriba la ropa sucia se arrojaba por un tobogán al lavadero. Y llegó el momento del gran viaje y la despedida y la aventura. Nos íbamos a alojar en Santiago en un hotel, que era como un montón de casas unas encima de otra. Me las imaginaba haciendo un difícil equilibrio sobre sus picudos techos y me decepcionó ver que no era así, pero descubrimos ahí otro juguete extraordinario, el ascensor. Y sólo a los días caímos en cuenta del abismo: no volveríamos a ver a los abuelos en muchos años. Varias veces morimos en la vida. Fue la primera vez que morí.
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Vivimos en Chile seis años. Cuando se supo de nuestro viaje fuimos héroes en nuestros colegios. Chile era entonces un país de una gran clase media rayana en la pobreza, muy pocos compañeros se habían montado a un avión y acababa de salir una novedad que estaba en boca de todos, el jet. Y nosotros nos contaríamos entre los privilegiados que viajarían en esa ave mítica. Pero esta vez la salida fue más difícil. Yo tenía once años, una “novia” que era una verdadera princesita de cuento y entrañables amigos. Ahorré cuatro domingos de dinero de bolsillo para regalarle a mi novia un broche de bisutería y por años intercambié correspondencia con Sergio Trabucco. Ahora es mi amigo en Facebook. Dos años vivimos en Colombia y regresamos a El Salvador como quien vuelve a la tierra prometida. Yo me quedé cuatro años y después fui a estudiar a España. Era la primera vez que viajaba solo y lloré casi hasta llegar a México. Viví en Madrid cuatro años. La noche antes de dejar Madrid para irme a vivir a París sonó en la radio una canción que no escuchaba desde mi infancia: “Mi banderita chilena, banderita tricolooor…” De tanto cambio me quedó la inseguridad que aún no logro superar del todo. Y hubo otros y otras viajes hasta que regresé a El Salvador con la cabeza perturbada a ver los inicios de la guerra. Los amigos de Francia me invitaron a regresar pero ya no quise. Tenía, al fin, una patria. Un amigo me dice que esto suena muy patriotero, pero él no ha sido extranjero nunca.
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Érika y Óscar: Ricardo, ¿qué significó para vos vivir en la casa de Colombia que se suponía estaba embrujada?
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Ricardo Lindo: Mi padre fue nombrado Embajador de El Salvador en Colombia en 1958. Había ostentado el mismo cargo en Chile los años anteriores. Cuando llegamos a Chile, éramos cinco hermanos. Cuando salimos, seis, tres niños y tres niñas. Después se coló otro que no alcanza a ser parte de esta historia. Yo tenía once años y estábamos ilusionados: al fin íbamos a conocer la televisión. Un amigo colombiano en Chile le había prestado a mi padre una casa en Bogotá para mientras alquilaba otra. Y ahí estaba el mítico aparato, ese prodigio en blanco y gris con la imagen temblona o rayada, esa pantalla que nos hipnotizó como a un visitante de Venecia el Gran Canal, como a un arqueólogo la tumba de un faraón, como a un físico el hallazgo de una puerta a una dimensión desconocida. Y ahí tuvimos el primer contactos con los espíritus. En un programa convivía una joven pareja muerta con una joven pareja viva y los vivos oían las voces de los muertos creyendo ser la de su cónyuge, lo cual daba lugar a los más divertidos enredos. No paramos de ver ese programa semana tras semana y otro tanto hacían, creo, todos esos niños colombianos que ahora son viejos. Siempre era motivo de conversaciones en los colegios al día siguiente. Pero en la mansión alquilada, que debió servir a la par de casa familiar y de oficina, nos esperaba un fantasma más serio.
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El señor que la hizo construir, rico y barroco, la pidió con sala de billar, con biblioteca y comedor de maderas labradas en los muros, con hermosos balcones, con un vitral de motivos tropicales en desacorde con Bogotá, lluviosa ciudad gris en las alturas de los Andes, y tras ese vitral estaba una salita familiar que era más bien una especie de invernadero, con techo y paredes de vidrio, que daba al jardín. El granizo de invierno dejaba blanco el techo en esa ciudad donde nunca, sin embargo, nevaba. Dejo a su imaginación los cortinajes y las lámparas colgantes, un delirio antañón y un tanto sombrío. Era en Chapineros, barrio elegante y extramuros, y por los balcones se miraba el campo verdecido y selvático meciendo sus vegetaciones colgantes entre la bruma. Durante el verano, a la caída de la noche solíamos juntarnos en el balcón del cuarto de mis padres a contemplar las tormentas eléctricas, espectáculos formidables de rayos, estremeciendo el cielo sin dejar caer una gota… Bogotá tenía lo que los fantasmas llaman buen tiempo, según entiendo, y estoy de acuerdo con ellos: amo las melancólicas lluvias y las nieblas y también la radiante locura de los rayos. Pero iba al dueño de casa que murió a poco de terminada y decidió, al parecer, permanecer en ella de algún modo. La presencia de esa extraño habitante hizo que se abaratara el costo de la casa y pudo así alquilarla un diplomático de un país pobretón. En aquel tiempo al menos, un embajador salvadoreño, sobre todo con familia grande, debía aparentar grandezas y vivir en medio de las limitaciones. Afortunadamente el whisky sin impuestos de la franquicia diplomática ayudaba a lo primero, mientras mi madre iba de la máquina de coser (“los niños necesitan…”), a la de escribir, a pasar en limpio los textos de su marido escritor. Nunca supe de la historia del propietario muerto más que lo dicho pero, por alguna razón que se me escapa no ocupó la habitación principal sino una menor, que me fue asignada. Una noche oí pasos en la escalera y mi puerta se abrió. Pensé que mi padre llegaba a comprobar si ya estaba dormido, pero abrí los ojos y no había nadie.
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Yo no solía dormir con la puerta cerrada. Dije que un embajador salvadoreño no manejaba mucho dinero. También es cierto que no tenía mucho qué hacer. Por eso mi padre convirtió sus embajadas en empresas culturales, participando en congresos literarios, dando a conocer la obra de Salarrué, la de Claudia, la de Gavidia… y por eso la casa estaba con frecuencia llena de escritores que hasta entrada la noche leían y comentaban sus obras y desplegaban su ingenio y su sentido del humor. En Chile adquirí la costumbre de refugiarme en la oscuridad en un rellano de la escalera para escucharlos. Antes de que le llegara su hora me acompañaba a veces mi amigo Sergio Trabucco, hoy cineasta distinguido, ex director del Festival de Viña del Mar, quien por cierto alude a esos espionajes en sus memorias. En Colombia alcanzaba a escuchar las conversaciones desde mi cuarto, razón por la cual no cerraba mi puerta. Una noche oí un estrépito, como una cristalería quebrándose durante minutos, pero estaba muy cansado para intentar averiguar de qué se trataba. Pregunté al día siguiente. No había pasado nada.
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El 58 ó el 59 la reunión de las Academias de la Lengua Española tuvo lugar en Bogotá. Mi padre formaba parte de la Academia Salvadoreña y asistió en esa calidad, pero además llegaron de El Salvador el filósofo Julio Fausto Fernández y el escritor Ricardo Trigueros de León. Ambos eran amigos de Hugo Lindo y debí cederles mi cuarto para mientras. Una noche Ricardo, cansado, llegó antes y se acostó. Poco después oyó pasos en la escalera. Pensó que se trataba del filósofo. La puerta se abrió y no vio a nadie. Hubo que explicarles lo que ocurría. Tampoco debían extrañarse si, ya tarde en la noche y la casa cerrada y a oscuras, escuchaban las bolas entrechocándose en el salón del billar. Regresamos a El Salvador el ´60 y aquí termina mi historia. Ojalá el fantasma se haya llevado tan bien con los inquilinos siguientes como con nosotros, ojalá lo hayan dejado jugar en paz sus bromas inocentes y no lo hayan hostigado con exorcismos y cosas por el estilo.
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Entrevista realizada por
Érika Valencia Uribe y Óscar Perdomo León
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Fotografías tomadas por Óscar Perdomo León
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EL SALVADOR, UN PAÍS INGRATO

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El Salvador es un país ingrato. Premia a los ladrones y castiga a la gente honrada.

Este país, que tiene una larga historia de dictaduras y una reciente guerra civil, sangrientas ambas, no ha avanzado nada en lo esencial, es decir, en el campo de la justicia social.

ACLARACIÓN OBLIGATORIA. La justicia social implica muchas cosas, pero una de las principales es que la gente tenga acceso a un trabajo con un sueldo digno (ya es bien sabido por todos que el sueldo mínimo en El Salvador no logra cubrir la canasta básica de alimentos).

La gente se sigue yendo de aquí para el extranjero (especialmente para Estados Unidos) todos los días y en grandes oleadas.

Y eso tiene muchas causas, por supuesto; una de ellas es, como ya escribí arriba, la cuestión económica; pero también hay una cosa que impide que este país sea más humano y feliz: la educación.

La educación ha sido severamente descuidada por mucho tiempo. La ignorancia crece con fuerza y los valores morales se van desmoronando con cada generación que viene.

Y de esta degradación educativa no sólo son culpables nuestros gobernantes, ni sólo son responsables los multimillonarios que dirigen de una manera muy egoísta a El Salvador. También nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, cometemos faltas y somos artífices de esta dualidad de infierno-paraíso en el que vivimos. Sigue leyendo «EL SALVADOR, UN PAÍS INGRATO»

NAPOLEÓN RODRÍGUEZ, compositor salvadoreño.

Filarmónica Juvenil de San Vicente

El músico, violinista, maestro de coro, director de banda y compositor José Napoleón Rodríguez (24 de julio de 1901 – 25 de marzo de 1986) nació en San Lorenzo, departamento de San Vicente.

Su madre se llamaba Ercilia Bonilla. Su padre, Rómulo Rodríguez (apodado como el Chato Rómulo) también fue músico y fue precisamente él su primer maestro de música.

Su segundo maestro fue Carlos Martínez Castro, en la ciudad de San Vicente.

Después estudió violín con el maestro Francisco Crisóstomo Cañada. Más tarde estudió armonía con el maestro Domingo Santos. Luego estudió con César Perotti.

Como Napoleón era un autodidacta, estudió profundamente los tratados de armonía de Juan Aberle.

Napoleón empezó a componer aproximadamente a la edad de 16 años. Su primera composición fue una marcha que se llamaba «15 de septiembre». Sigue leyendo «NAPOLEÓN RODRÍGUEZ, compositor salvadoreño.»

EL SILENCIO ME CUBRIÓ. Canta Fito Deras

Fito Deras cantando y Arecio De León grabándolo

Esta semana les traigo El silencio me cubrió, una canción que escribí el año pasado. Recuerdo que me desperté como a las tres de la madrugada con un fragmento de la música y las primeras dos líneas de la letra. Me levanté a grabar lo que tenía para que no se me fuera a olvidar por la mañana.

Esta canción cuenta con el maravilloso arreglo musical de Arecio de León y la voz de Fito Deras.

Aquí les dejo la susodicha canción en Soundcloud y más abajo, en un video con letra.

EL SILENCIO ME CUBRIÓ

Para los que no puedan escuchar la canción aquí en mi blog, lo pueden hacer dando un clic aquí.

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Para los que no puedan hacer correr el video aquí en mi blog, lo pueden ver y escuchar dando un clic aquí.

EL SILENCIO ME CUBRIÓ

Voz: FITO DERAS.

Arreglos: ARECIO DE LEÓN.

Música y letra: ÓSCAR PERDOMO LEÓN. Sigue leyendo «EL SILENCIO ME CUBRIÓ. Canta Fito Deras»

VERSIÓN ACÚSTICA de «Podría acostumbrarme a vos»

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Hace unas semanas les presenté la canción «Podría acostumbrarme a vos», en la voz de Karla González y los arreglos de Arecio De León. Esta semana les traigo la misma canción, pero en versión acústica.

También más abajo podrán encontrar el video de la canción (versión no acústica), con letra incorporada.

Para quienes no la puedan escuchar aquí en mi blog, lo pueden hacer dando un clic aquí. 

PODRÍA ACOSTUMBRARME A VOS (Versión acústica)
Canta: Karla González
Música y letra: Óscar Perdomo León
Arreglos: Arecio De León
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Guitarra y percusión: Arecio De León
Bajo eléctrico: Óscar Perdomo León
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Estudio de grabación musical: Chito’s.
*** Sigue leyendo «VERSIÓN ACÚSTICA de «Podría acostumbrarme a vos»»

SÓLO EL TIEMPO

SÓLO EL TIEMPO 1

Cerrás la puerta y abrís el corazón.

 

Sabés que en la soledad

podés llorar.

 

Ponés esa canción que nunca olvidaste

y que vuelve una y otra vez

y es parte ya,

no del repertorio musical del que te jactás,

sino de tu sangre.

 

Y llorás y llorás

como árbol que se deshoja.

 

Y no sabés si estás triste

o maravillado

por tanta belleza

o por los recuerdos.

 

Y en la distancia impuesta,

que sólo el tiempo sabe de verdad como imponer,

mirás los puntitos que se mueven

dentro de tu cabeza

y que son efectivamente vos

y los demás,

corriendo en la lejana

niñez perdida.

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Escrito por

Óscar Perdomo León

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En la fotografía: Carlos Romero Cárcamo (de sombrero), al extremo derecho Wilfredo Escobar  y, al centro, yo.

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POESÍA A TRAVÉS DEL FESTIVAL AMADA LIBERTAD

Alberto López Serrano
Alberto López Serrano en el Festival Amada Libertad, Sensuntepeque. 2016.

Este es el tercer año consecutivo en que se celebra a nivel nacional el Festival Amada Libertad, con la participación de poetas nacionales y extranjeros. Todo esto gracias a la Casa del Escritor-Museo Salarrué, la Fundación Cultural Alkimia, Ediciones Amada Libertad y además al empuje de Alberto López Serrano, fundador del festival.

Los poetas estuvieron este pasado 12 de julio de 2016 en varias ciudades del departamento de Cabañas. Y por la tarde hicieron una presentación todos juntos en el teatro Cabañas de Sensuntepeque. La alcaldía tuvo la amabilidad de proporcionar el local.

Edgar Bonilla, alcalde de Sensuntepeque. Festival Amada Libertad, 2016.
El alcalde de Sensuntepeque, Edgar Bonilla, le dio la bienvenida a los poetas.

*** Sigue leyendo «POESÍA A TRAVÉS DEL FESTIVAL AMADA LIBERTAD»

PODRÍA ACOSTUMBRARME A VOS. Canta Karla González

Karla González, grabando PODRÍA ACOSTUMBRARME A VOS

Cuando uno se enamora, hay una sensación como de andar caminando sobre las nubes y pensar que todas las cosas del mundo son bellas. De esto habla mi canción. También hace referencia a nuestros antepasados Mayas.

Este día les presento Podría acostumbrarme a vos, una nueva canción original, cantada por la joven Karla González y con arreglos de Arecio De León.

El Tazumal, en Chalchuapa, El Salvador

No puedo dejar de elogiar un par de cosas: los dos tremendos solos de guitarra interpretados por Arecio De León (así como también su interpretación de la percusión) y la calidad vocal de Karla. Muchas gracias a ambos por su invaluable colaboración.

PODRÍA ACOSTUMBRARME A VOS

Para quien no pueda escuchar la canción aquí en mi blog, lo puede hacer dando un clic aquí.

PODRÍA ACOSTUMBRARME A VOS
Canta: Karla González
Música y letra: Óscar Perdomo León
Arreglos: Arecio De León
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Guitarras, teclados y percusión: Arecio De León
Bajo eléctrico: Óscar Perdomo León Sigue leyendo «PODRÍA ACOSTUMBRARME A VOS. Canta Karla González»

FESTIVAL DE JAZZ DEL PASEO EL CARMEN 2016. Fotos y video

Nadia Maltez y su grupo

El 30 de abril de 2016 se realizó El Festival de Jazz en el Paseo El Carmen, en Tecla (El Salvador), enmarcado en el «Día Internacional del Jazz», declarado por la UNESCO.

El evento fue organizado por el distrito cultural de la Alcaldía de Santa Tecla, aunque recibió una ayuda invaluable de parte de Carlos Bautista, reconocido conocedor y promotor del jazz en nuestro país, quien fungió como productor; fue él quien consiguió a los músicos participantes, armó la promoción, la gira de medios y la logística del día del festival. Además Bautista también armó el audio y el montaje, junto con un socio, Manrique Hernández.

Hubo seis grupos musicales nacionales y dos extranjeros y el evento se desarrolló de manera ordenada y con gran éxito.

Nadia Maltez
Nadia Maltez

Hubo tres escenarios en donde a las 6:30 p.m. empezaron a tocar simultáneamente varios grupos.

Juan Carlos Romero Cárcamo, bajista de Proyecto Acústico.
Juan Carlos Romero Cárcamo, bajista de Proyecto Acústico.

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LOS CUERUDOS

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En El Salvador se le conoce como “cueruda” a aquella persona que aguanta con estoicismo –y hasta con cierto cinismo- todo lo que le pueda ocurrir, como el dolor, las regañadas, las vergüenzas…  Pero más allá del tinte peyorativo que pueda tener esa palabra, hay que ver que muy en el fondo el ser cuerudo denota tener valor y resistencia.

Habiendo aclarado el concepto “cuerudo”, les voy a contar que tengo unos amigos y amigas con quienes hemos formado el grupo Los Cuerudos. Nos reunimos a platicar, a contar chistes, a escuchar y tocar música, a jugar baloncesto… Sigue leyendo «LOS CUERUDOS»

ARENA DE MAR

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Es una casa de animalitos marinos

y es el destino de mis sueños piratas.

Su inmensidad es abrumadora

y sin embargo,

esta arena que no supera

a los miles de millones de estrellas

del universo,

colma mis ansias

de turista desvelado,

que acude al mar

como en busca de una respuesta.

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Arena salada,

dispersa y viajera,

infinita para mis ojos

provincianos,

entendé que la gran ciudad de estrellas

en el cielo

mira con alucinantes ojos

nuestros pasos.

 

Ellas,

las estrellas,

entienden nuestra

pequeñez. Sigue leyendo «ARENA DE MAR»

UNA POETA EN SECULTURA

Collage Silvia Elena Regalado

El ser humano es un animal como todo el resto de animales del planeta; pero el arte lo diferencia de todos los demás. Algunos seres del reino animal tienen la capacidad de aprender y hasta de ser creativos, pero hasta cierta medida. Nunca han alcanzado los niveles de complejidad y refinamiento en la creatividad como lo ha llegado a hacer el ser humano.

El gusto por el arte, la sensibilidad para apreciar y disfrutar una obra de arte, se adquiere poco a poco y con cierta educación, pero principalmente con la motivación que alguien provoque y cultive en uno.

En la política, actividad que debería ser el trabajo y la voluntad de servir a los demás,  aquí en El Salvador en general se ve una gran falta de interés para resolver los problemas más urgentes, entre ellos el de la educación y la necesidad de elevar el nivel de cultura de la sociedad. Y se observa además, en gran medida, por parte de los políticos, la carencia de sensibilidad hacia cualquier manifestación artística. Sigue leyendo «UNA POETA EN SECULTURA»