DOÑA NARCISA y DON LAUREANO. 1970 (Capítulo I)

Collage María puede volar

Doña Narcisa de Martínez era una señorona de una edad indefinida entre ser vieja y tener aún la energía para poner patas arriba el mundo. Su rostro reflejaba una belleza que durante su juventud debió ser explosiva. Sus ojos verdes tenían todavía el vigor de la mocedad y su voz poseía la energía de la tormenta y la ternura del niño, cuando era necesario. La mayor virtud de doña Narcisa era su gran habilidad gastronómica. En una mañana podía cocinar la sopa de gallina más exquisita y empezar a preparar los ingredientes para los tamales de la cena y la flor de izote con huevo. Podía hacer las pupusas más deliciosas que se hayan podido cocinar en todo el territorio salvadoreño y acompañarlo con la tan sabrosa cochinita atiquizayense. Sin embargo su especialidad era el chilate, el atol de elote y el atol shuco. Pero la cubría un defecto bien evidente, y era el de quejarse de esto y de lo otro cuando estaba aburrida. Cuando las tardes se volvían calurosas era peor que una niña sin poder jugar en medio de una “reunión de adultos”, se volvía terca e impaciente y, desde que por cuestiones de salud cerró la tiendita que había puesto en su casa, se dedicaba a hablar hasta por los codos de todo y de todos. Y esa mañana de marzo se había despertado con todos los achaques del universo encima.

-Me duele el espinazo.

Lo dijo como si hablara sola; pero quería que su esposo, don Laureano Martínez, la escuchara.

-Mmmm… -balbuceó, don Laureano.

-Tengo un dolor en la rabadilla como si tuviera una estaca clavada.

Esta vez no hubo respuesta de parte don Laureano, un hombre de la tercera edad, fuerte y de pocas palabras. Se encontraba muy concentrado leyendo el periódico, porque eso sí era como una religión para él; don Laureano necesitaba leer y saber qué era lo último que había pasado en su país y en el mundo; se sabía de memoria las capitales de todos los países y el nombre de sus gobernantes desde antes que él naciera. Todos los acontecimientos que estallaban en el planeta los tenía dentro de su cabeza y cuando hallaba un oído dispuesto e interesado en el rumbo de la humanidad, don Laureano le descargaba una cantidad casi abrumadora de información. Sin embargo, su esposa Narcisa no era alguien que quisiera escuchar nada de eso.

-¡Laureano, de verdad, no me puedo enderezar! Me duele el carretón del lomo. Ha de haber sido porque ayer tuve que jalar agua yo sola desde el pozo hasta la cocina, porque vos, Laureano Martínez, no se te dio la gana de hacerlo, ¡todo por estar ahí en la hamaca leyendo todas esas babosadas del diario que no sirven para nada!

Don Laureano se dignó a mirar sobre sus lentes de presbicia. Tomando fuerzas y aspirando hondo Laureano le respondió con ironía:

-Yo siento que ando chimbolos en la barriga, se me duermen las manos, me chagüitean los ojos y no me quejo por nada de eso, Narcisa.

-¡Sos un insensible, Laureano! Ya le dije a la Toña que me porracee el lomo y no se me quita el dolor. Y a vos no te importa que me muera y que me coman todos los gusanos de El Salvador. Ahí te quiero ver llorando cuando no tengás quien te caliente el café.

-Sí me importa, mujer, pero dejá que termine de leer el diario, por favor. Estate callada y en juicio por un rato nada más.

Doña Narcisa se levantó de la mecedora con un gesto de enojo y salió, ante la indiferencia de don Laureano, hacia el gran patio de la casa de campo en la que vivían ellos, que tenía la ventaja de la amplitud y del aire fresco que entraba.

A lo lejos doña Narcisa alcanzó a ver a la niña de sus ojos, la pequeña Fátima María Salazar, embelesada jugando con un triciclo rojo que manejaba a la perfección, no importando si el terreno en que andaba fuera pedregoso, empinado o liso. La chiquilla de 6 años que aquella y don Laureano cuidaban como si fuera sangre de su sangre, era el amor de los dos viejos. Aunque quizá la alcahueteaban un poco, cosa que nunca hicieron con sus propios hijos. En realidad Fátima María, era la hija del patrón. Pero los dos viejos la querían mucho, la veían como a una hija porque desde que era un bebé, ellos la habían cuidado con esmero. Al principio había en ese amor una especie de lástima y de reclamo.

-¿Cómo es posible que una madre abandone a su propia hija, Laureano?

-¡Irene no abandonó a su hija, mujer! No tergiversés las cosas. Recordá bien que ella se tuvo que ir a trabajar a Guatemala por pura necesidad, no por gusto y gana.

-Esa muchacha bien pudo trabajar aquí. Una mujer se las puede arreglar en cualquier lugar sin abandonar a sus hijos. Mirá a la Lupe, ha criado a sus hijos a puro lavado y planchado ajeno. Además, el señor Antonio, le podía dar todo lo que necesitara, sólo tenía que haber cumplido con las tareas de esposa y ya. Pero no, desde chiquita siempre fue inquieta, ¡chiribisca!, ¡ajuate! Quizás por eso, de acordarme de tanta ingratitud, todas las mañanas me da un piquete en las chiches, se me engrifan las manos y siento tetelque la lengua… Eso que hizo Irene, no tiene perdón de Dios. Fijate bien lo que te digo, Laureano.

Y luego con un aire nostálgico doña Narcisa agregó:

-Aunque era bien chula la jodida. ¡Lástima!

-¡Púchica! Hablás de ella como si ya se hubiera muerto  –dijo con indignación don Laureano.

-¡Para mí es como si estuviera muerta!

-Pero bien que te echás a la bolsa los quetzales que manda todos los meses. Ahí si no está muerta, ¿verdad?

-¡Esos quetzales no son para mí, sino que para la niña Fátima!

Don Laureano sólo respondió con un gesto de duda y resignación: levantó las cejas y arrugó la boca. Y luego sumergió la mirada en los periódicos.

***

Sí y no. En realidad, lo que decía doña Narcisa era cierto. Antonio Salazar, el padre de Fátima María, tenía suficiente dinero para mantener a su familia con todas las comodidades imaginables. Era dueño de muchas tierras y de numerosos negocios, especialmente de varias e inmensas fincas de café. Y sembrar café, en aquellos días, era casi como plantar oro.

Pero lo que decía don Laureano era cierto también. La madre de Fátima, Irene Pérez, era una mujer de cuna pobre, de bello rostro y de cuerpo exuberante, aún después de la maternidad. Se había ido a Guatemala a vivir con unos parientes y a buscar trabajo; pero principalmente se había ido para alejarse de su esposo Antonio. Aunque nadie sabía los pormenores de esa separación, sí se sospechaba que había habido abuso y maltrato de parte de Antonio hacia Irene.

Sin embargo ya en el pueblo se había corrido la voz de que Antonio la golpeaba, porque un día alguien la vio comprando en una farmacia con un gran morete en la mejilla derecha y algunas vecinas cuentan que la vieron con marcas de correazos en los brazos y las piernas, esto sin mencionar la rara caída que tuvo del caballo por la que terminó con el brazo enyesado por seis semanas, debido a la fractura que se le hizo. Sin embargo, Irene jamás se quejó con nadie. Por el contrario, siempre se le veía feliz. Su radiante sonrisa, que daba gusto ver, se la había heredado a su hija Fátima María. Conoció a Antonio por pura casualidad en la casa de don Laureano y doña Narcisa un día que ella los había llegado a visitar, hacía aproximadamente siete u ocho años atrás.

Al huir Irene hacia Guatemala, Antonio, que confiaba mucho en doña Narcisa y don Laureano, decidió encargarles a ellos el cuido de la pequeña Fátima María, ya que él, como hombre de negocios, tenía muchísimas ocupaciones y creía con vehemencia que el cuidar y educar a los hijos era cosa de mujeres o de abuelos. Además andaba de amores con una mujer muy adinerada y eso le absorbía también su tiempo, y tener la responsabilidad de una niña de seis años en ese momento, según creía él, era inapropiado para sus planes.

***

El cantón donde vivían doña Narcisa y don Laureano no estaba muy lejos de la ciudad y de la jurisdicción a la que pertenecía, de tal manera que en un par de minutos tenían acceso a las tiendas, al mercado y al parque, centro de reunión en días de plaza. La casa donde vivían, y que pertenecía a Antonio Salazar, era grande, bien amueblada y con muchas entradas de luz. Estaba rodeada por unos corredores amplios, en donde ponían unas cuantas hamacas, y parcialmente por grandes árboles de cedro y de mango. Y las flores, con olores y vanidosas, crecían silvestres en los alrededores.

Se podría decir que doña Narcisa y don Laureano llevaban relativamente una vida tranquila y sin penas económicas. Recibían cada mes una buena suma de dinero por parte de Antonio Salazar por el cuido de su hija Fátima María, así como también captaban los billetes que Irene mandaba para su hija, aunque una parte de ese dinero lo guardaban en una cuenta de banco a nombre de la pequeña Fátima María; también acogían las remesas en dólares de parte de uno de sus hijos que vivía en los Estados Unidos desde hacía un par de años, cosa no tan frecuente en aquellos días en El Salvador, donde migrar al país del norte no era la rutina que llegó a ser después. Y como don Laureano y doña Narcisa llevaban ambos una vida sencilla y sin lujos -porque así era su manera de vivir, sin desear lo innecesario y sin anhelar lo que otros tienen-, guardaban siempre lo que sobraba del día y ahorraban su dinero.

***

Un día de agosto, como todos los días, Doña Narcisa se dirigió a la cocina. Mientras tanto Fátima María corría y corría en el patio de la casa. En un momento inesperado, la niña se detuvo repentinamente al ver sobre el suelo una sombra inmensa de algo que volaba muy bajo; pudo ver que la oscura sombra móvil sobre el suelo eran dos alas extendidas; claramente podían verse las grandes plumas, de lo que le parecía un animal que planeaba, pero que aleteaba de vez en cuando lentamente, para levantar vuelo y estabilizarse. Instintivamente Fátima María levantó la vista al cielo y lo vio. Un grito estremecedor salió de su garganta. Corrió nuevamente, pero esta vez hacia el interior del amplio corredor, ahí tropezó con uno de sus juguetes y cayó al suelo, causándose una herida en la barbilla.

Doña Narcisa ya se había acercado, alertada por el grito de la niña y la alcanzó a ver caer. El llanto de la niña y la sangre que brotaba llamó inmediatamente la atención de don Laureano, quien prontamente llegó y tomó a Fátima María en sus brazos y corrió hacia su vehículo, al que conocían como el “Ajado”, un viejo camión rojo con la pintura descascarándose, al que le funcionaba sólo un foco delantero y una vía trasera. Los dos viejos se subieron inmediatamente al “Ajado” y llevaron a Fátima María a un hospital. La herida no era grande, así que la sutura fue pequeña y la recuperación rápida. A doña Narcisa, en su aflicción, se le curaron momentáneamente todos sus achaques, y a don Laureano se le olvidaron las noticias del mundo y casi se le sale el corazón por la boca.

A Fátima María la experiencia le quedó grabada en la memoria.

Texto y collage:

Érika Valnencia-Perdomo

y Óscar Perdomo León

ISABEL y ROBERTO

Mujer frente al espejo Konstantin Razumov

-Ya no creo más en Dios.

-¿El qué? –preguntó Roberto, intrigado, con esa esa expresión y ese tono tan salvadoreños.

Isabel y Roberto estaban acostados el uno junto al otro. La habitación tenía un ambiente íntimo.

-Me pasó algo fascinante –continuó Isabel- en un día inolvidable, en un día cargado de amor y de sana locura. Me la he pasado pensando tanto. Me siento como liberada, como un ratón que logra escapar de la trampa y al salir de ella se da cuenta que en su corazón hay un león salvaje, un majestuoso delfín o un sagaz halcón.

Isabel, parecía estar en místico trance o como perdida en el tiempo y el espacio, y a su vez, su discurso era extrañamente lúcido. Roberto guardaba silencio, mientras la observaba bajo la luz de la luna, deslumbrado por su belleza. (Como telón de fondo sonaba suavemente «Réquiem», de Branford Marsalis: la percusión casi oculta, el bajo adecuado, el bellísimo solo de piano y el saxofón tenor se entremezclaban con las palabras de Isabel). Con los ojos brillando, hizo una breve pausa mientras acariciaba la mano de Roberto y continuó.

-Me he pasado, la mañana y la tarde pensando, durante varias semanas o quizás meses o tal vez años  –continuó Isabel, esta vez casi en un susurro- y ya no creo más en Dios.

Nunca nadie sabe cuándo empiezan en el subconsciente a removerse piezas que creíamos rígidas y fijas, piedras o estelas, rocas duras y ásperas; nunca nadie sabe cuándo un volcán despertará en lo más profundo de nuestros corazones.

Sus ojos miraban con ternura y tranquilidad a Roberto.

-¿Ya no creés más en Dios? ¿Te molestan las religiones?

La luna seguía alumbrando. El contorno de la piel deseable y plateada de Isabel, bajo la incesante luz que irrumpía a través de la ventana, le hacía guiños y sonrisas a Roberto. El sudor de su piel, originado al hacer el amor, se secaba lentamente con la brisa fresca que penetraba a la casa.  Ella se levantó de la cama. Le respondió a Roberto con un tono fraterno y con palabras íntimas, mientras se retocaba los labios y se miraba a sí misma frente al espejo…

-Bueno, no quiero que me malinterpretés, no soy enemiga de las iglesias o de las religiones; mi ateísmo es diferente al de nuestra amiga Marisela. Por ejemplo yo admiré y sigo admirando mucho a algunas grandes personas creyentes, como Mahatma Gandhi o monseñor Óscar Arnulfo Romero. Pero lo que te quiero decir es que Dios sólo existe en la mente humana. Dios es voluntad, inspiración, fuerza de espíritu.  Es decir, yo he logrado abandonar la idea de que Dios existe, tal y como comúnmente se conoce o se cree conocer –un ser sobrenatural, omnipotente, omnipresente, etc.-. Lo que tuve fue algo así como un viaje oblicuo, una mirada de lado y hacia arriba, un espacio que se abrió, una luz nunca vista, en plena madrugada, un espacio abierto que daba alegría y asombro al saber que existía un camino brillante en el que el temor desaparecía; todo adentro de mi cabeza, pero todo en relación con el medio ambiente exterior. La cortina que ocultaba lo prohibido cayó arrugada; levanté la cortina y vi que aunque ya no podría ocultar más lo que solía esconder, era una bella cortina, llena de pasado y riqueza espiritual, era una tela de colores que muchos todavía quieren seguir teniendo y mirando y eso está bien si es eso lo que ellos desean. Yo por mi parte ya no tengo miedo de morir aunque no quiero morir; pero comprendo lo natural del proceso. Las plantas y los animales, los humanos, el sol y las otras estrellas, cada uno vive la vida que le toca y de la forma que quiere, cada quien vive el tiempo corto o largo según la especie y el género. Como dijo un gran escritor: “El chantaje del cielo ya no me conmueve”. Los seres humanos nacen, lloran y respiran, húmedos, tras su traumática salida a través del canal del parto, llenos de líquido amniótico y de sangre, buscando el aire desesperadamente; luego crecen, juegan y aprenden, piensan e inventan dispositivos, crean música, escriben libros y se embriagan con todas las demás artes, que como dijo Roque Dalton: “oh momento mágico, oh poesía de hoy, contigo es posible decirlo todo” y Shakespeare expresó: “el corazón del hombre es como un pequeño reino presa de la insurrección” y Pablo Picasso emitió con fuerza su palabra diciendo: “el arte es una mentira que nos acerca a la verdad”. Y enfrentados a la verdad de la vida los seres humanos trabajan y comen, comen y trabajan, trabajan, comen y duermen, tienen sueños y pesadillas, despiertan, trabajan y comen y luego nuevamente a trabajar, a soñar y a pensar. Muchos buscan afanosamente divertirse de las más variadas formas, en los sitios más concurridos o en las abandonadas tardes de una esquina cualquiera o buscan sólo perder el tiempo plácida o dolorosamente, disfrutan su gozo, disfrutan su pena; muchos otros se aburren inevitablemente por falta de imaginación y entre todos los seres vivos primitivos o complejos, los seres humanos son al mismo tiempo valientes y admirables, viles y cobardes, realizan las hazañas más increíbles como ir a la luna, derrotar de una pedrada a Goliat o sacar a los ingleses de la India a través de la resistencia pacífica, y así también los seres humanos ensucian su conciencia y la belleza ejecutando los más inconcebibles atropellos, como llevar a la hoguera a Juana de Arco (y a otros miles de hombres y mujeres), como exterminar a ciento cincuenta millones de negros durante la esclavitud en Estados Unidos o asesinar sistemáticamente en la década de los  ochenta en El Salvador a quien no pensara igual que uno. Y entre la grandeza y lo diminuto, entre la hipocresía y la sinceridad, los seres humanos continúan con su rutina y se continúan endrogando con todo tipo de sustancias materiales o espirituales y casi-casi también como los animales buscan su alimento y buscan sus parejas; los machos humanos son atraídos por las feromonas (y por otras delicias sexuales) hacia las hembras y éstas se ven fascinadas por el poder y el dinero o por las dulces palabras y los actos amables de los machos y luego, unos y otros, hombres y mujeres, copulan por placer o por amor. Comen, copulan y trabajan, se reproducen a mares una y otra vez y una y otra vez copulan y trabajan y vuelven a trabajar, hasta que el tiempo de la carne llega al punto de la flacidez y la soledad, al turno del olvido, la memoria y la nostalgia, a la estación del llanto y del dolor… y cuando la carga crece como una montaña en sus corazones humanos, la muerte aparece como un rico manjar ensordecedor e implacable, incolora y sin sabor, la esperada muerte que alivia todas las penas y dolores y arrebata así también toda la alegría y la felicidad del recuerdo; es el morir tan necesario como el nacer; morir es transformarse, es ser alimento de otros, es renacer, totalmente inconsciente, en mínimos fragmentos, en la sangre y en las células de otros…

Texto:

Óscar Perdomo León

Pintura hecha por Konstantin Razumov.

CATALINA y SALVADOR

Jorge Frasca, pintor argentino

*

I

En la entrada de la casa del casco de la hacienda, Catalina, de 19 años de edad, miraba el paisaje maravillada por las variadas tonalidades de verde y azul con que se pavoneaban las montañas, según la distancia y la luz que las cobijara.

-Aquí está el caballo, niña –le dijo el viejo mandador de la hacienda.

-Gracias, Eustaquio.

-Le traje a Colorín porque es el más tranquilo y es el que más le gusta a usted, ¿verdad?

-Sí, este animal es mi favorito.

Y casi terminando de decir la frase, Catalina, bella y atrayente, se fue trotando, como en final de película, sobre el equino hacia el horizonte.

-No se vaya muy lejos, niña, que con todo lo que ha pasado con esto de los comunistas, está bien peligroso.

Catalina ya no lo alcanzó a escuchar. Su mente se perdía entre el viento fresco de una mañana de mayo de 1932. Su destino era Santa Ana. Tenía ganas de cabalgar un rato por la ciudad.

Cuando llegó por fin, trotó por sus calles abiertas. El clima era fresco y Catalina se sentía de muy buen ánimo. De pronto, en una esquina, un hombre que caminaba distraído se interpuso en su camino. Ella logró detener su corcel, pero éste se asustó y paró en dos patas y Catalina perdió el equilibrio y resbaló hasta caer al suelo empedrado. El hombre al percatarse de lo sucedido, corrió inmediatamente para auxiliarla. Al acercarse notó que ella estaba inconsciente. Se acurrucó junto a ella y puso la mano izquierda bajo su cabeza, como a manera de almohada. El hombre pudo ver entonces la belleza de la juventud que rebosaba en el rostro de ella.

A los pocos segundos Catalina abrió los ojos. Le dolía un poco la cabeza. Primero vio nublado, pero después la vista se le aclaró y miró frente a ella a un hombre de piel muy blanca y ojos  verdes. La miraba con unos ojos intensos, escrutadores pero serenos. Parecía uno de esos gringos que de vez en cuando caminan como turistas por nuestras calles.

-Lamento mucho lo que pasó, señorita. Fue mi culpa.

-¿Quién es usted? –le preguntó Catalina, intrigada, con la voz casi en un susurro.

-Mi nombre es Salvador Salazar Arrué.

Miguel Ángel Avataneo, pintor argentino**

II

-Yo no sabía que ese joven tan apuesto, al que casi atropello, era el que sería más tarde uno de nuestros más grandes escritores –dijo doña Catalina.

-¡Ay, señora, qué romántico! –dijo Amelia-. ¿Y qué pasó después?

-Bueno, él era un hombre muy educado y su conversación era muy agradable. Te hablaba de cosas cotidianas, como para romper el hielo, y de pronto lo escuchabas diciendo palabras profundas, meditadas, y siempre con un sentido hacia el amor. Era un artista, en el sentido más grande que se le pueda dar a esa palabra.

-¿Y esa vez en Santa Ana fue la única vez que usted lo vio?

La mirada de doña Catalina brillaba al recordar. Extrañaba su patria. Quería volver a El Salvador. Afuera la tarde era un poco fría y las hojas de los árboles ya estaba cayendo y desnudando a los primeros árboles; pero adentro, en la sala con buena calefacción, un ambiente agradable rodeaba las dos mujeres que, sentadas en unos sillones suaves, conversaban, no como jefa y empleada, sino como dos buenas amigas.

-No, Amelia, después de eso él y yo nos vimos muchas veces. Recuerdo otra ocasión en que platicamos en la plaza Gerardo Barrios, en San Salvador. Fue casi un año después de conocernos. Él era tan alto, bello, con esos ojos expresivos y sus manos tan blancas…

 ***

-Es usted un hombre interesante, señor Salvador Salzarar Arrué. ¿Es usted el mismo del pseudónimo Salarrué que tantos comentarios ha causado por el artículo que escribió?

-¿Artículo?

-Sí, me refiero a «Mi respuesta a los patriotas». Se ha vuelto usted muy famoso, señor –le dijo Catalina.

-No, no creo que yo sea famoso –respondió Salarrué.

-No sea modesto. Leí también lo que escribió en el periódico Patria, sobre el dirigente comunista Farabundo Martí, y mucha gente en el país lo leyó también. Me gustó el juego de palabras…

-¿Juego de palabras?

-Sí, lo de Faramundo, por Farabundo.

Salarrué sólo sonrió como respuesta.

-Fue muy valiente de su parte escribir algo así, después de la derrota sufrida por esa gente, y después del fusilamiento de Farabundo. ¿Es usted comunista?

-No, claro que no. Ni por cerca soy comunista. Pero eso no me impide ver la masacre de miles de compatriotas y el fusilamiento de un hombre que sólo buscaba justicia.

-¿Y en qué cree usted, Salvador?

-Creo en muchas cosas, Catalina. Creo que mirar hacia nuestro pasado y, más atrás aún, hacia nuestros antepasados, nos permite recuperar una fortaleza que teníamos desde antes pero que no habíamos podido sentir, una fortaleza edificada con los logros y los fracasos de aquellos que estuvieron vivos en esta tierra.

-¡Habla de esos muertos como si hubieran fallecido hace más de cien años!

-No importa si fue ayer o hace cien años. El pasado es el pasado, y muy pronto usted y yo, con el tiempo, también seremos parte del pasado…

 ***

-Para entonces, sólo había publicado un par de libros.

-Ay, señora –le dijo Amelia-, yo lo he leído un libro de él como cincos veces y no me aburro.

-Bien recuerdo la primera vez –continuó diciendo doña Catalina- que tuve en mis manos un ejemplar de uno de sus libros…

 ***

Estaba sentada en una banca del parque, leyendo un libro que desde que lo empezó, le pareció interesante: «El libro del trópico». El viento fresco de octubre de 1934 traía los frutos más amorosos de la literatura. Catalina, concentrada en la lectura, rebosando de juventud y buen ánimo, sentía la brisa fresca en el rostro. De pronto alcanzó a mirar en el suelo una sombra que se acercaba a ella. Levantó el rostro y se encontró con una sonrisa amable.

-¡Hola!  No esperaba verle. Qué sorpresa más agradable.

-Me halagan sus palabras, Catalina.

-¿Cómo supo que estaría yo aquí?

-No lo sabía, al menos conscientemente –le contestó Salarrué-. Pero algo inexplicable me trajo hasta aquí. En el inconsciente a veces somos más sabios y es conveniente dejarnos guiar por él de vez en cuando. Y fue lo que yo hice hoy.

-¡Pues aplaudamos y demos un aleluya al inconsciente! –replicó emocionada Catalina.

-Sé que a usted le gusta leer, así que le quiero regalar este librito mío recién publicado –y se lo entregó a Catalina. Pero ella se lo devolvió en el acto.

-No me lo va a dar así nada más. El obsequio tiene que ser completo –dijo Catalina, con una dulce sonrisa-. ¿No me lo va a autografiar?

Salarrué sonrió y se sentó en la banca, junto a ella. Escribió entonces en la primera página: «Para mi querida amiga Catalina, con el sincero destello nacido en este terruño de sencillo légamo, ceniza y corazón.»  Luego, con una mirada verde y diáfana, le entregó nuevamente el libro a Catalina. Ella sonrió al leer en silencio la dedicatoria. Y después, en voz alta, leyó con emoción el título del libro:

-¡Cuentos de barro!

Escrito por:

Óscar Perdomo León

* Pintura de Jorge Frasca, argentino.

** Pintura de Miguel Ángel Avataneo, argentino.

EMPATÍA EN LA LECTURA

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Siempre me he sentido identificado más con unos escritores que con otros. Y creo que eso es algo natural para cualquier lector. Lo que ellos dicen y cómo lo dicen, nos afecta de manera diferente a los diversos lectores, dependiendo de nuestras experiencias, de nuestra educación y de nuestras lecturas anteriores.

Hay libros que los llevo en el corazón de una forma imborrable, como es el caso de «Inventario de soledad», un libro de poemas escrito por Italo López Vallecillos. Otros dos ejemplos son «La ventana en el rostro» y «El mar», dos poemarios escritos por Roque Dalton.

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Roque Dalton (1935-1975)

Hay libros también en prosa que se han llegado a convertir en parte de mi piel, como el maravilloso libro «Cuentos de barro», de Salarrué o la novela «Cien años de soledad» de Gabriel García Márquez.

Algunos cuentos como «El jardín de senderos que se bifurcan» y «El inmortal», de Jorge Luis Borges, son como joyas relucientes que guardo en la profundidad más cálida de mi mente.

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Monumento a Roque Dalton,  realizado en 1988  por el escultor, pintor y escritor Armando Solís (y fundido por Jorge Borja Ávila); ubicado  en la Universidad de El Salvador, frente a la ex Biblioteca Central, hoy Escuela de Artes.

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Cada libro tiene destinado un lector que lo amará; en algunos casos esa relación entre el lector y el libro es una relación amorosa, en el más profundo sentido de la frase.

En otros casos, habrá libros de los cuales no recordarán siquiera su título o el nombre del autor.

Pero sea cual fuera el caso, los libros son amigos, son montículos de conocimiento que alguien meditó y acumuló por mucho tiempo y plasmó en el papel.

Después de escuchar las necedades y la verborrea de algunas personas, ¡qué delicioso es sentarse a leer un buen libro! Leerlo es como escuchar la profundidad de la consciencia de la naturaleza humana.

Los libros son fuentes de entretenimiento y una gran compañía en nuestra soledad.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

CAPULLO. Óscar Perdomo León

juan medina, mexico, pintor - copia

Este día quiero compartir con ustedes esta grabación casera, que es una canción que celebra el amor y la alegría. Se llama «Capullo», y se llama así porque el amor, como las mariposas, si llega a desarrollarse, sufre una metamorfosis que lo conduce de lo más simple a lo más complejo; de la fealdad y la indiferencia, hacia la belleza y hacia la profundidad del conocimiento del ser amado. 

CAPULLO

Para quienes no puedan escuchar la canción aquí en mi blog, lo pueden hacer acá.

Música y letra: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
© Capullo. Óscar Perdomo León.

***

INTERPRETACIÓN:
Órgano, bongó y maracas: ARECIO DE LEÓN
Voces, guitarras eléctricas y acústicas: ÓSCAR PERDOMO LEÓN

CAPULLO

Este amor en desarrollo es un capullo humedecido,
este amor en desarrollo es libre y es un río y su cascada.
Cómo quisiera ser la brisa
que en tu cabello
hoy amaneciera,
para desenredar de vos
la frase de amor
que mis oídos
han anhelado.
Inabarcable es el mundo
para un solo ser humano;
pero juntos
sé
que nuestros brazos serán mucho más largos
para ese profundo abrazo
que necesitamos darle a la vida.

***

Texto:

Óscar Perdomo León

Ilustración: Pintura  de mujer alada, realizada por el mexicano Juan Medina.
© Capullo. Óscar Perdomo León.

ZUNCA, el reencuentro 2013. Fotorreportaje

ZUNCA 1986 2013-08-04 11.49.46

En esta foto se alcanzan a ver, de izquierda a derecha, a:  Juan Carlos Flamenco, Otto Hugo Urrutia, Gustavo Pineda, Carlos Romero Cárcamo y Óscar Perdomo León (con sombrero). Al extremo derecho, con máscara y cargando   «el torito», se puede ver a David Mata, el bailarín. Estábamos tocando en una escuela de San Salvador.

Zunca fue el grupo musical de mi adolescencia y juventud temprana, parte de la escuela musical que pude compartir con otros 7 integrantes.

Después de 27 años de haber cerrado las puertas de ZUNCA, los ex integrantes de ese grupo musical tan efímero (sólo duró un par de años), pero que nos marcó el recuerdo a todos los que tocamos en él, nos reunimos para compartir la tarde del 04 de agosto de 2013 y recordar aquellos momentos que vivimos: los numerosos ensayos, los conciertos, las composiciones originales, los viajes al interior de nuestro país y al extranjero.

Aunque en «el reencuentro», lleno ya de canas y de algunas barrigas, no pudieron estar un par de ex integrantes, por motivos de fuerza mayor, los que sí asistimos a la reunión pudimos disfrutar escuchando las viejas grabaciones (hechas con una grabadora en cassettes, en fin, grabaciones caseras) y mirando algunos videos de algunas de nuestras presentaciones, como los que se hicieron en San Francisco y Los Ángeles, California.

(Para los que nunca hayan oído hablar antes de Zunca y quieran saber sobre su origen y el porqué de su nombre, lo pueden hacer leyendo el breve reportaje ZUNCA, una búsqueda de la raíz latinoamericana, que escribí  en este mismo blog hace cuatro años.)

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En la fotografía de arriba está Otto Hugo Urrutia, quien era la voz líder del grupo Zunca. Sin embargo yo considero que también eran primeras voces  -¡y lo fueron!-  Juan Carlos Flamenco, Chepito Pineda, Mario Romero y Carlos Romero.

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Gustavo Pineda, quien interpretaba varios instrumentos musicales, entre ellos, y en especial, la caramba.

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Mario Romero  tocando la guitarra y cantando en 1986.

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Mario Romero en el 2013.

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 ¿Cómo olvidar la sonrisa y la emoción que Juan Carlos Flamenco le ponía a las presentaciones en vivo, así como su facilidad de palabra para dirigirse al público? Arriba, Juan Carlos tocando el cuatro, en 1986.

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Juan Carlos Flamenco en el 2013.

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Mirando viejos videos del grupo Zunca. 2013.

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AMPLIA VARIEDAD DE INSTRUMENTOS MUSICALES. Había una amplia variedad de instrumentos musicales en Zunca, lo cual era un gran aporte para el arcoíris de colores brillantes en la sonoridad musical; entre estos instrumentos estaba la marimba; en la foto de arriba se puede apreciar a Carlos Romero y a Juan Carlos Flamenco tocándola. Otros instrumentos eran la caramba, el sacabuche, la quijada de burro, el caparazón de tortuga, las timbaletas, la guitarra, el cuatro, el violín, la concertina, el guitarrón, el contrabajo y las vainas del árbol de fuego.

AMPLIA VARIEDAD DE INSTRUMENTOS MUSICALES. Algunas canciones las tocábamos (y las grabábamos) no con el contrabajo, sino con el guitarrón (como se ve puede ver en el extremo derecho de la foto de arriba).

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Arriba, una parte de la caramba; abajo, la chirimía.

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MÚSICA ORIGINAL

Zunca, que inició a finales de 1985 y tuvo su ruptura en 1987, fue un proyecto ambicioso en cuanto a que queríamos rescatar una parte de la identidad del ser salvadoreño, a través del arte musical; en este sentido se hicieron canciones originales, como por ejemplo: La dancita del requise (una composición colectiva, en donde todos de alguna manera pusimos algo de imaginación, especialmente Carlos y Mario Romero, Juan Carlos Flamenco y Gustavo Pineda). «La dancita del requise» es, a decir de Mario Romero, «una de las más bellas composiciones originales de Zunca.»

También queríamos expresar nuestra manera de ver la realidad salvadoreña en tiempos de la guerra civil; en ese sentido se hicieron canciones de denuncia social -sin caer en lo panfletario-. Para ejemplificar y entender bien lo anterior se pueden escuchar las siguientes dos canciones:  El surco de don Simeón y La libertad de mi pueblo (ambas compuestas por Carlos Romero Cárcamo). (En «El surco de don Simeón» la primera voz es Otto Hugo Urrutia y en «La libertad de mi pueblo» la primera voz es Carlos Romero Cárcamo.)

Un fuerte evento coyuntural causado por la naturaleza el 10 de octubre de 1986, dañó San Salvador (la capital de El Salvador); ese día a las 11:50 a.m. un severo e intenso terremoto la destruyó en buena parte, inspirándonos para crear música, y fue así como nació la composición El samangueón (música y letra de Carlos Romero Cárcamo y Óscar Perdomo León). A esta composición no le faltó tampoco un poco de denuncia social. (La primera voz en esta canción es Juan Carlos Flamenco.)

Otras composiciones buscaban un rescate histórico, como es el caso de El indio Anastasio Aquino, que se trata del poema anónimo «Canta el pueblo», al cual Mario Romero le hizo la música. Además, lleva en medio otro poema agregado escrito por Roque Dalton. Esta canción es interesante también desde el punto de vista de interpretación vocal, porque se pueden escuchar los variados timbres de voz de algunos de los integrantes de Zunca: Juan Carlos, Otto Hugo y Carlos, quienes cantaron cada uno, como primera voz, un trozo de la letra.

Más adelante en el tiempo, Zunca experimentó con otros ritmos y otros temas, como es el caso de Cada vez, una canción para enamorados compuesta y cantada por Chepito Pineda.

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Chepito Pineda.

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A la izquierda está Mario Romero Cárcamo, ejecutando el cuatro. En medio están Carlos Romero y Juan Carlos Flamenco tocando la marimba. A la derecha estoy yo, tocando el contrabajo.

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Mario Romero conserva aún el original y viejo cuatro que se tocaba en Zunca.

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UNIFORME. El huipil blanco era el uniforme de Zunca. Pero yo al mío le había agregado a nivel de los hombros y en la parte alta de la espalda, una tela colorida, indígena, que compramos con mi mamá en Nahuizalco, Sonsonate.

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PRESENTACIONES EN VIVO

Zunca se caracterizó también por tratar de imprimir calidad en las interpretaciones y por poner además un poco de buen humor sobre el escenario. La seriedad estaba en tratar de tocar bien; pero las bromas y la improvisación de frases «ocurrentes» no faltaban en cada presentación que hacíamos en vivo.

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Chepito Pineda tocando la guitarra; Mario Romero, el violín; y Juan Carlos Flamenco, la concertina.

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INTENTO DE RESCATE MUSICAL CENTROAMERICANO

También, al menos al principio, queríamos rescatar algunas canciones representativas de todo el istmo centroamericano, de tal manera que tocábamos canciones populares y una que otra folclórica, como El torito pinto o La yunta (una composición de Ángel Duarte), ambas de El Salvador; El espíritu guanacasteco, de Costa Rica (cuya música es de Medardo Guido A. y la letra es de Guillermo Chávez Ch., sin embargo la versión de Zunca es instrumental); El tacuazín, de Honduras; o  La hacienda de don Nelo, de Nicaragua (música y letra de Carlos Mejía Godoy), etc.  

Pero hay que decir que, con  el pasar de los meses, lo que más fue pesando en los conciertos, y por supuesto en las grabaciones, fue la música original de Zunca.

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Tocando «El torito pinto». Carlos Romero en el pito y su hermano Mario en el tambor. Esta presentación se realizó en  la ciudad de Chico, San Francisco, California.

Zunca, tocando en el teatro de Atiquizaya, Ahuachapán.

Zunca 1986

ZUNCA en 1986. De izquierda a derecha: Mario Romero, David Mata, Gustavo Pineda, Carlos Romero y Juan Carlos Flamenco.  En el mismo orden, y acurrucados junto a la pequeña marimba, Óscar Perdomo León y Otto Hugo Urrutia.

ZUNCA en varias vistas

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ZUNCA en el año 2013. De izquierda a derecha: Carlos Romero Cárcamo, Óscar Perdomo León, Gustavo Pineda, Juan Carlos Flamenco y Mario Romero Cárcamo.

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ANÉCDOTAS

Fue interesante, por otro lado, en esta reciente reunión que tuvimos, escuchar las anécdotas vividas que contaba cada uno de nosotros y que los demás, por efecto del paso del tiempo, escuchábamos casi como si fueran nuevas; o algunas otras veces las confirmábamos sonriendo.

Las risas, las reflexiones y las memorias nos llenaron esa tarde.

Hubo muchas anécdotas, como la que relató, por ejemplo, Mario Romero, sobre nuestra participación en un concurso de canto en la Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), en el cual ganamos el primer lugar. En esa ocasión él cantó la primera voz; entre los jueces estaban el poeta Francisco Andrés Escobar y el actual Presidente de la República Mauricio Funes. Mario nos recordó que nos interesaba ganar el concurso porque con los 100 colones de premio compraríamos una marimba.

Anécdotas de ZUNCA

Contando anécdotas.

O recordar que la primera presentación en público de Zunca fue el 25 de enero de 1986 en el Instituto Nacional Francisco Menéndez (Inframen), concierto que quedó grabado y del cual Mario nos regaló a todos una copia en CD.

Yo, por mi lado, recordé con cierta claridad las imágenes de cuando Carlos Romero y yo, a la orilla de la cancha de fútbol de la Escuela Monterrosa de Atiquizaya, empezamos a componer la canción El samangueón. Sólo cargábamos dos cosas con nosotros: una guitarra y un profundo entusiasmo por la música.

VOLVER A TOCAR JUNTOS

Ya casi para finalizar la tarde nos dieron ganas de tocar y lo hicimos. De entrada me di cuenta que después de tanto tiempo de no tocar el contrabajo, mis habilidades para hacerlo habían sufrido gran desmedro. Sin embargo, entre recordar notas y acordes musicales, y recobrar desde lo más profundo de la memoria las letras de las canciones, disfrutamos mucho volver a interpretar los viejos temas.

Zunca tocando 2013-08-04 17.00.36

Tocando juntos otra vez.

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Yo, todavía con cara de niño-adolescente, tocando el pequeño pero sonoro contrabajo en 1986.
Óscar tocando el contrabajo 2013-08-04 - copia
Año 2013. Después de tanto tiempo de no tocar el contrabajo, me di cuenta que mis habilidades para hacerlo habían sufrido gran desmedro.

***

LA ESPERANZA 

Para terminar esta reseña, quiero contarles sobre una cosa que llamó mucho mi atención, y que mirándola en retrospectiva hace que mi interés crezca (pero antes hay que aclarar que la grabación de «La esperanza», como todas las grabaciones que hizo Zunca, se hizo en la sala de una casa frente a una pequeña grabadora con cassette, en 1986. Una grabación casera, pues.) (En este tema la primera voz la hace Otto Hugo Urrutia.)

Les decía que una cosa llamó mucho mi atención y es que alguien en «el reencuentro» nos hizo ver que una composición tan bella y profunda como LA ESPERANZA, con hermosos acordes (y, ya casi al final, con una modulación tan original que en vez de subir medio tono o un tono, para enfatizar las ideas musicales, como la mayoría de canciones del mundo, por el contrario baja, de una manera genial, medio tono), salió de la imaginación de Carlos Romero Cárcamo, quien en ese entonces apenas tenía 17 años de edad (casi un niño): era el miembro más joven del grupo.

He estado pensando en eso durante varios días y he pensado en otros escritores de canciones que empezaron también siendo adolescentes, como es el caso de Carole King o Paul McCartney. 

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Carlos Romero Cárcamo en 1986, cantando y tocando la concertina.

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Carlos Romero Cárcamo en el año 2013.

***

EPÍLOGO

En lo personal, esa tarde no dejé de sentir por un momento un sabor agridulce al darme cuenta que con la desaparición de Zunca, también quedaron atrás muchas ilusiones de juventud, deseos sanos, ingenuos si se quiere, pero buenos.

Zunca fue rico en melodías, letras, música e interpretaciones,  y sé bien que las expectativas personales, la vida estudiantil y laboral –entre otras cosas- hicieron que el grupo se deshiciera.

No me cabe duda que algo que hizo de Zunca un grupo fuerte, carismático en el escenario, único, musicalmente hablando, durante el tiempo que duró, fue la intensa vehemencia, el corazón sincero y grande que cada uno de nosotros le poníamos a la composición y a la interpretación de nuestra música.

Sin embargo, como todo en el universo tiene su tiempo de vida y el germen de la muerte está dentro de cada ser vivo y de cada proceso, interés o agrupación, pues también Zunca cumplió con las leyes de la naturaleza: nacer, vivir, reproducirse (en canciones) y morir.

 

Texto:

Óscar Perdomo León

Nota: Agradecimientos sinceros para Laura María Perdomo Pacas y Érika Valencia-Perdomo por ayudarme a revisar la sintaxis de este texto.
Fotografías:

Tere Cárcamo Braghiroli de Romero

Jaime Ramírez

y Óscar Perdomo León

***

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ZUNCA, grupo musical salvadoreño | LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN

LOS DÍAS DE UNIVERSIDAD Y LA REALIDAD

Universidad de El Salvador 2013 18

Los días de universidad fueron días de aprendizaje amplio, no sólo de teoría y práctica de la ciencia, sino también de procesos vitales.

Universidad de El Salvador 2013

Hace unos días, después de tantos años, entré a la universidad y me encontré con edificios nuevos, con jóvenes adolescentes con caras como la que yo tenía hace tantos años. Caminé alrededor de varias facultades y las memorias me llenaron.

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Recuerdo que en esos días hablaba mucho con un amigo sobre las teorías sociológicas y económicas, sobre religión y sobre la guerra civil salvadoreña. Aunque estudiábamos Medicina, los temas de la realidad nacional y del mundo nos interesaban mucho.

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En los días de universidad aprendí muchas cosas, especialmente a mirar con otros ojos el mundo.

También los días de universidad fueron días de confusión: el país todavía estaba en guerra y los estudiantes no eran muy bien vistos por el régimen.

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La primera vez que participé en una manifestación callejera, organizada por la universidad, en la que se exigía al gobierno más presupuesto, las emociones que sentí fueron diversas. Sentí temor, pero también solidaridad hacia mis compañeros… La sensación de estar participando en una lucha justa y sentir un aire de coraje me hicieron crecer un poco.  Y el hecho de saber que esas marchas eran en última instancia organizadas por la guerrilla, me hacía sentir bien, porque yo creía sinceramente que la lucha de la izquierda era una lucha por la justicia. (Lo único que no me gustaba era que algunos participantes mancharan las paredes.)

Muchos quisimos cambiar a nuestro país, desde nuestro ángulo, desde nuestras posibilidades.

Universidad de El Salvador 2013 7

Con el pasar de los años me he dado cuenta que la mayoría de dirigentes de la izquierda de mi país han olvidado la esencia de esa lucha. Ya casi todos se han acomodado al sistema corrupto y de desinterés por mejorar a nuestro país.

En la derecha, y en lo que algunos han dado en llamar el centro, tampoco tengo esperanzas. Ya no hay diferencias de acción entre unos y otros, la única discrepancia entre unos y otros es en las palabras huecas y egoístas que pronuncian cada día.

Y me doy cuenta además que todos en El Salvador, incluyéndome, sin importar la clase social a la que pertenezcamos, o la ideología, tenemos un poco de culpa de cómo va caminando tan mal este país…  Quizás no hemos hecho lo suficiente.

Este es un país en donde no se respetan las leyes y en donde la educación es un asunto al que no se le da la importancia necesaria. Y la educación nos incluye a todos. Y el respeto hacia los demás cada vez va de mal en peor. Este pedacito de Centroamérica parece que va terriblemente a la deriva.

Universidad de El Salvador 2013 8

Siento mucho escribir palabras tan negativas sobre el El Salvador, pero es mi sentir y creo que el de muchos también.

A los ciudadanos comunes tengo que decirles algo. A los políticos ya no tengo nada qué decirles. En ellos no tengo esperanzas. Son un caso perdido.

¿Pero qué podemos hacer las personas comunes?

Lo que podemos hacer es trabajar con honestidad y dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, cada uno en su campo y con sus propias herramientas. Aferrarnos cada uno de nosotros al deseo de hacer las cosas buenas.

Texto y fotografías:

Óscar Perdomo León

VÍDEO DE LA CANCIÓN «NUESTRA MEMORIA». Óscar Perdomo León

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Este día tengo el placer de presentar en mi blog el vídeo de la canción «Nuestra memoria». Agradezco sinceramente a todas las personas que aceptaron actuar en él, en especial a la poeta Maura Echeverría, a mi querida amiga Laura Bodin y a la poeta Stefany Escobar.

Gracias también a mi esposa Érika, quien es la inspiración y el motor de mi vida, y a quien le dedico esta canción.

Óscar Perdomo León

***

NUESTRA MEMORIA

***
Vídeo escrito, editado y dirigido por
ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO
y ÓSCAR PERDOMO LEÓN

***

Actuaron:
MAURA ECHEVERRÍA
LAURA BODÍN
y STEFANY ESCOBAR

Además:
NOHEMY DE PERDOMO
ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO
SANDY MARILÍ RAMOS
LEONEL DURÁN
Y niñas del colegio María Goretti de Sensuntepeque.

***

Música y letra: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Ejecución de guitarras y voces:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN

***
Agradecimientos sinceros para Salvador Huiza, por su ayuda incondicional.

Para quienes no lo puedan ver en Youtube, lo pueden hacer en Vimeo.

***
NUESTRA MEMORIA
(Dedicada a Érika Valencia-Perdomo).

La vida se diluye
como una espiración de humo
que ya no podrá ser
la que fue.

¡Qué breves criaturas somos!

Por eso importa tanto
el sentir y el pensar,
llenarnos la memoria
de atardeceres y de hojas,
de arroyos y de libros,
de besos y de noches,
de cantos y de risas.

Estoy mirando caminos.
Estoy mirando tu rostro.
Entrego desnudo el corazón
para dar lo más puro que tengo.

Hay inmensos jardines
hoy mirándonos
y hay, nadando, un extenso pasto
bajo nosotros.

Que tus manos lo perciban,
que tus ojos lo vean,
que tus labios lo quieran,
que lo archive tu memoria.

***
El Salvador, 2013.
© Nuestra memoria. Óscar Perdomo León.

Mujer y mariposas de Christian Schloe

Pintura hecha por Christian Schloe.

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Quiero incluir aquí algunos comentarios que estas bellas persona hicieron sobre este video y su canción, a quienes les agradezco mucho:
LAURA BODIN: «¡Magnifica producción! Abrí hoy mi correo después de una ausencia de tres semanas y vi el vínculo al video. Lo vi y lo adore. Se me vinieron a la mente los recuerdos de unas horas felices pasados con ustedes en San Salvador. Me hablaron de «un video» que iban a hacer, pero nunca imagine que fuese tan rápido. Ya aparece el video en YouTube, donde iré a verlo cuando me sienta triste y sola. En la melodía, la letra, la voz, las imágenes, en fin en toda la producción se destaca el inmenso amor que ambos sienten el uno por el otro y por cada segundo de la existencia del otro. ¡Bello!
«Ay! mis queridísimos Óscar y Érika, que gran sorpresa para mi ver este video. Felicidades a los dos por esta bella producción –una en la cual me hacen el gran honor de incluirme. «Gracias. Les agradezco mucho que hayan pensado en mi como actriz en vuestro video. Lo acabo de ver otra vez con Thierry. A el le gusto mucho también. Me dijo que le gusto la guitarra, tu voz, la manera en que fue filmado. I have loved all your films and videos, but there is a soft and gentle quality to this video that is very captivating. Thank you!»
«Este video, que toca tantos de los temas que me apasionan, me llena de admiración por la labor artística y creativa de ambos. El pasar de la vida “como una espiración de humo”, el reconocimiento y la aceptación de lo que “uno no puede cambiar”; ustedes han encontrado el antídoto a tanta perdida: la creación artística inspirada de nuestra trágica condición humana. En nuestros recuerdos, en nuestra memoria reside nuestro “yo” –todo lo que toca con este tema me fascina. Que el amor que siente Óscar por Érika y Érika por Óscar siga encendiendo la llama ardiente de tanta inspiración creativa –música, poesía, fotografía, videografía, cinematografía, teatro, canto…
«And thank you so much for the honor of including me in your beautiful video. You two are my inspiration in this ephemeral world of woe and endless loss. I miss you both terribly.»
THIERRY BODIN: «Very good Oscar. I like your song; it has both a beautiful melody and guitar arrangment. Laura translated your text and it is a touching reflexion on the simple but meaningful experiences than life offers. I also enjoyed the vocal harmonies. The guitar arpegios have a calming and conforting quality to it. Congratulations!»

BREVE RETRATO. Óscar Perdomo León

Érika Valencia-Perdomo - copia

Este día quiero compartir con ustedes «Breve retrato», una sencilla canción dedicada a mi esposa Érika.

Para quienes no puedan escuchar la canción aquí, lo pueden hacer acá.

BREVE RETRATO
Música y letra:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
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Guitarra eléctrica, piano, órgano y batería:
ARECIO DE LEÓN.
Guitarras acústicas, guitarra eléctrica, bajo eléctrico y voces:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
***
Dedicada a mi esposa Érika Valencia-Perdomo.
Agradecimientos sinceros para Salvador Huiza, por su apoyo incondicional.

Óscar Perdomo León
***
BREVE RETRATO

Tus ojos: húmedas lámparas, de finos musgos y delicadas algas.
Tus cejas: cordilleras mínimas por donde transitan, absortos, mis ojos.
Tu boca: la erótica caricia.

Tu nariz: elementales hojas.
Tu cabello: vegetación de terciopelo.
Tu voz: intenso relámpago.
Tus pies: la imparable belleza.
Tus manos: mutación de coral oscuro
bronce en movimiento, materialización de la caricia.

***
© Breve retrato. Óscar Perdomo León.

PROYECTO ACÚSTICO. «De regreso a casa». (Jazz en El Salvador)

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La música es, como ya algunos se habrán dado cuenta, una de mis pasiones. Y el jazz, en particular, es un género que me conmueve y me atrapa.

Este día les presento un vídeo (no profesional, tomado espontáneamente y con muy poca luz) del grupo de jazz salvadoreño Proyecto Acústico, dirigido por uno de los mejores músicos de El Salvador, Carlos Romero Cárcamo, tocando en vivo (en el restaurante Yemaya del Paseo El Carmen de Santa Tecla, El Salvador) una composición original llamada «De regreso a casa».

La calidad interpretativa de los integrantes de Proyecto Acústico es verdaderamente innegable.

Óscar Perdomo León

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PROYECTO ACÚSTICO. «De regreso a casa».

Para los que no puedan ver el vídeo aquí, lo pueden hacer acá.

Integrantes de Proyecto Acústico:

Carlos Romero Cárcamo: director y vibrafonista.

Juan Carlos Romero: bajista.

Neto Buitrago: tumbadoras (conga).

Mario Edgardo Romero: guitarra.

Chepito Páiz: batería.

Moisés Osorio: piano.

Roberto Vargas: flauta y saxofón.

EN LA INTIMIDAD. MÚSICA y VÍDEO

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El erotismo y el deseo, cuando están unidos al amor, son dos alas poderosas que pueden alcanzar alturas inimaginables.

Quise unir un poema con una música lenta. La música la quise hacer reflexiva y amorosa, pero creo que me salió un poco triste. Este sencillo poema que hoy nada en el mar de la música es para usted Érika.

Nota: Agradecimientos sinceros para Ronald Areniva, quien tocó la guitarra eléctrica.

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«EN LA INTIMIDAD»

Música y letra: Óscar Perdomo León.
Guitarra eléctrica interpretada por Ronald Areniva.
Guitarras acústicas y voces interpretadas por Óscar Perdomo León.

Para los que no puedan escuchar la canción aquí, lo pueden hacer acá.

Una lámpara esparce, sigilosa,
una infinita red de luz.
Sobre la sábana, a la orilla del regazo,
un libro, esperando…
Y en todo el cuarto el dulce aroma de tu cuerpo.
En mi cama estás arañando
hermosamente mi soledad.
Con la tempestad de tus manos
el frío se me ha muerto.
La tiniebla de los párpados,
sumada a tu cuerpo,
es una escandalosa ola
que golpea y arrastra.
Quedate, dulce inhibidora de frío. Alumbrame.
Cubrime con tu red infinita.
De tus pechos las luces, por una extraña virtud, silenciosas penetran en mi cuerpo con audacia…

Para los que no puedan ver el vídeo aquí, lo pueden hacer acá.

Guión, edición, cámara y dirección: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Actriz: ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO

***

El Salvador, 2013.
© En la intimidad. Óscar Perdomo León.

LAS ASTILLAS DE CORTÉS BLANCO

«¿Quién dice que no existe la felicidad?  Yo soy feliz sólo con dos cosas facilísimas: pensar en la mujer que amo y leer  El Conde de Montecristo.»
David Escobar Galindo.

La disciplina es un festín sobre la mesa al que todos estamos invitados, pero sólo unos pocos  acuden. Y ese es el caso de las «Astillas de Cortés Blanco», escritas con admirable disciplina, desde el 8 de abril de 1981, por el polifacético escritor David Escobar Galindo, quien dice: «…y me precio, desde entonces, de no haber fallado ni un solo día, sea de lluvia  de sol, de ocupación o de asueto, de entusiasmo o de desgano.»

Pues bien, he vuelto a releer el volumen 4 (publicado en el 2004) de las «Astillas de Cortés Blanco», que contiene «las astillas» publicadas por un importante periódico local en tres años consecutivos (1984-1986), y he vuelto a saborear los pensamientos profundos concentrados en la brevedad, volando hacia las alturas sin perder el contacto con la tierra; algunos con humor, otros con ironía, muchos llenos de poesía, todos agudos, interesantes.

Compartiré con ustedes algunas «astillas».

Óscar Perdomo León

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1984

La política es un mal necesario mientras la ética siga siendo un bien innecesario.

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Candidato: personaje que puede tener todos los defectos, menos el de ser afónico.

***

La memoria, como todo instrumento musical, necesita práctica cotidiana.

***

Lo aciago es morder una fruta y sentir que uno es el gusano.

***

El libro favorito de los anestesistas: La vida es sueño.

***

La juventud no desaparece: se fermenta.

***

El peor caballo de Troya no es el que está lleno de griegos sino el que está lleno de troyanos.

***

Todo gobernante acaba por retirarse a la vida privada… sin privaciones, claro.

***

El problema es que los políticos creen que el refrán se lle así: «A grandes males, grandes remiendos».

***

Estamos alcanzando la perfección de la paradoja: el humano deshumanizado.

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1985

Queremos la paz, es cierto; pero primero necesitamos la cortesía.

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Nubecilla matinal: nido deshecho de la estrella.

***

Ën el cine, al contrario del Génesis, la luz se hace cuando ya todo ha concluido.

***

Arroyuelo: primera cana del paisaje.

***

Te abres una vena del cuerpo, y en unos minutos te has vaciado. Te abres una vena de la memoria, y no te vacías ni en un siglo.

***

Entre un crítico literario y un médico forense la única diferencia es el tipo de autopsia.

***

Aristóteles fue discípulo de Platón; Platón fue discípulo de Sócrates; Sócrates fue discípulo de sí mismo…

***

Los que sueñan con ser originales padecen el sueño más común.

***

La filosofía es el sueño de la dialéctica. La poesía es la dialéctica del sueño.

***

Cuando el tren arranca, se inicia la danza sensual de los pañuelos.

¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨

1986

El viaje del Arca de Noé fue el primer Crucero del Amor.

***

No es cierto que Adán y Eva fuesen expulsados del Paraíso. Ellos se fueron, en calidad de «mojados».

***

La Nada es el aburrimiento de Dios.

***

Sueño, luego existo; despierto, luego soy.

***

Nadie está contento: los ángeles sueñan con tener sexo; los hombres, con tener alas.

***

El caracol tiene adentro un mar de juguete.

***
El telescopio tiene tortícolis.

***

Los chinos, como es natural, escriben con palillos.

***

La que se casa con un ventrílocuo debe estar preparada para el «menage à trois».

***

Pasó su luna de miel -aquel tímido- temiendo que lo atacaran las abejas.

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Artículo relacionado: ASTILLAS de Cortés Blanco, de David Escobar Galindo. | LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR

FANTASÍA BEATRIZIANA. Óscar Perdomo León

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Esta canción está dedicada a mi hija Beatriz.

Mis agradecimientos sinceros para Salvador Huiza por su ayuda incondicional.

FANTASÍA BEATRIZIANA

Para quienes no la puedan escuchar aquí, lo pueden hacer dando un clic acá.

La Bea, volando en un pájaro,
mirando las casas, desde las nubes blancas.
La Bea, nadando bajo de agua,
por donde transitan,  delfines de plata.
Tus ojos y tu mente
maravillosos instrumentos.
Tu boca: la palabra, la mina de diamantes.

***

FANTASÍA BEATRIZIANA
Música y letra: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Órgano y guitarra eléctrica: JONATHAN CRUZ SALMERÓN
Solo de guitarra eléctrica al final: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Guitarras acústicas, bajo eléctrico y voces: ÓSCAR PERDOMO LEÓN
© Fantasía Beatriziana. Óscar Perdomo León.
El Salvador, junio de 2013.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (REVISADOS)

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A veces para tratar un tema que conlleva mucha controversia o para argumentar algo serio de una manera relajada, se hace uso del humor. Éste es el caso de dos videos que les voy a presentar este día. Ambos tienen por tema «Los Diez Mandamientos» y en ellos, usando la ironía y la burla, se ponen al descubierto algunas de las tantas contradicciones y cosas absurdas que hay en la Biblia.

Si es usted una persona intolerante o muy sensible a estos temas religiosos, le aconsejo abrir su mente o de plano no mirar los videos en absoluto.A veces para tratar un tema que conlleva mucha controversia o para argumentar algo serio de una manera relajada, se hace uso del humor. Éste es el caso de dos videos que les voy a presentar este día. Ambos tienen por tema «Los Diez Mandamientos» y en ellos, usando la ironía y la burla, se ponen al descubierto algunas de las tantas contradicciones y cosas absurdas que hay en la Biblia.

El primero es de George Carlin (1937-2008) un comediante (stand-up) estadounidense bastante satírico y crítico de la sociedad, quien, a través de una lógica muy divertida pero directa, nos muestra como reducir los diez mandamientos a únicamente dos mandamientos.

(Si este video no lo pueden ver aquí, lo podrá mirar siguiendo este enlace: George Carlin ► The 10 Commandments. )

La creadora del segundo video es Cristina Rad, una joven rumana que a través de YouTube presenta sus ideas en varios interesantes videos, algunos de ellos, muy polémicos.

Una charla entre el Espíritu Santo y Dios es lo que veremos a continuación. Está en inglés (y no pude conseguirlo con subtítulos).

(Si este video no lo pueden ver aquí, lo podrá mirar siguiendo este enlace: The 10 Commandments – Revised! )

George  Carlin

Temas relacionados:
INTOLERANCIA, ATEÍSMO Y RELIGIÓN
SALIR DEL CLOSET. Ateos.
“DIOS ES UN CONCEPTO CON EL CUAL MEDIMOS NUESTRO DOLOR”. Fanatismo religioso | LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN

TU GUÍA MORAL

Pat_Condell

¿Los ateos no tienen moral ni ética? Esta es una pregunta que probablemente se hagan algunos creyentes. Aunque tengo la impresión que la mayoría de creyentes, ya sean cristianos, musulmanes, etc., esa pregunta no se la hacen, sino más bien la convierten en una afirmación: Los ateos no tienen moral ni ética. ¿Es esto verdad?

Hay personas que en pocas palabras puede resumir todo un modo de vida, una manera de ver el mundo. Este es el caso de Pat Condell, quien con su vídeo «Your moral guide», nos ofrece la respuesta a nuestra interrogante.

Texto:

Óscar Perdomo León

NUESTRA MEMORIA. Canción. Óscar Perdomo León

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Cayuco a la orilla del lago de Ilopango, San Salvador, El Salvador. Fotografía tomada por © Óscar Perdomo León.
«…I don’t need a periscope or second sight
to see nothing lasts forever…»
Greg Lake.

Los seres humanos, a través de toda la historia (y quizás la prehistoria), han buscado la inmortalidad. La búsqueda de la fuente de la eterna juventud y la creencia en la vida después de la muerte han acompañado a hombres y mujeres por siglos y siglos. Sin embargo, la realidad es que los seres humanos, sin importar nuestro sexo , nuestra raza o nuestra situación social, ricos y pobres, todos no somos más que otros miembros, junto a las plantas, los animales, los hongos, etc., que forman parte de la naturaleza de La Tierra  y del vasto universo.

Siempre dije en broma que yo había tomado la decisión de no morirme nunca; pero el hecho es que si hombres tan grandes como Ludwig van Beethoven o Monseñor Romero han muerto, ¿por qué tendría que ser yo tan altanero para querer ser eterno? Tal vez sí hay un par de buenas razones para querer vivir para siempre: la infinita curiosidad y el deseo de no alejarse de los seres amados (que tampoco serán eternos).

¡Qué breves criaturas somos!

Por eso importa tanto el sentir y el pensar, disfrutar la vida, conocer un poco de todo, hacer lo mejor que podamos nuestro trabajo, hacer el bien a nuestros semejantes y llenarnos la memoria de atardeceres, de arroyos y de libros…

¡Y nada mejor para celebrar la vida que la música!

NUESTRA MEMORIA

Música y letra:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN
Ejecución de guitarras y voces:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN

https://soundcloud.com/scar-perdomo-le-n/nuestra-memoria-scar-perdomo

***

NUESTRA MEMORIA
(Dedicada a Érika Valencia-Perdomo).
La vida se diluye
como una espiración de humo
que ya no podrá ser
la que fue.
¡Qué breves criaturas somos!
Por eso importa tanto
el sentir y el pensar,
llenarnos la memoria
de atardeceres y de hojas,
de arroyos y de libros,
de besos y de noches,
de cantos y de risas.
Estoy mirando caminos.
Estoy mirando tu rostro.
Entrego desnudo el corazón
para dar lo más puro que tengo.
Hay inmensos jardines
hoy mirándonos
y hay, nadando, un extenso pasto
bajo nosotros.
Que tus manos lo perciban,
que tus ojos lo vean,
que tus labios lo quieran,
que lo archive tu memoria.
***
El Salvador, 2013.
© Nuestra memoria. Óscar Perdomo León.

SEMOS MALOS. Un cuento de Salarrué, en la voz de Leo Argüello

Salarrué

Salarrué

CUENTOS DE BARRO es uno de los más famosos libros del escritor salvadoreño Salarrué (Salvador Salazar Arrué, 1899-1975). «Semos malos» es el tercer cuento de esta colección y es la historia de dos salvadoreños (un hombre y su hijo) viajando con un fonógrafo hacia Honduras, a principios del siglo XX. En el transcurso del viaje se puede ver el paisaje, la ternura del padre, el ambiente solitario. La travesía es peligrosa. Lo que sucede al final es sórdido y nos recuerda que la violencia en Centroamérica es una daga vieja y venenosa. 

Leo Argüello, salvadoreño también, ha hecho una admirable producción auditiva de este cuento de nuestro querido escritor, y para quienes lo quieran escuchar, les dejo aquí el enlace.

Óscar Perdomo León

***

SEMOS MALOS

Cuento de «Cuentos de barro,» 1933, del autor salvadoreño Salarrué.
Adaptación, producción y voz: Leo Argüello.

SEMOS MALOS, Un cuento de Salarrué, en la voz de Leo Argüello

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Leo Argüello

https://soundcloud.com/lear-arg-ello/semos-malos-cuento-de-salarrue

Pequeño tributo a FREDDIE MERCURY

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Freddie Mercury con su gata Delilah.

Pocas personas en el mundo causan un impacto tan positivo y tremendo que aún después de muertas su legado sigue tocando corazones. Una de esas personas fue Freddie Mercury (5 de septiembre de 1946-24 de noviembre de 1991), miembro del grupo Queen, cantante y escritor de canciones. Algunas de sus composiciones musicales son tiernas e inocentes, sencillas; otras se salían del patrón común y corriente de la música pop-rock y rozaban la ópera, la rapsodia o la fantasía, como por ejemplo su famosa «Rapsodia bohemia».

Sus letras eran intensas y muy sentidas, ya fueran profundas o superficiales, de temas cotidianos, mitológicos, sensuales o hasta filosóficos.

Este día quiero compartir con ustedes este pequeño homenaje musical a Freddie Mercury.

Pequeño tributo a FREDDIE MERCURY

1-Save me
2-Rapsodia bohemia
3-Don´t stop me now
Guitarras acústicas ejecutadas por Óscar Perdomo León.

https://soundcloud.com/scar-perdomo-le-n/peque-o-tributo-a-freddie

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VÍDEO DE LA CANCIÓN «EN LA INTIMIDAD». Óscar Perdomo León

Érika Valencia-Perdomo

Desde hace muchos años me he mantenido fiel a la música, como un oyente feliz, y también como un ejecutante aficionado de la guitarra. Con los años me he dado cuenta que, de una u otra manera, estar en contacto con la música me mantiene lleno de vida.

Por eso este día quiero presentar en mi blog el vídeo musical de la canción «EN LA INTIMIDAD».

Óscar Perdomo León

***

EN LA INTIMIDAD

Guión, cámara, edición y dirección:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.

*

Actriz:
ÉRIKA VALENCIA-PERDOMO.

*

Canción «En la intimidad». Música y letra:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
Ejecución de la guitarra eléctrica:
RONALD ARENIVA.
Ejecución de guitarras acústicas y voces:
ÓSCAR PERDOMO LEÓN.
El Salvador, 2013.